viernes, 29 de junio de 2007

Ni siquiera el sueño de que pueda haberlos

Foto by Ángel Urbina


Aunque tú no lo sepas


Aunque tú no lo sepas
nos decíamos tanto
con las manos tan llenas
Los Secretos



1

Porque no hay ahora casi cuerpo

ni ganas de tenerlo.

Si acaso, un pequeño armazón

desde el que seguir viendo y oyendo.

Los sentidos generales: para ser,

con quien me acompañe,

un tiempo más.

Por eso sienta bien notar

que hacéis como que me veis.

Que eso importa.




2

Decirte cuerpo y que me entiendas.

Aunque sé que no es posible.

Decírtelo aquí y que quede dicho.

A ti. Aunque tú, ¿quién eres

en ese otro lado?

Para cuando lo entiendas.

Me entiendas (a mí, ¿quién soy

en este lado?) .

Cuando ya no haya lados.

Ni siquiera el sueño de que pueda haberlos.




3

Si a veces miro a través tuyo

como si no estuvieras,

miento por miedo a encontrarte

y que tu mirada al volver

no rebote en mi cuerpo.

¿No habíamos decidido que era poco

(el cuerpo mío)?

El miedo, como cualquier sensación,

puede ser agradable.




4

Nos entendemos tan bien.

Fingimos perfectamente

la ocupación de espacios.


Pero no lo hay (espacio),

creo entender que me dijeron,

si no hay tiempo.


Y si el tiempo ya fue

¿hablaríamos de un espacio pasado?


Si hemos inventado el parque temático

de lo cursi sentimental antiguo,

nos pondremos enormes máscaras

y disfraces llamativos

(el mío con muchas plumas amarillas)

para las fotos de turistas.




5

Por eso haces bien

en hacer como que haces

que me notas que estoy.

Que eso importa.

Porque estoy.

¿Aquí?

Qué duda cabe.

jueves, 28 de junio de 2007

pizarra y extracto, para cambio de ritmo

la pizarra de los tés, en una noche especial



De Solo unas vacaciones en el campo

Pero sí le gustaba a su hermano Ramón, que reía que parecía que iba a mearse, aquella misma tarde de dos días antes de Nochebuena, cuando comían dulces de Navidad robados de la despensa y bebían a sorbitos una botella de vino de la bodega que a Paloma y a Ramón les ponían brillantes sus ojos oscuros y reían desaforados, ocultos los tres en la habitación de Paloma; ella y Ramón sobre la cama, Juan en un sillón; tan aparte siempre de todo, el pobrecito.
—De qué os reís, decidme.
—Es que es algo que dicen de mamá que no te va a gustar. Te enfadas por todo.
—Estaban diciéndolo las mayores, que no sabían que estaba yo oyendo; es mentira, claro. Mentira y mentira y mentira.

Y ella le volvía a hablar al oído a Ramón y era como si le besara la oreja y por el rabillo del ojo le echaba miraditas a Juan, porque sabía que con eso le estaba volviendo loco y cuanto más sorbitos daba al vino más le gustaba enloquecerlo. También a Ramón le gustaba ver así a su hermano, por eso daba grititos: como un niño y como un cerdo, una mezcla de ambos, hasta que no pudo aguantar más el secreto.

martes, 26 de junio de 2007

Nos quitan los teatros, la salud pública, los calmantes del dolor...

Devolvámosles nuestra razón, nuestra tozudez, nuestra ética


lunes, 25 de junio de 2007

Chantal Maillard: la inteligencia del despojamiento (n1MdP-02)

Necesitamos Un Millón de Poetas [correo para estos temas: n1MdPs@gmail.com].

Introducción
«Todo lo que vayas a encontrar allí será distinto de lo que puedas pensar que vas a encontrar.»


