domingo, 27 de septiembre de 2009

Cuando me caí del guindo

[Ese era el tema del taller, que no se ha interrumpido durante el verano, pero no subí ningún relato porque andaba con el Parvulario. Esta es la segunda versión, no la que leí. Se la debo a Gemma, que me avergüenza con el cuidado que pone en sus textos, en el modo en que los va variando y cambiando ahora una palabra, después dos, hasta obtener un resultado magnífico. También se la debo a Marina, que me mandó una magnífica crítica-sugerencia sobre lo que valía y lo que no en la primera versión, crítica con la que estuve totalmente de acuerdo. No sé si lo he mejorado o empeorado, pero si es lo primero se lo debo a ellas].




A punto

La mosca ha despegado de la cortina, beige translúcida durante el día, y ha volado erráticamente por la habitación, posándose en el barrote inferior de la cama. No sé cómo ha entrado aquí, en un ambiente ligeramente fresco por el aire acondicionado y supuestamente estanco, pero está y es una distracción. La miro, veo todo lo que hace y no pienso en otras cosas. Es interesante seguir la trayectoria de una vida, porque tengo entendido que viven muy poco. Contemplo su inquietud, cómo pasa de un lugar a otro, cambiando inexplicablemente la dirección durante el vuelo. De un lugar inútil a otro igual de inútil. Como donde está ahora, sobre el barrote pintado de un verde feo de la parte inferior de la cama. ¿Cómo lo verá, como un prado donde puede encontrar comida? Quizá no se da cuenta de que es una pintura química que tapa óxido y mierda de muchos años. Mi hijo entra en la habitación, la ve sobre el verde y la ahuyenta. Le llamo, acerca la oreja a mi boca y le hablo.
—Déjala tranquila, me distrae.
—Una mosca que se te cague en el vendaje no parece muy sensato.
Le sonrío.
Me sonríe y se sienta en el sillón.
Saca una revista, lee y subraya.

Lo miro y me da una sensación de pena. Es absurdo, porque dentro de horas o de muy pocos días no existiré y no habrá sensaciones ni sentimientos. La pena anticipada de lo que no será es descabellada. Lo mismo con otras personas a las que quiero, con los paseos por la calle, el silencio en mi sillón, la lectura. A ellos les pasa lo mismo. Es curioso, quizá sea por la morfina, pero el oído se me ha agudizado y escucho lo que susurran en el pasillo. Sienten pena. Absurdamente, porque creer que todos los recuerdos que tienen, que esa identidad mía que cada uno de ellos se ha fabricado, guardan relación con este cuerpo que agoniza, en lugar de ser una interiorización de escenas pasadas para siempre, carece de fundamento. En breve, se enfrentarán a los recuerdos y entonces la pena, apartada ya de este cuerpo en la cama de una habitación del hospital, tendrá sentido. Ellos se llevan la peor parte.

Pero no me gusta esta complicación; que después de tantos años, toda emoción siga siendo compleja y contradictoria, que siga sin saber cómo manejarla. Poco he aprendido. Voy a desaparecer y no debería importarme ni mi pena ni la de ellos. Seguimos siendo mamíferos unidos unos a otros irrazonablemente. ¡Fuera estos pensamientos! Busco la mosca, pero no está o no puedo encontrarla. En todo caso, aquí, en el silencio de la noche, interrumpido pocas veces por algún timbre o quejido, por una carrera breve hasta una habitación, estoy bien.
Estoy bien y tranquilo. No sé si las moscas duermen. Una vida tan larga y no sé si las moscas duermen. Eliges y descartas, eso es lo que haces a lo largo del tiempo, que ahora me parece corto. Descarté la vida de las moscas.

El ajetreo que se produce desde que vienen a por ti, en mi caso por la cabeza abierta, es insufrible. Creo que no sería necesario tanto alboroto alrededor, que deberían ser rápidos y eficaces, pero al mismo tiempo suaves. El que cae en sus manos ya tiene suficiente angustia y la única sensación positiva que recibe de ahí es saber que parecen interesados en cuidarte. Desde la ambulancia, pasando por el box, el principio del quirófano y la mayor parte de la UCI, demasiados estímulos renuevan cada instante el malestar. Al principio de la UCI no, porque te encuentras en un estado de belleza interior, hasta que la anestesia desaparece, la sonda del estómago por la que sale un líquido espeso y marronáceo se atasca y sientes vómitos, o la del pis la empiezas a notar y pides más calmantes; pero no te los dan.

