viernes, 28 de septiembre de 2007

¡Tachín! ... SINDROGÁMICOS



La casualidad me llevó hace tiempo a SINDROGÁMICO y me quedé de residente externo; atrapado. Es un blog colectivo, formado por gente que mantiene unos fuertes lazos de amistad. Aunque parece que pueden estar ya cada uno por un lado, la mantienen. Además, escriben de aquellas cosas que sé menos y que más me permiten aprender. Pero también voy por algo que, mejor que yo, describe el texto de presentación que ellos me han enviado. Hace meses, cuando cumplieron la entrada 100, nos regalaron una entrada a los visitantes. Les envié la mía y les dije que al llegar el otoño me mandaran ellos una. Y aquí están: el otoño y la entrada. Les ha tocado la entrada 99. Un número excelente. Como ellos. Aquí los tenéis: en su presentación (ay, falta Ja.)y en El Patio de Mi Recreo. (He aprovechado para enlazar con algunos de los otros blogs que visito. Solo algunos). ¡Bienvenidos!


TEXTO DE PRESENTACIÓN


Rfa.


Me llamo Rfa. y tengo la solitaria manía de ponerle los cuernos a los árboles. Es un poco difícil de explicar, pero yo lo intento igual. Cuando paseo, siempre marco con el dedo meñique el momento exacto en que mi trayectoria está a punto de cortar la línea que marca la posición de un árbol sobre la acera. Y luego, un segundo después, utilizo el dedo índice para marcar el momento en que ya he rebasado esta línea. Si mis dedos fuesen larguísimos, podríamos decir que abrazaría el árbol con ellos. Pero como no lo son, yo me lo imagino. Y así se me van las horas, caminando como un botánico adúltero por las calles de Madrid.


mikto kuai

Su nombre verdadero es mieles rodales, así, sin mayúsculas, y acabado en ese, y tantos otros, víctima de un socavón meteorital. A la edad de cinco años descubrió que no es oro todo lo que reluce, pero no fue hasta mediana edad adolescente cuando se dio cuenta de que el oro es como el tabaco, reluce y mata. Desde hace unas semanas ha vuelto a fumar, pero no conoce más oro que el que no cuenta. A temprana edad solía llevar parche, aunque era por su bien, y de pequeño odiaba las lentejas, de mayor las adora. Le encanta la opción de undo en los programas informáticos, y salva los proyectos compulsivamente desde que perdió unas notas de marfil enrolladas en neptunos y venus. Sabe esperar, aunque no siempre, en realidad, y esto se comenta en círculos muy cerrados, no sabe esperar, porque espera demasiado, y las esperas muy extensas son malas consejeras. A día de hoy divaga por las vagas calles de la ciudad de los grafitis, o una de ellas. Y una de las cosas que más le gusta es el sonido del mar y del viento.



Anadja

N ostálgica

A nárquica

N ómada

A nacrónica

N ebulosa

A bsurda

D ubitativa

J ovial

A mante

Gracias por tu invitación, Nán.



n.

El quinto en discordia (definición): Se trata de aquéllos personajes que, sin ser el héroe o la heroína, el confidente o el villano, son esenciales para el desenlace de la trama. Dicha denominación comenzó a utilizarse en las antiguas compañías de teatro y de ópera para referirse al actor que encarnaba esos personajes (Tho. Overskou, Den Snaske Skueplads)
Xander: "He visto mucho más de lo que nadie ha notado, porque nadie nunca me está mirando a mí. Te vi anoche, te veo hoy trabajando aquí… Eres extraordinaria". Dawn: "Quizás ese sea tu poder". Xander: "¿Cuál?" Dawn: "Ver. Saber." Xander: "Quizás… Quizás debería ponerme una capa" (Buffy the Vampire Slayer, Potential)


Antikhristas


Antikhristas por el libro de Amelie Nothomb. Directora de orquesta frustrada, tuvo que conformarse con ser profe de música en el cole. Adora Madrid porque pasa desapercibida. ¿Vicios inconfesables? Si los confesara dejarían de serlos.


Walter Kung Fu

Desconozco donde nací, sólo que fui recogido de la red y adoptado por una adorable pareja de tecnólogos, ADSL y RDSI. Desde muy joven, ellos intentaron inculcarme todo su saber, que no es un poco, en comunicaciones, protocolos y algoritmos, pero yo me resistía, y no de una manera banal, sino real, pues siempre quise ser el personaje de una novela americana o de una canción de Leonard Cohen. Y ahora, por más que lo intento, no puedo dejar de ser aquel que sufre la tonta manía de dedicarse a aquello que no le gusta.


