Esta es la ilustración, quien quiera verla junto con el texto y comentar, si le apetece, tendrá que ir al blog de Verónica.
lunes, 29 de noviembre de 2010
El Doce de Verónica Leonetti y Nano (Primer Tramo de los Cien Escalones)
Esta es la ilustración, quien quiera verla junto con el texto y comentar, si le apetece, tendrá que ir al blog de Verónica.
domingo, 28 de noviembre de 2010
No sin nosotros
Desde hace días, se repite en mi mente como un mantra la frase con la que empieza Chantal Maillard el texto 70 de sus diarios del 96-98, titulados Filosofía en los días críticos:
«Todo problema se genera a partir de una situación dada. Modifiquemos la situación y se eliminará el problema».
Y es que tenemos un problema bien grande: haber dejado que se instaurara un sistema capitalista financiero sin ponerle la menor traba.
Ahora, ciertamente, las desregulaciones financieras han permitido que un reducido grupo controle la economía del mundo: no producen, simplemente juegan con dinero y cada vez tienen más para seguir jugando; controlan las grandes instituciones financieras y cuentan con amplios medios de difusión y grupos políticos afines en todo el mundo; sus recetas han sido un fracaso para la gente en el Tercer Mundo y en países como Rusia. Pero sus fallos no cuentan... porque nadie los cuenta ni los tiene en cuenta: el que se opone a ellos, es derribado con operaciones de dinero.
Ahora, ciertamente, el capitalismo productivo sigue las biblias de los anteriores al pie de la letra. No debería ser el juego de ellos, pero lo es. Deberían querer la potenciación de la economía productiva, pero los intereses cruzados los han apresado.
Los Gobiernos, incluso los que no querían eso, ceden ante los primeros y, ahora, buscan refugio entre los segundos. Ayer, en nuestro país, el señor Zapatero les preguntó que qué tenía que darles para que ellos le dieran un abrazo y le acariciaran el pelo. El señor Cameron (para irnos al otro lado), el que quería distanciarse de las prácticas neoliberales de incluso, sí, incluso, los socialistas británicos, el que llegó al poder con frases como esta: "Ha llegado la hora de que admitamos que hay más cosas en la vida que el dinero y ha llegado la hora de que nos centremos no solo en el producto interior bruto (PIB), sino en una felicidad general", ya vemos lo que hace.
Y mi pregunta es, ¿Y nosotros qué pintamos en esto?
La siuación fue creada y si nos fijamos en el problema, es lógico que no haya otra solución: porque el problema se ha creado con un cumplimiento estricto de la reglas emitidas por la situación. Durante decenios, hemos jugado todos al "Virgencita que me quede como estoy": pero la situación no nos lo ha permitido y por miedo a mejorar, hemos empeorado.
Solo nos queda aferrarnos a la frase NO SIN NOSOTROS.
Va a ser duro, nos van a machacar. Pero si no hacemos algo, nadie nos va a escuchar. Somos la gente, tenemos la fuerza si nos atrevemos a ejercerla, tenemos que demostrar que no aceptamos esa situación, que hay que cambiarla. No lo quiero así, me asusta y me duele, pero hemos de elegir: o nos sometemos a la humillación continuada y a la pérdida de los niveles de vida que no debemos perder (que también esos hay que replantearlos para que no consistan sobre todo en la posesión de bienes de consumo) o aceptamos los tiempos de "sangre, sudor y lágrimas" para cambiar la situación.
Porque lo cierto ciertísimo es que la virgencita neoliberal no va a permitir que nos quedemos como estamos.
«Todo problema se genera a partir de una situación dada. Modifiquemos la situación y se eliminará el problema».
Y es que tenemos un problema bien grande: haber dejado que se instaurara un sistema capitalista financiero sin ponerle la menor traba.
Ahora, ciertamente, las desregulaciones financieras han permitido que un reducido grupo controle la economía del mundo: no producen, simplemente juegan con dinero y cada vez tienen más para seguir jugando; controlan las grandes instituciones financieras y cuentan con amplios medios de difusión y grupos políticos afines en todo el mundo; sus recetas han sido un fracaso para la gente en el Tercer Mundo y en países como Rusia. Pero sus fallos no cuentan... porque nadie los cuenta ni los tiene en cuenta: el que se opone a ellos, es derribado con operaciones de dinero.
Ahora, ciertamente, el capitalismo productivo sigue las biblias de los anteriores al pie de la letra. No debería ser el juego de ellos, pero lo es. Deberían querer la potenciación de la economía productiva, pero los intereses cruzados los han apresado.
Los Gobiernos, incluso los que no querían eso, ceden ante los primeros y, ahora, buscan refugio entre los segundos. Ayer, en nuestro país, el señor Zapatero les preguntó que qué tenía que darles para que ellos le dieran un abrazo y le acariciaran el pelo. El señor Cameron (para irnos al otro lado), el que quería distanciarse de las prácticas neoliberales de incluso, sí, incluso, los socialistas británicos, el que llegó al poder con frases como esta: "Ha llegado la hora de que admitamos que hay más cosas en la vida que el dinero y ha llegado la hora de que nos centremos no solo en el producto interior bruto (PIB), sino en una felicidad general", ya vemos lo que hace.
Y mi pregunta es, ¿Y nosotros qué pintamos en esto?
La siuación fue creada y si nos fijamos en el problema, es lógico que no haya otra solución: porque el problema se ha creado con un cumplimiento estricto de la reglas emitidas por la situación. Durante decenios, hemos jugado todos al "Virgencita que me quede como estoy": pero la situación no nos lo ha permitido y por miedo a mejorar, hemos empeorado.
Solo nos queda aferrarnos a la frase NO SIN NOSOTROS.
