domingo, 26 de diciembre de 2010

Tema de Taller: anagnorisis y peripeteia


Andanditos Milagros

Milagros tenía 16 años cumplidos y los estudios abandonados cuando quedó huérfana y Doña Encarnación le dio cobijo en su casa para evitar su descarrío, para que la ayudara con los hijos y para que echara una mano en la tienda Tejidos y Novedades de París de la pequeña población provinciana. Milagros tenía apellido, pero si alguien de fuera preguntaba por él, las mujeres se miraban los zapatos y los hombres escupían hebras del tabaco de liar, se rascaban la cabeza y, sin quererlo, miraban hacia el valle que había detrás del cementerio; donde al parecer, si ese apellido existió, casi todos los hombres y mujeres que lo llevaron habían sido sembrados en la tierra al buen tuntún. Solo la madre de Milagros sobrevivió para cuidar de ella, dedicada a los trabajos manuales ínfimos que las buenas gentes le daban.

Doña Encarnación la acogió piadosamente, por consejo de su confesor, lo mismo que había acogido en su patrimonio las tierras de la familia cuyo apellido hacía a los hombres escupir hebras de tabaco y quedarse mirando hacia el valle que hay detrás del cementerio. En tres años, Milagros dirigía realmente la tienda, se ocupaba de los hijos de Doña Encarnación y acompañaba a esta a la primera misa, a todos los rosarios y liturgias, y a todas las comidas, cenas y meriendas, cuando el trabajo lo permitía. Porque podía con todo, decía “andanditos lo hacemos”, sin parar hasta que estuviera hecho lo que hubiera que hacer. Y como Andanditos fue siendo conocida, pasando Milagros a convertirse en el apellido que nunca había tenido. Y es que era un milagro su piedad y su olvido.

Andanditos Milagros, llamada tía Andanditos por los hijos de Encarnación, e Hija Mía por esta dama, aunque trabajó desde el 54 no cobró un sueldo ni tuvo cartilla de la Seguridad Social hasta que se asentó la Democracia. ¿Para qué ofenderla con eso, si es como una hija? Como una hija lo hacía todo; andanditos, que era como decir una cosa detrás de otra, sin parar nunca.

Cuando murió Encarnación, casi su madre, se cerró la tienda, que ya con lo nuevos tiempos esa moda parisina no daba mucho con qué mantenerla, y recibió una indemnización escasa, por los pocos años y el sueldo mínimo por el que había cotizado. Como herencia, solo le habían quedado unos pendientes de oro de la virgen del Pilar, una pulsera de plata de la Madre de la Agonía y algunos rosarios de palorrosa, junto con varias estampas de las de tener mucha fe y otras chucherías religiosas. Como muestra del excepcional cariño que la había tenido, insistió en el testamento que fuera para ella el mejor adorno que había vestido en vida: el hábito morado de penitenta con el que vestía Encarnación los 40 días de la cuaresma, hecho con seda italiana. Meses después, los abogados de la familia le pidieron que abandonara la casa, que se iba a vender por petición de los dueños, pero que por cariño de los hijos de Doña Encarna, podían traspasarle un chisconcillo que daba a la placita, cobrándole por ello, como precio simbólico, el dinero de la indemnización.

Andanditos Milagros tardó dos semanas en abandonar el chiscón. Lo hizo vestida con el traje penitencial de doña Encarna, convertido desde entonces en su prenda habitual, empezó a fumar, a beber en el bar de al lado, donde los viejos que quedaban de los que escupían hebras de tabaco de liar, y los hijos de estos, la invitaban a vino y no permitían que nadie se burlara de ella. Después, harta ya de andar inútilmente, se sentaba en un banco al sol de la placita donde estaba el chiscón. Cuando pasaba el párroco o una beata, escupía al suelo. Como decían las mujeres del pueblo a la salida de la misa del domingo, a quien nace de roja antes o después le sale la cabrona que lleva dentro.


La ANAGNÓRISIS (del griego antiguo ἀναγνώρισις, «reconocimiento») es un recurso narrativo que consiste en el descubrimiento por parte de un personaje de datos esenciales sobre su identidad, seres queridos o entorno, ocultos para él hasta ese momento. La revelación altera la conducta del personaje y le obliga a hacerse una idea más exacta de sí mismo y lo que le rodea.



PERIPETEIA: cambio brusco en los eventos, cambio brusco de las circunstancias

16 comentarios:

Doctora Anchoa dijo...

Un bonito relato, Nán; realista, lo que siempre se agradece, y bien contado.

