martes, 29 de mayo de 2007

Tu as des cicatrices là où je suis blessé









Eso de las fotos es Conil, cuando la playa de Conil era así, fuimos con unos amigos cerca de Semana Santa y nos recibió con lluvia y frío. En la primera de las fotos se ve que no nos importaba el frío: el juego era acercarse al mar y tratar de huir de las olas; en la segunda, Lola y un amigo emulan las pelis de los Beatles, mientras que a mí se me ve tomando ya el caminito del indio, del que volví al rato, perdido el juego de las olas, más o menos en bolas y con toda la ropa empapada de los baños. Por suerte había coñac del barato (Garvey era mi marca). El coñac quitaba el frío del baño. El frío del baño quitaba la borrachera de coñac. ¡Era perfecto! Lola supo qué hacer conmigo, sacó una manta vieja del coche para abrigarme de cintura para abajo y una camisa seca de la bolsa: como siempre, ¡no hay problema! Nos subimos a un promontorio a ver el mar y un amigo subió y nos hizo la foto, como si saliéramos de dormir la siesta en una habitación calentita.

El poema lo escribí hace unos dos meses. Es sencillo, ligero y tierno. Y me gusta mucho.


A Lola

Teníamos cien pesetas de amor
y unas monedas para las propinas
la primera vez que nos quedamos solos.
Las contamos bien, no daban para más
que dos días (y tres noches de prestado).
Se te debió ocurrir a ti la idea
Dejaste una caricia a medias
una emoción inacabada
que atravesara el día hasta el regreso.
Yo entrecorté una frase
que te dejó pensativa hasta la noche
que quedaba separada por el día.

Así adiós fue un hasta luego.
Tú atracabas a tus amantes
por aprender a retenerme.
Yo chantajeaba, como si me debieran algo,
a los poetas de los bares de la Glorieta de Bilbao
y a las psicólogas conductistas
con las que tomaba paella y bebía vino
en los comedores de las facultades.
No dejábamos de dejar para mañana.

Y una mañana me quedé,
debía ser domingo,
y por la tarde abriste un hueco en el armario
donde colgar mi chaqueta.
Han pasado los años
y hay noches que salimos
al jardín que no tenemos
para hablar de los hijos que no hemos tenido,
preguntarnos si estarán bien en Nueva York,
si tendrán frío, como nosotros, ahora
que la noche está fresca junto a los manzanos.
Luego yo te dejo empezada una caricia,
tú me dices algo sobre la forma que miro,
que habrás de explicarme luego.

Por si acaso es verdad lo que dicen las noticias
de que se confirma que, una vez más,
probablemente, habrá mañana.

sábado, 26 de mayo de 2007

Martha Kornblith o cómo olvidar a una poeta (n1MdP-01)

Necesitamos Un Millón de Poetas [correo para este tema: n1MdPs@gmail.com].

Hace poco que supe de ella. Hubiera querido tener algo en papel que ofrecer, algo que no estuviera todavía en Internet, pero solo aquí quedan restos suficientes para poder conocerla. Incluso he habldo con Visor, que se encarga de importar los libros de la editorial venezolana Monte Ávila, pero nada sabían de ella: únicamente os puedo servir para recordarla, poner algunas pequeñas cosas de su vida y de su obra, para que seamos algunos más los que queramos que sobreviva.

Empecemos por el final que es el principio del olvido. La noticia es del domingo 1 de junio de 1997 y la cuenta Blanca Elena Pantin en el Universal.com:
«En un momento del día jueves 29 de mayo Martha Kornblith (Lima, Perú, 1959) decidió suicidarse. Algunos supieron la noticia de su muerte por una esquela ubicada en la parte inferior izquierda de la página de obituarios. Fue, leída así, una noticia brutal». Termina la noticia con un poema del libro Oraciones para un dios ausente.

No había sobre qué decir,
salvo las tertulias del hambre
la imposibilidad de abstraer.
Había que andar
con el lápiz bien afilado.
Y escribir:
no escribas poesía
ni envidies la seda de las sinagogas.
Lo digo hoy
hastiada de miedo.

De ese mismo libro he encontrado citados estos cuatro versos, de los pocos repetidos en Internet en los que la ola va subiendo, en lugar de retrartarla en la bajada:

Tú eres la palabra:
me apedreas por grosera,
te saco provecho literario,
te quiero joder.