Esta frase, que podría ser una máxima general sobre la vida, de las más inteligentes que he leído, una disposición de la mente que enriquecería nuestra vida sin medida si la pusiéramos en práctica, en lugar de mirar siempre (y ver) lo que ya hemos mirado (y visto), se la propuso a sí misma, sobre India, Chantal Maillard antes de irse a vivir a Benarés. Lo cuenta María Luisa Blanco en las páginas principales del Babelia del sábado 16 de junio de 2007, dedicadas a esta poeta, Premio Nacional de Poesía en 2004 con Matar a Platón. Esta doctora en filosofía pura (copio de la solapa del libro) nacida en Bruselas en 1951 y que ahora vive en Málaga y en Barcelona, habiendo sido hasta el año 2000 profesora titular de Estética y Teoría de las Artes, encontró en Benarés, además de una especialización en filosofía y religiones indias, para lo que me importa aquí (se acabó copiar de la solapa), para la poesía: un ritmo. Se lo cuenta a MLB en Babelia: Benarés posee un tiempo en el cual los indios están viviendo y que el occidental, si sabe detenerse, puede obtener también. Es el tiempo de las chanclas, no es lo mismo andar con zapatos que con chanclas. El zapato va a más velocidad y tiene menos contacto con la tierra,

Entrevista en Babelia (16-06-07)
Merece la pena entresacar algunas respuestas de esta entrevista hecha con motivo del libro Hilos, recién publicado por Tusquets en la colección “Marginales”. No citaré la última parte de la entrevista, con las referencias al budismo, por temor a malinterpretar, pero sí incluiré un “pegado” de un trozo de la crítica del libro que le hace Antonio Ortega. Advierto que hay muchas referencias útiles a Husos y a Hilos (como libros y como conceptos esenciales de su poesía). Husos fue un libro que sacó en 2006 la editorial Pre-Textos. Hilos es el libro actual, que empieza con un apartado de “poemas-husos”, pero además son conceptos que se escriben con inicial minúscula y se aclaran en la entrevista.

Sobre Poesía y pensamiento:
«El modo poético es receptivo y el filosófico requiere la indagación, y la actitud en filosofía es voluntariosa, mientras que la poesía requiere un decaimiento de la voluntad.»
[cómo no me va a hacer saltar esa referencia al decaimiento de la voluntad como requisito previo, después de todo lo que he hablado de cómo soy “asaltado” por los demás en los Centimétros. Lo que no es una comparación en absoluto.]

Sobre Husos e Hilos:
«Los husos son parte de una geografía mental, lo que visualmente corresponde a cada estado de ánimo. Los veo como un haz de fibras y cada una es un hilo mental. Podemos saltar de un huso a otro según cambien los estados de ánimo.»
[explicaría la necesidad, y la justificación, de que en un poeta se den registros diversos. En cuanto a los husos, pensemos en los husos horarios]

Sobre lo que cuenta:
«En general, la dificultad de saberse en el mundo y como sujeto. Toda mi vida he observado mi propia mente y mi capacidad de ver el mundo. Todo lo que he escrito ha sido desde la necesidad de observar la capacidad de conocer.»
«En Hilos, hay un personaje que tropieza con los conceptos, los cuestiona, pero cada vez que lo hace, se paraliza y termina siendo el personaje “Cual”, un interrogativo y un genérico, que aparece en la segunda parte del libro. “Cual” quiere decir ¿quién soy?»
[no tendré que poner muchos extractos del libro para que esto se vea.]

Sobre los acontecimientos biográficos que sustentan los 2 libros:
«Husos e Hilos son libros de pérdidas. Pérdida de mi integridad física, por un lado, y por supuesto la pérdida de mi hijo. Está marcado por el suicidio de mi hijo. ¿Qué más puedo decir? Es todo.»

Más sobre el sujeto que escribe (la parte de la filosofía y la de la poesía):
«Con el cuaderno estoy a solas conmigo y sé que, escribiendo, llego a mucha gente porque la experiencia del dolor es la experiencia de todos. El compadecer con otros está presente en mi escritura, es un grito de dolor que pertenece al momento de mi enfermedad. Lo que he escrito después pertenece a una pérdida incluso más consustancial que la pérdida física, que es la pérdida de un hijo. Esa estrategia de la geografía mental me permitió distanciarme de mí misma. Observarme en la pena, en el dolor, y construir o, simplemente, sobrevivir. Sin esa escritura, sin ese decirme desde la distancia que la escritura procura, no habría sobrevivido a tanta pérdida.»
[la utilidad de la escritura para estas cosas es un tema que se ha rozado (y puesto en práctica) en más de un blog de los que aparecen en El Patio de Mi Recreo.]

