sábado, 28 de abril de 2012

Carta de George Monbiot a su hija de tres semanas

Hace tiempo leí que ante la amenaza más grave de la humanidad, el Cambio Climático, la única esperanza estaba en que los padres tomaran conciencia del mundo que dejaban a sus hijos. Estamos siempre preocupados con lo urgente; y en estos momentos de crisis aguda, aparentemente sin solución, del sistema financiero, cuando el seguimiento ciego de la ortodoxia nos mete más y más en una recesión que recuerda a la del 29 y sus consecuencias, la amenaza más importante ha sido eliminada de nuestra conciencia.



Pero los padres que se preocupan de sus hijos deberían despertar y estar dispuestos a hacer sacrificios por cambiar un sistema industrial adicto al petróleo. No se trata de volver a las cavernas (quizá un cambio climático serio podría ser el resultado), sino de tener un modo de vida distinto. A lo mejor, hasta sería la solución a los problemas urgentes de hoy. Por nuestros hijos y nietos. Para que no vivan en un mundo enfermo.


Por eso me ha gustado mucho esta carta de George Monbiot, que creo puede ser el punto inicial de una reflexión profunda de cada uno de nosotros. Está en la página web de mi grupo, http://www.globalizate.org/, que se actualiza todas las semanas, pero como presiento que no iríais allí a leerla, os la copio.


Una advertencia: cuando se refiere a la mejora de las relaciones familiares, está pensando en el mundo anglosajón, donde los hijos desaparecían de la vida de los padres. Los que vivimos en países latinos no hemos tenido nunca ese problema.
***


Renaturalizar a nuestros hijos

La esperanza de la humanidad está en que reconozca su naturaleza animal.

Por George Monbiot, publicado en The Guardian el 17 de abril de 2012

Con tres semanas de edad, roncas suave y cálidamente sobre mi hombro mientras escribo y estás más cerca de la naturaleza de lo que lo estarás nunca. Con tus necesidades y sonidos animales, movidos por un lento espíritu primordial que se sumergirá pronto en la cacofonía del pensamiento y el lenguaje, creo que perteneces más a la biosfera que a la esfera humana. Eres mi segunda hija y me parece que ya han pasado años desde que te vi en el escáner; tu esqueleto segmentado tenía el aspecto de un animal antiguo descubierto por los geólogos, enterrado en rocas intemporales. Ya he empezado a tener las esperanzas y los miedos a los que sucumben todos los padres; quizá desde que los primeros homínidos dejaron las huellas que muestran que la chispa humana se había encendido.

Permíteme empezar por el principio, con la organización a la que podrías pertenecer toda tu vida. Cuando nací, hace casi 50 años, en el duro invierno de 1963, el National Health Service solo tenía 15 años. A la gente le podía resultar difícil creer que por primera vez en la historia de estas islas podían enfermar sin correr el riesgo de la ruina económica, que nadie iba a morir por no tener dinero. Considero que este sistema es la cumbre de la civilización, una de las maravillas del mundo.

Ahora, eso forma de tal manera parte de nuestra vida que nos resulta igual de difícil creer que podamos perderlo. Pero me temo que cuando hayas llegado a mi edad, la asistencia sanitaria libre y universal sea una fantasía distante, un mito arcádico tan alejado de la experiencia de la generación de tus hijos como el Blitz lo está de mi generación. Una de las lecciones que aprenderás, dolorosamente, es que no existe valor público alguno por el que no se haya luchado.

El crecimiento de este sistema fue una de las características clave de la primera mitad del período que he vivido. Entonces, la riqueza fue ampliamente compartida y se redujo el poder de quienes la habían monopolizado. La fiscalidad fue usada sin problema como un medio de redistribuir la riqueza común de la humanidad. Este gran avance social está retrocediendo y, aunque quizá me esté adelantando, temo por tu vida adulta. Me parece que mi generación está despilfarrando tus derechos de nacimiento.

