jueves, 30 de junio de 2011

Taller sobre dos historias que se cruzan

En el despacho, el precocísimo eyaculador de su jefe entró, descargó y salió mientras ella se apoyaba en una mesa. Lucía se limpió con pañuelos de papel, la corriente densa primero y luego la parte final, acuosa, que, más veloz por su superficialidad, alcanzaba ya la mitad de los muslos. Lanzó los pañuelos a la papelera.

–Mujer, no lo eches ahí.

–Guárdalos tú en la caja fuerte –respondió.

Al salir, con la puerta semiabierta dijo para ser oída:

–Haré lo que pueda, Don Ramón, pero sin ayuda será difícil tenerlo terminado para la fecha que me ha dicho.

Se fue directa a la mesa y se sentó a trabajar, sintiéndose sucia; porque en la oficina todavía estaba Berta, la jefa del departamento. Prefería no limpiarse bien para no darle la seguridad de que la estaba sustituyendo. No le importaba sentirse sucia un rato; no le importaba que le metieran la polla un momento; sí le importaba acompañar a Don Ramón, muy de vez en cuando, en viajes de trabajo, vivir y comer en establecimientos lujosos y disfrutar de él haciendo guarrerías con las pastillas que él traía, porque fuera de la oficina era otro; no le importaba la oficina; no le importaba su novio, que confundía hacer el amor con una complicada, larga y aburrida gimnasia. Lo cierto es que nunca se había corrido, ni calentado, por la penetración de un hombre. Quizá por eso le daba tan poca importancia: no pasaba de ser una molestia, no más que cuando en un cóctel la sujetaban por el codo para que no pudiera abandonar una horrible conversación. Todo el mundo pensaría que se dejaba utilizar por los hombres, confundiendo la indiferencia con el interés.

***

Irina trabajaba en períodos de varios meses en los bares de tarde y noche de Madrid, cuando se había quedado sin dinero, y con lo ahorrado dejaba de trabajar otros meses para dedicarse a lo único que le interesaba: escribir poemas mínimos en el tratamiento de los objetos, pero largos en la extensión, que cuando tenía ocasión recitaba en bares, de memoria, mirándose las puntas de los pies. Necesitaba muy poco para vivir y ocupaba gratis un apartamento minúsculo que le había cedido su tía Berta. Irina, quizá por la ausencia de otros sentimientos hacia las personas, se sentía muy unida a toda su familia. De lejos, si estaba detenida, cualquiera la tomaría por un joven delgado, pero cualquier movimiento revelaba que era una mujer. Solo había tenido dos pequeñas historias de amor, que no le habían interesado, y apenas tenía amigas o amigos, que la sacaban de la concentración que consideraba necesaria para su obra. De cuerpo tan tenue, era solo ojos, donde el que mirara atención podía encontrar un torbellino de movimiento y vida.

No puso reparo alguno cuando tía Berta le pidió que la acompañara al tanatorio, porque se había muerto la madre de Don Ramón, su jefe. Se puso una ropa deportiva elástica, de color negro, y las gafas de montura roja. Apoyó a su tía, acompañándola en la entrada y los primeros saludos; abandonándola cuando ya se había introducido en un grupo. Salió a fumarse un cigarrillo. Allí fuera solo estaba Lucía, fumando, que inició un conversación con ella. Irina comentó que su tía había dicho que Ramón, el jefe, era una buena persona.

–Pues mira, a mí me parece un perfecto cerdo, como la mayoría de los hombres.

Fumaron dos o tres cigarrillos, casi sin hablar, pero las dos se sentían a gusto en esa mezcla de silencio y compañía; mirarse la una a la otra les producía a ambas una sensación agradable.

En ese momento salieron los dos compañeros que la habían llevado en coche y que ya se iban. Se despidieron saludándose con la mano. Poco después, se dieron cuenta de que ni se habían preguntado el nombre.

miércoles, 22 de junio de 2011

excusa privada e información pública

Lo privado: tardo mucho en actualizar; tardo más todavía en responder comentarios. Y lo que es peor, yo que era un hikikomori tenaz, que visitaba muchos blogs vuestros y participaba en ellos, ahora apenas lo hago. No me gustaría que nadie pensara que he dejado de visitarle a él o a ella. La razón es que han ido pasando los meses desde la fractura de vértebra y las "droguitas maravillosas" van haciendo menos efecto. Estar sentado ante el ordenador me resulta cada vez más molesto. Esa es la explicación de esta pequeña "retirada temporal". Paseando estoy muy bien, sentado en una butaca y leyendo (leo un montón) estoy muy bien y la vida me trata estupendamente... salvo por lo de sentarme en una silla.

El 7 de julio, me hacen una pequeña operación (tan sencilla que me la podría hacer yo mismo si me pasaran un folleto de instrucciones y un kit de herramientas) y espero ir volviendo a mi nivel de implicación anterior (me operan a las 12:30, una hora perfecta para tomarse un vinito o caña a mi salud).

Lo público: el lunes asistí a una de las charlas en las que el catedrático de economía de la Complu Jorge Fonseca nos está dando a la Asamblea 2deMayo para desasnarnos. La podéis ver aquí: http://blogs.publico.es/dominiopublico/3558/pacto-contra-los-ciudadanos/

Pero para el que prefiera no hacer clic, la copio abajo con la ilustración con la que salió en el diario Público, el que da un tratamiento informativo de más calidad sobre el 15-M. El artículo merece la pena.



JORGE FONSECA


El “Pacto por el Euro” fue presentado por el Consejo europeo como un pacto por “la competitividad y el empleo”, “la estabilidad financiera, las finanzas públicas y el euro”, como si un euro sobrevalorado fuese bueno para todos. En realidad es contrario a los intereses mayoritarios, pues destroza la competitividad de las empresas, especialmente pymes, que generan el 80% del empleo, porque el euro fuerte (dólar barato) encarece los productos locales y abarata los de fuera de Europa, provocando déficit comercial, ruina de empresas, desempleo y miseria para millones de trabajadores y una profunda recesión económica que reduce la recaudación impositiva y dispara el déficit y la deuda pública. Las únicas beneficiadas son las grandes transnacionales que deslocalizan su producción a China y otros países, comprando barato empresas locales gracias al euro fuerte y exportando desde allí hacia Europa y EEUU. Especialmente las alemanas, que en la década anterior a la crisis duplicaron su superávit comercial con EEUU.

