martes, 28 de agosto de 2007

Postales de verano V

Cuando saqué la foto del bodegón (12 de agosto) ya dije que anunciaba otra entrada sobre mi madre Mercedes, incluyendo un poema, largo, que empecé hace mucho tiempo, en el que trabajo muy de vez en cuando y que anda todavía en sus principios. Publiqué esa entrada una mañana de hace dos domingos; luego me fui, volví a comer, dormí una siesta y al despertar entré en Ángeles y quedé asustado: revelaba demasiado de cierta manera mía de ser y también de modos de sentir, por ejemplo en los poemas. Derribaba esfuerzos que había hecho yo por quedar semioculto. Me alegré de que no hubiera comentarios, esperé que siendo domingo de agosto nadie lo hubiera visto y lo quité.

Paralelo 49 lo había visto. Cruzamos unos mensajes en los que ella pensaba que la entrada debía estar y me convenció bastante. Hoy es un día en que habría que regalarle algo y he pensado “reponer” la entrada. El regalo, claro, no es la entrada: es el hecho de darle la razón: felicidades, Par.



En esta ampliación de una de aquellas antiguas fotos pequeñísimas, por eso al ampliarla queda mal, está Mercedes, muy jovencita todavía en casa de sus padres, antes de que por amor a Pepe cambiara su destino (también él, empleado de tendencias revolucionarias, cambió el suyo: por amor a Mercedes renunció a incendiar el mundo). Lo tenía todo preparado para tomar el té: probablemente la única pasión hedonista que le conocí. Siempre lo hizo como una ceremonia, siguiendo todos los pasos para que estuviera buenísimo. Incluso en los peores tiempos, cuando tuvimos que renunciar a la mayoría de las cosas, seguimos tomando el mejor de los tes posibles, hecho de la mejor y más antigua manera (era el modo de hacer, lo que importaba).

Mercedes y yo nos llevamos a matar, y en esta frase no hay metáfora, ni símbolo, ni imagen que da a entender, desde que comenzaron esos diálogos anteriores al nacimiento, que por los sueños sabemos que se dan, y después de nacer, hasta que cumplí varios meses. Después, cuando los dos supimos que ninguno iba a morir por causa del otro, debimos hacer un pacto de amor, de libertad y de respeto (más de ella hacia mí; para el hijo una madre es un paisaje que ya estaba cuando él abrió los ojos: es lo que es). Duró siempre, el pacto; aunque se hubiera firmado en el mundo inconsciente, cuando yo todavía no sabía ni hablar.

Mi vida, como la de casi todos, fue inconsistente y en gran parte inconsciente de lo que me rodeaba (faltaba por cumplirse lo que dice el verso de la cita), por lo que del alcance real de ese pacto y relación, de cómo fue ella, no me enteré, tal como digo en un comentario de una entrada anterior, hasta que un par de años después de que ella hubiera muerto, alguien me contó una breve historia: “Le dije: tienes que hablar con N, toma muchas drogas. Y ella me respondió: No te preocupes, en cuanto quiera dejarlas las dejará. Y zanjó el tema”. (En realidad no era para tanto, se exageraba mucho en esos temas en los años 70). Tampoco a mí me habló de ello nunca. Esa confianza en los otros me hizo repasar hacia atrás nuestra historia, reforzar ese sentimiento de la libertad de aquellos a quienes quiero (y de la mía propia). Hizo que, desde ese momento, el respeto fuera, aunque tardío, mutuo. Y me lleva desde hace tiempo a trabajar muy de vez en cuando en un poema todavía muy incompleto, en 3 partes y una conclusión breve, del que pongo aquí, aunque esté en estado de taller, algo de la 1ª parte (supongamos que cuando el sujeto del poema tenía 4 o 5 años) y la conclusión. Estos textos están así ahora, pero pueden cambiar (y mucho) en el futuro. Que crean en ti de esa manera ayuda mucho a vivir, es algo que se siente. Tener historias, datos, que lo prueban, ayuda a replantearse lo vivido, es una nueva iluminación, una nueva perspectiva. Ese proceso tiene mucho que ver con la vida, pero también con la literatura y con lo que alimenta la literatura.


Mi vida como gato


Ay el tiempo! Ya todo se comprende.
Jaime Gil de Biedma


I


Ah, yo lo sabía.

Con mis pantaloncitos cortos, lo sabía.

Yo lo sabía, aunque solo después

supe ponerle nombre: opio,

derivado de; aún sin saber entonces de derivas.

