Necesitamos Un Millón de Poetas [correo para este tema: n1MdPs@gmail.com].Hace poco que supe de ella. Hubiera querido tener algo en papel que ofrecer, algo que no estuviera todavía en Internet, pero solo aquí quedan restos suficientes para poder conocerla. Incluso he habldo con
Visor, que se encarga de importar los libros de la editorial venezolana
Monte Ávila, pero nada sabían de ella: únicamente os puedo servir para recordarla, poner algunas pequeñas cosas de su vida y de su obra, para que seamos algunos más los que queramos que sobreviva.
Empecemos por el final que es el principio del olvido. La noticia es del domingo 1 de junio de 1997 y la cuenta
Blanca Elena Pantin en el
Universal.com:
«En un momento del día jueves 29 de mayo
Martha Kornblith (Lima, Perú, 1959) decidió suicidarse. Algunos supieron la noticia de su muerte por una esquela ubicada en la parte inferior izquierda de la página de obituarios. Fue, leída así, una noticia brutal». Termina la noticia con un poema del libro
Oraciones para un dios ausente.
No había sobre qué decir,
salvo las tertulias del hambre
la imposibilidad de abstraer.
Había que andar
con el lápiz bien afilado.
Y escribir:
no escribas poesía
ni envidies la seda de las sinagogas.
Lo digo hoy
hastiada de miedo.
De ese mismo libro he encontrado citados estos cuatro versos, de los pocos repetidos en Internet en los que la ola va subiendo, en lugar de retrartarla en la bajada:
Tú eres la palabra:
me apedreas por grosera,
te saco provecho literario,
te quiero joder.Me ha interesado también una página de un
departamento de estudios hispánicos, supuestamente de una universidad de Brown, pero no está eso muy claro en el documento, que analiza la melancolía en
Julia Kristeva y termina así una de las partes:
«Ella [Kristeva], ciertamente, no pudo haber previsto esta lectora que en Caracas escribía:
Es Martes
leo a Kristeva
("la melancolía es estéril
si ella no deviene en poema")
. . .
Es Martes
leo a Kristeva:
("Habito la cripta
secreta de un dolor
sin palabras")
. . .
Es Martes
y leo a Kristeva:
"La melancolía es
una perversión,
a nosotros nos toca
conducirla hasta las
palabras y la vida."
Ese "nosotros" ya no incluyó a la poeta: el diálogo se había truncado.»
El estudio empezaba con una buena introducción a los datos biográficos:
«Una de las mejores poetas latinoamericanas jóvenes, la venezolana nacida en Lima, Martha Kornblith (1959-1997), se suicidó en Caracas luego de un largo período de malestar depresivo. Su poesía es confesional pero también antidramática, incluso autoirónica; pero su laconismo y sobriedad revelan una inteligencia analítica desnuda. Es evidente que reconocía bien su estado, y que no se hacía ilusiones sobre la terapia. Más bien, demuestra curiosidad genuina por su nueva familia, los perturbados en la clínica, los poetas y artistas que enloquecieron, los suicidas. Me interesó saber que ella había estudiado "comunicación social" en la Universidad Central de Venezuela, y que había formado parte de esa comunidad de diálogo posible que es el taller literario; estuvo en tres de ellos. Publicó en vida
Oraciones para un dios ausente (Monte Ávila, 1995) y son póstumos un cuaderno temprano,
El perdedor se lo lleva todo (Pequeña Venecia,1997) y
Sesión de endodoncia (Eclepsidra, 1997), sus últimos poemas, que dejó ordenados antes de saltar por la ventana. (Vienen poemas suyos en mi
El turno y la transición, Antología de la poesía latinoamericana del siglo XXI, México, Siglo XXI, 1998). Martha Kornblith escribió uno de sus últimos poemas a propósito del libro de Julia Kristeva sobre la melancolía.»
Y ya sin mucho orden ni concierto, un poema muy repetido en Internet:
En todas las casas...
En todas las casas
siempre habitará un poeta
con una hermana (que no es poeta)
que le dirá
que escriba una biografía
sobre su familia.
En todas las casas
habitará una poeta
-loca además-
como aquellas que sostienen
a duras penas
sus propias biografías desdeñables:
Ellas avizoran pasados autistas
mujeres que dicen palabras soeces
dan tumbos a medianoche.
En todas las casas
habitará un primo lejano
-que vive en otro país-
y que busca (en inglés)
la génesis de la familia.
Conoció, hace años
a esta pariente esquizoide
(tan callada, tan lejana -dijo-)
(So quiet, So Withdraw)
No la reconoció en su última foto.
(lucía tan diferente)
(She looked so different,
so atractive, so outlocked)
En todas las casas
habitará una hermana poeta
-loca además-
que busca su propia desdeñable
génesis
(aquella que ya conocemos)
En todas las casas
habitará una hermana
que le pedirá a su hermana poeta
que escriba la historia
de la familia
Esta poeta (loca de la casa)
pasará a formar parte de esta saga
el día en que deje el teléfono
desconectado
en el filo de la madrugada.
Y uno más, el último de esta poco agradecida búsqueda. Seguro que en su conciencia de poeta había otros registros. Seguro que Internet ha puesto de relieve los más duros, los que más fácil se relacionan, después del final, con su final.
A veces
es preciso
volver a los recuerdos
para anular la memoria,
aniquilar vestigios,
otras vidas,
saludar viejos lazos,
decapitar antiguos papeles,
zozobrar de nuevo,
para que vuelvan a decir
y no tener,
no poseer nada.
Y ahora seguir buscando, saber de esta poeta y conocer otros poemas es cosas de algunos más. De eso se trata, ¿no?