martes, 28 de septiembre de 2010

Divertimentos para una Huelga General

De salir esta noche a las 12 de piquete ni soñarlo. Entre la última y esta se me han roto doa vértebras lumbares, la 5ª y, este mes de marzo, la 2ª. En la última andaba por Sol, viendo el ambiente. Por Alcalá bajaba un grupo de unos 2.000. Parecía, con sus banderas rojas, de una película italiana de antes de la 2ª GM. En la segunda fila vi a un amigo, bastante cegato, al que solo se le mantenía la mitad de un cristal de las gafas, por suerte, no del ojo que estaba debajo de la ceja que le sangraba como a un cerdo en San Martín. También de un lateral de la cabeza caía la sangre, convirtiendo la camisa en otra bandera. "Nos hemos encontrado en Cibeles con un piquete informativo de Antidisturbios que nos ha informado que los piquetes están prohibidos", me dio como explicación. Así que, haciendo de lazarillo de mi amigo, me uní a informar a los señores clientes de las cafeterías de Centro y Gran Vía que no era noche para tomarse un café.

Pero con esta espalda, si me enfrento valientemente a un antidisturbios cachas (es decir, le doy la espalda y trato de pasar de 0 a 100 en el instante que dura que la porra baje de la posición cenital hasta mi espalda), ¿qué pasaría?

Y lo mismo, la mani de mañana por la tarde. Donde hay gentío no voy (salvo que el Atlético de Madrid gane la liga).

Así que, ¿qué puedo hacer? ¡Ya lo tengo pensado!

Voy a leer el libro Lazos de Teresa Arellano (la de la ventana). Pero también tengo un juguete nuevo con el que estoy como Mateo con la vaca. Como no pienso hacer transacciones comerciales, me pondré las zapatillas de esas de cuadros, tomaré café en casa y me pondré a jugar. En realidad no tengo zapatillas, pero me está entrando la tentación de bajar ahora y comprarlas.

Soy un zote para la música. A mitad de un movimiento se me va el santo al cielo, porque no me concentro. Hace años, cuando en verano estaba solo y salía al balcón con unos auriculares de lo mejor del mercado, me fumaba un peta y escuchaba, por ejemplo, una sinfonía de Mahler, oyendo el conjunto y cada instrumento por separado; y no me desconcentraba. Un peta muy de vez en cuando no está mal, pero convertirme en un melónamo flipao es otra cosa.

Hace más años todavía, lo sé porque estaba en la otra casa, me vi en la tele un documental entrevista con Luis de Pablo. Se celebraba en un estudio grande de su casa, repleto de intrumentos no occidentales y de cintas grabadas con ruidos y con músicas raras, de esas, explicaba, que no admiten nuestra notación musical.

Entonces el periodista, pardillo como casi todos, le hizo la pregunta que él estaba esperando: "Si tiene todas estas grabaciones en cinta, su discoteca debe ser fabulosa". "No tengo un solo disco", contestó. "Sería redundante, porque tengo las partituras". ¡Qué pedazo de cabrón!, pensé. Abre una partitura y escucha la música en su mente con el sonido más puro que puede existir. ¡Veía la música!

Ya era demasiado tarde para aprender solfeo. No podía ver la música. Pero con esto que me enseñó Hijo la otra noche, ya puedo. Miras la pantalla y ves cuándo se produce el sonido de cada instrumento, ves que empieza una línea y estás espectante de lo que sonará, "ah, un violín" y ya sigues el violín unido a lo que estaba sonando. Cuando has visto oído una pieza dos veces, sacas el disco, lo pones y, ¡milagro!, entiendes la música y anticipas lo que va a sonar.

En fin; una muestra.

Un clic AQUÍ para ver y oír la muestra. Aconsejo empezar por una de piano y ponerlo en pantalla completa.

ESTA TOCATA Y FUGA DE BACH es más fácil de seguir y, por tanto, mucho más espectacular.

ESTA es la página donde está todo lo que hay gratis en YouTube (crece día a día).

Nos vemos en la calle, moviendo la mano como si estuviéramos dirigiendo.

jueves, 23 de septiembre de 2010

HUELGA, decirlo

Huelga decirlo, claro. Pero una de las cosas que aprendes cuando has llegado a la protovejez es que hay que decirlo todo, porque los sobreentendidos son los cimientos de la ignorancia. Hay que dar el grito cuando procede, la palabra amiga del corazón, decir toma mi hombro, contar chistes, secuestrar besos a punta de arma alba. Mil cosas. Como protoviejo, he aprendido muchas más cosas interesantes y útiles. Pero me voy a referir a dos. El resto irán saliendo en el blog, o en libros de poemas, relatos o novelas, que anunciaré para que los compre el que quiera (hay en mis venas gotas de sangre jacobina, aunque mi verso no brote de un manantial sereno).