Anónimo dijo...

Brutal. Gracias Paíno

Di Vagando dijo...

Dear NaN,

Con "Tejidos y novedades de París" no sólo has descrito físicamente el frontal de la tienda, q parece q lo veo (en el blog de José Luis Ríos, "Andandos" se llama, curiosamente, hay unas cuantas tiendas que podrían ser algo así), sino q has descrito una época, una manera de pasar el tiempo que no tiene nada q ver con la actual. Imaginar lo q cuesta a un "tejido" llegar de París a esa Vetusta Universal q describes es dictaminar q lo de "novedad" es una falacia.

Tiene que haber tantas historias de estas en la España aquella q hasta yo conozco una. La mía, afortunadamente, con final feliz y con una Doña Encarnación ángel, claro q, ahora q lo pienso nunca fue Doña E. del todo, porque aunque casó con uno de los hermanos menores de una familia q se había enriqucido haciendo las américas, ella, sin definirse "roja", yo sé que lo es. Historias terribles de esclavitud teñida de caridad que terminan haciendo precisamente lo contrario a "poner a cada uno en su sitio", sino perpetuando un status-quo, pq claro, ya se veía venir, Andanditos no era de fiar.

Y mil gracias por el repaso de ese par de conceptos literaios q no conocía, o había olvidado.

HUgs

Anniehall dijo...

Es estupendo NáN.

Yo, cómo Di, he visto la tienda. No solo el frontal, toda entera. Sus anaqueles, su mostrador, su caja registradora...

Qué pena de vidas y qué miserables algunos teniendo tanto. Triste que tu ficción se parezca tanto a la realidad.

NáN dijo...

Mejor hubiera sido, DOCTORA ANCHOA, que nos pareciera ficción extrema. Pero de esas realidades venimos. Gracias por el aprecio al relato.
Un abrazo

Anónima AHI, genial que te lo parezca y te pases por aquí a pesar de la costalada de anoche.

Por suerte no lo habéis conocido, DI VAGANDO, aunque os ha llegado con el Colacao de las mañanas ("Si lo toma el deportista, es el amo de la pista; si lo toma el boxeador, plás, plás, boxea que es un primor") y con las historias de la tarde avanzada. Por lo menos habéis vivido seguro eso de oír historias de los mayores. Y seguro que transmitían el temor social.

Me alegra haberlo recordado, porque cuando se habla de memoria histórica, se habla de algo tremendo; pero se olvida la vida cotidiana: la sopa de la vida de cada día.

Ah, y lo de esas figuras literarias, es regalo del Taller: tampoco yo las conocía hasta que alguien las propuso como tema.

Great hughabrazo.

Triste, triste, ANNIEHALL. Ahora a los ricos se los ve en la revistas y la tele (unos horteras que además no imponen una moral), pero entonces los veías en todas partes y eran el modelo de conducta.
Gracias y gran abrazo (en españó puro).

Sue dijo...

Del polvo venimos y al polvo volveremos ¿no dicen eso?

Por lo pronto voy a leerlo un par de veces más para aprender a escribir correctamente, porque aquí, amigo, se te ha notado que sabes escribir (bueno, a ver, que ya lo vengo notando desde antes de la guerra, se me entienda) mucho mejor que otros que dicen que saben.

Milagros, tierna muchacha (o quizás no tan tierna, vete tú a saber) que se convierte en una desvergonzada que escupe a los curas cuando pasan. Y todo en honor de la peripeteia, palabro griego que escuché alguna vez en la facul y que después he retomado con el teatro, pero que a penas se usa, gracias NáN.

La otra palabra no la conocía, por lo que ha sido estupendo pasar por aquí y conocerla.

En tu taller hay mucho nivel, eh?

Un placer.

Dol dijo...

Pues qué curiosidad casual o casualidad curiosa , que hoy me siento roja y te leo este texto afilado como la punta de un clavo de Cristo clavado en mi costado, casi ná.
Y además roja.
O cabrona , que eso todavía no lo sé.
Me acabas de dejar así como quien dice, sin habla .
Y te juro por mi madre que hay ciertas cosas qe las llevamos en el ADN sin necesidad de haberlas vivido y sabes por qué ??
Porque las vivieron otros , durante muchos años , muchísimos , tantos que al final se convierten en una herencia tan real como los rosarios y los cerebros secos de palorrosa y las túnicas de beata.

Qué bien contado, voto a bríos.
...
Un beso admirado, casi púrpura , que yo también tengo mis contradicciones.

