domingo, 29 de julio de 2007
Gael nos justifica: Amistad Profana, Salvaje Oscuridad (y todos los demás)
Voy a referirme esta vez al comentario de Gael, que nos deja tan pocos escritos que a veces me olvido de que nos sigue leyendo y me sorprendo cuando me entero; pero además, nos sigue leyendo prácticamente a todos. Últimamente he mantenido conversaciones con algunos de los de este nodo en las que decía, más para provocar conversaciones que por otra cosa (aunque había una intuición de amistad griega que es un perfecto error en estos tiempos), que la amistad se daba entre chicos.
Me desdigo aquí mismo. Como dice Gael al referirse a que todo era algo más que un préstamo de libros que nos hacíamos, «Era mi pacto contigo, mi encuentro contigo, mi vida a partir de entonces». Y ciertamente, a lo largo de los años, viéndonos muy poco y casi siempre a instancias de L, ha existido ese pacto, esa confianza mutua, esa... amistad entre chica y chico: pactos y confianza son las claves. «... en esencia aquel entendimiento que empezaba a partir de las palabras de otros. Y que tanto tiene que ver con el curso de la amistad entre las personas», sigue diciendo. Que es una descripción no solo de la amistad entre ella y yo, sino que se parece bastante a lo que hacemos en estos blogs enlazados: entendernos a partir de las palabras de los otros y dejar que crezca la amistad entre las personas. Gael está a punto de decirlo: «Os leo siempre en silencio, leo vuestro amor mezclado con el amor a la literatura, a lo que uno lee de otro y lo proclama, a lo que se genera en estos lugares y me doy cuenta de que todo se ha amplificado y que aquel acto de entrega se ha multiplicado millones de veces a través de entradas como la tuya».
No celebraba (Gael) la amistad que nos une a ella y a mí, sino la de todos nosotros, el "como la tuya" incluye las de los demás en el término de comparación: esta amistad profana entre todos, que se nota en la confianza que nos tenemos. Una amistad de la que ella participa también y por eso corre a ver lo que ha escrito Lara cuando en su comentario Lara anuncia un escrito en la misma dirección.
Desde fuera, desde su aparente invisibilidad que solo rompe a veces, ante nosotros y ante los demás, todo lo que hacemos, las horas de leernos, de transcribir, de escribir, ha sido entendido, descrito y justificado. Algo así es difícil de agradecer en su valor.
Y además de ese canto rotundo a la Amistad Profana (y su necesidad), Harold Brodkey, del que da los 5 títulos en español (creo que hay algo más, sin traducir). Pero hay que hacer una división: tiene 4 libros de literatura (dos de relatos y dos novelas). Esta salvaje oscuridad. La historia de mi muerte, es un diario de esa muerte desde que le diagnostican que es enfermo de sida. No se puede mezclar este libro con los otros. Aconsejo la lectura de los otros (con mucho tiempo porque dos son extremadamente largos, además de densos), pero no puedo hacerlo con este, una crónica lúcida de la muerte. Aunque no contaré cosas que la pudieran identificar o describir un poco, ya que hasta el nombre es un alias, alguien cercano a ella y a mí murió de sida, lo que, además del dolor, nos impulsó a ciertas colaboraciones. Entonces no sabíamos que HB había enfermado, por lo que en cierta manera, también este quinto libro ha producido otra vuelta de tuerca en nuestra unión. También, por aquello y por ser lectores ya de HB, teníamos la perspectiva debida para que nuestra lectura, por una vez, no fuera muy lejana a su escritura (nuestro “enfermo” había sido también alguien de una inteligencia excepcional).
Todas las solapas de sus libros en Anagrama dicen (¿qué editor lo callaría?), que John Cheever (tenemos escritas entradas sobre él) lo definió como un escritor de primera magnitud, que Nancy Hale (que no sé quién es, tengo huecos por todas partes) que unas de las más extraordinarias figuras literarias de su generación eran Brodkey y Salinger, el más importante crítico americano, el pope Harold Bloom, dijo que «Brodkey es un Proust americano, sin paralelo desde Faulkner». Y para terminar los elogios, Susan Sontag afirmó: «Leo cada palabra que Brodkey escribe».