Va a ser duro, nos van a machacar. Pero si no hacemos algo, nadie nos va a escuchar. Somos la gente, tenemos la fuerza si nos atrevemos a ejercerla, tenemos que demostrar que no aceptamos esa situación, que hay que cambiarla. No lo quiero así, me asusta y me duele, pero hemos de elegir: o nos sometemos a la humillación continuada y a la pérdida de los niveles de vida que no debemos perder (que también esos hay que replantearlos para que no consistan sobre todo en la posesión de bienes de consumo) o aceptamos los tiempos de "sangre, sudor y lágrimas" para cambiar la situación.
Porque lo cierto ciertísimo es que la virgencita neoliberal no va a permitir que nos quedemos como estamos.
martes, 23 de noviembre de 2010
Buenoooo, qué sinergias o enredos de la casualidad
Aquí todo se une, casi a diferencia de la historia de hoy, en la que todo se separa. Esto va para largo y les voy a robar su trabajo a unos cuantos. Primero, el último relato del Taller, sobre la vergüenza, después, una entrada de Jesús Miramón, que incluye un enlace a una entrada de Escolar.net y, finalmente, un artículo aparecido en Globalízate.com.
Dos mujeres se han citado en un lugar que no importa. Ni siquiera la cita importa: es banal; en cualquier gran ciudad se están produciendo en ese momento miles de citas parecidas. Pero todo signo banal es un escudo de lo que hay dentro. Lo que importa es el interior: haber tenido la oportunidad de saber lo que pasa dentro y se tapa; incluso las dos mujeres se lo ocultan cada una a sí misma. Se besan, se lisonjean, se abrazan y se sientan en una mesa.
Cualquier observador que tuviera interés, se daría cuenta de una disimilitud que encierra algo desagradable. Una de ella, la llamaremos Rosita, lleva un abrigo de paño de temporadas pasadas, pero muy cuidado. Y su tez, el halo que la rodea, o su manera de estar, refleja decaimiento y temor. Lo contrario que la otra, vestida con ropa alegre de mercadillo, pero muy nueva. Usa su ropa como si no le importara que le cayera una mancha; tiene un gran armario. Se casó con un hombre que se hizo rico. Rosita, en cambio, vive sola, es administrativa, se plantea 14 veces cualquier compra y se siente avergonzada de su pobreza digna. También tiene miedo a que una crisis la deje sin trabajo y pueda perder esa dignidad cercana a la raya de abajo. Muchas noches, ese miedo le quita el sueño.
El miedo también avergüenza. A veces es difícil distinguir entre un sentimiento y el otro. Pero en esos momentos, la mayor vergüenza se la produce Marta, presentándose ante ella como una igual. Está segura de que fue al mercadillo a comprarse ese traje vaquero para la cita con ella y que no se lo volverá a poner. También siente vergüenza por cómo habla de sus trabajos temporales, de proyectos de relaciones públicas que le dan los amigos de su marido desde que este se relacionó con la política. No soporta que hable con ella como entre trabajadoras, cuando con tres proyectos, que no le quitan más de cuatro meses, gana lo mismo que ella y, además, lo usa para sus gastos. A Rosita le avergüenza la falta de vergüenza de Marta, por ser como es. A veces, en lo más profundo, a Marta le asalta la sensación de que una amiga como Rosita es una vergüenza para ella. Cuando esta le pidió que no la invitara más a sus fiestas, porque se sentía fuera de sitio, no la insistió. Era una manera de reconocer que su amiga de toda la vida estaba fuera de sitio en su vida.
¿Por qué se siguen viendo, aunque cada vez más de tarde en tarde? ¿Por qué no aceptaron el abismo de la distancia que las separa? ¿Por qué están ahí, hablando en una cafetería, animadamente? Quizás porque las une algo más fuerte de lo que sospechan. Amigas de la misma edad, que vivían en el mismo portal, compartieron el descubrimiento de la vida: las primeras menstruaciones, la contemplación mutua del sexo, los primeros chicos y sus sensaciones, la escalada de las relaciones sexuales. Lo compartían todo y es todo fue lo más emocionante en la vida de cada una. Marta tiene de todo, pero ha sido abandonada emocionalmente por su marido. Rosita, ni siquiera tiene eso. Solo tienen un pasado, aunque ahora sea socialmente inconveniente. No hay nada más que les haga latir el corazón.
Podríamos rastrear esa vergüenza íntima, o la falta de vergüenza de los que tienen medios de vida y los consideran algo caído del cielo, que les corresponde, en cada uno que vemos durante un paseo.
—Somos una mierda pinchada en un palo —le dije la otra noche a un amigo.
—Y siempre hay alguien que preferiría nuestra muerte para pelearse por las astillas —me contestó.
Las noticias sobre la crisis económica en Irlanda, una de las últimas víctimas del robo del siglo, me hacen recordar la amabilidad de sus habitantes, la belleza de Connemara, el olor de sus playas invadidas por las algas, las casas abandonadas cubiertas de zarzas y enredaderas.
¿No parece una coincidencia con mi relato? Pero hay más, porque las palabras "robo del siglo" son un enlace que lleva a una entrada de Escolar que dice lo que a mí me gustaría haber sabido decir, sobre esa Irlanda tan querida por los neoliberales, el modelo de Rajoy a copiar en España. Y va y se desmorona antes que nosotros.
La última evidencia del robo del siglo emerge ahora en Irlanda. La niña bonita de los neoliberales, el país que las agencias de calificación ponían como modelo, está a punto de irse a pique. El Estado asumió la inmensa deuda de los bancos privados y evitó una bancarrota financiera, pero a cambio obtuvo la quiebra nacional: es todo el país, y no sólo los bancos, quien está en riesgo. No está claro siquiera cuál era la peor alternativa, pero el resultado final es que cada irlandés debe hoy unos 60.000 euros de aquella fiesta, a la que no fueron invitados; cada céntimo que paguen en sus impuestos durante años servirá para cubrir las apuestas de esos inversores privados. ¿De qué ha servido la austeridad en las cuentas públicas que exigían los economistas liberales si se permitía a la banca irlandesa asumir unos riesgos que han dejado un agujero del 170% del PIB?
