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sábado, 5 de mayo de 2012

Un escritor prácticamente ágrafo

Yo mismo. Para empezar, un escritor debe desear ser publicado; lo que a mí no me sucede. Me marea ver las mesas de novedades de una librería, echar un vistazo a algunos de esos libros y llorar por los árboles que se cortaron para hacerlos. No me siento muy por encima de ese nivel de bazofia; un poco sí, pero poco. En todo caso, un poco que es insuficiente.

Estoy en un Taller de Literatura que me obliga a escribir un relato cada tres miércoles. Lo exhibo, a veces, en mi blog; pero lo llamo “ejercicio” y en los comentarios suelo añadir que “no tengo nada que contar”. Y no es una excusa, no lo tengo. Por eso, cuando abandoné el Taller durante seis meses, no escribí una sola línea; porque nada ni nadie me obligaban.

Suelo decir que “escribo para aprender a leer”. Porque soy lector, eso sí. Contumaz, entregado. Pero esa frase es mentira: a leer aprendo leyendo. Y escribir ayuda un poco, sí, pero poco. En todo caso, un poco que es insuficiente.

Pero resulta que algunos acontecimientos de las dos últimas semanas me han obligado a prestar atención a este tema, y que esta mañana he tenido una epifanía que me ha colocado las cosas en su sito. Por eso este post lleva la etiqueta, que uso poco últimamente, de día río.

Mantuve hace algo más de una semana, con un miembro del Taller, un breve intercambio de mensajes sobre la voluntad de editar. Los breves mensajes dieron lugar a largas cavilaciones. Solo hay un libro que quiero editar, pero es porque se acompaña de unas ilustraciones tan hermosas que se lo debo a la ilustradora. Y como “no soy escritor reconocido”, con todos los rechazos editoriales, uno sobre otro, podría editar ya un pequeño volumen.

Hace dos días, tomando copas con dos amigas, espoleado por el alcohol y la compañía les conté algunas historias. Disfruto mucho tanto contando historias como escuchándolas. Me dijeron que con alguna de ellas tendría que escribir un libro. Rechacé la idea con contundencia: son historias para charlar y contar. Ni más ni menos. Procedo de una familia que apenas ponía la radio, pero que conversaba mucho y contaban muchas historias. Me encantaban. Cuando con cuatro o cinco años me pasaron al dormitorio de mis hermanos mayores, cuya puerta daba al comedor, y mi hermana y yo éramos enviados a la cama, muchas veces me levantaba, me envolvía en una manta y me sentaba junto a la puerta a escuchar las historias que contaban. Era el momento de las historias emocionantes: la guerra, las pifias de algunos familiares y amigos de mis padres, y la vida de los personajes del mismo ámbito que tenían una dudosa catadura moral. Creo que fue ahí, como oyente “oculto”, cuando me aficioné a las historias y, como consecuencia, a la literatura.

Esta mañana, cuando iba en metro a casa de un sobrino enfermo, a leerle poesías de Jesús Aguado, iba leyendo “mi” libro de metro actual. El ensayo de Lampedusa sobre Sthendal. Varias técnicas de este me recordaron el modo en que observo la vida, cómo “percibo” lo que me rodea, cómo me fijo en los colores, olores, formas, en las personas. Cómo juego a inventarme pequeñas historias o relaciono algo que veo con una “situación” de la vida. Puro método poético. Constante cuando estoy solo.

Y entonces se produjo la epifanía: ¡Sí soy un escritor!, pero ágrafo. En mi mente empiezan y terminan mis narraciones; algo de ahí se “cuela” en lo que, por "obligación gustosamente aceptada” escribo. Ayuda un poco, sí, pero poco. En todo caso, un poco que es insuficiente.



lunes, 6 de junio de 2011

miscelánea de pequeñas cosas (3)

1. Hermosos fracasos

De los éxitos hay mucho que aprender: separarlos bien lejos del deseo de achacarlos a la propia valía. Los fracasos no tienen que enseñarnos nada: muestran lo que somos y las ganas de seguir siéndolo. En  otra miscelánea conté la lectura pública de extractos de El Watusi, en la librería de Javi, con cuatro lectores y un oyente (además, amigo).

Para el sábado pasado, había preparado la lectura en mi casa de un libro de poemas de Jesús Aguado. Soy muy partidario de la lectura oral y podía ser el punto de inicio de una costumbre: leernos para hacer oído. Convoqué por mail al antiguo grupo de debate sobre poetas y a la gente del Taller de narrativa. Recibí varios mails apoyando la cita, unos en privado y otros con respuesta a todos. Como conozco a la gente, ya decía en la propuesta que con que fuéramos tres, había quorum y se leía el libro. Compré bebidas y, cerca de la hora de inicio, me serví una copa, puse un disco de jazz (Sony side up, de Dizzi Gillepie, Sony Stitt y Sony Rollins) y me puse a leer. Cuando terminó el disco, me puse otra copa y escuché uno de Art Blackey. Cada vez que recorría el pasillo (a coger hielos o ir al baño), pasaba el dedo por el delgado lomo del poemario que deberíamos haber leído.

Pero no vino nadie. Y la verdad es que no me importó. Era sábado, ya de noche, y el barrio, con sus 500 bares, estaba espléndido.

2. Una serie nueva de poemas

Ahora paseo mucho, casi como en las derivas situacionistas. Y, sin darme cuenta, voy escribiendo poemas sobre acontecimientos. Os pongo aquí el número 2.

 2


Hoy me he levantado con el piar de los primeros pájaros.

¿O serían los terceros? En esto de los pájaros engañarnos es fácil.

He leído el correo. He abierto dos periódicos online

y los he cerrado sin leer ninguna noticia. No la había

ni de ti ni de mi ni de ninguno que nos interese.

He salido a tomar un café

He paseado hasta una plaza, a comprar una revista de literatura

He tomado un segundo café en otro lugar y he vuelto a casa.


Ha sucedido exactamente entonces:

un viejo ha salido al balcón de una planta baja

con una bata gruesa de rayas verticales blancas y azules

casi hasta los pies. (Dejaba ver abajo un trocito de pijama).

El viejo ha mirado, adusto, el espléndido día y he visto,

en sus ojos,

que se dio cuenta de que lo mejor del día ya había pasado.

El resto, era espera.


Pensé en el piar de los primeros pájaros, o de los terceros,

como en un pasado remoto y feliz.

sábado, 28 de mayo de 2011

miscelánea de pequeñas cosas (2)

Francisco Casavella y las masas


La librería La Independiente había propuesto un homenaje-lectura al autor del Watusi, llevaba dos semanas anunciado en FB en la web de la librería, en un cartel y, aunque sabíamos que ese viernes todo el mundo estaba en Sol, no lo quisimos retrasar. Compramos un altarcito mexicano en el que pusimos un dibujo caricatura de Francisco, pusimos debajo velas encendidas, dejamos sobre una mesa vasos de plástico, una botella de JW y otra de vino. Íbamos a leer 4 y no llegaba nadie. Decidimos hacerlo (lo que se promete se cumple) e irnos después a Sol. En el último momento, llegó un oyente (amigo, pero oyente). Haciendo las necesarias libaciones antes y después de cada lectura, realizamos el acto: apagamos las luces de la librería, menos las de un ala, desde donde el lector leería en pie, empezamos.

A los pocos minutos, estábamos en la gloria. El estilo de Casavella (las historias no son lo que se cuenta, sino cómo se cuenta: el estilo) nos dejó arrobados y, al terminar, estábamos arrobados y los cuatro lectores nos prometimos releer esas mil páginas este verano: Marina, Javier, David y yo. El oyente, dijo que le habían entrado ganas.

