domingo 1 de noviembre de 2009

El tema del taller era ciencia-ficción

Errare humanum est

Al notar una ligera sudoración en la frente, Péiton no se atrevió a secarla con la mano, sino que hizo los esfuerzos de control que había aprendido para detenerla. Era el menor de sus problemas: el miedo se había desencadenado y estaría produciendo una aceleración del ritmo cardíaco y de la respiración, también detectables por los sensores, pero controlables como el sudor. Contra el movimiento que se estaba produciendo en su interior, esa fuerte convulsión de los órganos, como si una mano hubiera sujetado con fuerza los intestinos y tirara de ellos, nada podía hacer. No había llegado a pronunciar mentalmente la palabra “error”, pero la idea estaba ahí, adueñándose de cada una de las células. El error; imposible ya en el Sistema salvo por la malevolencia delictiva de alguno de sus miembros; un ataque frontal a la vida y la salud de todos los miembros de la Comunidad. Así rezaba uno de los Principios Esenciales, que había sido proclamado cuando Péiton estaba en la educación secundaria.
Todavía había conseguido evitar que la palabra “Error” se formara fonéticamente en su pensamiento, pero su aroma o pestilencia, la atmósfera terrorífica que la acompañaba, mandaba señales de advertencia desde el cerebro a todos los destinos posibles, recibiendo como respuesta ineficiencias y cambios indeseados de todos ellos. Aunque en el silencio turbulento mostraba a Viima y a los dos psicoayudantes la mejor de sus sonrisas oficiales, no se había atrevido a mirarlos de frente. Tampoco ellos se miraban entre sí. Cuando por fin, espoleados por una sensación de incomodidad profunda tuvieron que hacerlo, todos vieron en la frente de los otros la capa brillante de un sudor frío que quedaba como resto acusador, aunque todos hubieran sido capaces de detenerlo. En la antesala habían estado Viima y Péiton, pero ninguno de ellos imaginó por un momento que estaban convocados para lo mismo. Cuando les llamaron y entraron, ambos se dieron cuenta por el color y la calidad del uniforme de trabajo, un eufemismo ya que salvo los del grupo Organización nadie tenía otra ropa distinta del uniforme, de que pertenecían a grupos distintos. Viima era una técnica de nivel medio, es decir de software, lo que significaba una posición moderadamente elevada en la Comunidad, mientras Péiton estaba en la posición inferior del grupo Servicios; es decir, se ocupaba de la limpieza en el Sistema Vital Subterráneo donde vivía la Comunidad. Teniendo en cuenta que la mayor parte del trabajo de limpieza era automático, su tarea no iba más allá del esfuerzo de recolocar el escaso mobiliario urbano cuando había quedado fuera de su sitio.
La situación era inaudita para todos. Temible. Viima y Péiton tenían que someterse a la rutinaria preparación para pasar un día en la superficie, pero hasta ese momento los grupos habían estado formados por ciudadanos de categoría similar. De hecho, los estudios psicológicos estaban divididos en distintas ramas que atendían a las diferentes categorías. En esta preparación, tendrían que combinar dos muy alejadas, cada una de las cuales contaba con su protocolo diferenciado. Los psicoayudantes no sabían cómo lo podrían hacer. Péiton y Viima sentían el uno por el otro la desconfianza habitual en una sociedad jerarquizada en la que nunca se había dado colaboración entre grupos, solo órdenes emitidas y aceptadas. ¿Cómo iban a conversar, hacer los mismos ejercicios, colaborar?
Los sonidos de la palabra “trampa” sonaban en su cerebro tratando de combinarse. El miedo era una bola creciente porque el “error”, que los cuatro habían aceptado ya en su interior, podía ser camuflado con la colaboración de todos. Pero la “trampa” podía haber sido tendida desde arriba, para ver cómo abordaban la situación, en cuyo caso estarían perdidos tanto si reconocían que había un error como si no. Estuvieron ya perdidos desde que a un Organizador se le ocurrió elegir sus nombres para un experimento del que solo se conocía que al final, los cuatro serían desechables. El error no existía, pero en caso de producirse su origen era delictivo y tenían la obligación de informar. Aunque nunca se hablara de estas cosas directamente, los miembros de la Comunidad habían aprendido el arte de las sugerencias imprecisas, por lo que sabían lo que pasaba una vez hecho un informe de error. Se abría un proceso al que se sometían como colaboradores de la Justicia todos los implicados, más los que fueran apareciendo en su transcurso. La colaboración era obligatoria y gratuita, lo que significaba que el tiempo dedicado a las gestiones, conversaciones oficiales, presentación de documentos y esperas necesarias no contaba como trabajado. Se perdían con ello todos los privilegios que acarreaba la suma de días trabajados, como las posibilidades de ascenso, los bonos de ocio y el premio final: la salida estipulada al Exterior. En un momento dado, en dos horas todos los implicados, incluidos los mensajeros que habían llevado los papeles, eran desechados: pasaban a trabajar en la expansión del Exterior, donde no existía protección ambiental y tras muchas penalidades morían en días o semanas.