Aunque el escándalo mayúsculo es que después no pase nada. Y no sólo nos jugamos la economía. El mayor peligro para nuestra democracia ya no es el golpismo o el terrorismo: es el sistema financiero. ¿Cómo podrían los políticos justificar un nuevo rescate si no se toman las medidas para que algo así no vuelva a suceder jamás?
Pero ya que hablamos de neoliberales, sus posturas de todo para que funcione el negocio en beneficio de muy pocos se ve claramente en su desvergüenza con el cambio climático. Ahí podemos saber lo que se puede esperar de ellos. Negacionistas hasta hace semanas, ahora el Jefe español. que estuvo a punto de presidir una cumbre negacionista hace año y medio en Nueva Yotk (se lo prohibieron en Génova), resulta que ahora pasa aceptar ese cambio, sin la menor excusa por su posición anterior, pero desde la perspectiva del negocio. Este artículo de Louis Lasalle para Globalízate, lo explica muy bien.
Louis Lasalle para Globalízate (15/11/10)
Detrás del nuevo instituto sobre cambio climático del que José María Aznar es asesor se esconde una nueva estrategia, financiada por los negacionistas de siempre, para abrir nuevas oportunidades de negocio sin renunciar a lo anterior.
José María Aznar, ex presidente de España, promotor de la guerra de Irak, miembro de holdings financieros agresivos y divulgador de las ideas ultraconservadoras más antisistema, era también conocido por su abierta adhesión a los posicionamientos más radicales del negacionismo del cambio climático. Sin embargo, hace pocos días nos sorprendió a todos al ser fichado como presidente del consejo asesor de una organización centrada en el cambio climático. Inicialmente nos asaltaron muchas preguntas ¿Habrá cambiado su manera de pensar ante la avalancha de evidencias científicas que se acumulan día a día? ¿Cómo una persona formada en letras y con profundas y demostradas lagunas en ciencia puede presidir un consejo asesor sobre cambio climático? ¿Hay gato encerrado? Las crípticas explicaciones que Aznar nos facilita desde la web de la organización nos han dejado aún más confusos
Desde Globalízate hemos preferido ser cautos e investigar un poco antes de posicionarnos precipitadamente. Tras un periodo de investigación y reflexión hemos sacado las conclusiones que presentamos a continuación.
José María Aznar ha estrenado su puesto de presidente del consejo asesor de una asociación sin ánimo de lucro recientemente creada llamada The Global Adaptation Institute (GAI) (http://www.globaladaptationinstitute.org/). ¿Quiénes son y cuáles son sus objetivos? Esta asociación está formada por reconocidos miembros de la esfera conservadora como son Juan José Daboud (Director de GAI, antiguo miembro del Banco Mundial, y ex ministro de economía de El Salvador), Paul Wolfowitz (ex presidente del Banco Mundial y promotor de la guerra de Irak), Jorge Quiroga (ex presidente conservador de Bolivia y ex alto cargo del Banco Mundial), Ana Palacio (ex ministra española, promotora de la guerra de Irak en la ONU y ex miembro del Banco Mundial), además, varios representantes de la empresa privada, de think tanks conservadores y algún científico especializado fundamentalmente en el estudio de los recursos naturales y su relación con la economía. ¿Quién lo paga? GAI ha abierto sus puertas recibiendo una generosa donación (10 millones de dólares) de NGP Energy Capital Management (http://www.ngpenergycapital.com/) una franquicia de inversión energética con una gran participación del sector de los combustibles fósiles.
Sus objetivos son muy claros: abordar el problema del cambio climático exclusivamente desde la perspectiva de la adaptación. Para comprender un poco mejor esta perspectiva vayamos al IPCC. El IPCC se divide en tres Grupos de Trabajo: GT I La base científica, GT II Impactos, Adaptación y Vulnerabilidad, GT III Mitigación del cambio climático. El GT I se dedica a recopilar información y redactar informes sobre todas las evidencias científicas, procesos, causas y predicciones de este fenómeno. El GT II estudia la magnitud de los impactos y plantea posibles formas de adaptación ante todos los posibles cambios previstos en los distintos escenarios planteados. El GT III se centra en estudiar y proponer medidas que permitan reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Las tres aproximaciones son totalmente necesarias, hay que profundizar en el conocimiento de este fenómeno a escala global, perfeccionar los modelos predictivos y los posibles escenarios, necesitamos estudiar cuán grandes serán los impactos, cuán vulnerables son las distintas regiones del planeta a estos cambios y cómo podremos adaptarnos a ellos de producirse. Y por supuesto y con urgencia necesitamos saber cómo podemos mitigar los cambios y evitar en la medida de lo posible que se produzcan, minimizando así la necesidad de una adaptación.
Entonces nos preguntamos, ¿por qué The Global Adaptation Institute ha decidido que solo es importante la adaptación? Observando quiénes conforman este instituto, quién lo financia y cuáles son sus objetivos, concluimos que la respuesta es la de siempre: el dinero. Si apareciese una asociación que tratase de abordar el problema del cáncer desde una perspectiva global pero que no considerase importante ni el estudio de sus causas, ni su prevención sino tan solo el desarrollo de nuevos tratamientos de quimioterapia, sospecharíamos inmediatamente que hay intereses farmacéuticos detrás. Algo parecido ocurre con el GAI. Detrás del negacionismo tradicional está el interés de las multinacionales petroleras que ven amenazados sus beneficios con un cambio en el modelo energético. A esta corriente se ha sumado con alegría toda la esfera neocon ya que en el fondo las causas cambio climático ponen de manifiesto un cuestionamiento el modelo tradicional de crecimiento económico-financiero perpetuo, negando la evidencia de que no se puede crecer hasta el infinito en un planeta finito. Sin embargo, los defensores del sistema financiero liberalizado se han dado cuenta de que también detrás del cambio climático puede haber serias oportunidades de negocio y sería inadmisible dejar pasar esta oportunidad.
