domingo, 30 de marzo de 2008

Y los premiados son...

Bueno, pues resulta que los blogos nos vamos premiando unos a otros. Hace ya un tiempo que me mandaron un meme y lo hice, pero poniendo un disclaimer para futuros "trabajos". Esto es otra cosa, no solo porque notas que viene del cariño que te tienen y lo agradeces y lo irradias también con cariño. Es otra cosa porque vale para conectar unas redes con otras. Por ejemplo, Freia se lo dio a Mega y a otros blogs. Mega, que está en mi lista de El patio de mi recreo (lo mismo que Freia), ha recibido el premio en su segunda marca de la casa, Punto y seguido, y ha irradiado varios premios, entre ellos a Lara y a Aroa, lo que le ha permitido a Freia conocer a la gente que en mi Patio del recreo lleva una (T). Y también me lo ha pasado a mí, que todo contento lo he puesto arriba a la derecha.

Así que ahora puedo ser yo el que extienda las relaciones entre redes, pasando el premio a mi Prima de Gondal, pero no porque esté ahora algo insomne (es una etapa que pasará pronto), sino por sus textos, que siempre merecen tanto.

Y para cerrar el área de influencia gaditana, por su apuesta porque nos entendamos y porque cuenta muchas cosas que me hacen reír con ganas (no solo él sino también sus comentaristas), a Don Microalgo.

Porque siguen siendo los que me muestran mundos a los que sin ellos tendría poco acceso, Sindrogámicos, y mucho de lo que sale de su lista de enlaces.

Muy cerca de mí, trayéndonos grandes sorpresas, está Nunuaria. Los mejores haikus, hermosas fotos y poemas emocionantes los encuentro en Paralelo 49. Y me quito el sombrero en donde Flavia Company, Beatriz Russo y Perro Flaco.

Y como blogs solidarios, June y Navegando por mis orillas.

Poemas profundos, en Aviador, Manolotel e Isidro Sáiz.

Espero que de aquí salgan buenas amistades (y hasta relaciones peligrosas). Dejo muchos sitios cercanos para conceder el premio a Lara y Aroa. Por mi parte, no son todos pero desde los nombrados a todos se llega.

domingo, 23 de marzo de 2008

Dos librerías milagrosas

Ahora que Fuentetaja para mí es historia pasada, despedidos los huelguistas, por lo que ya no tienen derecho a estar delante de la librería, y a la espera de un juicio que solo servirá para que se dictamine si el despido es procedente o improcedente. Ahora que me es imposible volver a entrar en una librería con una dirección tan reaccionaria, como por encanto se han abierto dos sustitutos que cubren de sobra mis expectativas.


María, Antonio y José Luis han emprendido la generosa aventura de abrir Tres Rosas Amarillas, una librería que tiene de casi todo pero está especializada en relato. Aunque abierta, todavía no se ha inaugurado oficialmente y los anaqueles tienen huecos, pero los recorro salivando, como un niño en una pastelería. A mis compañeros de Taller, que nos reunimos a escasos 40 metros, les recomiendo algún día llegar con un poco de tiempo para pasarse por allí, lo mismo que los que vivís en Madrid y os gusta dar un paseo por Malasaña.




Muy cerca, en la calle de abajo, Palma, está Palma 40, la librería de viejo con precios auténticamente de viejo. Allí, Crescencio, con gusto certero para comprar, está de lunes a viernes. Los sábados tiene un puesto en la plaza Dos de Mayo, en el mercadillo de libros, discos, artesanía... una verdadera gozada. Ya le he comprado varios libros de arte, pero en novela, ensayo, etc., encuentras lo que este mercado desquiciado, en el que el precio de almacén es prohibitivo, ha puesto fuera de nuestro alcance. También libros que todavía están en las librerías, pero a precios sin competencia. Este sábado cogí un ejemplar de una cuidada edición de El libro del desasosiego, en perfectas condiciones, miré el precio: ¡4 euros! La visita es muy aconsejable: cuántos huecos de nuestra biblioteca puede llenar esta pequeña librería. “Poco más que un armario grande”, dice Crescencio.

Tres Rosas Amarillas y Palma 40, ¡qué bien que hayáis abierto!

lunes, 10 de marzo de 2008

Del cuaderno de Venecia

[En todos los viajes vengo a hacer esta foto]

(1)