La preparación para el día en el Exterior iba a ser complicada para dos miembros de la Comunidad tan dispares. Aunque el objetivo era volver a vivir en la superficie del planeta, todo era más lento de lo previsto. Quizá porque las dificultades del acondicionamiento fueran muy superiores a lo que se había dicho; quizá porque la clase Organización, cuyos miembros tenían acceso a discreción a la zona liberada, crecía con más rapidez que el trabajo de expansión. No se podía saber con seguridad porque de esos temas no se hablaba directamente. La situación era que cuando Péiton empezó a trabajar los miembros de su grupo tenían derecho a un día cada cinco años, pero los períodos se fueron ampliando e iba a salir por primera vez tras un tiempo trabajado de 20 años. Los del grupo de Viima, en cambio, salían efectivamente un día cada tres años, por lo que esta iba a ser su segunda salida.
Péiton dedico los veinte minutos de relajación profunda inicial, a la que estaban obligados los miembros de todo grupo que comenzase un proceso de trabajo, a pensar todas estas cosas. Incapaz de encontrar una salida, confió en la mayor sabiduría de los otros tres.

—Estimados miembros de la Comunidad —dijo el psico de menor nivel—. Vamos a comenzar la fase de preparación para su salida. Es un proceso inquietante, pues la vista puede extenderse hasta horizontes lejanos, a lo que nuestra mente no está habituada. Pero tengan confianza y borren cualquier inquietud: todos disfrutan de esta experiencia. Una experiencia necesaria, contemplar esa belleza, para redoblar la actitud de un trabajo responsable ante la Comunidad que un día nos permitirá a todos vivir ahí fuera para siempre.
Era el discurso oficial y normal. En este caso decisivo, porque significaba que seguían adelante con el plan, como si Viima y Péiton constituyeran un grupo normal. Por eso ambos, aunque agradecidos, siguieron sintiendo la desconfianza que les provocaba la anormalidad de la situación.
—Quizá hayan percibido un pequeño detalle diferenciador. Sin duda responde, aunque no tengamos capacidad de saber cómo, a la puesta en práctica del discurso de Año Nuevo de nuestro Timonel. Como saben, estuvo dedicado a la Invención. Se nos ha encomendado a todos la tarea de este decenio: innovar para mejorar y acelerar. Sin duda por eso estamos reunidos precisamente nosotros cuatro. Dentro de 48 horas, con toda seguridad ustedes dos harán un viaje que, aunque no dura más de 10 minutos, les conducirá al punto más lejano de sus vidas. No desaprovechen la ocasión. La Comunidad necesita del esfuerzo de todos.
Por primera vez desde que había entrado en ese despacho, Péiton pudo dejar de controlar los signos de miedo. Confiaba en aquel hombre que había encontrado la solución. Recuperó la ilusión de salir. Dadas las circunstancias y la baja media de vida de los trabajadores de su nivel, posiblemente sería el único viaje de su vida.

8 comentarios:

zayi dijo...

si la intención era dejar sensación de angustia...al menos en mi, lo lograste...una vez leí un libro que se llamaba "y mañana serán clones" y mientras te leía experimenté lo mismo que cuando leí aquello...siempre me ha angustiado lo desconocido. Muy bueno el relato.
Besitos.

NáN dijo...

Querida ZAYI, si has sido capaz de leer entero un relato tan largo, tan atípico de un blog, eres una heroína.

Mi intención, en realidad, no era "dejar" sesación de angustia, sino transmitirla. No creo que sea una perspectiva tan lejana, porque responde más bien al futuro cercano y posible de los "optimistas tecnológicos". En tu caso lo he conseguido; y me encanta, claro.

Tantas gracias.

Besos

Gemma dijo...

Tiene toda la pinta de continuar después; como si se tratara únicamente del primer capítulo...
¿O lo concebiste como pieza independiente?

NáN dijo...

GEMMA, es independiente. Está dedicado, más o menos, a los llamados "optimistas tecnológicos". Los que dicen que no hay que preocuparse, que la ciencia y la tecnología encontrán una solución si llega el desastre climático.

Esta que he inventado puede ser una de esas soluciones.

No hay más. Por otra parte, si suponemos que Péiton ha estudiado hasta los 16 años y lleva trabajando 20, ha tardado 36 años en poder salir un día a ese supuesto "Exterior". No vamos a conocerlo nosotros en la quinta página!, je, jé.

Gemma dijo...

Hubiera sido interesante verlos pasear por dicho exterior con toda esa tecnología de salvación a cuestas... ;-P
Un beso

Bárbara dijo...

A mí me deja la sensación de tranquila desolación, como casi siempre me sucede con la ciencia-ficción. Me ha recordado a WALLE no sé por qué.
Y sí, me ha costado leerlo por la extensión y porque define todo un mundo partiendo de cero. Se ha disfrutado no obstante.
Besos cargados de errores.

eva-la-zarzamora dijo...

Pues a mí me recordó con lo del principio y los sudores detectables al Winston de Orwell.
¿En esas/estas sociedades automatizadas llegaremos algún día a ese horrendo y autómata mundo tecnológicamente controlado. A aquel visionario ¿Mundo feliz? de Huxley.
Me aterra sólo pensarlo...


Besos, Nano.

Buen relato. Yo también me quedé con ganas de más, me pasó como a Mega ;)
Me los imaginé en un exterior devastado, en un viaje sin retorno a lo que fuese la vida, el individualismo y el derecho al "Error", como último vije.

NáN dijo...

Queridas GEMMA, BÁRBARA y EVA. No creo que en ese mundo el Exterior sea algo más digno que un parque temático al que solo se puede ir más que una vez cada muchos años.

No hay solución tecnológica digna del ser humano una vez producido el desastre. Solo eso pretendía relatar.

Enormes besos a las tres.