[Esta entrada quedaría incompleta si no leyerais los comentarios a los que nada puedo añadir. Os dejo con las palabras de:
Txell Sales - Reyes - Isabel - ese - Mega – Isra – Dr. Gizmo - BB – María a rayas – Bárbara – Flavia Company - Magapola – El aviador capotado]
Puedo hacer esta entrada gracias a la información que el 16 de diciembre de 2008 publicó Juan Miguel Muñoz en el diario El País. Le voy a fusilar su fundamentado artículo directamente.
Sionistas malotes
“Las encuestas van viento en popa. El país, Israel -uno de los pocos que acogieron con recelo la victoria de Barack Obama en EE UU-, está escorado a la derecha. Sus principales rivales se hunden o carecen de liderazgo. Todo parece estar a punto de caramelo para que el partido conservador Likud arrase en las elecciones legislativas del 10 de febrero. Pero a la fuerza que ha gobernado durante 20 de los últimos 31 años le ha salido un quiste: las primarias del Likud han arrojado unos resultados inesperados para su presidente, Benjamin Netanyahu, en las que varios candidatos se alinean con posiciones que lindan con el fascismo”.
¿Y quiénes son esos candidatos que han subido como el petróleo en nuestro moderado Likud? Por ejemplo, “Moshe Feiglin, un dirigente al que muchos califican sin tapujos de "fascista". Hace más de una década, en entrevistas en los medios hebreos, se declaró admirador de Hitler. A su juicio, el líder nazi era un "genio militar incomparable" que "dotó a Alemania de orden público y de un régimen ejemplar con un sistema judicial apropiado". Añadía Feiglin que el sionismo es "racista" y que los palestinos son "inferiores" porque fracasaron a la hora de lograr su Estado a lo largo de la historia”.
¿Y está solo este sionista admirador de Hitler que puede pesar mucho en el futuro gobierno israelí? No señor, “Entre sus partidarios se encuentra Ehud Yatom, un ex agente de las fuerzas de seguridad que aplastó con piedras las cabezas de dos terroristas palestinos que habían sido detenidos. Se declaró orgulloso de ello tras recibir el perdón presidencial”.
Sionistas buen rollo
Entre ellos la candidata de Kadima, Tzipi Livni, esa chica tan guapa de limpia mirada a la que sin dudar, si alegara necesidad, le prestarías las llaves de tu coche en la barra de un bar. Aquí no hay hitlerianos ni aplastadores de cabezas con piedras. Simplemente han mantenido el incumplimiento del mandato de la ONU de 1967 de devolverles a los palestinos las tierras robadas con una guerra (con Sadam Hussein había mucha prisa ante ese intolerable comportamiento; con el estado sionista, parece que la cosa de hacer cumplir los mandatos de la ONU va algo más lenta). Han mantenido el derribo de casas, el robo de tierras, la humillación constante en la vida diaria; han convertido Gaza en una tierra en la que es imposible trabajar, han llevado el hambre grave al 40% de la población infantil (imagino que en los mayores la cosa sea peor); han matado a más niños que víctimas sionistas de todas las edades en todos estos años.
¿Y por qué? Porque como era de esperar en esas condiciones, la población palestina vive del odio extremo y ha votado a Hamás, de-mo-crá-ti-ca-men-te. No olvidemos que Netanyahu mantuvo a Arafat, presidente electo y laico, encerrado durante años en su residencia presidencial, sin que se le pudiera acusar de nada de lo que se acusa a Hamás para justificar lo injustificable. ¿Cómo puede un pueblo soportar tanto? Y ahora envían cohetes contra “su” propio territorio, contra el territorio que les han robado y ocupado, con una mínima eficacia: un herido leve por 2.000 cohetes. Y claro, los ocupadores están intranquilos en el territorio que han robado.
Me dejo páginas y páginas por escribir. Los buenos acaban de asesinar, de momento, a 300 personas, la mayoría civiles. Y la cuenta de heridos se eleva a 900 (en un país hundido y sin recursos, no me gustaría ser uno de esos heridos).
Así que si eres palestino o una persona de buen corazón, aunque los integristas de Hamás te molesten tanto como los integristas sionistas del Gran Israel, la pregunta es: ¿A quién quieres más, a papá o a mamá?
domingo, 28 de diciembre de 2008
viernes, 26 de diciembre de 2008
Magia
Nada por aquí nada por allá
¡Alehop!
Un corazón estremecido en tu presencia
¡Alehop!
Soy un mago, un gitano malabar
hago acrobacias con tus sentimientos
para que caigas siempre en mi mirada.
