La semana pasada, el ingeniero agrónomo José Esquinas, alto cargo de la FAO durante treinta años, posiblemente uno de los científicos que más ha trabajado el tema de ética y alimentación, no dejéis de buscar cosas sobre él en Google, dio una conferencia en Madrid.
Dos datos estadísticos bastan para entender lo que nos rodea y para hacernos responsables:
En el año 2005 se igualó en el mundo el número de obesos y el número de hambrientos.
Actualmente, el presupuesto de 10 años para la FAO, el organismo que más puede hacer para terminar con el hambre en el mundo, equivale al presupuesto militar de 1 día en el mundo.
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domingo 21 de junio de 2009
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20 comentarios:
Y lo peor es que, a pesar de no conocer estos datos, no me sorprenden...
Significativos y muy jodidos datos. No creo en las instituciones tipo FAO como solucionadoras de problemas pero conocer este tipo de numeritos me parece fundamental para despertar conciencias.
Gracias, NáN.
Ya nada en este tipo de informaciôn me sorprende. Creo màs en las pequeñas ONG y su trabajo in situ (la mayorîa trabajan con muchos menos medios, pero màs empeño y ganas) que en este mastodonte como la FAO.
Recopilar datos està bien pero luego cabe organizarlos, distribuirlos de manera equitable, y mover el trasero para hacer que las estadîsticas empiecen a invertirse y tomar otro cariz.
Besos Nano.
Ya me pusiste de mal humor...
Es cierto, Marian, son miles los datos comparativos que no conocemos. Pero nuestra eficacia aumenta cuando podemos manejarnos con ellos.
Izaskun, cierto que es fundamental, los números son necesarios para podernos hacer una idea de lo real. Sin ellos, corremos el riesgo de terminar hablando de moralinas y del sexo de los ángeles.
Eva, te respondo respondiendo también a la primera parte de Izaskun. Para que unos alimentos lleguen a un sitio y se distribuyan a quienes los necesitan, nada como las ONG de verdad (no las que reparten unos plátanos para evangelizar).
Pero para el estudio real de la situación, para la creación de estrategias alimentarias, se necesitan mastodontes. En la FAO hay gente estupenda: me gustaría que surfearais un poco en Google para ver parte del trabajo de José Esquinas.
No digo que me alegre de ponerte de mal humor. Jamás de los jamases. Pero siempre me alegro de agitar un poco la mala leche de los válidos.
Beeessooss (aunque suene ovejuno)
Esos datos no hacen más que enfurecerte. No hay explicación
alguna para estas hambrunas,
mientras crecen los ejércitos
y hay quienes se preocupen por
la obesidad.
Es algo para avergonzarse.
Un beso
BB
Todo menos entretenidos, aunque ya sepa que lo decías con ironía.
Estos bailes de cifras -las comparaciones nunca fueron tan odiosas- dan verdadero pavor (y asco). Y rabia. Y vértigo. Y dolor. También tristeza.
Sí , Nán , muy entretenido...
la cuestión es que si las cosas están así es porque no interesa que sean de otra manera.
Estoy un poco harta de sentirme impotente.
Me parece que me retiraré a mis aposentos.
Besos, Nán.
La estupidez es uno de los motores de la historia, no cabe duda.
Me parece que si el presupuesto se fuera derivando al desarrollo, el ejérecito dejaría de aparentar ser necesario.
Creo que lo he expresado correctamente, con todas las sutilezas implicitas. A ver...
Sí.
Fale.
Gracias por la reseña, Nán. Un abrazo. No pase mucho calor. Recuerde que la cerveza también hidrata.
La cuestión es que las armas son un instrumento de disuasión contra los pueblos hambrientos. Todo encaja.
La irresponsabilidad cuando es compartida se diluye en nuestra conciencia como un azucarillo en el café.
Siempre pensamos que no nos corresponde ser los primeros en denunciar y mucho menos en renunciar a cualquier cosa por nimia que sea por mejorar las vidas de gentes cuyas voces no llegan hasta el comedor de nuestra casa.