Esta destrucción es como un eco del modo en que tratamos el mundo natural. En mi infancia, nunca se me hubiera ocurrido pensar que pájaros tan comunes como el cuclillo, el gorrión y el estornino podrían tener una disminución tan rápida que viviría para verlos clasificados como especies en vías de extinción en este país (1). Me acuerdo de la sorprendente variedad de polillas que se arracimaban en las ventanas en las noches calurosas de verano, las anguilas, densas como fibra natural, que descendían por los ríos todos los otoños, las setas apareciendo sobre la hierba de los prados a millares.

Son imágenes que es posible tú no veas nunca. Cuando nazcan tus hijos, el tigre, el rinoceronte, el atún rojo y muchos otros animales que tanto me han cautivado puede que solo sean un motivo para lamentarnos.

Ahora comprendemos mejor lo que hicimos cuando nací —un año después de la publicación de La primavera silenciosa— con respecto a los límites naturales dentro de los que vivimos. La ciencia de los límites planetarios ha empezado a establecer los puntos más allá de los cuáles los recursos naturales que hacen viable nuestra vida dejan de ser sostenibles (2). Puede que ya hallamos traspasado, nos dice esta ciencia, tres de los nueve límites, y estamos bordeando la frontera de otros tres (3). Puede que vivas para conocer los extremos del cambio climático a los que he dedicado una gran parte de mi vida, con la esperanza de que podamos evitarlo, junto con nuevos desastres ecológicos, como la acidificación de los océanos, la pérdida de la mayor parte de los bosques que quedan en el mundo, de sus humedales y reservas de agua fosilizadas, los grandes predadores, los peces y los arrecifes coralinos. Si es así, sin duda te soliviantará la estupidez y miopía de quienes te precedieron. Nadie podrá decir que no fuimos advertidos.

Hay otro camino posible, a cuya investigación he dedicado los dos últimos y al que he dedicado dedicar gran parte de mi vida de trabajo. Es un medioambientalismo positivo, que intenta renaturalizar —restaurar ecológicamente— grandes extensiones de tierra no productivas y de mar sobreexplotado (4). Reconoce la notable capacidad de la naturaleza de recuperarse, de restablecer la compleja red de relaciones ecológicas con las cuales, hasta ahora, nos hemos equivocado tan toscamente. En lugar de luchar solo para evitar la destrucción, propone un mundo mejor y más rico, un lugar en el que espero que te guste vivir.

Al menos en un aspecto, este país y muchos otros ya se han convertido en lugares mejores. Creo que, al contrario de lo que dicen los políticos y medios de comunicación, la vida familiar es ahora mejor de lo que ha lo ha sido durante siglos (5), que el viejo y frío modelo de padres distantes y los daños —psicológicos, neurológicos y (como sugieren algunas investigaciones) epigenéticos— que causó empiezan finalmente a desaparecer (6,7,8,9).

Quizá la mayor fuente de esperanza y progreso social surja de nuestro redescubrimiento de las necesidades animales de los bebés y los niños pequeños: los requisitos básicos de consuelo, contacto y unión. Sí, ser padres unidos es gravoso (ahora que empiezas a agitarte y sacudirte, me temo que tu madre, agotada de una noche de alimentación casi constante, tendrá que despertarse de nuevo), pero creo que es la única fuente segura de un mundo mejor. Sabiendo lo que ahora sabemos, tenemos una oportunidad de evitar el daño, las necesidades sin contrapartida que han causado tantos males sociales, que están en las raíces de la guerra, de la codicia destructiva, de la necesidad de dominar.

Aquí está por tanto la esperanza: justo al principio, en el reconocimiento de que tú, como todos nosotros, vienes del mundo natural y perteneces a él.

http://www.monbiot.com/

Referencias:

El que quiera consultar las referencias numeradas entre paréntesis, las encontrará en

http://www.globalizate.org/monbiot270412.html

martes, 24 de abril de 2012

Dónde está el 15-M, matarile, rile, rile





Lo digo sin acritú, como acicate, pero también con miedo.