Fuera de la librería, fumando un cigarrito de despedida, porque cada uno iba a Sol por su cuenta, conté lo que me había pasado esa mañana. Era algo negativo contra el fundador de la generación Nocilla, por lo que supuse que podría haber bronca ya que el librero es un gran seguidor de ese grupo. Todos me decía que lo mío era un relato; yo les contestaba que no, que era algo que me había pasado, exactamente como me había pasado. Lo pongo abajo y que cada uno piense lo que quiera.


¿El relato o la vida?
Fernández Mallo y la patata

Necesito tomar el sol. Por indicación médica. Al mediodía suelo ir a una terracita, en sol y sombra, a leer un libro y tomar un vermú. Por primera vez en muchos años, toda la piel que sobresales de la camiseta la tengo de color tostado.

Pero hay un momento especial. En la cocina tengo un ventanal muy grande, que da a un patio de corrala, y a lo largo de toda esa zona una barra de madera pintada de negro. Sentado ante la barra, más o menos a medio día, el sol entra de lleno y puedo tomarlo sin camiseta. Nunca he negado que soy un poco maniático. Necesito que la cocina esté absolutamente limpia, con todo fregado. Cumplidas las condiciones, con un pequeño cenicero sobre la tabla, enciendo un cigarrillo y leo a pleno sol.

Ayer, sin embargo, me encontré con una dificultad (¿había mencionado ya que soy un poco maniático?). Me habían traído varias cosas del Súper, que había colocado en su sitio. Entre ellas, una bolsa de patatas. En la anterior, quedaba una de tamaño mediano, un poco avejentada. Si la ponía en la bolsa nueva, podría ir cogiendo otras y esta acabaría pudriéndose: todos sabemos que una patata podrida apesta. Decidí dejarla sobre la tabla, para que no se me olvidara usarla ese mediodía: me sienta muy mal desperdiciar comida, incluso una pobre patata mediana que todavía se puede salvar.

Me había llevado para leer un número algo atrasado de la revista Quimera y me decidí por el primer capítulo de la nueva novela de Fernández Mallo, el Gran Nocillero. El primer capítulo de una novela te dice mucho: por ejemplo, si quieres leer el resto. Por eso los escritores suelen crear el interés en ese capítulo.

Leía, fumaba, me llenaba de sol (que incluso picaba un poco) y echaba miradas de pocos amigos a la patata, con sus arruguitas, que estaba donde debía estar el vacío. La novela contaba la historia de un tío que se despierta antes de hora, baja a la planta baja y encuentra un dibujo que le parece como de un OVNI y luego, una foto de lo mismo en la cocina, pero descubre que en realidad es una rebanada de pan, con esos agujeros que tienen a veces las rebanadas de pan.

Ante el interés que me producía lo que leía, empecé a echar muchas miradas a la patata. Me caía bien. Leía tres líneas y cogía la patata en la mano. Sus arruguillas me resultaban mucho más interesantes que lo que me contaba Agustín. Poco después, la revista estaba a un lado y examinaba complacido la patata, mucho más interesante que la novela.

Qué bien explicada, la desburbujación

Hubo un tiempo, cuando se formaba la burbuja que al explotar nos ha dejado en bragas, trataba de explicar esto y todos me abucheaban (como a un personaje del cómic animado). Ha llegado la hora de que todos lo vamos entendiendo. Y además, con unas buenas risas.



A disfrutar

martes, 24 de mayo de 2011

miscelánea de pequeñas cosas

I) La cuestión del Estado

Opiniones particulares:

¿Merecía perder el PSOE? Sí.

¿Merecía ganar el PP? No.

¿Merecemos los españoles que, de modo encubierto, la derecha que incluye a la extrema derecha nos gobierne? No.

Con las interrelaciones e historias de estas preguntas y respuestas que opino, que cada uno se las apañe.



II) Almudena Grandes, mon amour

Hoy, en El País, Almudena ha puesto un texto que coincide tanto con lo que siento y pienso, hasta en las comas, que me limito a copiarlo entero.

El principio de todo

Almudena Grandes

Madrid, amor mío, ¡cuánto has tardado en despertarte! Siempre con el agua al cuello, eso sí, cuando todos te abandonan, y los reyes escapan, y los Gobiernos huyen, y pareces dormida, casi muerta, y nadie da un céntimo por ti, entonces, solo entonces, te acuerdas de quién eres. No me refiero a los resultados de las elecciones de ayer, porque no me han sorprendido. Hablo de la Puerta del Sol, de la emoción de reconocerte, de reconocerme con treinta años menos en los gritos de mis hijos, en los gritos de los tuyos, esos chicos que rozan tu cielo con los dedos y me tienen con la boca abierta, el corazón en un puño mientras les escucho decir que no, mientras el mundo entero escucha que no están dispuestos a bajar los brazos. Hasta hace poco, le tenía mucho miedo a este lunes. Imaginaba la mañana más gris, un despertar plomizo en un mayo invernal, cuatro años de condena, mil cuatrocientos sesenta días para atravesar un desierto seco, polvoriento, de sol abrasador y noches congeladas. Pero hoy sé que ayer sólo fue un domingo, el final de nada, el principio de todo, y aunque parezca mentira, estoy contenta. No hay mantas en este mundo, no hay botellas de agua mineral, ni tiendas de campaña, ni pizzas recién hechas para pagar siquiera una mínima parte de lo que el 15-M ha hecho por nosotras. Porque, entre tú y yo, los resultados electorales, las cifras, los análisis, han caducado ya. Ayer es el pasado y el futuro empieza hoy mismo. El futuro puede ser el fruto de una plaza enorme que nunca se ha llenado de gente en vano, y hasta si no lo es, siempre podremos recordar la semana en la que esta formidable explosión de energía nos devolvió el orgullo de ser nosotras mismas.

Elijo la esperanza, porque la virtud del revolucionario es la paciencia. No lo olvides, Madrid, y no vuelvas a dormir, porque estás mucho más guapa despierta.




y III) ¡Ay, Ferlinguetti, cuánto vales!



El 13 de mayo, El País publico una entrevista a Gary Snyder (uno de los mejores poetas beat) y Jim Harrison, otro beat que ahora s novelista, y me interesa menos. Podéis leerla AQUÍ.
Pero lo que me interesa es lo que dicen de Lawrence Ferlinguetti, cuya poesía me apasiona. Algo mayor que los beats, los editó desde su pequeña librería de San Francisco, que todavía existe. Nació el 24 de marzo de 1919, así que tiene más de 90 años. Leed lo que responden cuando les preguntan sobre él¨

P. ¿Qué queda de sus años beatniks? ¿Todavía ven al que con usted, señor Snyder, cuenta como el gran superviviente de aquella generación, Lawrence Ferlinghetti?

G. S. El otro día cumplió 92 años. Nos escribimos correos electrónicos con regularidad. Me refiero a él como "maestro".

J. H. Le mantiene joven esa novia de 27 años que se ha echado. Lo malo es que tiene que tomar demasiadas drogas e ir por ahí con mochila [Risas].
Es inconcebible que no podamos ir a una librería y pedir un libro de LF. Los que se editaron, están descatalogados. Tengo un magnífico ejemplar editado en Málaga por Jesús Aguado y Paco Cumpián. Como despedida, copio uno de los poemas, traducido por Álvaro García. Casualmente, este poeta nonagenario habla en el poema del ¡bipartidismo!

