lunes, 29 de marzo de 2010

Verónica Leonetti y los 100e

Me ha resultado emocionante. Admiraba mucho el trabajo de Verónica y un día recibí un mensaje suyo diciéndome que quería ilustrar textos de L100e. Ir haciedo una historia gráfica paralela. Sentí que ma había pasado algo muy bueno. Solo puedo darle las gracias, porque da valor a lo pequeño.

Ha subido la primera, del uno. Podéis verla clicando aquí.

viernes, 19 de marzo de 2010

L100e: Cinco

cinco

La poesía entra en el sueño
como un buzo en un lago
Roberto Bolaño


En un cielo azul muy limpio hay niños vestidos de marinerito suspendidos cada uno de un globo de color. Estáticos como en un cuadro de Magritte sin malas intenciones.

Si prestas atención, ves que descienden lentamente, asumidos en la luz nueva.

Más abajo, el aire oscurece la lucha que se sugiere. Al suelo llegan como retratos de Saura con malas intenciones. Se deshacen.

Dejan una pasta grisácea que nos llega a los tobillos. Es duro moverse, respirar, en ese engrudo de la vida gris. De todos los días. Luchando cada paso con los restos de antes, que se reclaman sustrato permanente.

Cavamos un agujero cuando movernos es ya imposible. Aparecemos del otro lado como marineritos colgados de un globo. La luz es suave y no nos damos cuenta de que caemos.

El que se niega a abrir otro agujero envejece al instante. A veces se muere.

sábado, 13 de marzo de 2010

Tema de Taller: deporte

[para ver el número 7 de la Revista Bremen, cada vez mejor, y leer los relatos de mis compañeros, clicad AQUÍ]


Cuando a principio de noviembre me cité por primera vez con L, fui a dormir a su casa. Durante dos meses, todo era muy natural. Volvíamos a quedar cada tarde como por casualidad; al cabo de un mes ni siquiera había que quedar, porque simplemente no salía de allí. Cuando a los dos meses, por circunstancias que me aburriría contar, pero no porque ella estuviera embarazada, me preguntó si nos casábamos, le dije que de acuerdo. Cuando ya íbamos a casarnos y me dijo que sería más barato ir a vivir a un barrio, le dije que de acuerdo. No es que tuviera, ni tenga, confianza en ella. Desconozco lo que es confiar y lo que es desconfiar. Todo lo más, a veces siento algo parecido a ser prevenido. Lo que sucede es que no tengo ideas para la vida cotidiana. Acepto sin más lo que me proponen. Si estoy a gusto con alguien, me da lo mismo estar casado o no; vivir en el centro o en un barrio; tener un sofá, o dos, o ninguno.
L me encontró en un estado de locura continua y me fue cambiando sin agobiarme. No había que dar explicaciones para nada, pero todos los días me llevaba a un restaurante a comer y a otro a cenar. Comer dos veces todos los días, en lugar de beber sin comer tres días seguidos, serena el alma. Dormir con un cuerpo suave, también ayuda. No estaba tan loco como para perder todo eso.