Me ha interesado también una página de un departamento de estudios hispánicos, supuestamente de una universidad de Brown, pero no está eso muy claro en el documento, que analiza la melancolía en Julia Kristeva y termina así una de las partes:

«Ella [Kristeva], ciertamente, no pudo haber previsto esta lectora que en Caracas escribía:

Es Martes
leo a Kristeva
("la melancolía es estéril
si ella no deviene en poema")
. . .
Es Martes
leo a Kristeva:
("Habito la cripta
secreta de un dolor
sin palabras")
. . .
Es Martes
y leo a Kristeva:
"La melancolía es
una perversión,
a nosotros nos toca
conducirla hasta las
palabras y la vida."

Ese "nosotros" ya no incluyó a la poeta: el diálogo se había truncado.»


El estudio empezaba con una buena introducción a los datos biográficos:

«Una de las mejores poetas latinoamericanas jóvenes, la venezolana nacida en Lima, Martha Kornblith (1959-1997), se suicidó en Caracas luego de un largo período de malestar depresivo. Su poesía es confesional pero también antidramática, incluso autoirónica; pero su laconismo y sobriedad revelan una inteligencia analítica desnuda. Es evidente que reconocía bien su estado, y que no se hacía ilusiones sobre la terapia. Más bien, demuestra curiosidad genuina por su nueva familia, los perturbados en la clínica, los poetas y artistas que enloquecieron, los suicidas. Me interesó saber que ella había estudiado "comunicación social" en la Universidad Central de Venezuela, y que había formado parte de esa comunidad de diálogo posible que es el taller literario; estuvo en tres de ellos. Publicó en vida Oraciones para un dios ausente (Monte Ávila, 1995) y son póstumos un cuaderno temprano, El perdedor se lo lleva todo (Pequeña Venecia,1997) y Sesión de endodoncia (Eclepsidra, 1997), sus últimos poemas, que dejó ordenados antes de saltar por la ventana. (Vienen poemas suyos en mi El turno y la transición, Antología de la poesía latinoamericana del siglo XXI, México, Siglo XXI, 1998). Martha Kornblith escribió uno de sus últimos poemas a propósito del libro de Julia Kristeva sobre la melancolía.»

Y ya sin mucho orden ni concierto, un poema muy repetido en Internet:


En todas las casas...

En todas las casas
siempre habitará un poeta
con una hermana (que no es poeta)
que le dirá
que escriba una biografía
sobre su familia.
En todas las casas
habitará una poeta
-loca además-
como aquellas que sostienen
a duras penas
sus propias biografías desdeñables:
Ellas avizoran pasados autistas
mujeres que dicen palabras soeces
dan tumbos a medianoche.
En todas las casas
habitará un primo lejano
-que vive en otro país-
y que busca (en inglés)
la génesis de la familia.
Conoció, hace años
a esta pariente esquizoide
(tan callada, tan lejana -dijo-)
(So quiet, So Withdraw)
No la reconoció en su última foto.
(lucía tan diferente)
(She looked so different,
so atractive, so outlocked)
En todas las casas
habitará una hermana poeta
-loca además-
que busca su propia desdeñable
génesis
(aquella que ya conocemos)
En todas las casas
habitará una hermana
que le pedirá a su hermana poeta
que escriba la historia
de la familia
Esta poeta (loca de la casa)
pasará a formar parte de esta saga
el día en que deje el teléfono
desconectado
en el filo de la madrugada.



Y uno más, el último de esta poco agradecida búsqueda. Seguro que en su conciencia de poeta había otros registros. Seguro que Internet ha puesto de relieve los más duros, los que más fácil se relacionan, después del final, con su final.

A veces
es preciso
volver a los recuerdos
para anular la memoria,
aniquilar vestigios,
otras vidas,
saludar viejos lazos,
decapitar antiguos papeles,
zozobrar de nuevo,
para que vuelvan a decir
y no tener,
no poseer nada.


Y ahora seguir buscando, saber de esta poeta y conocer otros poemas es cosas de algunos más. De eso se trata, ¿no?

domingo, 20 de mayo de 2007

Jean Cocteau y La Dificultad de Ser

I
Con el libro de Camus al que me referí en la entrada del domingo 29 de abril (qué casualidad, también hoy es domingo; se ve que es literatura para días de fiesta), la traductora, María Teresa Gallego Urrutia, me hizo llegar este, también (y tan bien) traducido por ella, número 51 de la colección Biblioteca de ensayo de la editorial Siruela. Para todo lo referente a la María Teresa, podéis ver la entrada de ese último domingo de abril.

