domingo 8 de noviembre de 2009

Primer día de viaje

El camino que seguimos ahora hasta el pueblo roza la ciudad de León, desde donde en un eje oeste-este perfecto tomamos una carretera secundaria y llana, con montes al norte cercanos, solitaria. Inquietantemente hermosa. Llovía meticulosamente, tapando casi los hayedos. Escuchaba música de Thelonius Monk, su disco Monk’s Dream, y el último tema, Sweet and Lovely, se clavaba en los agujeros de la lluvia.

Al pasar junto a Boñar, que es el inicio del pequeño puerto de Sotillos, el agua se hizo aguanieve, el aguanieve se volvió nieve espaciada, y esta se convirtió en copos tan densos que necesitaba la velocidad máxima del limpiaparabrisas para poder ver.

Emocionaba encontrar ese otoño invernal cuando se venía del otoño estival. Nunca otoño, nunca.

Desde Sotillos, la carretera baja al valle, hasta el Esla. La nieve no había querido tocar el lado este de la montaña: se había detenido justo en la linde (la muga). Al llegar al pueblo, llovía de una nube que quedaba aferrada a las montañas del norte. El cielo estaba abierto por el sur, desde donde nos daba el sol.

Una vecina que está arreglando su casa ha llenado la entrada, de la que parte la escalera, de muebles. Un vecino que aprovecha los frutales abandonados de la huerta, ha cubierto los muebles de manzanas y membrillos. Su olor vence cualquier humedad.

Me hago un esguince de rodilla subiendo una bolsa pesada. En el rellano de la escalera, donde cambia de dirección, la pierna izquierda se coloca en la posición adecuada, el cuerpo gira perfectamente, la pierna derecha también, la bolsa pesada ha cogido el impulso semicircular necesario. Pero el pie derecho queda pegado al suelo, ajeno a toda la operación. Desde entonces cojeo y me cuesta subir y bajar escaleras. Pero es un dolor dulce. Me acompaña. Impide que alguien me quiera hacer andar más de la cuenta. Mi pie derecho es más sabio que yo.

Cojeo hasta mi bar preferido para tomar un vino. Es importante porque llevo un mes sin tomar una gota de alcohol. Además, quiero ver a Miguel. Miguel no está y en el bar se empeñan en que el clarete vulgar, que es el que a mí me gusta, no es digno, así que en lugar del de 60 céntimos, que yo quería, me tengo que tomar uno de un euro traído del Penedés, que no me gusta. Estorbos de la globalización, pienso, tragándomelo con desgana; el único vino que me iba a permitir ese día.

Después de comer ligeramente me voy a mi nuevo sillón-mecedora y mi nueva lámpara de lectura, a mi rincón-Ikea. Arrastro una bolsa de plástico doble con números atrasados de revistas culturales. En su cruzada organizadora, L las había rescatado. Solo una cuantas de finales de los 80 que, en un rincón oculto, no habían ido desapareciendo como las de otras épocas. Estas se han salvado. La primera que saco es el número 83 de Quimera. Por la portada, que incluye los artículos principales, ya me acuerdo de ella. Empiezo desde atrás y me encuentro la crítica que Fernando Valls hace de la primera novela de Andrés Trapiello, poniéndole algunas peras al cuarto amistosamente. El relato de los dos últimos meses de Kerouac, que releo y me deja el mal regusto que recuerdo me dejó entonces sobre ese borracho derechista en que se había convertido (las fotos son impagables). Releo la entrevista a Bruce Chatwin que me permitió conocerlo: más tarde lo leería a fondo y sobre todo me dejó impresionado El rastro de la canción. Está tan guapo todavía, sobre todo de frente, porque tiene un mal perfil. La enfermedad no se había manifestado. Un texto de Joseph Brodsky, al que todavía no había aprendido a amar como hice con algunos de sus libros. Una entrevista al joven Muñoz Molina. Un dossier sobre Ford Madox Ford. Cada lectura me trae, vivo, el recuerdo de la primera lectura.

Cuando hice esa primera lectura, era mucho más joven que gente a la que ahora considero joven, como S. y como Jesús Miramón (de otros prefiero no hablar, porque la comparación es insultante para mí). Era una revista tan épica y emotiva: abría una ventana tras otra. Me pregunto si ya no hay revistas así o es que no soy ya tan impresionable. Me quedo hasta releerla casi entera y veo que lo segundo es falso: sigue produciéndome la emoción de que realmente pasa algo. La sensación de que leer es una de las cosas que merecen la pena.