Sobre su pensamiento budista, en respuesta a la pregunta de si tiene esperanza:
«No. Creo que hay que erradicarla, la esperanza es parte del deseo.»
[hice trampa al decir que no pondría nada de budismo: esta frase terrible hay que contextualizarla leyendo su poesía.]


Extracto de la crítica hecha por Antonio Ortega en Babelia:
«Su geografía está formada por “husos” donde se instalan los estados de ánimo en cada momento que sentimos o pensamos de una determinada manera. Cuando nuestro ánimo se modifica se desplaza entre los husos, y hay que seguir el “hilo”, ver cómo ese estado de ánimo se va devanando por el dédalo de eso que llamamos “yo”. Los sentimientos van y vienen, cambian, desde la alegría al dolor, de la tristeza al gozo, del duelo al vértigo, siempre en busca de la “calma” que los reúne. Una teoría de las emociones que la escritura desencadena en su propia realización, en su discurrir, en su discurso, en la red que teje. Hilos muestra esa geografía, la vida que la atraviesa y cristaliza en la lógica interna del poema, la distancia entre el conocedor y lo conocido, entre el sujeto y el objeto del conocimiento. Los límites del pensamiento son los límites de lo existente: “Volver a las palabras. Con / voluntad de sentido”.»


Subrayados y Pegados
Todo lo dicho anteriormente me libera de “explicar” por qué he elegido cada trozo subrayado. Bastante “foto” me sale ya de haber elegido precisamente eso. Las explicaciones ya están dadas, por la autora, la entrevistadora y el crítico. Aunque no sé si resistiré la tentación de introducir algún brevísimo comentario mío. Procuraré no poner ningún poema entero. Al fin y al cabo, lo que estoy tratando de impulsar es la lectura del libro, que os hagáis con el libro de alguna manera, o con poemas enteros en la red. De “este” libro. Internet está repleto de referencias a Maillard, de poemas anteriores de ella (como no hay traducción, no hay delito), de entrevistas. Ojalá sea esto para mí el principio de una pasión. (Porque yo sigo, ¡ay!, en el mundo del Deseo). Pondré muy pocos extractos. Todos de la primera parte, titulada “Poemas-husos”. Si me extendiera, podría estar toda la noche copiando trozos.


[De Poemas-husos: Uno]
Pero no hay silencio.
No mientras se dice.
No lo hay. Hay hilo,
otro hilo.
La palabra silencio dentro.
Dentro de uno —¿uno?

[De Poemas-husos: Hilos]
Habrá que levantarse. Aunque sin
saber para qué. Sin saber
tampoco para qué el para qué.

[De Poemas-husos: El Pánico]
... Entonces voy donde hay muchos. Como
si algo fuese cierto.
Como si algo cambiase y por eso
fuese cierto. Entre todos. Entre
Muchos.
[...]
... Para que haya historia y
me la crea. Lo justo
para poder caer más adelante.

[De Poemas-husos: El Cansancio]
Toda nube
lleva una trayectoria. Asumir
la trayectoria. Imposible
barrer todo siempre. Está el cansancio.

Aunque también el de
las trayectorias. De ver pasar las nubes.
También ese cansancio.

[De Poemas-husos: El Círculo]
Una oquedad de sueño, la vigilia.
Entre sueño y sueño. Una oquedad
ocupada, ocupándose
en nada.

La angustia es esa nada
que de pronto florece
en la oquedad.

[De Poemas-husos: El Tema 1]
En los bordes del sueño abre
los ojos. Sin abrirlos. Algo
despierta. O le decimos despertar
a eso que ocurre. La conciencia de una
continuidad.

[De Poemas-husos: El Tema 2]
... —Es una forma

de decir. Todo es una forma,
escribo, de decir.—

[De Poemas-husos: Aquí]
Dime lo que he de hacer.
Escribo
porque tal vez no hablo. No
me sueltes.

[De Poemas-husos: El Pez]
Volver a las palabras.
Creer en ellas. Poco. Sólo
un poco. Lo bastante
como para salir a flote y coger aire
y así poder aguantar, luego,
en el fondo.

Volver a las palabras. Con
voluntad de sentido.
Boqueando. Pez en la orilla
común de los creyentes.

