La casualidad me llevó hace tiempo a SINDROGÁMICO y me quedé de residente externo; atrapado. Es un blog colectivo, formado por gente que mantiene unos fuertes lazos de amistad. Aunque parece que pueden estar ya cada uno por un lado, la mantienen. Además, escriben de aquellas cosas que sé menos y que más me permiten aprender. Pero también voy por algo que, mejor que yo, describe el texto de presentación que ellos me han enviado. Hace meses, cuando cumplieron la entrada 100, nos regalaron una entrada a los visitantes. Les envié la mía y les dije que al llegar el otoño me mandaran ellos una. Y aquí están: el otoño y la entrada. Les ha tocado la entrada 99. Un número excelente. Como ellos. Aquí los tenéis: en su presentación (ay, falta Ja.)y en El Patio de Mi Recreo. (He aprovechado para enlazar con algunos de los otros blogs que visito. Solo algunos). ¡Bienvenidos!
TEXTO DE PRESENTACIÓN
Rfa.
Me llamo Rfa. y tengo la solitaria manía de ponerle los cuernos a los árboles. Es un poco difícil de explicar, pero yo lo intento igual. Cuando paseo, siempre marco con el dedo meñique el momento exacto en que mi trayectoria está a punto de cortar la línea que marca la posición de un árbol sobre la acera. Y luego, un segundo después, utilizo el dedo índice para marcar el momento en que ya he rebasado esta línea. Si mis dedos fuesen larguísimos, podríamos decir que abrazaría el árbol con ellos. Pero como no lo son, yo me lo imagino. Y así se me van las horas, caminando como un botánico adúltero por las calles de Madrid.
mikto kuai
Su nombre verdadero es mieles rodales, así, sin mayúsculas, y acabado en ese, y tantos otros, víctima de un socavón meteorital. A la edad de cinco años descubrió que no es oro todo lo que reluce, pero no fue hasta mediana edad adolescente cuando se dio cuenta de que el oro es como el tabaco, reluce y mata. Desde hace unas semanas ha vuelto a fumar, pero no conoce más oro que el que no cuenta. A temprana edad solía llevar parche, aunque era por su bien, y de pequeño odiaba las lentejas, de mayor las adora. Le encanta la opción de undo en los programas informáticos, y salva los proyectos compulsivamente desde que perdió unas notas de marfil enrolladas en neptunos y venus. Sabe esperar, aunque no siempre, en realidad, y esto se comenta en círculos muy cerrados, no sabe esperar, porque espera demasiado, y las esperas muy extensas son malas consejeras. A día de hoy divaga por las vagas calles de la ciudad de los grafitis, o una de ellas. Y una de las cosas que más le gusta es el sonido del mar y del viento.
Anadja
N ostálgica
A nárquica
N ómada
A nacrónica
N ebulosa
A bsurda
D ubitativa
J ovial
A mante
Gracias por tu invitación, Nán.
n.
El quinto en discordia (definición): Se trata de aquéllos personajes que, sin ser el héroe o la heroína, el confidente o el villano, son esenciales para el desenlace de la trama. Dicha denominación comenzó a utilizarse en las antiguas compañías de teatro y de ópera para referirse al actor que encarnaba esos personajes (Tho. Overskou, Den Snaske Skueplads)
Xander: "He visto mucho más de lo que nadie ha notado, porque nadie nunca me está mirando a mí. Te vi anoche, te veo hoy trabajando aquí… Eres extraordinaria". Dawn: "Quizás ese sea tu poder". Xander: "¿Cuál?" Dawn: "Ver. Saber." Xander: "Quizás… Quizás debería ponerme una capa" (Buffy the Vampire Slayer, Potential)
Antikhristas
Antikhristas por el libro de Amelie Nothomb. Directora de orquesta frustrada, tuvo que conformarse con ser profe de música en el cole. Adora Madrid porque pasa desapercibida. ¿Vicios inconfesables? Si los confesara dejarían de serlos.
Walter Kung Fu
Desconozco donde nací, sólo que fui recogido de la red y adoptado por una adorable pareja de tecnólogos, ADSL y RDSI. Desde muy joven, ellos intentaron inculcarme todo su saber, que no es un poco, en comunicaciones, protocolos y algoritmos, pero yo me resistía, y no de una manera banal, sino real, pues siempre quise ser el personaje de una novela americana o de una canción de Leonard Cohen. Y ahora, por más que lo intento, no puedo dejar de ser aquel que sufre la tonta manía de dedicarse a aquello que no le gusta.
Magapola
Empecé jugando a la rayuela y al principio era simple: tiraba una piedra, tres casillas, una doble otra casilla simple y otra doble, vuelta para atrás y ya está. Después conseguí tizas de colores: las casillas con colores cálidos las pisaba con la pata coja derecha y las de colores fríos con la izquierda. Más tarde comencé a dar vueltas por los alrededores del patio con el fin de conseguir alguna piedra especial, una de la suerte, con la que poder jugar, y me hice con un puñado de piedras con formas increíbles y en las que podías adivinar la pata de una gallina, el ojo de una pantera o el diente de un mono.
Durante un tiempo me divertí mucho, pero llegó un momento en el que ya no me lo pasaba tan bien como antes. Y todo fue porque mis pies empezaron a saltar las casillas cada vez más rápido de tal forma que al llegar al final me costaba horrores frenarlos y siempre acababa con los codos en el suelo; y al tratar de poner las piedras dentro de los recuadro, mis brazos se volvían locos y las lanzaban siempre fuera, cada día un poco más lejos, cansándome de ir a por ellos. En una de esas, la piedra llegó tan lejos que cruzó el patio hasta desaparecer entre los arbustos que formaban el lindero. De morros y más cabreada que nunca con mi brazo derecho llegué hasta los arbustos, eso sí, en un santiamén porque mis pies estaban ansiosos por echar a correr. Miré entre la maleza de hojas de rodillas palpando con las manos, retirando las ramas en busca de mi piedra. Fue entonces cuando, sin darme cuenta, aparté de mi vista las últimas ramas y se abrió un claro. Se trataba de un patio parecido al mío donde había un niño que intentaba con la lengua fuera de tirar una piedra dentro de una casilla pintada de rojo. Al igual que me había pasado a mí, su brazo, en un acto de locura, lanzó la piedra por encima de la casilla roja, de la amarilla, de la morada, por encima incluso de la rayuela entera, atravesando todo el patio, hasta el lindero, y cayó a mis pies.




