Figuras de salón
A todos los personajes de esta falsa
historia que supieron morir a tiempo.
... y es entonces cuando, al tener las llaves de un piso en Aluche, y dándome cuenta de me conviene desaparecer unos días, además de que me vendrán muy bien esas tres semanas para estudiar todos las asignaturas del curso, de las que nos examinábamos el 15 y el 16 de septiembre porque en junio hubo huelga de exámenes en varias facultades de la Autónoma, me entra el acojono y voy a buscar a F., esa amiga que habría que tener siempre, con la que lo más que había hecho había sido cogerla de la mano durante un concierto de música religiosa en Cuenca. Ella coge ropa, los libros, tres cajas de Dexedrina Expansule de liberación prolongada de 15 miligramos y nos vamos al piso a encerrarnos a estudiar. ¿Me sigues?
—A ratos. Si no dejas de hablar, no vas a comer.
—No tengo hambre.
Allí tampoco la teníamos. Una dexe de esas tiene 12 horas de efecto, así que nos tomábamos tres al día. Para estar seguros. Era todo tan bonito que nos preguntábamos cómo podíamos haber perdido el año sin dedicarlo por entero a estudiar asignaturas tan apasionantes. Cosas de la dexe. Pero comer, poco: algo de fruta, galletas y chocolate, y litros y litros de cocacolas y refrescos. La dexe también tiene eso. Dormíamos dos horas al día, tres a lo sumo, y habíamos decidido hacerlo en la misma cama. En cuanto nos acostábamos, intentábamos follar, lo que entre amigos es casi imposible, porque te da la risa si estás de subida o la crisis histérica si estás de bajada. Ni pajas, nos podíamos hacer. Comiendo una manzana ante una mesa caótica que en cualquier momento podía derrumbarse por el peso de las colillas, tuvimos la Gran Idea.
—Cuando surge la Gran Idea, procuro ausentarme enseguida. Si dejas de jugar con la merluza, me la podría comer yo.
—Toma.
Ya habíamos estado dos años en dos comunas urbanas nefastas, cada uno por separado, pero esta vez iba a ser distinto porque la íbamos a organizar nosotros dos. Organizar. Nosotros. El plan no podía ser más descabellado. Pero si la gramática generativa me parecía apasionante, esa comuna era ya la hostia. Los exámenes nos salieron cojonudos. En ese estado mental eres capaz de trazar en veinte minutos un cuadro de situación del tema con el que los profesores te hacen la hola y flipan, casi tanto como tú mismo al desarrollarlo. Es que, ¿sabes?, las ideas en esos momentos son como en tres dimensiones, volúmenes dinámicos en movimiento armónico.
—Si me vas a cantar la gloria de las drogas, te advierto que no es la noche.
—No, qué va. Si en cuanto terminaron los exámenes nos cortamos en seco. Éramos consumidores, ¿cómo te lo diría?, ah, sí, profesionales. Nada por el placer, todo por la obligación.
La semana siguiente la recuerdo como una película muy antigua, de estas que tras mucha restauración lo que se ve en la pantalla es inconexo, borroso. Pero F. era como ese personaje de la mitología que en cuanto ponía los pies en el suelo sacaba toda la energía y se le curaban las heridas. Mientras yo me arrastraba de un lugar indeterminado a otro, olvidando las asignaturas con la misma violencia y brillantez con las que las había aprendido, ella se había recorrido todo lo alquilable y asequible, y grande, sobre todo que fuera muy grande, del barrio de Argüelles. Un día que fui capaz de recuperar de la memoria el número de teléfono de la casa en la que estaba, la llamé. Joder, dónde te habrá metido, me dice, ¿en media hora en El Palentino? Ya allí, con las cervezas y unos bocadillos grasientos delante, pone unas llaves encima de la mesa y me dice: un piso en forma de ele enorme, cocina, dos baños, un salón para jugar al balonmano y 8 habitaciones, tan barato que lo podemos pagar entre 5 y las tres habitaciones restantes quedan para amigos de paso. Estas son tus llaves, te he hecho copias, porque ya he firmado el contrato y pagado octubre. Mudo me quedé, porque me puse a pensar en el balonmano. En cuanto me recuperé, le dije coño F., en una comuna, ¿no se decide por asamblea? Si es que te vas a caer de culo, me responde, en cuanto lo veas. Además, con lo que te conozco, es como si hubieras participado en la decisión. Y tenía razón, era más que perfecto. Pero cuando le decía que empezáramos a buscar compañeros, me contestaba que nos tomábamos unas copas y luego me hablaba de eso. Su insistencia me dio malaespina, el primero bebe y luego hablamos no es alentador. Y, esta vez, el que tenía la razón era yo. Resulta que F. tenía una amiga de su pueblo que durante cinco años no había hecho otra cosa que estudiar y sacar matrículas en matemáticas, que ahora estaba deprimida de ver cómo la vida se le había ido escapando, y le había ofrecido que se viniera con nosotros para encontrar el lado de la luz. Cojones, pues yo tenía un amigo que era lo mismo pero al revés. Había vivido en la luz, tomándose tripis como si fueran Pictolines, hasta que en uno de ellos se le presentó San Nosequé y se había cortado el pelo, porque San Pablo abominaba del pelo largo en los hombres, leía ABC y el semanario de Fuerza Nueva, buscaba una habitación y con nosotros podría encontrar ese lado oscuro que tanta falta le estaba haciendo. Cuando las cosas se joden desde el principio, solo les queda coger carrerilla.
