jueves, 29 de marzo de 2012

Nos están ahogando


(foto tomada prestada de El País)

Y cualquier día de estos nos vamos a cabrear de verdad.


lunes, 26 de marzo de 2012

Este blog estará en huelga desde las 23:59 del miércoles hasta las 00:01 del viernes, pero entre tanto, hay alternativas

El jueves no usaré Internet, ni pondré la TV ni la radio: saldré a la calle a ver lo que hay e iré andando a la manifestación; menos la nevera, todas las conexiones eléctricas de mi casa estarán desenchufadas de las tomas de corriente; usaré el agua indispensable. No compraré; tampoco de más el día anterior: me las arreglaré con lo que tenga (una aldea africana pequeña se las podría apañar varios días con lo que cada uno tenemos en casa).

Lo haré porque hay alternativas en nuestra parte del mundo y creo en ellas.

Pero hoy he recibido una lección de que, además de esas alternativas, hay otras. Para que otros mundos necesarios no se deshagan, porque son vitales para el planeta y la humanidad. Porque nosotros, desde este mundo que vivimos, podemos aprender humildemente muchas cosas. Están en este vídeo de unos 15 minutos que merece la pena ver.

miércoles, 21 de marzo de 2012

La Huelga General es mala para (la) España (de los dueños de coches de gran cilindrada)

Elijan, según gustos musicales



Nous sommes deux
Nous sommes deux
Huit heures vont bientot sonner.
Teins la lampe, le gardien frappe
Ce soir ils reviendront nous voir.
Lun va devant, lun va devant
Et les autres suivent derrire
Puis le silence et puis voici
La meme chanson qui revient
Il frappe deux
Il frappe trois
Il frappe mille vingt et trois
Tu as mal, toi
Et jai mal, moi
Qui de nous deux a le plus mal?
Cest lavenir qui le dira
Nous sommes deux
Nous sommes trois
Nous sommes mille vingt et trois
Avec le temps, avec la pluie
Avec le sang qui la seche
Et la douleur qui vit en nous
Qui nous transperse et qui nous clou.
Notre douleur nous guidera.

lunes, 12 de marzo de 2012

Ejercicio de Taller sobre el tema "Los Beatles"

Love me do

No sé cómo ha aparecido tu foto entre el mazo de fotografías en blanco y negro, la única en la que estás; y aún así casi de espalda, desde un lateral algo atrasado, con la cara tapada por la melena con flequillo. Llevas una falda escocesa un poco por debajo de la rodilla, una blusa blanca de manga larga, zapatillas de tenis de color, que en la foto son simplemente oscuras, y calcetines cortos. Yo aparezco desgarbado, sin controlar todavía el último y casi definitivo estirón; sonrío como un bobalicón, mirándote, mientras bailamos en un guateque, en el porche de una casita de verano que no sé de quién podría ser. Entre los dos, queda espacio para que se meta alguien más.

Teníamos quince años, es la única foto que tengo de ti y ni siquiera se te ve la cara; a lo mejor aquella con la que te recuerdo no es siquiera la tuya. No me acuerdo de ti a menudo, aunque siempre que lo hago trato de entretenerme con tu imagen todo el tiempo que puedo; es posible que en uno de esos recuerdos, te pusiera la cara con la que te veo ahora: la que no se ve en la foto. Sonríe y te mira desde arriba, porque cuando nos abrazábamos apoyaba la barbilla sobre tu cabeza y a veces se atrevía a inclinarse para olerte el pelo y besártelo con la rapidez de un cazador furtivo.

Te ponías esa falda los días de fiesta. Algunos de ellos fuimos caminando hasta el puerto pesquero, cogidos de la mano desde que salíamos de tu barrio, aunque me soltabas si veías de lejos la sombra de alguien conocido. Todavía nos asustaba que nos vieran así. Antes de entrar en el puerto, había un bar de la Sociedad de Pescadores vacío casi a esas horas en el que tomábamos café y oíamos nuestras canciones en la máquina de discos. Tú ponías una canción italiana o a Los Brincos, mientas que yo elegía siempre Love me do. Si repetías con otra moneda, volvías a poner esa canción de los Beatles.

Nos perdíamos después por la escollera de Poniente, bajando a unas rocas que nos tapaban de las miradas. Fumábamos cogidos de la mano, casi sin mirarnos, hasta que tú ponías una mano sobre mi muslo o yo te cogía por un hombro. Nos rozábamos los labios durante tiempos tan pequeños que parecían no existir. A veces, abríamos un poco la boca y el contacto de la punta de las lenguas producía escalofríos. Acariciaba tus rodillas y subía la mano un poco, hasta donde me dejabas. En el interior de tus muslos se grabó para siempre en mis manos la medida de la suavidad, el patrón de la delicadeza.

Aunque estudiábamos francés, sabíamos que love significa "amor", que el me significa “mí”, pero no teníamos modo de saber qué significaba do. Era la parte del misterio que nos faltaba por aprender, poco a poco y sin ayuda. No terminamos de aprenderlo juntos. Tendrían que venir más discos de los Beatles, más meses, más relaciones. Hasta aprendimos inglés.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Ejercicio de Taller sobre el tema "la publicidad"

La Anunciación


Visto desde el exterior, un convento de monjas de clausura produce una sensación de inmovilidad de la que carecen los demás edificios de la ciudad. Incluso cuando, como suele suceder, contienen una iglesia, parece como si esta se hubiera incrustado indebidamente en el convento; que la vida que le da la iglesia, con las campanadas y los devotos que entran y salen, le es ajena. Un paseante que contemple el convento no oirá sonidos procedentes de él, ni signo alguno de que esté habitado. Si es de las personas que se fijan en los detalles y conserva los recuerdos, observará que hay filas de ventanas de pisos enteros que se han ido cerrando para siempre. Y si además de fijarse, el paseante gusta de sacar conclusiones de lo que ha visto y ha mirado, comprenderá que esos pisos clausurados son consecuencia de la falta cada vez mayor de vocaciones.

