sábado, 20 de enero de 2007

Sujeto Poético

Como un pequeño descanso de la entrada anterior. Como imágenes curativas por la risa del tiempo, para mi prima Carmen Moreno. Para felicitar a alguien en su cumpleaños. Pero también como presentación gráfica del sujeto, porque en la vida puedo ser muy sinsustancia (lo soy, vale), pero en lo que escribo no doy puntada sin hilo. Otra cosas es que el hilo sea de buena calidad y que el cosido esté bien hecho, resultando atractivo. Una parte importante del tiempo dedicado a escribir, como casi siempre en libretillas, en los bares, estando solo, lo dedico a un escrito que de momento llamo Mi vida como gato, en realidad un tratado sobre la educación (como gato fue en mi caso, que no estaban los tiempos ni mi casa para que me dieran el trato habitual de "perrito" que se suele dar) y que en la primera de sus partes, la esencial, el sujeto es el de las fotos. Que no sé si eran tres o el mismo pero en un proceso del que marco tres fases.






Ahí, por esas fechas, debió empezar fuerte la cosa de la educación del gato. Si en el trajecito de acompañar a mi hermana comulganta preveían una carrera en la Marina, como la de bastantes antepasados de la rama materna, el proyecto falló. El intento de encasquetarme el gorro fue un éxito, pero por poco tiempo. Hace poco, viendo unas fotos de mi hijo conmigo, en una playa, de poco más de un año de edad, preguntaba que de quién habría heredado el cabezón. Aquí encontré la respuesta. Estoy ahí, protegido por mi hermana, como creo que fue siempre. Y eso está bien. Pero no está claro que me guste estar obligado a estar quieto, frente a la cámara.



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Claramente fase intermedia: me gusta y no me gusta estar (más lo primero). El gorro no hay quien me lo encasquete y el traje de fiesta (¿sería una Virgen, aniversario especial?) se va quedando peligrosamente pequeño



Y para terminar, protegido otra vez, pero ya gato: observad que con mi codo derecho marco una distancia. Disfruto casi de todo y casi en todo momento, sobre todo en la calle. En el colegio (la libertad de mi vida como gato incluía el cumplimiento estricto de los deberes) aprendí a hacer o pensar dos cosas a la vez. La operación emprendida, por quien la emprendió, se da por concluida: muy poco tiempo después de esta última foto (la primera tengo 2 años, la segunda 2 y medio, la tercera casi 4 años) iba ya solo al colegio: tardando un montón y disfrutando de cada paso. Empezba la mejor parte de mi vida; la que no tiene historia.


Muy buenos días y buen fin de semana; a todas y a todos.

8 comentarios:

María Marcela dijo...

Estoy aquí, absorta. Deseando comerme esa historia dulce y amarga. Buen viaje.

Anónimo dijo...

¿eres quién?
¿quien yo creo?

María Marcela dijo...

Sí, soy yo, mitad tú, mitad cualquiera. No me gusta la escalera, siempre pienso en que luego hay que subir; y eso ahora me deprime. Subir.
Me gusta velar tus recuerdos, los verdaderos y los falsos porque esos tejeran a su vez los míos un día (ya siempre cálido) de un futurible.
Sí, sigo siendo yo, que como una de estrella a la que amputaron dos brazos, empieza a regenerarse.

Anónimo dijo...

Pues te diré que me convocaste entonces a un juego, ¿recuerdas?, necesario.

Y ahora te convoco yo a una salida obligatoria en cualquier dirección que nos lleve la escritura.

La velocidad no importa.

María Marcela dijo...

Acepto la convocatoría, sólo que yo me atengo a tus reglas, me dejor mecer en tu regazo.
Tu dirás...

Anónimo dijo...

pues el teléfono es un invento estupendo para quedar.

María Marcela dijo...

Pues tú mismo,
Yo después del día 31 podré quedar. A eso de mecerme me refiero. Vosotros mandad y decidid.

Lara dijo...

Esto es como un milagro.

Veo la infancia de Nán, sus rodillas (porque ¿de qué otro modo vería yo las rodillas de Nán?), su carita como ahora pero en blanco y negro y sin barba ni nada encima.

Hace ya bastante tiempo.

Y de pronto, en los comentarios, el futuro más inmediato, un presente encontronazo en el que se habla de quedadas y teléfonos y apuestas.

En fin.

Y todo aquí tan en silencio, menos el frigorífico, que siempre anda jodiendo batallas.