La ropa interior



No dormí bien anoche

dándole vueltas a eso de la ropa interior

Os habéis parado alguna vez a considerar

la ropa interior en abstracto

Si uno se aplica a fondo

se encuentra con problemas espantosos

Todos tenemos trato con la ropa interior

Todo el mundo lleva

algún tipo de ropa interior

Hasta los indios llevan ropa interior

Hasta los cubanos

llevan ropa interior

El Papa lleva ropa interior espero

El gobernador de Lousiana lleva ropa interior

Lo vi en la tele

Debía llevar ropa interior apretada

Pasé mucha vergüenza

La ropa interior te puede poner en un verdadero apuro

Habéis visto los anuncios de ropa interior de hombre y de mujer

tan parecidos pero tan distintos

La ropa interior de mujer mantiene las cosas arriba

La ropa interior de hombre mantiene las cosas abajo

La ropa interior sí es algo

que hombres y mujeres tenemos en común

La ropa interior es lo único que hay entre nosotros

Habéis visto los croquis a tres tintas

que marcan la entrepierna con un círculo

para indicar las zonas de mayor sujeción

con elásticos en tres direcciones

que aseguran total libertad de movimiento



Desengañaos

Todo eso se basa en el bipartidismo

que no permite mucha libertad de elección

tal como está la cosa establecida

América en Ropa Interior

no para de moverse en toda la noche

La ropa interior al final lo controla todo

Ahí están por ejemplo los corsés

Son sin duda una forma de fascismo

de gobierno en la sombra

que hace que la gente se crea

cualquier cosa menos la verdad

y nos dice lo que hay que hacer y lo que no

¿Nuna habéis intentado caber en una faja?

Puede que el Movimiento de la No Violencia

sea la única respuesta

¿Llevaba faja Gandhi?

¿Llevaba faja Lady Macbeth?

¿Fue esa la razón de que Macbeth matara por las noches?

Y la mancha que ella siempre andaba limpiando

¿estaba en realidad en su ropa interior?

Las señoras anglosajonas de hoy en día

deben tener enormes sentimientos de culpa

siempre lavando y lavando y lavando

Fuera, mancha maldita

Ropa interior con manchas sospechosas

Ropa interior con bultos muy comprometedores

Ropa interior en el tendedero gran bandera de libertad

Alguien se ha escapado de su ropa interior

Debe de andar desnudo por ahí

¡Socorro!

Pero no os preocupéis

Todo está apaciguado gracias a ella

En el fondo no habrá revolución

Y la poesía es aún ropa interior del alma

Y la ropa interior aún cubre

gran número de fallas

en el sentido geológico

¡Raras piedras sedimentarias, grietas inescrutables!

Yo de vosotros apartaría ya

una muda muy grande de ropa interior de invierno

No entres desnudo en esa noche en calma

Y mientras tanto

tranquilo y no pases frío ni humedad

Para qué atormentarse antes de tiempo

por culpa de la Nada

Seguid para adelante dignamente

mano a la camiseta

No seáis emocionales

Y así la muerte no tendrá dominio

Hay mucho tiempo amor mío

¿No somos todavía jóvenes y tranquilos?

No grites

jueves, 19 de mayo de 2011

El 15-M desde Alemania

[Ya podéis suponer que apoyo totalmente este movimiento. Quería poner algo, pero no daba con qué. Ayer por la mañana recibí un mail de un compañero de Globalízate, que nos ha mandado a los miembros del grupo (somos muy pocos) y a otros. Nuestra página web lo ha reproducido, pero vosotros no la visitáis. Como además, dice 100 veces mejor de como yo sería capaz de decir el sentido de este movimiento (e incluye acertadas reflexiones adicionales), me parece que su texto me salva la cara y soluciona mi indecisión. Es importante saber que el tono es el de una carta personal a amigos, de un amigo que en estos momentos querría estar aquí. Los consejos que nos da al final son la forma de hablar que tenemos los miembros del grupo, que nos queremos y, sobre todo, sentimos una gran confianza por las actitudes y propuestas de cada uno].


El 17 de mayo de 2011 22:46, Eduardo escribió:

Chavalas y chavales,

Ahí va un textito acerca de como se han vivido desde aquí estos días de intensa movilización en Madrid y en otra tantas ciudades del estado.

Para vosotros.

Edu.

El 15-M desde Alemania

Ayer volvía de Berlín en tren cuando muchos de vosotros empezabais a recorrer las calles iniciando las movilizaciones que a día de hoy todavía continúan. Recibí un par de llamadas, y desde entonces, no resisto la tentación de mirar continuamente la página web de la plataforma, así como las de prensa convencional y alternativa, para ver que va pasando. Ayer apenas pude dormir, tenía una extraña sensación de desasosiego, y a las 8:00 am, al llegar al curro, me he encontrado con la noticia del desalojo de la Puerta del Sol. En ése momento he sentido que me gustaría estar allí con vosotros/as para vivir todo esto en carne propia, y no como un mero espectador.

Me gusta lo que está pasando ahora mismo en España, por primera vez desde el inicio de la crisis en 2008 se realizan movilizaciones en las que se señala a los verdaderos culpables de lo que ha pasado, los grandes grupos financieros, los fondos de inversión, la gran banca, las agencias de calificación… y a los políticos, evidentemente, en la medida en la que han servido a los intereses de los primeros en vez de a los de los ciudadanos. Por primera vez no están en la diana ni Aznar, ni Zapatero, ni ninguna otra cara visible, sino un estado de cosas inaceptable contra el que cualquier persona ya no de izquierdas, sino de buena voluntad, debería luchar. Tampoco es un movimiento construido desde la negación, sino desde la proposición… y las propuestas del mismo son lo suficientemente generales como para poner de acuerdo a un amplio número de personas y, a la vez, lo suficientemente profundas y dotadas de razón como para resultar revolucionarias. Una crisis sistémica requiere cambios reales en el sistema, y así hemos empezado a entenderlo. Las convocatorias del pasado domingo han conseguido lo que hace unos años a muchos nos parecía imposible, movilizar apuntando al centro de la diana, siendo “radicales” en el mejor sentido de la palabra, y al mismo tiempo evitando el sectarismo y los dogmas. Sumando gente desde la empatía y las ganas.

Ayer, Iñaki Gabilondo decía en El País que nunca se había llegado a una convocatoria electoral con semejante descrédito de la política. No estoy de acuerdo, nunca se había llegado a unas elecciones generales con tal descrédito de los partidos políticos mayoritarios (hecho que reflejan fielmente todas las encuestas), los partidos-máquina que funcionan cerrados en sí mismos y ajenos al ciudadano, imponiendo las recetas dictadas desde los grupos de presión financieros y mediáticos. Ésa es la política desacreditada, pero la política en sí, entendida como la conciencia y la necesidad de actuar en los asuntos que afectan a la colectividad, esa política, la real, ha demostrado estar más viva que nunca.

Todo esto os lo escribo desde un país donde la crisis financiera se vive como un problema de los países de la periferia y las únicas causas capaces de movilizar a la ciudadanía consciente son el auge de la extrema derecha y la amenaza nuclear. Un país cuya canciller federal, Angela Merkel, visitó el nuestro hace unos meses para afirmar que nuestro país iba “en el buen camino” con las reformas emprendidas por el gobierno de Zapatero (reforma laboral y de las pensiones), y declarar luego que en el suyo hacían falta ésos jóvenes con buen nivel de formación a los que las buenas políticas iban a condenar al paro y la precariedad. A las pocas semanas, anuncian la próxima inauguración de 23 nuevas líneas low-cost desde España a Alemania. Las manifestaciones de este fin de semana, vistas desde aquí, desde el centro del continente, me han recordado estos hechos y me han hecho pensar mucho en el tipo de Unión Europea a la que nos dirigimos. Un espacio económico profundamente heterogéneo e injusto en el que a los trabajadores, cualificados y menos cualificados, convertidos todos en “mercancía en manos de políticos y banqueros”, no les quede más remedio que ir de un lado a otro en función de las necesidades de las élites. La máquina generadora de desigualdades de la globalización neoliberal no juega sólo en el tablero del mundo, sino también en el de nuestro continente. Los buenos estudiantes, los inteligentes, irán a Alemania, a Dinamarca, a Suiza, a disfrutar de buenos sueldos, excelentes servicios sociales, tiendas Bio y ciudades diáfanas mientras alimentan el delicado corazón de la máquina. El Sur, mientras tanto, quedará para los frustrados, los “resorts” de vacaciones, la policía, los controles anti-inmigración y el “capitalismo popular” a golpe de corruptelas y nepotismo, la crisis permanente y la permanente amenaza del “rescate” o el ajuste estructural.Ayer y hoy, mientras comía al sol en la amplia terraza del instituto de investigación en el que trabajo, rodeado de "cerebros" provenientes de toda Europa, no dejaba de pensar en esto.