Magnifico tu anterior poema sobre los nadie que complementa perféctamente aquel otro de Eduardo Galeano.
Un abrazo.
Es verdad, esos datos lo explican pero no hacen que lo entendamos.
A mí me gustaría que hubiera datos exactos de hace 100 años (y que fueran peores, para poder creer al menos que, aunque obscenamente lenta, la cosa mejora).
Ah, y me cago en los que piensan que acabar con el hambre es una utopía (es una utopía si se quieren mantener los chaletazos en la playa, los coches de lujo y las cuentas en los paraísos fiscales)
Glub, aunque no me sorprende, a mí tampoco.
La FAO (y similares) puede ser poco eficiente, pero yo creo que aun así es muy útil.
Somos así, los hombres, el Hombre, la Humanidad: nadie nos lo está haciendo, somos nosotros solitos.
¿Cuantas cosas hacemos a nivel individual?
mierda
Sigo sorprendiéndome con datos de esta índole. Tendría que estar vacunada contra toda esta barbarie, pero no, los números siempre me superan.
Beso.
Ah, sí, sí, muy justo todo. Ellos pensarán: "o los matamos de hambre o los matamos a tiros"
Vamos, digo yo.
Además de las injusticias y del mal reparto, yo veo, cada vez más, los problemas que hay detrás de la obesidad de cada persona; en muchos casos difícil o imposible de resolver, y que a su vez van generando más y más gasto.
Tienes razón, BB, tecnológicamente, las hambrunas de hoy son innecesarias. Con una parte menor del coste preparatorio de las posibles guerras, podrían eliminarse. Las empresas que surten a los ejércitos tienen sus lobbies de presión. Los otros no. Pero enfurecernos, avergonzarnos, solo sirve si es un primer paso. Lo de la obesidad lo comentaré más tarde, porque la referencia puede ser equívoca.
Un beso
Claro que es ironía, Mega, una manera de señalar la ironía estúpida y criminal de la situación. Si estas dos citas de José Esquinas, magnífico científico del campo de la ética y la alimentación que jubilado, con 70 años, sigue dando caña donde le dejan, han provocado esas sensaciones, la guerra no está perdida.
Besos, Reyes, pero que nos creamos impotentes es una estrategia del poder, como la de que todos son iguales y para qué nos vamos a molestar. Cuando nos demos cuenta de que no somos impotentes, sino importantes, empezarán a cambiar las cosas.
Bueno, Microalgo, creo que primero no es la estupidez, sino la codicia, lo que mueve las cosas. En segundo lugar, nuestra estupidez ayuda a la primera. O mejor que eso, porque tan tontos no somos, nuestra desorganización. Elresto de lo que dices, impecable.
(Pero la cerveza también hidrata de carbono y panzonea). Abrazo.
Joé que si encaja, Manolotel. Como las piezas de un reloj suizo. El resto de tu comentario impresiona por la claridad y la calidez humana. Estaría bien que aprendiéramos a meter palitos en los engranajes. (Y lo que dices de mi poema, o prosa o texto inorgánico, me llena de alegría; pero no conozco ese de Galeano que dices, si me lo puedes mandar, te lo agradecería).
Un fuerte abrazo
Es una desgracia, Bárbara, pero si existieran esos datos demostrarían que vamos a peor. En los fastos del agua de Zaragoza se celebró el congreso bianual internacional de limnólogos (los del agua). Muchas mesas redondas, ponencias... todo muy interesante. Pero había un taller permanente de nativos de todo el mundo que explicaban lo que les estaba sucediendo. Sobre todo de África, donde el cambio climático, que ya existe, produce efectos devastadores. Por ejemplo, uno contaba que su tribu había subsistido bien desde tiempos inmemoriales: necesitaban pocas cosas y las tenían medidas (y el número de habitantes de la tribu concordaba con los recursos). Uno de ellos decía que de un fruto seco recogían tres kilos por persona y año, pero que con la sequía se había reducido a menos de un kilo y les causaba graves problemas (también se habían reducido las cabras, etc.). Todos los que acudieron al taller contaron historias similares: están mucho peor, y más amenazados, que hace 100 años.