Una cosa: he tendido siempre a la delgadez. Cuando hijo no tenía diez años y yo aparecía por la casa con el boxer puesto, él y su madre se burlaban de mí cantando:

Un hombre grande
patitas de alambre
se cae de un tejado
y no se hace sangre.

Pero con la edad, la masa glútea desaparece y se transmuta en un barrigón aunque no seas muy comilón, ni cervecero ni abuses, ¡ay!, del alcohol. Así que tienes un perfil empeorado (pero ¿quién se quiere mirar el perfil?) y un culo no almohadillado que convierte en un infierno las dos últimas horas de la jornada laboral. Y de lo laboral quería hablar.

Otra cosa: te conviertes en un maestro de los tonos. Se acabó el blanco o negro. Eso es mentira. Si tienes 3 restaurantes de menús a cuál peor, significa que alguno es menos peor que el peor y sería de tontos decir "todos son iguales". En política pasa lo mismo, nos la tocamos con papel de fumar porque "todos son iguales". ¡Y un cuerno de Palomera!

Así que oigo decirme que con Rajoy en lugar de Zapatero habría sido peor. Y lo creo firmemente. Y también me digo que mantuvo un tren de gasto social hasta que le pusieron una pistola en la cabeza. Y también es verdad que el muy tonto creía que no lo iban a hacer. Por no hablar de toda la prensa contra los síndicatos y la gente creyéndose lo que dicen, que parece que el dinero para cursos para trabajadores se lo embolsen los líderes sindicales. ¡Ni hablar! Yo lo que sé es que en mi empresa multinacional europea no había Comité y nos la metían doblada cada dos por tres. Pero cuando nos fusionaron con una americana, que sí tenía Comité, vimos lo que significa que una empresa no te pueda robar sin contemplaciones. Dentro de un orden, claro, porque no son sindicatos revolucionarios, sino los árbitros que exigen el cumplimiento de las leyes.

Y me digo que la huelga general va a ser aprovechada para derribarle al Zapa y entre los muy tontos de un lado y los muy tontos del otro esto va a ser un si no quieres caldo dos tazas. Además de que veremos cómo la mayor corrupción de España en su historia quedará sin castigo.

Puedo entender todo eso. Vale.

Pero también entiendo que hay cosas cuya apreciación no ha cambiado en la vida. Una de ellas es que no te pueden atracar lo que es tuyo y quedarte diciendo "bueno, así son las cosas, no se puede hacer nada. Dios me lo dio y Dios me lo quitó".

Pues no señores: no fue Dios quien nos dio los derechos de los que disfrutamos. Los combatimos. Y si nos van quitando de aquí y de allá, al menos hay que soltar un grito. Para que teman que la siguiente vez además de gritar podamos pegar dos buenas patadas. Y así, in crescendo.

Aunque sea simbólico. Lo que es a mí, los de Radio Futura no me cantan, y se van de rositas, eso de:

Eres tonto, Simón,
Y no tienes elección.

Porque aunque lleve el cráneo rapao al cero y la cabeza al aire, sin gorra, sé cuál es mi posición y no me da la gana quitarme la simbólica gorra de obrero.

Mande quien mande, HUELGA GENERAL EL 29

domingo, 19 de septiembre de 2010

Tema de taller: remordimientos


El ojo izquierdo



Había despertado de la pesadilla. Estaba delante de una cara gigantesca, amarillo rojiza, en la que solo destacaban los dos agujeros negros y vacíos de lo que habían sido los ojos. Diminuto frente a su enormidad, se daba cuenta de que el ojo izquierdo, aunque negro, profundo y vacío, lo miraba. En el momento en que despertó, un tren cruzó la ciudad lanzando pitidos breves y constantes por la vía paralela a la orilla del mar. En una pequeña ciudad de provincias, cuando apenas si había coches durante el día, la noche era un silencio absoluto. Cuando algo lo rompía, el sonido parecía encapsulado en miles de esferas de humedad. No era una lluvia que te moja y se va, sino una niebla cuyas gotas seguían penetrándote de nostalgia sin causa hasta mucho después de que el tren que provocó el sonido se hubiera ido. Tenía trece años; la angustia de que hubiera algo que sí iba a alguna parte no le dejó volver a dormirse.


Con once años la siesta no era obligatoria. De la mesa salía a la carrera al punto de encuentro, junto a la colonia arbolada de chalets de verano, donde empezaba la zona desértica y habían conseguido un campo de fútbol quitando las piedras y pisoteando las hierbas raquíticas mientras jugaban. Al borde del campo se puso en cuclillas, dando la vuelta a las piedras y hurgando con un palo en lo que encontraba debajo. No llevaba una lata para guardar los pequeños escorpiones y quemarlos a la caída de la tarde en un círculo de fuego. Miraba al horizonte fijamente, hasta que los vahos de calor enturbiaban la lejanía. Se sentía como un indio de las películas que se ha quedado solo, toca el suelo y nota que la tierra palpita con los cascos de los caballos del enemigo. Una sensación de rabia lo mantenía tenso, sintiéndose abandonado. A lo largo de una hora fueron viniendo todos, cada uno con su bicicleta, y jugaron un partido.