A las siete y media, noche cerrada, voy a comprar al súper y me encuentro con Miguel. Los dos somos algo desadaptados a las condiciones y vamos sin paraguas a pesar de que llueve bastante. Refugiados a medias bajo un pequeño alero, me cuenta que el libro en el que lleva trabajando 10 años en el pueblo se presenta en Madrid el día 26: Guiomar o el desafío de un fantasma. Al jubilarse, conoció a una prima de L, se casó y se vino al pueblo, donde se dedica a sus trabajos machadianos, a leer a filósofos y biografías de gentes del 98, y a ver películas del oeste. Comparte esta afición con otros tres del pueblo, el boticario entre ellos. Todos los días ve alguna y a veces se juntan los 4 para ver por vigésima vez alguna de las mejores.

Mañana pienso tomar el vino vulgar que me gusta. Se pongan como se pongan.

25 comentarios:

BB dijo...

Ese regresar por la nostalgia,
me conmueve, siempre, Nano.
Voy contigo y con Lola por los
senderos que describes y siento
hasta el frío que se me pega como
un gato. También me gusta Thelonious Monk, aunque muchos
lo criticaron. Sweet and Lovely es
eso, Lovely and Sweet.
Tómate ese vino que a ti te gusta,
o aprende a apreciar el otro.
Eso es el summum del bienestar,
mientras te sumerjes en la lectura.
mmmm...
Cuida ese esguince y deja que te
consientan.
Besos tibios de mi tierra
BB

Elvira dijo...

Me ha encantado. He viajado contigo, he visto los hayedos, me he tomado el vino con desgana, he olido las frutas sobre los muebles, he leído un poco y me han entrado ganas de ver una del oeste. :-)

Elvira dijo...

Me olvidaba: ¡que te mejores!

Anónimo dijo...

"(...) llevo un mes sin tomar una gota de alcohol."

De ahí le vienen los males.


Sirwood

Anónimo dijo...

Oiga, este relato es realmente bonito.


S.

Miguel Ángel Maya dijo...

...Querido Nano, no sabes lo que disfruto con esos viajes tuyos en coche hacia tu pueblo...
...Jajaja...
...Por cierto, yo estoy contigo en lo del vino vulgar, y digo yo, ya puestos, que algún día nos tendremos que tomar un vino vulgar de esos tú y yo, ¿no?...
...Un abrazo...

Jesús Miramón dijo...

Mi suegro Antonio compraba vino a granel en una bodega de barrio de Zaragoza, uno de esos sitios en los que te rellenaban la garrafa directamente de la barrica, a tanto el litro. Era un vino peleón pero honrado, de Magallón, creo, a mí me gustaba mucho, algo que a él siempre le sorprendía (por alguna razón que desconozco él pensaba que yo era un hombre de gustos sofisticados).

Lo he recordado, Nán, al leer tu mención a ese clarete vulgar de sesenta céntimos.

Tanto como me gustaba aquel vino a granel me ha gustado tu texto, y juro sobre la memoria de John Wayne que nada tiene que ver que en él aparezca yo con mi nombre y apellidos (yo) a continuación del adjetivo "joven". Me ha gustado por otras cosas: porque me has hecho recordar a un hombre que murió mientras yo le daba la mano, porque hablas de membrillos y manzanas, de revistas viejas (una de mis debilidades, sobre todo si son semanales de periódicos), y porque mencionas a Bruce Chatwin, a quien admiré y admiro mucho.

Un abrazo. Ah, y mañana tómate ese clarete, se pongan como se pongan. Ya sabes que Sirwood siempre tiene razón.

NáN dijo...

BB, yo adoro a Thelonius. Los recorridos que hace con la mano derecha, haciendo sonar fuerte las notas, casi como en una percusión secundaria. Y los acordes disonantes. Pero era un gato raro. De hecho, iba escuchando el disco "oficial", con Charlie Rouse como saxo tenor. Mucho más elegante y conjuntada que esta con John Coltrane, que desparrama y ocupa un protagonismo que no le corresponde. Pero como lo que suena son los "nombres", no he encontrado un vídeo de la oficial.

El esguince ya está más que curado: tres días me duró y se fue.

Besos para ti en tu tierra no invernal.

ELVIRA, qué bien haber sido tan evocador como para que viajes conmigo. Aquí ni se me ocurre, pero si pasara un mes en el pueblo, seguro que me apetecía cruzarlo, bien abrigado, para verme una peli con los amigos del far, wild west.