Frente al desarraigo y la violencia estructural de la economía deslocalizada, frente al siniestro plato que los gerifaltes que se reúnen en Davos nos tienen preparado para servir intereses privados, ajenos y distantes, frente a la obediencia debida de quienes deberían poner freno a todos estos desmanes, urge una respuesta. La respuesta que han dado previamente islandeses, griegos, portugueses, británicos, italianos, franceses. La que tenemos que dar nosotros/as ahora.

Sigamos así, informándonos, leyendo “Indignaos” y las secciones de economía de los diarios convencionales (que lo demás es la cáscara), viendo “Inside Job”, ayudándonos y participando en todo lo que podamos. Y, vosotros que estáis allí, hablad. Por favor, hablad de todo esto todo lo que podáis y con todos y todas los que podáis, especialmente con quienes piensan de forma muy diferente, como dice M. Benedetti, de tanto hablarlas, las diferencias se achican. Con seguridad y también con mucho respeto, que de todos/as podemos aprender algo. Y si veis por ahí algún mitin callejero del PSOE o del PP, ¡¡intervenid!! Hacedles saber, a los unos, que las crisis no se arreglan con las mismas medidas que la generaron, y a los otros, que no tengan el morro de pedirnos confianza cuando acaban de arrebatárnosla. Y que no cunda el desaliento si el PP gana votos el próximo domingo y os da cruelmente las gracias, o si los cabezas de lista del PSOE os echan la reprimenda poniendo cara de cordero degollado. Esto va a ser largo y lo importante es que siga adelante más allá de las elecciones. La razón está de nuestra parte y acabamos de darnos cuenta de que estamos menos solos de lo que pensábamos, y estos son dos de los ingredientes básicos con los que empiezan las cosas grandes. Lo dicho, mucho ánimo.

viernes, 6 de mayo de 2011

48 horas forzando mis límites

A veces uso la etiqueta “día río”, para hablar de mí un poco más directamente de lo que lo hago cuando escribo sobre lo otro (aunque no hay manera de escribir del “mi” sin que lo otro/los otros ocupen el centro). Este día ha sido de 48 horas.


Empezando por el cuarto y mitad, tuvimos una cena (el miércoles), en la que conocí en presencia a dos blogas. Fue muy agradable, pero apenas pudimos pasar de un ligero conocimiento: una de mis “coqueterías” de señor mayor es fingir que no estoy bastante sordo y, aunque me senté en la silla de la izquierda para dejar en alerta mi oído menos malo, una mesa de ocho me aleja de los que están en el extremo. “Centradito” es mi posición natural, pero ocuparla habría destrozado ese punto coqueto (que, lo que son las cosas, no me importa destrozarlo por escrito).

También estaba Moli. Para mí, es una persona “asterisco”. Los asteriscos son unos signos ortográficos que me dan mucha confianza. Me encantan los libros con muchos asteriscos que remiten al pie de página y te dan las informaciones vitales que quedan fuera del tema principal. Muchas veces he dicho de un libro que lo que de verdad he aprendido de él eran las notas a las que refieren los asteriscos. Moli es la confianza permanente.

Y estaban Di y su compañero. Nos conocimos por la mañana y pasamos tres horas hablando sin parar. Son personas-signo de interrogación de apertura. En un escrito, ese signo abre una duda; como referencia a personas (en mi peculiar código ortográfico-psicológico) significa la apertura a las personas que siempre te plantean puertas a lo desconocido. Di y su compañero anuncian el interés constante. Terminada la cena, nos fuimos los tres a beber un poco más. Hasta que nos echaron.

El jueves, no muchas horas después, un café y una ducha me dejaron como si el día anterior hubiera estado sentado en un sillón. Les llamé para pasar la mañana con ellos y con unos amigos muy interesantes. Volví a casa a comer con mi hijo, que ha vuelto a España y tiene miles de cosas que contarme. Una buena siesta habría necesaria, pero mi sobrina ahijada, a la que estoy muy unido, estaba entrando en depresión. Su compañero tiene una enfermedad degenerativa grave y la situación es ya dura. Realiza un trabajo que ahora ya no puede hacer con la brillantez de antes, simplemente hace lo que puede, y se ocupa de dos hijos de 5 y de 8. Tenía que hablar y hablamos y bebimos, pero la tuve que dejar, porque a las 8 mi gran amiga Elena inauguraba su primera exposición, así que más metro, más andar, más llegar como si estuviera con el cuerpo descansado y la mente fresca. Cuando volví a casa no me dolía solo la espalda, sino las piernas, los brazos y hasta el bigote: cené dos plátanos y tres yogures y solo fui capaz de dejar la bandeja en la cocina, incapaz de agacharme para tirar las pieles a la basura. Leí la introducción y el prólogo de un librito que compré por la mañana en Cuesta Moyano (unas conversaciones con Bacon) y me quedé dormido con el libro sobre la cama (en algún momento debí apagar la luz).

Para las 48 horas, tenía que llegar hoy hasta las 11 a.m. Me levanté pronto, con el café leí que Bildu se presenta a las elecciones y me alegré de estar en un Estado de Derecho (las formas son importantes). Tenía cita con la reumatóloga que me va a tratar: por fin la especialidad necesaria y, como premio, mujer. Profesionalmente, siempre prefiero a las mujeres. Posiblemente me tengan que poner un poco de cemento bajo la vértebra. No apetece mucho, pero sea. Y me voy a curar, me dice, y a dejar de romperme huesos, pero el tratamiento son dos años y todos los días tendré que meterme yo mismo un pico (como hacen los diabéticos). Si tiene que ser, que sea. Y seguro que cuando lo haya echo dos días, será tan fácil como cepillarse los dientes. Pero salí de la consulta con aprensión, quizá porque las 46 horas anteriores había traspasado todas mis posibilidades.

En el pequeño autobús que me trajo hasta casa, iba releyendo un librito de Chantal Maillard del que quiero poner algo en mi otro blog. Y subrayé por segunda vez algo que había subrayado ya en la primera lectura:



«Dejar que la realidad transcurra ante ti. Aquietarte. Desde la quietud, observar el movimiento».

Decididamente, me voy a aquietar.

jueves, 14 de abril de 2011

Encuentros en la Cuarta Fase

Infancia, Juventud, Vida Adulta, Liberación y Preparación para el Fin de Emisión. Las cinco fases de la vida según el marco temporal imaginario que me he creado. Había decidido no tocar este tema, pero al final lo tengo que ir filtrando de uno en uno a todos mis amigos y conocidos; y eso aburre bastante: repetir lo mismo.

Los hechos son: estaba aburrido de mi trabajo y propuse llegar a un acuerdo. Entretanto, la sede de mi multinacional pidió despidos en el mundo mundial. Estos despidos, los paga la central, no son un coste para las sedes locales. Tengo jugosos pensamientos sobre estas prácticas, pero esos me los guardo para mí y para hablar con una cerveza en la mano. Estamos en los hechos. Hemos “caído” varios de los de más años en la empresa (tiene su lógica si se pretende eliminar gastos fijos). Y a mí, bien por eso, bien porque me estaba volviendo un inútil parásito, bien por hacerme un favor después de todos los esfuerzos hechos durante años, bien por mi peligrosa tendencia a romperme huesos de la columna vertebral y tener bajas prolongadas o bien por cualquier otra razón, me metieron en el lote.