Cuando me subieron a una habitación para dejarme morir en lugar de enviarme a casa, menos por cortesía y más por los aparatos necesarios para mantenerme con vida, descansé. Aunque el día fuera ruidoso, no lo eran tanto como en la UCI, y la noche resultaba bastante tranquila; prácticamente solo había monjas. Pensaba en el pasado, que conducía ahora a la nada. Todo se me presentaba desprovisto de la cualidad por la que me había entusiasmado, hecho y sentido solo por el placer que daba hacerlo y sentirlo. Estaba así cuando entró el cura del hospital a venderme un futuro. Se nos debe notar en la cara, el pensamiento de que no existe un sentido, y es cuado vienen a carroñear. Cerré una mano, vuelta hacia mí, y levanté un dedo. Mi hijo se abalanzó sobre él y lo sacó a empujones. Casi siempre está conmigo, señal de que no va a ser algo largo y no necesita crear una estructura de acompañamiento. Hace unos días, con ochenta años cumplidos hace mucho, seguía entusiasmándome por muchas cosas de la vida. Ahora pienso en la mosca y no creo que ningún episodio haya tenido mayor ni menor interés. Todo es cuestión de dónde pones la mirada.

jueves, 24 de septiembre de 2009

La fuerza de la energía alternativa en España

Esto es importante. No es la panacea, pero es importante, para nosotros como país y para el mundo. También es importante que este gobierno que pretende esas cosas no podrá hacerlas sin un fuerte apoyo de la gente (la gente somos nosotros, no las organizaciones que dicen representarnos). Aparece hoy en El País (pinchad AQUÍ para verlo). También es importante que hace unos meses se pudieron hacer relaciones de este tipo con EE UU, pero las echó abajo el lobby de patriotas de la FAES, que contactó con los congresistas y senadores. ¿Cómo iban a permitir que España hiciera algo bien sin estar ellos? Obama retrocedió, pero la realidad se ha vuelto a imponer. También es importante que no haya ningún medio de comunicación hablando de estos esfuerzos y nos tengamos que enterar por la traducción de un artículo de un periódico estadounidense. Saquemos las consecuencias de todo esto.

'The Washington Post' coloca a España como líder del empleo 'verde'
El diario afirma que la apuesta española por lo sostenible puede recolocar al 80% de los obreros que se han quedado sin trabajo en 2008. -Alerta del riesgo de crear nuevas burbujas
ELPAÍS.com - Madrid - 24/09/2009
"La creación de empleos verdes se ha convertido en un mantra para muchos gobiernos, incluido el de Estados Unidos. Pero, pocos países están mejor posicionados y motivados que España para luchar contra la recesión y, al mismo tiempo, conservar el medio ambiente". Este es el análisis que hoy publica el diario norteamericano The Washington Post en un extenso artículo sobre la apuesta española por la economía sostenible y la posibilidad que ofrece para recuperar los millones de puestos de trabajo destruidos durante la crisis. Además, destaca que "el esfuerzo del Gobierno español está siendo seguido de cerca por Obama".
De hecho, el diario se hace eco de las previsiones oficiales que apuntan a que la economía española podría crear un millón de empleos vinculados a las energías renovables en la próxima década gracias a la puesta en marcha de nuevas leyes y la combinación de la inversión público y privada. No obstante, puntualiza que, para ello, "deberán obligar a millones de españoles a abrazar la ecología".
"Con una tasa de paro del 18,5% pero una cuota del 24,5% de la energía producida en España proveniente de las energías renovables, frente al 7% de EE UU, España parece que tiene una respuesta para recuperar los cientos de empleos perdidos por la recesión y salvar la tierra al mismo tiempo", explica el artículo. El Gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero confía en que la puesta en marcha de parques de energía solar y aerogeneradores y la nueva legislación sobre eficiencia energética de los edificios, ayude a recolocar al 80% de los obreros que han perdido su empleo en la construcción.
"El esfuerzo del Gobierno español está siendo seguido de cerca por la Administración de Barack Obama y otros estados que están elaborando su propio plan de empleo verde", resalta el periódico antes de advertir de que, a pesar del optimismo de Zapatero, el proyecto no está exento de riesgos. En este apartado, el texto recoge las opiniones críticas que denuncian que tendrá un alto coste para los contribuyentes y que, a pesar de sus buenas intenciones, las medidas del Ejecutivo y sus subvenciones han distorsionado el mercado de la energía, como es el caso de la "reciente burbuja de la energía solar española".
El artículo de The Washington Post va en la misma línea que el informe de la Administración de Obama publicado recientemente que desmonta el estudio español elaborado por la Fundación Faes que atacó la inversión pública en energías limpias

sábado, 19 de septiembre de 2009

Parvulario de verano 13. Cierre y fiesta

Termina el verano. Otro verano. Pasan las lunas sin danos cuenta y ahora irá haciendo fresquito, los árboles se irán poniendo dorados, pasear por el Retiro será una felicidad. Todos habéis ido volviendo y recuerdo (copio) el final del primer parvulario:

«Un sitio fresquito, que a veces resultará tan pesado como yo, pero no es obligatorio leerlo, en donde poder escribir sobre lo que me dé la gana y cuantas veces quiera. Sin preocuparme del sentido o validez de las entradas. Es el momento ideal, porque casi todos los que pasáis por aquí estáis haciendo las maletas para perderos por ahí, lejos de Internet, y es como estar en la cocina, después de una comida con muchos amigos, que se han quedado medio adormilados en el salón y la terraza, hablando con uno o dos de ellos, en voz baja, de cosas intrascendentes o imprescindibles, delante de una taza tras otra de café. »

Habéis sido más de uno o dos, pero ha resultado igual de agradable. Varios, más de los que pensaba, habéis respondido a mi propuesta de que me enviarais un texto. Esa es la fiesta: que os podáis leer. He hecho una trampa: he puesto primero a Gemma porque me lo ha dedicado. Allí donde puedo, si pincháis en el nombre del autor vais a su blog. El orden siguiente lo he sorteado por el sistema de papelitos. Gracias.