—Oye, esa frase está bien para publicitar el guión. La apunto.
—Entonces, ¿vas viendo la película?
—No, pero tú sigue. Ibais a ser cinco, ¿no?
Eso es. Aquella misma noche me encuentro con una conocida, de otro rollo distinto, con más tetas que cabeza, y al hablarle de lo mío me dice que un exnovio al que ha dejado necesita una habitación. Lo llama, viene, un rubio vestido formalmente, me aterro, ella me da dos miradas dulceverdosas, me pone su suave mano en la nuca y acepto: ya somos cinco. Cuando el rubio viene a casa, a F. y a mí nos mira torvo, así que le asignamos la habitación peor y más pequeña; nada más abrir la puerta y alejada decenas de metros de la verdadera casa. Nos mira torvo, pero el precio es irresistible. Esa misma tarde, después de dejar al rubio, sucede (todavía eran los tiempos en que las cosas sucedían, porque sí) que F. y yo estamos en un bar tomando unas cañas con un inglés simpatiquísimo, que se ha licenciado en Filosofía en la Universidad de Londres y se ha venido con una beca de consolación o miseria para escribir una tesina sobre conceptos marxistas en España en la segunda mitad del XIX. Expreso mi opinión, poco fundamentada, de que era dudoso España hubiera pasado por los siglos XVIII y XIX, pero que hubiera conceptos marxistas en ese tiempo y lugar me sonaba a trola de las gordas. En todo caso, nos hacía tanta gracia lo mal que hablaba español, que prescindimos de la sexta habitación. Esa noche, sacó la máquina de escribir, un mamotreto muy inglés, y se puso a teclear como si solo tuviera un dedo y por un problema de coordinación no pudiera usarlo más que una vez cada 30 segundos. Pero a F. y a mí nos pareció que trabajaba y era serio. En cuanto se fue a la mañana siguiente a buscar curro dando clases de inglés, entramos en su cuarto. Medio folio escrito resplandecía sobre el rodillo. Con nuestro inglés no lo entendimos muy bien, pero la letra parecía buena. A la una del mediodía volvió a casa y le invitamos a un vermú. Nada de cañas, vinos españoles. Se le puso la nariz roja y durante 7 meses la conservó de ese color, lo mismo que mantuvo ese medio folio en la máquina, aunque de color cada vez más grisáceo por el polvo que se acumulaba sobre él. En fin, para resumir, la comuna urbana empezaba con, a saber, dos personas salidas de la anfetamina, una depresiva, un viajero del magical mistery tour perdido en el monte, un rubio que no tenía nada que ver con nosotros y un filósofo británico en estado etílico permanente. Perdona que me repita, pero, ¿vas poniendo la historia en imágenes?
—Todavía no, pero sigue. He entendido que sois seis.
—Eso es, lo has pillado todo perfectamente.
