jueves, 19 de enero de 2012

Ejercicio de Taller sobre el tema "La mentira y la ocultación"

Lo que se esconde entre las capas superpuestas


Desde que se conocieron por casualidad en mitad de la noche del viernes, ambos percibieron un acercamiento de naturaleza extraña; algo que iba más allá de la aproximación química, brutal pero frágil, de las pastillas. Incluso habían evitado el sexo feroz en los lavabos o el coche. La postergación del deseo, casi su doma mediante la voluntad, la sintieron cada uno como una novedad que se cuidaron mucho de comentar. Demasiadas veces, compartir los tesoros del interior había sido el inicio del proceso de su desaparición.

Como ella pensaría, en realidad como ya había contado a una amiga íntima apurando la segunda botella de vino de la cena, la brutalidad de la vida que llevaba, el estrés angustioso de las largas horas de semana laboral, en la que tenía que tomar decisiones precipitadas, que sabía erróneas y que dañarían a otros, acumulaba en su cerebro una tensión que no desaparecía, como la física, nadando a primera hora de la mañana y corriendo en el parque por la zona iluminada por la tarde o la noche. Pero la burbuja purulenta del cerebro crecía peligrosamente hasta que salía una noche sola, de caza, en una discoteca, bien puesta de éxtasis y de combinados, para encontrarse con un desconocido que le atrajera y con el que realizar una parodia de las malas películas que son ya una parodia de la vida, alcanzando varios orgasmos en los lugares menos familiares. Terminando, si acaso, en una habitación de hotel.

Como ella debería pensar, pero no se atrevía a hacerlo en esos momentos, haber renunciado a la repetición desvitalizada de las películas, haberlo llevado a su casa, y estar siendo sometida a la dulzura de la paciencia, no era lo que había convenido consigo mismo.


Como él no quería pensar, aunque tenía la sensación de que ese pensamiento estaba agazapado, dispuesto a atacarle en cualquier momento, lo que había buscado no era lo que encontró cuando después del primer revolcón furioso, mientras descansaban brevemente, se había encontrado con la cara frente al costado derecho de ella, una parte inocente del cuerpo, y como si estuviera ajustando la más peligrosa de las máquinas lo cubría de los besos más diminutos, atreviéndose a veces a poner la firma del leve contacto de la punta de la lengua sobre la piel blanca de ella.

A veces había comentado que esas salidas espaciadas eran algo parecido a cuando regresaba a casa, hambriento, después de haber pasado el día entero en la sierra, recorriéndola solo, sin ingerir otra cosa en 12 horas que alguna pequeña botella de zumo. Al llegar a casa, preparaba unos macarrones con salsa de tomate y les añadía cuatro huevos fritos. Los comía, acompañados de una botella de vino, sin cubiertos, , acompañándose de trozos de pan con los que se llevaba la comida a la boca. Al final, tenía que limpiar la mesa de la cocina, totalmente enguarrada, echar a lavar toda su ropa y darse una ducha caliente. Solo así saciaba un recuerdo antiguo de hambre. Y solo en esos encuentros con desconocidas, en los que aparentaba ser más canalla de lo que era, desaparecía ese bulto imaginario que le iba creciendo con la vida de cada día.


Y allí estaban los dos haciendo lo que no habían pensado. Ella, sin que él dejara de darle diminutos besos en el costado, se provocó a sí misma un orgasmo; después se ocupó de la cabeza de él, sus labios, orejas, mejillas; susurrándole como una madre antigua, hablándole de modo inconexo en una oreja, como una novia primeriza, mientras él se descargaba. Después, encendieron un cigarrillo y ella le dio su nombre verdadero, el de pila, y él le dijo el suyo.

A lo largo del día, entre el amor y los descansos, cada vez más apacibles y cariñosos, como si se conocieran de siempre, se fueron contando las verdades de la vida de cada uno; aunque procuraron que, sin mentir, no fueran rastreables. Conocían sus nombres, pero no los apellidos; sus trabajos, pero no la empresa. Contaron historias de cuando fueron niños, jóvenes, de sus familias. Incluso sugirieron los naufragios del corazón.


Cuando la luz del anochecer entró por el ventanal, ella estaba encima de él y se aproximó tanto que los dos sintieron lo mismo: estaban viendo en los ojos del otro su propia mirada. Como si se miraran en un espejo. Se sobresaltaron, se asustaron. Él fue a darse una ducha y al volver se vistió, alegando la necesidad de irse. Ella, que seguía desnuda en la cama, no se opuso. Se levantó a por un bolígrafo y dos papelitos. Escribió en uno su nombre y teléfono. Él hizo lo mismo en otro. En el ascensor, él pensó, como lo estaría haciendo ella en la casa, que de querer darse el número auténtico habría bastado con una llamada perdida.

14 comentarios:

Virginia Barbancho dijo...

Bello. Suena completamente con tu voz. Te he oído (y a ver si nos vemos!)

Beso.

Sue dijo...