Yo lo sabía, que había dolor. Mucho.

Y era lejos la mejor de las distancias

y silencio el más seguro de los modos.

Lo sabía, como lo saben todo los niños

de las casas donde viven como gatos.


Sé de qué me hablo.

Aunque hablar, cantaros, de aquel tiempo

que ahora entiendo y viví entonces

como algo natural, ¡era la vida!,

me ponga sentimental.

Desaprendemos los viejos las mejores lecciones.


Yo lo sabía, con mis pantaloncitos cortos

incluso en invierno.

Si tomaba la pastilla, lo sabía.

Con mis pantaloncitos cortos, sabía

que me podía sentar cerca (sin contacto),

que la almendra oscura de sus ojos

titilaba en verde,

que la mirada verde me decía

no te quise lo sabes no te quise

cuando te llevé dentro.

Ni en los siguientes meses.

No era verdad, ¿sabes?, era el miedo,

porque sobreviniste por sorpresa

cuando no debías.

Nunca el miedo. Nunca temas

y desbarates lo que amas.

Su mirada verde me decía

que me quería ya de más.


Con la química tranquilidad traspasada

le pedía permiso para salir.

Amar e irme es un destino.

Me iba seguro de mí mismo,

como un gato que se limpia los bigotes,

escaleras abajo, un niño todavía,

a buscar a los amigos.




y IV


Lo mejor de ti lo supe cuando ya no estabas.

Vivir fue bueno aunque ser libre duela:

por los silencios

por no reconocerse entre las cosas

por los huecos que íbamos dejando

para no forzar,

no obligarnos.

¿Hubiéramos preferido a veces el espacio lleno

aunque atara?

A veces

ser solo no libera

aunque te haga libre.

Vivir fue bueno.

Pero no nos conocimos.

viernes, 24 de agosto de 2007

Postales de verano IV

Una muy querida voz me deseó que las garras de un águila me rasgaran dulcemente el corazón, pero las águilas no aparecieron. Me queda esta de piedra (más negra que como se ve en la foto), a 50 metros del punto del río en el que suelo bajar a meditar, con el águila de piedra a mi espalda.



Me quedó el corazón cloroformado
y una brizna de luz entre tus piernas
que me advierte del peligro de no amarte.

Es un ojo la luna
la montaña una cueva
y el aire no te lleva.

Es un hueco el águila, en el cielo.
No atormentes la luz no la acongojes
no se batan las manos en caricias.

El barro late,
si piensa en urna
enamorada.

Ya no luchan las manos, se entremezclan.
Sorbes el aire que detiene el mundo:
ves el hueco y esperas. Te abalanzas.

Frente feliz
aire silente.
Pies que me buscan.

Donde no vas, no llegas.
El mundo que te alcanza
te engaña y te detiene.

Me olvidé el corazón, la vista alta,
unos ojos cerrados a tu vuelo
y una brizna de luz en la mirada.

Barbara, L'aigle noir
[Como siempre, http://www.goear.com/listen.php?v=423fc94, en otra página de Internet, para oírla]
[Un hermoso día, quizás fuera una noche, junto a un lago me quedé dormida. Cuando de pronto, como si reventara el cielo y como si no hubiera venido de parte alguna, sutgió un águila negra].

Un beau jour ou peut-être une nuit
Près d'un lac, je m'étais endormie
Quand soudain, semblant crever le ciel
Et venant de nulle part surgit un aigle noir

Lentement, les ailes déployées
Lentement, je le vis tournoyer
Près de moi dans un bruissement d'ailes
Comme tombé du ciel l'oiseau vin se poser

Il avait des yeux couleur rubis
Et des plumes couleur de la nuit
À son front brillant de mille feux
L'oiseau roi couronné portait un diamant bleu

De son bec, il a touché ma joue
Dans ma main il a glissé son cou
C'est alors que je l'ai reconnu
Surgissant du passé il m'était revenu

Dis l'oiseau, oh dis emmène-moi
Retournons au pays d'autrefois
Comme avant dans mes rêves d'enfant
Pour cueillir en tremblant des étoiles, des étoiles

Comme avant dans mes rêves d'enfant
Comme avant sur un nuage blanc
Comme avant allumer le soleil
Être faiseur de pluie et faire des merveilles

L'aigle noir dans un bruissement d'ailes
Prit son vol pour regagner le ciel,

Quatre plumes couleur de la nuit,
Une larme ou peut-être un rubis
J'avais froid, il ne me restait rien
L'oiseau m'avait laissée seule avec mon chagrin.

