lunes, 28 de junio de 2010

Sexto 100e de Verónica Leonetti

Hasta ahora, los cinco primeros habían sido publicados en mi blog y luego reaparecieron en el de Verónica con la ilustración. Desde el seis, se publican juntos solamente en La muerte del espejo. Cada vez me emociona más lo que hace con mis textos. Pinchad en el nombre de su blog y veréis el motivo.

Ah, y como siempre en este caso, no admito comentarios: el que quiera decir algo, lo puede hacer en el blog de Verónica.

domingo, 27 de junio de 2010

Qué hastío de estío: Mis lecturas de Elizabeth Costello

"—¿Y tú quieres curar a la humanidad de eso?
—John, no sé lo que quiero hacer. Lo único que no quiero hacer es quedarme callada."
Elizabeth Costello
J.M Coetze
Traducción de Javier Calvo



He puesto esa foto porque comparto genes con el señor de la foto. Éticamente, le tengo que agradecer que quedara hecho polvo después de la matanza y, aunque vivió en África grandes períodos de su vida, no volviera a matar a un animal. Estéticamente, me tranquiliza que no se hubiera plantado allí con un Salakoff. También he puesto la foto porque tiene mucha relación con el libro.

He leído todo lo que he podido del maestro J.M. Coetze y, en su momento, leí Elizabeth Costello. No era el momento apropiado. Aunque no me considero muy inteligente, hay momentos en los que la mente se me fractaliza, dispara ideas parecidas e inconexas y me vuelvo tonto de remate. Me aburrí leyéndolo, no conectaba unos capítulos con otros y perdí el tiempo. Intuía que era su obra maestra, la que todo gran escritor deja para ser analizada desde todos los puntos, pero aún así no la entendí.

La he vuelto a leer hace muy poco (la terminé hoy). Es espléndida, la obra maestra que esperaba... pero seguía sin entender el motivo. La anciana Elizabeth, escritora de éxito en otros tiempos, da una serie de conferencias, más vieja cada vez, en las que en lugar de hablar tenuemente de su obra, habla de su pensamiento, racional y bien estructurado. Cosecha una frialdad tras otra. Este tema ya lo trató en Desgracia, una novela cuyo título es un muy grave error de traducción, porque “disgrace” significa “vergüenza”, “deshonra”. Me refiero al tema de los ultraprogres (ultrafeministas, ultragays, untrasocialdemócratas, ultranacionalistas periféricos disfrazados de progres en otros tiempos...) que hunden a quien no tiene un pensamiento políticamente correcto. Ya no hace falta que te critique la derechona eclesiástica. En cualquier momento puedes ser antisemita, homófobo, racista... aunque por supuesto no lo seas: basta con decir algo que no se ajuste al cliché del establishment cultural. Nadie como Coetze ha buceado en esto.

Habla, y mucho, de la banalidad del mal. Es uno de los centros del libro y cuando lo lees ya estás convencido. El amable vecino que nos invita a un te con pastas, si el miedo al diferente le acogotara, podría mirar para otra parte cuando masacraran a los diferentes.

La vejez. Antes de seguir, quiero dejar constancia que vivo estos años como los mejores de mi vida; aunque, consciente de que todo pasa tan rápido, es inevitable sentir cierto desasosiego al saber que la siguiente etapa será ya la del inicio de las incapacitaciones. Elizabeth habla de la vejez de una manera aterradora. En un momento de la novela, se da cuenta de que sus ideas, absolutamente racionales, ya no las considera tan firmes y seguras; me estremecí. Cuando tenía 20 años pensaba que ser viejo era tener canas o quedarte calvo, y tener arrugas; pero que por dentro sentirías la misma fuerza y el mismo calor. Ahora sé que ese calor apagado se irá convirtiendo en frío, pero, otro error, confiaba en que la claridad de mis ideas sería una fuerza permanente a la que sujetarme. Después de leer el libro dudo... y temo.

Habla de la escritura, del significado de esta para el escritor. Nadie que escriba debe ignorar esta parte: le ayudará a ocupar el necesario espacio de humildad.