Volver. Decir superficie. Escribirla.

[De Poemas-husos: Cf.]
... Algo miente,
la escritura o el recuerdo
de lo escrito.

viernes, 22 de junio de 2007

Ya tenemos un doctor en la familia




Esa defensa de la tesis, que ya se ha producido, era el acontecimiento central y decisivo de este mes de junio, que ya dije prometía muchas cosas; aunque luego haya traído otras, inesperadas y dolorosas.
El ya doctor es ese niño que mira fijamente el riachuelo y terminó haciendo durante varios años una tesis sobre otro río. Entre la foto del niño y la portada de la tesis, capada por abajo para que no salgan nombres, han pasado muchos años y muchas cosas, claro. Todo eso forma parte de lo estrictamente personal, que se cuenta, si se quiere, cara a cara; probablemente con una copa en la mano.
Solo quiero decir que, aparte de que como es lógico me sienta orgulloso (sentimiento personal que importa poco aquí), para mí ha sido fantástico ver cómo se ha ido formando el armazón conceptual, el ritmo del discurso y la gramática relacional de un científico. Haber tenido la oportunidad de ver día a día cómo se ha formado, y crecido, intelectualmente. Haber participado en ese proceso, enseñando pero sobre todo aprendiendo, es el regalo que he sacado de todo esto. No es que gracias a él yo sepa más cosas, que por supuesto es cierto: es que me ha enseñado a pensar de otro modo.
Eso es lo impagable; haber sido testigo de la tensión del crecimiento intelectual en su fase de origen, la más dura y hermosa.
Procuraremos que la fiesta de esta noche esté a la altura.

martes, 19 de junio de 2007

La bondad no es escudo suficiente

No le importará a María Zarazúa que use hoy esta foto suya.



sábado, 16 de junio de 2007

y la parte que no me toca

Para aquellos que siguieron y apoyaron este esfuerzo de exponer la hermosa obra de Reb, y que están esperando fotos o noticias, adelanto algo hasta que se pongan más, y mejores. Solo 5, porque son muy pesadas. Dos fotos de amigos; y las 3 siguientes de las 3 partes en que consistió la presentación (la última, con el humo que llenaba ya la zona). Sin más explicaciones. Posiblemente quitaré esta entrada cuando se coloque más información.











miércoles, 13 de junio de 2007

La parte que me toca (just walking)

Rostro verdadero




Quien abrió el acto, usando para ordenar las ideas una chuleta que poco antes había redactado en un papel de la libretita que usan los camareros, dijo que había estado en muchas presentaciones historiadas que trataban de cubrir la vaciedad y zafiedad de lo presentado, pero que en cambio tenía la sensación de que ese acto sencillo podía hacer historia: que a lo mejor con el tiempo, al ver anunciada una exposición o un libro nuevo de Rebeca Le Rumeur, cualquiera de los que estábamos allí podríamos decir: ¡Yo estuve en la inauguración de su primera exposición!
Y puede que llegue a ser porque la obra de Rebeca, dijo el presentador, sale auténticamente de ella y, como toda buena obra de arte actual, permite una reflexión sobre lo personal o lo colectivo. Habló de tres rasgos, con su correspondiente reflexión.
Rebeca se apropia siempre, inorgánicamente, de los territorios que la rodean (de su habitación sale hacia fuera un rastro de una explosión comunicativa) y en sus obras (nunca habló de cuadros porque dijo no entender de pintura) se percibe que, más que una estructura deliberada, se produce esa apropiación. Se refirió el presentador a cómo nos están quitando los territorios sin que hagamos nada: concretamente habló, como ejemplo, de la toma policial del barrio de Malasaña todos los fines de semana. Incluso dijo que la meditación sobre ese concepto de apropiación del territorio que le provocaba la obra de Rebeca le estaba resultando fructífero para su vida social (se refería a las interrelaciones; no al hecho de salir a tomar copas).
Rebeca, en su obra escrita y en la plástica, propone la humildad y usa materiales humildes. Da un paso más allá del arte povera. No necesitó explicar esto porque estaba al alcance de todos verlo. Se refirió entonces a su reflexión sobre “Las 3 R” que, según los optimistas, todavía podrían salvar nuestra civilización. Reciclar, lo menos importante de todo pero lo más utilizado por los políticos falsarios, porque permite un uso industrial nuevo (dinerito fresco); Reutilizar y Reducir. Reducir es lo más importante, según el presentador, que dijo que veía esa reducción en los últimos cuados de Rebeca, pero sobre todo presentaba una Reutilización que, para él, era ejemplar.
Finalmente se refirió a los “pegados” en los cuadros, que producen ese suave efecto estético por el que todos deseamos tener obra suya en nuestra casa. Dijo que lo mismo que los hombres prehistóricos se cuenta que pintaban animales como acto de magia para luego cazarlos, Rebeca “pega” sus humildes materiales como un acto mágico que le permita “mantener pegado” lo que quiere. Y en esta sociedad en la que nos proponen el cambio constante, no estaría mal reflexionar sobre la necesidad de mantener pegados a nuestros amores, nuestros amigos, nuestros...