Desde el interior, un convento de monjas de clausura es un organismo completo y perfecto, que incluye a las hermanas, los muros, suelos y techos, el jardín con la fuente seca en el centro y los escasísimos elementos de adorno y de mobiliario. Es un organismo que ha aprendido a vivir hacia el interior de los muros externos. Que se complace en un orden perpetuo.

Tanto es así, que las propias conventuales, además de centrarse en los numerosos rezos y en las labores de limpieza y mantenimiento de su vida, llegan a apreciar de tal modo el sonido interior que juegan voluntaria o involuntariamente a armonizarlo. Un convento así suena de un modo específico y todas las habitantes se esfuerzan, casi sin saber que lo hacen, por que todos los sonidos que producen como organismos vivos en movimiento se ajusten al sonido general, del que participan con su presencia los muros mismos, que para las clausuradas emiten una vibración que participa de ese Sonido Santo.

Basta que una hermana se apresure, por ejemplo porque le han comunicado que tiene una llamada urgente de su familia natural, para que esa pequeña carrera rasgue el sonido santo como una tijera rasga una tela preciosa. Pero todo vuelve a sumirse enseguida casi en su ritmo propio, porque la inquietud que provoca en las otras hermanas la noticia crea en todas ellas una espera interior, un deseo de conocer la ventura o desventura de la convocada. Un paseante como el antes citado, sería capaz de adivinar que en ese lago tranquilo alguien arrojó media hora antes una piedra que produjo olas concéntricas, de las que quedan movimientos nerviosos en las gotas de agua.



Por desgracia, la perturbación creada por Sor Trinidad, cuando volvió al convento tras una consulta al oftalmólogo, después de no haber salido de él en veinte años, tendía a persistir y recrearse. Sus pasos, dados siempre a contrapié, turbaban la regularidad: abrían una herida que no llegaba a cicatrizar en el sonido santo. Trabajaba mal, como con la cabeza en otra parte; no terminaba sus platos si no se lo exigían en nombre de la obediencia; debía de dormir mal, porque las ojeras se adueñaban de la escasa parte del cuerpo que las hermanas enseñaban en su restringido mundo. Y lo peor de todo, no comulgaba si no acababa de confesar.

La Reverenda Madre Superiora intentó, en su sabiduría, dejar que pasaran los días, convencida de que la asiduidad borraría lo que fuera que fuese que la había impactado en aquella salida a la calle. Mas la situación empeoraba y el confesor del convento, por tradición un padre jesuita, llamó su atención al respecto y le pidió que hablara con ella; le dijo que no podía revelar los secretos de confesión, pero que en este caso tal ofensa sería innecesaria, ya que por la regla de obediencia Sor Trinidad debería responder a toda pregunta.

Sor Trinidad entró con la cabeza gacha en el despacho de la abadesa y cuando esta le preguntó por el motivo de su perturbación, respondió:

--Reverenda Madre, fue una Anunciación que vi en una pared del Metro.

--Se llaman anuncios, Sor Trinidad.

--Pero Madre, es que era tan hermoso como la Anunciación que tenemos en la capilla, y llevaba tan poco ropa como Nuestro Señor en la Cruz.

--Sor Trinidad, no debes alarmarte por ello. Llevas casi 40 años en el convento y te has enfrentado a la imagen de un hombre hermoso. Es normal que esa imagen reabra en ti deseos olvidados, pero te aseguro que eso nos ha pasado a todas y lo vencemos con la oración y el cumplimiento de las reglas.

--No me he expresado bien, Madre. No era un hombre, sino una mujer casi desnuda. Y tampoco me produjo deseos hacia ella. Solo me hace pensar constantemente que desearía haber tenido un cuerpo como el suyo, ser el objeto de la atracción de los hombres. Sé que mi pecado de soberbia es mucho peor que una breve temporada de lascivia. Sé que con este pensamiento borro todos los años de entrega al dulce Jesús, que encontraré mi merecida condenación eterna. Pero no tengo solución, porque no es un pecado de hoy ni del futuro, es un pecado de deseo que me viene del pasado y del que ya nunca me podré liberar.

domingo, 4 de marzo de 2012

Gracias // Adiós // Ya estoy volviendo

1. Gracias

A todos los que estuvisteis en la lectura de relatos del libro Ladera norte, de Berta Vías Mahou, empezando por la propia Berta, que se avino a un acto tan modesto, siguiendo por Aroa, María y Lola, mis lectoras en voz alta favoritas, y terminando por todos los que estuvisteis y después os vinisteis en bloque al barecito de enfrente, donde practicamos la amistad. También gracias a los que no pudisteis venir aunque quisisteis, especialmente a los que me avisasteis.

En la pequeña presentación que hice, noté que me iba alargando y dejé sin desarrollar algunas ideas. Aprovecho para decirlas aquí brevemente: hay una cuerda elástica de dolor y alivio a veces tensa, a veces relajada, que recorre los diversos relatos; casi como si en un conjunto de relatos se plasmara una idea de obra musical en varios movimientos, con sus temas y subtemas. De ellos, dos veces, en dos relatos distintos, un violoncelo triste repite las mismas palabras del mismo poeta: por delicadeza, he perdido mi vida. ¡Y yo que hasta me había puesto una camiseta con una frase de Rimbaud, para acompañarla!


2. Adiós

A veces me dan murrias y en lugar de ir a beber a los bares de siempre, donde encuentro amigos y compañeros, me voy a otro barrio donde no conozco a nadie; o me da por no usar apenas internet, dejar bastante pasivo mi blog y no visitar aquellos que tanto bien me hacen.

Algunos prevén que les está pasando eso y avisan. Como no sé si estaré murrioso dos horas, dos días o dos meses, prefiero “avisar” cuando la murria se termina. Que ya se ha terminado.


