A Berta Vías Mahou, que cumple
ese objetivo hasta el punto de
darme vértigo.
A DI, porque desde hace un tiempo
intercambio con ella flashes de una
larga conversación sobre el tema,
como guijarros blancos que dejamos
como guía en un bosque.
Primero, una advertencia: esta entrada, algo rara, aburrirá a quien tenga los libros como una distracción. Con haber leído la muestra de cariño de las dedicatorias, y visto la foto (impactante), puede saltarse el resto.
En las siestas y por la noche, antes de dormir, leo Una vida absolutamente maravillosa, un libro de Vila-Matas que reúne una parte (no sé si pequeña o grande) de las crónicas que fue esparciendo por ahí. Es un libro muy para las horas en que lo leo, porque este autor ha vivido apegado a la literatura y debe tener un montón de fichas (o una gran biblioteca y una memoria prodigiosa).
En una de ellas, se refiere a Céline, cuyo Viaje al final de la noche fue para mí una lectura decisiva. De ahí la importancia que doy a lo que dice de él, resumiendo sus palabras, y más todavía las citas textuales de lo que dijo el propio Céline. Creo que ilumina bastante lo que debe ser la literatura, fuera de los “monstruos” que abrieron los caminos de la literatura del siglo XX y que, casi, casi, son libros para escritores o para lectores que quieren entender el fondo de la escritura (omito citar los nombres, pero no llegan a 10).
Escribe V.-M.:
«Realista hasta la médula –“Una vez dentro, hasta el cuello”--, odiaba profundamente la realidad, y ése era su problema. Pero era en ese problema donde residía su gran fuerza de narrador, su ruido y su furia».Sigue escribiendo V.-M.:
«... la visión de esa amiga nuestra llamada monstruosidad.
La visión de esa inseparable amiga la había encontrado Céline en un pasaje muy interesante de las memorias de George Sand, un pasaje que había de inspirarle algunos de los movimientos fundamentales de su Viaje, los que concretamente se refieren a la cuestión del estilo literario, una de las preocupaciones máximas de este escritor: “Y digo que lo que se hace ahora son novelas inútiles, porque lo que cuenta es el estilo y nadie quiere someterse al estilo”.
...
Estaba Sand horrorizada de ver a estos viejos de una época desaparecida hacer tantas muecas [se refiere a las cenas con aristócratas]. Se trata de un episodio que interesó mucho a Céline y que antes ya había seducido a Marcel Proust –junto a Céline, el gran renovador de la carcomida lengua francesa de la primera mitad de siglo--, que evocó el episodio en ese famoso capítulo suyo de la Recherche en que se ve a la gente envejeciendo allí mismo. “Ese capítulo de Proust –escribe Céline— sale del episodio de Sand y de todo el esfuerzo literario de ésta por describir el horror de unas muecas del pasado. En fin, yo tengo la misma impresión cuando leo un libro: es como si viese gente haciendo muecas”.
Céline veía toda la literatura francesa de siglo como un conjunto de libros viejos, de otra época, y haciendo muecas desesperadas envejeciendo allí mismo. Como ya he dicho, la cuestión del estilo fue siempre una preocupación obsesiva en este escritor. Para él, la literatura francesa del siglo XX, a excepción de “los pequeños dramas pederastas” de Marcel Proust, no estaba a la altura de la época. Para él, para quien todo era una cuestión fundamentalmente de estilo, era preciso que se comprendiera que la novela ya había dejado de tener la misión que tuvo en la época de Balzac o Flaubert, que su rol documental o incluso psicológico había terminado».Y aquí es donde viene la cita textual de Céline que da sustento a esta entrada del blog:
«¿Y entonces qué le queda a la novela? Pues no le queda gran cosa, le queda el estilo (...). Ese estilo está hecho a partir de una cierta forma de forzar las frases a salir ligeramente de su significado habitual, de sacarlas de sus goznes, para decirlo de alguna manera, y forzar así al lector a que desplace también su sentido, ¡pero muy ligeramente! Porque en todo esto, si lo haces demasiado pesado es un error, es el error, ¿no es así? Entonces esto requiere grandes dosis de distancia, de sensibilidad; es muy difícil de hacer, porque hay que dar vueltas alrededor. ¿Al rededor de qué? Alrededor de la emoción.»
***
Menciona el artículo otras cosas, aunque nada, en ningún momento, tiene la fuerza y el rayo clarificador de esta cita textual de Céline sobre la novela. Sabido es de todos el partido que tomó como persona en la IIGM. Cómo lo pagó después, cómo terminó. Como anécdota, merece la pena copiar el final del antepenúltimo párrafo y los dos párrafos finales.
«...Hacia 1957 grabó un disco en una serie radiofónica llamada Su obra y su voz, y se desahogó a fondo: “Toma ya! –empezaba diciendo--. Habiendo vivido en muchos lugares, bajo climas diferentes, y en condiciones muy distintas, me solicitan ahora que dé mi impresión sobre mis obras maestras en un ambiente de silla eléctrica.
En ese ambiente de silla eléctrica vivió el resto de sus días, aunque no por eso dejó de escribir y de publicar nuevas obras, De un castillo al otro, Nord, Rigodón. La generación Beat americana lo descubrió, y Burroughs ha contado el viaje que en compañía de Ginsberg y otros poetas beatniks hicieron a Meudon para conocer a Céline. Encontraron un hombre que vivía en las afueras del pueblo, en una casa algo cochambrosa, parecía muy enojado con todo y se creía el mejor –aunque olvidado—escritor vivo de Francia. Encontraron a un viejo cascarrabias envuelto en una multitud de bufandas y chales, rodeado de una jauría de perros que parecían proteger la casa de las iras de los judíos de Meudon. A Céline no le interesaron aquellos jóvenes visitantes, pues ya solo estaba interesado en él mismo. Cuando éstos le preguntaron, por pura cortesía, si le gustaban los perros, contestó: “Nada, no me gustan nada. Los tengo por el ruido”.
Entonces se hizo evidente que a Céline, a quien no le gustaban los hombres, poco podían gustarle también los perros, y que en todo caso vivía rodeado de ellos para que acallaran con sus ladridos el insoportable ruido de una civilización y una realidad de muecas viejas que él siempre odió.»