La recesión y el desempleo masivo dispararon el impago de créditos e hipotecas, jaqueando a la banca que, después de años de especulación con hipotecas, acciones, materias primas y bonos de deuda pública y privada, (creando una burbuja financiera), se enfrentaba a pérdidas y al riesgo de no cobrar los bonos de deuda de los países más desvastados por el euro (Irlanda, Grecia, Portugal y España). Aunque con ayuda de las “agencias de calificación” seguían especulando con sus bonos, con ayuda del Banco Central Europeo (BCE) consiguieron masivas ayudas de dinero y avales de los Estados, que quedaron al borde de la quiebra.

En interés de la banca, el núcleo dominante en la Unión Europea y el FMI bajo la batuta de Alemania impusieron a los países afectados brutales recortes salariales y sociales y el aumento de impuestos al consumo para conseguir superávit que permita pagar la deuda, con un tremendo coste social y más recesión, creando un círculo vicioso de recesión-ajuste- más recesión-más ajuste.

El “Pacto por el Euro” busca garantizar ese ajuste y también mantener un euro sobrevalorado (nada justifica su revalorización del 50% respecto al dólar desde 2003) para beneficio conjunto de las transnacionales y la banca, que otorgó créditos en euros y tiene deudas en dólares, (por lo que, a euro más alto, más ganancia). El BCE, con el argumento absurdo de combatir la inflación, incluso cuando el riesgo es de deflación, en la crisis mantiene los tipos de interés cinco veces más altos que en EEUU, lo que atrae capitales especulativos y revaloriza el euro a costa de encarecer el crédito y acentuar la recesión. Para pagarla, los países con más deuda realizan una masiva privatización de activos públicos (en España desde la muy rentable Loterías del Estado, las Cajas de Ahorro, el abastecimiento de agua, hasta segmentos de la sanidad y la educación, bocados apetitosos que garantizan altas rentas). También bajan impuestos al capital, suben los del consumo y las tarifas de servicios, bajan salarios públicos y privados, reducen pensiones y aumentan los años de trabajo para jubilarse. El Pacto también exige “descentralizar la negociación colectiva” para reducir la fuerza de los sindicatos, y la “flexibilización laboral” para reducir derechos laborales. El “Pacto”, por tanto, es contra Europa y sus ciudadanos y provoca lo contrario a lo que pregona pues empeora la competitividad y multiplica la deuda, divide a los europeos y fortalece a la ultraderecha.

Quizás algunos empresarios crean que les beneficia, pero para la mayoría que vive del consumo interno, y principalmente para las pymes, es un espejismo, pues profundiza la crisis y expande la pobreza, destruyendo el presente y el futuro de generaciones enteras, pues provocará una década de estancamiento, como en América Latina en los ochenta, pues todo esfuerzo por mejorar competitividad es barrido por efecto del euro sobrevalorado.

Los países del Sur deberían exigir una devaluación programada del euro (hasta equipararlo al dólar), que ayudaría a su existencia. Y a la cohesión social, seriamente deteriorada. Además de un euro competitivo se requiere una reforma fiscal que combata el fraude fiscal (podrían obtenerse 50.000 millones), y grave a los 100.000 españoles que concentran un billón de euros de riqueza (con un impuesto del 5% aportarían otros 50.000 millones). También que elimine privilegios fiscales y prohíba operar en paraísos fiscales (el 80% de las empresas del Ibex35 lo hacen). La creación de una banca pública eficiente con control ciudadano a partir de las Cajas de Ahorro, en vez de privatizarlas, ayudaría a financiar un nuevo modelo productivo y un plan para recuperar la economía y la confianza de los ciudadanos, muy debilitadas. También hay que desandar la reforma laboral y la de pensiones, ayudar a familias al borde del desahucio en vez de a la banca y adoptar medidas que reactiven la economía (empleo público de parados para cumplir con la Ley de Dependencia, por ejemplo), y que combatan la exclusión social. Estas podrían ser las bases para una democracia auténtica que acabe con el totalitarismo de mercado, en el que el capital financiero suplanta a la voluntad ciudadana.

Jorge Fonseca es catedrático EU de Economía APlicada de la Universidad COmplutense y miembro del COnsejo Científico de Attac.

Ilustración de Javier Jaén

miércoles, 15 de junio de 2011

El 19-J: todos a la calle

[ACTUALIZACIÓN]

Nada justifica que ayer se "cercara el Parlament. Me habría parecido estupendo que se acercaran 500.000 personas para decirles que "no nos representan", pero manteniendo un amplio camino abierto para que entraran y salieran cuando y como quisieran. Fue un error, que rápidamenteha sido reconocido por todas las asambleas. Desgraciadamente, las radios y periódicos que más leña dieron con el tema, no han mencionado la asunción de que lo hicimos mal: viva la prensa libre.

Pero los que mandan a los mossos buscaban más sangre y han sido pillados en este vídeo. PRIMERO, porque en este vídeo se ve cómo un mosso dispara a corta distancia contra la gente y el comportamiento de esta es pacífico. SEGUNDO, porque manifestantes que siguienro a los "antisistema" que habían montado la bronca vieron que se juntaban, llevaban pinganillos y, al final, la policía de uniforme viene a reacatarlos como compañeros.

¿NOS PODEMOS PERMITIR UNA POLICÍA QUE, APARENTEMENTE, INICIA LA VIOLENCIA?

Que cada uno lo piense y se vaya situando. Este es el vídeo:



*****


El pacto de Euro es una colosal estafa concebida solo para favorecer los beneficios de la banca y de las grandes empresas.


Este es el principal objetivo por el cual debemos salir TODOS, de nuevo el próximo 19-06 a la calle

El objetivo general del Pacto según sus firmantes

Los firmantes del Pacto afirman que su objetivo general es hacer frente a la deuda incrementando la competitividad de la zona euro, es decir, facilitando la presencia comercial de las empresas de los países que utilizan el euro en los mercados mundiales.

Para bajar los salarios nominales recomiendan reformas como las siguientes (Los entrecomillados son citas textuales del Pacto que se puede leer en:http://www.consilium.europa.eu/uedocs/cms_data/docs/pressdata/es/ec/120310.pdf):

-“Revisión de los acuerdos de fijación de salarios”, para restringir sus posibles subidas.

