
En los once minutos
del adagietto de la quinta,
de mahler,
me puedo unir a ti para siempre
olvidarme de que te he conocido,
dejar, lánguido, resbalar el brazo izquierdo
fuera de la bañera que enrojece,
firmar la dimisión,
romper mi carné de estúpidos anónimos.
Verte.
De los violines, depende,
los violines y los bajos,
cómo suenen.
O me pueden dar ganas de morirme
por rozar tu piel; por no rozarla.
Sé que es frívolo,
que se prefiere hablar
de conjunciones planetarias,
de movimientos masivos.
Yo, con el cuarto de la quinta me decido.
Así es la belleza.
Frente a los miles de kilómetros
por los que la gente muere y mata:
tu piel. Esos centímetros
cuadrados de nada
lo son todo si un violín se une al otro,
y el bajo parece acariciado
del mismo movimiento.
O un solo centímetro,
como éste que te beso.

10 comentarios:
"... y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella."
Y... qué bellísimo es morir en Venecia.
Imprimo tu poema. Lo guardo junto a los otros que tuviste la delicadeza de enviarme.
Me conmueve leerlo. Lo releo y sigo conmoviéndome. Es poesía.
Los estados de ánimo viajan por tus palabras, violentamente viajan por tus palabras y conmueven.
Tantas gracias.
por ti, p.49, puse la foto de Venecia.
por ti, Wes, me sonrojé.
Nán, he entrado esta tarde, vine a ver de qué color están hoy las paredes. Me encanta. Muchos besos.
Cómo me alegra saber de ti, Isob, hace tanto tiempo que pensaba que habías sido un falso recuerdo.
Te devuelvo esos besos con interés (y además un interés de los grandes).
Qué hermoso Mahler y tu poema. Leerlo y escucharlo al ritmo de la quinta, o ascender hasta tus ojos, que no conozco, y presentir el verbo exacto, la mirada cierta.
Gracias por el cariño, la belleza...
A mí esta foto me llena de curiosidad. Mira que la he visto veces y a distintas horas del día. Esas cifras 208, 221, los últimos pasos de esos paseantes... que dónde estaran ahora.Fíjate que una de las señoras tiene un Jersey rojo bajo su cazadora negra.
Sucesos:
-Eres diestro
-qué estarías escribiendo.
-El azul marino. Qué habrá en tus bolsillos.
-Venecia me suena a huída.
-Cuento de Cortázar, que según él está mal escrito pero que le gusta (a mí también), "La barca o nueva visita a Venecia"
-Me gusta ese agua turbia que nunca he visto.
Sabes besar sí...
Creedme, normalmente me da lo mismo que me pongan a parir o que digan maravillas de mí (me hace mucha más gracia lo primero). No es orgullo (bueno, un poco), es que el adjetivo no mata, como dice un amigo querido: aburre, que es peor.
Pero si alguien dice un elogio de un poema que haya escrito (ojo, de un poema, de la prosa no importa tanto), me siento como una jovencita de 13 años con el pavo subido.
Carmen, el rubor lo compensa de sobra el hecho de saber de ti.
P.49, en esta segunda entrada me lo facilitas al hacer un listado de hecho. Trataré de ampliar tus suposiciones.
- Sí, diestro (pero torpe).
- La idea de un relato llamado La Concesión, que transcurre en 2 de sus partes en Venecia (está contado por el personaje desde Venecia). Te copio la primera y la última frase del primer párrafo, tal como quedó cuando finalmente fue escrito: "La infancia es el territorio perdido y deseado simplemente porque fue la última vez en la que todo lo que nos rodeaba era amplio [...]. Cuando empiezas a crecer, el mundo se vuelve pequeño".
-En aquel tiempo todavía fumaba, seguro que dos paquetes de Senior Service, uno empezado y otro sin empezar. eLle me los racionaba porque era rubio inglés sin boquilla, pero nunca en situaciones especiales, como un viaje asi. Y era febrero y hacía frío: petaca con whisky. Y libretas, bolis, lápices, una goma de borrar y un sacapuntas de escolar.
-Es un encuentro. Con quien amas. O con la soledad más luminosa. Con los sueños, que se te hacen de agua, cuadros, pintura hecha con las manos (nunca me falla eso, en Venecia).
-No lo he leído (me voy a dar un par de cabezazos en la pared en cuanto cierre el ordenador).
-¡No me lo puedo creer! (El agua no es turbia, es de mercurio que capta todos los colores, pero como si se los quedase en la superficie, sin profundizar, y no sabes lo que hay abajo). Solo se puede ir de octubre a mayo. Tienes febrero, marzo, abril y mayo.
(Ya no siento el rubor, sino vuestra compañía).
¡Nán! ¡Qué perdida he estado entre las nieves, que no vi esto! ¡Besos!
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