Pero a pesar de eso no encontraba el intríngulis: lo que la hace obra maestra, en el sentido que sabemos que lo es El Quijote, Ulysses, etc., gracias a que nos lo han explicado. Hoy he leído los dos últimos capítulos y ya lo sé. Pero necesito leerlo una tercera vez, interpretándolo todo por lo leído hoy. Me concedo unos meses para hacerlo: sería muy duro revivir tan pronto ese proceso de soledad creciente.

No se debería leer cumplidos los 60 años. En mi primera lectura no los había cumplido, pero la malogré; y ahora tengo que pagar las consecuencias. No me importará pagar por ello cuantas veces haga falta, con relecturas periódicas hasta que me diga que ya lo entiendo todo.

De ninguna novela de Coetze se sale indemne. Es su grandeza.

jueves, 24 de junio de 2010

Qué hastío de estío: Presentación

Foto cedida por su autor, José Luis Ríos



Antes de empezar, dar las gracias a José Luis Ríos por prestarme esta foto de su blog, Andandos, en el que hace la historia fotográfica de su pueblo, Binéfar, que vaya casualidad es el de Jesús Miramón. Posiblemente no se da cuenta, pero con imágenes nos está contando algo que para muchos está ya muy lejano. El otro día lo comprobamos, con una foto de una maravillosa carretera arbolada. Para él, era algo natural, pero los que visitamos su blog hace años que dejamos de ver una carretera así. Os animo a visitarlo.



Y ahora, la serie veraniega: reconozco que el verano no me hace gracia. Ni siquiera me gusta viajar y los amigos desaparecen, ¡también los virtuales! Me gusta, a cambio, el mayor silencio.

Todos habéis notado un menor movimiento en los blogs. A mí, me parece bien. La parte más tonta de la blogocosa ha cerrado el blog y se ha pasado a las redes sociales, donde además de tener centenares de amigos se puede dejar un mensaje que diga “Hoy me he levantado con ánimo”, con la seguridad de que será contestado con una frase igual de corta. Son los que a veces dejaban un mensaje que decía: "me flipa tu blog". Otros blogs, realmente interesantes, han ido abandonando por razones más serias, que no apetece tratar con el calor. Somos menos, pero eso a mí nunca me ha importado: nos conoceremos mejor. Y como decía el Camarada Mao (el que no haya oído hablar de él, tiene la Wiki para enterarse), "una minoría en el camino de la Revolución es una mayoría".

Pero, ¡ay!, de los pocos que somos, muchos desaparecéis temporalmente (también yo lo haré 15 días), así que he fregado tres sillas y las he sacado al sol, para tenerlas preparadas para la tertulia del anochecer. Si venís más, pues os podéis traer una sillita: si todos vivís ahí, al lado de mi corazón. Cuando no sea posible, ya sacaré yo algo de la casa, como el sillín del piano o la bici estática (de estatismo permanente, la llamaría).

Como el Parvulario del año pasado, esta serie banal e intrascendente me va a permitir enfocar la tertulia con cualquier tema que se me ocurra, que ya hablaréis vosotros de lo que os dé la gana. Es una plantilla para escribir sin orden y concierto. Y cuando algo no entre en ella, con no poner la etiqueta, tan frescos.

Solo tengo un relato editado, en un libro con los compañeros del taller. Al protagonista, un viejo mucho más viejo que yo, tampoco le gusta el verano. Esta es la respuesta que da a la periodista que le entrevista. ¿Os parece mal que, con un solo relato publicado, tenga la desvergüenza de citarme? ¡Que esto es el verano, amigos! Somos tan pocos que podemos hacer lo que nos dé la gana.