Es cierto que las campañas negacionistas están cosechando muchos éxitos y sirva como dato que en EE. UU. cada vez hay más escépticos. Solo el 38% de los votantes republicanos confía en las evidencias científicas sobre el cambio climático y si nos centramos en los simpatizantes del Tea Party se reduce a poco más del 20%. Estas campañas pretenden salvaguardar los intereses comerciales de una serie de poderosas multinacionales. Sin embargo, ¿no sería posible desarrollar un nuevo discurso que sin afectar a las empresas energéticas ni a los paradigmas del neoliberalismo permita conquistar nuevos mercados y negocios emergentes? La respuesta es clara: la adaptación. Por un lado son conscientes de que las evidencias científicas son tan apabullantes que va a haber movimiento político y solcial por mucha campaña negacionista que se financie. Por otro lado, si olvidamos el estudio de la ciencia del clima y también cualquier intento de mitigar el problema podremos obtener un pedazo de pastel de ambas tartas: por un lado, el modelo energético y de crecimiento no se tocará y por el otro abriremos nuevas y abundantes oportunidades financieras en la adaptación. Resumiendo, cambiar un poco para que todo siga igual y además ganar influencia en un sector prometedor.
Desde Globalízate consideramos que abandonar la lucha por la mitigación es una renuncia inadmisible y de consecuencias desastrosas. Por todos los motivos relatados aquí, somos profundamente críticos y escépticos con los intereses y objetivos de The Global Adaptation Institute. Es indudable que la estrategia es inteligente y probablemente durante mucho tiempo veremos campañas negacionistas y de “solo-adaptación” simultáneamente y probablemente financiadas con los mismos fondos. También tenemos que estar alerta y si alguien nos habla de abordar el problema del cambio climático tan solo desde la adaptación, probablemente se trate de un neo-negacionista.
¿Nadie hace nada?, se preguntaba Jesús. La Rosita del relato ni siquiera se pregunta nada, solo teme y se avergüenza. Escolar y Louis Lasalle explican. Y yo no me pregunto. Afirmo con rotundidad que hago lo que puedo. Aunque sea algo tan pequeño como tener los ojos abiertos y traeros aquí estas cosas.
I. Taller
Vergüenzas de todos los colores
Levantes la piedra que levantes
despojas
a quienes precisan el amparo de las piedras.
P. Celan
Dos mujeres se han citado en un lugar que no importa. Ni siquiera la cita importa: es banal; en cualquier gran ciudad se están produciendo en ese momento miles de citas parecidas. Pero todo signo banal es un escudo de lo que hay dentro. Lo que importa es el interior: haber tenido la oportunidad de saber lo que pasa dentro y se tapa; incluso las dos mujeres se lo ocultan cada una a sí misma. Se besan, se lisonjean, se abrazan y se sientan en una mesa.
Cualquier observador que tuviera interés, se daría cuenta de una disimilitud que encierra algo desagradable. Una de ella, la llamaremos Rosita, lleva un abrigo de paño de temporadas pasadas, pero muy cuidado. Y su tez, el halo que la rodea, o su manera de estar, refleja decaimiento y temor. Lo contrario que la otra, vestida con ropa alegre de mercadillo, pero muy nueva. Usa su ropa como si no le importara que le cayera una mancha; tiene un gran armario. Se casó con un hombre que se hizo rico. Rosita, en cambio, vive sola, es administrativa, se plantea 14 veces cualquier compra y se siente avergonzada de su pobreza digna. También tiene miedo a que una crisis la deje sin trabajo y pueda perder esa dignidad cercana a la raya de abajo. Muchas noches, ese miedo le quita el sueño.
El miedo también avergüenza. A veces es difícil distinguir entre un sentimiento y el otro. Pero en esos momentos, la mayor vergüenza se la produce Marta, presentándose ante ella como una igual. Está segura de que fue al mercadillo a comprarse ese traje vaquero para la cita con ella y que no se lo volverá a poner. También siente vergüenza por cómo habla de sus trabajos temporales, de proyectos de relaciones públicas que le dan los amigos de su marido desde que este se relacionó con la política. No soporta que hable con ella como entre trabajadoras, cuando con tres proyectos, que no le quitan más de cuatro meses, gana lo mismo que ella y, además, lo usa para sus gastos. A Rosita le avergüenza la falta de vergüenza de Marta, por ser como es. A veces, en lo más profundo, a Marta le asalta la sensación de que una amiga como Rosita es una vergüenza para ella. Cuando esta le pidió que no la invitara más a sus fiestas, porque se sentía fuera de sitio, no la insistió. Era una manera de reconocer que su amiga de toda la vida estaba fuera de sitio en su vida.
¿Por qué se siguen viendo, aunque cada vez más de tarde en tarde? ¿Por qué no aceptaron el abismo de la distancia que las separa? ¿Por qué están ahí, hablando en una cafetería, animadamente? Quizás porque las une algo más fuerte de lo que sospechan. Amigas de la misma edad, que vivían en el mismo portal, compartieron el descubrimiento de la vida: las primeras menstruaciones, la contemplación mutua del sexo, los primeros chicos y sus sensaciones, la escalada de las relaciones sexuales. Lo compartían todo y es todo fue lo más emocionante en la vida de cada una. Marta tiene de todo, pero ha sido abandonada emocionalmente por su marido. Rosita, ni siquiera tiene eso. Solo tienen un pasado, aunque ahora sea socialmente inconveniente. No hay nada más que les haga latir el corazón.