La casa se va llenando de amigos porque el salón es irresistible. Traen bebidas, libros subrayados para que veamos qué frases han elegido, artículos que no les va a publicar nadie y los vociferan para nosotros o, en algunos casos, para las paredes. Como un acto de rebelión contra la propiedad, hemos hecho 10 copias de las llaves que vamos repartiendo a los que nos caen mejor, como si fuéramos un programa de la tele y que, por lo visto, ellos recopian y pasan a otros. Eso crea momentos de crisis, una de ella casi ideológica. Una tarde en la que F. y yo volvemos juntos de la Facultad encontramos el salón repleto de gente, vamos a entrar a ver qué eso y nos informan que se trata de una reunión de estudiantes gallegos revolucionarios y no estamos invitados, que no molestemos; les damos la contrainformación de que somos los dueños de la casa y que se pueden ir a poner rótulos en gallego de las calles cagando leches; nos llaman fascistas de mierda mientras se van; nos sentamos en un sillón del salón tan a gusto. Fascistas, no te jode, comento yo. F. va a su cuarto a ponerse cómoda. Es decir, en lugar de las permanentes chirukas abrochadas y una trenca azul sobre la ropa, su atuendo casero consiste en las chirucas desabrochadas y nada debajo de la trenca azul, que no siempre lleva abrochada.
—Habría que elegir bien a la actriz, eso puede dar juego.
—Pues ya verás tú el juego de ese tipo que da la historia —le peloteo al ver el decaimiento con que la estaba recibiendo hasta el momento.
—Céntrate en las crisis.
J., totalmente evangélico, casi cada tarde se trae un mendigo a casa, le da de merendar y cenar, de dormir en un colchón que ha comprado y está en el suelo de su cuarto. A la mañana siguiente, a la salida de misa, le entrega el ABC en el que ha circundado en rojo los trabajos que le parece le podrían convenir y le hace fregar lo de la cena. Ese mendigo desaparece para siempre, pero la primera tarde vive feliz en el salón y por toda la casa. AG, quiere perder la virginidad y ella y F. me eligen a mí. Aclaro que no tengo el menor interés en el asunto, porque además vive en casa y no quiero tonterías después. Hago el favor, en dos noches consecutivas para que la cosa sea suave, y después hay tonterías. No aprendo. En la casa ha sucedido la aparición de una chica muy simpática que conocíamos de vista porque por las noches vende flores en los bares. Es una bailarina en paro que, por la música que sale de su habitación, está toda la tarde ensayando, salvo cuando sale, totalmente desnuda, y monta en bicicleta por el pasillo, derrapando en el ángulo recto. Los amigos desean que falle en el giro y se dé una hostia para ir a prestarle ayuda: eso lo veo en la mirada soñadora que tienen cuando aparece la ciclista, mientras dan la impresión de que me escuchan. Como el rubio del cuarto pequeño, no participa del salón, de las comidas ni de nada. Simplemente, ocupa una de las habitaciones libres y monta en bici por el pasillo. El negligé doméstico de F., y la ciclista, aumentan las visitas hasta un punto que resulta incómodo.
En diciembre, tenemos dos bajas. Por un lado, AG, malaconsejada por un psiquiatra famoso del seguro escolar, y en contra de lo que opinamos F. y yo, acepta una cura de sueño de una semana y desaparece tres meses. F. se entera de que el rubio es un poli. No me dice nada, según me dijo después, porque entre tíos esas cosas tienen malas soluciones, pero esa tarde al volver de la facultad coge el cuchillo más grande de la cocina y le da 10 minutos para irse. Me lo contó el mendigo del día, que todavía estaba algo asustado el hombre. Yo se lo reproché a F, porque pensé que el pobre muchacho estaba ahí porque el cuarto era barato y no para vigilarnos. El caso es que se van produciendo vacíos, que tienden a llenarse con los peores personajes. La comuna sigue funcionando en el salón, claro, que cada día se parece más a esos bares americanos para perdedores tontos que salen en las películas y abren las 24 horas. Solo que este, en lugar de perdedores mirando la copa, está atestado de sicilianos vehementes. Más o menos por esas fechas se produce una desviación de la historia, ¿te la cuento ahora?
—¿Tiene que ver con el argumento central o es un entremés?
—Me parece decisivo y es una desviación que cae sobre el argumento como un deus ex machina esencial.
—Pues si no hay más remedio, pero si salen nuevos personajes no me pongas iniciales, que me pierdo.