Magapola

Empecé jugando a la rayuela y al principio era simple: tiraba una piedra, tres casillas, una doble otra casilla simple y otra doble, vuelta para atrás y ya está. Después conseguí tizas de colores: las casillas con colores cálidos las pisaba con la pata coja derecha y las de colores fríos con la izquierda. Más tarde comencé a dar vueltas por los alrededores del patio con el fin de conseguir alguna piedra especial, una de la suerte, con la que poder jugar, y me hice con un puñado de piedras con formas increíbles y en las que podías adivinar la pata de una gallina, el ojo de una pantera o el diente de un mono.
Durante un tiempo me divertí mucho, pero llegó un momento en el que ya no me lo pasaba tan bien como antes. Y todo fue porque mis pies empezaron a saltar las casillas cada vez más rápido de tal forma que al llegar al final me costaba horrores frenarlos y siempre acababa con los codos en el suelo; y al tratar de poner las piedras dentro de los recuadro, mis brazos se volvían locos y las lanzaban siempre fuera, cada día un poco más lejos, cansándome de ir a por ellos. En una de esas, la piedra llegó tan lejos que cruzó el patio hasta desaparecer entre los arbustos que formaban el lindero. De morros y más cabreada que nunca con mi brazo derecho llegué hasta los arbustos, eso sí, en un santiamén porque mis pies estaban ansiosos por echar a correr. Miré entre la maleza de hojas de rodillas palpando con las manos, retirando las ramas en busca de mi piedra. Fue entonces cuando, sin darme cuenta, aparté de mi vista las últimas ramas y se abrió un claro. Se trataba de un patio parecido al mío donde había un niño que intentaba con la lengua fuera de tirar una piedra dentro de una casilla pintada de rojo. Al igual que me había pasado a mí, su brazo, en un acto de locura, lanzó la piedra por encima de la casilla roja, de la amarilla, de la morada, por encima incluso de la rayuela entera, atravesando todo el patio, hasta el lindero, y cayó a mis pies.

sábado, 22 de septiembre de 2007

Chanson d’automne

Les sanglots des violons de l’automne
blessent mon coeur d’une langeur monotone.

VERLAINE

Pasarán de tres en tres las tardes muertas
Habrá toros de fuego por la venas
y olvidarás que te escribo, que te pienso.

***

Para hacerte una casa estudiaría los vientos, para que no te faltara la brisa en el verano y para que las ráfagas frías no asesinaran tu garganta con el frío. La luz la dejaría entrar de modo que alegrara tus ojos. Tu mirada sería siempre de complacencia. Yo mismo me haría arquitecto y convertiría esa casa en el trabajo de una vida. No hay tiempo que perder, ahora que te he perdido.

*****

Vamos a dejarle, pobrecito, con sus citas, tercetos y codas. Ni una más hoy. Cortemos aquí: no tiene remedio. El otoño es el inicio de la renovación, la clave de la belleza de la primavera: perder lo superfluo para mantener lo esencial y que lo superfluo vuelva nuevamente hermoso. ¿Qué nos importa su nostalgia? La tenía ya antes de nacer. Lo importante es conocer la posibilidad de irnos desprendiendo de lo más fútil, dejando entera la esencia. Perdemos la hojarasca que ha terminado su objetivo y, con ello, creamos paisajes de una belleza triste pero tremenda. Nos vamos preparando para el silencio. Después, si podemos, ya rebrotaremos. Sabiendo esto nos podemos permitir, como un lujo, lo que dice Verlaine:


Les sanglots des violons de l’automne
blessent mon coeur d’une langeur monotone.