Eso que se esconde y da salsa (de tomate) a la vida, a veces también nos la quita de la boca y luego siempre le echamos la culpa a otros. Yo, mi, me, conmmigo. Hablo de mi. Claro. Es que hace tiempo que no me escriben cartas de amor y me enfado.

¿Ocultar es mentir? ...

Y lo peor es que el sexo no soluciona nada (aunque, ¿qué habría que solucionar?)

Me ha gustado tu ejercicio. Me quedo meditando sobre ello, que falta me hace.

Genín dijo...

Vale, pero si surge la posibilidad de sexo feroz...FEROZ!!!
Es un crimen evitarlo!
Salud

No dijo...

Ummmmmmmmmm (pensando....)

Qué lastima que las personas tengamos tantos miedos por dentro que nos impidan seguir sintiendo; lo que sin lugar a dudas significaría, seguir viviendo.

NáN dijo...

A todos: perdonad que haya tardado en contestar, pero nada más subido al blog tuve que irme de Madrid hasta hace un rato, que he vuelto.

De verdad que sí, VIRGINIA. Pero de poco valdría si, como pasa últimamente, tú llegas cuando yo me voy y no tenemos tiempo para charlar tranquilamente.

Besos

Ocultar es el "peor mentir", SUE, además de la mentira que los demás merecen; así que mejor mentir ocultando.

Pero el daño que nos hacemos a nosotros mismos por no atrevernos a ir por lo derecho, sí que es lo peor de lo peor. Que seamos unos lilas y unos gilis, vale (somos humanos), pero que encima seamos cobardes, es ya demasiado.

Otro beso

Crimen de lesa majestad, GENIN. Yo lo llamaría un "tonticidio". Y estos pobres muchachos se pieder mucho de eso (creo).

Un abrazo.

"Seguir viviendo como hay que vivir", NO. Y todos lo sabemos, pero... se nos olvidó que nos olvidamos, a nosotros que nada se nos olvida.

Un besiabrazo.

Di Vagando dijo...

ANoche vi "Shame" (McQueen) y se ha ido entrelazando todo el rato con tu relato. La ocultación esta presente en toda la peli, una ocultacion tan grande q el gran secreto del prota (un inmenso Michael Fassbender)no es compartido durante toda la peli realemente con andie. Una soledad extrema en lo q parece la intimidad más extrema, q es el sexo. Pero no.

UN muxu

di

NáN dijo...

Nada está inventado, querida DI. Cada uno con sus capacidades, damos vueltas a la noria de la que extraemos los temas que, de un modo u otro, hemos vivido, soñado, deseado, temido...

Besos de esos con X de "muchos"

Portarosa dijo...

Me gusta mucho.
Consigues no hacer frases :)

Qué pena de final (no el tuyo, sino el de ellos).

Un abrazo.

NáN dijo...

Carallo, SEÑOR DE PORTOROSA, me deja usted rascándome la coronilla tratando de descifrar el sentido de "que no hago frases". Supongo que es algo positivo frente a la mayoría de mis escritos, en los que me dedico a "hacer frases" (y eso es malo).

Me quedo más contento que unas castañuelas con el mensaje positivo y con el abrazo.

Y le envío otro.

Portarosa dijo...

Es algo positivo, muy positivo, para mí; pero no porque normalmente tú hagas "frases" (aunque la forma de decírtelo parezca dar a entender eso). De hecho, creo que tú eres de los pocos relatistas frecuentes que leo que no las hace nunca o casi nunca: tus textos, por complicados que sean, parecen salir naturales, y así se leen. O eso creo yo.

Así que puedes quedarte contento, en lo que a mí respecta.

Un abrazo muy fuerte.

NáN dijo...

Joder, PORTOROSA, te tienes ganado el cielo y el SEÑORÍO DE. Lo que dices me llena de gozo.

Porque esto es un Taller en el que el único objetivo es "aprender", y por lo que dices estoy aprendiendo. Porque lo importante de aprender a escribir es que aprendes a leer, que es lo que yo quiero.

El Taller me "obliga" a escribir cada 3 semanas (en los 6 meses que estuve fuera, no escribí una sola línea).

Otra cosa diferente es que se trata de "ejercicios". Lamentablemente, el Taller me ha servido para darme cuenta de que "no tengo nada que contar". O lo que es lo mismo: ¿para qué contar, sino es por el placer de hacerlo?

Un grande abrazo

Isabel dijo...

Menos mal que no tienes nada que contar porque esto está muy bien contado.

VERONICA LEONETTI dijo...

Esta es de esas historias que se hacen cortas. Que ojalá continuasen.
Como nos empeñamos en no volver. En perdernos de la felicidad.

NáN dijo...

Jua, juá, ISABEL.Gracias verdaderas.

Pero no seas pillina, que entiendes perfectamente lo que quiero decir.


Es el miedo, VERÓNICA, es miedo insuperable que a veces nos protege (de tirarnos a un abismo), pero otras recorta las alas.

También yo tengo la sensación de que esas dos personas perdieron la última oportunidad de su vida.

Un abrazo muy fuerte a las dos.