(foto de Gemma)
Gemma
Retorno al Paraíso
Para Nano

El suceso tuvo lugar con la llegada de aquel pájaro extraño. Era un día turbio de luces y sombras cuando, rayano el mediodía, un ejemplar silvestre se posaba en el alféizar de la ventana, congregando en derredor la atención dispersa de transeúntes y ciclistas. De pronto, jóvenes y viejos de toda condición detenían su paso mecánico para escuchar, embelesados, un canto primigenio y subyugante. Incluso hubo señoras de distinto pelaje, también jovencitas, que interrumpían sus charlas y risas, repentinamente cautivadas ante una exhibición parecida, para retomar mucho más tarde sus vidas desde la asunción de una elegancia distinta, con visos plumados de ave zancuda. Si los gorjeos rutilantes de aquellas damas hubieran alcanzado a desvelar, en aquel instante de asombro, la razón última de la existencia, de seguro que no habrían cosechado la más mínima atención del público, para entonces agolpado por completo en torno al ave migratoria. Cuando los quiebros y trinos entonados llegaron a su fin, la ciudad entera yacía envuelta en especies silvestres y exóticas. Como si de nuevo habitaran el paraíso bendito.



Isidro Saiz
Armas blancas

Va de caseta en caseta pidiendo libros. “Libros que puedan ustedes donarme”, dice. “Es para un arma de instrucción masiva”.

Es la feria del libro y los que estamos a su alrededor lo miramos con curiosidad. Camina balanceándose, casi bailando, como si al eje de su cuerpo se le hubiera aflojado una pieza.

“Estoy fabricando un arma de instrucción masiva”, le oigo decir. “Conseguí un viejo carro de combate y voy a llenarlo de libros”.

Al cabo de un rato veo un extraño vehículo estacionado junto a la feria. Es una especie de “jeep” grande y de color verde olivo: algo así como un camión pero con la cabina formada sólo por varillas. El parabrisas es un pequeño rectángulo de vidrio sostenido por dos de esas varillas. Y eso es todo el chasis.

Sobre las ruedas hay una plataforma con varias hileras de libros (con el lomo hacia fuera), una sobre otra. Y en vez de faros, lleva siluetas de libros.

Al ver el camión me doy cuenta de que eso es el arma de instrucción masiva.

El hombre se acerca ahora al camión para dejar más libros. Ha conseguido que le donen varios títulos. Algunas personas compran ejemplares y se los regalan. Él los va colocando en la trasera del camión. No falta gente haciéndose fotos a su lado.

Yo mismo contribuyo con una edición barata de “Demian”, de Hermann Hesse. Un proyectil muy peligroso.

No sé dónde pensará usar su carro de combate, pero se me ocurren varios objetivos estratégicos: la casa de “Gran hermano”, alguna tertulia de cotilleo, una cancha de boxeo, una plaza de toros...

Lo malo es que, nada más marcharse con el camión, empieza a llover. Entonces me asalta un temor: que se estropee su armamento, que la pólvora de papel se le moje.



(Foto de Leg)
Leg
La venganza

Ramón no acababa de entender por qué aquella mujer se reía cada vez que él le tiraba los tejos.
No era un hombre feo, acababa de estrenar los cuarenta y el espejo le contaba cada mañana que, aunque se empezasen a notar alrededor de su cintura algunos excesos y la vida sedentaria, conservaba un aspecto juvenil y, por qué no, aún apetecible. Además era un hombre con porvenir, decidido y emprendedor, que regentaba su propio negocio, una acogedora pensión en la calle más céntrica de una ciudad tranquila como aquella.

Pero ella parecía no darse cuenta de todo aquello, y cuando, después de cerrar la cocina y tomarse dos cervezas, él se decidía a sentarse junto a ella, codo con codo en la barra del bar de siempre, le recibía con aquella sonrisa socarrona que se tornaba en risotadas descaradas e hirientes en el preciso momento en que él, por fin, iniciaba cualquier conversación.
Al principio a él le desconcertaban esas carcajadas, pero le gustaba la forma en que echaba la densa melena pelirroja hacia atrás mientras abría desmesuradamente la boca. Tenía unos dientes muy bonitos, y esa forma de reír le daba un aspecto de niña que le provocaba más aún de lo que ya lo hacía su sola presencia. Ella esquivaba condescendiente sus envites, entre risa y risa, y él pensaba que, al menos, la hacía feliz.

Paradojas de la vida, fue justo el día soñado en que ella cedió a sus proposiciones, el mismo en que él se dio cuenta de que no era simpatía precisamente lo que despertaba en ella. María era una mujer que él llamaba “de bandera”, rondaba los cuarenta y cinco, aunque siempre decía muy digna que aún estaba en la treintena, como si sólo un número la pudiese hacer parecer más joven. Tenía la piel siempre morena, y marcaba sus curvas con ropa chillona y muy ajustada, que hacía que Ramón se quedase por momentos hipnotizado contemplando la redondez de sus caderas, la descarada curva que daba paso a su trasero respingón, o la increíble y maravillosa inmensidad de los pechos más generosos que Ramón hubiera visto nunca.