Los partidos de fútbol duraban más de tres horas. Cantaban los goles como si fueran del Madrid, pero no los contaban. Incluso los miembros de cada equipo se intercambiaban de vez en cuando, al pelearse uno con alguno de los suyos que no le había pasado el balón. Por eso no había un resultado final; solo la pasión del juego hasta que no se tenían en pie.

Una violencia que se abrió el verano anterior impregnaba los actos del grupo. Los juegos consistían en pruebas físicas y de riesgo para demostrar que se merecía ser aceptado para jugar con los demás. Una vez confirmado que habían vuelto a pasar la prueba, ya no sabían a qué jugar. En el interior de cada uno estaba pasando algo que los desquiciaba. A veces, el pene delgado se ponía tieso, dolía, lo tocaban torpemente, sin consecuencias todavía: como si bajaran en bici una cuesta abajo con los frenos gastados. El cuerpo se olvida y solo existen las ruedas.


Cuando tenía diez años, solían ir hasta el final del llano, donde la tierra descendía un escalón y pendientes pronunciadas daban paso a otro llano igual de desértico, cerrado a lo lejos por una montaña pelada. En un punto, la pendiente era de una tierra rojiza suave. Se lanzaban por ella tratando de llegar abajo sobre la bici; no era normal que lo consiguieran, pero tampoco importaba. Volvían a subir y se volvían a lanzar: ese era el juego. En la parte de abajo, al lado de la pista de descenso, había dos cuevas. Un día de finales del verano, salió de la cueva de la izquierda una vieja andrajosa, les chilló por el alboroto que creaban y se volvió a meter. Tiraron piedras al interior de la cueva y algunos creyeron haber oído un grito de dolor.

Después, uno de ellos, asustado, dijo que tenían que contarlo a los padres, porque a lo mejor le habían hecho daño. Al rato jugaron a pegarse todos con todos, pero esa vez aprovecharon para darle una paliza al que se había asustado. Nadie volvió a hablar de la cueva y la vieja, nunca regresaron a la pista rojiza. Jugaban al fútbol y luego tomaban otros caminos por el desierto. Eran los últimos días del verano; llegaron las lluvias de septiembre y se sintieron apaciguados. Se despidieron como los amigos que habían sido hasta hacia poco.

martes, 14 de septiembre de 2010

Décimo 100e de Verónica Leonetti

Desde que me mandó su ilustración al texto 10, deseaba que lo publicara. No os lo podéis perder. Haced clic AQUÍ.

Como siempre, los comentarios en su blog.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Esperpensamiento 2: ¡¡¡Mucha pobreza!!!

Debió suceder en un pasado remoto, porque recuerdo que al hablarme tenía esa maravillosa sonrisa de la adolescencia y la primera juventud con la que me cautivaba, pero hace ya muchos años que la perdió. Hijo me preguntó: "¿Sabes qué ha de hacer una cebra cuando un león ataca el rebaño?”. Como suponía que iba de trampa, le contesté que lo soltara y dijo: “Correr más que otras cebras”.

Estuve un tiempo pensando en eso. De todas las ciencias se extraen datos que son útiles para el modo en que piensas la vida. Me gusta la Ecología, que él me ha ido dando a conocer; pero no confundo los ecólogos con los ecologistas, que estos los hay de su padre, de su madre y de su tío de Alcalá. A pesar de que estoy en un grupo, pero me interesa porque une ecología y anti-neoliberalismo, teniendo la coherencia de encontrar la causa de los trastornos ecológicos. Podéis ver nuestra página en Globalízate.

El otro día fui al centro a comprarme un par de pantalones, porque todos los tenía deshilachados por abajo y Lola se cansó de mi aspecto. Había todo tipo de pobres, pero ¡muchos pobres! Como un reflejo de lo que pasa no aquí, sino en todo el mundo desarrollado. Que es lo que ha estado y sigue pasando, sin que le prestáramos atención, en el mundo no desarrollado.

Los pobres, tan difíciles de mirarlos, son individuos. Querríamos sacar de la pobreza a ese individuo que estamos viendo. Pero no podemos. Normalmente nuestro discurso se queda ahí y no salta al segundo paso: No serviría de nada. Lo único que habríamos hecho es ayudar a una cebra lenta, pero el león se comería otra.