Resulta que F. quiere tirarse a un tío con el que ha quedado, pero va en plan pareja con una tía que parece más aburrida que la hostia y, claro, F. necesita que alguien la distraiga a ella. La operación es un éxito: la novia aburrida y yo nos enrollamos y me voy a vivir con ella; F. se arrepiente en dos días de su movimiento, porque el tipo es poco soportable, pero el mal ya está hecho. Ella me dice la canción esa de No me llames Dolores llámame Lola, así que la llamaremos Nome. Me voy a vivir con Nome, pero sigo pagando mi alquiler y todos los días paso al menos un par de horas por el salón, para llevar vida comunal y para asegurarme de que el Congreso del Pueblo sigue en sesión permanente y de que mi cuarto no sea ocupado. Nome comparte la casa con dos parejas. Una de ellas está formada por una amiga suya, a la que llamaremos Rubia Buenorra, y por un exnovio de ella que le ha endosado y al que llamaremos, sin más explicaciones, Bobo. Al ir conociendo a sus antiguos novios, empieza a preocuparme que me haya elegido como pareja. En la otra habitación, una tía magnífica de cojones, a la que llamaremos Tía Magnífica, vive con un arquitecto, hijo de un conocido industrial vasco, cuyo padre lo metió en un manicomio porque el niño arquitecto, a la hora del desayuno de su padre, acostumbraba a sentarse desnudo con él, comer con las manos del plato del padre y maldecirlo porque una de sus industrias es la fabricación de armas. Era un poco hippy, el arquitecto, pero simpático y con buenas manos para construir porros preciosos y muy grandes. Quiso la mala suerte que la luz de la casa de las tres parejas, de sistema antiguo, reventara. No tuve más remedio que organizar un traslado de los seis a mi casa, que seguía pagando. El salón, con los recién llegados, que seis personas son muchas personas si vienen como grupo, entró en una fase que habríamos podido llamar de fractalización psicodélica, si entonces hubiéramos sabido algo de los fractales. Entre tanto, pasaban por la casa como semipermanentes personas de lo más jodido, como un nieto de un general republicano que se decía perseguido y que se pasaba el día entero hablando con la novia que tenía en Argelia. Decía que ella lo llamaba, pero cuando llegó la factura del teléfono vimos que nos había mentido y que nada más ver el sobre de la Compañía Nacional desapareció. Al menos, desde entonces tuvo motivos para sentirse perseguido. ¿Y F.?, te preguntarás.
—No, que yo no me pregunto nada.
—Te falta paciencia para ser un productor de cine.
—Va a ser eso. Vale, te pregunto, ¿y F.?
Le fue fatal con el exnovio de Nome, aunque no tanto como a él, pero enseguida se consoló con un bancario que estaba casado y según ella era un tío de puta madre. El caso es que una noche el bancario le dijo a su mujer que sacaba a pasear al perro y se vinieron los dos a vivir a casa, él y el perro. Un setter irlandés precioso y muy inteligente. Cuando las tres parejas de la otra casa tuvimos que venirnos a la comuna, o bar libre, o como quiera que se le pueda llamar, el bancario ya había desaparecido, pero el perro se quedó.
—Llevaba ya un tiempo pensando que esta historia necesitaba un perro. Pero olvídalo. En los platós, los perros no hacen más que joder escenas.
—Pues contratas uno adiestrado, porque el perro se queda.
—Ya que hablamos de quedarnos, cerramos el restaurante y este bar de copas tiene toda la pinta de que va a hacer lo mismo. ¿Por qué no me das un final y, si eso, ya relleno yo lo que falta?
—Lo tengo.
Imaginemos una escena tomada cenitalmente en la que gran parte de los que están en el salón beben y fuman porros; las dos parejas de recién llegados se meten mano; Nome y yo no, porque insisto en dar discursos y hay tiempo para todo; el mendigo del día no puede creer la suerte que ha tenido, ya que desconoce el adiestramiento al que será sometido a la mañana siguiente, y opina, sin que sirva de mucho, que comprar pan y unas latas sería ya el no va más; J. me habla de la dulzura del Señor, sin saber que he aprendido a no oír su voz; Nome, que le ha caído muy bien J. y hasta le da cierta pena, intenta convencerle de que no pierda el tiempo; alguno de los amigos intenta ligar con Rubia Buenorra en cuanto Bobo se ausenta un momento; el filósofo ríe con todo porque la vida es así y es maravillosa, y trata de convencer al grupo, con discursos tan vehementes como los míos, de que sería preferible comprar vino más barato pero en más cantidad; F. dice cada diez minutos, sin moverse del sofá, que se tiene que arreglar para salir; y el setter, al oír la palabra salir, cree que lo van a sacar a mear y empieza a ladrar desaforadamente.
En una de esas trampas que hacéis en el cine, la cámara abandona la posición cenital, se ralentiza y puede verse, a través de la amplia puerta de doble cuerpo, que la blanquecina figura fantasmal que parecía un efecto mecánico, como un flash de discoteca, es una joven desnuda montada en bicicleta. Me parece a mí que eso enfatiza la locura de la vida. Además, te gustan las tías en pelotas.