- “Revisión del nivel de centralización del proceso de negociación” para reducir el poder negociador de los trabajadores y así evitar que puedan presionar al alza los salarios al defender su capacidad de compra. Como es bien sabido, cuanto más centralizado esté un sistema de negociación colectiva más trabajadores participan en la negociación y, por tanto, más fuerza tienen. Por el contrario, cuanto más descentralizada sea la negociación (como quieren los líderes neoliberales europeos), más difícil resulta a los trabajadores defender sus derechos o conseguir salarios más elevados: si se negocia a nivel estatal, por ejemplo, los trabajadores pueden tener gran fuerza de negociación pero si se negocia a título personal, no tendrán ninguna. Los firmantes del Pacto proponen esta revisión para que se pueda ir descentralizando la negociación porque saben que así bajarán los salarios, que es lo que buscan.

- “Garantía de que la fijación de salarios en el sector público contribuye a los esfuerzos de competitividad en el sector privado”. Es decir, que los sueldos de los trabajadores públicos se reduzcan para que no sirvan de referencia al alza a los trabajadores del sector privado.

-El Pacto del Euro es un pacto contra los trabajadores europeos.

…además, hundirá a la economía europea puesto que al reducir los salarios disminuirá también el gasto que se realiza en Europa lo que se traducirá en menos ventas para miles de pequeñas y medianas empresas que viven de las compras que realizan los asalariados europeos.

Desde este punto de vista, los únicos beneficiarios del Pacto son las grandes empresas globales europeas,

Y como estas últimas, las pequeñas y medianas empresas, son las que crean la mayor parte del empleo (alrededor del 70% de media en toda Europa) podemos decir que el Pacto del Euro es igualmente un pacto contra el empleo.

La idea de que lo que hay que hacer para crear empleo es abaratar el trabajo y facilitar las condiciones de contratación en los mercados laborales “flexibilizando” (Es decir, DESPIDO MÁS BARATO, hasta llegar al DESPIDO LIBRE) las relaciones laborales, de la que parte el Pacto, se demostró que es falsa hace más de setenta años. Es la idea que supone que el empleo se crea solo en función del precio del trabajo sin considerar que el empleo depende, en realidad, de la demanda efectiva que haya en el mercado de bienes y servicios porque, por muy barato que sea el trabajo, si los empresarios no venden los productos que fabrican no contratarán trabajadores.

Por eso el Pacto del Euro es una falacia y un engaño como instrumento para crear empleo. Lo que sí conseguirá el Pacto del Euro será precarizar aún más el empleo en Europa, hacerlo más inseguro y temporal.

El Pacto recalca la necesidad de garantizar la aplicación del Pacto de Estabilidad y Crecimiento que obliga a reducir los déficit presupuestarios, ES DECIR: REDUCCIÓN DE LOS SERVICIOS PÚBLICOS por debajo del 3%, para lo cual se recomienda reformar el sistema de pensiones, el sistema sanitario y las prestaciones sociales, es decir, los gastos que tienen un impacto más directo sobre el bienestar social pero, eso sí, que significan provisión de bienes (pensiones privadas, sanidad privada, cuidados privados, etc.) muy rentables para las empresas privadas (Para entender las falsas razones en las que se basa el Pacto de Estabilidad puede verse, "¿Por qué el 3% de déficit público y no el 2 o el 7? Mentiras y verdades sobre los déficit y la deuda" de Juan Torres López).

Para reafirmar estas medidas antisociales, el Pacto insta a “traducir en legislación nacional las normas presupuestarias de la UE establecidas en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento” con objetivo de garantizar que posean un “carácter vinculante y duradero suficientemente sólido”. De hecho, se propone que se introduzcan en leyes marco o incluso en las propias constituciones.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=130341

(Y esto ya es mío: ¡y pensar que si se prohibieran los Paraísos Fiscales, refugios para dinero opaco e ilegal que no ha cotizado, y que cada día que está ahí ROBA a los ciudadanos del país de su dueño, por no pagar los debidos impuestos!)

lunes, 6 de junio de 2011

miscelánea de pequeñas cosas (3)

1. Hermosos fracasos

De los éxitos hay mucho que aprender: separarlos bien lejos del deseo de achacarlos a la propia valía. Los fracasos no tienen que enseñarnos nada: muestran lo que somos y las ganas de seguir siéndolo. En  otra miscelánea conté la lectura pública de extractos de El Watusi, en la librería de Javi, con cuatro lectores y un oyente (además, amigo).

Para el sábado pasado, había preparado la lectura en mi casa de un libro de poemas de Jesús Aguado. Soy muy partidario de la lectura oral y podía ser el punto de inicio de una costumbre: leernos para hacer oído. Convoqué por mail al antiguo grupo de debate sobre poetas y a la gente del Taller de narrativa. Recibí varios mails apoyando la cita, unos en privado y otros con respuesta a todos. Como conozco a la gente, ya decía en la propuesta que con que fuéramos tres, había quorum y se leía el libro. Compré bebidas y, cerca de la hora de inicio, me serví una copa, puse un disco de jazz (Sony side up, de Dizzi Gillepie, Sony Stitt y Sony Rollins) y me puse a leer. Cuando terminó el disco, me puse otra copa y escuché uno de Art Blackey. Cada vez que recorría el pasillo (a coger hielos o ir al baño), pasaba el dedo por el delgado lomo del poemario que deberíamos haber leído.

Pero no vino nadie. Y la verdad es que no me importó. Era sábado, ya de noche, y el barrio, con sus 500 bares, estaba espléndido.

2. Una serie nueva de poemas

Ahora paseo mucho, casi como en las derivas situacionistas. Y, sin darme cuenta, voy escribiendo poemas sobre acontecimientos. Os pongo aquí el número 2.

 2


Hoy me he levantado con el piar de los primeros pájaros.

¿O serían los terceros? En esto de los pájaros engañarnos es fácil.

He leído el correo. He abierto dos periódicos online

y los he cerrado sin leer ninguna noticia. No la había

ni de ti ni de mi ni de ninguno que nos interese.

He salido a tomar un café

He paseado hasta una plaza, a comprar una revista de literatura

He tomado un segundo café en otro lugar y he vuelto a casa.


Ha sucedido exactamente entonces:

un viejo ha salido al balcón de una planta baja

con una bata gruesa de rayas verticales blancas y azules

casi hasta los pies. (Dejaba ver abajo un trocito de pijama).

El viejo ha mirado, adusto, el espléndido día y he visto,

en sus ojos,

que se dio cuenta de que lo mejor del día ya había pasado.

El resto, era espera.