"El verano es una estación terrible. Es difícil encontrar a quien quieres, pero resulta fácil que quien no quieres te encuentre a ti. Desprovisto de amigos, me lanzo por el teléfono en cuanto suena. Y una vez te han encontrado, las excusas suenan tan falsas que no las das. Esta conversación que estamos teniendo difícilmente se hubiera producido en otro momento del año. Lo que tal como se va desarrollando, habría
sido una suerte para usted. No, no me interrumpa, ahora que voy a contestar a lo que me preguntó: el verano es un cliché."

domingo, 20 de junio de 2010

Sobre la resistencia

La mirada de un perro no andaluz
A Teresa

Cuando el Ojo queda abierto siempre

mínimamente humedecido para resistir

sin fugas al pasado o al futuro,

la mirada presente, fuerte, instantánea

deja fuera el tiempo.

Pestañear sería una métrica vertiginosa,

una compasión del cuerpo,

cuando el cuerpo solo es fuerza impía.

sábado, 12 de junio de 2010

Carteo entre la poeta Aroa y la poeta Emily Dickinson

[Esta entrada se publica conjuntamente en El viaje de las Pléyades y en Ángeles sobre Berlín]


Querida Emily:

Te escribo una carta que no recibirás pues no confío en más que en la carne que me sostiene viva. Como aquel gusano rosa que una tarde se coló en tu habitación. Mientras leía Crónica de plata, me he preguntado muchas veces qué pensarías hoy de la literatura. De nosotros, los aficionadamente expuestos, de todo lo escrito para ser leído como un objeto de mercadeo. Con qué fin llenaste tú tu día y tu noche de palabras, con qué afilada mira clavaste el dardo donde se mantiene tu verso, de qué te alimentabas si no fue de mundo, cómo nunca perdiste el juicio, cómo hablaste del amor sin sentir el húmedo peso de otro cuerpo. Qué les digo de ti a los descreídos de la honestidad del poeta si solamente viviste dentro de tu blanco límite.
Querida Emily refugiada. Fuiste de paso cobarde y sílaba viajera. Qué pensarías de esta cueva, de encontrarnos reunidos, discutiendo sobre las ediciones de tus poemas. Sentados frente a la inmensidad de todo lo arrasado, lo brutalmente desaparecido, la muerte, una por una, de todas las creencias.
Si cuestionaste a Dios, por qué sentarte a esperar la noche.

Poeta Aroa



Poeta Aroa:

Si la Poesía cambia la Vida, ¿cómo dudas de que no haga lo mismo con la Muerte? ¿O de que no pueda leer tu carta o contestarte? Piensa en Dante, recorriendo lo que no existe guiada por Virgilio, que ya no existía. A mí también todo me entraba por la carne en los primeros años. La Naturaleza te traspasa si cumples la condición de la intensidad: ese es el requisito previo del Poeta. Sea una abeja y un petirrojo, o el húmedo peso de otro cuerpo, o lo que quieras imaginar que pueda sentirse, si no hay intensidad, un claveteo obsesivo del afuera en el adentro, no hay Poeta. El objetivo exterior del Poeta es indiferente. Solo cuenta que sea una tarea que esté más allá de lo posible.


Pero la naturaleza es todavía una extraña:
Los que más la citan
Nunca han traspasado su casa embrujada,
Ni han simplificado su fantasma.

La carne es el ojo de entrada, lo demás es la disciplina de la mente.

No hay Fragata como un Libro
Para llevarnos a lejanas Tierras
Ni corceles como una Página
De briosa Poesía –

Tras la intensidad, viene el mundo propio, creado dentro, pero no reflejado: un destilado de la Creación en la creación, cuando esta es ya un Mundo nuevo.

“El ojo que no lo ha visto” puede ser
Común entre los ciegos
Pero no consintamos que la Revelación
Se detenga por tesis como estas –
He decidido contestarte así como podría haberlo hecho de otro modo y orden, siguiendo siempre mis Poemas. Llegué de joven hasta el mar y los cerros, me quedé después en el campo abierto, limité mis pasos al jardín, pasé a habitar solo la casa y, al final, únicamente la segunda planta. Las restricciones fueron inversamente proporcionales al crecimiento de mi mundo. Equilibrio y honestidad. No pude, por los tiempos, editar mis poemas, pero ahora están ahí. Porque, acumulada y vivida la Experiencia que te he relatado, ante todo fui Poeta: conocí la Tradición. Dominé la Lengua. La forcé, para expresar lo que no había sido expresado. Los pocos de entre los pocos que lean despacio mi obra, entenderán lo que te digo. No es éste un oficio destinado a la mayoría.