Y con la urgencia que provoca el deseo más encendido, alimentado durante meses a solas con sus pensamientos y con el recuerdo de aquel cuerpo tambaleándose de risa, corría ahora el infeliz a arreglar el escenario de su encuentro, furtivo, porque ella se decía una mujer decente y no quería que corriese la voz de sus andanzas. Iba pensando en sus palabras, con las que ella le había dejado claro su desprecio. Le consideraba un hombre basto, vulgar, un ignorante y un paleto… un “garrulo”, había dicho ella. ¿Y por qué cedía a sus propuestas, entonces? También se lo había dejado claro, con voz altiva mientras encendía un nuevo cigarrillo con la brasa del anterior. Tenía curiosidad, nunca había estado con alguien así. ¿Así? ¿Curiosidad? ¿Qué pensaba, que descubriría un cuerpo lleno de escamas al desnudarle? ¿Qué tenía dos pollas, o una lengua en el ombligo? … La sensación era realmente agridulce, pero en aquel momento ya no podía detenerse. Decirle que no, rechazarla, habría sido peor aún, habría supuesto el motivo de cientos de noches solitarias sintiéndose el hombre más imbécil del mundo, con la imagen de su escote moreno y resudado aún clavada en la frente.

Claro que ella había pensado que, además de garrulo, él no tenía dignidad. “Si ya no quieres, sabiendo esto, lo entiendo”, le había dicho con su sonrisita burlona. Pero él aceptó, y ella abrió los ojos como platos un segundo para luego echar la cabeza hacia atrás bruscamente lanzando otra de sus sonoras carcajadas.

Al llegar María a la pensión, él aguantó estoicamente sus burlas más despiadadas comentando el cartel que había puesto en la puerta a modo de coartada, escuchó una vez más sus risas impertinentes y engreídas, la miró por última vez como la había visto hasta entonces, con los ojos encendidos del deseo y, sin decir nada, la agarró por la cintura, apretando firmemente entre sus dedos una de sus nalgas, la aplastó contra sí y, sin llegar a besarla aún, pero mirándola fijamente a los ojos, hundió una mano nerviosa en el mullido escote.
….
Al día siguiente, Ramón no supo si había sido porque sus pechos se habían caído, literalmente, al tirar a un lado el sujetador; o porque recordaba sus labios emborronados de carmín intentando patéticamente encontrarse con los suyos; o porque había gritado como una especie de hiena chiflada durante la mayor parte del tiempo; o porque había conseguido ver, estratégicamente colocado ante el espejo del armario, su fláccido y rechoncho cuerpo agitarse como un flan ante él, y debajo de él, y de rodillas, y a gatas, y…… Ramón no sabía por qué, pero cuando al fin María entró en el bar y se encontró de frente con ella, sonriéndole hoy sinceramente, sin retintín, Ramón abrió la boca para saludar, pero sólo salió de ella una sonora y potente carcajada.


Reyes Vaccaro
La visita

David llamó al timbre, la niña y yo le abrimos la puerta.
Venía cargado con una pequeña maleta y al entrar nos metió en la nariz algo parecido a la brisa marina.
Sonreímos.
“Sólo me quedaré unos días” – dijo, a la niña y a mí nos pareció bien.
Nos sentamos en el salón, bebimos un té con hierbabuena que arrastró el canal de mis pensamientos y volvió a hacer de mí una mujer deseable.
Así me sentí al menos, bañada por la mirada dulce de David y con la mano de mi hija apretada entre las mías.
Conversamos hasta que se hizo de noche y él se levantó para preparar la cena.
Yo había olvidado el sabor del cilantro; no es un sabor habitual en las vidas desordenadas como la mía, labradas a golpe de supervivencia, con su cenefa de desolación y tristeza tan barrocas, por otra parte.
Aunque cuando me divorcié de David sentí que estaba haciendo lo correcto, esta noche, mientras veía la cara de mi hija mirándolo entre vaharadas de especias, un dolor sordo en el centro del pecho me ha tamborileado vilmente.
Y he pensado, si la vida me ha domesticado tanto que sólo me preocupa no perder el empleo, poder pagar las facturas y el gimnasio, si al final esto era todo, si los pasillos de la facultad en realidad no podían llevarnos a sitios mejores ,entonces qué importa estar en casa de uno o de otro, qué importa jugar a ser la novia de Tal o la mujer de Cual, si se trata únicamente de demostrar amor o aguante , en realidad las reglas del juego son más sencillas de lo que pensamos.
No nos iba tan mal cuando estábamos casados, sólo tenía que hacerme la ciega de vez en cuando, ahora le tendríamos en casa todas las noches.
Me he dado cuenta de que soy una mujer muy tonta que retrocede cien pasos ante la línea de la que creyó la meta, y que se hace una toalla con las arrugas para enjugarse lágrimas furtivas, y no por ella misma, como podría pensarse, sino por esa tercera persona que es el hijo y que debió tener acceso a un mundo lleno de derechos básicos, como el de estar con su padre espolvoreando cilantro en la cocina familiar.
He suspirado pensando que el arrepentimiento es un calcetín que no puede lavarse aunque apeste, mejor te lo cuelgas al cuello como un talismán y aparentas que no lo llevas, no lo miras siquiera.
Hay treinta mil revistas de autoayuda para convencerte de que hiciste lo mejor, que desde el punto de vista de la libertad las equivocaciones también son un derecho, y con eso y un par de cervezas consigues ver lo bueno, lo positivo, y al final conciliar el sueño abrazada a la almohada, pensando que a la mañana siguiente será inevitable tener resaca.
Algunas visitas producen resaca, y además cambian todas las cosas de sitio.

ese
Hola NáN, soy ese

Te escribo para pedirte un favor. No sé a quién recurrir. Ya sabes que la curiosidad me puede.