Pensé en el piar de los primeros pájaros, o de los terceros,

como en un pasado remoto y feliz.

jueves, 2 de junio de 2011

Relato de Taller: tema libre

[Llevaba casi dos meses que no me apetecía escribir narrativa, le había perdido el gusto. Solo poesía (pero escribir poesía es como pasarte el tiempo talando un abedul con una cuchilla de afeitar). En varias ocasiones no entregué relato, porque solo había conseguido una piltrafa. Pero esta vez, después de haber entregado hace dos semanas algo vergonzoso, era tema libre y me dije a mí mismo que iba a coger la piltrafilla que no presenté el día en que el tema era un relato de tema "fantástico" y pasear la historia por el barrio, como hacía antes. Entregué mi texto y me volvió a resultar un placer escribir la historia. De su valor, para que el placer sea total, me despreocupo].


El valle de los tres caseríos

Peledrina, Otero y Lobo nacieron el mismo día en tres caseríos cercanos, en un pequeño valle que casi lindaba con el pueblo. Peledrina era morena y tenía una tez blanquísima que no oscurecía aunque se pasara el día entero en la calle; Otero era rubia y el aire le ponía la tez tan morena que sus cabellos parecían de paja agostada; Lobo, pelirroja, tenía unos ojos tan azules que mordían. De ahí el mote por el que fue conocida, olvidado para siempre su nombre real.

Nacieron las tres la misma noche, cada una en uno de los caseríos, de familias venidas de lugares muy lejanos. De algún modo, estas gentes tienen códigos y callejones de información, creados hace tantos siglos que no sabríamos encontrarlos: las tres familias se enteraron de que en un pueblo del norte de España, donde es difícil saber si los valles forman las montañas o es al contrario, ofrecían casa, tierras y un poco de dinero para comenzar a trabajarlas a toda familia que tuviera o fuera a tener al menos un hijo que ocupara con el tiempo una plaza escolar, para no cerrar la escuela. De diferentes países eslavos fueron aceptadas estas tres familias, a las que se les concedió un pequeño valle que tenía tres caseríos abandonados. Y llegaron allí, las tres madres con una barriga de 8 meses que era promesa de futuro. Los tres padres, con manos como herramientas poderosas. Los cuatro abuelos de cada familia: los seis viejos con manos de trabajo; las seis viejas con pañoleta de colores en la cabeza y cara y cuerpo de no quedarse ociosas.

Y las tres niñas, a poco que empezaron a gatear se buscaban y reunían. Y crecieron hablando español, nadie sabe por qué, porque los abuelos se entendían en lenguas raras y los padres eran torpes para nuestra lengua. Tenían 4 años Peledrina, Otero y Lobo, y uno de escolarización, cuando acompañaban a sus padres para hacer de intérpretes. Siempre iban juntas, sin dejarse acompañar por nadie. En bicicleta desde que, al cumplir los ocho años, el Ayuntamiento les regaló una a cada una por ser las mejores estudiantes. Revoltosas, algo salvajes y deliciosamente guapas, sobre todo desde que con diez años empezaron a parecer mujercitas. Los viejos babeaban mirándolas y los jóvenes del pueblo, que no podían ni acercarse a ellas, se volvieron sonámbulos y se levantaban de la cama para recorrer, sollozantes, el pasillo de su casa. El pueblo les perdonaba todo, incluso que a veces robaran en las tiendas, sin necesidad de hacerlo, porque cuando había algún moribundo acudían a contarle historias, quitándose la palabra de la boca unas a otras. Y se lo comían a besos. A veces se curaban; el resto de las veces, morían felices y tranquilos.

***
La noche de San Juan, en las que las tres niñas celebraban cumplir 13 años y el pueblo su fiesta patronal. Había aparcado junto a la plaza una furgoneta vieja con restos de cárteles de un grupo musical. Pero solo actuaba un músico, por unos pocos billetes pagados por el Ayuntamiento. De edad indeterminada, piel muy oscura y aspecto de gitano o de egipcio, montó un micrófono con un amplificador y tocó varias canciones con distintos instrumentos, acompañado por cintas que reproducían la música. Finalmente, muy delgado, con botines de piel de cocodrilo, unos vaqueros que parecían pantalones pitillo y una camiseta negra, ofreció números de baile moderno en los que parecía que fuera a descoyuntarse..

Cuando se fue, nadie vio que en las afueras del pueblo le esperaban las tres cumpleañeras y se detuvo para recogerlas. Nadie supo más de él, pero a la mañana siguiente, Peledrina tenía un saxo tenor, Otero un saxo soprano y Lobo un clarinete. Solo les había enseñado a soplar cada instrumento. También les dejó un radiocassette con decenas de cintas de jazz.

Dos meses después, en las vacaciones de verano, tras haber pasado la mitad del tiempo de vacaciones oyendo esas cintas y la otra mitad practicando con el instrumento, ya daba gusto oírlas. Y era evidente que estaban embarazadas. La barriga les fue creciendo y la música más todavía. Había quienes se acercaban al valle para oírlas, sin miedo a que las seis abuelas los tiraran de allí a pedradas, como de costumbre, porque las abuelas estaban en el patio común, escuchando los conciertos.

A finales de marzo tuvo cada una un hijo varón. Todos preveían una piel oscura, pero resultó que Peledrina tuvo un niño muy rubio cuya piel se tostaba fácilmente con el sol; Otero tuvo un niño pelirrojo de ojos azules que meses después ya daba miedo mirarlos; y el niño de Lobo era de cabello oscuro y tez muy blanca. A la hora de dormir los niños, cada una se ponía, con la ventana abierta, a tocar una canción que conjuntaba con las de las otras dos y sonaba la nana más tierna y apaciguadora.