La cámara vuelve a la posición cenital y retrocede; o sube, como si ello fuera posible y arriba no hubiera más pisos, hasta que, en la distancia, lo mismo que pasa con la bóveda celeste, parece que el grupo realice movimientos armónicos: da la impresión de que es un grupo verdadero que hace algo real. Con la lejanía del plano, solo se oyen ya los ladridos del perro y, con esa sensación de tranquilidad inquietante, la pantalla se funde a negro.
—Bueno, qué, ¿hay ahí o no una película?
—Siempre la hay. En este caso, una película de mierda.
—Quizá no la haya contado bien. La cuenta, en todo caso, es cosa tuya, ¿no?

20 comentarios:
Voy a tener que leerlo en dos partes, o tres, pero lo que he leído (de momento) me ha gustado. Voy a por el café y sigo (esta resaca me mata).
Joder, me ha recordado a mi época de estudiante. Esos pisos de estudiantes llenos de gente! (aunque yo solo los visitaba en fiestas).
Que vuelvo.
Mira que lees de puta madre, NÁN, pero he disfrutado aún más con la lectura. Sigo insistiendo en que esta historia reclama más espacio, así que el productor que deje de decir que es una historia de mierda, porque no ve el filón que hay ahí. Por cierto, esos diálogos intercalados no estaban el la versión original, ¿no? Esto va en gustos, pero echo de menos la parte del perro policial y la estrategia para despistarlo, o lo de Landa. Gran personaje el catecúmeno zumbado y la Godiva ciclista.
Un abrazo.
Bien por ti, SUE, gestionando los tiempos. Agradece las resacas, que las tienes porque tu cuerpo es sabio (no como el mío). Y vuelve a la carga de leerme.
Un abrazo sin levantar mucho la voz
Joder, gracias y gracias, FLEISCHMAN. No, los intercalados no estaban. Siempre necesito aire en todo lo que escribo, que faltaba en la versión 1 (y eso me amargaba), y se lo he metido en esta versión, la 3.
Toda la primera parte, con lo de Landa y el policía perro, era una explicación de por qué el personaje se tiene que encerrar en el piso de Aluche, pero alargaba mucho la cosa (en la versión 3, quitando toda esa parte, casi se ha doblado el tamaño) y además creaba dos tonos. Así que me dije, ¡qué coño!, lo cambio todo por un principio de puntos suspensivos. Ahí tengo esa parte, sin embargo, por si un día recobra vida como tema independiente.
De momento, que se quede la cosa así. Ya veremos si encuentro un "productor" más comprensivo y me apetece trabajarlo más.
Pero oye, que creo que ves mis cosas más como una madre que como un compañero de taller.
Un abrazo
Dear NAN,
Yo lo he leído de un tirón... Sue, cómo has podido dejarlo? Ah, q estas de resaca...
En primer lugar, el introito "esta falsa historia" solo ha conseguido que yo la hiciera verdadera en mi cabeza. Y el prota era NaN (por no hablar de Mia Lola) y el productor un tío aburrido, pero como me han gustado esos intercalados. Me han hecho reír y me han recordado lo duro q tiene q ser esto de la "creación profesional". NOsotros, en los blós, escirbimos lo q podemos/queremos y q tiemble el misterio. Uno es arquitecto y quiere hacer una floritura en la fachada y el promotor dice "vale pasta, no aporta nada, córtalo". Y lo mismo con un guión: "pero de dónde sacamos a 100 mil romanos de extras? vale una pasta, córtalo" y tu, q como guionista sabes q ese flashbacks con los romanos es fundamental, y nada, el tío q no le vengas con iniciales.
La gente en bolas por el pasillo esta muy bien, pero creo q te falta un pie. Ya sabes q Berlanga estaba bsesionado con los pies (creo q hasta tiene un concurso de algo con tema los zapatos d emujer o así), era un fetichista del pie. Hay q incluir un pie, alguien tiene q llevar un tacón de vértigo.
Los personajes son todos entrañables. Me quedo cone l inglés de la nariz roja q quiere q se controle la expeditura (me encanta esta ultima palabra, me la dijo ayer un amigo alemán q aprendió castellano en Buenos Aires) de vino: menos Valdepeñas y mas tetra. "Ni aún con el Valdepeñas"... a alguien out there le suena esta frase? Se ha convertido en una de nuestras frases tótém tras un libro fantastico de Torrente Ballester (Off-side). Pero divago.