Terminó diciendo que no hay certeza de nada, que la certeza no existe y el mundo está lleno de Bartletbies y de Rimbauds que abandonan. Pero que teníamos una magnífica certeza de un magnífico presente de Rebeca como Artista y como persona: y brindó por ella.

Más tarde, estando sentado en una mesa a mi lado, con Lara, esta le comentó que esos conceptos sociales (en realidad revolucionarios) no creía que Rebeca los viera. Le contestó que por no parecer profesoral no se refirió, como había pensado, a Balzac y Marx y a cómo Marx vio toda una historia de la burguesía que estaba en el novelista y serviría para combatir la burguesía: lo que el novelista no había previsto. Añadió que ni Rebeca le recordaba a Balzac, ni él (el presentador) a Marx, pero que estaba seguro que la comparación funcionaba, porque es verdad que en los autores hay cosas, a veces las más importantes, que ellos no han puesto conscientemente. También dijo que estaba seguro de que si les decían a los dos quién querían ser de entre esos dos personajes, Rebeca elegiría a Balzac, y él elegiría a Marx. Sin dudarlo ninguno de los dos. Ahí intervine yo pare decir que el presentador hizo bien, posiblemente, en no hablar de eso, porque o habría aburrido o habría apartado la atención excesivamente de la obra de Rebeca.


Después, Roberto-Lara_Rebeca, que habían preparado el acto, leyeron algunas cosas, entre ellas un poema-collage fabricado con un verso de cada uno de los poemas que aparecen en su blog y están “pegados” detrás de cada cuadro (en cada uno el que le corresponde). Pero esto será mejor que lo cuenten ellos, ¿no?

viernes, 8 de junio de 2007

A Elena Bugedo (y Fede Comín)


Para Elena, y para Fede, y para Nacho y el Pay-Pay,
para Teodoro y la Prima

Estos recuerdos que avivas en la piel

mira cómo tu voz le ha recordado
a mi piel, olvidadiza,
cómo ponerse de gallina.

cómo tu voz, que tiembla en un abrazo,
mi cuerpo que fue lo desconcierta.

cómo el sonido que sonó me suena nuevamente.
en tu voz.



Objetivo: preguntar por Elena Bugedo en todas partes.

(Y también, claro, esto va para el amigo que se preocupó de que tuviera el disco, y a la amiga que me lo trajo).

domingo, 3 de junio de 2007

Michel Houellebecq, admitido: pasa el filtro

Y me ha costado. A Baricco no le di una segunda oportunidad. Leí Seda, rechacé el libro por falso y hasta hoy. Peor para mí, que dirán algunos: pues vale, pues muy bien. De Houellebecq, tras leer Plataforma, quedé indeciso, así que he leído Partículas elementales. De acuerdo que pasan las mismas cosas en los dos libros, que si eres la mujer generosa que puede salvar a un protagonista, te pasa como si eres amigo del “chico” en una peli del ejército americano y le enseñas una foto de tu novia de Kansas: ¡Estás perdido, muchacho! Vale todo esto; y también vale que parece escribir los libros en un laboratorio con una guía de fabricación: “Ahora ponemos unas gotas de información, dos páginas de emoción para el final de la sección; aquí unas opiniones bien fundamentadas... sobre todo no dejar títere con cabeza para que los lectores se vean afectados...”.