Solo mirarnos, una caricia insinuada,
es un aplauso estruendoso en las entrañas.
que cambia un así fue por no fue nada.
¡Alehop!
Maga inexperta, quieres
cambiar de mí la razón
torpe, el desatino, el mortal salto
a tu centro, peligroso.
¡Alehop!
Me quieres director del circo
hábil contable, serio y grave.
Un corazón por aquí
Un corazón por allá
¡Alehop!
No hay nada, ya me he ido.
¡Alehop!
Un corazón estremecido en tu presencia
¡Alehop!
Soy un mago, un gitano malabar
hago acrobacias con tus sentimientos
para que caigas siempre en mi mirada.
Solo mirarnos, una caricia insinuada,
es un aplauso estruendoso en las entrañas.
que cambia un así fue por no fue nada.
¡Alehop!
Maga inexperta, quieres
cambiar de mí la razón
torpe, el desatino, el mortal salto
a tu centro, peligroso.
¡Alehop!
Me quieres director del circo
hábil contable, serio y grave.
Un corazón por aquí
Un corazón por allá
¡Alehop!
No hay nada, ya me he ido.
viernes, 19 de diciembre de 2008
Historia robada
El ejercicio del taller del miércoles consistía en coger de una bolsa trocitos recortados de periódicos y escribir una historia (había otra condición que no viene al caso). En el mío, de una sola frase, se citaba al capitán Dronne, del que no sabía nada. Al enterarme de quiénes liberaron París y cómo esa historia fue “borrada”, me pareció que contarla era lo más importante, así que prácticamente me cargué el relato, desequilibrándolo, porque me pareció que ayudar a transmitir estas historias es mucho más importante. Todo había sido borrado, minuciosamente, psicóticamente, los papeles, las personas, la sangre, los huesos. No solo están las decenas de miles de muertos desconocidos en fosas y cunetas. También, y sobre todo, están las pequeñas historias de gentes generosas que deseaban cambiar este país, que acabara el hambre y hubiera igualdad y cultura, que los señoritos no pudieran seguir haciendo con los trabajadores-siervos lo que sale, por ejemplo, en Los santos inocentes.
Aunque he leído bastante sobre el tema en Internet, los datos están sacados prácticamente del blog Európolis de Juan Antonio Quiñonero, http://jpquino.wordpress.com/., porque el orden en que los contaba facilitaba su transmisión.
El relato está dedicado a Cristina Álvarez, una compañera de trabajo y amiga. Hace dos veranos habíamos ido juntos a ver un ballet basado en la historia de las 13 rosas. Al volver al centro en un taxi, me contó la historia de su abuelo Ángel Álvarez. Cuando al hijo, y padre de Cristina, le faltaban dos meses por nacer, los fascistas tomaron el pueblo. Seis camaradas estaban ocultos en una casa y alguien tenía que salir de allí inmediatamente y ser visto: ese Ángel, y otro del mismo nombre del que no recuerdo el apellido, lo intentaron; pero una vecina vio por dónde se fueron y los denunció demasiado pronto. Los acorralaron en un valle cercano. Ángel Álvarez, de 22 años como el otro, solamente pensó que la muerte le llegaba y no quería dar a conocer los datos que llevaran al apresamiento de sus camaradas. Quitó la anilla de una granada y murió en el acto. No se suicidó: adelantó su muerte unas horas (que iban a ser horribles) y salvó a sus compañeros. El otro aguantó las torturas y allí mismo le mataron. Abrieron una fosa y los enterraron. En los bosques y montes siempre hay alguien que lo ve todo y lo contó en murmullos a quien tenía que contarlo, dejando que el silencio cubriera oficialmente el resto. Con el tiempo, el pueblo que supuestamente no sabía nada se refería a ese valle como el Valle de los Ángeles. Le dije a Cristina que si no se hablaba de ello, dentro de 50 años los curas dirían que se llamaba así porque unos ángeles se habían aparecido a unos pastores para pedirles que rezaran el rosario. Le prometí que haría un poema y que un 30 de noviembre, fecha del suceso, iría a ese valle, con un megáfono, a leerlo. Aún no he cumplido la promesa, pero esto me vale para un aplazamiento.
Este es el ejercicio del taller:
(1)
Desde el sueño de la siesta, denso, histórico, raro y pesado, caí directamente en una mesa de La Buena sintiéndome superficial, atemporal, común y pesado. Solo en el bar salvo por Marisa, que hacía cuentas y anotaciones en la barra, bebía a sorbitos de mi vaso y deseaba no tener cuentas pendientes. Pero no podía, porque la pena tizna cuando estalla, que escribió Hernández.