Podríamos rastrear esa vergüenza íntima, o la falta de vergüenza de los que tienen medios de vida y los consideran algo caído del cielo, que les corresponde, en cada uno que vemos durante un paseo.
—Somos una mierda pinchada en un palo —le dije la otra noche a un amigo.
—Y siempre hay alguien que preferiría nuestra muerte para pelearse por las astillas —me contestó.
II. Entrada de Jesús Miramón
Zarzas y enredaderas
Las noticias sobre la crisis económica en Irlanda, una de las últimas víctimas del robo del siglo, me hacen recordar la amabilidad de sus habitantes, la belleza de Connemara, el olor de sus playas invadidas por las algas, las casas abandonadas cubiertas de zarzas y enredaderas.
¿No parece una coincidencia con mi relato? Pero hay más, porque las palabras "robo del siglo" son un enlace que lleva a una entrada de Escolar que dice lo que a mí me gustaría haber sabido decir, sobre esa Irlanda tan querida por los neoliberales, el modelo de Rajoy a copiar en España. Y va y se desmorona antes que nosotros.
III. Escolar
El robo del Siglo
Dice el economista Paul Krugman que “los avances de la teoría económica en los últimos 30 años fueron, en el mejor de los casos, inútiles; y en el peor, muy dañinos”. Hay una tercera opción, aún más dramática: que el daño no fue inocente; que esas grandes aportaciones de la doctrina neoliberal a la crisis actual fueron parte de una gigantesca estafa: un timo que funcionó y que quedará impune. Era un castillo en el aire, pero no todo el dinero se evaporó. Hubo muchos que ganaron: los mismos que financian y dan voz a algunos de esos economistas que incluso hoy justifican estos desmanes.
La última evidencia del robo del siglo emerge ahora en Irlanda. La niña bonita de los neoliberales, el país que las agencias de calificación ponían como modelo, está a punto de irse a pique. El Estado asumió la inmensa deuda de los bancos privados y evitó una bancarrota financiera, pero a cambio obtuvo la quiebra nacional: es todo el país, y no sólo los bancos, quien está en riesgo. No está claro siquiera cuál era la peor alternativa, pero el resultado final es que cada irlandés debe hoy unos 60.000 euros de aquella fiesta, a la que no fueron invitados; cada céntimo que paguen en sus impuestos durante años servirá para cubrir las apuestas de esos inversores privados. ¿De qué ha servido la austeridad en las cuentas públicas que exigían los economistas liberales si se permitía a la banca irlandesa asumir unos riesgos que han dejado un agujero del 170% del PIB?
Aunque el escándalo mayúsculo es que después no pase nada. Y no sólo nos jugamos la economía. El mayor peligro para nuestra democracia ya no es el golpismo o el terrorismo: es el sistema financiero. ¿Cómo podrían los políticos justificar un nuevo rescate si no se toman las medidas para que algo así no vuelva a suceder jamás?
Pero ya que hablamos de neoliberales, sus posturas de todo para que funcione el negocio en beneficio de muy pocos se ve claramente en su desvergüenza con el cambio climático. Ahí podemos saber lo que se puede esperar de ellos. Negacionistas hasta hace semanas, ahora el Jefe español. que estuvo a punto de presidir una cumbre negacionista hace año y medio en Nueva Yotk (se lo prohibieron en Génova), resulta que ahora pasa aceptar ese cambio, sin la menor excusa por su posición anterior, pero desde la perspectiva del negocio. Este artículo de Louis Lasalle para Globalízate, lo explica muy bien.
IV. Globalízate
La nueva postura de José María Aznar frente al cambio climático: una nueva estrategia del negacionismo de siempre
Louis Lasalle para Globalízate (15/11/10)
Detrás del nuevo instituto sobre cambio climático del que José María Aznar es asesor se esconde una nueva estrategia, financiada por los negacionistas de siempre, para abrir nuevas oportunidades de negocio sin renunciar a lo anterior.
José María Aznar, ex presidente de España, promotor de la guerra de Irak, miembro de holdings financieros agresivos y divulgador de las ideas ultraconservadoras más antisistema, era también conocido por su abierta adhesión a los posicionamientos más radicales del negacionismo del cambio climático. Sin embargo, hace pocos días nos sorprendió a todos al ser fichado como presidente del consejo asesor de una organización centrada en el cambio climático. Inicialmente nos asaltaron muchas preguntas ¿Habrá cambiado su manera de pensar ante la avalancha de evidencias científicas que se acumulan día a día? ¿Cómo una persona formada en letras y con profundas y demostradas lagunas en ciencia puede presidir un consejo asesor sobre cambio climático? ¿Hay gato encerrado? Las crípticas explicaciones que Aznar nos facilita desde la web de la organización nos han dejado aún más confusos
Desde Globalízate hemos preferido ser cautos e investigar un poco antes de posicionarnos precipitadamente. Tras un periodo de investigación y reflexión hemos sacado las conclusiones que presentamos a continuación.
José María Aznar ha estrenado su puesto de presidente del consejo asesor de una asociación sin ánimo de lucro recientemente creada llamada The Global Adaptation Institute (GAI) (http://www.globaladaptationinstitute.org/). ¿Quiénes son y cuáles son sus objetivos? Esta asociación está formada por reconocidos miembros de la esfera conservadora como son Juan José Daboud (Director de GAI, antiguo miembro del Banco Mundial, y ex ministro de economía de El Salvador), Paul Wolfowitz (ex presidente del Banco Mundial y promotor de la guerra de Irak), Jorge Quiroga (ex presidente conservador de Bolivia y ex alto cargo del Banco Mundial), Ana Palacio (ex ministra española, promotora de la guerra de Irak en la ONU y ex miembro del Banco Mundial), además, varios representantes de la empresa privada, de think tanks conservadores y algún científico especializado fundamentalmente en el estudio de los recursos naturales y su relación con la economía. ¿Quién lo paga? GAI ha abierto sus puertas recibiendo una generosa donación (10 millones de dólares) de NGP Energy Capital Management (http://www.ngpenergycapital.com/) una franquicia de inversión energética con una gran participación del sector de los combustibles fósiles.