Ya he eliminado la causa, S., pero es que estuve muy malito y pensar en alcohol me daba náuseas. Me gusta que le guste, realmente.

Querido MIGUE, claro que tomaremos de esos vinos, y de los otros si se tercia. No desprecio nada cuando es el momento; ni lo que otros desprecian. Lo que sí desprecio es la pijería en qu se ha convertido este país entre el tiempo en que nuestras pateras salían de las estaciones de tren, con boina y maleta de cartón (y papeles oficiales) y el tiempo en que recibimos a los de las pateras, mucho más desesperados. Desprecio a quien ante una paella que pide a gritos vino barato con gaseosa, le pide al camarero "un buen Ribera del Duero". Somos falsos nuevos ricos.

JESÚS, como allí no tengo ordenador ni conexión que se precie, lo escribí al regresar, así que te aseguro que al día siguiente, y al otro, me tomé vino del que me gusta. Me gusta también lo que dices de tu suegro y que hables de vino "honrado". Es decir, bien hecho. No esos vinos que te ofrecen a veces en un pueblo diciendo "lo he hecho yo mismo" y notas la acidez partiéndote en dos.
También yo disfruto de un Rioja crianza, y hasta reserva si lo que acompaña lo merece. O de otras regiones, que ahora el vino en nuestro país es muy bueno por todas partes.

Pero para el chateo, que no es mandar mensajes cortos por ordenador, cada zona tenía sus vinos suaves, y muy agradables de beber, servidos en un vasito pequeño. Es lo lógico, porque si te encuentras con tres amigos cada uno ha de pagar una ronda y hace falta un vino que no te desbarate. Pero sin son siete, subimos a ocho rondas, aunque se admite tomarlo con gas.

Es cuestión de equilibrio clásico, pero qué te voy a contar, Jesús, si tú de eso sabes más que nadie.

Desde Madrid, y ya sin cojear, un abrazo a todos.

Isabel dijo...

Me gusta leer ese viaje acompasado impregnado de aroma de pueblo con música y revistas guardadas y recordadas.
Todo invita a la nostalgia, pero es una nostalgia vivida y deseada cuando el día a día transcurre lejos.

Me alegro de tu mejoría y a cuidarse, para seguir disfrutando.

zayi dijo...

Me encantan los relatos repletos de detalles, ellos hacen que lo vivas a la perfección. Me gustó tu relato porque me vi en él muchas veces: en lo desadaptada al clima, en el rincón Ikea, en esa vida calma que te llega sin buscarla, en el disfrutar de vivir aparte del mundo...en el vino ceremonioso que se bebe de vez en cuando...en la nostalgia que se lleva en la mochila...
Regresar a veces es la solución, volver al punto de partida y descubrir aquellas cosas que te gustaba hacer. Mientras te leía, pensaba que sería estupendo meterme en el agua y bucear como en los viejos tiempos, sentarme a la orilla de una playa de Falcón y quedarme atontada viendo el mar en toda su inmensidad...ese es uno de los recuerdos que considero mío...una de mis nostalgias de otoño...quien quita que algún día no muy lejano lo haga...a veces el destino te empuja a la entrada...a veces el destino te lleva a comenzar de nuevo y lo que creías malo, es sólo el empujón que necesitabas para medir las cosas nuevamente..quien sabe...
Besitos.
Me voy deleitada, gracias.

Portorosa dijo...

¡Qué maravilla de post, NáN!

Me ha gustado mucho, de principio a fin, en fondo y forma.

Un abrazo.

BB dijo...

Querido Nano: Si no has oido a
Thelonious interpretando a Duke
Ellington, consíguelo...
Que sigas aliviado, envuelto en
tu contentura...
Un beso
BB

ETDN dijo...

Estupenda crónica. Ahora que empiezo a dejar de cojear yo, tomas tú el relevo. A veces sentir la fragilidad del cuerpo, ese dolor dulce del que hablas, no viene mal. Ralentizar los movimientos es necesario de vez en cuando.

Me ha encantado lo de las revistas culturales atrasadas, pensaba que era una rareza mía guardar los suplementos. Este verano he acabdo, por fin, con los del año 2005. Y es curioso el ejercicio de perspectiva que proporciona.

Un besazo, cuidate y espero que nos veamos pronto.

Microalgo dijo...