He cogido para el viaje un reloj que desde hace más de un año, quieto en una mesa, marca las 3:35 y seis segundos. Igual de detenida parece la vida en la tierra de casi nadie del aeropuerto, en la franja situada entre las fatigosas (ridículas) barreras de seguridad y los pasillos-puerta que te llevan al estrecho avión que te lleva a otro sitio real. Siempre otro sitio. En el no-sitio de esa sala de nadie la vida se estancó en una esperanza de juego que parece siempre a punto de comenzar. ¿A quién le preguntamos cuándo empieza? Casi todos llevamos un carrito donde acumulamos las exorbitantes pertenencias en que se ha transformado el minúsculo equipaje de mano permitido, que empujamos por todas las partes de la enorme sala. Quizás es a eso a lo que jugamos: sin perder la dignidad, imitamos a los homeless que se mueven por la ciudad con un carrito de supermercado llevando lo único que son. No podemos comprar una pila para el reloj porque está prohibido venderlas por razones de seguridad. Consuela saber que eso nos salva de los terroristas desmemoriados que consiguieron entrar con el explosivo pero se olvidaron la pila de botón para el detonador. A cambio, compramos JW para los seis grados de máxima que nos esperan en Venecia y un brandy aceptable para un colaborador de L que, al enterarse que íbamos, se empeñó en ir al aeropuerto a recogernos, para acercarnos lo más que pueda a la ciudad del agua, donde ya se había ocupado de que hubiera una lancha para acercarnos lo más que pueda al hotel. En esta ciudad todo se hace hasta el punto en el que más se puede. Un centímetro más lejos está la Laguna y ya no se puede. También compré el último libro de Roth, del que me habló muy bien Elena, encantado de que el personaje sea Nathan Zuckerman. No hacer ni un año que leí las cuatro novelas de Zuckerman, el sosias de Philip. Al carrito le va saliendo una joroba. Hubiera sido más honesto acarrear la maleta y facturar los pequeños varios. Entro en un baño para limpiarme las gafas y empezar a leer. Al verme sin gafas las manos con que las limpio, me parece ver una piel velada, monstruosa, envejecida hasta el olvido. Una mirada de futuro. Con las gafas limpias y la mirada harta de ver a los niños grandes que juegan a empujar su carrito, me doy por vencido y me siento. Me reencuentro con el bueno y querido Nathan, el que como Roth renunció a ser judío, se hizo hombre y habitó entre nosotros como uno más, entre los que no hemos sido elegidos por ningún Dios y, a cambio, nos hemos convertido en expertos en ser rechazados. Pero Nathan tiene ya 71 años y ha vivido 11 a solas en una granja, sin nada que le comunique con el mundo, dedicado a leer y escribir. 11 años de casi soledad con un intermedio para que le quitaran la próstata y, con ella, la capacidad de decidir cuándo orina. ¡Pues sí que empezamos bien! Escribo esto tomando botellitas de whisky a 30.000 pies de altura sobre el mar y con turbulencias, no dejando a L que se apoye en mí para dormir, porque si luego me muevo se la llevan los diablos. “Bebes mucho”, me dice. “Estos días abusaremos del alcohol y de la literatura”, le respondo. Voy sentado junto a la puerta de emergencia, donde están las instrucciones para abrirla. Dejo de leer a Roth y las palabras “71 años”, no vaya a ser que con tanta mirada de futuro me entren ganas de abrirla.


[La ciudad vuelve a ser nuestra cuando atardece]

(3)

En muy pocos años la ciudad ha terminado su huida a un parque temático. También en este mes de finales de invierno en el que hasta hace no mucho estaba adormecida. Los hoteles de Mestre y cercanías vomitan numerosos grupos que entorpecen la callejas, desatentos a todo lo que no sea el pequeño comercio de quincallas que cubre el centro. Pero esta mañana hemos encontrado la paz en lo recóndito de Canareggio, por las fondamentas que no conducían a sitios turísticos, azotados por un aire gélido que encontraba aquí el primer obstáculo desde los Alpes, cubiertos por la nieve caída en los últimos días. Conducido por este desánimo de saber que soy yo el equivocado, paseando entre hermosas obras que no me dicen nada porque ni me detengo a mirarlas. Hasta que tengo tres sobresaltos, tres aceleraciones del corazón, tres ocasiones en las que la antigua rendición a la ciudad parecía que iba a reiniciarse. El Via Crucis de Tiepolo el hijo, Giandomenica, el que miraba amargamente. La perfección del Tríptico de Bellini. La Presentación en el templo de Tintoretto, impresionante lienzo situado a menos de 10 metros de su humilde tumba de la Madonna del Orto, con la que los señores venecianos se vengaron de que, por ejemplo en ese cuadro, las autoridades quedaran en una zona de oscuridad, mientras toda la luz cae sobre las hermosas mujeres que presentan a sus bellas hijas en el templo.Venganza que se vuelve contra los señores, pues somos muchos los que vamos a ver la lápida humilde de la más destartalada capilla de una de las más excéntricas iglesias venecianas, donde apenas si llegan los grupos desatentos que invaden Venecia hasta las cinco de la tarde, que la abandonan con bolsas de comercios con objetos seguramente feos, dejándola al frío de esos días en el que un desanimado como yo encuentra difícil dar los primeros pasos para pasear por una fondamente y reencontrar a la amada.



[pillado a tración por donde le gustaba pasear a Ezra Pound, cuando creía estar solo]

(7)
Los Zattere, 8 del 3 de 2008


Todo es literatura


¿no es cierto amor mío?


nosotros no tenemos esas sensaciones.