3. Ya estoy volviendo: un pequeño homenaje a la Democracia, ahora que la busco por las calles y no la encuentro; y si la veo hay un cartel que pone "Cerrado por obras de modernización"





No voy a hablar de este libro de relatos-crónicas de Javier Pérez Andújar que me ha entusiasmado, este pobre chico pobre de San Adrián del Besós que si se le ocurre pasear por Barcelona la policía le puede pedir los papeles (y los entrega mirandoal suelo, porque recuerda la canción "No mires a los ojos del agente". Pero sí hago mías esta página y media (la 58 y parte de la 59) y las copio para disfrute general. Pertenecen a un paseo por Ciutat Meridiana. Lo hago como un homenaje a los que nos trajeron la democracia, que no fueron los políticos que tomaban café (aunque algunos ayudaron mientras otros se resistían), sino la gente de abajo.


«... Los pensionistas deambulan con pantalones tejanos de pinzas y se cuentan que no les dejan fumar en casa y que han salido para hacerlo medio a escondidas, así algunos han pasado de la clandestinidad política a la sanitaria. La democracia la fueron conquistando estos hombres y mujeres calle por calle, árbol por árbol. La democracia es una cosa que se puede tocar, y que esta gente tuvo en sus manos durante días seguidos y noches enteras. Conseguir un colegio público en un barrio que no lo tenía; la construcción de un ambulatorio donde no llegaban los médicos; dejar una plaza sin edificar para que los niños jueguen; hacer un polideportivo para que el único deporte no sea apedrear perros; lograr que pase el autobús por donde no pasaba nada o que llegue el metro a donde no llegaba para poder ir al trabajo sin necesidad de pisar charcos, sin aguantar la lluvia y el frío de madrugada, sin andar por los descampados que separaban el barrio de los transportes públicos, esa es la democracia que hicieron realidad estas gentes encerrándose en los locales de sus asociaciones de vecinos, encadenándose a verjas, cortando el tráfico, protestando en la calle, luchando. La democracia es algo que se ve y se toca, y donde no se percibe es que no la hay. La democracia es ante todo una cosa de manobras porque en última instancia se hace con las manos. Y todo esto que ya está, los ambulatorios, las bocas de metro, los colegios públicos..., es también lo primero que se pierde cuando desaparece la gente que lo ha traído. Quienes llegan detrás creen que eso lo pone la naturaleza, como las hierbas y los saltamontes. Pero lo pone la política, y las cosas hay que conquistarlas permanentemente. Lo primero que ha quitado el Gobierno de Convergència al recobrar el poder ha sido eso: bocas de metro, guarderías, maestros y hospitales públicos, porque las personas que los pusieron o se han muerto o no están ya para defenderse.»

jueves, 23 de febrero de 2012

Viernes 2 de marzo: tenéis tiempo para no aceptar otras citas



Si hacéis clic en la imagen, os sale grandota y podéis leer bien el texto.

domingo, 19 de febrero de 2012

Una molesta proposición (ganapán 3 y fin de la serie)

Reconozcámoslo, quienes nos horrorizamos de lo que pasa en el mundo, estamos solos. El Poder, cuando llega a la concentración absoluta, deja siempre solo a cada individuo ante la injusticia, la brutalidad, la vida y/o la supervivencia. No pasa así cuando existen regulaciones emanadas desde abajo, por representantes políticos que creen en esas regulaciones. Pero el equilibrio se ha roto. La prueba: un 1% de los habitantes del planeta posee 2/3 de los recursos del planeta (tierra y agua potable) y de los medios de producción. Y, con ello, de la vida de un 99% de los habitantes, ya que con sus prácticas acaban incluso con los propietarios pequeños y medianos.


Por ejemplo, voy a una cena en la que somos seis amigos, y nos espantamos de lo que sucede. Pero no somos un grupo de seis (un buen número para comenzar), sino seis seres solos e impotentes que lloriquean. Los partidos políticos se dividen en dos: los que son hooligans del Sistema Financiero que crea esto y se beneficia de ello, y los que, con  mayor o menor gana, aceptan el Sistema, colaboran con él y tratan de buscar alivios. Ilusionante, ¿verdad?

Pero nosotros, estamos solos: todos y cada uno. El poeta Goytisolo escribía:


Un hombre solo una mujer

así tomados de uno en uno

son como polvo no son nada.

Además, la jerga del enemigo nos abruma y confunde, sabemos que nos engañan, pero no conocemos con exactitud el modo. Muchos, en nuestro sillón o frente a la pantalla del ordenador, nos vamos informando. Solos. Y actuamos, yendo a todas las manifestaciones por motivos que nos interesan; no importa que las convoquen los sindicatos que nos han desilusionado (¿en qué medida por sus errores y en qué medida por el ataque brutal por parte de los poderosos medios de comunicación de los poderosos?); si los Indignados, igual, aunque nos sintamos ilusionados o desilusionados con su trayectoria; si cualquier grupo, para protestar por la brutalidad policial que vemos a diario desde que nuestros hooligans han tomado el poder, igual (sin mirar ni siquiera la sopa de letras de las siglas).

Pero solo lo hacemos algunos; y lo hacemos solos.

Necesitamos informarnos y actuar juntos, en pequeños grupos.

Y aquí viene mi molesta proposición, porque trabajar en grupo es molesto, rompe nuestras rutinas de soledad.

Formemos pequeños grupos, de entre 2 y 10 personas, para a tiempos fijados (¿un día cada tres semanas, uno al mes?) discutamos un libro interesante que nos hemos propuesto leer. La consecuencia de esa discusión es doble: cuando se va a hablar con otros de un libro, se lee con más atención; y las opiniones de los otros pueden poner énfasis en puntos importantes que se nos habían pasado. Intercambiemos por mail enlaces interesantes (solo lo mejor, si abusar) que también discutiremos.