Ah, lo otro q quería anotar es q a mi Berlanguiano spr me suena a gente mas amyor q los protas de este relato. Tal vez la situación sea berlanguiana, surrealista, pero para mi berlanga es esa señora en la fila de la pescadería diciendo que le parece muy bien q los militares hayan entrado a las torres de control, y además tan equipados, con mantas y metralletas, y entonces entra el yerno de la pescadera con gafas gordas y un libro bajo el brazo que viene de hacer un encargo y dice q los militares han sentado un precedente que el considera.. y entonces, zas! le dan un merluzazo en toda la cara la pescadera, a la que las señoras de la fila llaman pescaTera, pq vende pescatos, y ahi se monta la de dios es cristo. Pero son gente ocmo más mayor y menos cool q los protas del relato. Es mi imaginario, tal vez no corresponda ocne l del personal... aunque bien pensado, igual habra q ir adpatando a Berlanga a los timepos y hoy en día el concepto "berlanguiano" s epodría aplicar a muchas discusiones q se establecen en tantos blós.
En fin Nan, q me gusta como escribes, maldito, menuda envidia me das.
Abrazos y hugs
di
Jajaja! Ahora sí, NáN, aunque mi dolor de cabeza sigue (pero qué coño bebí anoche?) no me he podido resistir a leer el relato completo. Di Vagando tenía razón. No sé cómo he podido resistirme antes.
A mi también me das una envidia horrorosa cuando escribes así.
Vamos, siempre. Que lo sepas desde ya y esto queda escrito. Que soy una envidiosa, pues sí.
Joder, qué bueno leerte.
One question antes de seguir: ¿Tiene algo de autobiográfico?... aunque esto mejor te lo pregunto al final.
Bueno, pues sigo, es genial, me ha encantado lo de la "fractalización psicodélica", tanto que lo he buscado en google y me ha salido un Blog llamado "Blog colaborativo de los alumnos de Técnicas Gráficas Industriales de la escuela Pablo Picasso". La caña.
Y lo del perro "Llevaba ya un tiempo pensando que esta historia necesitaba un perro. Pero olvídalo. En los platós, los perros no hacen más que joder escenas" es buenísimo!
Me gusta el estilo y tus giros de humor, por no hablar de los personajes. Es un humor, ¿cómo definirlo? joder, es que no soy una intelectual y no se me ocurren muchas palabras. Tengo un cupo al día y hoy, la resaca, se las ha comido todas. Voy a buscar el diccionario... uy, mejor no, que si me levanto me mareo todavía. A ver, es humor pero tiene algo de trágico en algunos puntos. No Trágico en plan Tragedia Griega sino, ya sabes, así como ... vaya que no lo puedo definir.
Los diálogos intercalados me gustan, me parece que es como estar mirando por el ojo de una cerradura y, de repente, quitar el ojo y comentarlo con el compañero voyeur de al lado que te reclama su derecho a mirar por el ojo de la cerradura y te empuja en plan "quita, ahora me toca a mi".
En fin, que voy a leerlo otra vez que me ha encantado, pero antes me preparo un zumo de frutas que dicen que es bueno para la resaca. ¿O era puré de zanahorias?)
Jo, DI, de no ser por el final, hubiera pensado que estabas dando un buen palo al relato.
Y el caso es que tienes tu parte de razón, pero uno recuerda, y recuerda a gente joven, así que me quedé con lo de historia coral y absurdo-surrealista. Te ha faltado algo imprescindible, la palabra "austrohúngaro", y estaba en la primera parte que he eliminado... sin caer en que podía haber metido a un "austrohúngaro" en la nueva versión.
Lo del pie sí que es impoerdonable porque se me había pasado en todas las versiones. Cierto que en aquellos años ninguna de las mozuelas que conocía se habían puesto nunca un tacón, pero... el Austrohúngaro, jefe de un grupo de la policía pilítica, aparece bajo la luz de un farol, tomando la fresca y mirando a las putas. ¡Anda que me habría costado que una de ella llevara taconazo y el Austrohúngaro babeara!
Pues ni darme cuenta. Me voy a la cocina a hacerme la comida y aprovecharé para ir dándome de cabezazos contra las paredes. ¡Por inútil!
La escena de la pescatería no se me ocurrió, pero la explicación es que entonces éramos más de casquería. Claro que un higadazo también habría servido.
Hugs-hugs.
¡Anda, SUE, que resulta que nos hemos cruzado!