Comprendo que a mis compañeros caídos de 55 años les han metido en una situación dura, pero yo estaba a 25 meses de la jubilación. Indemnización total, sin acuerdos, 24 meses de paro (que cotiza por el mismo nivel que cotizabas en el trabajo) y la jubilación, personalmente es un “premio”. Una manera cómoda de no “tener” que trabajar en la vida. Salvo desgracias, de las que nunca se está libre. Porque nunca he creído en la “seguridad”: basta un repasito a la Historia para saber que es un presupuesto falso. Eso no quita que de momento me haya quedado en una situación realmente “cómoda”.

Es decir, entro en la Cuarta Fase: un cacharro viejo y rojo. Así que, después de casi un mes dando tumbos mentales, porque lo mismo te sientes contentísimo que te da vértigo haber cambiado de fase, la quietud ha venido a mí y me he hecho unas cuantas promesas.

Y es que voy a cumplir 63 años en unos días. Desde aquí me parece que han pasado vertiginosamente. Y es bastante dudoso que cumpla otros 63. Así que es mejor aclarar bien las cosas.

Prometo ser un irresponsable. Ya lo fui en la juventud, tanto que tres tipos de muerte que mataron a algunos amigos me rondaban. Pero apareció MiaLola y me salvó de las tres. Lo hizo, además, dejándome que siguiera “jugando”, sin pronunciar un NO. Nos acostumbramos a estar juntos y hasta tuvimos un hijo. Entré en la Vida Adulta y acepté todas mis responsabilidades: hacer todo lo que tienes que hacer para pagar las cuentas; no recoger un pequeño bolso con las escasas pertenencias y desaparecer; dedicar la mayor parte del tiempo a eso. El Ser, la aventura de la vida, quedó bastante fuera (supongo que sabéis de lo que os hablo).

Ahora eso se acabó. Vuelvo a ser un irresponsable, no del modo nihilista de la juventud, pero irresponsable. Voy a dejarme llevar por el azar; leer mucho, despacio y tomando notas cuando me interese: pereza fuera; caminar sin rumbo, dejándome atraer por lo que me llame, ya sea un desconchón en un muro o una sinfonía; volver a frecuentar los teatros, cines, exposiciones, las tertulias, las conversaciones a piel quitada: todo lo que una vida laboral y las energías propias a la edad me impedían hacer.

Prometo comprometerme con mi pareja y amigos que permanecen en la Tercera Fase. Entenderlos, mimarlos, no decir “ahí te pudras” porque el cansancio de la vida de trabajo no me permitía otra cosa. Com-promiso viene a significa con-promesa.

Prometo defender mi deseo de leer y estudiar un mínimo de seis horas. No hay trato posible que me quite esa “condición imprescindible”; y de esas 6 para arriba.

Prometo no aceptar un “no” irrazonable si no se discute y me convencen. Tengo tiempo para discutir continuadamente. Y volver a discutir.

Prometo decir “no” a lo que ponga en peligro las condiciones anteriores. He abierto las puertas a lo múltiple de la vida y no voy a cerrarla por responsabilidades inventadas, si no proceden de las necesidades del amor. Y a decir "no" a muchas de las servidumbres de la vida. Ya no hay nada en lo que tenga que avanzar salvo en mí mismo.

Prometo buscar la transparencia. Del modo que la define Jesús Aguado:

«La transparencia es una cualidad de la inteligencia y también del amor. Además, es una de las características de la confianza en el presente: cuando uno se asoma por una ventana ve lo que ve (una familia cenando, un gato paseándose por la balaustrada, una cortina naranja con lunares blancos, unos periódicos en el suelo) pero no ve lo que fue ni lo que será. Por eso la transparencia nunca puede ser utilizada como testigo de cargo en los juicios al pasado o al futuro. La transparencia habla del ahora, del momento actual, de los instantes que aún no se han desvanecido de la retina o las yemas de los dedos»

Y en esas estoy, como un niño con zapatos nuevos; como un joven con zapatos atractivos; como un adulto con zapatos cómodos. Dispuesto a dedicar tiempo a conmoverme y a asombrarme.

Esto es un trato.

Antes solía celebrar mis cumpleaños con un poemilla ad hoc. Me parece bien repetir el que puse cuando los 59.


A mí mismo

No has sido salvado para vivir

poco tiempo te queda, da tu testimonio.

ZBIGNIEW HERBERT


Llegarás como mucho a un epitafio.

Una desgana

de quedarte en los huesos;

un ansia

de ser polvo

(más duro de roer).

Centrifugar antes el yo no es mala idea.

No dejar nada al final

a la pelea del diablo y de san pedro.

Que no haya última sustancia

allí donde la carne sea una instancia

para el fuego.

 

viernes, 25 de febrero de 2011

Conversaciones mal conducidas

Me preguntas que si el dolor.
Si no se sale de su sitio es un juego

una cuerda que suena sola sin pulsarla.

Lo que te decía es lo de mirar por la ventana

temiendo que pueda ser ahí fuera donde sucede algo.

martes, 23 de noviembre de 2010

Buenoooo, qué sinergias o enredos de la casualidad

Aquí todo se une, casi a diferencia de la historia de hoy, en la que todo se separa. Esto va para largo y les voy a robar su trabajo a unos cuantos. Primero, el último relato del Taller, sobre la vergüenza, después, una entrada de Jesús Miramón, que incluye un enlace a una entrada de Escolar.net y, finalmente, un artículo aparecido en Globalízate.com.

I. Taller


Vergüenzas de todos los colores


Levantes la piedra que levantes

despojas

a quienes precisan el amparo de las piedras.

P. Celan



Dos mujeres se han citado en un lugar que no importa. Ni siquiera la cita importa: es banal; en cualquier gran ciudad se están produciendo en ese momento miles de citas parecidas. Pero todo signo banal es un escudo de lo que hay dentro. Lo que importa es el interior: haber tenido la oportunidad de saber lo que pasa dentro y se tapa; incluso las dos mujeres se lo ocultan cada una a sí misma. Se besan, se lisonjean, se abrazan y se sientan en una mesa.

Cualquier observador que tuviera interés, se daría cuenta de una disimilitud que encierra algo desagradable. Una de ella, la llamaremos Rosita, lleva un abrigo de paño de temporadas pasadas, pero muy cuidado. Y su tez, el halo que la rodea, o su manera de estar, refleja decaimiento y temor. Lo contrario que la otra, vestida con ropa alegre de mercadillo, pero muy nueva. Usa su ropa como si no le importara que le cayera una mancha; tiene un gran armario. Se casó con un hombre que se hizo rico. Rosita, en cambio, vive sola, es administrativa, se plantea 14 veces cualquier compra y se siente avergonzada de su pobreza digna. También tiene miedo a que una crisis la deje sin trabajo y pueda perder esa dignidad cercana a la raya de abajo. Muchas noches, ese miedo le quita el sueño.

El miedo también avergüenza. A veces es difícil distinguir entre un sentimiento y el otro. Pero en esos momentos, la mayor vergüenza se la produce Marta, presentándose ante ella como una igual. Está segura de que fue al mercadillo a comprarse ese traje vaquero para la cita con ella y que no se lo volverá a poner. También siente vergüenza por cómo habla de sus trabajos temporales, de proyectos de relaciones públicas que le dan los amigos de su marido desde que este se relacionó con la política. No soporta que hable con ella como entre trabajadoras, cuando con tres proyectos, que no le quitan más de cuatro meses, gana lo mismo que ella y, además, lo usa para sus gastos. A Rosita le avergüenza la falta de vergüenza de Marta, por ser como es. A veces, en lo más profundo, a Marta le asalta la sensación de que una amiga como Rosita es una vergüenza para ella. Cuando esta le pidió que no la invitara más a sus fiestas, porque se sentía fuera de sitio, no la insistió. Era una manera de reconocer que su amiga de toda la vida estaba fuera de sitio en su vida.