domingo, 16 de septiembre de 2007

Postales de verano IX

La vida es agridulce y el verano forma parte de la vida. Esta historia de final triste, de rabia, fue al principio de mucha esperanza. Mi vecinita estaba estudiando periodismo, no me preguntéis hace cuantos años, porque el tiempo se me encoge y se me dilata, ahora es toda una periodista, y tuvo durante mucho tiempo un novio muy guapo, como ella, nervioso, creativo. Había empezado a ser yonqui, pero se mantenía a distancia mientras estaba con ella. Con ella. En una ocasión en que la estudiante de periodismo se fue con su madre unos días a Barcelona entró en la casa de ellas, con su llave, y se llevó algunas cosas de valor que cambió por nada, en uno de esos pisos que abundan en las ciudades.
Fui testigo de que había entrado y apoyé la denuncia en comisaría. La primera y única vez que he denunciado a nadie. Luego le apoyamos ante el juez, que permitió que no fuera la cosa a más si entraba en un proyecto de rehabilitación. Volvió a quedarse fuera de la droga y recibió el apoyo y el cariño que merecía de su novia, la madre de esta, de L, de mí y de todo el entorno. Una gran fiesta que hicimos L y yo por los 25 años de estar juntos, y a la que por supuesto fue invitado, había vuelto a compartir la vida con nosotros, le impulsó a volver a pintar para regalarnos de estos dos cuadros el de abajo: ventanas que dan luz y acogen, menos las de un piso, más mensajes escritos. El que está colgado arriba se lo compré en una exposición (le compré 3 en exposiciones sucesivas): es una parodia del primero, como si aquella sensación de ser acogido se estuviera desfigurando (en realidad ya no contaba lo que hiciéramos o dejáramos de hacer).


Mi joven amiga y él se separaron, y pasó por todo tipo de periodos: trabajos normales y meses de perderse por el poblado de La Rosilla. Solo muy de vez en cuándo sabíamos de él (malas noticias, mejora, peores noticias...). Este mes de agosto, mi vecina periodista nos contó que la había llamado la madre de Manolo. Pensaba que no tener noticias era una buena noticia, porque cuando las tenía no eran felices, pero cuando fue al médico de la seguridad este le reprochó que no le hubiera avisado del fallecimiento del hijo. Había muerto de frío una noche de enero en una calle de Madrid. La Policía, que para otras cosas había acudido puntual a la casa de la madre, no tiene obligación de informar de estas cosas. Los agentes que pudieron hacerlo debieron pensar que total era un puto yonqui y que para qué iban a molestarse cuando no era reglamentario. Así es el reglamento. Por eso la madre se enteró cómo y cuándo he dicho. Le tomaron las huellas e hicieron lo que tenían que hacer: darle de baja en la Seguridad Social y en todo servicio al que tuviera derecho como vivo. Pero no avisaron y lo enterraron en un nicho con un número, como manda la normativa. Han tenido la amabilidad de proporcionarle a la madre la ubicación y el número del nicho. Todo tan reglamentario.

Antes de irse de viaje, L hizo las fotos de sus cuadros, de las que he elegido estas. Me pidió que contara la historia de Manolo y que junto a este cuadro de campos de colores en el que hay una pequeña rasgadura tras la que se ve el cielo pusiera una frase, que me dejó escrita en una hoja junto al ordenador la madrugada en que se fue. La pongo debajo del cuadro.


Se parecía a Gary Cooper. Siempre abría ventanas. Pero se le cerró la puerta.
L.





lunes, 10 de septiembre de 2007

Postales de verano VIII

La T-4 me ha reconciliado con los aeropuertos. Ya me había gustado cuando fui a recibir, pero ahora que es para irme, cuando cruzas seguridad Salidas es una sala enorme muy agradable; más que eso, hermosa por el techo y por las enormes cristaleras a los dos lados. Es absolutamente racional, por lo que es muy fácil hacer lo que tienes que hacer.
Por ejemplo, desayunar bien y cómodamente, y tomar una pastillita que me habían recomendado que tomara, pero no porque me intranquilice volar, que me encanta (lo que me disgustaban era los aeropuertos, hasta la T-4), sino viajar: el hecho de viajar es lo que me intranquiliza.
Salimos con retraso y nada más empezar el vuelo, cuando pasaban con un carrito y la gente compraba bocadillos, refrescos y zumos, me tomé un JW con hielo. Como estaba en la parte de atrás, me dio tiempo a tomar otro al volver el carrito.
¡Qué bella es Francia desde al aire! Tan racional.



Estoy en la plaza Colette, en el café Nemours, esperando, después de haber paseado más de una hora por los jardines de al lado, detrás del teatro de la Comedia Francesa. Me siento junto a una diminuta mesita frente a una puerta abierta, donde me sirven vinos de un nombre que no he entendido, pero que son (lo veo luego) caros, muy caros. (¿Quién dijo que con los precios de Madrid, París ya no es caro?... me temo que fui yo, infeliz). Me rodean franceses y francesas, muchos de ellos y ellas con ojos bleu France, que trabajan por aquí (comer no es tan caro como beber). No hay extraeuropeos. Pero por la plaza Colette pasa Francia, Europa y el Mundo. Me siento bienvenido.