Me uno a ti y me cago en los de la pelas, los que nos hablan de lo práctico y lo razonable. Fundemos Cagones Sin Fronteras y devolvámosles toda la mierda que han creado.
Pero para ti un beso fuerte.
Nosotros solitos, tienes razón, Portorosa, pero tú y yo no somos. Y los que pasan por aquí tampoco. Este mundo lo han creado los que se llevan los beneficios. La FAO no se encarga de aliviar desastres alimentarios, sino de hacer un útil trabajo de investigación y marcar las líneas que se deberían seguir para alimentar al mundo. Si luego los Estados que les pagan no hacen lo que tienen que hacer (y gracias a organismos como la FAO saben lo que tienen que hacer) no se les puede culpar. Pero sin ese trabajo, si un día decidiéramos hacer algo, no sabríamos lo que tenemos que hacer.
AMQ, precisamente ahora estamos haciendo, nos estamos informando unos a otros. Y es de suponer que lo que aprendemos lo transmitiremos. No es necesario que nos convirtamos en mártires. Con no olvidar, es suficiente para empezar el camino.
Un abrazo
Dí que sí, Lara, tenemos toda la que queramos para abonar los campos de la abundancia.
Tortuga Boba, no lograrás vacunarte nunca, por suerte para todos los que te conocemos. (Si alguna vez lo consigues, y estas cosas te dan lo mismo, me borras de tu lista de amigos, ¿vale?).
Mujer, Carmen, no creo que piensen así. Ellos piensan: qué tarta tan bonita el mundo, me voy a llevar la mayor y mejor parte; porque soy más listo y puedo. Eso sí, unas buenas bombas de racimo, por si acaso los que se quedaron sin nada se ponen chulo, nunca vienen mal. Y de paso ganamos otra pasta con esas fábricas.
Pero el resultado es lo que dices al decir "vamos, digo yo".
Voy a basarme en tu comentario, Isabel, para afinar lo de la obesidad. En el Primer Mundo, donde nos sobra de todo (salvo a los que viven en él pero en condiciones de Tercer Mundo), es normal que tengamos algún kilito de más. Pero no se refería el profesor Esquinas a eso. La industria alimentaria está envenenándonos crónicamente y creando gorduras difíciles de eliminar. Pero sobre todo los obesos son los pobres del Primer Mundo, que comen los alimentos más baratos, que son los más ricos en grasas y en todo tipo de venenos. Ese es el problema, los obesos alimentados con baratas hamburguesas (por poner un ejemplo), que desconocen las frutas, verduras, legumbres, cereales no tratados químicamente (alimentos caros), están tan gravemente enfermos como los hambrientos. Y quedan incapacitados para producir un cambio en sus vidas.
Muchísimas gracias por tu comentario, que me ha permitido centrarme en algo importante para las citas del post.
Estoy de acuerdo contigo.
Me has recordado con tu respuesta esas lechugas romanillas, pimientos, tomates etc... que mi padre cultivaba en el pequeño huerto detrás de nuestra casa en el pueblo.
El tratamiento de la tierra, de las plantas, de las semillas, todo estaba ligado a esa agricultura de subsistencia mucho más sana.
Este tema es muy interesante y da para mucho.
Tienes mucha razón, Isabel. Da para otro tema y mucho debate. Lo que quería era ecplicar que lo que decía el profesor no era que se igualara un población de hambrientos con otra de sobrealimentados. Hay quienes engordan por comer bestialmente, quienes lo hacen por el estrés de la vida. Pero creo que él se refería a los verdaderamente obesos, que son pobres y están subalimentados.
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