miércoles 1 de julio de 2009

El tema era: Viaje

Apaga la luz y luego apaga su luz
Otelo
Shakespeare



Y encendieron las luces de la casa




Organizar ese retraso no debe ser fácil, pero cuando el período se cumple no hay una segunda oportunidad. Dijo que no se moriría sin tener un nieto varón en los brazos. Ganó 28 años, pero lo tuvo, disfrutó de él un verano antiguo, de dos meses en la playa, y en el otoño empezaron las incomodidades.

Al mediodía de Nochebuena, la hermana llamó al hermano pequeño, que había ido por las fiestas a otra ciudad. No se puede hacer nada, tenemos que hablar. Mañana vuelvo y hablamos. No, ahora, para no pasar unos meses de fuertes dolores hay que medicarla, aunque viviría menos. ¿Hablaste con los hermanos? Cuatro somos demasiado para entendernos; decidimos tú y yo; luego se lo diremos. Por mí, pide las recetas. Ya las he pedido. Cómpralas en la farmacia. Ya las he comprado. Mañana al mediodía estoy ahí.


El hermano pequeño iba a casa de la hermana todas las mañanas, a las ocho y media o nueve. Quizá convenga hacerse una idea de una parte de la casa. Un recibidor da directamente al salón porque se habían quitado las puertas de comunicación. Y el salón da a un comedor. En una esquina de aquél un pasillo conduce a los dormitorios y los baños. Pero lo que importa es que una puerta a la derecha de ese pasillo, la primera, se abre a la antecocina. Después viene la cocina, que al fondo, a la izquierda, da a una terraza encristalada, mientras a la derecha está el pequeño recibidor de la puerta de servicio, desde el que se pasa a un pequeño cuarto soleado, entre el recibidor y la terraza, que le habían elegido para su tranquilidad.

El Primperán era ya una broma. Lo vomitaba todo, salvo alguna manzanilla bien azucarada con dos rodajitas de limón. Nada más llegar, el hermano le preparaba una, y un café para él. Entraba con la bandeja y tras el beso le preguntaba siempre si quería que avisara a los hermanos mayores, para que viniesen.
—Tienen sus cosas, su vida y trabajo. Es demasiado pronto.
Había ido perdiendo peso, pero parecía que la piel se le tensara. Cada día estaba más delgada, más joven, más como de dulce con su mirada de almendra. A todos los que iban entrando les contagiaba un ritmo pausado. Cuando el hermano salía a la terraza del salón a fumar un par de cigarrillos, tenía la sensación de arrastrar tras él una película demasiado expuesta a la luz, que lo iba amarilleando todo hasta quemarlo.


Una mañana, 18 días después, la hermana le dijo que había pedido que avisase a los hermanos para que vinieran enseguida. De aquella tarde, que los cuatro hermanos consideraban especial y memorable, en realidad ninguno recordaba nada. Solo una sensación de algo importante que les había quedado. La hermana comentó que más que una madre con sus hijos parecía una novia. El hermano pequeño recordaba que la había oído reír por primera vez en la vida, aunque muchas veces la recordara sonriendo. A las 8 le pusieron otra inyección. Dijo que estaba cansada y le molestaba la luz. Que quería quedarse sola. Se despidieron todos con un beso y fueron al salón. Poco después sonó el timbre que tenía a mano y al que acudió le dijo que la luz del recibidor era demasiado fuerte. La apagó. Un rato después, la luz de la cocina le resultaba insoportable y más tarde la de la antecocina y después la del pasillo. Apaga la luz y luego apaga la luz. Todos descansaban, en silencio o diciendo algo en susurros, en el salón y el comedor, con las lámparas imprescindibles. Hacia las dos de la madrugada, alguien que se acercó la notó demasiado quieta y avisó a los demás.