Con miedo a que fuera, según una teoría conspiratoria, algo creado por la derecha para quitarle votos jóvenes al PSOE y gobernar. Cumplidos los objetivos, desaparece. A favor de esta teoría, que uno de los impulsores de No les votes fuera Enrique Dans, profesor de la IE Business, que se unió a la universidad SEK, San Estanislao de Koska, de rancio abolengo católico.

Y conseguidos los objetivos propuestos, nadie tira del carro y el 15-M desaparece.

Porque desde la mayoría absoluta del PP han sucedido los peores ataques a la ciudadanía en este país sin que el 15-M se haya dignado promover la menor protesta. Desde luego, la masa de cientos de miles de jóvenes era pura de sentimientos. Pero, ¿por qué no salen a la calle? De momento solo lo hacen los sindicatos, nos gusten o no, y hay que apoyarnos a nosotros mismos en sus convocatorias.

No se puede cambiar las cosas con manifestaciones: puede pasar como a los egipcios, que no se organizaron y el poder ha ido a las manos de herederos del régimen y de los Hermanos Musulmanes.

¿A qué espera el 15-M para poner patas arriba las cosas, encontrar verdaderos compañeros elegidos, extender por los medios la Buena Nueva y dialogar de poder a poder con esta Mayoría Absoluta?

Si siguen esperando, muchos no les vamos a esperar.



Hoy 25 de Abril de 1974, a las 0:25 horas, esta canción sonó en "Rádio Renascença" marcando el inicio de la "Revolución de los Claveles" en la que las fuerzas armadas y el pueblo portugués se revelaron contra la dictadura de Salazar.

domingo, 22 de abril de 2012

El día del libro cierra La Independiente, de mi amigo Javi


Dejo que El Roto explique el contexto de esa ideología, que no economía, que nos conduce adonde casi todos sabemos. Es evidente la relación del contexto con este cierre: los libros los compraban jovenes de 20, 30 y 40 años, que se han quedado sin trabajo, o temen perderlo, y toda esperanza está en encontrar algo por una miseria. No es este el tema de hoy.

El tema de hoy es el cierre de la librería de un amigo, que se había convertido en un entorno cálido, cómodo, sugerente de lecturas. Hace año y medio celebré su apertura, la he visitado con frecuencia, muchas veces para hacer señas por el ventanal para que saliera a echarse un cigarrito conmigo, hablando las más de las veces de nuestras lecturas.

Javi fue miembro activo del Taller hasta que se sobrecargó con la creación de la librería, con el desarrollo estético, de fondos literarios y de ambiente de esta (más todos los engorros burocráticos que conlleva). Desde entonces el Taller se ha celebrado en su sótano, bien arreglado para reuniones y exposiciones. Por eso era normal encontrar en la librería a miembros de la historia del Taller, también a los que abandonaron hace tiempo, pero siguieron siendo amigos.

Uno (o sea, yo) tiene los años suficientes como para saber los pequeños cataclismos personales que produce la desaparición de un entorno así. Fuera del sano egoísmo pensando en "mi" futuro, me importa más ahora los sentimientos de pérdida de recursos económicos, de la innumerable cantidad de horas de trabajo (no todas agradables), de la esperanza de ver convertirse tu librería en el centro de relación con las magníficas editoriales independientes y pequeñas de todo el país.

No ha podido ser. Pero Javi es animoso y no se va del todo, abre una librería virtual, un "agazaparse por si luego se puede dar el salto". Y además, cierra con una fiesta:

El próximo 23 de abril celebraremos La noche de los libros en La independiente. Firmarán sus obras los autores (y amigos) Juan Carlos Márquez y Daviz Ruiz, DJ Oiana pinchará soul y funk para bailar un poco y podréis tomar un vinito. Además, anunciaremos que La independiente se convertirá en una librería exclusivamente virtual a partir de esa fecha y podréis comprobar el aspecto de la tienda en internet. Os esperamos a todos.

jueves, 19 de abril de 2012

Ejercicio de taller sobre el tema "Lo inaccesible"

Preguntas indeseables

—¿Sabes lo que me pasó en el metro? —preguntó él, sentado en el sillón junto al balcón, tras dejar el libro sobre la repisa.
—¿Sí? —contestó ella, enseñándole los ojos por encima de la revista dominical de un periódico que él odiaba. Si hubiera estado leyendo un libro, no la habría interrumpido.
El exterior estaba grisáceo, como cuando se prepara una tormenta.