Años después, Peledrina, Otero y Lobo enseñaron a sus hijos a tocar música. Cuando ya estaban tan entregados que no echaban en falta otra cosa, se despidieron de ellos, de sus padres y de sus abuelos, que todavía vivían, y se fueron a conocer el mundo. Una vez al año, por San Juan, volvían en un coche negro y elegante a pasar dos semanas con los hijos. Al despedirse, algo les cuchicheaban al oído que hacía que a estos, que vivían allí tranquilos y felices, se les fuera encendiendo un fuego en la mirada.

sábado, 28 de mayo de 2011

miscelánea de pequeñas cosas (2)

Francisco Casavella y las masas


La librería La Independiente había propuesto un homenaje-lectura al autor del Watusi, llevaba dos semanas anunciado en FB en la web de la librería, en un cartel y, aunque sabíamos que ese viernes todo el mundo estaba en Sol, no lo quisimos retrasar. Compramos un altarcito mexicano en el que pusimos un dibujo caricatura de Francisco, pusimos debajo velas encendidas, dejamos sobre una mesa vasos de plástico, una botella de JW y otra de vino. Íbamos a leer 4 y no llegaba nadie. Decidimos hacerlo (lo que se promete se cumple) e irnos después a Sol. En el último momento, llegó un oyente (amigo, pero oyente). Haciendo las necesarias libaciones antes y después de cada lectura, realizamos el acto: apagamos las luces de la librería, menos las de un ala, desde donde el lector leería en pie, empezamos.

A los pocos minutos, estábamos en la gloria. El estilo de Casavella (las historias no son lo que se cuenta, sino cómo se cuenta: el estilo) nos dejó arrobados y, al terminar, estábamos arrobados y los cuatro lectores nos prometimos releer esas mil páginas este verano: Marina, Javier, David y yo. El oyente, dijo que le habían entrado ganas.

Fuera de la librería, fumando un cigarrito de despedida, porque cada uno iba a Sol por su cuenta, conté lo que me había pasado esa mañana. Era algo negativo contra el fundador de la generación Nocilla, por lo que supuse que podría haber bronca ya que el librero es un gran seguidor de ese grupo. Todos me decía que lo mío era un relato; yo les contestaba que no, que era algo que me había pasado, exactamente como me había pasado. Lo pongo abajo y que cada uno piense lo que quiera.


¿El relato o la vida?
Fernández Mallo y la patata

Necesito tomar el sol. Por indicación médica. Al mediodía suelo ir a una terracita, en sol y sombra, a leer un libro y tomar un vermú. Por primera vez en muchos años, toda la piel que sobresales de la camiseta la tengo de color tostado.

Pero hay un momento especial. En la cocina tengo un ventanal muy grande, que da a un patio de corrala, y a lo largo de toda esa zona una barra de madera pintada de negro. Sentado ante la barra, más o menos a medio día, el sol entra de lleno y puedo tomarlo sin camiseta. Nunca he negado que soy un poco maniático. Necesito que la cocina esté absolutamente limpia, con todo fregado. Cumplidas las condiciones, con un pequeño cenicero sobre la tabla, enciendo un cigarrillo y leo a pleno sol.

Ayer, sin embargo, me encontré con una dificultad (¿había mencionado ya que soy un poco maniático?). Me habían traído varias cosas del Súper, que había colocado en su sitio. Entre ellas, una bolsa de patatas. En la anterior, quedaba una de tamaño mediano, un poco avejentada. Si la ponía en la bolsa nueva, podría ir cogiendo otras y esta acabaría pudriéndose: todos sabemos que una patata podrida apesta. Decidí dejarla sobre la tabla, para que no se me olvidara usarla ese mediodía: me sienta muy mal desperdiciar comida, incluso una pobre patata mediana que todavía se puede salvar.

Me había llevado para leer un número algo atrasado de la revista Quimera y me decidí por el primer capítulo de la nueva novela de Fernández Mallo, el Gran Nocillero. El primer capítulo de una novela te dice mucho: por ejemplo, si quieres leer el resto. Por eso los escritores suelen crear el interés en ese capítulo.

Leía, fumaba, me llenaba de sol (que incluso picaba un poco) y echaba miradas de pocos amigos a la patata, con sus arruguitas, que estaba donde debía estar el vacío. La novela contaba la historia de un tío que se despierta antes de hora, baja a la planta baja y encuentra un dibujo que le parece como de un OVNI y luego, una foto de lo mismo en la cocina, pero descubre que en realidad es una rebanada de pan, con esos agujeros que tienen a veces las rebanadas de pan.

Ante el interés que me producía lo que leía, empecé a echar muchas miradas a la patata. Me caía bien. Leía tres líneas y cogía la patata en la mano. Sus arruguillas me resultaban mucho más interesantes que lo que me contaba Agustín. Poco después, la revista estaba a un lado y examinaba complacido la patata, mucho más interesante que la novela.

Qué bien explicada, la desburbujación

Hubo un tiempo, cuando se formaba la burbuja que al explotar nos ha dejado en bragas, trataba de explicar esto y todos me abucheaban (como a un personaje del cómic animado). Ha llegado la hora de que todos lo vamos entendiendo. Y además, con unas buenas risas.



A disfrutar

martes, 24 de mayo de 2011

miscelánea de pequeñas cosas

I) La cuestión del Estado

Opiniones particulares:

¿Merecía perder el PSOE? Sí.

¿Merecía ganar el PP? No.

¿Merecemos los españoles que, de modo encubierto, la derecha que incluye a la extrema derecha nos gobierne? No.

Con las interrelaciones e historias de estas preguntas y respuestas que opino, que cada uno se las apañe.



II) Almudena Grandes, mon amour

Hoy, en El País, Almudena ha puesto un texto que coincide tanto con lo que siento y pienso, hasta en las comas, que me limito a copiarlo entero.

El principio de todo

Almudena Grandes

Madrid, amor mío, ¡cuánto has tardado en despertarte! Siempre con el agua al cuello, eso sí, cuando todos te abandonan, y los reyes escapan, y los Gobiernos huyen, y pareces dormida, casi muerta, y nadie da un céntimo por ti, entonces, solo entonces, te acuerdas de quién eres. No me refiero a los resultados de las elecciones de ayer, porque no me han sorprendido. Hablo de la Puerta del Sol, de la emoción de reconocerte, de reconocerme con treinta años menos en los gritos de mis hijos, en los gritos de los tuyos, esos chicos que rozan tu cielo con los dedos y me tienen con la boca abierta, el corazón en un puño mientras les escucho decir que no, mientras el mundo entero escucha que no están dispuestos a bajar los brazos. Hasta hace poco, le tenía mucho miedo a este lunes. Imaginaba la mañana más gris, un despertar plomizo en un mayo invernal, cuatro años de condena, mil cuatrocientos sesenta días para atravesar un desierto seco, polvoriento, de sol abrasador y noches congeladas. Pero hoy sé que ayer sólo fue un domingo, el final de nada, el principio de todo, y aunque parezca mentira, estoy contenta. No hay mantas en este mundo, no hay botellas de agua mineral, ni tiendas de campaña, ni pizzas recién hechas para pagar siquiera una mínima parte de lo que el 15-M ha hecho por nosotras. Porque, entre tú y yo, los resultados electorales, las cifras, los análisis, han caducado ya. Ayer es el pasado y el futuro empieza hoy mismo. El futuro puede ser el fruto de una plaza enorme que nunca se ha llenado de gente en vano, y hasta si no lo es, siempre podremos recordar la semana en la que esta formidable explosión de energía nos devolvió el orgullo de ser nosotras mismas.