Sus objetivos son muy claros: abordar el problema del cambio climático exclusivamente desde la perspectiva de la adaptación. Para comprender un poco mejor esta perspectiva vayamos al IPCC. El IPCC se divide en tres Grupos de Trabajo: GT I La base científica, GT II Impactos, Adaptación y Vulnerabilidad, GT III Mitigación del cambio climático. El GT I se dedica a recopilar información y redactar informes sobre todas las evidencias científicas, procesos, causas y predicciones de este fenómeno. El GT II estudia la magnitud de los impactos y plantea posibles formas de adaptación ante todos los posibles cambios previstos en los distintos escenarios planteados. El GT III se centra en estudiar y proponer medidas que permitan reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Las tres aproximaciones son totalmente necesarias, hay que profundizar en el conocimiento de este fenómeno a escala global, perfeccionar los modelos predictivos y los posibles escenarios, necesitamos estudiar cuán grandes serán los impactos, cuán vulnerables son las distintas regiones del planeta a estos cambios y cómo podremos adaptarnos a ellos de producirse. Y por supuesto y con urgencia necesitamos saber cómo podemos mitigar los cambios y evitar en la medida de lo posible que se produzcan, minimizando así la necesidad de una adaptación.
Entonces nos preguntamos, ¿por qué The Global Adaptation Institute ha decidido que solo es importante la adaptación? Observando quiénes conforman este instituto, quién lo financia y cuáles son sus objetivos, concluimos que la respuesta es la de siempre: el dinero. Si apareciese una asociación que tratase de abordar el problema del cáncer desde una perspectiva global pero que no considerase importante ni el estudio de sus causas, ni su prevención sino tan solo el desarrollo de nuevos tratamientos de quimioterapia, sospecharíamos inmediatamente que hay intereses farmacéuticos detrás. Algo parecido ocurre con el GAI. Detrás del negacionismo tradicional está el interés de las multinacionales petroleras que ven amenazados sus beneficios con un cambio en el modelo energético. A esta corriente se ha sumado con alegría toda la esfera neocon ya que en el fondo las causas cambio climático ponen de manifiesto un cuestionamiento el modelo tradicional de crecimiento económico-financiero perpetuo, negando la evidencia de que no se puede crecer hasta el infinito en un planeta finito. Sin embargo, los defensores del sistema financiero liberalizado se han dado cuenta de que también detrás del cambio climático puede haber serias oportunidades de negocio y sería inadmisible dejar pasar esta oportunidad.
Es cierto que las campañas negacionistas están cosechando muchos éxitos y sirva como dato que en EE. UU. cada vez hay más escépticos. Solo el 38% de los votantes republicanos confía en las evidencias científicas sobre el cambio climático y si nos centramos en los simpatizantes del Tea Party se reduce a poco más del 20%. Estas campañas pretenden salvaguardar los intereses comerciales de una serie de poderosas multinacionales. Sin embargo, ¿no sería posible desarrollar un nuevo discurso que sin afectar a las empresas energéticas ni a los paradigmas del neoliberalismo permita conquistar nuevos mercados y negocios emergentes? La respuesta es clara: la adaptación. Por un lado son conscientes de que las evidencias científicas son tan apabullantes que va a haber movimiento político y solcial por mucha campaña negacionista que se financie. Por otro lado, si olvidamos el estudio de la ciencia del clima y también cualquier intento de mitigar el problema podremos obtener un pedazo de pastel de ambas tartas: por un lado, el modelo energético y de crecimiento no se tocará y por el otro abriremos nuevas y abundantes oportunidades financieras en la adaptación. Resumiendo, cambiar un poco para que todo siga igual y además ganar influencia en un sector prometedor.
Desde Globalízate consideramos que abandonar la lucha por la mitigación es una renuncia inadmisible y de consecuencias desastrosas. Por todos los motivos relatados aquí, somos profundamente críticos y escépticos con los intereses y objetivos de The Global Adaptation Institute. Es indudable que la estrategia es inteligente y probablemente durante mucho tiempo veremos campañas negacionistas y de “solo-adaptación” simultáneamente y probablemente financiadas con los mismos fondos. También tenemos que estar alerta y si alguien nos habla de abordar el problema del cambio climático tan solo desde la adaptación, probablemente se trate de un neo-negacionista.
¿Nadie hace nada?, se preguntaba Jesús. La Rosita del relato ni siquiera se pregunta nada, solo teme y se avergüenza. Escolar y Louis Lasalle explican. Y yo no me pregunto. Afirmo con rotundidad que hago lo que puedo. Aunque sea algo tan pequeño como tener los ojos abiertos y traeros aquí estas cosas.
domingo, 21 de noviembre de 2010
Pikara Magazine en la Red
Hay personas a las que, por su trayectoria limpia, porque abren su propio camino sin pensar en sí mismas, las sigues donde vayan. June Fernández, la periodista bilbaína, es una de ellas. Esta es su revista:
Ya está en Internet y podéis ver el primer número haciendo clic en el nombre. Verónica y yo aportamos los escalones Uno y Tres.
¡Buena lectura a todos!
domingo, 14 de noviembre de 2010
El Lápiz
Trasteando en una columnilla de libros de una mesita, he encontrado una edición de Rey Lear que tenía dentro un texto de Taller fechado el 7 de mayo de 2008. Lo que quiere decir que releí, o eché un vistazo al libro, en esas fechas, sin reincorporarlo a la librería de donde salió. Había olvidado ese texto, que según el encabezado repondía al tema de "flashbacks", por lo que lo he podido leer como si no fuera mío. Me ha apetecido ponerlo.