¿Y por qué el olvido en que le tienen? Voy a dar una de esas respuestas de intuición salvaje que suelo aventurar de vez en cuando: porque era “demasiado bueno” y cargaba un poco. Voy a poner unos extractos del libro, traducido para Anagrama por Marcelo Cohen; esta tarde lo he releído por encima para elegir los extractos. Lo hago porque no es un libro de literatura, como los otros, sino un documento excepcional de cómo encara un escritor así ciertas cosas; también es un documento literario imprescindible para los que quieren escribir: ver cómo describe un escritorio excepcional el modo en que encara esas cosas. Pondré un trocito del principio y otro del final, pero no creo que importe porque sabemos cuál fue. Quizá algunos prefiráis no entrar en ese tema. Quizá os baste con el Primer Movimiento: Amistad Profana. Si es así, es el momento de dejar de leer. Siempre se podrá regresar, cuando el segundo movimiento os atraiga.
Esta salvaje oscuridad. La historia de mi muerte
Del principio del libro
Conocimiento de la evidencia
«Tengo sida. Me sorprende. Desde 1977 no he estado expuesto, es decir, que mis experiencias, mis aventuras homosexuales ocurrieron en gran medida durante los años sesenta y setenta,» [...] «Pero al atardecer siguiente había empeorado tanto que no lograba encontrar un punto de equilibrio entre las ráfagas de molestias. No recuerdo haber sentido pánico, pero me encontraba tan mal que por primera vez en la vida me preocupaba la muerte (al menos por enfermedad). Ellen me trataba con una atención incansable y una especie de dulzura, sin atisbo visible de independencia ni ironía. Nunca había sido así conmigo, ni siquiera sexualmente. Hay que conocerla para saber lo raro que es en ella cualquier otro estado que la autonomía. Era extraño cómo la enfermedad se hacía más pesada y se asentaba de hora en hora, con una especie de sorda rapidez. Una y otra vez, con un estruendo, se precipitaba a un nuevo nivel de horror, lo consolidaba y luego se hundía pesadamente en un nivel aún peor. No había nada que parara la asfixia. Yo seguía disimulando por Ellen, o intentándolo, hasta que en una especie de extremo silencio interior dejó de funcionar todo. [...]
Me rendí. Dije que era mejor ir al hospital. [...]
... y me subieron a la ambulancia. Así terminó mi vida. Y empecé a morir».
Estrategias iniciales
«Barry [el médico] habló de tranquilizantes y asesoramiento para lidiar con el shock, la desesperación y la consabida pena. “Estoy perfectamente. Oye, es la muerte, nada más. No es lo mismo que perder el pelo o todo el dinero. No tengo que soportarlo en vida.” Quería hacerlos reír. Quería que me admirasen, cierto, pero también quería que Ellen dejara de temblar [...] Supongo que había decidido intentar que no me humillaran y eso implicaba que no me compadecieran aquellas dos personas, las únicas que en las semanas siguientes vería con regularidad».
Última página del libro
«No puedo cambiar el pasado, y no creo que lo hiciera. No espero ser comprendido. Me gusta lo que he escrito, los cuentos y las dos novelas. Si me ofrecieran verme libre de mi enfermedad a cambio de mi obra, no lo aceptaría.
Es posible que uno se haya cansado del mundo –que esté cansado de los que cagan plegarias, de los que cagan poemas, cuyos rituales distraen y son simpáticos y agradables pero peor que irritantes porque carecen de realidad—y siga queriendo mucho la realidad. Uno quiere vislumbres de lo real. Dios es una inmensidad; mientras que esta enfermedad, esta muerte que está en mí, este pequeño hecho, bien concreto, pedestre, es meramente real, sin milagros ni adoctrinamientos. Estoy en una balsa desamarrada, un punto que se mueve en la blanda, fluida superficie de un río. Por todos mis pensamientos, en ondas cada vez más amplias, se extiende lo desconocido, el tenso equilibrio, los miedos y la precariedad. ¿Paz? Nunca la hubo en el mundo. Pero en viaje por las dóciles aguas, bajo el cielo, sin amarras, yo oigo ahora mi risa, primero nerviosa, luego de auténtico asombro. Me rodea por entero».
Y Harold Brodkey ya no volvió a escribir una sola palabra más que pudiera leer Susan Sontag, o nosotros.
sábado, 21 de julio de 2007
¡Hasta pronto! ¿Quién se acuerda de Harold Brodkey?