¿Por qué se siguen viendo, aunque cada vez más de tarde en tarde? ¿Por qué no aceptaron el abismo de la distancia que las separa? ¿Por qué están ahí, hablando en una cafetería, animadamente? Quizás porque las une algo más fuerte de lo que sospechan. Amigas de la misma edad, que vivían en el mismo portal, compartieron el descubrimiento de la vida: las primeras menstruaciones, la contemplación mutua del sexo, los primeros chicos y sus sensaciones, la escalada de las relaciones sexuales. Lo compartían todo y es todo fue lo más emocionante en la vida de cada una. Marta tiene de todo, pero ha sido abandonada emocionalmente por su marido. Rosita, ni siquiera tiene eso. Solo tienen un pasado, aunque ahora sea socialmente inconveniente. No hay nada más que les haga latir el corazón.

Podríamos rastrear esa vergüenza íntima, o la falta de vergüenza de los que tienen medios de vida y los consideran algo caído del cielo, que les corresponde, en cada uno que vemos durante un paseo.


—Somos una mierda pinchada en un palo —le dije la otra noche a un amigo.

—Y siempre hay alguien que preferiría nuestra muerte para pelearse por las astillas —me contestó.


II. Entrada de Jesús Miramón

Zarzas y enredaderas


Las noticias sobre la crisis económica en Irlanda, una de las últimas víctimas del robo del siglo, me hacen recordar la amabilidad de sus habitantes, la belleza de Connemara, el olor de sus playas invadidas por las algas, las casas abandonadas cubiertas de zarzas y enredaderas.

¿No parece una coincidencia con mi relato? Pero hay más, porque las palabras "robo del siglo" son un enlace que lleva a una entrada de Escolar que dice lo que a mí me gustaría haber sabido decir, sobre esa Irlanda tan querida por los neoliberales, el modelo de Rajoy a copiar en España. Y va y se desmorona antes que nosotros.


III. Escolar

El robo del Siglo

Dice el economista Paul Krugman que “los avances de la teoría económica en los últimos 30 años fueron, en el mejor de los casos, inútiles; y en el peor, muy dañinos”. Hay una tercera opción, aún más dramática: que el daño no fue inocente; que esas grandes aportaciones de la doctrina neoliberal a la crisis actual fueron parte de una gigantesca estafa: un timo que funcionó y que quedará impune. Era un castillo en el aire, pero no todo el dinero se evaporó. Hubo muchos que ganaron: los mismos que financian y dan voz a algunos de esos economistas que incluso hoy justifican estos desmanes.


La última evidencia del robo del siglo emerge ahora en Irlanda. La niña bonita de los neoliberales, el país que las agencias de calificación ponían como modelo, está a punto de irse a pique. El Estado asumió la inmensa deuda de los bancos privados y evitó una bancarrota financiera, pero a cambio obtuvo la quiebra nacional: es todo el país, y no sólo los bancos, quien está en riesgo. No está claro siquiera cuál era la peor alternativa, pero el resultado final es que cada irlandés debe hoy unos 60.000 euros de aquella fiesta, a la que no fueron invitados; cada céntimo que paguen en sus impuestos durante años servirá para cubrir las apuestas de esos inversores privados. ¿De qué ha servido la austeridad en las cuentas públicas que exigían los economistas liberales si se permitía a la banca irlandesa asumir unos riesgos que han dejado un agujero del 170% del PIB?

Aunque el escándalo mayúsculo es que después no pase nada. Y no sólo nos jugamos la economía. El mayor peligro para nuestra democracia ya no es el golpismo o el terrorismo: es el sistema financiero. ¿Cómo podrían los políticos justificar un nuevo rescate si no se toman las medidas para que algo así no vuelva a suceder jamás?



Pero ya que hablamos de neoliberales, sus posturas de todo para que funcione el negocio en beneficio de muy pocos se ve claramente en su desvergüenza con el cambio climático. Ahí podemos saber lo que se puede esperar de ellos. Negacionistas hasta hace semanas, ahora el Jefe español. que estuvo a punto de presidir una cumbre negacionista hace año y medio en Nueva Yotk (se lo prohibieron en Génova), resulta que ahora pasa aceptar ese cambio, sin la menor excusa por su posición anterior, pero desde la perspectiva del negocio. Este artículo de Louis Lasalle para Globalízate, lo explica muy bien.


IV. Globalízate

La nueva postura de José María Aznar frente al cambio climático: una nueva estrategia del negacionismo de siempre



Louis Lasalle para Globalízate (15/11/10)

Detrás del nuevo instituto sobre cambio climático del que José María Aznar es asesor se esconde una nueva estrategia, financiada por los negacionistas de siempre, para abrir nuevas oportunidades de negocio sin renunciar a lo anterior.
José María Aznar, ex presidente de España, promotor de la guerra de Irak, miembro de holdings financieros agresivos y divulgador de las ideas ultraconservadoras más antisistema, era también conocido por su abierta adhesión a los posicionamientos más radicales del negacionismo del cambio climático. Sin embargo, hace pocos días nos sorprendió a todos al ser fichado como presidente del consejo asesor de una organización centrada en el cambio climático. Inicialmente nos asaltaron muchas preguntas ¿Habrá cambiado su manera de pensar ante la avalancha de evidencias científicas que se acumulan día a día? ¿Cómo una persona formada en letras y con profundas y demostradas lagunas en ciencia puede presidir un consejo asesor sobre cambio climático? ¿Hay gato encerrado? Las crípticas explicaciones que Aznar nos facilita desde la web de la organización nos han dejado aún más confusos




Desde Globalízate hemos preferido ser cautos e investigar un poco antes de posicionarnos precipitadamente. Tras un periodo de investigación y reflexión hemos sacado las conclusiones que presentamos a continuación.

José María Aznar ha estrenado su puesto de presidente del consejo asesor de una asociación sin ánimo de lucro recientemente creada llamada The Global Adaptation Institute (GAI) (http://www.globaladaptationinstitute.org/). ¿Quiénes son y cuáles son sus objetivos? Esta asociación está formada por reconocidos miembros de la esfera conservadora como son Juan José Daboud (Director de GAI, antiguo miembro del Banco Mundial, y ex ministro de economía de El Salvador), Paul Wolfowitz (ex presidente del Banco Mundial y promotor de la guerra de Irak), Jorge Quiroga (ex presidente conservador de Bolivia y ex alto cargo del Banco Mundial), Ana Palacio (ex ministra española, promotora de la guerra de Irak en la ONU y ex miembro del Banco Mundial), además, varios representantes de la empresa privada, de think tanks conservadores y algún científico especializado fundamentalmente en el estudio de los recursos naturales y su relación con la economía. ¿Quién lo paga? GAI ha abierto sus puertas recibiendo una generosa donación (10 millones de dólares) de NGP Energy Capital Management (http://www.ngpenergycapital.com/) una franquicia de inversión energética con una gran participación del sector de los combustibles fósiles.