Por el ventanal vi pasar, como un reflejo veloz, a una chica rubia que llevaba en el pelo una estrella roja de cinco puntas. Entró en el bar y me fijé en que no llevaba la estrella, pero sí una sonrisa de esas de "estás perdonado", que tanto tranquilizan. Pidió una cerveza y se sentó en mi mesa.
—¿Cómo estás? —me preguntó, porque ella no se da por vencida ni viendo lo evidente.
—Mal.
—¿Por qué?
—Por tu culpa, porque antesdeayer me hablaste del capitán Dronne* y he tenido una pesadilla sobre la Guerra Civil.
—¡Ah, el de la Nueve!
—La Nueve de la Segunda División Blindada, sí.
—Con Leclerc.
—Eso es —le dije, pensando no entiende, esta chica no entiende la derrota. Sonríe y se lanza.
—Entrando a liberar París contra las órdenes de los americanos.
—Eso es. El bueno del capitán Dronne al frente de una columna motorizada de españoles. Que se llamaba La Nueve porque las órdenes se daban y recibían en español.
—Broncos y valientes.
—Y heridos por dentro y por fuera, lanzados muchas veces fuera de la Historia.
—Pero volvían siempre al centro, ¿eh? —dijo Aroa antes de sonreír, como si el futuro estuviera siempre por delante, en lugar de haberse quedado oculto en las buhardillas sin calefacción. Me dieron ganas de no volver a abrir la boca en toda la tarde, hasta que pasara David a recogerla y pudiéramos lloriquear los dos.
(2)
Dos días antes me había enseñado una bolsita con recortes de periódico y me había dicho que cogiera uno, como si fuera una rifa. Que era un experimento colectivo. Tramposo, cogí al tacto el más pequeño y leí lo que ponía: "Al dormirse en el París recién liberado, el capitán Dronne oyó cantar ¡Ay Carmela!". De haber sido una galleta de la fortuna, me habría costado bastante interpretarlo. Por suerte, lo consideré una tontería, me lo guardé en un bolsillo y dejé que ella me contara una teoría de un trabajo en equipo a la que no presté atención, dedicado como estaba a comerme todas las patatas con alioli que nos habían puesto para los dos. Cuando llegó David, pedimos más cervezas y hablamos del partido del sábado, de la Navidad/Novidad, de las posibilidades de una poesía matemática, ya que según él hay una matemática poética, de si esas patatas con alioli eran las mejores del barrio... Después empezó a hablar de la ciencia ficción y le dejamos hablando solo mientras Aroa y yo comíamos las cortezas que nos pusieron con la cuarta ronda de cervezas. Más tarde, se miraron haciendo ojitos y me marché, inventándome por la calle una historia negra en la que el capitán Dronne, perteneciente a unos servicios secretos anticomunistas zarpó hacia Latinoamérica el 22 de julio de 1936 en el barco Magallanes, requisado por los golpistas en La Coruña, con militares del SIM y empresarios afines que tenían la misión de conseguir armas. Allí salvó la vida al teniente Farias, que despertó de la siesta en cubierta gritando que a la bandera le faltaba el morado. Tal como sucedieron las cosas, que me tenía que inventar, el teniente Farias no se lo perdonó nunca: “No dejar que un hombre muera cuando corresponde es una ofensa”, cuentan que dijo antes de pasarse a los republicanos. En realidad, fue la vida entre el 36 y el 44 la que hubiera preferido no haber vivido. Así que el capitán Dronne presintió que con aquellos españoles que tomaban París venía uno con una pistola cargada contra él. Sintió que, a diferencia de lo que creyó entones el teniente Farias, su hora no había llegado.. Cargó su pistola y se durmió sonriendo, disfrutando de la persecución final que iba a producirse en los días siguientes en París, totalmente al margen de los sucesos bélicos.
Hasta ahí llegué en mi paseo de regreso a casa, absurdamente circunvalatorio. Internet acabó con la historia, porque el capitán Dronne era un personaje histórico muy conocido: el que entró en París al mando de la compañía operativa especial llamada La Nueve en honor de los que la componían, todos españoles. Por orden de Leclerc, desobedecieron a Eisenhower, quien temía la resistencia de los nazis. El primer blindado aliado que llegó a París fue el “Guadalajara”, pilotado íntegramente por libertarios extremeños. Tras él, “Brunete”, “Ebro”, “Santander”, “Belchite”, “Jarama”, “Teruel”, “Guernica”, “Madrid”, “España cañí”, “Don Quijote”. Solo un “Sherman” con tripulación francesa participó en el avance final. Llegaron hasta la alcaldía de París, el corazón histórico de todas las insurrecciones populares de la capital. Anunciaron que París sería liberado totalmente al día siguiente
A su llegada oficial a París, Leclerc y De Gaulle rindieron un homenaje marcial a los españoles de la Nueve, concediéndoles el honor excepcional de desfilar, los primeros, al frente de sus blindados, enarbolando las banderas republicanas, desde el Arco del Triunfo hasta la plaza de la Concordia, a lo largo del legendario trayecto de los Campos Elíseos.