No respiraba ni tenía pulso. El hermano pequeño unió su pulgar derecho con el de la mano izquierda de ella; y su izquierdo con el derecho. Le habló de que estuviera tranquila, de que a lo mejor él tenía razón e iba a descansar en la nada, o que la tenía ella y vería pronto a su marido y sus padres. Le dijo que si notaba la oscuridad, se envolviera suavemente en ella porque tenía derecho al descanso, pero que si veía una luz, no se retasara en alcanzarla, que todos estaban bien y no tenía que preocuparse de ellos. En ese momento sonó el estertor y el cuerpo quedó en pausa infinita. El segundo de los hermanos comprobó con un espejo que no dejaba escapar aire. Sin perder tiempo, le cambiaron el camisón por un vestido que estaba preparado. Se dispersaron por la casa, sin ganas de hablar o mirarse.


Y encendieron las luces de la casa.

17 comentarios:

Reyes dijo...

JO.
.....
Me ha parecido una especie de función teatral donde la actriz principal se enfrenta sola a su personaje.

La última función.
Con un par de ... ovarios , sin cogerle la manita a nadie.
Vaya.
Impresionante.
Un beso, Nán.

BB dijo...

Hermosísimo y patético, Nano.
Ese viaje, sin retorno, en la
paz que otorgan el silencio y
la penumbra, realmente, conmovedor.
Esa frágil mujer, lista para partir
con sólo el beso de sus hijos como
equipaje y la soledad como lámpara,
me ha dolido.
Bellísimo, Nan.
Un beso.
BB

siempreconhistorias dijo...

Magnífico, bellísimo, extraordinario y más. Que descripción, qué dulzura amarga, qué viaje sereno. qué estertor. Precioso NáN. Felicidades.

Mega dijo...

Delicadísimo lo contaste, además de muy vívido.

(Me ha parecido un gran acierto tu elección de mostrárnosla cada vez más niña conforme languidecía en la cama... ¡Si es que además ocurre tal como dices!).

Coincido con Reyes en lo de la impresión teatral. Sobre todo, por todo ese juego de luces que describes y que desempeñan un papel tan crucial.

Yo también te felicito, (y te abrazo). ;-P

LUISA M. dijo...

Un gran relato, Nán.
Muy emotivo, algo triste, pero sereno y hermoso a la vez, muy bien tratado el tema.
Podemos ver cada cuarto de la casa y esas luces que se apagan. Es como si estuviéramos allí mismo, cerca de esa mujer que afronta sus últimos días con tanta valentía.
Besos.

moreiras dijo...

Mágico relato de las cosas mínimas de la vida, y de la muerte. Me recordó a Cortázar.
Saludos

NáN dijo...

Reyes querida, tienes razón. Ese personaje es una mujer que supo ganar y supo perder sin darse a las voces. Existen, lo sé. En cierta manera, quizá lo haya escrito por el deseo de "recrear" en mí esa relación con la vida. Sin duda cogió muchas manos, cuando tuvo que cogerlas.

Gracias por lo de "bellísimo", amiga BB. Ordena que apaguen las lámparas porque tiene la luz dentro (supongo). Pero no te duelas. Quizás lo que diga el relato es que no hay que dolerse de lo irremediable... después de haber hecho todo lo posible por retrasarlo.

Qué decirte, querida Izaskun, salvo gracias y gracias y gracias. Pero me quedo en la memoria sobre todo lo de "dulzura amarga". Me ha encantado.

Mega mía, gracias por tus notas (por ese "delicadísimo", que me había propuesto para un tema así) y por tu felicitación. También yo te abrazo.

Jo, Luisa M., lo que me dices hace que me parezca que conseguí transmitir lo que quería. No digo con esto que sea un gran relato: lo que digo es que lo que quise lo hice. Y eso me da ganas de seguir.

¿Mágico? La verdad, amigo Moreiras, es que los comentaristas sí que estáis resueltos, variados, en vuestros aprecios. ¡Ay!, si llegara a poder escribir bien de las cosas mínimas de la vida y de la muerte. No hay objetivo mejor para mí. Y agradezco de verdad lo que decís (sin sacarlo del contexto de un blog más).

A todas un beso de amigo grande, si a Moreiras no le importa entrar en el femenino, dado que ellas son más, ni el beso.

eva-la-zarzamora dijo...