De acuerdo todo lo anterior, pero cada una de las partes está bien escrita. No es un autor que te cambie. No es ese amor que andamos buscando. Pero es una charla inteligente para algunas tardes del camino. Y te sientes tocado algunas veces... ¡pero qué se habrá creído este tipo! Leeré más, al menos uno más: Ampliación del campo de batalla, que creo es el que me recomendaron Winsta y Gael.

De momento, siendo un libro así, los subrayados, ¡muy largos!, son numerosos. Elijo tres (los tres me inquietaron o gustaron) de “Las partículas”, pero hay más. Pongo las páginas de la versión del libro en la colección Compactos de Anagrama.


Sobre la mujer (pp. 165-66)

«Treinta años más tarde, se veía obligado una vez más a llegar a la misma conclusión: no cabía duda de que las mujeres eran mejores que los hombres. Eran más dulces, más amables, más cariñosas, más compasivas; menos inclinadas a la violencia, al egoísmo, a la autoafirmación, a la crueldad. Además eran más razonables, más inteligentes y más trabajadoras.
En el fondo, se preguntaba Michel observando los movimientos del sol sobre las cortinas, ¿para qué servían los hombres? Puede que en épocas anteriores, cuando había muchos osos, la virilidad desempeñara un papel específico e insustituible; pero hacía siglos que los hombres, evidentemente, ya no servían para casi nada. A veces mataban el aburrimiento jugando partidos de tenis, cosa que era un mal menor;»



Sobre la vida en un cuerpo menoscabado (p. 251)

«Los elementos de la conciencia contemporánea ya no están adaptados a nuestra condición mortal. Nunca, en ninguna época y en ninguna otra civilización, se ha pensado tanto y tan constantemente en la edad; la gente tiene en la cabeza una idea muy simple del futuro: llegará un momento en el que la suma de los placeres físicos que uno puede esperar de la vida sea inferior a la suma de los dolores (uno siente, en el fondo de sí mismo, el giro del contador; y el contador siempre gira en el mismo sentido). Este examen racional de placeres y dolores, que cada cual se ve empujado a hacer tarde o temprano, conduce inexorablemente a partir de cierta edad al suicidio. Es divertido observar que Deleuze y Debord. dos respetados intelectuales de fin de siglo, se suicidaron sin motivos concretos, sólo porque no soportaban la perspectiva de su propia decadencia física. Estos suicidios no despertaron ningún asombro, no provocaron ningún comentario; en general, los suicidios de la gente mayor, que son los más frecuentes, nos parecen hoy en día perfectamente lógicos.»


Sobre el conocimiento y la certeza racional (pp. 273-74) (quien habla es el Director de investigaciones, que se va a jubilar y tiene la primera conversación personal con Michel en todos los años de conocerse)

«La verdad es que eso ya no me interesa en absoluto. El conocimiento sí... Queda un deseo de conocimiento. El deseo de conocimiento es curioso... Muy poca gente lo siente, ¿sabe?, incluso entre los investigadores; la mayoría se conforman con hacer carrera, se desvían rápidamente hacia la administración; sin embargo, en la historia de la humanidad tiene una tremenda importancia. Podríamos imaginar una fábula en la que un pequeño grupo de hombres (como máximo unos centenares de personas en todo el planeta) trabaja encarnizadamente en algo muy difícil, muy abstracto, absolutamente incomprensible para los no iniciados. Estos hombres siempre serán unos desconocidos para el resto de la población; no tienen poder, fortuna u honores; ni siquiera hay alguien que entienda el placer que les procura su pequeña actividad. Sin embargo son la potencia más importante del mundo, y lo son por un motivo muy simple, un motivo muy pequeño: detentan las claves de la certeza racional. Todo lo que declaran verdadero, el resto de la población lo reconoce tarde o temprano como tal. Ningún poder económico, político, social o religioso es capaz de enfrentarse a la evidencia de la certeza racional.»


Claro que hay más subrayados, algunos de ellos que me afectan más personalmente, otros que son más duros. O más tiernos. Pero estos bastan para pensar a sola; para discutir con los demás, si queréis, en los comentarios; para leer un poquito a este señor y decirme que me he equivocado; o que me he quedado corto.

En cualquier caso, ¡feliz junio, este mes que nos promete tanto!