miércoles, 7 de marzo de 2007

Carta de María Zambrano a Rosa Chacel



Barcelona, 26 de junio 1938

Amiga Rosa Chacel:
Casi un año desde tu carta: me he dado cuenta al poner la fecha, pues de otro modo no sé lo que sea un año, ni un día. Mi tiempo, el tiempo que aquí corre, no es ya de este mundo.
Muchas, innumerables veces me he puesto a escribirte, pero estaba demasiado cerca de tu carta, sólida, cortante, con sus aristas tan afiladas que por fuerza me tenía o que tropezar y herir o que plegar, o que escribir. Como nada de eso me era grato ni tal vez conveniente, no lo hacía. Hoy, han pasado tales cosas, y estoy en tal lugar —si lugar puede llamarse—, que nada de eso importa, y lo único que queda es tu existencia misma. Y a ella me dirijo.
Me dirijo puramente, es decir, que es la forma pura de dirigirse a una existencia, pues nada en concreto te quiero decir...


Pues por «vuestra existencia misma», ella misma tan cálida, estas palabras que enseñan a pensar. Que conmueven por la situación en que fueron dichas. Que conmueven porque incluso en los peores momentos, supo encontrar las palabras precisas, aunque tuviera que dejar pasar un año.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

A veces, es mejor no decir nada, por si se sabe, por si nos descubren, por si nos desnudamos innecesariamente, por si nos duele, por si cambiamos.
Otras veces, las más, una palabra, sólo una, bastará para salvarnos.
"No al limbo de los que nunca estuvieron vivos" (Haroldo de Campo)

Anónimo dijo...

¡no!

Anónimo dijo...

Desde luego que no. Aunque duela. Vivir es imperativo. Os lo dice un biólogo (que, por tanto, debe saber del tema).