No se puede mantener esta fiesta sin explotar el trabajo y los recursos de otros. Primero lo hicieron en ultramar, pero ahora Ultramar vive en París. Con menos dinero del que se puede aceptar vivir en París: viendo la gran fiesta. Si yo fuera uno de ellos, odiaría y extendería el odio. Sería un insensato, porque en tres generaciones mies descendientes podrían vivir igual de bien o de mal que los demás. ¿Pero quién me asegura que habrá tres generaciones? ¿Cómo la belleza aumenta la vibración de la violencia? ¿Por la urgencia del Ahora?

martes, 4 de septiembre de 2007

Postales de verano VII

Cuando vi estas "aguas" que veis abajo, esa forma antigua de forrar las contracubiertas, supe que tenía que ampliar y ponerlas. Os recuerdo que abajo está su mail, para que podáis contactar, y la dirección de su blog. Y también está su nombre, con el que descubre que es la hermana lisboetada de María Zarazúa. (No hay secretos ya).


Tenía ganas de presentaros estos cuadernos y he puesto el enlace en el patio de mi recreo (y sobre la palabra en gris). Para los amantes de todos los utensilios de escritura, los cuadernos artesanos más bellos que he visto nunca.

Y de paso, deciros que estaré fuera hasta el sábado por la noche.

En este enlace tenéis el blog de Librelula, de una amiga mía, artesana (¿artista exquisita?). Podéis escribirle a pindalian@hotmail.com.






domingo, 2 de septiembre de 2007

Postales de verano VI

La desnudez de esta foto de María Zarazúa me puede. Desde que estuvo en el curso de fotografía digital en la Escuela de la Habana ha dado un salto, multiplicando por un factor muy alto todas las técnicas aprendidas. Parece que no haya anécdota, solo formas y superficies: texturas que mentalmente me llegan a las yemas de los dedos. Los hierros oxidados que fotografiaba hace años eran también “abstractos”; estos, además, están desnudos. Veo un cubo, un poco de suelo de arena y una chapa ondulada: todo tan limpio (¿por el viento del mar?) que llega a ser otra cosa. Formas que a los dedos les recuerdan el tacto.



Fue ver esa desnudez y recordar un tema que tengo pendiente: la soledad en la blogosfera. Lo tengo pendiente desde que el 4 de mayo Robel, en El peso de las cosas, en una época en la que no admitía comentarios, puso una entrada llamada ¿Qué hubiéramos hecho los románticos sin cementerios?. Lo que contaba me impresionó: había encontrado un blog magnífico, que Robel explica brevemente, de un tal Krapp, quien sin admitir comentarios, sin la menor información de perfil, solamente una dirección de correo al final, deja pequeños trazos de escritura potente, con brevedad y elegancia.

Krapp había elegido la soledad al comunicar y yo me preguntaba si estaba solo de verdad, si no recibía la respuesta de la comunicación de sus amigos, o de lectores que pasaran por allí y le escribieran. Que no dejara intervenir ni comunicara nada suyo indica que fue por propia voluntad. ¿Se puede comunicar sin ser comunicado? Yo aprendo tanto de lo que se me dice. Pero podría ser una fase necesaria y conveniente: tener el valor de exponerme a mí mismo lejos del alcance de cualquiera que me conozca. Ser de verdad simplemente una voz que ni se propone ser oída. Visito bastantes blogs en los que no escribo nunca nada. En otros he entrado al juego de la comunicación: tiendo a ser comunicativo, así que lo que me cuesta es no decir (pero muchas veces me parece lo adecuado). Hay otros en los que la comunicación “hervía” y no pude evitar participar (siguiendo mi tendencia natural). Finalmente, también hay otros de una calidad excepcional que, a veces desde hace años, dejaban con constancia sus poemas o relatos. Con timidez he ido entrando en ellos, he sido la voz que pretendía hacer de muro de frontón. Siempre dudo al principio de si mi intervención turbará algo. Tampoco quiero que la comunicación sea un intercambio de cromos: "si me dices, te digo". Aunque a veces se creen los lazos porque está bien que se creen.

La mejor literatura, o al menos el mejor aprendizaje de la escritura, se está produciendo en los blogs. Y a veces, algunos que pertenecen a los mejores están solos. Todo esto me ha dado mucho que pensar. Quizá sea esta entrada únicamente el principio de una cadena. La desnudez de la foto y la soledad de los que escriben se me cruzaron. Pensadlo conmigo.