(3)
Después… Siempre hay un después peor cuando se viene de lo malo, siguieron hacia Estrasburgo, sobreviviendo apenas veinte de la compañía de 148 españoles que había desembarcado en Normandía. Los supervivientes rechazaron los honores y seguir en el ejército. Pero ya solamente les apoyaban y alababan Leclerc y el capitán Dronne. De Gaulle y los suyos cambiaron la historia y los nombres de los blindados y tripulaciones que tomaron París, sin que quedara resto que identificara a los hombres de la nueve. El grupo había estado formado por anarcosindicalistas de la CNT, anarquistas de la FAI, trostkistas del POUM, catalanistas independientes, socialistas de la UGT, antiguos miembros de la Columna Durruti. No podían ir a España, a la Rusia estalinista, ni quedarse en la Europa controlada por los estadounidenses. Borrados de la Historia quedaron Manuel Huet, Alfredo Piñeiro, Paco Izquierdo, Joaquín Blesa, Liberto Ros y Mariño, los catalanes Bullosa, Clarasó y Elías, el valenciano Dominguez, el canario Campos, el melillense Barón Carreño, los madrileño Buitragos y Federico Moreno, el zaragozano Martín Bernal, el andaluz Monto, y “Bamba”, un antiguo alumno del instituto-escuela de la Institución Libre de Enseñanza.
La historia del relato se había hecho verdaderamente negra como el olvido intencionado, el que borra los caminos que conectan con. Recordar, en lugar de imaginar, es algo que tiene marcado su tiempo, si llega la suerte que saca del olvido.
(4)
—¿Me decías que habías tenido una pesadilla? —me preguntó trayendo a la mesa otra cerveza y un whisky para mí.
—La pesadilla estaba ahí abajo, solamente la he recordado. ¿Y tu experimento?
—Creo que funciona, je, jé. A ver dónde nos lleva.
Aunque he leído bastante sobre el tema en Internet, los datos están sacados prácticamente del blog Európolis de Juan Antonio Quiñonero, http://jpquino.wordpress.com/., porque el orden en que los contaba facilitaba su transmisión.
El relato está dedicado a Cristina Álvarez, una compañera de trabajo y amiga. Hace dos veranos habíamos ido juntos a ver un ballet basado en la historia de las 13 rosas. Al volver al centro en un taxi, me contó la historia de su abuelo Ángel Álvarez. Cuando al hijo, y padre de Cristina, le faltaban dos meses por nacer, los fascistas tomaron el pueblo. Seis camaradas estaban ocultos en una casa y alguien tenía que salir de allí inmediatamente y ser visto: ese Ángel, y otro del mismo nombre del que no recuerdo el apellido, lo intentaron; pero una vecina vio por dónde se fueron y los denunció demasiado pronto. Los acorralaron en un valle cercano. Ángel Álvarez, de 22 años como el otro, solamente pensó que la muerte le llegaba y no quería dar a conocer los datos que llevaran al apresamiento de sus camaradas. Quitó la anilla de una granada y murió en el acto. No se suicidó: adelantó su muerte unas horas (que iban a ser horribles) y salvó a sus compañeros. El otro aguantó las torturas y allí mismo le mataron. Abrieron una fosa y los enterraron. En los bosques y montes siempre hay alguien que lo ve todo y lo contó en murmullos a quien tenía que contarlo, dejando que el silencio cubriera oficialmente el resto. Con el tiempo, el pueblo que supuestamente no sabía nada se refería a ese valle como el Valle de los Ángeles. Le dije a Cristina que si no se hablaba de ello, dentro de 50 años los curas dirían que se llamaba así porque unos ángeles se habían aparecido a unos pastores para pedirles que rezaran el rosario. Le prometí que haría un poema y que un 30 de noviembre, fecha del suceso, iría a ese valle, con un megáfono, a leerlo. Aún no he cumplido la promesa, pero esto me vale para un aplazamiento.
