A Par49.
En su amistad firme no cabe
la confusión ni el abatimiento
De siempre deseé estar
allí donde los pasos resuenan
en un aire denso despoblado:
no me fue concedida la soledad.
Que hubieras existido igualmente
pero lejos
de esta zona de angustia
que habría podido cultivar
perfilar. De siempre.
Que hubiera sido un estallido el milagro de vernos.
Cierro los ojos en el vagón de metro
para recordar tu voz diciendo
como tú solo decías,
para oír que cruje la máquina
(hecha por el hombre, no lo olvido:
todo es hombre ahora por aquí)
inexplicables ritmos
(todo es infeliz en la sopa de la vida).
Llegan luego palabras, miradas que son sueños
pesadillas, abandonos;
más palabras, finalmente, compartidas.
¡La humana conversación!
(Pero no tu voz, no me llega todavía).
Aprieto, en la esperanza de oír, los párpados
me llegan noticias de cenas, gustos, compras.
Tantas cosas entrecortadas, significados inmensos
de otras vidas minúsculas insignificantes
para mí.
No hay quien pronuncie tu voz
en esta exposición de palabras
en que me sumerjo como en un bautismo.
El sacrificio de abandonarte
para encontrarte fuera, renovada,
es vano.
El peligro de perderte, de no volver,
es cierto.
La necesidad de este juego cruel
es absoluta.
El universo resuena en la ciudad
nocturna despoblada en la que busco
inútil
el único sonido que me salva
(tu voz)
que abandoné cuando dejó de significar el universo.
Cada paso que resuena anuncia mi fracaso
cada paso es un cuchillo duro
que pide algodón empapado
para cerrar la herida del estruendo
de tu voz,
que ha de estar,
no sé dónde,
todavía.

9 comentarios:
Estamos donde estamos, ¿verdad? Pero, ¿y si no queremos quedarnos ahí? Oír la voz del que deseamos que nos hable no siempre se hace realidad.
Qué preciosidad de poema, primo. Te toca a ti, Par.
Nán...
Quién sino tú puede tocarme tan de cerca. Quién sino tú me desarma.
Cortar el aire. que cruza la garganta sin hallar voz, ni la palabra alguna. A mí me gustaría encontrar el sabor de lo tuyo y así enlucirnos las grietas de tanta herida. Y esperarte en todo puerto, sin más abrigo que la noche sin molduras. Vivir a la intemperie de este bosque y sentirse extraño…. o solo y encontrar tu mano amiga.
¿No fuiste tú mi querido Nán, quien nos enseñó a mirarnos? Mirad: somos nosotros
ES desde entonces que lo leo a solas, para no olvidarlo nunca aunque pasen los días lentos
Quién sino tú, por encima de la voz y de la seña.
Tu voz a mí me suena a río, ese rumor continuo que nunca desemboca.Quién sino tú. Este alarido.
Un universo de gracias, es una emoción sin medida.
Tu comentario, Par, no justifica el poema, sino la necesidad y verdad de la dedicatoria.
(¡Ay!, Biedma. Cuánto le debemos.)
Cuánto bien hace el oír la palabra de la persona querida cuando está, y cómo duele tratar de recordarla cuando no.
Siempre hay alguien que sabe decir las cosas mejor que yo:
"En ciertas circunstancias, la memoria es una forma de ternura. Entonces se llama nostalgia. Hay hombres que no saben qué hacer con ella" (Eliseo Alberto: Fábula de un Hombre).
En fin. Si no fuera porque os leo cada día y porque voy al Pay-Pay todos los miércoles (malditos jueves de sueño en el trabajo), pensaría que ya todo está escrito y que toda la música ya está compuesta. Y no.
¿No estará usted intentando escurrir el bulto, Microalgo? Que yo tengo muy presente que le quedan dos canciones... Póngaseme a trabajar, haga usté er favó
Dos no, mi Señora. Una.
¿Ha visto, por cierto, que si a la frase "lo prometido es deuda" le quitamos una "e" queda "lo prometido es duda"?
Jí.
Pero no, aún para mí es deuda. Anda que no.
Qué lacónica y semimalsonante, Lara.
(Jé, jé).
Era por la impresión.
A de Biedma le debemos mucho, desde luego.
Y yo soñé que este día había pasado y hoy se había escrito otro mis Compañeros de Viaje
Publicar un comentario