II
Elena (usa poco el alias de Lila Berger) es la compañera que vino conmigo a Cádiz. Probablemente ella y la ex de “l” sean las personas menos pretenciosas que conozco, a pesar de lo que leen y saben de literatura. Ella me hizo volver a nadar hace unos dos años y medio, así que todos los martes y los jueves, hacia el medio día, damos un paseo de unos 10 minutos a la piscina y después otros 10 minutos de regreso. También bajamos a tomar juntos el primer café de la mañana, donde hablamos normalmente de libros; y, descarnadamente, de cosas que nos pasan: poca biografía, lo estrictamente necesario y sobre todo cuando estamos en proceso de que una visión desde fuera sea una ayuda. Después, si no es martes o jueves, trabaja, sin parar ni para comer, las 8 horas seguidas, así que no volvemos a hablar ni a vernos. Ella fue quien me puso en contacto con la shanga de desharrapados del zen a la que asisto y que tan bien me viene (me acompañó la primera vez y adiós, que no hace esas cosas). Le debo mucho por tanto en lo físico y en lo mental. Además, algún fin de semana, vamos juntos a ver exposiciones e incluso de librerías (poco, porque me pongo enfermo al ver todo lo que hay por leer). Y con la conversación aumenta el interés de lo que vemos. Le debo mucho por tanto en la amistad.

Me veía por las mañanas con este libro de Cocteau y me pedía que se lo prestara. Le dije que en cuanto lo terminara, pero son pequeños capítulos autobiográficos, llamados todos “De mi infancia”, “De la amistad” “De...”, y no pasaba de uno o dos al día. No se podía leer más rápido: un capítulo, cierras los ojos y piensas. Ya empezaba a quejarse Elena de que parecía que no lo iba a terminar nunca así que se lo pasé sin haber llegado ni al 20%. Y cambiaron las tornas: ahora era ella la que trataba de excusarse por la lenta lectura.

Volviendo de Cádiz, me leyó en el coche algo del libro. Entre ellos el capítulo de la amistad, añadiendo que me venía perfectamente a mi forma de ser. Y sí, creo que casi lo habría podido escribir yo. Ayer sábado vimos una exposición, fuimos de librerías y se lo compró, porque es de estos libros que uno quiere tener. Y yo tengo el ejemplar nuevo (mañana se lo cambio por el mío: esto provocó discusiones) y así puedo poner esta entrada sobre la amistad, sobre mí y sobre vosotros, y de paso hacerle a Elena este pequeño homenaje.

III
Lo que me pasó con el de Camus, me pasa con este de Cocteau. Estoy un poco hasta el gorro de leer 15 veces cada semana que se ha publicado ¡el libro del siglo!, que en realidad a veces es meritorio, algunas veces magnífico, y las más un bodrio. A lo mejor esos libros del siglo hay que buscarlos un poquito más atrás. Y no estaría mal abandonar por un tiempito la cultura anglosajona para prestar un poco de atención a la cultura francesa; ¡pero la de antes!, que se ha ido perdiendo conforme han ido olvidando su propia y fuerte cultura ante la americana, mucho más de márketing. En fin, que recomiendo el libro, que además lo considero otra metáfora o descripción directa, esta vez, de esa amistad que tanto me importa y que tan necesaria es. O sea, lo del sonido del bosque, o lo de los nodos de la malla de la red, pero mejor contado.

IV
(Primeros tres párrafos del capítulo "De la amistad", del libro La Dificultad de Ser).