Este es el ejercicio del taller:
Estrella Roja
A Cristina Álvarez
(1)
Desde el sueño de la siesta, denso, histórico, raro y pesado, caí directamente en una mesa de La Buena sintiéndome superficial, atemporal, común y pesado. Solo en el bar salvo por Marisa, que hacía cuentas y anotaciones en la barra, bebía a sorbitos de mi vaso y deseaba no tener cuentas pendientes. Pero no podía, porque la pena tizna cuando estalla, que escribió Hernández.
Por el ventanal vi pasar, como un reflejo veloz, a una chica rubia que llevaba en el pelo una estrella roja de cinco puntas. Entró en el bar y me fijé en que no llevaba la estrella, pero sí una sonrisa de esas de "estás perdonado", que tanto tranquilizan. Pidió una cerveza y se sentó en mi mesa.
—¿Cómo estás? —me preguntó, porque ella no se da por vencida ni viendo lo evidente.
—Mal.
—¿Por qué?
—Por tu culpa, porque antesdeayer me hablaste del capitán Dronne* y he tenido una pesadilla sobre la Guerra Civil.
—¡Ah, el de la Nueve!
—La Nueve de la Segunda División Blindada, sí.
—Con Leclerc.
—Eso es —le dije, pensando no entiende, esta chica no entiende la derrota. Sonríe y se lanza.
—Entrando a liberar París contra las órdenes de los americanos.
—Eso es. El bueno del capitán Dronne al frente de una columna motorizada de españoles. Que se llamaba La Nueve porque las órdenes se daban y recibían en español.
—Broncos y valientes.
—Y heridos por dentro y por fuera, lanzados muchas veces fuera de la Historia.
—Pero volvían siempre al centro, ¿eh? —dijo Aroa antes de sonreír, como si el futuro estuviera siempre por delante, en lugar de haberse quedado oculto en las buhardillas sin calefacción. Me dieron ganas de no volver a abrir la boca en toda la tarde, hasta que pasara David a recogerla y pudiéramos lloriquear los dos.
(2)
Dos días antes me había enseñado una bolsita con recortes de periódico y me había dicho que cogiera uno, como si fuera una rifa. Que era un experimento colectivo. Tramposo, cogí al tacto el más pequeño y leí lo que ponía: "Al dormirse en el París recién liberado, el capitán Dronne oyó cantar ¡Ay Carmela!". De haber sido una galleta de la fortuna, me habría costado bastante interpretarlo. Por suerte, lo consideré una tontería, me lo guardé en un bolsillo y dejé que ella me contara una teoría de un trabajo en equipo a la que no presté atención, dedicado como estaba a comerme todas las patatas con alioli que nos habían puesto para los dos. Cuando llegó David, pedimos más cervezas y hablamos del partido del sábado, de la Navidad/Novidad, de las posibilidades de una poesía matemática, ya que según él hay una matemática poética, de si esas patatas con alioli eran las mejores del barrio... Después empezó a hablar de la ciencia ficción y le dejamos hablando solo mientras Aroa y yo comíamos las cortezas que nos pusieron con la cuarta ronda de cervezas. Más tarde, se miraron haciendo ojitos y me marché, inventándome por la calle una historia negra en la que el capitán Dronne, perteneciente a unos servicios secretos anticomunistas zarpó hacia Latinoamérica el 22 de julio de 1936 en el barco Magallanes, requisado por los golpistas en La Coruña, con militares del SIM y empresarios afines que tenían la misión de conseguir armas. Allí salvó la vida al teniente Farias, que despertó de la siesta en cubierta gritando que a la bandera le faltaba el morado. Tal como sucedieron las cosas, que me tenía que inventar, el teniente Farias no se lo perdonó nunca: “No dejar que un hombre muera cuando corresponde es una ofensa”, cuentan que dijo antes de pasarse a los republicanos. En realidad, fue la vida entre el 36 y el 44 la que hubiera preferido no haber vivido. Así que el capitán Dronne presintió que con aquellos españoles que tomaban París venía uno con una pistola cargada contra él. Sintió que, a diferencia de lo que creyó entones el teniente Farias, su hora no había llegado.. Cargó su pistola y se durmió sonriendo, disfrutando de la persecución final que iba a producirse en los días siguientes en París, totalmente al margen de los sucesos bélicos.