Alguien ha tenido la excelente idea de que viniera la asistenta, cambiara las sábanas, lavara toda la ropa, la secara y la guardara. Entretanto, ha dejado la casa perfecta, sin quitar nada; los libros de ella a medio leer todavía en su mesilla, pero con la sensación de que la casa entera ha sido lavada, frotada. Ni una mota de polvo posada hasta ayer permanece. Me ha costado rechazar, con una sonrisa de agradecimiento y toda la amabilidad de hierro de la que he sido capaz, los ofrecimientos de dormir en otra casa o de que me acompañaran en la mía. He participado tantas veces de esa comedia de lo irreal que me la conozco. Hoy es una noche más de las noches que me quedan. No necesariamente la peor. La voluntad de aferrarme a lo real, lo pinten como lo pinten, es mi única esperanza de ser lo que soy.
Me he duchado, me he puesto una camiseta y unos pantalones de pintor viejos. No me he calzado. He hecho una taza de té fuerte. La he tomado casi quemándome. Del fondo del segundo cajón de mi mesilla, he sacado una cajita en la que guardo, diminuto ya, el lápiz con el que una vez escribí una despedida decisiva y desde entonces solo lo he utilizado para las cosas que me importan; lo que no quiere decir que sean importantes. Le he sacado punta cuidadosamente, para no gastarlo más de lo necesario, y con él me dispongo a escribir esta lista que me conviene tener en cuenta para evitar las falsas expectativas, que son las que pueden amargarte un día y otro día, y otro más.
Comer bien.
Sé cocinar, pero me he vuelto perezoso, así que dependeré de la sensación de hambre. Y no sé comer sin hambre si no hay alguien que me fuerza.
Despreocuparme de las circunstancias de la casa sin que el estado de esta sufra las consecuencias.
Si no funcionaba un grifo, iba mal la caldera, se habían fundido bombillas, la tostadora dejó de tostar, cualquier cosa así, una tarde volvía a casa y ya estaba solucionada. Nunca tomé la menor decisión ni hice acto alguno para arreglar ese tipo de cosas. Supongo que ahora tendré que averiguar quién se encarga de ellas, ponerme en contacto, aceptar una cita y esperar. Supongo, también, que antes de ese proceso dejaré que las cosas lleguen un poco más lejos de lo soportable.
Abrazar, en una caída durante la noche, un cuerpo suave, tibio, reconocible que me acepte.
O sentir que eres abrazado así, necesitado desesperadamente. Claro que hay momentos en que te estorbas y molestas. Pero no hay experiencia humana que se pueda igualar a cuando se producía ese acertar en la búsqueda de abrigo y dos respiraciones se acompasaban en la temperatura justa, recayendo en un sueño lento como algodón de azúcar.
Tener una vida social normal. Vestir normal.
Es curioso que haya puesto las dos cosas en la misma línea. Quizá resonaba un verso de Sabina, “huraño, como un dandy con lamparones”. Porque salvo de adolescente nunca me he comprado ropa; siempre alguien, desde hace muchísimo tiempo ella, me ha comprado la ropa y se ha preocupado de que me la pusiera. Eso se ha terminado. También lo de las citas con los amigos. Nunca las hice yo. Huraño al descubierto, seguramente.
Voy a hacerme otro té, aunque lo más posible es que la lista quede así, sobre la mesa, varios días. Me llevo el lápiz, que cabe en la palma de la mano. Lo miro.
En brazos me entran en la habitación. Cogiéndome por la cintura me acercan a mi abuela, acostada y amarillenta. La habitación está llena y les oigo hablar. Del bolsillo superior del delantal a rayas blancas y azules verticales, saco un lápiz y grito ¡Pinta, pinta! La gente habla más fuerte. Más nervioso todavía, sigo gritando y con el lápiz en la mano cerrada trato de clavárselo. Tiran de mí hacia atrás y veo más de la mitad de la habitación.
Ya no sé más, pero fue el primer recuerdo de mi vida. Por mucho que lo he intentado, no he logrado retroceder ni una hora. El primer recuerdo que tengo es que soy muy pequeño, pronuncio todavía mal la única palabra que digo, me acercan a dar un beso a mi abuela muerta y trato de vengarme de que no me haga caso. Mucho tiempo después comprendí que lo que había intentado en mi primera acción consciente fue matar a la muerte con un lápiz. Lo que he seguido haciendo hasta hoy. Más o menos.
Guardo el lápiz en la caja. Ya no es necesario que la meta en el cajón.
El lápiz
Alguien ha tenido la excelente idea de que viniera la asistenta, cambiara las sábanas, lavara toda la ropa, la secara y la guardara. Entretanto, ha dejado la casa perfecta, sin quitar nada; los libros de ella a medio leer todavía en su mesilla, pero con la sensación de que la casa entera ha sido lavada, frotada. Ni una mota de polvo posada hasta ayer permanece. Me ha costado rechazar, con una sonrisa de agradecimiento y toda la amabilidad de hierro de la que he sido capaz, los ofrecimientos de dormir en otra casa o de que me acompañaran en la mía. He participado tantas veces de esa comedia de lo irreal que me la conozco. Hoy es una noche más de las noches que me quedan. No necesariamente la peor. La voluntad de aferrarme a lo real, lo pinten como lo pinten, es mi única esperanza de ser lo que soy.