Era consciente de que le había hecho esa pregunta porque le irritaba que leyera ese dominical. Que era una pregunta indebida. Ambos, que convivían más que aceptablemente, sabían que algunas preguntas provocaban fricción; eran indeseables. En el caso de ella, preguntarle a él “¿qué estás pensando? o pedirle “dime algo, estás muy callado”. En el caso de él hacia ella, preguntarle “¿Sabes lo que me pasó...?” en un contexto que era de interrupción de lo que ella estuviera haciendo; la pregunta solo era válida si estaban conversando. Porque como ella había resaltado varias veces, “a ti te suceden trivialidades; en realidad, te fijas en las trivialidades”. Y era cierto en un porcentaje lo bastante alto como para que a ella le resultara deprimente. A veces, podían salir de una exposición y él no tenía más comentarios que referirse a una mano de un personaje pintado en segunda fila; o a que la pintura de las paredes le parecía poco adecuada para colgar cuadros en ellas. Ella, simplemente, no podía soportar que eso hubiera sido lo único que le hubiera llamado la atención.

—En el cambio de la línea naranja a la añil, en Gregorio Marañón, llegué justo a tiempo para subir al último vagón. Ya sabes que la salida de Tribunal está por delante; aproximadamente, si dividimos la estación en cinco partes, en el mojón imaginario que señalaría el cambio del primer quinto al segundo.
—Sabes que eso lo sé.
—Pues, como ya sabes también, los trenes de esa línea no tienen vagones separados, así que pude recorrerlo, avanzando por dentro. En el primero vi en el suelo una caja vacía de cartas de Heraclio Fournier y, en el siguiente, pétalos de rosa que debían llevar algún tiempo. Habían adquirido esa oscuridad de las flores de cementerio.
—¿Y tu catálogo habitual de rubias?
—¿Y qué coño importa eso ahora?
—Como a veces me cuentas las que has visto en el metro, lo mismo que si viste a alguien cuyo rostro podría estar pintado en un cuadro de El Prado.
—No te estoy hablando de mis “coleccionismos visuales”, sino de algo importante, joder. En el primer vagón me encuentro la caja de guardar las cartas, las cartas que se pueden echar para ver el destino, pero vacía; en el segundo, pétalos de un ramo de cementerio. ¿Te parece normal, encontrar esos objetos en dos vagones consecutivos del metro? —le preguntó él, para evitar la pregunta-bomba, superior a la pregunta-fricción, de si le parecía normal leer esa basura para pijos.

En ese mismo momento estalló la tormenta que trajo la calma. Simultáneamente y no como en la frase hecha, en la que la segunda viene después de la tormenta. Abrieron el balcón de par en par para ver y oír llover; para respirar ese ozono limpio. Toda fricción se convirtió en bienestar, que celebraron descorchando una botella de vino.

Él sabía que la pregunta fricción había puesto una semilla que brotaría en uno o dos días; aunque también sabía que el tema lo llevaban mucho mejor si estallaba después, cuando él no tenía motivos para sentirse irritado. La visión que tenían del amor esos dos amantes era radicalmente enfrentada. Ella no abandonaba su idea de considerarlo una fuerza totalmente positiva. Y cuando decía “totalmente”, se refería a algo que carecía hasta de la menor mancha.

—Pero ¿no estamos de puta madre, nos queremos, nos preocupamos el uno por el otro, deseamos que se sienta mejor? —preguntaba él en esos estallidos, ahorrándose un vulgar “¿qué más quieres?”, que habría tenido unas consecuencias que podrían suponerse desastrosas.
—Pero no siempre —contestaba ella—, además de que “desear que el otro se sienta mejor” es bueno, pero me parece insuficiente —contestaba ella, que ni siquiera se atrevía a pensar en el concepto de “felicidad”.