En mayo entró a trabajar en la agencia el hijo de un amigo. Como no tenía experiencia le encargué que, sin moverse mucho de sus lugares habituales, fuera apuntando, en el bloc que siempre llevaba en el bolsillo, todo lo que pudiera tener algún parecido con una noticia de sucesos. Pero resultó un poco duro de mollera y no traía nada de interés con lo que inventarme algo que mereciera ser publicado. Bueno, no me importaba demasiado. Tampoco cobraba, y estaba conmigo porque su padre no sabía qué hacer con él.
El caso es que el chaval me llamó la atención porqué siempre estaba olisqueando a todo el mundo. Hasta el punto de que un compañero se quejó por su comportamiento. Se creó una tensión absurda en la redacción. Dado lo poco que publicaba y su rara afición por olerlo todo, le llamaban el sabueso.

Hablé con él, le pregunté si le ocurría algo, el porqué de esa manía de acercarse a la gente para olerla, incluso intenté echarle un cable al decirle que lo mismo su problema era que no veía bien y, por eso, necesitaba arrimarse tanto. Pero él se calló y negó todo con la cabeza. Después se levantó, se despidió, y ya no volvió al trabajo.

Pasados unos días llamé a su padre. Me contó que no sabía nada de él, pero que no me preocupara porque otras veces ya había desaparecido. Me agradeció que le hubiera dado un trabajo durante una temporada y quedó en llamarme cuando supiera algo.

Un mes después entró a trabajar un nuevo redactor y, al indicarle su mesa, hallé en un cajón el bloc que el hijo de mi amigo siempre llevaba en el bolsillo. En la parte de atrás había un pequeño texto escrito por él y que te envío para ver si tú -que eres un profesional y estás acostumbrado a tratar con gente extraña- me resuelves las dudas que me invaden cada vez que pienso en ello.

No sé si toma algún tipo de sustancia que le hace comportarse así, si lo que tiene es una enfermedad, o tan sólo se trata de un amor desaforado hacia alguien que ni siquiera conoce.

Perdona las molestias y gracias por todo.

Te llamo la semana que viene a la consulta. No se me olvida que te debo unas copas.


Me tumbo en la cama.

Ahora duermo casi todo el día.

Me despierto un momento, cada poco, intentando retener en ese instante el recuerdo del insistente sueño. Y me siento feliz durante esos segundos que pasan hasta que se vuelve olvido.

La historia no ha cambiado. Es la misma que se ha repetido durante años, aunque parezca diferente y sólo tenga la imagen distorsionada de algunos detalles.

Tu silueta que se acerca sigilosa; el deseo de que no pases de largo; la torpeza de mi cuerpo en movimiento; el agobio al sentir que no puedo avanzar; la angustia al oír mi voz apagada; la emoción por descubrir quién eres; el instante en el que te dispones a mirarme, y percibir que ha llegado el momento de despertar sin haber visto tu cara.

No abro los ojos. No me muevo. No respiro. Retengo ese olor que reconozco. Me levanto y busco con determinación tu único rastro.

Hace tres meses estuve de dependiente en una perfumería. Olí todas las colonias, cremas, perfumes y jabones que vendía sin encontrar esa fragancia que me persigue cuando duermo y que me ha cautivado de tal manera que si no descubro a quién pertenece mi vida nunca tendrá sentido.

Ahora vago por las calles acercándome con disimulo a todo aquel que me encuentro. Pregunto por sitios, disimulo tropiezos, bajo al metro, entro en bares, pido fuego, hago todo lo que puedo por reconocer en alguien ese olor que está presente cuando el sueño muere.

Y vuelvo a casa, y sin quitarme la ropa me tumbo en la cama, excitado al pensar que quizás esta vez me despierte un instante más tarde. Después de que gires la cara al cruzarte conmigo.


Luna
Emilia

Te imagino Emilia, mirando el páramo castellano con los labios apretados y los ojos secos y duros.
Has peleado hasta el final por quedarte, por acabar tu vida donde comenzó.
Has luchado Emilia, por seguir viendo encendido el fuego de la chimenea en los duros inviernos. Por ver renacer el verde en los trigales cada primavera. Por ver dorar el trigo verano tras verano y sentir el olor de la tierra húmeda o seca dependiendo de la estación de cada año de tu vida.
Los chicos – tus hijos – no entienden tu terquedad, no comprenden que no quieras vivir en la ciudad.

No entienden Emilia, que quieras seguir lavando la ropa en el río y verla secar al viento. Ni que prefieras enjabonar tu cuerpo con el agua calentada en el puchero.