Yo también abogo por los claretes baratos y los vinos de pitarra hechos in situ. Pero cada vez quedan menos baretillos que los ponen.

Un día de estos te tengo que llevar por la carretera de Trebujena, a beber "mosto". El entrecomillado viene por los once o doce grados que lleva ese vino, precursor de finos, manzanillas y olorosos. A ver si ese no se acaba perdiendo, también...

Anónimo dijo...

No sabía que había tenido un tropiezo con la salud. Espero que esté totalmente recuperado. De todo corazón. Siga escribiendo así.

Un fuerte abrazo.

Sirwood

NáN dijo...

La nostalgia va incluida en el precio, ISABEL, a partir de los 20 años. Por suerte, también lo viví como presente, proponiendo nostalgias para el futuro.

Qué bueno, ZAYI, que te vayas así del texto y plantees tus propios deseos. Ya sabes que tus relatos me encantan porque tienen un sabor único.

PORTOROSA, ya veo que cuando escribo clarito le gusto más. No pienso dejar esta vía, pero tampoco las otras, je, jé. Un abrazo y muchísimas gracias.

Querida BB, no lo he encontrado en tiendas de discos, pero ya he escuchado algunos temas en YouTube. ¡Gracias por la buena recomendación!

Nos tenemos que ver muy pronto, ETDN, aunque supongo que todavía no vendrás al taller. Te advierto que ya no cojeo, hasta he anulado la cita con el fisio. Por lo que veo, compartimos vicios.

MICROALGO, ¡eso hay que probarlo! (en los dos sentidos: usted, demostrarlo; y ambos, catarlo).

Le agradezco, SIRWOOD, su abrazo sincero. Pero no se preocupe que ya estoy bebiendo lo mío. Hasta que empiece a beber también lo del vecino, no habrá más problema.

A todos, un abrazo de verdad, como el de Sirwood.

La luna dijo...

Me encanta la descripción que haes del paseo. Me da envidia...
Hay dos cosas que creo no volveré a hacer.
1º Volver a Tarazona
2º Oír Thelonious. Sonaba el día del hostión.
El vino que dices, por el pueblo de la sierra le llaman "del pellejo" y lo traen de Toledo en la piel de un animal con un pitorro..tiene una forma rara.
No es malo, es vino de pueblo.

Besos

La luna dijo...

Y ¿ Cómo te ha besado S?

Risas

NáN dijo...

Querida LA LUNA, es una pena que hayas unido el hostión con Monk, pero así es la mente cuando nos corta posibilidades.

En cuanto a lo segundo, te he dicho muchas veces que soy un caballero: ¿cómo pretendes que hable de cómo besa alguien?

De excojo a coja temporal: si tanto te interesa, tendrás que probarlo tú.

eva-la-zarzamora dijo...

Me alegra saber que ya andas mejor y que te podrás tomar ese vinillo peleón que te gusta tanto ;)
Acabo de vivir contigo ese primer día de viaje como si hubiese estado contigo allí mismo.
Gracias por el paseo.

Besos, Nano.

A filla do mar dijo...

Qué maravilla, NáN.

Quiero ir a jubilarme a ese pueblo, yo también, como tu amigo.

Un bico.

Marian dijo...

Me ha encantado.

Ahora voy a seguir aquí leyendo (demasiado tiempo desconectada)

besos!

NáN dijo...

Y a mí, EVA, me ha encantado tu compañía. Por cierto, el vinillo es barato pero suave (me acabo de mirar el pecho y no tengo pelo, ¡cachis!).

Sería estupendo, FILLA, a mí me pillarías con boina y cachaba. Y me invitarías a vinillos con tapa de chorizo cuando nadie me viera, porque cuando tú te jubiles sí que andaré viejuco de verdad.

Tu visita, MARIAN, siempre es un placer. (Como la lectura de tu espaciado blog).

siempreconhistorias dijo...

Querido NàN, los viajes, aunque pese, te sientan muy bien. La crónica me ha emocionado y me ha hecho sentir vieja y desconocedera y me ha vuelto a los tiempos de Thelonius viviéndome los oídos y me ha encantado.
Gracias por todo, NàN. Si vieras cómo hablan de L. mis hijos posesivos. Es una delicia oírlos.
Un beso a los dos.

NáN dijo...

IZASKUN, de vez en cuando abro tu blog a ver si cuentas dónde estás y lo que haces. Todo llegará.

Besos para todos, los posesivos y los no posesivos.