Quizá despertemos confusos de siestas diminutas


creyendo que Pound nos acompaña


que existió Eliot


que tú estabas.




Japoneses perdidos.




Nos miramos


enamorados de los fantasmas


y sonreímos porque estamos hambrientos.


Esa señal que te diferencia como criatura literaria


Porque nosotros, mi amor,


no necesitamos ya de las sensaciones.

domingo, 2 de marzo de 2008

A la una, a la dos, a la tres

A la una


Hace tiempo que me prohibieron fumar en la cama, y con razón, porque una vez me quemé la barriga y otra vez las sábanas. Así que tuve que dejar de leer en ella. Ahora he vuelto a hacerlo gracias a un libro, los Ensayos de Montaigne editados por Acantilado y todas las obras de Shakespeare en Cátedra, que me regalaron en Navidad mi hermana y una sobrina. La lectura de la noche, por tanto, está dedicada a finales del XVI y principios del XVII, cuando el mundo que parecía abrirse con el Renacimiento fue cerrado a sangre con las guerras de religión. Siempre la religión desgarrando los cuerpos y enfureciendo las mentes: coartada del poder para, al apresar las mentes y amenazarlas con castigos eternos, repartirse el botín entre ambos. Pero los dos autores conservaban todavía la fuerza de aquella apertura de la mente hacia el hombre como medida de las cosas. Presentar a Shakespeare es bobo, pero no está de más copiar lo que dijeron de Montaigne algunos autores.
Josep Pla: No me canso de leer los Ensayos de Montaigne. Paso horas y horas leyéndolos de noche, en la cama. Me producen un efecto plácido, sedante; me proporcionan un reposo delicioso.
Francisco de Quevedo: Libro tan grande que quien por verle dejara de leer a Séneca y a Plutarco, leerá a Plutarco y a Séneca.
Friedrich Nietzsche: Que un hombre así haya escrito, ha aumentado ciertamente el placer de vivir en este mundo.
Orson Welles: Para mí, Montaigne es el más grande escritor que ha habido nunca. Lo leo como otra gente lee la Biblia ... Para mí, no hay mayor goce en el mundo.
Stefan Sweig: Montaigne nos ayuda a responder a estas singulares cuestiones: ¿cómo permanecer libres?, ¿cómo mantener la insobornable claridad del espíritu frente a las amenazas y los peligros del fanatismo?, ¿cómo preservar la humanidad de nuestros corazones en medio de la bestialidad?

Creo que esas lecturas me vienen muy bien y que se irán notando aquí, pero antes de empezar los Ensayos, esperé a que llegara a las librerías la biografía de Montaigne escrita por Stefan Zweig que publicó Acantilado. Zweig, acosado en Europa, está en Brasil en 1942, donde siente que su situación es parecida a la que obligó a Montaigne a retirarse a su torre, y le dedica un ensayo biográfico hecho prácticamente sin tener las fuentes. No llega a terminarlo, porque perdidas todas las esperanzas se suicida el 23 de febrero de 1942. Montaigne, que había aguantado en soledad el mundo que le descorazonaba, había escrito: “La muerte más voluntaria es la más hermosa. La vida depende de la voluntad ajena; la muerte, de la nuestra”.
Sin duda, ahora que, os confieso, veo levantarse de nuevo la cabezota fea del fanatismo y veo retroceder, y preveo que acabará por ceder, la barrera a ese fanatismo que se produce cuando el poder económico y la religión se aúnan, fanatismo que se verá favorecido en el futuro por un retroceso en las posibilidades de vida que el primero de ellos ha creado él mismo al violentar el sistema biológico en el que vivimos, estas lecturas serán con seguridad un estímulo.


A la dos

Si no fuera porque no voy a estar en Madrid, por nada me perdería esta posibilidad de escuchar a estas cuatro poetas de mi devoción.


A la tres

La huelga de Fuentetaja cumple esta semana dos meses y medio. A nadie se le escapa lo que sucede cuando llevas 75 días sin cobrar. Pero la experiencia histórica nos enseña una heramienta, la Caja de Resistencia, de apoyar a los huelguistas, haciendo el esfuerzo de prescindir de parte de lo que ganamos para ayudar a su supervivencia. No hay cantidad que sea pequeña: cada aportación les ayudará a vivir y a mantener el ánimo. Solo necesitamos el esfuerzo de ir a un banco y hacer la transferencia. Arriba a la derecha está el nombre de una titular, la institución bancaria y el número de cuenta, pero lo añado también aquí: Amelia Gómez Escolar / Caja Madrid. Cuenta 2038 - 1016 - 32 - 3003599721 . Lo acompaño de fotos de los actos de apoyo presenciales.




Pensamiento sobrevenido
Pensar en las similitudes de Gaza y el gueto de Varsovia no mejora mi estado de ánimo.