Ellos no saben que sigues frotando tu piel con esa colonia añeja, como lo hacía él. Él... ¿Qué pasará con él?
Los chicos – tus hijos – no entienden que dejas en las tierras del páramo su cuerpo abandonado en una vieja tumba desgastada por los años.
Él, tu hombre, murió joven. El esfuerzo, la lucha, el hambre, dejó marcas.
Él, tu hombre, te dejó huérfana de amor y de caricias. De plácidas tardes veraniegas oyendo los gritos de los chicos, libres como los pájaros, jugar en las calles.
Aún hoy Emilia, cuando cierras los ojos, sientes sus manos y su boca recorrer tu cuerpo. Sus besos en el cuello.
Tu mirada, Emilia, se enternece ante tantos recuerdos. Tus ojos recorren por última vez el páramo. Desciendes hasta el suelo, besas la tierra que durante setenta años fue tu hogar. Presientes que no la volverás a ver. Las lágrimas fluyen silenciosamente durante largo rato.
Nadie te ve. Nadie te mira. Nadie comprende...



(Foto enviada por "Isabel")
Isabel
Un verano de olor

“Septiembre ya huele a nardos”. Eso piensa Jimena al entrar en un mercado bastante alejado de su casa y, en vez de comprar comida, sigue el penetrante perfume hasta el puesto de flores. Compra tres varas de “políanthes tuberosa”, nombre científico de la también llamada vara de San José, para ella nardo. Porque Jimena no es religiosa y, aunque se aprende las definiciones, por eso sabe que es de la familia Amaryllidaceae (Amarilidáceas), a ella le gustan los nombres comunes y contundentes como su perfume. Le trae recuerdos de los bulbos que su abuela cultivaba.
Ni Jimena tiene el carácter de la mujer del Cid ni la fuerza del huracán que anuncian atravesará el Pacífico Mexicano. Se parece más bien a una gran tortuga de andar lento y pausado. No es muy agraciada, tiene una cara redonda y achatada como la torta de un pan de pueblo.
Es temprano y se nota en la ciudad que ya han vuelto a poblarla después de las vacaciones. Los bares rebosan de mujeres tostadas al sol hablando todas a la vez alrededor del café, con los collares colgados al cuello, sustitutos del minúsculo biquini que no llegaría a cubrir, si los cubría, las siliconas al peso.
Eso va pensando Jimena en su caminar. Mira su piel de un moreno natural, sólo atravesada por el polvo del gran piso que anoche se encontró a punto su señora.

No compra lo que hace falta en la gran casa que cuida. “Seguro no vendrán ni a comer” se dice y, orgullosa con sus tres varas de nardos, sale del mercado más tranquila que entró.

Entre paso y paso Jimena observa que la miran, algo no usual en su joven vida, echa un vistazo a su vestido fruncido por si tiene alguna mancha, pero no.
Entonces ocurre: un joven montado en bicicleta frena en seco delante de ella.
-¿Dónde has comprado los nardos? –le pregunta decidido.
Jimena levanta la mirada, incrédula, ante la cara sonriente del chico que aspira el perfume con los ojos cerrados.
-¿Te gustan? -Contesta extrañada, pensaba ella que esa afición suya era algo ya caduco, sólo propio de algunos pueblos y sus costumbres. Pero él le dice que sí con la cabeza acercando la nariz a los que están abiertos y Jimena le regala una vara.

Al llegar a la gran casa le corta un poco el rabo a la segunda vara, la pone en un bote con agua, al que echa piedrecitas para que no se tumbe, y la coloca en su habitación. De la restante hace ramilletes, como los que hacía su abuela, para enganchar en su vestido de tarde y para regalar a quien se cruza con ella cada día y se gira para seguir oliéndola.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Parvulario de verano 12. La identidad y Patrick Modiano

Hoy, lección doble, para que elijáis. Además, el curso se acaba y me parece que vamos atrasados en el temario. Es un extracto de la novela Calle de las tiendas oscuras, de Patrick Modiano, publicada por Anagrama y traducida por mi envidiada María Teresa Gallego Urrutia. El párrafo, largo, lo subrayé. Aunque Modiano suele tratar el tema de la identidad, siento especialmente cercano este párrafo. Me inquieta. Me hace preguntarme quién soy (dando por hecho que “el ser” es un proceso breve). Para aclarar más, Hutte era el dueño de una agencia de detectives privados, que se ha jubilado, mientras que el narrador era su único empleado. Tras sufrir amnesia acudió como cliente para rastrear su pasado, pero se quedó como detective. Ahora que la agencia no existe, pero sabe rastrear, la novela consiste en la búsqueda de sí mismo. Espero que el párrafo os sacuda como a mí. La identidad es un buen tema para los primeros fresquitos del verano.

(Y por cierto, qué pocos me habéis mandado un texto para el día 20. Va a ser un cierre de curso muy deslucido).