El príncipe de Polignac decía: «En el fondo, no quiero a los demás». Pero cuando su mujer le pregunta: «¿Por qué ese humor sombrío?» y él contesta «Amo y me aman», y añade: «Por desdicha, se trata de personas diferentes», está admitiendo su soledad. Quiero a los demás y no existo sino mediante ellos. Sin ellos, mis balas son balas perdidas. Sin ellos, mengua mi llama. Sin ellos, soy un fantasma. Si me alejo de mis amigos, busco su sombra.
Puede ser que la necedad o la incultura hagan las veces. La mínima amabilidad me engaña. Pero, en tal caso, ¿cómo conseguir que se me oiga y se me entienda? No comprenden lo que digo. Tendré, pues, que dar con un medio para que me oigan. ¿Corro demasiado? ¿Es fruto de algún síncope? ¿No son lo bastante grandes las letras de mis palabras? Busco. Hallo. Hablo. Me escuchan. Y no es por necesidad de ejercicio. Es gusto por el contacto humano.
Dije en alguna parte que sabía hacer mejor la amistad que el amor. Pues el amor se basa en espasmos breves. Si esos espasmos nos decepcionan, el amor muere. Pocas veces resiste a esa experiencia y se convierte en amistad. La amistad entre el hombre y la mujer es cosa delicada, es otra forma de amor. Los celos andan camuflados. La amistad es un espasmo sosegado. Sin avaricia. La dicha de un amigo nos embelesa. Nos suma algo. No nos resta nada. Si esa dicha ofende la amistad, es que no lo era. Sino un amor disimulado. Estoy convencido de que este afán de amistad que siempre tuve procede de los hijos de los que me veo frustrado. Como no los tengo, me los invento. Querría educarlos. Pero caigo en la cuenta de que quienes me educan son ellos. No sólo la juventud y su presencia en casa nos obligan a no dar nunca un paso que pueda no servirle de ejemplo, sino que, además, cuenta con armas adecuadas para luchar para las que las nuestras no valen. Tenemos que aprender de ella. Y poco que enseñarle de nosotros...

V
Esta entrada es un lujo porque lo es el libro que la provoca y el sentimiento que la sustenta. Y además de ser un homenaje a Elena, os está dedicada a todos los amigos antiguos y nuevos: los que me leéis aquí pero también aquellos por los que he hecho todos los esfuerzos posibles para que no se enteren de que este lugar existe. Y en esto último no hay contradicción ninguna.

jueves, 17 de mayo de 2007

Arden las llamas que mayo encendió

DULCES MAYOS

Si te amo, si te he amado,
te proclamo entre las gentes
el más alto sitio, la sonrisa tenue
(el dolor dulce)
como señal de que eres libre
y grande y fraternal.
Amante amigo,
labios vulva
callada conversación
mano en el hombro:
la vida te deseo llena
de encanto
la mano acariciada
tranquilo el sueño.

Dónde arda la llama
que encendieron los labios
que encendiste:
no importa.

Quienes quieren que vuelva
derrotado lo que amaron,
contra sí mismos gravemente
se equivocan.

Sólo feliz das la razón
al amor que te tuve.
(Que te tengo).

Sólo tu acierto,
si te elegí una vez,
me justifica.

martes, 15 de mayo de 2007

Como un hijo pródigo, que vuelve

Va pronto a hacer 200 años que parece ser que un militar napoleónico vio a una gaditana por la que traicionó a su ejército y a su país y a su bandera y todo eso que si nos lo tomáramos con más distancia y sentido del humor mejor nos iría a casi todos (les iría peor a los que viven de controlarnos haciéndonos creer que esas cosas, en lugar de las personas, son lo importante). Y todo lo cambió, el muy traidor, por ella. Hasta el apellido, que pasó de terminar en “......ette” a “......etta”, más de andar por esta casa. Y de aquel allí entonces vengo (aquí ahora, pero cada vez menos).

Y cuento esta historia porque he estado estos días en Cádiz y han hecho que me sienta como si fuera uno de allí. Estas gentes no son “grasiosas” ni van sobradas de sí mismas, negando así esos mitos que nos ponemos unos pueblos a otros. Rodeados de agua, no se aíslan, como si se sintieran en un punto que es de abertura hacia tantos mundos. Y te abren suavemente el corazón y la casa y el tiempo (y la conversación y la mesa y la mirada). Cuando te das cuenta, les tienes que dar las gracias por tantas cosas que ya no sabes cómo.

Lila Berger, la amiga que me acompañó, acertó al volver en el coche en todo lo bueno que decía de ellos. O ella o yo, hablamos de la calidez y el peso esencial de la voz de la poeta Carmen y de la suavidad sosegada, del fondo de pensamiento del que lo sabe casi todo, que disfraza humilde, en el humilde y no manchado sentido de la palabra amigo, Microalgo . La atención de TWA en el Pay-Pay. Los amigos de la sierra.

En el mundo van creciendo puntos que se convierten en los nudos de la malla que nos sostienen. Cádiz es uno; lo será mientras lo sostengan Carmen y Microalgo. Porque son las personas, no los lugares, las que hacen que los cielos te sonrían. Donde vayan formarán nudo de esa malla. Lo que abandonen quedará más pobre, salvo por el recuerdo de ellos.