Hasta ahí llegué en mi paseo de regreso a casa, absurdamente circunvalatorio. Internet acabó con la historia, porque el capitán Dronne era un personaje histórico muy conocido: el que entró en París al mando de la compañía operativa especial llamada La Nueve en honor de los que la componían, todos españoles. Por orden de Leclerc, desobedecieron a Eisenhower, quien temía la resistencia de los nazis. El primer blindado aliado que llegó a París fue el “Guadalajara”, pilotado íntegramente por libertarios extremeños. Tras él, “Brunete”, “Ebro”, “Santander”, “Belchite”, “Jarama”, “Teruel”, “Guernica”, “Madrid”, “España cañí”, “Don Quijote”. Solo un “Sherman” con tripulación francesa participó en el avance final. Llegaron hasta la alcaldía de París, el corazón histórico de todas las insurrecciones populares de la capital. Anunciaron que París sería liberado totalmente al día siguiente
A su llegada oficial a París, Leclerc y De Gaulle rindieron un homenaje marcial a los españoles de la Nueve, concediéndoles el honor excepcional de desfilar, los primeros, al frente de sus blindados, enarbolando las banderas republicanas, desde el Arco del Triunfo hasta la plaza de la Concordia, a lo largo del legendario trayecto de los Campos Elíseos.
(3)
Después… Siempre hay un después peor cuando se viene de lo malo, siguieron hacia Estrasburgo, sobreviviendo apenas veinte de la compañía de 148 españoles que había desembarcado en Normandía. Los supervivientes rechazaron los honores y seguir en el ejército. Pero ya solamente les apoyaban y alababan Leclerc y el capitán Dronne. De Gaulle y los suyos cambiaron la historia y los nombres de los blindados y tripulaciones que tomaron París, sin que quedara resto que identificara a los hombres de la nueve. El grupo había estado formado por anarcosindicalistas de la CNT, anarquistas de la FAI, trostkistas del POUM, catalanistas independientes, socialistas de la UGT, antiguos miembros de la Columna Durruti. No podían ir a España, a la Rusia estalinista, ni quedarse en la Europa controlada por los estadounidenses. Borrados de la Historia quedaron Manuel Huet, Alfredo Piñeiro, Paco Izquierdo, Joaquín Blesa, Liberto Ros y Mariño, los catalanes Bullosa, Clarasó y Elías, el valenciano Dominguez, el canario Campos, el melillense Barón Carreño, los madrileño Buitragos y Federico Moreno, el zaragozano Martín Bernal, el andaluz Monto, y “Bamba”, un antiguo alumno del instituto-escuela de la Institución Libre de Enseñanza.
La historia del relato se había hecho verdaderamente negra como el olvido intencionado, el que borra los caminos que conectan con. Recordar, en lugar de imaginar, es algo que tiene marcado su tiempo, si llega la suerte que saca del olvido.
(4)
—¿Me decías que habías tenido una pesadilla? —me preguntó trayendo a la mesa otra cerveza y un whisky para mí.
—La pesadilla estaba ahí abajo, solamente la he recordado. ¿Y tu experimento?
—Creo que funciona, je, jé. A ver dónde nos lleva.
sábado, 13 de diciembre de 2008
Domingos de Librélula (Isabel Zarazúa) en Madrid
Pues mirad vosotros que Isabel, o sea Librélula, todos los domingos hasta Reyes, o sea los días 7, 14, 21, 28 DE DICIEMBRE Y 4 DE ENERO, estará de de 11 a 17 horas, con más gente que hace cosas chulas, en el ANTICAFÉC/UNION 2 METRO: OPERA
Para enteraros de lo que hace, bastaría que fuerais AQUÍ Un año más Librélula presenta su edición limitada de 200 Agendas 2009 con la encuadernación única y exclusiva de cada ejemplar.
Puedes combinar a tu gusto el color de la tela y del papel pintado a mano y mandar un e-mail con tu selección a pindalian@gmail.com.
El precio de la agenda sin gastos de envío es de 15€.
Si quieres consultar el diseño gráfico de la agenda pídelo por e-mail y te lo enviamos en pdf.
Las características de la agenda son:
INTERIOR
Formato 12 x 15 cm
Agenda bilingüe castellano – portugués
Calendario anual 2009 -2008-2010
Cronogramas mensuales
Mapa de días festivos
Calendario lunar del año
Páginas en blanco para notas
Agenda telefónica
Espacio para guardar tarjetas
EXTERIOR
Encuadernación manual en tela con la posibilidad de escoger entre 15 colores
Interior de la encuadernación con guardas en papel pintado a mano
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El precio de la agenda sin gastos de envío es de 15€.
