Si alguno no lo leyó, o quiere verlo en "su sitio", no hay más que pinchar aquí, pinchar en Gassetia en la página que se abre, ir al número 2 de la revista, recorrer las páginas de estos estudiantes de Ourense y encontrar a Punchet, perdido entre Ribeiros, en la página 7.
PARTE ACTUALIZADA
Me gusta mucho esa canción de Serrat que dice: "Mis amigos son gente cumplidora / y acuden cuando saben que yo espero / Si les roza la muerte disimulan / Que pa'ellos la amistad es lo primero".
Lo que no podía saber Serrat entonces es que puedes tener amigos igual de buenos, pero que no consigan abrir la revista. Para ellos, copio aquí el texto.
Divago de Punchet: Volver
Al señor Punchet son estas las cosas que le emocionan. No digo que no sepa moverse en la realidad, coger un metro, conocer los bares, saber que ha de pagar cada caña y cada vino, pero eso lo hace automáticamente, como el que conduce o sube una escalera. Él solo presta atención a los pliegues del tiempo y el espacio, donde habitan las telarañas con las que hace bolitas que esconde en su ombligo. Oye o lee, que es como oír por dentro, la palabra “volver” y se le levantan las orejas, tan peludas. Como perro que es. Ya se lo llamaron una vez y lo discutimos mucho, él y yo, que era de la opinión de que no lo es; o que no lo es tanto. Pero él estaba tan encantado como si le hubieran besado en la boca.
Esta cuarta copa de vino rojo, denso, bermellón, a ti te la ofrezco y por ti la alzo y en ayunas la tomo porque recibiste adicta mi semen cuando era espeso como yo me bebí tu sangre cuando la había, como hay ahora este vino espeso. Porque como dice el libro de Flavia Company, Dame placer, que le he robado a mi amo en cuanto lo consiguió tener, y espero que me encuentre para que se lo devuelva porque no tengo dinero para pagar lo que bebo, «a las cosas y a los lugares no se puede volver ni siquiera volviendo». Recuerdo de inmediato el verso de Borges que decía «Vuelvo a Junín, donde nunca estuve».
Y entre una frase y otra me quedo colgado sobre el abismo. O peor, me dejan las dos colgando (pero el abismo permanece), porque los dos cuentan lo mismo y lo hacen perfectamente. Cuentan lo que no quiero oír pero me veo obligado a leer: que es imposible volver y que si se vuelve se hace a donde nunca se estuvo. Porque ya no es el río de Heráclito, en el que uno no se puede bañar dos veces, donde el río cambia pero uno parece ser el mismo. Desde entonces hemos aprendido demasiado, para nuestro mal, y ahora sabemos que lo imposible es seguir siendo uno mismo. Así que para qué volver. O cómo, si el que vuelve es otro. O para qué vivir, si todo a lo que le damos importancia está en un pasado no improbable, sino imposible. Si fuera posible volver a ti, incluso sentiría celos de quien vuelve, como desasosiego siento de las calles cambiadas. Por eso me he venido a vivir aquí, donde todo cambia tan deprisa que volver no puede ni plantearse, pues no ha dado tiempo a crear el hábito.
Vivir sin crear pasado es la ofensa más indecente al ser.