No quería terminar esto sin referirme al momento primero, cuando como respuesta a una de mis tonterías habituales recibo como respuesta este poema dedicado. Un 19 de diciembre.

Hay mucho que leer de Cármen Moreno (y hablaremos de eso cuando toque). Pero puede leerse ahora, desde aquí, ese poema que es una lectura del mito con una tan necesaria perspectiva femenina... o moderna... o distinta.


LA SALIDA DE ÍTACA

Te digo, Telémaco,
que aprendí entonces
que no nacen mares donde se siembra la sal.
Aré la playa
todo el tiempo que la necedad de aquellos,
por los que te dejo esperando,
cegó sus voluntades.
Pero, no pude.
No pude exterminar tu infancia
transformada en océano calmo
que se bate en retirada
desde tus pupilas tiernas.
Recordé mis minúsculos pasos
cuando ser rey no era más
que un fluir extinto de los sueños
y me descubrí salvando tu niñez,
anteponiéndola a este reino
que me ha de ver partir.
Preferí la inocencia,
la que ya no volverá,
pero existió en mí como ahora en tus latidos,
a un trono que me pedía tu sangre.
No he de culpar a quien morirá
en la venganza que me procuraré.
El cadáver de Palamedes
me mostrará el camino de vuelta.
Me adentraré en el océano que nos mira,
rasgaré las mareas y los vientos
y, un día,
sin que tus años, que caerán
ajados por los fríos,
se den cuenta,
regresaré a tu lado
y acunaré tu vejez.

Carmen Moreno

viernes, 11 de mayo de 2007

n1MdP-00: inauguración con Luis García Montero

Estoy contento de inaugurar n1MdP: necesitamos 1 Millón de Poetas [correo para este tema: n1MdPs@gmail.com]. Llevaba tiempo con esa frase queriendo empezar a hacer cosas y estaba leyendo a varios para empezar, conocidos y no conocidos; publicados y no publicados; poemas y textos sobre poesía. La poesía me aporta algo que me hace falta (creo que a muchos). Hacía años que había dejado de leerla y volví tras Detectives salvajes de Bolaño. Cualquier excusa es buena. Pero sobre todo he vuelto porque he aprendido a leerla casi como si fuera prosa, un poema tras otro, parándome a repetir cuando el instinto me lo pide. Como un libro de poesía se termina pronto (mucho espacio en blanco), se le puede dar otra lectura de inmediato, ya con el lápiz de subrayar echando chispas (de cariño y lucidez sobrevenida). Es como escuchar música: ¿quién la escucharía si dijéramos, “hasta que no disfrute bien de la primera parte del primer movimiento no sigo”? Nadie. uno se pone el disco, lo oye entero, y a la segunda audición... ¡comienza el milagro del reconocimiento! Y aumenta con cada audición: ya se espera la maravilla que va a venir... ¡ay!

Pues lo mismo, pero en poesía.

Me pasaron un recorte, creo que publicado en Marie Claire, que por lo que me han dicho está muy bien en crítica de libros, de unas muy sabias palabras, y muy pero que muy necesarias, de uno de mis poetas favoritos. Es más que espléndido: es como de ver la luz. No puede haber nada mejor para esta entrada CERO de inauguración.

Tiempo y poesía
Luis García Montero

«A los poetas les gusta pensar las cosas tres veces. La poesía no se confunde con un desahogo sentimental, y conviene repetir que la verdad no es nunca un punto de partida, sino de llegada. La gente que dice lo primero que se le ocurre suele repetir lo que flota en el ambiente. Después, cuando las cosas se piensan por segunda vez, tenemos la tentación de decir aquello que nos conviene para quedar bien. Pensar las cosas por tercera vez supone un diálogo con la propia conciencia, atreverse a decir lo que se debe decir, aunque no ganemos el aplauso del público.
A los poetas les gusta pedir tiempo para hacer uso de razón y de corazón. Han aprendido a prestarle atención a la vida. La gente suele tener mucha prisa, las cosas pasan y se nos escapan de las manos. Y de pronto la juventud se nos escapa, o el buen amor desaparece, o los hijos han crecido, o los padres se han muerto, y no hemos tenido tiempo para darnos cuenta del tiempo, para pensar en los demás, en nosotros mismos. Los poetas levantan la mano y piden tiempo para pensar por tres veces las cosas importantes de la vida.
A los poetas les gusta matizar, elegir las palabras. Pueden pasarse una semana detrás de un adjetivo. La gente mira el cielo y dice pájaro, o mira el mar y dice pez. El mundo se empobrece cuando las palabras no matizan, porque no es lo mismo un halcón que una golondrina, ni un tiburón que un delfín, ni una traición que una lealtad íntima. Al defender las palabras se defienden los matices, un mundo rico, abierto, sin la falsa rotundidad de los dogmas y de los titulares de periódico. Los poetas piden tiempo para pensar las cosas tres veces y para defender la riqueza matizada de las palabras.»