Se habían explicado el uno ante el otro mil veces, sin haber superado la barrera que los separaba. Decir eso es decir poco: no habían sido capaces ni de encaramarse a la barrera para ver cómo era la luz y el aire al otro lado. Compartían el espacio muy a gusto, pero en cuanto salía ese tema, brotaba del suelo la barrera, con alambre de púas en la parte superior.
Para ella el amor era algo positivo que “surgía” y exigía, después, una voluntad de cooperación que él aceptaba. Lo que no podía aceptar es que esa voluntad fuera inextinguible, un caso de locura deportiva para ir rebajando milésimas en cada recorrido de los cuatrocientos metros vallas. Eso era lo que le sacaba de quicio: que ella quisiera ir a más y a más en un progreso lineal hacia un futuro.
Él pensaba en el extremismo del pensamiento de ella. Como en el caso de la salud, que para ella era un acto (no un estado) en el que intervenía la voluntad, tomar las medidas adecuadas, practicar, dar las gracias al dios de los laicos en voz alta, al menos dos veces al día, por encontrarse tan bien. Para él, la salud consistía en no tener enfermedades ni molestias. Le bastaba con procurar, razonablemente, no hacer demasiadas tonterías que propiciasen la enfermedad. Tener conciencia activa de lo bueno, frente a no tener conciencia de lo malo; ese era el enfrentamiento entre dos marcos mentales: la posición activa de mejora frente al conformismo pasivo de quedarse con lo aceptable.

—Hay que ser conscientes de que se está bien —solía insistir ella.
—Pues a mí me basta con no ser consciente de que estoy mal —contestaba él, sabiendo que tras esa frase había dos caminos.

Lo más conveniente era dejar la conversación en ese punto. Si quería pasar de la montaña mediana a la alta, solo tenía que añadir:

—Además, esa conciencia del bienestar me resulta demasiado femenina.

miércoles, 11 de abril de 2012

Mostrad, ciudadanos, vuestros dientes de lobo (como ovejas os está yendo de puta pena)

ES QUE HABÉIS GASTADO EN EXCESO, Y CLARO, AHORA...

No carece de razón, la frasecita, pero un 20% de verdad no es la verdad. Al fin y al cabo, no somos profesionales. Si los profesionales nos dicen que podemos pagar, y nos merecemos, un piso, un BMW y una moto acuática, pues suponemos que los profesionales saben del asunto. (Lo de la moto acuática nos mosquea un poco, porque vivimos en Castilla y además no sabemos nadar; pero que no se diga: ¡el lote completo!).

Para que la verdad cuadre, la frase habría que alterarla:

ES QUE HABÉIS DADO CRÉDITOS A QUIEN NO DEBÍAIS Y POR MÁS DE LO QUE OS PODÍAN DEVOLVER. Y LO SABÍAIS PERFECTAMENTE...

Claro, que yo los entiendo perfectamente: son mercaderes y tienen su instinto de lucro. Si me voy a la jungla con alpargatas, bañador y un salakof, y me encuentra un tigre hambriento y me come, en mis últimos instantes no pensaré que el animal es un hijoputa. Es lo que es. Dedicaré mis últimos instantes a haberme metido allí sin la recortada, el Winchester, la Browning y el Colt. Es decir, lamentaré no haber seguido mi instinto. A diferencia del tigre, los mercaderes son razonables y confiaban en que (sabían perfectamente) cuando estallara la bomba, a ellos no les iba a pasar nada.

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El caso es que en 2008 asistimos al descubrimiento de la mayor estafa global conocida en la Historia, con la participación estelar del BM y el FMI, que no se enteraban de nada (en el despacho del FMI estaba nuestro amigo Rato), de todas las facultades de Economía, que enseñan solamente economía liberal, de los Gobiernos presionados por lobbies y divididos en dos tipos (los “no me queda más remedio” y los “más madera, que es la guerra final”), todos los establecimientos financieros del mundo y, como estrella estelar galáctica, las Agencias de Evaluación; más que “independientes”, “dependientes” de las ganancias del servicio prestado a sus señores. Y con un empujoncito de los grandes medios de comunicación, presididos por honorables ricachones.