Un beau jour ou était-ce une nuit
Près d'un lac, je m'étais endormie
Quand soudain, semblant crever le ciel
Et venant de nulle part
Surgit un aigle noir.

martes, 21 de agosto de 2007

Postales de verano III

Los encuentros no son nunca casuales




Todavía no la conocía
pero ya la amaba






Plaisirs d’amour (by Joan Baez)

The joys of love are but a moment long
The pain of love endures the whole life long

Your eyes kissed mine, I saw the love in them shine
You brought me heaven right there when your eyes kissed mine

My love loves me, a world of wonder I see
A rainbow shines thru my window; my love loves me

And now he's gone like a dream that fades in the dawn
But the words stay locked in my heartstrings; my love loves me

Plaisir d'amour ne dure qu'on moment
Chagrin d'amour dure toute la vie

J'ai toute quitte pour l'ingrate Sylvie
Elle me quit et me prend un autre amour

Tant qur cette eau coutera doucement
Vera a ruisseau qui bord la prairie

Je t'amerai, me repetait Sylvie
Mais l'eau coute encore elle a change portant

jueves, 16 de agosto de 2007

Postales de verano II

bienvenidos



Sería estupendo que funcionaran los enlaces a goear, como antes, y que pudierais oír la canción mientras leéis la letra, porque tenéis que oírla: toda la vida me ha llenado de una alegría nostálgica. Ahora que empezáis a regresar, poco a poco, la pongo como una acogida.

Lo que tenéis que hacer es abrir otra página de Internet, para que no se corte ésta, ir a http://www.goear.com/listen.php?v=aa5aeac y luego, escuchándola, volvéis a ver la letra y el abrazo que os doy, ¿vale?)

Es una noche clara y tranquila,

la luna la ilumina,

los invitados van llegando y llenan toda la casa

de colores y perfumes...



Bienvenidos, pasad, pasad.

De las tristezas haremos humo.

Mi casa es la vuestra (si es que alguna casa es de alguien)...



Bienvenidos, pasad, pasad.

Ya no falta nadie.

¡Ah! Sí. Me doy cuenta de que solo faltas .

También puedes venir, si quieres.

Te esperamos.

Hay lugar para todos.

El tiempo no cuenta.

Ni el espacio.

Cualquiera de estas noches podría salir el sol.





qualsevol nit pot sortir el sol

Jaume Sisa


Fa una nit clara i tranquil.la, hi ha la lluna que fa llum,
els convidats van arribant i van omplint tota la casa
de colors i de perfums.
Heus aquí a Blancaneus, en Pulgarcito, els tres
porquets,
el gos Snoopy i el seu secretari Emili, i en Simbad,
l'Ali-baba i en Gullivert.
Oh, benvinguts, passeu passeu, de les tristors en farem fum.
A casa meva és casa vostra si que hi ha cases d'algú.
Hola Jaimito, i doña Urraca, en Carpanta, i Barba-azul,
Frankenstein, i l'home-llop, el compte Dràcula,
i Tarzan,
la mona Chita i Peter Pan.
La senyoreta Marieta de l'ull viu ve amb un soldat,
els Reis d'Orient, Papa Noël, el pato Donald i en Pasqual,
la Pepa maca i Superman.
Oh, benvinguts, passeu passeu, de les tristors en farem fum.
A casa meva és casa vostra si que hi ha cases d'algú.
Bona nit senyor King Kong, senyor Asterix i en Taxi-Key,
Roberto Alcazar i Pedrín, l'home del sac, i en Patufet,
senyor Charlot, senyor Obelix.
En Pinotxo ve amb la Monyos agafada del bracet,
hi ha la dona que ven globus, la família Ulises,
i el Capitán Trueno en patinet.
Oh, benvinguts, passeu passeu, de les tristors en farem fum.
A casa meva és casa vostra si que hi ha cases d'algú.
A les dotze han arribat la fada bona i ventafocs,
en Tom i Jerry, la bruixa Calixta, Bambi i Moby Dick,
i l'emperadriu Sissi.
I Mortadelo, i Filemón, i Guillem Brown, i Guillem Tell,
la caputxeta vermelleta, el llop ferotge, i el caganer,
en Cocoliso i en Popeye.
Oh, benvinguts, passeu passeu, ara ja no falta ningú,
o potser sí, ja me n'adono que tan sols hi faltes tu.
També pots venir si vols, t'esperem, hi ha lloc per tots.
El temps no conta, ni l'espai, qualsevol nit pot sortir el sol.