El lugar ideal es la casa de alguien o un bar (“Bares, qué lugares, tan gratos para conversar"). Por eso es importante que no seamos más de diez: para que la conversación sea ordenada y para que podamos oírnos. Si algún grupo sobrepasa esa cifra, lo ideal es reproducirse por gemación: dividirse en dos pequeños grupos. Si vencemos la pereza, quizá los dos grupos terminen por provocar dos gemaciones.

El grupo debe tener conciencia de la necesidad de actuación, decidiendo a qué manifestaciones y eventos irán “como grupo”; comprometiéndose a que hay que ir, y tomar luego unas cañas. La idea de que la rebelión en la calle no sirve para nada procede del vientre del Poder y ha sido voceada hasta la saciedad por los voceros de ese Poder. Y nosotros, tontos de capirote, nos la hemos creído.

El grupo debe ser abierto a todas las personas de buena voluntad con independencia de su procedencia: aquellas que siempre han estado solas políticamente, de IU, del PSOE cuando era el PSOE, cristianos de base, 15-M, sindicalistas de base...: y dejar el pasado o los negros presentes atrás, debe estar unido por el motivo que le une, abandonando el rosario de agravios que siempre nos ha separado, aunque después cada uno siga siendo partícipe del grupo al que pertenece. Tenemos un enemigo común que nos une, el Capitalismo Financiero, y lo demás no importa: solo importa nuestra formación y nuestras ganas de participar en todo acto de legítima rebelión.




Para empezar propongo un libro magnífico, que se puede comprar por 10 euros o se puede descargar gratis desde varios sitios. Por ejemplo, desde aquí:

http://www.rebelion.org/docs/138182.pdf

El libro machaca de uno en uno los falsos mantras que nos han hecho creer que eran verdades absolutas. Por ejemplo, copiando lo que dice un amigo en un mail:

EJEMPLO 1. Uno descubre cosas como que luchar contra la desigualdad social no es sólo un imperativo moral sino una forma de mejorar la productividad de nuestra economía, porque cuanto más ganamos los trabajadores, más gastamos en el día a día y más negocio tienen las pequeñas empresas. El empleo no lo crean LOS EMPRESARIOS (ni mucho menos los ricos, que tienen todo su dinerito en cuentas ignotas o revoloteando por el mundo), lo crean LOS CLIENTES, uséase, nosotros.

EJEMPLO 2: O que si algunos países han mantenido su nivel de empleo cuando se ha reducido su PIB es porque han aplicado reducciones de jornada a los trabajadores en vez de estimular el despido a tutiplén. En Suecia trabajan menos horas desde que empezó la crisis, porque hay menos demanda.

EJEMPLO 3: O que es mentira que haya que reducir el estado del bienestar porque en España hay muchos funcionarios y pocos emprendedores. España es de los países europeos con menos funcionarios. De hecho somos campeones en sueldos bajos, pocos funcionarios... y número de parados!!

Dejadme terminar con otros versos de José Agustín Goytisolo (cambio “hombres” por “personas” y quito el último verso, que todavía no es de actualidad):


Porque el mundo camina

con el paso implacable de personas como vosotros

que creen en la vida y que por eso

mueven el mundo sin pegar un tiro

mientras sea posible

jueves, 16 de febrero de 2012

Gioconda Belli contesta a mi entrada sobre el Ganapán con años de antelación (2 de 3)

A Sue y todos los indignados,
para que seconviertan en enragés.

Los portadores de sueños



Gioconda Belli



En todas las profecías

está escrita la destrucción del mundo.

Todas las profecías cuentan

que el hombre creará su propia destrucción.



Pero los siglos y la vida

que siempre se renueva

engendraron también una generación

de amadores y soñadores,

hombres y mujeres que no soñaron

con la destrucción del mundo,

sino con la construcción del mundo

de las mariposas y los ruiseñores.


Desde pequeños venían marcados por el amor.

Detrás de su apariencia cotidiana

Guardaban la ternura y el sol de medianoche.

Las madres los encontraban llorando

por un pájaro muerto

y más tarde también los encontraron a muchos

muertos como pájaros.

Estos seres cohabitaron con mujeres traslúcidas

y las dejaron preñadas de miel y de hijos verdecidos

por un invierno de caricias.

Así fue como proliferaron en el mundo los portadores sueños,

atacados ferozmente por los portadores de profecías

habladoras de catástrofes.

Los llamaron ilusos, románticos, pensadores de utopías

dijeron que sus palabras eran viejas

y, en efecto, lo eran porque la memoria del paraíso es antigua

en el corazón del hombre.

Los acumuladores de riquezas les temían

lanzaban sus ejércitos contra ellos,

pero los portadores de sueños todas las noches

hacían el amor

y seguía brotando su semilla del vientre de ellas

que no sólo portaban sueños sino que los multiplicaban

y los hacían correr y hablar.

De esta forma el mundo engendró de nuevo su vida

como también habia engendrado

a los que inventaron la manera

de apagar el sol.


Los portadores de sueños sobrevivieron a los

climas gélidos

pero en los climas cálidos casi parecían brotar por

generación espontánea.

Quizá las palmeras, los cielos azules, las lluvias torrenciales

tuvieron algo que ver con esto,

la verdad es que como laboriosas hormiguitas

estos especímenes no dejaban de soñar y de construir

hermosos mundos,

mundos de hermanos, de hombres y mujeres que se llamaban compañeros,

que se enseñaban unos a otros a leer, se consolaban en las muertes,

se curaban y cuidaban entre ellos, se querían,

se ayudaban en el arte de querer

y en la defensa de la felicidad.


Eran felices en su mundo de azúcar y de viento

de todas partes venían a impregnarse de su aliento

de sus claras miradas

hacia todas partes salían los que habían conocido

portando sueños

soñando con profecías nuevas

que hablaban de tiempos de mariposas y ruiseñores

y de que el mundo no tendría que terminar en la hecatombe.


Por el contrario, los científicos diseñarían

puentes, jardines, juguetes sorprendentes

para hacer más gozosa la felicidad del hombre.