Me he duchado, me he puesto una camiseta y unos pantalones de pintor viejos. No me he calzado. He hecho una taza de té fuerte. La he tomado casi quemándome. Del fondo del segundo cajón de mi mesilla, he sacado una cajita en la que guardo, diminuto ya, el lápiz con el que una vez escribí una despedida decisiva y desde entonces solo lo he utilizado para las cosas que me importan; lo que no quiere decir que sean importantes. Le he sacado punta cuidadosamente, para no gastarlo más de lo necesario, y con él me dispongo a escribir esta lista que me conviene tener en cuenta para evitar las falsas expectativas, que son las que pueden amargarte un día y otro día, y otro más.
Cosas que probablemente no haré ya nunca
Comer bien.
Sé cocinar, pero me he vuelto perezoso, así que dependeré de la sensación de hambre. Y no sé comer sin hambre si no hay alguien que me fuerza.
Despreocuparme de las circunstancias de la casa sin que el estado de esta sufra las consecuencias.
Si no funcionaba un grifo, iba mal la caldera, se habían fundido bombillas, la tostadora dejó de tostar, cualquier cosa así, una tarde volvía a casa y ya estaba solucionada. Nunca tomé la menor decisión ni hice acto alguno para arreglar ese tipo de cosas. Supongo que ahora tendré que averiguar quién se encarga de ellas, ponerme en contacto, aceptar una cita y esperar. Supongo, también, que antes de ese proceso dejaré que las cosas lleguen un poco más lejos de lo soportable.
Abrazar, en una caída durante la noche, un cuerpo suave, tibio, reconocible que me acepte.
O sentir que eres abrazado así, necesitado desesperadamente. Claro que hay momentos en que te estorbas y molestas. Pero no hay experiencia humana que se pueda igualar a cuando se producía ese acertar en la búsqueda de abrigo y dos respiraciones se acompasaban en la temperatura justa, recayendo en un sueño lento como algodón de azúcar.
Tener una vida social normal. Vestir normal.
Es curioso que haya puesto las dos cosas en la misma línea. Quizá resonaba un verso de Sabina, “huraño, como un dandy con lamparones”. Porque salvo de adolescente nunca me he comprado ropa; siempre alguien, desde hace muchísimo tiempo ella, me ha comprado la ropa y se ha preocupado de que me la pusiera. Eso se ha terminado. También lo de las citas con los amigos. Nunca las hice yo. Huraño al descubierto, seguramente.
Voy a hacerme otro té, aunque lo más posible es que la lista quede así, sobre la mesa, varios días. Me llevo el lápiz, que cabe en la palma de la mano. Lo miro.
***
En brazos me entran en la habitación. Cogiéndome por la cintura me acercan a mi abuela, acostada y amarillenta. La habitación está llena y les oigo hablar. Del bolsillo superior del delantal a rayas blancas y azules verticales, saco un lápiz y grito ¡Pinta, pinta! La gente habla más fuerte. Más nervioso todavía, sigo gritando y con el lápiz en la mano cerrada trato de clavárselo. Tiran de mí hacia atrás y veo más de la mitad de la habitación.
Ya no sé más, pero fue el primer recuerdo de mi vida. Por mucho que lo he intentado, no he logrado retroceder ni una hora. El primer recuerdo que tengo es que soy muy pequeño, pronuncio todavía mal la única palabra que digo, me acercan a dar un beso a mi abuela muerta y trato de vengarme de que no me haga caso. Mucho tiempo después comprendí que lo que había intentado en mi primera acción consciente fue matar a la muerte con un lápiz. Lo que he seguido haciendo hasta hoy. Más o menos.
Guardo el lápiz en la caja. Ya no es necesario que la meta en el cajón.
jueves, 11 de noviembre de 2010
Undécimo 100e de Verónica Leonetti y Nano
Desde que recibí la ilustración quedé encantado. Tanto que me la puse de fondo del escritorio del ordenador. Ahora ya la podéis ver con un clic AQUÍ.
Como de costumbre, los comentarios solo se pueden hacer en su blog.
Como de costumbre, los comentarios solo se pueden hacer en su blog.
sábado, 6 de noviembre de 2010
Otro año será, otoño
La semana que empieza el lunes, tendría que estar paseando por esta huerta de la montaña oriental baja de León. La foto es del 2009, en un otoño tardío, en fecha similar a esta.
Pero no me encuentro demasiado bien, por simples molestias nada serias, así que me voy a quedar aquí. En la foto de abajo se ve mi segundo puesto de lectura, en el sillón azul, con los pies descalzos sobre la cama. Acudo a él cuando en la sala está puesta la televisión o hay demasiado "alboroto". He sacado de la biiblioteca pública 3 libros de Chantal Maillard y tengo prácticamente empezada la autobiografía de Amos Oz, porque con las molestias y dolorcillos, la ansiedad que me producían, más ir a trabajar todos los días, no he podido leer. Así que me esperan buenos tiempos. Estar mejor y buenas lecturas.
Además de estas chorradas, y hasta que el jueves Verónica publique el escalón 11, con una ilustración que no me merezco de lo buena que es, pensando qué poner me he acordado de una carpetilla que tengo en el ordenador, con el título Los pies me llevan y me preguntan qué veo. De ahí sale este texto, que no sé si está ya bastante macerado.
La desgracia es un pantano con una hermosa capa de espejo
Cómete la sopa
que ha empezado a fermentar y es nauseabunda
si quieres salir a jugar
Haz tu trabajo
fétido
para tener dinero el sábado y el domingo
Todo bajo la capa de espejo de la superficie
que refleja el vuelo de los pájaros, las nubes, el color del cielo.
Abajo es donde nadamos en la oscuridad
como esqueletos
Abajo no hay vuelos ni nubes en riguroso directo
abajo huimos de los siluros que se alimentan de nuestras alegrías.
Algo, no alguien, nos da órdenes.
Las cumplimos o quedamos fuera
¿de qué?
Alimentamos a los bagres, que engordan.
Otros, de ojos azules de mirada inocente,
los pescan
¿quiénes?
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