Sin trampa ni cartón pongo aquí las notas del 15, 16 y 17 de mayo de 1999 (el 17 fue lunes, pero sin duda hice fiesta) tal como las encuentro. Con seguridad estaba solo, porque únicamente tomo esas notas cuando me quedo solo y tengo mi ritmo. Además de lo dicho, esas tres entradas me sirven para presentar a uno de mis escritores amados. Anagrama publicó cinco libros de él, que leí en su tiempo, alguno dos veces, con fervor. Creo que deseaba parecerme a él. Si me preguntaran qué 3 escritores me han influido más, el nombre de Brodkey tendría que estar entre ellos.
Notas del 15, 16 y 17 de mayo de 1999
(15) Amistad profana
Harold Brodkey, Anagrama
Escribe como si compusiera una sinfonía, describiendo estados de ánimo, entrelazados con algunos hechos, que va repitiendo incansablemente, con ligeras variaciones (adiciones y sustracciones) cada vez: son los temas; o el Tema: el amor, con la red de relaciones personales de dominación y sumisión que crea.
Pocas veces narra “hechos”... a veces, algún fragmento de una conversación.
Pero cuando has leído 40 páginas, sientes que nunca has estado ante personajes tan reales (de cuya biografía apenas sabes nada) y que nunca has estado tan cerca de nadie como de ellos.
(16)
He seguido leyendo páginas de Amistad profana, intensamente, párrafo a párrafo. Después, me he puesto Grants en una copa grande, he puesto la 1ª de Mahler (Abado) y, fumando, veo entrar las nubes por el balcón de la izquierda, cruzarlo, desaparecer y volver a aparecer minutos después por el de la derecha (más al Este). Se acerca la puesta de sol, que ilumina las nubes desde atrás. Espero la aparición de una nube por el balcón de la derecha, mientras escribo esto.
La tarde no ha terminado, pero sé que lo hará y mi sentimiento dominante es el de la nostalgia por esta tarde que se pierde para siempre en el pasado.
Ya ha entrado la nube, alargada, pizarrosa por arriba, radiante donde está iluminada.
(17)
Terminé Amistad profana, pero no termino de leer a Brodkey. Eso no se termina. Se espera una nueva lectura. No solo porque es HB. Es que en él habla un viejo inteligente y, consciente cada vez más del tiempo que se me acaba, los personajes crepusculares me emocionan.
A veces veo en ti como si fueras agua inmóvil. Otras, mueves un pecho y suben todos los posos, lo que ha ido quedando de la vida, a enturbiar lo que sé. Fragmentos de sabiduría, de miedo, ¿de malicia?
Vosotras tenéis tiempo.
Yo, conciencia de él.
Trato de guardarlo para mí en vuestros corazones;
pero lo veo escaparse en las miradas,
sin agilidad ya, en las manos, para recogerlo.
La última parte del día 17 me resulta tan críptica como a cualquiera que la haya leído. Pero la nostalgia de la tarde que se convertirá en pasado, incluso cuando está sucediendo y es presente, la reconozco como mía. Procurando no romper aunque exaspere o me exasperen, me voy unos días.
Sobre Brodkey, he encontrado en la revista cultural Radar de un periódico argentino este párrafo:
«¿Qué quedó de Harold Brodkey? A diez años de su muerte, la pregunta resuena contra un muro de silencio. En Estados Unidos, donde supo ser una rutilante promesa y una celebridad literaria de primera línea, sus libros están agotados y son inconseguibles, y poco y nada se discute sobre una obra que levantó enormes controversias entre los críticos desde los años ‘60.»
Creo que exasperaba. El olvido es un error.
Pasadlo bien
martes, 17 de julio de 2007
Porque no estás me pongo a cubierto
A veces le hablo bajito, por si está.
Le busco por la calle al caminar.
A veces le echo de menos si tú no estás,
a veces tengo que hacer de tripas corazón.
A veces he de huir, porque no puedo más.
Nena Daconte
¿Por qué no estás?
Cuando estoy solo es porque no estás.
Cruzo la vida y la tarde rodeado
de quienes quiero. Pero tú no estás
y estoy solo.
Hasta que por la noche aprendo
a recordar tu olor y ya estás
y no estoy solo.
Solo cuando no hay nadie no estoy solo,
porque estás.
Mis amigos y amantes se interponen
me interpelan, me hablan.
Los camareros me preguntan lo que quiero.
Ese es el infierno de la soledad
(que vivo con la sonrisa que quiero dar
a quienes quiero).
Tanta soledad en la compañía.