NáN dijo...

SUE, muchacha, lo bueno de los blogs y los talleres autogestionados es que puedes escribir simplemente con la tranquilidad de meterte en una historia y vivirla. Si fuera a una editorial o revista con esta historia, me tirarían de una patada en el culo diciendo "aquí no queremos puñeteros realistas anticuados".

Pero aquí, en el bloguecito, yo disfruto poniéndola y más todavía cuando gente como tú la aprecia.

Abrazote

Joder qué bueno lo que me dices, REYES. Y tienes más razón que una santa. Todos los que hemos vivido aquello, o nos hemos sentido muy cerca de quienes lo vivieron, tenemos ese clavo oxidado metido en alguna parte. A veces se mueve, como una esquirla de guerra que ha quedado dentro, y duele.

Mejor roja: sirva eso para lo que sirva (a lo mejor, solo para mantener ese fondo de piedad por nuestros iguales, que algún día, a lo mejor, nos sirve a todos).

Otro abrazote.

Anónimo dijo...

Cierto NáN, para que te publicaran esta historia tendrías que cambiarla mucho, o escribirla mal, o acostarte con niñas y luego contarlo como si fuera algo que te pasó, pero como chiste, para que se rían los cuatro ejem de turno. Luego dices que era todo ficción y te quedas tan ancho y luego...ups, perdón, que ya me estoy poniendo colorá.
Hablando, ejem, de rojeces.

En todas partes cuecen habas, no solo aquí. En otros países, digo. No me siento localista, ni roja, aunque me lo han llamado muchas veces, despectivamente la mayor parte de ellas, pero me lo paso por el forro del tanga (el tono despectivo, digo). Realmente es una etiqueta más que no me define, pero allá cada cual.
Me considero (hala, venga, ataque de egocentrismo) una persona sensible, desde siempre, a las desgracias ajenas. Me he llevado más de una vez algún mal golpe (y muchas malas palabras y males de ojo) por meterme a defender al débil, o al que yo creía débil. Odio el circo de los ricos, cuando lo montan, pero ¡ojo! no me escuece en absoluto su riqueza. Lo que me escuece es que algunos les jode que todos tengamos las mismas oportunidades. O que podamos tenerlas en un futuro.

En fin, no soy una santa (ni modo), pero creo que hay ciertos comportamientos que son de sentido común, aunque haya gente que no se entere porque es más fácil no sacar el culo de la jaula de oro.


Sue, que no puede entrar en su cuenta y que no sabe porqué ha escrito todo este rollo.

(creo que es porque tengo hambre).

Isabel dijo...

Andanditos por fin se sintió libre y pudo escupir todo lo que le habían hecho tragar.

Muy bien definidos los personajes, como siempre. Un placer.

NáN dijo...

Pues tienes un hambre eficiente, SUE. Me recuerdas esa historia del pre-Quijote, cuando un caballo le dice a Rocinante: "Metafísico estás", y este responde: "Es que no como".

Lo malo, ISABEL, es que no conoció la libertad hasta que fue liberada por el conocimiento de lo real. Tal como lo has planteado, resurge una metáfora que estaba algo oculta.

Muchos, muchos, abrazos a las dos.

LA ZARZAMORA dijo...

Más vale tarde que nunca para soltar la bilis.
Crees que por ser algo rojilla me sale lo cabroncete a veces??
Será, seguro...

Besos, Nano.

Sue dijo...

Por cierto, me acabo de zampar "Le declin del empire americain" . Te dije que tenía hambre...

Zayi Hernández dijo...

No sólo a las rojas nos sale lo cabrona que llevamos dentro, también a los que llegan de afuera...y mejor callarse, que si no, me llevo todas las papeletas.

Un besito.

andandos dijo...

Me ha gustado mucho la historia, Nán, un abrazo.

NáN dijo...

Seguro, ZARZAMORA. Hubo un tiempo que nos llamaban "los de la cáscara amarga".
Pero sigamos con el necesario raca-raca, que muy dentro muy dentro somos "La mejor juventud".

Gran abrazo

Pues espero que te quede un poco de apetito, SUE y te zampes de postre "La invasión de los bárbaros". Los mismos personajes 20 años después. Coge unos clínex, porque al menos yo lloré de lloro del bueno.
Otro gran abrazo.

Un besito, ZAYI. No me extraña lo que dices: unos cardan la lana y otros nos llevamos la fama.

Muchas gracias por decirlo, JOSE LUIS. Y un gran abrazo.