Son peligrosos - imprimían las grandes

rotativas

Son peligrosos - decían los presidentes en sus discursos

Son peligrosos - murmuraban los artífices de la guerra.


Hay que destruirlos - imprimían las grandes

rotativas

Hay que destruirlos - decían los presidentes en sus discursos

Hay que destruirlos - murmuraban los artífices de la guerra.


Los portadores de sueños conocían su poder

por eso no se extrañaban

también sabían que la vida los había engendrado

para protegerse de la muerte que anuncian las profecías

y por eso defendían su vida aun con la muerte.

Por eso cultivaban jardines de sueños

y los exportaban con grandes lazos de colores.

Los profetas de la oscuridad se pasaban noches

y días enteros

vigilando los pasajes y los caminos

buscando estos peligrosos cargamentos

que nunca lograban atrapar

porque el que no tiene ojos para soñar

no ve los sueños ni de día, ni de noche.


Y en el mundo se ha desatado un gran tráfico de sueños

que no pueden detener los traficantes de la muerte;

por doquier hay paquetes con grandes lazos

que sólo esta nueva raza de hombres puede ver

la semilla de estos sueños no se puede detectar

porque va envuelta en rojos corazones

en amplios vestidos de maternidad

donde piesecitos soñadores alborotan los vientres

que los albergan.


Dicen que la tierra después de parirlos

desencadenó un cielo de arcoiris

y sopló de fecundidad las raíces de los árboles.

Nosotros sólo sabemos que los hemos visto

sabemos que la vida los engendró

para protegerse de la muerte que anuncian las profecías.

sábado, 11 de febrero de 2012

La palabra más cruel de la lengua española (1 de 3)

Ganapán



El diccionario de la Real Academia, aunque dice cosas horribles de ella, no profundiza en la perversión de la humanidad que ese sustantivo resume.

Es posible que muchos jóvenes no la hayan oído, pero de niño alcancé a oírla en algún pueblo. En esencia, es un hombre (“rudo y tosco” lo define el DRAE en la segunda acepción) que pone a disposición de otros toda su fuerza de trabajo para hacer algo fatigoso a cambio de una propina que le da para comprar pan y poco más. Los ganapanes que vi de niño iban vestidos de remiendos.

Si una mujer enviuda de un ganapán, o este pierde la fuerza, bajan una escala y se convierten en algo todavía más desagradable, aunque menos cruel:

pordioseros

Los que para comprar el pan (y ahora sí que casi exclusivamente “el pan” y muy poco más), piden que “por Dios” les den una limosna de unos céntimos. Habitualmente en las puertas de las iglesias. Se han convertido en “excluidos”; ahora son tantos que ya ni pueden ser pordioseros (no hay tantas monedas de 2 o 5 céntimos). Las ciudades están repletas de excluidos en una proporción desconocida. Mantener una sociedad de bienestar relativo con tantas personas en esas condiciones es complicado: solo unos buenos colchones de apoyo social pueden frenar la violencia; pero eso lo sabemos todos y en esta entrada quería referirme a los ganapanes, a los que pensaba casi desaparecidos del mundo que habito.



Hace unos años, leí un artículo que se refería a las camareras estadounidenses, que hemos visto en tantas películas. El artículo citaba una asociación de beneficencia evangélica destinada exclusivamente a ellas: lo que cobran lo gastan en un cuartucho de hotel y el resto lo dedican prácticamente a vestir decentemente. Comen en la cafetería los días que trabajan, pero tienen dificultades para comprar comida los días que libran (o que por fatiga, problemas musculares, etc., no pueden trabajar). La asociación les daba cada dos semanas un paquete que contenía jabón, artículos de aseo personal y limpieza, galletas, leche, latas de algún tipo de embutido... productos de primera necesidad que con su salario no tenían al alcance.

Me sorprendió, pero con el egoísmo que da la lejanía, me dije que eran “cosas del capitalismo extremo que en Europa no nos afectaban”: ¡Una asociación benéfica dedicada a completar las necesidades de personas que trabajaban 10 horas al día!

Y rehice una definición de “ganapán” más acertada que la del DRAE:

“Persona que dedica su tiempo y su fuerza laboral a un trabajo que no le permite cubrir sus necesidades básicas”.

Han pasado los años y he leído, estos días, que el milagro económico alemán se basa en que hay de 6 a 7 millones de trabajadores que ganan entre uno y dos euros por hora: una jornada de 40 horas semanales a cambio de 40 u 80 euros.

Los ganapanes están en Europa, la reforma laboral española nos acercará a ellos: se facilita el despido para sustituir trabajadores con derechos por otros sin ellos. De momento, no se ha tocado el salario mínimo, de unos 600 euros al mes.

Pensad un momento: ¿se pueden cubrir las necesidades básicas con entre 300 y 600 euros al mes? ¿Y al mismo tiempo reducir la fuerza del Estado para dar apoyo?

Nos estamos convirtiendo en un continente con altísimos porcentajes de excluidos y de ganapanes. La vida va a hacerse dura para el 90% de la población, incluyendo a muchos que no somos ganapanes ni parece que lo vayamos a ser. Este capitalismo brutal (en España ha caído mucho la compra de coches, pero ha subido un 16% la de coches de las gamas más altas) comenzó con la caída de la URSS: perdieron el miedo.

Y es cierto, los primeros ejercicios del Comunismo han sido un fracaso, pero ¿acaso los primeros ejercicios del Capitalismo y la Revolución Industrial fueron un éxito social? Quien opine así, que lea a Dickens, por ejemplo. A lo mejor nos da por hacer un Comunismo 2.0.
It’s the economy, stupid, fue el lema soterrado con el que Clinton le ganó las elecciones a Bush.