Sus objetivos son muy claros: abordar el problema del cambio climático exclusivamente desde la perspectiva de la adaptación. Para comprender un poco mejor esta perspectiva vayamos al IPCC. El IPCC se divide en tres Grupos de Trabajo: GT I La base científica, GT II Impactos, Adaptación y Vulnerabilidad, GT III Mitigación del cambio climático. El GT I se dedica a recopilar información y redactar informes sobre todas las evidencias científicas, procesos, causas y predicciones de este fenómeno. El GT II estudia la magnitud de los impactos y plantea posibles formas de adaptación ante todos los posibles cambios previstos en los distintos escenarios planteados. El GT III se centra en estudiar y proponer medidas que permitan reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Las tres aproximaciones son totalmente necesarias, hay que profundizar en el conocimiento de este fenómeno a escala global, perfeccionar los modelos predictivos y los posibles escenarios, necesitamos estudiar cuán grandes serán los impactos, cuán vulnerables son las distintas regiones del planeta a estos cambios y cómo podremos adaptarnos a ellos de producirse. Y por supuesto y con urgencia necesitamos saber cómo podemos mitigar los cambios y evitar en la medida de lo posible que se produzcan, minimizando así la necesidad de una adaptación.

Entonces nos preguntamos, ¿por qué The Global Adaptation Institute ha decidido que solo es importante la adaptación? Observando quiénes conforman este instituto, quién lo financia y cuáles son sus objetivos, concluimos que la respuesta es la de siempre: el dinero. Si apareciese una asociación que tratase de abordar el problema del cáncer desde una perspectiva global pero que no considerase importante ni el estudio de sus causas, ni su prevención sino tan solo el desarrollo de nuevos tratamientos de quimioterapia, sospecharíamos inmediatamente que hay intereses farmacéuticos detrás. Algo parecido ocurre con el GAI. Detrás del negacionismo tradicional está el interés de las multinacionales petroleras que ven amenazados sus beneficios con un cambio en el modelo energético. A esta corriente se ha sumado con alegría toda la esfera neocon ya que en el fondo las causas cambio climático ponen de manifiesto un cuestionamiento el modelo tradicional de crecimiento económico-financiero perpetuo, negando la evidencia de que no se puede crecer hasta el infinito en un planeta finito. Sin embargo, los defensores del sistema financiero liberalizado se han dado cuenta de que también detrás del cambio climático puede haber serias oportunidades de negocio y sería inadmisible dejar pasar esta oportunidad.

Es cierto que las campañas negacionistas están cosechando muchos éxitos y sirva como dato que en EE. UU. cada vez hay más escépticos. Solo el 38% de los votantes republicanos confía en las evidencias científicas sobre el cambio climático y si nos centramos en los simpatizantes del Tea Party se reduce a poco más del 20%. Estas campañas pretenden salvaguardar los intereses comerciales de una serie de poderosas multinacionales. Sin embargo, ¿no sería posible desarrollar un nuevo discurso que sin afectar a las empresas energéticas ni a los paradigmas del neoliberalismo permita conquistar nuevos mercados y negocios emergentes? La respuesta es clara: la adaptación. Por un lado son conscientes de que las evidencias científicas son tan apabullantes que va a haber movimiento político y solcial por mucha campaña negacionista que se financie. Por otro lado, si olvidamos el estudio de la ciencia del clima y también cualquier intento de mitigar el problema podremos obtener un pedazo de pastel de ambas tartas: por un lado, el modelo energético y de crecimiento no se tocará y por el otro abriremos nuevas y abundantes oportunidades financieras en la adaptación. Resumiendo, cambiar un poco para que todo siga igual y además ganar influencia en un sector prometedor.

Desde Globalízate consideramos que abandonar la lucha por la mitigación es una renuncia inadmisible y de consecuencias desastrosas. Por todos los motivos relatados aquí, somos profundamente críticos y escépticos con los intereses y objetivos de The Global Adaptation Institute. Es indudable que la estrategia es inteligente y probablemente durante mucho tiempo veremos campañas negacionistas y de “solo-adaptación” simultáneamente y probablemente financiadas con los mismos fondos. También tenemos que estar alerta y si alguien nos habla de abordar el problema del cambio climático tan solo desde la adaptación, probablemente se trate de un neo-negacionista.

¿Nadie hace nada?, se preguntaba Jesús. La Rosita del relato ni siquiera se pregunta nada, solo teme y se avergüenza. Escolar y Louis Lasalle explican. Y yo no me pregunto. Afirmo con rotundidad que hago lo que puedo. Aunque sea algo tan pequeño como tener los ojos abiertos y traeros aquí estas cosas.

 

domingo, 23 de mayo de 2010

Diagnóstico certero de la izquierda mundial

Cuando ya sabíamos las respuestas, nos han cambiado las preguntas



[ACTUALIZACIÓN]

Jesús Miramón ha puesto un vídeo fantástico de Cohn Bendit, muy relacionado con esta entrada. Son seis minutos pero demuestra que hay gente, aunque poca, que sí sabe inventar preguntas, que está en la política, y sabe cómo hablar a los políticos, pero de otra manera. Es muy necesario perder esos 6 minutos de nuestro tiempo. Como me sale solo la mitad de la pantalla, es mejor que vayáis a verlo en su página, haciendo clic AQUÍ.


Juan Cruz ha contado esta mañana en la radio que vio ese grafitti en Quito. Me he dado cuenta de que describe con precisión lo que nos pasa. Tantos años queriendo alcanzar el poder en el poder político y cuando lo hemos logrado vemos que está vacío. Que el poder está en otra parte.

Cuánto le costó a Marx mirar con atención y describir con precisión el funcionamiento del reloj, de todos los relojes, así como el papel necesario del Estado para que el reloj marcara siempre los tiempos del Capital. Mucho más les costó a nuestras pobres cabecitas entenderlo. ¡Y ahora los relojes son digitales!

La izquierda no tiene ni puñetera idea de cómo funciona el mundo. Así nos va. La derecha conoce ese funcionamiento, lo apoya y se beneficia de él. Otro mundo es posible, seguro que sí. Pero primero hay que entenderlo.

Nuestras respuestas ya no nos valen. ¿Cambiamos las preguntas?


sábado, 16 de enero de 2010

Ojalá fuera así

Volvió del trabajo, otra vez una semana de cinco días después de tantas fiestas, sintiéndose especialmente sucio y avergonzado. Algo achispado, para cobrar fuerzas y poder mirar a la cara, con la conciencia limpia, a su compañera.

Decidió acostarse, solo media hora. Pero durmió dos, hasta las nueve en punto.

Soñó que estaba en una mesa larga de un bar, con gente que apenas conocía. La alegría se esparcía con facilidad. El sueño se vuelve complicado, porque hace tiempo que consiguió tener la capacidad de intervenir en los sueños, en duermevela, convirtiéndose en el guionista.

Hay un momento en el que sabe que se va a morir. Dulcemente. A su derecha hay una mujer. Le dice abrázame. Se recuesta en su pecho, que huele a vida. Profundiza en su muerte. Un momento después abre los ojos y le dice nadie había hecho esto por mí, gracias. Se muere.

Más en vela que en sueño, piensa que así debería ser la muerte, suave y en los brazos de alguien con quien no se tiene intimidad.