Pero solo, ya estás; y te lo digo:
me quedo aquí acurrucado
escondido de todos hasta que no esté
para estar contigo y no estar solo.
Nunca más solo. Nunca más.
Estás loco, me dices,
me sonríes
y te marchas.
Pero no me dejas solo:
huele a ti la almohada
a ese olor que me dice lo que quieres.
¡Mañana volveré a amarles a todos!,
grito a la sombra que has dejado:
sé que es lo que quieres oír. Y te lo digo
para que vuelvas mañana
otro poquito
te quedes conmigo un rato
y me digas que estoy loco.
martes, 10 de julio de 2007
Entrada del proyecto Necesitamos Un Millón de Poetas [correo para estos temas: n1MdPs@gmail.com].
Hoy estoy generoso: será por las vacaciones que no tengo. El primer regalo, el importante, es que os presento a un genio a punto siempre de perderse, pero salvado en cada minuto por su propio talento. Un genio que pertenece en posición avanzada a ese millón de poetas, aunque que yo sepa (con él nunca se sabe) no tiene libros publicados (sí hay poemas suyos en revistas). Hace tiempo que nos conocemos. Durante cerca de dos años nos enseñábamos escritos (más él a mí) y nos tratábamos de usted. Un día pasamos al tuteo y al abrazo como modo de saludarnos y despedirnos. Presume no de él sino de los demás, sobre todo de ser amigo el poeta mexicano Daniel Saldaña Paris y la amiga del poeta, Cristina, que lo es tanto o más de Pablo; por eso nos toca a otros presumir de él, de Pablo, un agitador cultural de excepción, poeta notable y fundador del grupo Austria. Tuvieron los del grupo tertulia anunciada en Manuela un día al mes y era fácil verlos cualquier día menos el de la convocatoria, que no aparecía ninguno. He estado con ellos en la elaboración del poco encontrable Boletín de Austria: dos máquinas de escribir en una mesa (Manuela), cuartillas amarillas y el carro puesto para tamaño folio, con lo que solo escribía la parte central de cada línea, todos dictando y dos escribiendo sobre las cuartillas lo que buenamente oían.
PLT es un maestro del arte poético postal. Por ejemplo, entre otros muchos mensajes un día recibo una carta (siempre en sobre de avión, cuanto más antiguo mejor) que estaba enviada a “Calle Camarena, sin número, a quien pueda interesar (distrito postal bien puesto)”, pero el remite ponía claramente mi nombre, apellidos y dirección: me llegó la carta a mí, a quien estaba dirigida, tras un recorrido por estafetas postales.
Su mejor obra de arte postal, en mi opinión, es la elección de dos islas próximas a Australia, enfrentadas una a otra como dos riñones, unidas por un transbordador. Ha decidido que será el lugar de retiro de los Austria, para lo que está fundando un museo. Ha convencido al director del transbordador para que participe en un estudio de comunicación europeo, recibiendo con frecuencia objetos que debe clasificar y guardar en un almacén. Esa colección será el futuro Museo Austria, en una de las islas, cuando todos vivamos allí (¡ah!, ¿nos os lo había dicho?, yo también soy Austria y participo como miembro de número en los concursos de poemas pedagógicos). ¿Cómo soluciona PLT la indexación de los elementos del museo? ¡Fácil! Controla las direcciones postales de las dos islas y por cada envío de objeto sale otra carta que cuenta lo enviado y la fecha y va destinado a una dirección inexistente ¡de la isla en la que no está la oficina de correos! Eso es lo que llama “bendición postal de los mensajes”. O sea la carta con la información (y el remite real de PLT o un amigo) sale de Madrid por avión hasta Australia. De allí, en hidroavión, va a la isla donde no está la calle del envío, en el transbordador va a la otra isla, como hay algún problema porque falta algo para la entrega (mal la calle, el número, el destinatario), le ponen “Return to Sender” (sí, como la canción de Elvis Presley), la suben en el transbordador para ir a la otra isla, en el hidroavión, hasta Australia, desde donde un avión la trae a Madrid y por los medios habituales llega a la casa de PLT, que la archiva cuidadosamente: ya hay constancia de otro objeto del futuro Museo.