Es el sistema capitalista desregulado con Estados débiles, imbéciles, es el concepto que tendremos que aprender si no queremos meternos en un tobogán como el griego.

lunes, 30 de enero de 2012

miércoles, 25 de enero de 2012

Niebla en la nube


Las estrellas iluminan pero no ven;

su tragedia es dar luz y ser ciegas.

Pe Cas Cor



Hoy he desayunado tres veces

en un intento, patético,

de que arrancara el día.

Pero todavía me envuelve la niebla

que me deslumbró en medio de la noche.

Atardece.

Y sigo sin distinguir la luz

de su reflejo.

jueves, 19 de enero de 2012

Ejercicio de Taller sobre el tema "La mentira y la ocultación"

Lo que se esconde entre las capas superpuestas


Desde que se conocieron por casualidad en mitad de la noche del viernes, ambos percibieron un acercamiento de naturaleza extraña; algo que iba más allá de la aproximación química, brutal pero frágil, de las pastillas. Incluso habían evitado el sexo feroz en los lavabos o el coche. La postergación del deseo, casi su doma mediante la voluntad, la sintieron cada uno como una novedad que se cuidaron mucho de comentar. Demasiadas veces, compartir los tesoros del interior había sido el inicio del proceso de su desaparición.

Como ella pensaría, en realidad como ya había contado a una amiga íntima apurando la segunda botella de vino de la cena, la brutalidad de la vida que llevaba, el estrés angustioso de las largas horas de semana laboral, en la que tenía que tomar decisiones precipitadas, que sabía erróneas y que dañarían a otros, acumulaba en su cerebro una tensión que no desaparecía, como la física, nadando a primera hora de la mañana y corriendo en el parque por la zona iluminada por la tarde o la noche. Pero la burbuja purulenta del cerebro crecía peligrosamente hasta que salía una noche sola, de caza, en una discoteca, bien puesta de éxtasis y de combinados, para encontrarse con un desconocido que le atrajera y con el que realizar una parodia de las malas películas que son ya una parodia de la vida, alcanzando varios orgasmos en los lugares menos familiares. Terminando, si acaso, en una habitación de hotel.

Como ella debería pensar, pero no se atrevía a hacerlo en esos momentos, haber renunciado a la repetición desvitalizada de las películas, haberlo llevado a su casa, y estar siendo sometida a la dulzura de la paciencia, no era lo que había convenido consigo mismo.


Como él no quería pensar, aunque tenía la sensación de que ese pensamiento estaba agazapado, dispuesto a atacarle en cualquier momento, lo que había buscado no era lo que encontró cuando después del primer revolcón furioso, mientras descansaban brevemente, se había encontrado con la cara frente al costado derecho de ella, una parte inocente del cuerpo, y como si estuviera ajustando la más peligrosa de las máquinas lo cubría de los besos más diminutos, atreviéndose a veces a poner la firma del leve contacto de la punta de la lengua sobre la piel blanca de ella.

A veces había comentado que esas salidas espaciadas eran algo parecido a cuando regresaba a casa, hambriento, después de haber pasado el día entero en la sierra, recorriéndola solo, sin ingerir otra cosa en 12 horas que alguna pequeña botella de zumo. Al llegar a casa, preparaba unos macarrones con salsa de tomate y les añadía cuatro huevos fritos. Los comía, acompañados de una botella de vino, sin cubiertos, , acompañándose de trozos de pan con los que se llevaba la comida a la boca. Al final, tenía que limpiar la mesa de la cocina, totalmente enguarrada, echar a lavar toda su ropa y darse una ducha caliente. Solo así saciaba un recuerdo antiguo de hambre. Y solo en esos encuentros con desconocidas, en los que aparentaba ser más canalla de lo que era, desaparecía ese bulto imaginario que le iba creciendo con la vida de cada día.


Y allí estaban los dos haciendo lo que no habían pensado. Ella, sin que él dejara de darle diminutos besos en el costado, se provocó a sí misma un orgasmo; después se ocupó de la cabeza de él, sus labios, orejas, mejillas; susurrándole como una madre antigua, hablándole de modo inconexo en una oreja, como una novia primeriza, mientras él se descargaba. Después, encendieron un cigarrillo y ella le dio su nombre verdadero, el de pila, y él le dijo el suyo.

A lo largo del día, entre el amor y los descansos, cada vez más apacibles y cariñosos, como si se conocieran de siempre, se fueron contando las verdades de la vida de cada uno; aunque procuraron que, sin mentir, no fueran rastreables. Conocían sus nombres, pero no los apellidos; sus trabajos, pero no la empresa. Contaron historias de cuando fueron niños, jóvenes, de sus familias. Incluso sugirieron los naufragios del corazón.


Cuando la luz del anochecer entró por el ventanal, ella estaba encima de él y se aproximó tanto que los dos sintieron lo mismo: estaban viendo en los ojos del otro su propia mirada. Como si se miraran en un espejo. Se sobresaltaron, se asustaron. Él fue a darse una ducha y al volver se vistió, alegando la necesidad de irse. Ella, que seguía desnuda en la cama, no se opuso. Se levantó a por un bolígrafo y dos papelitos. Escribió en uno su nombre y teléfono. Él hizo lo mismo en otro. En el ascensor, él pensó, como lo estaría haciendo ella en la casa, que de querer darse el número auténtico habría bastado con una llamada perdida.

domingo, 15 de enero de 2012

mi madre, como todas, fue joven



La de las fotos fue mi madre, Arriba está con su hermano el poeta; abajo, tomando el sol.

El sábado fui con mi hermana porque se cumplían 34 años (joder con el Tiempo) de su muerte. Sobre su tumba ha crecido espliego y me traje una ramita.

El sábado hizo 34 años y un día que llevaba 14 días enferma y habíamos tomado (mi hermana y yo) la decisión de dejar las carnicerías y usar la morfina. Aquella mañana me dijo que llamara a mis hermanos de Alicante. Llegaron al mediodía, le pusimos la morfina y pasamos una tarde deliciosa y risueña. A la 8 de la tarde se despidió de todos y pidió que le apagáramos la luz y la dejáramos sola.