Nos fuimos a Carabanchel Bajo. Seguíamos saliendo todas las noches hasta el amanecer; algunas tardes. No decía nada de mis encuentros con los infiernos y a veces hasta me acompañaba, pero hasta yo mismo me daba cuenta de que abordaba los problemas con más sensatez. Aquella primavera íbamos mucho por la tarde a la chabola de Tetuán donde se había semiocultado un amigo suyo que ahora era más amigo mío. Una chabola pared con pared con una cuadra ilegal. El amigo ocultaba a otro amigo huido de Galicia y los sacábamos a pasear llegando casi hasta Bravo Murillo. El amigo gallego desapareció un día. Ese verano vimos su foto en todos los periódicos y lo fusilaron ese mes de septiembre. Las apuestas eran fuertes, además de tontas.
Como he dicho, comiendo y durmiendo me volví más sensato y después de aquello me propuse rehuir un tiempo según qué infiernos. Me centré en el barrio. Todos los vecinos eran trabajadores. Llevaba años hablando de la clase obrera, en su nombre. Pero no sabía cómo hablar con los trabajadores de uno en uno. Sentíamos unos por otros cierta prevención. Qué difícil una conversación más allá de lo que se habla con un vecino en la escalera.
De pronto, Franco se murió y el miedo se hizo mayor durante un tiempo, pero llegó la Democracia y las primera elecciones locales libres. Los mítines en la plaza de toros de Vistalegre. Te cruzabas por la escalera con vecinos con gorras con la hoz y el martillo, con banderas republicanas. Empezamos a hablar, a tomar cañas en el bar de abajo. Enseguida, los hombres de la casa me propusieron unirme al grupo que tenían: hacían una quiniela múltiple. Desde luego, me hice de corazón del equipo del barrio, el Atlético Madrid. De fútbol no sabía nada, pero asistía a las reuniones de los martes en casa del señor Pepe, donde se hablaba de posibilidades de cada partido. También a las de los jueves, en las que el señor Pepe, siguiendo escrupulosamente los dictámenes de la Sibilas de los martes nos presentaba una plantilla trabajada de unas múltiples muy baratas. Después de cada reunión, unas cañas en el bar de abajo, en la que hablábamos de nuestras pobres y desnortadas vidas. Aprendimos a conocernos y tomarnos cariño. No conseguí aprender de fútbol; tampoco conseguimos acertar la quiniela que nos permitiría comprarnos una parcela cerca de Madrid. Pero aprendí a hablar de lo que hablaba la clase obrera: de fútbol y de la vida cotidiana.

El hijo mayor del señor Pepe había tenido un problema al nacer, por culpa de unos fórceps mal aplicados, y aunque trabajaba en las cuadrillas que arreglan las vías del Metro, su coeficiente de inteligencia era escaso. No se le admitía en las reuniones de los martes y los jueves, pero llevaba el atlético-madrileñismo hasta sus últimas consecuencias. Tenían un perro, León, que me producía bastante prevención. Grande y barriobajero, si se puede decir esto de un perro. Todas las noches lo sacaba a pasear. La de los domingos, si el Atlético había ganado, daba gusto verlos. Cada tres escalones se paraba a acariciarlo y se dejaba guiar por él. Pero si su equipo había perdido, pagaba con el animal su mala leche. Sobre todo cuando lo había visto con sus propios ojos, porque era socio desde niño. Y el AM entró en ese período en barrena y le dio por perder casi siempre. Se hablaba del tema de los malos tratos hasta en los bares. Desde luego, también en las cañas posteriores a las reuniones. Era un problema de la casa y como tal lo abordábamos. Acuciábamos al señor Pepe a que encontrara una solución. Tanto por su hijo como por León, que nos daba pena. Un día de verano, antes de comenzar la liga, el señor Pepe nos comunicó su decisión. Hay que decir que fue un movimiento pensado y audaz. Le había dado de baja del Atlético y hecho socio del Real Madrid. León no pudo saber nunca que gracias a la Democracia, que permitió que los hombres de la casa hablaran libremente de los problemas del grupo y presionaran para encontrar soluciones, vivió sus últimos años en un estado casi beatífico.

domingo, 7 de marzo de 2010

Rebeca Le Rumeur pone sus azules en Nanay

Nuestra amiga Rebeca ha pasado dos años, la mayor parte de ellos fuera de Madrid, borrando de su cabeza todo lo superfluo. Vuelve con un libro que se publicará en un mes y con esta exposición, titulada Del Azul, colgada en el bar Nanay, calle Barco 26, desde el 28 de febrero al 28 de marzo. Todos los días, menos lunes, de 7 de la tarde a la 1 de la noche.
Podéis ver el blog de la exposición pinchando AQUÍ.





La inauguración será el jueves 11 de marzo a las 9 de la noche.


Empezará la guitarrista clásica Cristina López, con cuyos temas leerán sus pequeños textos (lo digo porque todo pasará en dos suspiros) Kika Miriam de Castro, Virginia Barbancho, Lara Moreno, Fernando Ariza, Recaredo Veredas, Elvira Navarro, David Casas y Aroa Moreno. Sustituirá a Cristina la guitarra acústica y jazzera, con la que Nano leerá su texto, de Creatureing. Después, todo será vino, ver cuadros, algunos besos y abrazos, y muchas conversaciones.

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