domingo, 12 de agosto de 2007

Postales de verano I


Es M: mi sobrina, ahijada y colega de escritura. De no ser por ella, que hace unos años me empujó a que lo hiciera, no habría vuelto a escribir. Ella escribe como los ángeles, pero se lía la vida y lo hace poco; solamente cuando la empujamos. Ahora soy yo el que la empujo a ella, aunque comprendo que con sus dos pequeños hijos y su trabajo, no es fácil.

Está abrazando a un primo y a la derecha del que mira se ve, cortada por la mitad, la imagen de otra de mis cuatro sobrinas de Madrid.

Arriba, aunque solo se ve la mitad inferior (y no del todo hacia la izquierda), hay un enorme bodegón pintado sobre tapiz por mi madre cuando era muy joven. Mirándolo, he pensado muchas veces que fue una pena que con veinte años recién cumplidos, o todavía sin cumplirlos, dejara los pinceles para siempre. Me viene muy bien que salga porque me sirve de presentación del tema; y ya sabéis que para eso soy muy previsor y estructural. Es decir, esta postal de M anuncia otra de mi madre en la que podré poner trocitos de un poema largo.

No creo que le moleste a M que ponga el principio un relato suyo que apareció en una vanity edition de un libro titulado nueve x dos relatos. Es uno de mis preferidos, pero hay otros: pongo este porque me permite elegir un extracto (el principio) que se explica solo y tiene un tamaño que es aceptable teclear (es aproximadamente un 20% del relato). Los títulos los elegía otra persona (formaba parte del juego) y tenían que ser el principio del relato.

Extracto de un relato de M.

No quiero que me digas la verdad, quiero que me mientas otra vez. No me digas que no podemos bajar a la calle o miénteme al menos, como cuando era pequeña y me decías que me ibas a dar un filete y me dabas una salchicha; o cuando decías que volvías en un pis pás y tardabas horas en llegar.

Llevo seis años a tu lado, nos hemos hecho compañía, no te olvides de mí ahora. Recuerdo todos los momentos que hemos pasado juntas, sé que no soy una perra perfecta, pero no me jodas ahora. Mira, me siento, me tumbo, muevo el rabo, me como el pienso, busco la pelota...

Está bien, ya me estoy quieta. Me siento y no me muevo. La cuestión es que me apetecen unas caricias; pero si me acerco ahora me va a chillar. No, mejor me quedo aquí. Me tumbo en la cama y pienso: acabo de nacer, pero no recuerdo a mi madre biológica. La recuerdo a ella. Yo era una bola de pelo bastante escurridiza. Me llevaba al campo y yo corría hasta reventarme. Busco un lugar lleno de olores nuevos, de rastros de otros animales, y persigo mariposas. Ella me mira, está contenta. Espero oír dos veces mi nombre y corro hacia ella, tal vez tenga galletas. Estoy mucho tiempo sola, pero no soy la única.


viernes, 3 de agosto de 2007

Donde estuve y he estado tantas veces


Junto a la ventana de la cocina hay una mesita camilla que basta para dejar la taza de té, el libro y el cuaderno. Para leer, escribir y mirar. Con el fregadero a la espalda, que continúa en la antigua cocina de carbón, que ya no se usa, la nueva de gas y, en ángulo recto, la mesa grande con el escaño del lado de la pared. Donde se come, o se habla, normalmente. Recuerdo, hace muchos años, tres Navidades que fuimos allí, cuando funcionaba la de carbón: esa enorme superficie de más y de menos calor, sobre la que había numerosas ollas, haciendo chof-chof más rápido o más lento, olía todo bien y en la mesa grande siempre había alguna botella de vino de la tierra, de la que íbamos bebiendo vasos. Fueron los tiempos en los que la casa era joven, a la gente no le había dado todavía por morirse y yo era un recién llegado a esa familia. La cocina de gas no hace ruido y no es invierno. Me siento en la mesa camilla si no hay nadie en la cocina y leo, miro y escribo; por ejemplo ahí escribí, en una libreta negra, uno de los poemillas de la serie Diálogos anticonceptivos, de los que incluyo algunos.



[De Diálogos anticonceptivos]

El amor es mejor que la muerte.