«Qué gente tan peculiar. De esa que no deja a su paso un vaho que enseguida se disipa. Hablábamos muchas veces Hutte y yo de esos seres cuyo rastro se pierde. Surgen un buen día de la nada y a la nada regresan tras haber brillado con unas cuantas lentejuelas. Reinas de belleza. Gigolós. Mariposas. La mayoría no tenían, ni siquiera en vida, mayor consistencia que un vapor que nunca habrá de condensarse. Hutte me citaba, por ejemplo, a un individuo a quien llamaba “el hombre de las playas”. Aquel hombre se había pasado cuarenta años de su vida en playas o al borde de piscinas, charlando amablemente con veraneantes u ociosos acaudalados. En las esquinas y en los segundos planos de miles de fotos de vacaciones aparece en traje de baño en medio de alegres grupos, pero nadie podría decir ni cómo se llamaba ni por qué estaba ahí. Y nadie se fijó en que un día desapareció de las fotos. Ne me atrevía a decírselo a Hutte, pero creí que “el hombre de las playas” era yo. Por lo demás, no se habría extrañado si se lo hubiera confesado. Hutte repetía siempre que, en el fondo, todos somos “hombres de las playas” y que “en la arena –cito sus propias palabras– no dura más que unos segundos la huellas de nuestros pasos.»

Parvulario de verano 11. La voz auténtica de Beatriz Gimeno

He leído un artículo de Beatriz Gimeno en el.plural.com (podéis leerlo pinchando AQUÍ) que expresa tan bien lo que pienso que lo copio entero. Esta lección sería sobre la manipulación ideológica de los periódicos occidentales. Que me perdonen Beatriz Gimeno los de el.plural por la apropiación, pero no tengo modo de comunicárselo.



BEATRIZ GIMENO
Uribe se perpetúa en el poder y las trampas de la prensa

Anda, me entero por El País de que el presidente Uribe quiere convocar un referéndum para modificar la constitución de su país con el objetivo de presentarse otra vez, de forma indefinida, a las elecciones. Qué curioso. Pero no vayan a pensar mal. Este caso no se parece en nada a esos otros de Evo Morales o Chávez, o Zelaya que han hecho exactamente lo mismo, (en el caso de Zelaya no ha podido, ya lo sabemos) con la única intención de perpetuarse en el poder. Este caso es distinto, dónde va a parar. La democrática Colombia (con el índice más alto de toda Latinoamérica en asesinatos políticos y donde no hay sindicalista o líder social que viva para contarlo) es completamente distinto.

Según El País, que da la noticia en pequeñito, Uribe no quería hacerlo, pobre hombre, casi le han obligado. El titular de la noticia no es “Uribe se perpetua en el poder”, ni nada de eso que leímos en el caso de Chávez o de Zelaya de quien se nos dijo que tal intento le costó un golpe de estado (ya nos explicó Vicenç Navaro que no es así). No, ahora el titular es: “El Senado aprueba el referéndum para la reelección de Uribe”. Qué cosas, el Senado por su cuenta va y obliga a Uribe a presentarse a presidente. Por si no quedara claro, en el texto de la noticia se transcriben entrecomilladas dos frases de Uribe que dejan clara cuál es su actitud acerca de su reelección: "Lo veo inconveniente por perpetuar al presidente, porque el país tiene muchos buenos líderes". "Y en lo personal, porque no quisiera la amargura de que las nuevas generaciones me vieran como alguien apegado al poder". Su Gobierno, sin embargo, ha presionado mucho para que se apruebe el proyecto de ley, prosigue la información.

Pero… ¡pobre hombre, cómo le hace esto el Gobierno, obligarle a presentarse con la amargura que dice que le produce! En fin, pareciera que no va a tener más remedio. Pero dos días después nos llega otra noticia aún más pequeñita. El Senado quiere que Uribe se presente a la reelección pero se ha encontrado con el pequeño problema de que ahora no se sabe qué senadores pueden votar y cuáles no porque resulta que la mayoría (¡la mayoría!) están siendo investigados por la justicia por corrupción. Eso sí que es un parlamento democrático.

Yo sólo les pido que hagan un pequeño ejercicio. Cojan los periódicos y lean los titulares con atención. Cuando ocurre cualquier cosa en la América Latina más partidaria de socializar que de privatizar, los titulares comienzan siempre: “Chavez, Evo, Correa...hacen esto o lo otro” como si Venezuela, Bolivia o Ecuador no tuvieran parlamentos democráticamente elegidos y las leyes no tuvieran que seguir sus trámites. Cuando lo mismo ocurre en la América Latina más partidaria de privatizar que de socializar, entonces los titulares siempre comienzan: “El senado de Colombia, o de Perú...” Aquí los responsables no son nunca Uribe o García, sino que la culpa se diluye en sus hipercorruptos (pero al parecer democráticos) parlamentos.

Y ya puestos a comparar y a analizar, fíjense como Evo es siempre Evo, como mucho Evo Morales, pero nunca Morales; y es que las mujeres y los indígenas con el nombre basta. Y si no que se lo digan a “Soraya” y el titular con el que abría su primera página El Mundo del día 25: “Soraya ultima un informe para probar la persecución del PP”. Ya sé que toco muchos temas, pero es que no doy abasto.