Pablo LT es como una vanguardia de principios del XX traspasada al XXI con rigor, seriedad y base (y con la risa necesaria para soportar el sorpendente traspaso) . Escribe series de poemas, sobre objetos, naturaleza..., en los que pone la misma emoción que ponemos otros en el análisis del Ser que nos Asola, añadiéndoles un conocimiento brutal de la cultura literaria y la musical (es crítico musical y casi malvive de ello): en todo este tiempo, difícilmente le he hablado de un libro que no conociera. Tras el envoltorio siempre divertido, hay que ser precavidos porque casi siempre hay algo, una explosión controlada detrás de cada acto, cada palabra, además de un corazón tierno cuando te lo enseña (es difícil que eso pase). Me recitó muchos poemas de su serie sobre autómatas, seres mecánicos que había investigado existieron desde la Edad Media. Pero no tengo copia escrita de ninguno, ¡una pena! En el número 7 de Bilboquet (haced clic en ese nombre, que la revista es mi segundo gran regalo de hoy) tiene un ensayo y además Los poemas europeos; no he podido bajarme el pdf, pero se pueden leer pasando el cursor por encima de los mechones de pelo de la ilustración. Sí hay acceso fácil al estupendo ensayo Campo de Marzo del número 6. Os recomiendo deteneros un rato en ese número... bueno, recorred todos los números, algunos de los cuales autocontienen otros: ¡está lleno de sorpresas!
Como tercer regalo, su grupo musical La bande à Bonnot, con su página en "my space" a la que vais haciendo clic en el nombre del grupo, con interesante foto tal como yo le conocí, foto de balcón estupenda y cuatro temas que, con tiempo, merece la pena oír. También hay un vídeo de su última actuación en el que se puede ver con maracas a la casi siempre presente Cristina recién llegada de México DF para la actuación.
Es una pena que, pese a los esfuerzos e instrucciones de Píter, no sepa subir audios que no estén en radioblogs, porque tengo el poema Canción europea recitado por él que es una maravilla (y algún otro). Pero sí tengo poemas escritos, que me han llegado de muchas y complicadas maneras. Como éste, al que le pongo el título que llevaba el mail. Recomiendo con todos sus poemas leerlos en voz alta: Pablo LT no es de este tiempo y se une en él una musicalidad antigua que acaricia y remueve.
egpgb
Te oigo desplegar
volutas de humedades entre las grosellas
oírte con las manos en el pecho
oh clavo que acuna los granos
y las brisas que precedes
y las capitales que laten
¿Para qué es la geografía si no es para tu lentitud?
¿Para qué es el pelaje de los ciervos sino para tu rubor?
Atiende a mi desnudez, conviértela en polvo
Coleópteros, o Cápsulas, Balaustas, Vilanos
Bayas celosas caídas del labio
córtame en los caudales
en los éxodos, mujer dormida
córtame a la forma de tus manchas
viérteme más adentro
¿Para qué es la historia si no es para el dolor?
¿Para qué sino para desaparecer con el musgo?
Y tu pulpa, mujer dormida
pulpa de todos los dientes
pulpa y rocío de sangre
pulpa que acuna las hojas
y el verbo sonrojado de los vidrieros
Desaparecer con el musgo
¿Por donde te nombro si no es en los tilos?
Selección hecha del poemario Historia de Europa
Al oeste van las curas
comprometidos, caminantes, con ropas
las curas de estrecha cornamenta desvían los boquetes en la penetración.
[...]
Han erosionado en minutos
revertido como la cal
han llenado de agua
han ablandado -han deslizado el semblante-
han hecho llorar
al esponjoso desfiladero
han entrado
y ya se suicidan las esquinas de mi hogar.
[...]
Tengo doce hijos que entienden mi amor
quieren cosas
que no acabo de comprender
me abría cerca de uno
que pensaba en explorarme
contra mi voluntad.
Entre el hombre se tendía su animal
y percibí al hijo silencioso como una escafandra
[...]
El presentador de un programa de televisión
se compone de un traje azul pelo negro
y una liquida cara color azul
que amenaza con derramarse.
Muestra un grupo de muñecas desnudas
que se colocan en fila india
una persona está colgada encima de mi puerta
amenaza con bajar.
Una guerra resuelta
“hable con todos esta noche”
ordena una voz
“no se preocupe lo haré”
comenta otra voz
son ecos de guerra
preparen armas
mientras todos se asesinan
yo escucho como me silban los fantasmas
debajo de la cama
sobre la puerta
y en la ventana
reposa pegado un dolor
un sonido de baja definición
que camufla mi infancia
mi infancia
mis barcos
la multitud
las latitudes
todo se hundía
el comando de señores que sin duda eran
tremendamente serios.