Elijo la esperanza, porque la virtud del revolucionario es la paciencia. No lo olvides, Madrid, y no vuelvas a dormir, porque estás mucho más guapa despierta.




y III) ¡Ay, Ferlinguetti, cuánto vales!



El 13 de mayo, El País publico una entrevista a Gary Snyder (uno de los mejores poetas beat) y Jim Harrison, otro beat que ahora s novelista, y me interesa menos. Podéis leerla AQUÍ.
Pero lo que me interesa es lo que dicen de Lawrence Ferlinguetti, cuya poesía me apasiona. Algo mayor que los beats, los editó desde su pequeña librería de San Francisco, que todavía existe. Nació el 24 de marzo de 1919, así que tiene más de 90 años. Leed lo que responden cuando les preguntan sobre él¨

P. ¿Qué queda de sus años beatniks? ¿Todavía ven al que con usted, señor Snyder, cuenta como el gran superviviente de aquella generación, Lawrence Ferlinghetti?

G. S. El otro día cumplió 92 años. Nos escribimos correos electrónicos con regularidad. Me refiero a él como "maestro".

J. H. Le mantiene joven esa novia de 27 años que se ha echado. Lo malo es que tiene que tomar demasiadas drogas e ir por ahí con mochila [Risas].
Es inconcebible que no podamos ir a una librería y pedir un libro de LF. Los que se editaron, están descatalogados. Tengo un magnífico ejemplar editado en Málaga por Jesús Aguado y Paco Cumpián. Como despedida, copio uno de los poemas, traducido por Álvaro García. Casualmente, este poeta nonagenario habla en el poema del ¡bipartidismo!

La ropa interior



No dormí bien anoche

dándole vueltas a eso de la ropa interior

Os habéis parado alguna vez a considerar

la ropa interior en abstracto

Si uno se aplica a fondo

se encuentra con problemas espantosos

Todos tenemos trato con la ropa interior

Todo el mundo lleva

algún tipo de ropa interior

Hasta los indios llevan ropa interior

Hasta los cubanos

llevan ropa interior

El Papa lleva ropa interior espero

El gobernador de Lousiana lleva ropa interior

Lo vi en la tele

Debía llevar ropa interior apretada

Pasé mucha vergüenza

La ropa interior te puede poner en un verdadero apuro

Habéis visto los anuncios de ropa interior de hombre y de mujer

tan parecidos pero tan distintos

La ropa interior de mujer mantiene las cosas arriba

La ropa interior de hombre mantiene las cosas abajo

La ropa interior sí es algo

que hombres y mujeres tenemos en común

La ropa interior es lo único que hay entre nosotros

Habéis visto los croquis a tres tintas

que marcan la entrepierna con un círculo

para indicar las zonas de mayor sujeción

con elásticos en tres direcciones

que aseguran total libertad de movimiento



Desengañaos

Todo eso se basa en el bipartidismo

que no permite mucha libertad de elección

tal como está la cosa establecida

América en Ropa Interior

no para de moverse en toda la noche

La ropa interior al final lo controla todo

Ahí están por ejemplo los corsés

Son sin duda una forma de fascismo

de gobierno en la sombra

que hace que la gente se crea

cualquier cosa menos la verdad

y nos dice lo que hay que hacer y lo que no

¿Nuna habéis intentado caber en una faja?

Puede que el Movimiento de la No Violencia

sea la única respuesta

¿Llevaba faja Gandhi?

¿Llevaba faja Lady Macbeth?

¿Fue esa la razón de que Macbeth matara por las noches?

Y la mancha que ella siempre andaba limpiando

¿estaba en realidad en su ropa interior?

Las señoras anglosajonas de hoy en día

deben tener enormes sentimientos de culpa

siempre lavando y lavando y lavando

Fuera, mancha maldita

Ropa interior con manchas sospechosas

Ropa interior con bultos muy comprometedores

Ropa interior en el tendedero gran bandera de libertad

Alguien se ha escapado de su ropa interior

Debe de andar desnudo por ahí

¡Socorro!

Pero no os preocupéis

Todo está apaciguado gracias a ella

En el fondo no habrá revolución

Y la poesía es aún ropa interior del alma

Y la ropa interior aún cubre

gran número de fallas

en el sentido geológico

¡Raras piedras sedimentarias, grietas inescrutables!

Yo de vosotros apartaría ya

una muda muy grande de ropa interior de invierno

No entres desnudo en esa noche en calma

Y mientras tanto

tranquilo y no pases frío ni humedad

Para qué atormentarse antes de tiempo

por culpa de la Nada

Seguid para adelante dignamente

mano a la camiseta

No seáis emocionales

Y así la muerte no tendrá dominio

Hay mucho tiempo amor mío

¿No somos todavía jóvenes y tranquilos?

No grites

jueves, 19 de mayo de 2011

El 15-M desde Alemania

[Ya podéis suponer que apoyo totalmente este movimiento. Quería poner algo, pero no daba con qué. Ayer por la mañana recibí un mail de un compañero de Globalízate, que nos ha mandado a los miembros del grupo (somos muy pocos) y a otros. Nuestra página web lo ha reproducido, pero vosotros no la visitáis. Como además, dice 100 veces mejor de como yo sería capaz de decir el sentido de este movimiento (e incluye acertadas reflexiones adicionales), me parece que su texto me salva la cara y soluciona mi indecisión. Es importante saber que el tono es el de una carta personal a amigos, de un amigo que en estos momentos querría estar aquí. Los consejos que nos da al final son la forma de hablar que tenemos los miembros del grupo, que nos queremos y, sobre todo, sentimos una gran confianza por las actitudes y propuestas de cada uno].


El 17 de mayo de 2011 22:46, Eduardo escribió:

Chavalas y chavales,

Ahí va un textito acerca de como se han vivido desde aquí estos días de intensa movilización en Madrid y en otra tantas ciudades del estado.

Para vosotros.

Edu.