Fue una muerte anunciada, asumida. Quiso afrontarla sola, quejándose con timbrazos de la luz (teníamos que ir apagando la luz de las habitaciones que la  rodeaban).

Me alegro de que tomáramos esa decisión. Pero ¿quién no tiene recuerdos felices o angustiosos (vienen a ser lo mismo) de esas separaciones?

El sábado, 34 años antes, nevaba en Madrid.

viernes, 13 de enero de 2012

La lección de la cebolla

La vas abriendo, capa a capa, con toda la paciencia del mundo, hasta llegar a la última. La abres; y no contiene nada.

Lo que veías es lo que había.

miércoles, 4 de enero de 2012

Dos versos de Alfonso Costafreda


[Que dedico en su nombre a los Indignados, a los ya Enfurecidos, incluso a los que por miedo no miran el cielo de tormenta (y no evitarán con ello quedar calados hasta los huesos)]



No retrocedáis, la luz está en nuestras playas;
con amor venceremos la fuerza del odio.
Alfonso Costafreda

martes, 27 de diciembre de 2011

El escalón veinte de Verónica y Nano


¡Cerramos el año con 20 escalones al descubierto!

Como siempre, la ilustración y el texto solo se pueden ver juntos en el blog de Verónica. Para ver el 20, pinchad AQUÍ.

También como siempre, solo se puede comentar donde Verónica.

(Todavía no he contestado a vuestros comentarios del poema anterior. Me cuesta hacerlo, porque siendo de mí, son voces distintas las que escriben. Y se le ha sumado el ajetreo de las fiestas. Pero prometo tener contestados todos los comentarios en 48 horas).

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Ese pequeñísimo dolor que ronronea

como un gato diurno adormilado

satisfecho de haber ocupado los mejores lugares de la casa,

ese grifo nocturno que no existe,

pero gotea con arritmia y crea el insomnio perfecto,

no son más que las consecuencias de ser

no siendo, sino estando.



Ea, Compañeros

en la tormenta y en la calma perfecta

desplegad las cinco velas de los sentidos.

No os pongáis a favor del viento:

utilizad el viento en vuestro favor

apreciad la belleza de lo hermoso

y de lo feo. El océano de la vida está ahí

para los que saben fijar la atención.

Que la conciencia segura del pequeño dolor

no impida el conocimiento del viaje.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Mi esquinita de arriba, fotografiada por David Ruiz

Hay gente que cree que cuando baja por la calle Espíritu Santo y llega a la plaza Juan Pujol, hay que torcer a la derecha para ir a 2 de Mayo, porque más abajo se acaba el mundo y pueden ser tragados por los abismos.

No es así. Si siguieran bajando verían sitios muy bonitos. Aquí pongo los que yo uso solo con subir una esquinita de mi casa. Podría llegar con las pantuflas de cabeza de conejo o pata de tigre con garras (si las tuviera, que no las tengo). Son una librería, una tienda de comprar cosicas de diseño a buen precio y un bar donde además de beber, se puede comer y picar.

Como no me ibais a creer del todo, me ha acompañado David Ruiz con su cámara de fotos. Todas las que veis son de él y me las ha cedido para esta entrada. Podéis ver su fotoblog en:


 al hacer clic sobre una foto, se ven todas más grandes


Frontal de la Librería La Independiente y de La Fiera



Exterior cálido de La Independiente


Interior, con luz de ver en las estanterías, de La Independiente


Esquinita de cositas en La Fiera


Probador de La Fiera. Me llamaréis viejo verde, pero ¿no mola sentarse ahí mientras una amiga se prueba cosas?


Fachada de la Hermandad de la Dama Juana


Apetecible carta del bar La Hermandad

Y otra más de fachada:
Todo ello en Espíritu Santo donde se cruza con Santa Lucía

jueves, 1 de diciembre de 2011

Ejercicio de taller. Tema: Mi barrio

Colonia Camarada Fanjul




A Miguel Marques,
al que en un descuido le robé la cartera



Cuando del pueblo nos vinimos a la ciudad, mis padres alquilaron la primera casa que quedó libre de la colonia de viviendas protegidas Camarada Fanjul. Iban a ser tres bloques estrechos y empezaron por el Bloque 1, para el que hicieron un corte en el cerro. Por la parte de atrás, mi dormitorio, la cocina y el baño, estrechos como un vagón de tren, daban a una calle sin asfaltar que a 8 metros tenía el corte vertical, tapado por una capa gruesa de cemento. Por la parte de delante estaba el dormitorio de mis padres y la sala. Una calle de diez metros de anchura y una pequeña cuesta abajo daban al solar plano de lo que debió ser el Bloque 2, y después una repetición exacta hasta el solar del Bloque 3, ya en igualdad de altura con las casas de abajo, que formaban el barrio de la Virgen de Uchate. Ese solar 3 se había convertido en el campo de juegos de las diversas bandas de los de Uchate. Un terreno neutral que podían usar todos menos los de la banda de Fanjul, de la que yo era el único miembro. Era una presa fácil y en cuanto asomaba la cabeza por allí, todos unían fuerzas para expulsarme.

Cuando se ocupó la Colonia Fanjul, todos eran padres jóvenes que llenaron el bloque de niños. Cuando mis padres llegaron, yo tenía 8 años y el más joven de los pioneros, que tenía 16, me escupía si me acercaba a la distancia de un salivazo. Jugar solo a la Oca, el Parchís o el Monopoly era un tormento que solo podía ser superado cuando mi madre, por animarme, me proponía una partida de parchís; porque tardaba un infierno en asegurarse de que cuatro puntitos en la cara del dado le daban derecho a avanzar cuatro casillas: lo contaba todo tanto que al final se la movía yo y hacía trampas. Hacerme trampas a mí mismo cuando me imaginaba que jugaba con otro me parecía bien; pero me sentía mal cuando se las hacía a ella. Si no llovía, desde la ventana del comedor miraba jugar a los otros niños, en el solar del Bloque 3, hasta que me daba tanta rabia que me bajaba al callejón trasero y chutaba el balón contra la pared. Las vecinas que andaban por la cocina aguantaban un rato, no más de quince minutos medidos por el reloj que me regalaron en la primera comunión, con una correa que me hacía ya un poco de daño; de lo que apretaba. Después, me gritaban que me fuera a jugar abajo, con los otros niños. Como eso me enfurecía más, chutaba con más fuerza hasta que alguna de ellas amenazaba con bajar.

