viernes, 26 de septiembre de 2008
Virus attack
Eso sí, leeré más.
Hasta pronto.
martes, 23 de septiembre de 2008
Lo que dice Vega de La Cuchara Chueca
El caso es que los demás socios, ahora que todo parece perdido, me han dejado jugar a lo que yo quería: cosas para picar, copas y cócteles: sobre todo los cócteles de los viernes y los sábados (solo abre de miércoles a sábado, de 8 de la tarde a 2). Para mí es una cuestión no económica: estar en un grupo que se deshace por no haber querido cambiar a tiempo me produce una frustración tremenda.
Algunos amigos ya lo sacaron en sus blogs como restaurante. Ahora, Vega, que es un trueno de amor a la vida y muy concienzuda con su blog, me dijo que iría y solo hablaría de él si estaba convencida.
Para leer lo que dice Vega, haz clic en
Esto es lo que dice Vega de La Cuchara.
Es el momento de que los amigos, si dudan de ir a un sitio o a otro, echen una mano. ¡Ah! Y el que vaya a tomar cócteles (en plural), que use el transporte público, que entran suavitos pero no lo son.
domingo, 21 de septiembre de 2008
Acepto, pues, por cariño, el premio

Pero este viene de Freia, que no tiene por qué conocer mis posts antiguos, de quien tengo además que aceptarlo todo, porque el hecho de saber que existe, con esa generosidad, es importante para mí todos los días, porque me está haciendo volver a escuchar música, porque tiene una cultura brutal que hace que muchas veces ni me atreva a comentarle. Dice que me lo da porque soy un individuo ‘comme i’l faut’. No puedo estar más en desacuerdo; la prueba es que mi psiquiatra (el que me provee de esas sustancias que el vago de mi cerebro se niega a producir), ha decidido deshacerse de mí: me sube las dosis y me dice que me busque un psicoanalista al que no le pueda engañar tan fácilmente como a él, llegando a su consulta con discursos aprendidos. La verdad es que tiene más razón que un santo.
Así que lo voy a aceptar, porque es una cuestión de cariño, que es mucho más importante que una cuestión de honor, y voy a aprovechar para, salvo en dos casos, dedicarlo a gente de mi carpeta oculta. Me hubiera gustado incluir tres más, pero prefiero egoístamente que sigan siendo “ocultos” y míos. Ellos sabrán perdonarme.
Se lo traspaso, pues:
A Isidro Saiz, un poeta ético de lejanas resonancias. Le leo todo, aunque no siempre le comente: la tristeza en la que se pierde es para mí una necesaria dosis homeopática.
A El colchón que volaba, por las viñetas de Ludo (una especie de Serge Gainsborough cuando lo ves aparecer) que debéis conocer, y por los textos de Lu, que hasta me dijo cómo se llamaba pero no le entendí y por esa coquetería de falso viejo no se lo volví a preguntar. Hace de barra de equilibrio entre su exquisita cultura y todos los Ludo routiers de los que se rodea.
A Dame una tregua, porque es Bárbara. Y no quiero decir más.
A Manolotel, poeta que se sabe y transmite todas las rsonancias clásicas de los versos y sabe lo que no está en los escritos (y sabe escribirlo).
A Momo, siempre cerca de mí, semioculta, solidaria, aportando una voluntad de vivir una vida mejor. La energía disparada.
Los personajes no son el autor

No suelo hablar de cine, porque voy muy poco, pero el viernes fui al estreno de esta película última de Woody Allen y quedé con ese cuerpo pasmado que te deja una obra maestra.
Desde entonces, ya he sostenido tres discusiones para defender que no es WA quien tiene una visión superficial de guiri sobre Barcelona: son las 2 personajes americanas. Y eso es realismo y forma parte de la creación de personajes. Así que no me anden con pasárselas de listos.
En segundo lugar, aunque hay momentos en que la gente se ríe (nos reímos) mucho, es una verdadera tragedia de las relaciones humanas: la más que dudosa posibilidad de que una relación amorosa real funcione en el tiempo. Y no voy a decir nada más al respecto.
En tercer lugar, es absolutamente necesario verla en versión original, porque el cambio del inglés al español de Bardem y Penélope es siempre muy significativo y no sé como se podrá entender en la versión doblada.
Así que ya sabéis, si queréis que se os encoja el corazón y al salir del cine sentir la necesidad de ir a tomar cócteles hasta volver a casa haciendo eses, merece la pena la pena ver esta película vertiginosa y con voz en off del maestro de la comedia que más debe a Shakespeare.
sábado, 6 de septiembre de 2008
Ascesis
He vivido los últimos tiempos en el infierno de la confusión. Bebía por no tocar una piel, la tocaba pensando un paisaje imposible, miraba dejando que se filtrara el rencor hacia mí mismo. Todo eran mediocres compensaciones a destiempo. Ahora me he sacado a mí mismo de ese infierno, por el camino más duro: el del dolor de no consentirme.
Estoy en la oscuridad, contemplando las telas de araña de los deseos, que han atraído para ellas toda la luz. Brillantes y perfectas, con las gotitas destellantes aquí y allá, las contemplo desde la oscuridad en la que me han dejado. Son como un agujero negro que atrae toda la luz y me deja en el lado oscuro. Tan bellas como arañas encendidas de un palacio, me tientan. Pero no las creo, hace muy poco formaban bolas grasientas de pelo de rata y volverían a serlo si cediera.
No como, apenas bebo lo suficiente para sobrevivir, no leo, no hablo, no oigo, no toco. Con las escasas fuerzas que me van quedando, acudo a estas páginas a añadir algunas palabras. Ayer, ¿o fue esta mañana?, me quedé apoyado en la pared del pasillo, tratando de sujetarme en algo para no ceder a los recuerdos, falsamente embellecidos por un technicolor de cromo. Notaba el temblor de las manos en el muro. Después, desperté en el suelo allí mismo, con los labios secos. He bebido dos dedos de agua, porque hago esto para seguir vivo. Cada célula de mi cuerpo tendrá que decidir por sí misma lo que hace, no voy a entrar en esa guerra. Hago esto para que cada deseo sea limpio y fuerte, totalmente diferenciado de los demás. Lo hago porque no podía vivir ya de otra manera, para que cada recuerdo no sea diferente cada vez que viene a mí. Son fuerzas muy grandes las de la confusión, pero sé que lo conseguiré si pierdo la esperanza.