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INTERIOR
Formato 12 x 15 cm
Agenda bilingüe castellano – portugués
Calendario anual 2009 -2008-2010
Cronogramas mensuales
Mapa de días festivos
Calendario lunar del año
Páginas en blanco para notas
Agenda telefónica
Espacio para guardar tarjetas
EXTERIOR
Encuadernación manual en tela con la posibilidad de escoger entre 15 colores
Interior de la encuadernación con guardas en papel pintado a mano
lunes, 8 de diciembre de 2008
Lara Moreno da un paso de giganta

Soy idiota
Coger un tren a las 7:40 en Atocha es algo que por fuerza haces destemplado, dispuesto a cometer errores. Empezar el libro de Lara con furia y haber leído más de la mitad a las dos horas era un error. Un estilo así no se lo merece (me imaginé a Lara cantándome un tema de Kiko Veneno pero cambiando una palabra: “Tú me estás leyendo a mí / m’estás leyendo a mí,/ un 20% menos / no me lo niegues”). Así que me fui a la cafetería y pedí uno de esos bocadillos que te lo ponen calientes y cortados por la mitad, y piensas “esto no me lo como ni loco”, pero pides una botellita de Rioja y vaya si te lo comes. Ya templado y dueño de lo que hacía, recordé a Lara en la Cueva leyendo sus relatos, despaciosamente, a medias masticando a medias suspirando las palabras, frase a frase.
Dediqué el resto de viaje de ida y el de vuelta a leerlo como ella lo lee, desatándose entonces la emoción de la buena literatura. En beneficio de los que pasan por tu blog pero no te han oído leer, Lara, ¿no sería posible que pusieras un vídeo en el que te oigan leer tus relatos como lo haces? Uno chiquitín, como Primer día sin reloj.
Lara Moreno no lo es (idiota)
Hay una voz. Entera y verdadera. Las influencias se combinaron como en una de las grandes partidas de ajedrez, añadió lo sacado de sí misma, metió su vida entera (que es como decir la vida de todos los que de alguna manera la rozan) y salió un estilo propio y un tema necesario. Y esa voz no tiene parecido: es una estructura nueva. Puede gustar o no (eso es otra cosa). Pero ahí está, haciendo creíble lo inverosímil. Después notas que lo inverosímil son gente de carne y hueso que corren muchos riesgos con su vida fuera del círculo. Gentes que suelen acabar el día muy de noche, pero también cruzan, indecisos, la luz del día. Gente de verdad. Una generación real (una parte pequeña de esa generación que los engloba a todos, los que nos cuenta Lara y los que no, por la edad). Y están ahí, contados magníficamente por Lara. No es un ejercicio de estilo inútil. Es un esfuerzo para que gente tan ajena, como yo, que apenas puedo acercarme a ellos, diga ¡eso es, así son, entiendo!
Dice Pablo Gutiérrez en una buena contracubierta: «Los personajes de Cuatro veces fuego tienen la firme idea de ordenar sus vidas, y la vida tiene la firme idea de impedirlo». Muy bien dicho, Pablo, porque es así. Eso me permite dar un salto a las gentes que me rodearon a mí, con la única diferencia de que entonces era eso más la lucha política, que ya no existe. Esa gente vive realmente, la conocí en mi tiempo y doy fe, aunque parezca que no existen, y Lara Moreno los ha succionado y nos lo devuelve con una escritura en la que los planos se entrelazan tan delicadamente que lo único que piden para que se produzca el milagro del placer y el conocimiento es que se lea despacio, frase a frase: porque habla de la vida que sucede (y duele) sin más descripción e historia que las absolutamente necesarias.
De entre los cuatros grupos de cinco relatos cada uno, confieso la emoción casi lacrimosa de ese relato de perseguidores que es Durante horas. O el aplastamiento que me produjo esa maravilla literaria que es Efectos secundarios. Pero no voy a decir nada más. Total, los vais a leer todos antes o después y cada uno encontrará los suyos.
(Yo) soy idiota
Vuelvo a la estación a las cinco y pico de la tarde, con media hora de tiempo, para regresar esa misma noche a Madrid. Vi en el andén frío grupos de tres asientos. Uno de ellos tenía dos llenos de caca de paloma, y el de la izquierda limpio. Me senté y saqué el libro. Siempre llevo las gafas un poco caídas (innecesariamente porque son progresivas). De pronto, una cagada de paloma se me metió entre el cristal y el ojo. Miré hacia arriba y con el ojo que me quedaba vi una viga llena de palomas. ¿Cómo no se me ocurrió que el asiento izquierdo estaba limpio porque era continuamente ocupado por gente hosca, como yo, que prefieren sentarse solos? Cuando salí de limpiarme, otro solitario había ocupado ya el asiento que nunca se manchaba, esperando, sin saberlo, su ración de caca.