Se despierta limpio, como si se hubiera frotado el alma con cepillos de quitar el sudor a los caballos. Su compañera prepara dos Campari. Cena un caldo. Ven el vídeo de la película Tres días en familia. Se entera de que la directora, Mar Coll, solo tiene 29 años, pero ha narrado una película intimista de un modo directo y personal. Le emociona, ya dije que tras dormir era un hombre nuevo, que haya en el mundo gente como ella. Se va con su compañera a El Parnasillo y vuelve a beber, pero ahora lo hace con calma infinita. Vuelve a casa y escribe todo lo anterior en su diario de los días río, que lo fecundan con su barro.

viernes, 25 de diciembre de 2009

Soy BICo (casi, casi, un cuento o una tarjeta de felicitación para “esta” Navidad)

Seguro que era sábado o domingo, quizá una fiesta de guardar, porque el hijo ha venido a casa a comer y él, la madre y el padre están comiendo una ensalada no enriquecida. Qué manía la de los restaurantes de ahora, que no saben ofrecer ensaladas que no hayan ensuciado con trozos de proteínas cárnicas. Y digo “ensuciado” porque lo convierten en obligatorio. La ensalada era una salida vegetal perfecta, una entrada de vitaminas inmaculadas, hasta que eso se convirtió en vulgar. Ahora se combina con lo que más grasa tiene: adiós a las ensaladas de tomate, lechuga y cebolla de los restaurantes económicos que se frecuentaban en la época de estudiantes y hasta bastante después. En los restaurantes no-económicos, incluía aceitunas, espárragos, remolacha y lo que se les ocurriera, pero siempre brotado de la tierra. También estaba la versión española de la nisuás francesa, que llevaba huevo duro y atún de lata. Una buena oportunidad de comer pescado y huevo, que la convertía en plato único. Pero incluso si no se quería el atún, se pedía que no te lo pusieran y, como se hacía en el momento, te la servían como querías. Adiós también a las ensaladas hechas en el momento, en las que cada ingrediente tiene su sabor, porque apenas hace nada que los han combinado. Ahora las ensaladas sestean en recipientes más o menos grandes, intercambiando sabores de profundidad que deberían haber guardado para sí mismos hasta el momento de la boca. Comprobar que es así resulta sencillo, basta con pedir que no pongan béicon y esperar que respondan que no es posible, porque ya está hecha.

Están tomando la ensalada y un vino apetecible; mientras, los canelones cogen en el horno el calor adecuado, excelentes siempre, siempre hechos en casa: desde la salsa de tomate, y la bechamel, hasta la condimentada carne picada. Son los momentos infrecuentes de comer carne, necesaria, gozosamente. Estas comidas abren el apetito y la conversación. El hijo dice una cosa: he firmado la Declaración de Barsac. Los tres cruzan informaciones y opiniones sobre esa Declaración; hasta que consiguen terminar la ensalada en el momento mismo en que se acaban de dar unos a otros toda la información que tienen.

El hijo dice una segunda cosa: en el modo de comer, ya sé lo que soy. Porque la Declaración pide reducir la ingesta de carne a la mitad y da el nombre de “demitarians” a los que siguen esa dieta. Resulta que el hijo, por el método de acierto y error, hace dos años que había empezado a ajustar lo que comía para sentirse saludable y, sobre todo, para tener la energía suficiente para las larguísimas jornadas de trabajo que realizaba con pasión. Necesitaba también, esa energía, para las largas horas dedicadas a los variados ocios que, con igual pasión, vivía los fines de semana. Y resulta también que al padre, después de un ataque a su salud meses atrás, se le creó un desagrado por la carne, los fritos, lo grasoso, mientras que se le hace la boca agua cuando piensa en verduras, cereales, legumbres, vegetales, frutas y nueces. La madre había seguido desde siempre una manera racional, la llaman mediterránea, de comer. Así que todos seguían ya esa dieta, de un modo u otro, como si les hubiera caído del cielo, no como algo a lo que se hayan sometido voluntariamente. El padre la sigue con mayor extremosidad y animadversión hacia los alimentos que le desagradan. Y ahora resulta que tiene un nombre. Y al final fue el Verbo.

El hijo dice una tercera cosa, dirigiéndose al padre: podrías traducir la Declaración para la página web y encontrar una palabra española adecuada para ese término. Porque los dos participan del mismo grupo de estudio y de agitación, Globalízate. Y el padre lo hace, traduce la Declaración. Y se pone en la página web, incluso con las erratas que contenía. Pero traiciona al hijo, porque hace una traducción literal del término, poniendo una odiosa N. del T. en la que explica su decisión.

(Para leer la declaración de estos científicos de elite sobre la necesidad de tomar menos carne, pincha en
La declaración de Barsac: Sostenibilidad medioambiental y la dieta semitariana)

El caso es que al ver esa palabra, “demitarians”, y entender por la definición que se trata de comer la mitad de la carne que se comía, el padre lamenta el escaso sentido del humor de los científicos. Porque debían haber escrito “demeatarians”. Lo tenían tan fácil. Claro que los científicos no suelen leer a Joyce. En realidad, casi nadie lee mucho a Joyce, al menos en los últimos cien años. Antes de esa fecha, se sabe que se le leyó, pero no hay fuentes de confianza que lo confirmen. Además, era una lectura complicada, que dificulta los estudios razonados. Había que leerlo sobre todo en Cervantes y en Sterne, así como en una multiplicidad de pequeños espacios de obras de mayor volumen, como por ejemplo el Capítulo 12 de la novela Escorpión y Félix que escribió Karl Marx en su juventud (confieso que no sabía que existiera, pero me la regaló el otro día una muy buena amiga, junto con dos horas de estupenda conversación). Muy complicado escribir así un estudio fundamentado de la lectura de Joyce antes de Joyce.

La gente rechaza el chiste en bloque, porque lo consideran grosero y poco útil. Creo que es por una confusión etimológica. Hay toda una corriente de chistes que también yo rechazo: la que procede etimológicamente de la palabra “chistera” en sus dos significados, aquella con la que se cubrían los ricachones y la que usan los magos para sacar de ella pequeños e inocentes conejos. Claro que me desagradan esos chistes. Pero hay otros que proceden directamente de la palabra “chistar”; son aquellos en los que, por un cruce de letras o palabras, te “chistan” desde la vida; te indican que hay una pequeña puerta abierta a otro camino. Ese es el chiste que se perdieron los científicos.

Para consumo propio, el padre sí ha inventado una palabra nueva, que no se atrevió a poner en la traducción: BICo o BICa. Es la sigla de Baja Ingesta Cárnica añadiéndole una “o” o una “a” final, según el género al que uno considera que pertenece.

De no ser BICos porque les había caído del cielo, el hijo, la madre y el padre se habrían sentido obligados a llegar a serlo como consecuencia de esta Declaración. Por coherencia con su pensamiento (no hay que olvidar que la “coherencia” es el refugio último de la elegancia). También podrían haber pensado que, después de Copenhague, para qué, si ya está todo perdido. Globalízate envió un texto a los medios de comunicación refiriéndose a las consecuencias del fracaso de la cumbre danesa. Por una vez, se pusieron líricos y terminaron así la declaración:

Mientras tanto, adiós África, adiós Sur de Asia, adiós glaciares y hielo marino, arrecifes de coral y selva tropical: Fue bonito conoceros, aunque a nadie le importasteis. Los gobiernos que se movieron tan rápidamente para salvar a los bancos han discutido y obstruido mientras la biosfera arde.

¿Para qué más esfuerzos, si ya no queda tiempo para actuar, para esperar otra cumbre? Los líderes no van a hacer nada porque las personas no quieren que se haga. Incluso los que pensaban que algo estaba pasando prefieren ahora aceptar las dudas de los “negacionistas”, pagados por los Grandes Compañías Contaminantes para seguir el modelo de negación que se usó en la relación entre tabaco y cáncer. Prefieren mantener el modo de vida del abuso de recursos. Si alguien quiere de verdad saber quiénes son los negacionistas que siembran las dudas que aceptamos, pinchad en este artículo de Escudier para El Confidencial:

Los negacionistas españoles del cambio climático

Quizá se hicieran BICos, padre, madre e hijo, de no serlo ya. Por coherencia, por no dejar de hacer el trabajo de cada día pase lo que pase. El padre piensa en la gente que conoce, en la vida y en la blogosfera, que seguirá haciendo lo que debe hacer. Sin más contemplaciones (esta frase es la proclama de izquierdas del infame “sin complejos” de la derecha).

El padre piensa en ellos. Posiblemente los que han llegado hasta el final y han leído los dos enlaces. Y les dedica esta entrada, como una Felicitación de la Nueva Década.

Soy BICo, sí. ¡¿Qué pasa?!