Amigos a los que he querido, estoy queriendo, como no tengo tiempo que perder, inauguro este puente por el que tienen paso libre vuestros corazones.

jueves, 10 de mayo de 2007

Después de la fiesta

Después queda la sensación de todo lo que se ha ido rompiendo, lo que ha roto uno mismo; lo que le han roto. Queda una sensación de para qué, una tristeza que mi amiga Sonia me prohíbe. Y no es que, desde este lado del camino, me valgan del todo sus razones, ni los hermosos añadidos de Beatriz o la bella historia del camino con corazón, porque puede tenerlo, pero algo averiado. Lo que me vale es su voluntad. Así que ya ves, colega de la Tetería: ni tres días me he dado. Va esta entrada por ti: y tiene valor (precio, poco), porque de verdad estuve pensando si seguir; pero el valor es tuyo.

Y como adorno, este es el primero de la serie 59. Ya lo puse otra vez, pero estará perdido por allí abajo. Junto a sus hermanos (el del día 8 y otros) cobra significado.



59(a)



A mí mismo
No has sido salvado para vivir
poco tiempo te queda, da tu testimonio.
Zbigniew Herbert



Llegarás como mucho a un epitafio.

Una desgana

de quedarte en los huesos;

un ansia

de ser polvo

(más duro de roer).

Centrifugar antes el yo no es mala idea.

No dejar nada al final

a la pelea del diablo y de san pedro.

Que no haya última sustancia

allí donde la carne sea una instancia

para el fuego.

lunes, 7 de mayo de 2007

8-mai: el 59 alcanza a París



(advierto que la lectura cambia según se escuche con este tema o con el de Dylan: se puede elegir).

Este día es festivo en Francia, para festejar la rendición del ejército nazi, en 1945, y el final de la guerra en Europa. No fue festivo hasta el 81. La alegría es contagiosa, y el motivo es excelente.

Loi ordinaire 81-893 du 02/10/1981

ETABLISSEMENT DU 8 MAI COMME FETE LEGALE FERIEE

Nací un 8 de mayo, pero tres años después, así que he celebrado cumpleaños como niño, como adolescente, como joven, como adulto. El año que viene empiezo los dos decenios “S”, supongo que por la “S” de silencio. Ya sé que no es lo mismo sesenta que setenta y nueve, pero yo me entiendo (y vosotros también). Punto.

El caso es que ¡es la última vez que cumplo años como “adulto mayor”!, así que lo voy a celebrar a lo grande. Para vosotros, de los poemas 59 (más letra entre paréntesis), el 59(b).



59(b)

HAY UNA CONCIENCIA FEROZ

A todos los que todavía sí
También a los que ya no.


Est-ce d'avoir trop ri que leur voix se lézarde quand ils parlent d'hier?
Jacques Brel


Implosiono hacia el centro.
Van las afueras quedando
muy afuera.
Como cenizas quemadas que guardan todavía
voluntad de querer;
calor para arropar
que arde desde las antiguas explosiones
de un pequeño bang distante:
la onda que quema va hacia dentro.

Dentro.

A encontrar la explosión real
con el vacío.
Será el choque como mil agujas hipodérmicas:
paralizante inyección eterna de la desventura
de no haber paralizado el tiempo
de quereros
a todos los que he querido,
estoy queriendo;
a todos los que se han ido,
se están yendo;
como yo, en esta huida,
estoy huyendo.

Al centro.

Queda tiempo
para el mar común del tiempo.
Me gusta miraros
ser mirado por vosotros
ahora que hay tiempo de decirlo:
que somos ríos, y serios y reímos,
para el mar del tiempo común.
Porque hay tiempo
hay luz
hay, tuya y vuestra, voz.
Porque hay silencio,
donde suene si se dice.
Y yo lo digo.
Porque hay conciencia feroz de estar
caminando, mirando, aprendiendo
sin saber por qué se es.

