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Torpe para la vida, olvidadizo,
casi nunca me encuentro donde estoy.
La soledad me sigue visitando
como una amante apaciguada con los años.
Si tarda, la busco inquieto
por las calles más extrañas
donde la paz presagia una masacre.
Echo las cuentas
por el balcón. Queda la calle
cubierta de letras y números
irreciclables e inconexos.
Los menos que me han odiado
lo han hecho con más fundamento
que los más, que me han amado
a tontas y a locas.
Olvido a los primeros,
egoísta.
Agradezco a los demás
la falta de criterio.
Sin vosotros no estaría,
no estoy,
sujetando el corazón
cuando os pienso.
En resumen, es poco.
Es el detalle lo que cuenta,
cada minuto es lo que estalla.