Beatriz Gimeno es escritora y ex presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales

sábado, 5 de septiembre de 2009

Parvulario de verano 10-B. Propuesta para el siglo: seamos un grano en el culo

Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.
Goytisolo

Ya que no nos ven, algo tendremos que hacer, ¿no? Sé que no estoy proponiendo un buen sitio para estar, pero es que estamos ahí, aunque no queramos. La propuesta es que, ya que estamos, incomodémosles. Si no nos ven, que nos sientan. Seamos una pequeña molestia multiplicada por centenares de miles de pequeñas molestias que les obligue a olvidar el Paraíso para crear un sistema más justo.

PRIMERO, basta de quejarnos en los bares de que no hay una izquierda que haga frente a todo eso. La izquierda somos nosotros, que no queremos estar en los grandes o pequeños partidos. En primer lugar, porque no estamos de acuerdo con el paquete completo y no queremos pertenecer a una secta.

Pero podemos crear pequeñas asociaciones o participar en ellas. Cada uno con el tiempo que pueda. Yo, por ejemplo, participo de una, Globalízate, que somos unos veintitantos, con un presupuesto anual irrisorio al que contribuimos cada uno con 30 € anuales. Hay quienes trabajan un montón, otros hacen lo que pueden. Yo, una traducción algunas semanas para alimentar de contenidos importantes la actualización semanal de nuestra página web, muy visitada y de la que se hacen eco medios de comunicación. Pero no voy a las acciones ni prácticamente a las reuniones. Nadie me lo echa en cara. Es fácil y me permite contribuir en la medida de mis posibilidades. Una compañera de los blogs, trabaja para SOS Racismo, otra, de los blogs y el taller, da clases a inmigrantes y entiende realidades que pasa a transmitir, otros... Hay miles de posibilidades y cada una de ellas incide en la realidad: hace visible lo que se empeñan en que sea invisible. Si todos los que nos quejamos nos dedicáramos a fortalecer con nuestro trabajo e ideas una pequeña asociación, esta, como le pasa a Globalízate, llega a ser conocida e impacta en la realidad. A vuestro alrededor existen. No las desaprovechéis.

SEGUNDO, hay que votar siempre. Ni siquiera es necesario votar a uno de los grandes para que no salga otro. Votar si se prefiere a partidos diminutos de la izquierda sin la menor posibilidad. Ahora explico por qué. Hay quienes proclaman la abstención como una postura activa. Pero la experiencia dice que les da lo mismo. Aunque vote solo el 50% se sienten legitimados y a la semana exhiben su porcentaje de votos sobre los votos emitidos. 2 millones de abstencionistas no sirven para nada, pero si votan, el partido que gana no lo hace con el 42% (parece siempre que representan al 42% de la población), sino con el 37, 36 o 35%. Y eso ya duele más: gobernar un país con el 35% de los votos sí roe un poco su legitimidad. Probadlo: no cuesta tanto y significa que no dejamos de usar una herramienta mínima de la que disponemos. La abstención la provocan siempre los partidos del Paraíso, porque saben que los suyos no fallarán. Evitemos esa trampa.

Parvulario de verano 10-A. No nos ven

En el campo de la percepción, a veces unas anécdotas transmiten el sentido real. Aquí van dos.

Un amigo ha estado este verano en Latinoamérica. En un bar prestó atención a la conversación de la mesa de al lado. Una mujer joven, de unos cuarenta años, bien vestida, evidentemente venezolana de clase media de las de allí, dijo: “Tenemos que conseguir que Venezuela vuelva a ser un paraíso, donde podamos tener tres criadas”.

Otro amigo que trabaja en una multinacional vivió una restructuración de personal. Una decena de sus compañeros de aquí fueron despedidos, junto con algún centenar de los del resto del mundo. Lo normal. Dos meses después, un alto ejecutivo se mató en un accidente. Todos los empleados recibieron un mensaje en el que, aparte de las condolencias habituales, se hacía referencia a la tristeza por la condición en la que quedaban los hijos de este y se indicaba que se había abierto un fondo para asegurar su educación, fondo al que esperaban que contribuyeran todos los empleados.

En ambos casos, ¿son unos malvados? La señora venezolana, que por lo visto en la Venezuela de ahora no se puede conseguir criadas por la comida y una propinilla, ¿cree que cada una de sus criadas tiene a su vez en su casa otras tres, que les arreglan la casa y les dan masajes en los pies cuando regresan reventadas? ¿Y así una cadena de servidumbre de tres en tres? Y los ejecutivos que se apiadan de los pobres hijos del accidentado, ¿no saben que los despedidos tienen hijos que se verán gravemente afectados por la pérdida de trabajo de su padre o su madre?

No. No son malvados. No duermen mal. Simplemente: no existimos. No nos ven. No conocen nuestra existencia. Somos actores de reparto, instrumentos. Proletarios en el sentido histórico de la palabra: nos reproducimos para que haya el número suficiente de instrumentos. Todo lo más, formamos parte de estadísticas diversas, siempre en conjunto. Porcentajes de empleados, de desempleados, coste global del trabajo, coste de los servicios sociales y asistenciales. Y para manejar a esos conjuntos, dado que en las democracias todos podrían votar y se les acabaría el Paraíso, proveen de fondos suficientes a medios de comunicación que bombardean a las mentes de los proletarios; poco educadas, por cierto, que ya se han encargado de ello.