Se lo dije a cara de perro al espejo.

Enseñándome como derecha

la mano que era izquierda,

me devolvió claramente el reflejo

de que la muerte era, con mucho,

preferible al amor.

Peor para ti, dije.

Apagué la luz

y lo dejé mudo.




La galería tiene historias de mañanas, de tardes, de noches. De crujidos. De bienestar, de melancolías. Mi estación preferida es la fría, después de comer, cuando ha sido calentada apenas por dos radiadores, pero el sol de toda la mañana la ha vuelto agradable. O si hace calor, en verano, para leer en la huerta. O de nuevo para mirar. La foto es hacia fuera, un 50% de lo que se ve, pero dejo sin enseñar cómo es ella misma, por dentro.

[de D. A.]

Tienen las esquinas

un modo esquinado de pensar.

De ahí les viene el nombre.

¿Y no crees que fue aquí,

sobre ti misma,

la primera vez que, no había amanecido,

despacio como la luz nos abrazamos?

“No es lo malo que estés equivocado,

lo malo es que lo sabes; y persistes”.

Harto, yo,

que si doblo ya algo es la edad,

la doblé.

La encontré, del otro lado,

tan poco propicia a aceptarte

en un pasado posible,

que la di por imposible

y me marché callado.



La casa nuestra es la de arriba, la de la galería, y la huerta es, desde el muro verde, todos esos árboles que se ven. Allí una huerta es donde hay frutales, no necesariamente donde se plantan hortalizas. Es una huerta de señoritos que casi nunca estamos, dejamos que un vecino que tiene las llaves se lleve la fruta, y la de arriba para los pájaros. Es de señoritos porque no se poda, así que son frutales grandes y hermosos, de sombra, pero de escasísima producción. Allí se ponen sillas y se hacen tertulias, a la caída de la tarde, aunque la mayor parte del día se toma el sol, entre los huecos de los árboles, o se duerme sobre la hierba, o se lee. Esos árboles son tan grandes y hermosos; aunque den poca fruta, dan sombra y belleza. La luz cambia cada medio metro, según la que se cuela entre las ramas y los árboles, y varía del dorado más intenso a una atmósfera verde. Esta vez sentí a veces que estaba trasladado a escenas impresionistas, de fines del XIX y principios del XX. A veces saco un cojín y medito. A veces me parece ver a quien no debió morir: sin que nos vieran, L y yo sacamos un poco de sus cenizas y las esparcimos por allí.
A veces, en los primeros tiempos, a la caída de la tarde, cuando se habían ido yendo todos, L y yo nos quedábamos a dejarnos rodear por la oscuridad y sentir que nos íbamos quedando helados.

[de D. A.]

Te negó el monte

y lo bajé a despecho y de inmediato.

Nada sabía el valle;

lo crucé desatento.

El río, por fin, sí.

“¿Me hablas de la luna

en mitad de la mañana?

Os conocí y la conozco.

Sube que te llevo”.

Le vi un reflejo de maldad,

un hambre de siglos

(¿sería el mismo que el de Ofelia?).

Metí los pies.

Me eché hacia atrás sobre la hierba.

Me dormí.

Y fue todo.



Es la biblioteca que dejó quien cité antes, con el cuarto que usó mi hijo. Si la estancia se alarga un poco, siempre hay algún libro con el que animar, por contraste, los que me había llevado.

[de D. A.]

Un aeropuerto es una máquina de abandono

si en uno una mañana te dejaron.

Solo hay dos clases de avión: los buenos y los malos.

Los que vienen y los que se van.

Pero los que vienen no acaban de venir

y los que se van lo hacen para siempre.

Si de lejos, caminando, veo uno,

me planto en jarras y le grito “¡hijoputa!”

al aire que sostiene los aviones

que te llevaron.

Hay veces que se ha levantado viento

mandándome callar.

“!Shhh!”, me grita.

Y me callo (por si son de los que vienen).

Pero insisto en lo que pienso.

De ser por ti, no te habrías ido.



La foto la bajé de Internet y he marcado con una flecha la posición de la casa. Está, el pueblo, más lejos de lo que parece y las casas no están tan juntas como la foto parece mostrar. Abajo, antes de que comiencen las montañas violentadas, corre el río, ancho y fuerte. Me gusta esta foto despintada porque muestra bien el entorno.
No he puesto nombres. Si alguno los conoce y comenta, que no los use. Es solo un pueblo, unas montañas, un río.