Si no recuerdas lo que bebiste, malooooo. Pero en estos casos es más importante recordar "dónde" lo bebiste, para no repetir noche en "Garrafón house". En fin, mucho líquido y ya pasará. No uso ese sistema, porque solo he tenido dos resacas en toda mi vida, pero me han dicho que en Antena 3 los sábados y domingos por la tarde ponen unas películas especiales para resacosos. Una mantita robada de un avión, una botella de dos litros de agua y a las 8, como mañana es fiesta, te puedes ir a ver "Biutiful".
Ese "humor", me harías un favor (ya que ese era el tema) que lo llames "berlanguiano". Y aquí paz y después gloria.
El párrafo de la "cerradura", me ha dejado estupefacto (sin tomar estupefacientes). No me queda más remedio que...
ponerme a tus pies.
Me acuerdo dónde sí, y debieron ser....ummm los chupitos del café de G, que acepté beber porque dijo que tenía unas tetas preciosas. O a lo mejor es que ya iba bolinga y me daba igual. Si hasta planeé mi quinto viaje a NY con una amiga (ya estoy mirando billetes).
Berlanguiano, eso!
¿Qué tal "biutiful"? que no quiero gastarme 7 euros en el cine para nada.
Que conste en acta que yo no iba con las tetas al aire anoche (que lo he dejado así en el aire y a ver qué vais a pensar de mi), solo que G tiene rayos x en los ojos, a lo Superman y lo ve todo. Y lo que no ve, se lo imagina.
Pues ya sabes, al café de G. se va a que te radiografíen, pero se toma cerveza (embotellada) o té.
¡Oye, sí, berlanguiano! ¿Cómo no se me había ocurrido? ¡Gracias!
Y conste que si alguna vez sales con las tetas al aire, desde luego a nadie se le podría ocurrir que lo fueras a hacer en una noche como la de ayer. Estaba clarísimo, vamos.
iLLO, ESTO SE AVISA, QUE NO ME GUSTA LEER EN VERTICAL , ES LO MALO Q TIENE INTERNET .
Pero como dice Sue , lo que he leído me gusta tanto que voy a quitarle las lentillas y vuelvo .
Sí, NáN, todo eso está muy bien, pero no has respondido a mis preguntas:
1ª ¿El relato es autobiográfico?
2ª ¿Merece la pena Biutiful?
En cuanto a las pelis que me dices para la resaca de Antena 3 ¿las dan en la Web? (hala, otra pregunta), es que no tengo TV.
Ya estoy aquí con mis gafas rojas.Mira , me han gustado cosas muy simples;
"miradas dulceverdosas"
"la nariz se le puso roja y se le quedó así 7 meses"
"una tía que parecía aburrida de la hostia " y luego se va a vivir con ella...
creo que no todo, pero algunas cosas de las que aqui se cuentan las has vivido , aunque me imagino que la sazón es literaria sólo.
En cualquier caso, me ha recordado ciertas épocas , el poco tiempo que estuve en la facultad , de conocer mucha gente y creer en muchas cosas , iniciativas que no tardaban ni dos semanas en convertirse en indigestiones.
Toda esa gente perdida intentando contactar con otras para chispear y hacer un buen fuego.
Bailarinas que se ganan la vida por ahí.
Ideologías, filósofos, el deseo sobrevolando todas las apariciones femeninas, facturas telefónicas , un salón repleto de gente que te echa de tu propia casa , y ese insulto que cualquiera se cree con derecho a usar aunque no venga al caso ("fascista".)
Bien .
Sólo te digo que si hubiera escrito estas cosas tuyas antes de conocerte , no hubiera sabido de qué hablar contigo.
La gente con mucho mundo me impone .
Jeje.
Es lo que tiene escribir así , nene .
Enhorabuena.
Besos .
Quise decir "si hubiera leído estas cosas " , lógicamente .
La emoción me confundió .
Ala Nan, cómo que palo? No me seas coqueto q desde el principio digo q engancha... Además es q a mi en las críticas spr me gusta q me den ideas, por eso... Y lo del austrohúgaro no se me había ocurrido a mí, ves? no se puede estar en todo.
Y, lugar común, todos escribimos desdenuestra biografía, vivida en primera persona o vicariamente. Me sigue dando envidia tu vida vivida o vicaria. Yo iba a las comunas de Vetusta y solo me daban spaguetti a la carbonara. Con mucho vino blanco, eso sí.