Un relato comedido y delicado para describir ese momento en el que en un suspiro languidecemos;
Era una muerte anunciada desde el comienzo, y progresivamente, en el relato, tenemos la impresiôn de que el personaje progresivamente se va consumiendo como una vela, y que ya la estaban velando desde el principio.
Me gustô mucho el relato Nano, como siempre, minucioso y con la calidez de un duermevela.

Besos.

Bárbara dijo...

Estupendo juego de luces. Emotivo y sosegado, tan tuyo. Pero digo yo por qué se te ocurrirán estas cosas cuando te proponen el tema viaje...
Besos, luciérnaga.

BB dijo...

Nán: No me duelo por ella, porque
ella preparó su propia despedida
y supo enfrentarse tranquila a
su fin. Es lo que representa
ese viaje sin retorno, sin poder
mirar hacia atrás, o bajarse en
el próximo andén. Es el camino
donde no caben los arrepentimientos, ni los titubeos.
Es su finalidad, la que me asusta,
me conmueve.
¿Estaremos todos listos para esa
travesía? O, quizás, resignados?
No peleamos con uñas y dientes
para retrasarla?
Besos
BB

ana dijo...

Donde irán cuando no estàn ,salen de la conformaciòn que en vida tuvieron:una familia con sus hermanos ,su nieto anhelado.
El nieto ya no es el anhelado ,los hermanos no son el nùmero que eran ......Hay luz ,no hay luz ,la luz es el consuelo ante el final ,la oscuridad es la espera a una resurrecciòn QUIEN LO SABE?

NáN dijo...

Tienes toda la razón, Eva. No es uno de esos relatos que se la juega a la sorpresa final. Ya desde la cita de Otelo se sabe de qué va. El intento era una descripción mínima, y sin embargo morosa. Gracias por tus cumplidos.

Gracias por lo que me dices, Bárbara. La primera idea que se me viene a la cabeza, normalmente como imagen acompañada de una frase, es la buena. Aunque parezca que estoy un poco loco. Es como cuando voy a comprar una prenda de ropa (una vez cada dos años). El primer pantalón es el bueno.

Claro que hay que retrasarla con uñas y dientes, querida BB, pero también hay que darse cuenta de cuándo es la hora y vivirlo con la naturalidad con la que se han vivido otras cosas de la vida.

Desde luego que no lo sabemos, Ana. Me resultaría tan raro, tan absurdo, que este mundo existiera como una prueba para otro, que no me lo puedo creer. En todo caso, como le dice el hermano pequeño cuando piensa que le está oyendo, porque dicen que el oído es lo último que se pierde, las dos opciones son buenas. Lo peor es vivir no este mundo, sino para otro. Si no existe ese otro, es una vida perdida... aunque al muerto ya no puede importarle.

Besos y gracias a todas.

Isabel dijo...

He tenido que entrar despacio, incluso después de unos días, porque intuía que tu post llamaría a mis recuerdos como alguién llama a la puerta de una casa no olvidada, pero sin alegrías visitada.

Es redondo, desde el título hasta la economía en los diálogos y, por supuesto las frases como: "Cada día estaba más delgada, más joven, más como de dulce con su mirada de almendra".

El último viaje para la protagonista genialmente retratado.

Felicidades por saber crear con esa fina distancia.

NáN dijo...

Isabel, muchas gracias a ti por atreverte a entrar. Sé que estas cosas te resultan dolorosas.

Un abrazo

iliamehoy dijo...

yo, acabo de llegar, y casi muda me he quedado. Muchas escenas tan hermosamente descritas, me ahogan, no por vividas si no por sentirlas quizás demasiado próximas.
Es dolor, ternura, respeto hasta el final.
Una sonrisa impactada

Maine dijo...

Este maravilloso final está muy alejado de ese "se apaga la luz, y después se apaga la luz"... Y los consejos finales, creo que son los mejores que podrían darse.
Un beso.

Anónimo dijo...

Luz. Que bello es vivir para llegado el día saber morir.