El 15-M desde Alemania

Ayer volvía de Berlín en tren cuando muchos de vosotros empezabais a recorrer las calles iniciando las movilizaciones que a día de hoy todavía continúan. Recibí un par de llamadas, y desde entonces, no resisto la tentación de mirar continuamente la página web de la plataforma, así como las de prensa convencional y alternativa, para ver que va pasando. Ayer apenas pude dormir, tenía una extraña sensación de desasosiego, y a las 8:00 am, al llegar al curro, me he encontrado con la noticia del desalojo de la Puerta del Sol. En ése momento he sentido que me gustaría estar allí con vosotros/as para vivir todo esto en carne propia, y no como un mero espectador.

Me gusta lo que está pasando ahora mismo en España, por primera vez desde el inicio de la crisis en 2008 se realizan movilizaciones en las que se señala a los verdaderos culpables de lo que ha pasado, los grandes grupos financieros, los fondos de inversión, la gran banca, las agencias de calificación… y a los políticos, evidentemente, en la medida en la que han servido a los intereses de los primeros en vez de a los de los ciudadanos. Por primera vez no están en la diana ni Aznar, ni Zapatero, ni ninguna otra cara visible, sino un estado de cosas inaceptable contra el que cualquier persona ya no de izquierdas, sino de buena voluntad, debería luchar. Tampoco es un movimiento construido desde la negación, sino desde la proposición… y las propuestas del mismo son lo suficientemente generales como para poner de acuerdo a un amplio número de personas y, a la vez, lo suficientemente profundas y dotadas de razón como para resultar revolucionarias. Una crisis sistémica requiere cambios reales en el sistema, y así hemos empezado a entenderlo. Las convocatorias del pasado domingo han conseguido lo que hace unos años a muchos nos parecía imposible, movilizar apuntando al centro de la diana, siendo “radicales” en el mejor sentido de la palabra, y al mismo tiempo evitando el sectarismo y los dogmas. Sumando gente desde la empatía y las ganas.

Ayer, Iñaki Gabilondo decía en El País que nunca se había llegado a una convocatoria electoral con semejante descrédito de la política. No estoy de acuerdo, nunca se había llegado a unas elecciones generales con tal descrédito de los partidos políticos mayoritarios (hecho que reflejan fielmente todas las encuestas), los partidos-máquina que funcionan cerrados en sí mismos y ajenos al ciudadano, imponiendo las recetas dictadas desde los grupos de presión financieros y mediáticos. Ésa es la política desacreditada, pero la política en sí, entendida como la conciencia y la necesidad de actuar en los asuntos que afectan a la colectividad, esa política, la real, ha demostrado estar más viva que nunca.

Todo esto os lo escribo desde un país donde la crisis financiera se vive como un problema de los países de la periferia y las únicas causas capaces de movilizar a la ciudadanía consciente son el auge de la extrema derecha y la amenaza nuclear. Un país cuya canciller federal, Angela Merkel, visitó el nuestro hace unos meses para afirmar que nuestro país iba “en el buen camino” con las reformas emprendidas por el gobierno de Zapatero (reforma laboral y de las pensiones), y declarar luego que en el suyo hacían falta ésos jóvenes con buen nivel de formación a los que las buenas políticas iban a condenar al paro y la precariedad. A las pocas semanas, anuncian la próxima inauguración de 23 nuevas líneas low-cost desde España a Alemania. Las manifestaciones de este fin de semana, vistas desde aquí, desde el centro del continente, me han recordado estos hechos y me han hecho pensar mucho en el tipo de Unión Europea a la que nos dirigimos. Un espacio económico profundamente heterogéneo e injusto en el que a los trabajadores, cualificados y menos cualificados, convertidos todos en “mercancía en manos de políticos y banqueros”, no les quede más remedio que ir de un lado a otro en función de las necesidades de las élites. La máquina generadora de desigualdades de la globalización neoliberal no juega sólo en el tablero del mundo, sino también en el de nuestro continente. Los buenos estudiantes, los inteligentes, irán a Alemania, a Dinamarca, a Suiza, a disfrutar de buenos sueldos, excelentes servicios sociales, tiendas Bio y ciudades diáfanas mientras alimentan el delicado corazón de la máquina. El Sur, mientras tanto, quedará para los frustrados, los “resorts” de vacaciones, la policía, los controles anti-inmigración y el “capitalismo popular” a golpe de corruptelas y nepotismo, la crisis permanente y la permanente amenaza del “rescate” o el ajuste estructural.Ayer y hoy, mientras comía al sol en la amplia terraza del instituto de investigación en el que trabajo, rodeado de "cerebros" provenientes de toda Europa, no dejaba de pensar en esto.

Frente al desarraigo y la violencia estructural de la economía deslocalizada, frente al siniestro plato que los gerifaltes que se reúnen en Davos nos tienen preparado para servir intereses privados, ajenos y distantes, frente a la obediencia debida de quienes deberían poner freno a todos estos desmanes, urge una respuesta. La respuesta que han dado previamente islandeses, griegos, portugueses, británicos, italianos, franceses. La que tenemos que dar nosotros/as ahora.

Sigamos así, informándonos, leyendo “Indignaos” y las secciones de economía de los diarios convencionales (que lo demás es la cáscara), viendo “Inside Job”, ayudándonos y participando en todo lo que podamos. Y, vosotros que estáis allí, hablad. Por favor, hablad de todo esto todo lo que podáis y con todos y todas los que podáis, especialmente con quienes piensan de forma muy diferente, como dice M. Benedetti, de tanto hablarlas, las diferencias se achican. Con seguridad y también con mucho respeto, que de todos/as podemos aprender algo. Y si veis por ahí algún mitin callejero del PSOE o del PP, ¡¡intervenid!! Hacedles saber, a los unos, que las crisis no se arreglan con las mismas medidas que la generaron, y a los otros, que no tengan el morro de pedirnos confianza cuando acaban de arrebatárnosla. Y que no cunda el desaliento si el PP gana votos el próximo domingo y os da cruelmente las gracias, o si los cabezas de lista del PSOE os echan la reprimenda poniendo cara de cordero degollado. Esto va a ser largo y lo importante es que siga adelante más allá de las elecciones. La razón está de nuestra parte y acabamos de darnos cuenta de que estamos menos solos de lo que pensábamos, y estos son dos de los ingredientes básicos con los que empiezan las cosas grandes. Lo dicho, mucho ánimo.

viernes, 6 de mayo de 2011

48 horas forzando mis límites

A veces uso la etiqueta “día río”, para hablar de mí un poco más directamente de lo que lo hago cuando escribo sobre lo otro (aunque no hay manera de escribir del “mi” sin que lo otro/los otros ocupen el centro). Este día ha sido de 48 horas.