Poeta Emily Dickinson


La percepción de un objeto cuesta
Precisamente la pérdida del Objeto -

***
Una carta es un gozo Terrenal -
Negado a los Dioses -

lunes, 7 de junio de 2010

Los cuentos antologados por Gemma Pellicer y Fernando Valls

Ahí es nada, con nuestra Lara y con Elvira en las fotos de la fila de los benjamines (Lara, con cara de "o sacas ya la foto, o me voy"). Que la Introducción es decisiva para enterarse lo puedo decir, porque ya la he leído. Los cuentos no los he leído todos, pero sí buena parte. Como en toda buena antología, que da cuenta de lo que hay, por su línea unos me gustan más y otros menos, pero el interés está en todos: ninguno de los autores que hay debería faltar. De lectura obligada, casi de curso de literatura.

La invitación ya dice dónde y cuándo. A lo mejor hay que clicarla para agrandarla.



Gemma fue una de las primeras amigas del blog, de la segunda oleada. Que se nos presente con este grueso tomo me produce una alegría muy especial.

miércoles, 2 de junio de 2010

Flavianas: Apotegma

1.-[Segunda pieza que he escrito para este Taller Unicelular basado en el libro Trastornos Literarios de Flavia Company, cuyo diagnóstico copio íntegro al final. El libro es inencontrable y sigo con la campaña de que enviéis mails a Flavia, flavia.company@gmail.com, pidiéndole que reactive su reedición. Así podríais leer los textos que escribió ella].
2.-[Me han comentado que alguien se ha confundido, pensando que los textos son de Flavia... ¡Nooo! Lo textos de Flavia solo se pueden leer en su libro].



No digas que no te lo advertí


Quien bien te quiere te hará llorar, dijo. Debía llevar hablándome un buen rato, pero concentrado en los gritos que subían del patio, en el recreo del que yo debía ser el único en no disfrutar por el aparte que me había dedicado el Hermano Sebastián, no me había enterado de nada. Me activé cuando puso una manaza sudorosa en mi hombro de niño de 12 años y pude oír esa frase, que me pareció tonta. Me dejó solo con las notas en las manos. De casi todo sobresalientes hasta el año anterior, había pasado a casi todo suspensos ese junio.

Cierto que el hecho de que los sitios de la clase se fueran ocupando ordenadamente por las notas de cada trimestre, y hubiera pasado de la primera fila a una de las últimas, ayudó a mi meteórico ascenso en el orden del campeonato de pajas públicas y con testigos, un punto en cualquier clase, dos puntos en la de religión y tres puntos durante el rosario. Del cincuenta y muchos en una clase de 60, al número 12. No había certificados ni firmas, ni creo que a nuestras familias les interesara el certamen. Que tu mano izquierda no se entere de lo que hace la derecha.

¡Hacerme llorar! Ni los hermanos Carracedo, uno de ellos repetidor dos años y el otro uno, lo conseguían cuando me emboscaban. Los amigos son la verdadera familia. Todo por la amistad. Aumentó mi prestigio mi ascenso en el certamen. También que cuando en clase preguntaban a uno de los Carracedo, era el primero que soltaba una carcajada ante su respuesta, que provocaba el estruendo y el pitorreo general. Todavía no sabía que el tiempo es largo, que la venganza se sirve fría y que las ocasiones, propicias o desafortunadas, acaban por presentarse. Años después, en una clase de literatura, el título de un poema de un señor antiguo y narigudo, lo explicó muy bien: ande yo caliente y ríase la gente.


DIAGNÓSTICO
Apotegma: Sentencia breve y concisa de carácter doctrinal que enuncia una norma sin ninguna argumentación.