Me acordé entonces de que dicen eso trae suerte. Inmediatamente decidí traspasársela al libro de Lara, porque de verdad la merece.
Coger un tren a las 7:40 en Atocha es algo que por fuerza haces destemplado, dispuesto a cometer errores. Empezar el libro de Lara con furia y haber leído más de la mitad a las dos horas era un error. Un estilo así no se lo merece (me imaginé a Lara cantándome un tema de Kiko Veneno pero cambiando una palabra: “Tú me estás leyendo a mí / m’estás leyendo a mí,/ un 20% menos / no me lo niegues”). Así que me fui a la cafetería y pedí uno de esos bocadillos que te lo ponen calientes y cortados por la mitad, y piensas “esto no me lo como ni loco”, pero pides una botellita de Rioja y vaya si te lo comes. Ya templado y dueño de lo que hacía, recordé a Lara en la Cueva leyendo sus relatos, despaciosamente, a medias masticando a medias suspirando las palabras, frase a frase.
Dediqué el resto de viaje de ida y el de vuelta a leerlo como ella lo lee, desatándose entonces la emoción de la buena literatura. En beneficio de los que pasan por tu blog pero no te han oído leer, Lara, ¿no sería posible que pusieras un vídeo en el que te oigan leer tus relatos como lo haces? Uno chiquitín, como Primer día sin reloj.
Lara Moreno no lo es (idiota)
Hay una voz. Entera y verdadera. Las influencias se combinaron como en una de las grandes partidas de ajedrez, añadió lo sacado de sí misma, metió su vida entera (que es como decir la vida de todos los que de alguna manera la rozan) y salió un estilo propio y un tema necesario. Y esa voz no tiene parecido: es una estructura nueva. Puede gustar o no (eso es otra cosa). Pero ahí está, haciendo creíble lo inverosímil. Después notas que lo inverosímil son gente de carne y hueso que corren muchos riesgos con su vida fuera del círculo. Gentes que suelen acabar el día muy de noche, pero también cruzan, indecisos, la luz del día. Gente de verdad. Una generación real (una parte pequeña de esa generación que los engloba a todos, los que nos cuenta Lara y los que no, por la edad). Y están ahí, contados magníficamente por Lara. No es un ejercicio de estilo inútil. Es un esfuerzo para que gente tan ajena, como yo, que apenas puedo acercarme a ellos, diga ¡eso es, así son, entiendo!
Dice Pablo Gutiérrez en una buena contracubierta: «Los personajes de Cuatro veces fuego tienen la firme idea de ordenar sus vidas, y la vida tiene la firme idea de impedirlo». Muy bien dicho, Pablo, porque es así. Eso me permite dar un salto a las gentes que me rodearon a mí, con la única diferencia de que entonces era eso más la lucha política, que ya no existe. Esa gente vive realmente, la conocí en mi tiempo y doy fe, aunque parezca que no existen, y Lara Moreno los ha succionado y nos lo devuelve con una escritura en la que los planos se entrelazan tan delicadamente que lo único que piden para que se produzca el milagro del placer y el conocimiento es que se lea despacio, frase a frase: porque habla de la vida que sucede (y duele) sin más descripción e historia que las absolutamente necesarias.
De entre los cuatros grupos de cinco relatos cada uno, confieso la emoción casi lacrimosa de ese relato de perseguidores que es Durante horas. O el aplastamiento que me produjo esa maravilla literaria que es Efectos secundarios. Pero no voy a decir nada más. Total, los vais a leer todos antes o después y cada uno encontrará los suyos.
(Yo) soy idiota
Vuelvo a la estación a las cinco y pico de la tarde, con media hora de tiempo, para regresar esa misma noche a Madrid. Vi en el andén frío grupos de tres asientos. Uno de ellos tenía dos llenos de caca de paloma, y el de la izquierda limpio. Me senté y saqué el libro. Siempre llevo las gafas un poco caídas (innecesariamente porque son progresivas). De pronto, una cagada de paloma se me metió entre el cristal y el ojo. Miré hacia arriba y con el ojo que me quedaba vi una viga llena de palomas. ¿Cómo no se me ocurrió que el asiento izquierdo estaba limpio porque era continuamente ocupado por gente hosca, como yo, que prefieren sentarse solos? Cuando salí de limpiarme, otro solitario había ocupado ya el asiento que nunca se manchaba, esperando, sin saberlo, su ración de caca.
Me acordé entonces de que dicen eso trae suerte. Inmediatamente decidí traspasársela al libro de Lara, porque de verdad la merece.
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