Dos detallitos de las Agencias.

(1) “Estas agencias son meros instrumentos de aquellas instituciones que, en gran parte, las financian. De ahí que siempre valoren muy positivamente los productos de las instituciones que les financian (sean bancos, compañías de seguro, u otros) mientras que valoran negativamente a ciertos productos si ello favorece los intereses de tales instituciones financiadoras. De nuevo, la evidencia de ello es abrumadora. Esto fue reconocido por el vicepresidente de una de ellas, la famosa Moody’s, que tras dejar la compañía, declaró a la Comisión Federal de EEUU encargada de analizar las causas de la crisis financiera, que lo más importante para tal agencia no era la objetividad en sus estudios del valor de los productos financieros sino la satisfacción de sus clientes que financiaban tales estudios (citado en el artículo de John Ryan “Do we need Credit Rating Agencies?” en Social Europe Journal. 16.03.12). Más claro imposible.” (de un artículo de Vicenç Navarro).


(2) Varias pelis, documentales, artículos, libros han contado con realismo histórico lo que sucedió. Por ejemplo la última noche de Lehman Brothers, cuando descubrieron que al ir juntando en paquetes cerrados los préstamos buenos con los tóxicos, los paquetes rezumaban ya una economía irrespirable. ¿Qué hicieron, reconocer los errores y desaparecer? No señoritos: decidieron venderlo todo a otros establecimientos financieros, destapar la crisis y quedarse el dinerito. ¿Y quién dirigía Lehman Brother en España y Portugal? Exactamente, nuestro flamante Ministro de Economía, el señor Guindos. Miradle la cara en una foto y decidme si le compraríais un coche de segunda mano.

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Tan feas y apestosas eran las cosas que ese rojazo anarquistoide llamado Sarkozy clamó:

¡REFUNDEMOS EL CAPITALISMO!

Pero lo dejaron estar (el capitalismo y a Sarkozy; estos mediterráneos son tan impulsivos). Y pensaron seriamente lo que se podía hacer para salir del atolladero en el que ellos mismos se habían metido. Pensaron y pensaron. Y volvieron a pensar, y echaron la culpa a los políticos (o sea, no a los políticos-personas que se lo merecían por haber confiado en los mercaderes, sino a la instituciones políticas, al Estado). Y encontraron la solución:

¡DESTRUYAMOS EL ESTADO DEL BIENESTAR!

Conviene hacer notar, que las palabras crean malentendidos, que el Estado del Bienestar no es un estado en que el estemos bien. No. Es un Estado necesario para atender las necesidades básicas de los ciudadanos, que son el 99% de la población. Precisamente el Estado que es Básico y Necesario. Una seguridad de que si a pesar de nuestro esfuerzo las cosas nos vienen mal dadas, nos atenderán.

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No soy, desde luego, de los que piensan que hay que pasarlas canutas para que llegue otro “calentón” de la economía y nos dediquemos a consumir como gilipollas. Algo tenemos que hacer, pero no eso. Hay pequeñas medidas que se pueden tomar para que todo el peso de la quiebra del capitalismo neoliberal no caiga sobre nosotros. Fuera las diputaciones. Fuera el Senado. Rebaja lineal de un 30% de los sueldos reales de los políticos. Una persona, un solo sueldo. Dejar de dar 9.000 millones de Euros a la Iglesia y recortarnos 10.000 millones en educación y sanidad.

Pero esto son cosillas para salir de este pasado sangrante en el que estamos.

El Estado del Bienestar es un entramado que sujeta el techo que nos defiende de las inclemencias de la vida con dos vigas maestras: EDUCACIÓN y SANIDAD. No podemos permitir que las derriben, porque tras ellas caerán todas las vigas menores. El problema es nuestro, de todos y cada uno de nosotros, el 99% de la población. Y lo tenemos que resolver nosotros, todos y cada uno de nosotros: convertirnos en el lobby de presión más grande conocido por el mundo. Presionemos a los políticos neoliberales para que se echen atrás; presionemos a la socialdemocracia, la izquierda, los sindicatos, etc. para que corran y se pongan delante con sus banderas y pancartas; y hagan y negocien lo que nosotros queremos. Sabiendo que como se desvíen les morderemos.