En esos momentos, con el balón bajo el brazo, me iba al portal, me sentaba en el escalón y soñaba que tenía 11 hermanos. Todos chicos. Y que como teníamos las piernas fuertes de tanto subir la pendiente para llegar a casa, los demás nos temían. ¡Que bajan los de Fanjul!, pensaba que gritaban todos, huyendo, y nos quedábamos el solar entero para hacer un partido de seis contra seis. Solo se quedaba Mari Pili, una pelirroja con trenza, porque ya les había dicho a mis hermanos que a esa no se le escupía, ni empujaba, ni se le daban patadas. Mari Pili se quedaba como única espectadora, sobre todo para ver los goles que yo metía, porque era un delantero fenomenal.

En esas estaba cuando volvía mi padre del trabajo, me rascaba la cabeza y me decía Sube chaval, que seguro que has de ayudar a tu madre para la cena. De toda la vida, mi padre debió pensar que me pasaba el tiempo en la calle, jugando como un bruto, y me sentaba un rato en el portal porque estaba demasiado agotado para subir las escaleras. Mi padre era un buen hombre, pero desde que nos vinimos del pueblo a la ciudad estaba un poco como tonto, no se enteraba de nada de lo que pasaba a su alrededor; como si llevara en la cabeza una pecera puesta del revés que le protegía del mundo. O eso me imaginaba yo porque lo había visto en un tebeo.

Lo que no les perdonaba, ni a él ni a mi madre, era que no me hubieran dado hermanos. Está la vida para más bocas, me contestó una vez mientras esperábamos a que mi madre saliera de misa para dar un paseo, que ellos se tomaran un vermú y yo un vaso de agua, y las aceitunas que les ponían con el vermú. Era un buen rato, pero antes de que me diera cuenta ya habíamos vuelto, comido, visto Bonanza y ya no tenía otra cosa que hacer que mirar cómo jugaban los de las bandas de Uchate, bajar a pegar pelotazos contra el muro e imaginar que la banda de Fanjul era enorme y bajábamos a expulsarlos a todos.

Imaginar esos movimientos de masas no era nada fácil. No podía controlar los nombres y la cara de los once hermanos, ni pensar este estará ahora aquí y el otro ha bajado a comercio por el pan. Y si no los controlaba a todos en todo momento, el sueño perdía fuerza. Una vez vi en un periódico una foto de una película con muchos soldados, pero en la foto se veía que los de atrás eran de papel pintado, aunque seguro que en el cine parecerían de verdad. Once hermanos de papel pintado hacían que me sintiera todavía peor. Pero, sin que me diera cuenta, ese esfuerzo me estaba preparando para crear bien algo más pequeño y que era capaz de controlar. Me inventé a Pedro, mi hermano mayor, que había nacido tres meses antes que yo y era un tipo muy fuerte que me defendía. Miguel tenía tres meses menos que yo y era el más listo de todos; no se le escapaba ningún movimiento estratégico. Y yo, en cada momento del día, podía decir con exactitud dónde estaba y lo que hacía cada uno de ellos, mientras me quedaba arriba con el objetivo de proteger el barrio.

Tres meses después apareció mi hermana Nieves, ya crecida, con seis meses menos que yo. Pedro cumplía años el primer día de la primavera, yo el primero del verano, Miguel el primero del otoño y Nieves el primero del invierno, que por eso la bautizaron así. Era tan guapa que todos los de Uchate querían ser sus novios, así que no les interesaba pegarnos a los de Fanjul. Además, se hizo amiga de Mari Pili, que le contó que estaba enamorada de mí y me esperaba al anochecer arriba del cerro. Nunca fui, porque me daba miedo subir de noche si no me acompañaba Pedro; y para esas cosas hay que ir solo.

Un día que estaba en el cerro, por encima del cemento, mi hermano Pedro me dijo que me tirara, que él me recogía. Le contesté que me daba miedo y él me dijo que no quería tener un hermano que fuera un cagao. Y me tiré, pero no sé por qué se aparto en el último momento y me rompí las piernas en no sé cuántas partes, y una cadera y qué sé yo; Miguel y Nieves se tronchaban de risa mientras yo gritaba y lloraba. Me pasé muchos meses en el hospital, donde cada día me prestaban un libro que contaba historias mucho mejores que la guerra de los hermanos de Fanjul contra las bandas de Uchate. Al salir del hospital, tuve que usar muletas dos o tres años, llevar unos herrajes y volver al hospital por períodos cortos para una operación.

Lo bueno es que no volvimos a Fanjul, porque tal como estaba no podía subir y bajar la cuesta. El señor cura le encontró a mi madre una portería en una casa del centro de la ciudad. Era un trabajo y teníamos casa gratis. En Fanjul se quedaron mis tres hermanos, castigados; y no volví a pensar nunca en ellos. La gente del centro era buena conmigo, no había bandas e iba a una biblioteca a sacar libros o a leerlos allí.

Empecé a escribir una novela, titulada “El Camarada Fanjul es una Mierda y los Libros son mi Barrio”. Escribí el título en la primera página de un cuaderno, cuidando la caligrafía, pero mi padre se asustó mucho cuando se lo enseñé, arrancó la hoja y la rompió en pedacitos. No me importa. La voy a escribir igual, pero para no enfadar a mi padre la llamaré Sin Título.