[...]
Somos los chicos de la ciudad del valle
nunca sabemos
últimamente pienso que deberíamos andar mas
juntos
como en una comunidad
bajo raros valles
nadie me quiere enseñar inglés
¿y usted?
el inglés es una cosita pequeña
como un pene pequeño...
como un señor gordo
que, a su vez, es poseedor de un pene pequeño...
esta ciudad es fantástica
pero en realidad...
cada uno hace lo que quiere.
Alguien tendría que poner en libro esta Historia de Europa. Entre tanto, leed algunos extractos de poemas botánicos. Es una entrada larga, pero merece la pena.
Pilea, ver lengua de mujer.
Sopladas en vertical abundan como los muertos
Los sótanos casan en el licor
A la brevedad de los escolares
Se propagan por las ramas, bastando enterrarlas unos
Centímetros en su base, aún cuando sean largas.
Su hoja es breve, como una diminuta porción
De lamento. La almohada del embarazo
Equivale al vidrio roto en la posición del rubor
En el refugio peciolado.
[...]
Lino de la lluvia
Lobelia, enjambre de las damas, madre de la familia
Lunaria; hirsutos, luteres y sus híbridos
Creciendo el exceso ornamental,
Conforme tienen cinco hojas.
*
Camina cenital, y satura de sangre los labios
Verde, minuto singular
Camino, cuestión sanguínea, pequeños cantos de 45 a 60 cm
Y una abrumación sepia, al igual que todos sus dientes ínfimos.
[...]
Las aromáticas:
La menta de agua el orégano el sopor
Hebra terrestre, la familia de las lunas lentibularias
Peces espada, peces barba en pleno furor
Lentiburaceas
Plantas sin raíz, flor, se sube para confundir la tierra con el barro
Posee una mancha blanca en el cuello
Y el labio inferior está hendido en tres lóbulos...
Glándulas minutas
Atemporalizando la Luna, la roseta de sus lunares
Botón sin raíces ardiente bajo el suelo
Durmiendo por todos nosotros
*
Estambres largos con antenas rojas
Flor de color malva a cuatro pétalos
Cáliz rosa de manteras
En disposición floral
A sabiendas del hongo bastardo
Y a las carvas
Son las mejillas redondas y el fruto:
“Cuatro núculas rusas” apenas un fruto
Apenas un fruto, este PLT, ¡y lo que sabe ya! (y a lo que sabe).
lunes, 2 de julio de 2007
Tiene mucho que ver la voluntad contra los vértices
No es elegante la muerte a deshora
No me dejo engañar por la elegancia
de esas piernas fuertes, de quien sean,
inanes en la pista de tenis.
Que salten ¡ya! la red
para romper la raqueta en la cabeza
de quien les ganó la partida.
Que sean deseadas, besadas.
Que se traguen hombres o mujeres,
según sus preferencias. Que ayuden
a tener hijos. Si quieren.
Que den patadas a la vida desatenta.
Que amen alboroten huyan
de la rutina. Que soporten el trabajo
por quienes quieren.
Que luchen por un suelo mejor.
Que bailen y den pisotones
en los transportes públicos.
Que tomen el sol sobre una silla
de una terraza de una playa;
junto a los cuadernos y los libros.
Pero que no se queden nunca inmóviles
a la espera del desencanto
por propia iniciativa.
Los jóvenes nunca hacen hermosos cadáveres
por mucho que lo digan las revistas
falsas de falso cine y falso rock.
Lo sé, porque te amé toda una noche
en una playa de Valencia, con frío,
con miedo a la Guardia Civil,
para luego verte en sueños
abriendo el gas de la cocina
el día que se publicó tu primer libro
de poemas. ¿Estaría el que me escribiste
antes de que te traicionara?
He sudado soñando tu cara de terror
al lanzarte de la azotea
sabiendo, tarde, que te habías equivocado.
Te he sostenido la mano en los meses
que te deshacías lentamente por el sida
buscado.
Iba en el coche que no quisiste girar
al acabarse la recta.
Demasiadas pesadillas por la muerte temprana.
Pincha el antebrazo para ver cómo corre
hermosa y fuerte la sangre.
Tiene mucho que ver la voluntad
contra los vértices.
Seas quien seas, ya hablaremos
de estas cosas, cuando la vida
ya no aguarde. Cuando solo el recuerdo
te caliente.
Ya hablaremos entonces.
Si hace falta.