Repito: no nos conformemos pensando que es un problema de la socialdemocracia, la izquierda, los sindicatos, etc. Es un problema nuestro que hemos de solucionar nosotros.

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¿Hay alternativas? Desde luego que sí, pero fuera del Capitalismo Financiero. ¿Será doloroso el cambio? Por supuesto que sí. ¿Pero no es ya bastante doloroso permanecer en su seno?

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De momento, el 15 de abril, todos a la calle (con buenos o malos modos dependerá de la actuación de los servidores del orden) a defender nuestra Sanidad.



viernes, 6 de abril de 2012

La estrella invitada Bárbara nos presenta el Casino España

http://dameunatregua.blogspot.com.es/

Copio esta entrada del blog de Bárbara porque me parece perfecta para estos tiempos. Así, con el copy-paste, da gusto hacer un post.

Yo creo que España entera debería convertirse en un inmenso casino, en el paraíso terrenal del juego, una reinterpretación castiza de Las Vegas pasada por el filtro autóctono de Benidorm, Seseña, las fiestas del Toro de la Vega, la semana santa sevillana, las fallas valencianas y los hogares de los jubilados de todos los pueblos de España, con eñe.


Y es que el juego corre por las venas de cualquier español de bien, España es el lugar con más bares, y en cada bar, una tragaperras, y cerca de la tragaperras, una mano echando perras y la otra equilibrando el peso con un quinto, un carajillo o un coñac.

Qué puede haber más español que jugar y beber, ese debería ser nuestro valor de marca, mucho más que el sol, el rojo y el amarillo, que setenta olés coreados al unísono.

Un gran casino, en eso debería convertirse España.

Con una gran cruz en su cúspide, que no hay que perder las buenas costumbres, y a fin de cuentas, apostar al destino de dios viene a ser como apostar a la ruleta.

Ni pesetas ni euros, las fichas de casino como moneda nacional.
Los ludópatas serán vistos como impulsores de la economía.
Los especuladores como los salvadores de la patria.
En lugar de apostar a la brisca, apostaremos a la prima de riesgo.

El hilo musical correrá a cargo de Concha Piquer, el primer Julio Iglesias, las Grecas y Bustamante. Alternos. Pero siempre los mismos.

De Guindos- krusty ejercerá como croupier, un excelente croupier, por su pasado como experto mago haciendo trucos de cartas.

Cospedal se encargará de la seguridad. Palizas en el callejón a los listillos que traten de hacer trampas y ganarle al casino.

“Ganarle al casino es ser antipatriota”, dirá en declaraciones a la prensa.

Camilo Sesto redivivo actuará en vivo (ready?) todas las noches.

Ana Botella dirá que no hay premio al mezclar peras con manzanas, refiriéndose por supuesto a las máquinas tragaperras.

Concejales de urbanismo, venidos de todos los pueblos de España, se encargarán de las relaciones públicas.

Se privatizará la dignidad, la honradez y las buenas costumbres.

Se jugarán bonos de asistencia médica para la seguridad social. ¿Eso no era un grupo de música? preguntarán los más jóvenes del lugar. Come ranas, piropó, piropó, piropó.

Esperanza Aguirre tirará la casa por la ventana: “todos los jubilados que vengan a trabajar como voluntarios recibirán fichas gratis para jugar al bacarrá”.

Se jugarán bonos de educación pública.

Gallardón: “Cualquier madre podrá apostar libremente el sexo de su hijo, persiguiendo los designios del dios de la gran ruleta”.

Se jugarán becas para cursar estudios.

Rubalcaba pedirá cambio para una ficha de 500.

Tras la actuación de Camilo Sesto, Soraya Sáenz de Santamaría hará un número de baile inspirado en Cabaret.

Como en la España de hoy, la banca siempre ganará, pero no me negarás que será mucho más divertido.