La pobreza no la podemos entender si no manejamos los porcentajes visualizando su realidad. A mí siempre se me han dado bien las cifras: Hijo nos desprecia un poco a los de letras, aunque lo disimula, por eso siempre le ha sorprendido que entendiera el significado de los números. Por si acaso, me regaló un libro que os aconsejo, El hombre anumérico, que me ha venido muy bien y me ha permitido entender el porqué, por la falta de comprensión de las cifras (entre otras cosas), los problemas no tienen solución.

Hay que cambiar la mirada de las cebras a los leones. En la sabana la cosa es como debe ser: un equilibrio de vida y muerte. Pero en el mundo de los hombres, además de fijar la atención en los desastres de todo tipo, en las cebras masacradas como si dios lo hubiera ordenado, conviene que empecemos a analizar a fondo el mundo de los leones, aprender cómo actúan y forzar su ayuno. Podemos hacerlo si nos ponemos a ello. Porque la pobreza se fabrica, no es un efecto colateral del Sistema, sino su éxito: los leones trabajan para crear y aumentar al infinito la distancia que les sepra de las cebras. Tenemos buenos cascos, anticipémonos a ellos y pateémosles.

Y mientras tanto, la compasión personal hacia los individuos comidos no está de más.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Tema de taller: el calor

Estuve dos años en el taller, escribiendo un ejercicio-relato cada dos semanas, incluidos los veranos. Aprovechando una excusa lo dejé, pero me he desintoxicado durante 6 meses y he vuelto. Como mediopensionista. De vez en cuando subiré algo de lo que escriba.




El olor descubierto


Trabaja en un cubículo espalda con espalda con María, su ayudante con contrato de aprendizaje, separados por apenas un metro. El aire acondicionado se ha estropeado en agosto y en toda la oficina llevan tres días sudando; en su cubículo más, porque María no ha hecho otra cosa que imprimir los manuales de las aplicaciones y de los sistemas de contabilidad, que desparramados en mazos por el suelo impiden enchufar el ventilador de urgencia traído para cada espacio.
El olor del sudor de ella bajo la blusa blanca de cuello Mao le inquieta. No le deja trabajar. Está ahí oliendo su cuerpo, un cuerpo que hace crecer la vergüenza que le produce su propia vulgaridad. Cuerpos del exterior del barrio, que no serán suyos, con perfumes incandescentes. Un rato antes, oyó que se levantaba y recogía la melena rubia. Una vez, en un movimiento rápido, había dejado al descubierto un segundo su cuello largo y blanco. Ahora que lo imaginaba desnudo y que la olía, notó una media erección que lo paralizaba. Intentó levantarse para ir al baño y las vio: gotas de sudor brillante, estáticas, en el cuello. Volvió a sentarse cuando la erección se completó. Alcanzando su grado máximo de vergüenza, volvió a mirar la pantalla, abrió un documento inservible y lo fue destrozando sin saber muy bien lo que quitaba o añadía.

La vergüenza que le habían hecho pasar los compañeros del barrio, por su torpeza física o sus sobresalientes, era la de sus iguales. Cuando la pandilla empezó a salir el domingo a las discotecas del centro de la ciudad, la encontró en un grado superior: la de un mundo brillante en el que era él quien destacaba negativamente. Nunca saldría del cubículo, porque nadie lo quería fuera y porque era feliz cumpliendo meticulosamente los encargos de su jefe y haciendo flotar los números hasta llegar algo más lejos de lo que le había pedido. Era el último reducto de la oscuridad en la que se ocultaba. Al terminar, siempre muy tarde, cogía el coche del parking del sótano y con las ventanas cerradas conducía hasta el barrio, donde estaba la neblina de una madre que le daba de cenar las mismas cosas insípidas de siempre, una novia que trabajaba de secretaria y con la que había comprado un piso en la ampliación del barrio, con piscina y jardín común. Aburridos el uno del otro.


Por la tarde notó un olor nuevo. A almendra amarga. No era un perfume distinto, porque olía el de siempre, combinado desde hacía tres días con el del sudor en una mezcla que sentía como agujas clavándose en su cuerpo. Media hora después, María se acercó su mesa. No pudo evitar que la mirada se le quedara fija un instante en los rodales de sudor de los pezones, que erguidos y excitados por el calor casi se transparentaban. Su rubor estalló. Ella sonrió al darse cuenta, hiriéndole. Sintiendo que podía correrse, pensó en el barrio; pero notó que los encantos de María lo arrasaban y lo convertían en otro territorio inseguro.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Noveno 100e de Verónica Leonetti

Tenía ganas de que saliera este escalón. Verónica ha hecho una ilustración a mi texto que desde que la vi estaba ansioso de que la vierais también. Solo tenéis que hacer clic AQUÍ.

Como siempre, texto e ilustración solo se muestran combinados y en el blog de Verónica. Los comentarios solo se pueden hacer en su blog.