Pues no, SUE, no había respondido a tus preguntas. Confiaba en que se te olvidarán, pero veo que me vas a tener cogido del cuello hasta que responda o muera por asfixia, lo primero que suceda. Así que ahí vamos:
3: para mí eso de dormir las pelis de Antena 3 es como una leyenda urbana. La siesta la duermo en la cama con las contraventanas cerradas. Además, nunca jamás he visto una sola película por el ordenador. No obstante, el plan es tumbarse en sofá, taparse con mantita, poner Antena 3 y dormirse. Sentada delante de un ordenador, no creo que sea lo mismo.
2: Iré a ver la peli esta tarde. Basta leer la crítica de ECDC para saber que es imprescindible.
3: De Amos Oz aprendí una teoría que he remendado un poco y queda así: en los textos malos, importa la relación que hay entre el autor y el texto; en los textos buenos, importa la relación que se crea entre el texto y el lector.
O sea, si te contestara a la pregunta, estaría considerando mi texto como "malo", cosa que no voy a hacer (por el momento).
Un abrazo y a mandar.
Pues no sabes lo que me alegro, REYES, de que no hubieras leído esas cosas antes. Así nos pudimos conocer como lo que somos. En mi caso, un muchacho sencillote, algo canoso en la oscuridad y muy canoso a la luz. Que no impone nada.
Y es que esta es la vaina: acostumbrados al cartoné facial de los que salen en revistas de papel couché, olvidamos que decenas de millones de personas escriben, pintan, tienen una conversación estupenda, da gusto estar con ellas, etc., etc. y compran el pan todos los días, o día sí y día no. Todo ello sin haber recibido, ni tener deseos de ello, una banda azul que cruzarse por el pecho. Entre otras cosas, además, porque a lo mejor no hay tanta tela azul para hacer bandas.
Pero lo de "nene" y "enhorabuena", querida, me ha encantado. Así que un gran
Abrazo
PS: por el otro lado, llaman "rojo" a cualquiera, para compensar las cosas.
DI VAGANDO, ahora que sé que ya no seré nunca un quarterback, déjame ser coqueto en la distancia larga. Y me parece dabuten que des ideas, graciosas además.
Anoche vi en La 2 un trocito de un documental sobre la realidad vista desde la física cuántica (lo apagué porque las neuronas me chorreaban sebo del esfuerzo por entender algo y del vértigo que me daba lo que creía entender). A lo mejor, tendremos que replantearnos la realidad de lo vivido... y ya la diferencia entre lo vivido y lo vicario es más difícil de distinguir.
De todas formas, fueron tiempos muy interesantes y muy enloquecidos, pero se cobraron su precio: un buen porcentaje de los que aparecen en mis fotos de entonces había muerto en un plazo de 10 años.
Gracia NáN. Oliendo el café tu Blog es aún mejor (si cabe).
Esa definición de Amos Oz me gusta y además estoy de acuerdo. Me recuerda a algo que dijo (creo) Holden Caulfield (el protagonista de El guardián entre el centeno) de que para él un buen escritor es aquél que te apetece llamar por teléfono para charlar después de leer algo suyo. O algo similar.
Yo no soy de siesta, en general, la verdad.
Maldito cine de los ochenta...
Y muy mal el banquero adúltero. No se abandonan a los setters así. Él nunca lo haría.
Lo que te has tenido que reír escribiendo esto, Nán.
Una jartá, MICROALGO, oh devorador de choricillos calentados a humo de volcán. De lo de joven hay que reírse cuando se va para viejo; de lo de viejo, cuando uno se muere; y de la muerte ya no hay tiempo. O sea, que es el momento de escribir.
Pero le corrijo, no era banquero que viniera con escoltas, sino bancario.
Nunca comparti piso con amigos, una vez hubo una tentativa que no hubiese estado mal, eramos cinco: una catalana, una gitana, un chico muy espiritual, una Canariona y yo...fuimos a ver el piso, pero no me animé...entonces era muy tonta, pero he compartido grandes horas e incluso semanas en casa de amigos y siempre se respira ese ambiente. Hubo una época en la que vivíamos de a ratos unos siete en la casa de una miga y cuando fumabamos,d ejabamos las colillas y ceniza en un jarrón de la cocina, cuando llegaba a tope, alguien lo vaciaba...una vez más contamos casi 300 colillas...ahora me parece una guarrada, pero entonces nada importaba.
Me he puesto muy nostálgica mientras te leía, Nán, has redactado a la perfección una época que no sé si fue tuya, pero mía, seguro...
Un besito.
Bravo!
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