Siendo.



Y como regalo para mí, una de mis muchas canciones favoritas de Bob Dylan: ¡Mississipi! Por eso de que ojalá fuera así mi vida pasada:

Only one thing
I did wrong
Stayed in Mississippi
a day too long.

En un comentario os pongo la letra de los 4 últimos cuartetos, mis preferidos.


jueves, 3 de mayo de 2007

Los fusilamientos del 3 de mayo, los apaleamientos del 1 y del 2

Como vecino de Malasaña, "padecía" el botellón: pero todo depende mucho de la actitud, la facilicidad para dormir, etc. (Por eso lo pongo entre comillas. Cualquier zona con bares o terrazas tiene "jaleíto" los fines de semana: el de Malasaña se manipula). Como concedía a la gente el derecho a divertirse, aunque con inconvenientes para los vecinos(suciedad de las calles en la madrugada), no me ponía irascible y dormía. Enlace a un blog interesante sobre el tema.

También tenía el problema de que el Ayuntamiento y la Comunidad nos han "castigado" sin fiestas desde hace tres años. Teóricamente, esa "privación" es el origen de estos problemas concretos. Ahora, ya no sabemos cuánto se extenderán estos problemas en el tiempo.

Ahora tengo un problema mucho mayor: la brutalidad policial. Hasta que no se solucione, dejo los otros problemas en suspenso.

Esta chica y ese fuego son una imagen que representa la oposición a la represión brutal. Si los servidores de los ciudadanos, y quienes les mandan, son así, no podemos plantear nada sobre los problemas de la convivencia cotidiana: quedan para más tarde. ¿Es eso lo que quieren algunos, la extensión de los problemas en el tiempo?


(Foto, de Claudio álvarez, y extractos de "ciudadanos periodistas" sacados del diario El País)


Un "ciudadano periodista" cuenta: - 1.30. Dos de Mayo, sitiada. La Policía Municipal controla los accesos a la plaza, donde hay aparcados 15 coches patrulla. A un centenar de metros, ocho furgones de los antidisturbios del Cuerpo Nacional de Policía esperan acontecimientos en la calle de San Bernardo. Los municipales revisan bolsas y mochilas a quienes pretenden acceder a la plaza, que está vacía. Pero unas 3.000 personas hacen botellón en las calles aledañas. Todos con el recuerdo muy fresco de la noche anterior, en la que los enfrentamientos se saldaron con 22 heridos y 8 detenidos. Comienza el rugido de los cánticos: "¡Mucha policía y poca diversión!". Nadie duda de que va a reeditarse la batalla.

Lo que yo digo, y lo dije ya del lunes, es: ¿Por qué dejan que hagan "botellón" y que con el alcohol los jóvenes se vayan "animando", sin interferir para nada para luego cargar? ¿No es algo "montado" por quienes dirigen a la policía municipal? Normalmente apenas hay botellón (hace años lo hubo), porque los policías van estorbando su formación, en lugar de encerrarse en una plaza dejando libre el resto del barrio.

El segundo día de disturbios en el barrio de Malasaña (Centro) se dio una clara paradoja, fruto de una planificación de la policía que dejó huecos. Unos 25 agentes municipales se centraron en custodiar la plaza del Dos de Mayo, mientras unos 3.000 jóvenes realizaban botellón (consumo de alcohol en la calle) a escasos 50 metros de la zona clausurada. Desde las diez de la noche, jóvenes de todas las edades se fueron concentrando en la calle de la Palma, Dos de Mayo y San Andrés, ante la pasividad de los agentes.

Poría poner la foto en la que han derribado a un chico con muletas y, ya en el suelo, le golpean y le quitan la muleta. Ya la habréis visto. Pongo otro trocito de crónica:

- 3.30. "¡Mi muleta!". Cerca de la plaza de Barceló recibe golpes todo el que se pone por delante. Y el que no, también. A un chico de unos 18 años, de estética red skin y que anda con una muleta le abren una brecha en la frente. "¡Mi muleta!", grita asustadísimo tratando de levantarse. Y la muleta vuela, lanzada por un policía, hacia un contenedor. En el suelo, al chico le caen más porrazos.

Podría seguír.

Malasaña territorio en extinción. ¿Quién razona?