Empezando por el cuarto y mitad, tuvimos una cena (el miércoles), en la que conocí en presencia a dos blogas. Fue muy agradable, pero apenas pudimos pasar de un ligero conocimiento: una de mis “coqueterías” de señor mayor es fingir que no estoy bastante sordo y, aunque me senté en la silla de la izquierda para dejar en alerta mi oído menos malo, una mesa de ocho me aleja de los que están en el extremo. “Centradito” es mi posición natural, pero ocuparla habría destrozado ese punto coqueto (que, lo que son las cosas, no me importa destrozarlo por escrito).

También estaba Moli. Para mí, es una persona “asterisco”. Los asteriscos son unos signos ortográficos que me dan mucha confianza. Me encantan los libros con muchos asteriscos que remiten al pie de página y te dan las informaciones vitales que quedan fuera del tema principal. Muchas veces he dicho de un libro que lo que de verdad he aprendido de él eran las notas a las que refieren los asteriscos. Moli es la confianza permanente.

Y estaban Di y su compañero. Nos conocimos por la mañana y pasamos tres horas hablando sin parar. Son personas-signo de interrogación de apertura. En un escrito, ese signo abre una duda; como referencia a personas (en mi peculiar código ortográfico-psicológico) significa la apertura a las personas que siempre te plantean puertas a lo desconocido. Di y su compañero anuncian el interés constante. Terminada la cena, nos fuimos los tres a beber un poco más. Hasta que nos echaron.

El jueves, no muchas horas después, un café y una ducha me dejaron como si el día anterior hubiera estado sentado en un sillón. Les llamé para pasar la mañana con ellos y con unos amigos muy interesantes. Volví a casa a comer con mi hijo, que ha vuelto a España y tiene miles de cosas que contarme. Una buena siesta habría necesaria, pero mi sobrina ahijada, a la que estoy muy unido, estaba entrando en depresión. Su compañero tiene una enfermedad degenerativa grave y la situación es ya dura. Realiza un trabajo que ahora ya no puede hacer con la brillantez de antes, simplemente hace lo que puede, y se ocupa de dos hijos de 5 y de 8. Tenía que hablar y hablamos y bebimos, pero la tuve que dejar, porque a las 8 mi gran amiga Elena inauguraba su primera exposición, así que más metro, más andar, más llegar como si estuviera con el cuerpo descansado y la mente fresca. Cuando volví a casa no me dolía solo la espalda, sino las piernas, los brazos y hasta el bigote: cené dos plátanos y tres yogures y solo fui capaz de dejar la bandeja en la cocina, incapaz de agacharme para tirar las pieles a la basura. Leí la introducción y el prólogo de un librito que compré por la mañana en Cuesta Moyano (unas conversaciones con Bacon) y me quedé dormido con el libro sobre la cama (en algún momento debí apagar la luz).

Para las 48 horas, tenía que llegar hoy hasta las 11 a.m. Me levanté pronto, con el café leí que Bildu se presenta a las elecciones y me alegré de estar en un Estado de Derecho (las formas son importantes). Tenía cita con la reumatóloga que me va a tratar: por fin la especialidad necesaria y, como premio, mujer. Profesionalmente, siempre prefiero a las mujeres. Posiblemente me tengan que poner un poco de cemento bajo la vértebra. No apetece mucho, pero sea. Y me voy a curar, me dice, y a dejar de romperme huesos, pero el tratamiento son dos años y todos los días tendré que meterme yo mismo un pico (como hacen los diabéticos). Si tiene que ser, que sea. Y seguro que cuando lo haya echo dos días, será tan fácil como cepillarse los dientes. Pero salí de la consulta con aprensión, quizá porque las 46 horas anteriores había traspasado todas mis posibilidades.

En el pequeño autobús que me trajo hasta casa, iba releyendo un librito de Chantal Maillard del que quiero poner algo en mi otro blog. Y subrayé por segunda vez algo que había subrayado ya en la primera lectura:



«Dejar que la realidad transcurra ante ti. Aquietarte. Desde la quietud, observar el movimiento».

Decididamente, me voy a aquietar.

domingo, 24 de abril de 2011

El escalón Quince de Verónica y Nano


Y todo sigue y se retoma y continúa; pero los procesos permenencen. Para ver la imagen con el texto, hay que ir al blog de Verónica Leonetti: exactamente AQUÍ. Y para dejar un comentario, también ahí.

jueves, 14 de abril de 2011

Encuentros en la Cuarta Fase

Infancia, Juventud, Vida Adulta, Liberación y Preparación para el Fin de Emisión. Las cinco fases de la vida según el marco temporal imaginario que me he creado. Había decidido no tocar este tema, pero al final lo tengo que ir filtrando de uno en uno a todos mis amigos y conocidos; y eso aburre bastante: repetir lo mismo.

Los hechos son: estaba aburrido de mi trabajo y propuse llegar a un acuerdo. Entretanto, la sede de mi multinacional pidió despidos en el mundo mundial. Estos despidos, los paga la central, no son un coste para las sedes locales. Tengo jugosos pensamientos sobre estas prácticas, pero esos me los guardo para mí y para hablar con una cerveza en la mano. Estamos en los hechos. Hemos “caído” varios de los de más años en la empresa (tiene su lógica si se pretende eliminar gastos fijos). Y a mí, bien por eso, bien porque me estaba volviendo un inútil parásito, bien por hacerme un favor después de todos los esfuerzos hechos durante años, bien por mi peligrosa tendencia a romperme huesos de la columna vertebral y tener bajas prolongadas o bien por cualquier otra razón, me metieron en el lote.

Comprendo que a mis compañeros caídos de 55 años les han metido en una situación dura, pero yo estaba a 25 meses de la jubilación. Indemnización total, sin acuerdos, 24 meses de paro (que cotiza por el mismo nivel que cotizabas en el trabajo) y la jubilación, personalmente es un “premio”. Una manera cómoda de no “tener” que trabajar en la vida. Salvo desgracias, de las que nunca se está libre. Porque nunca he creído en la “seguridad”: basta un repasito a la Historia para saber que es un presupuesto falso. Eso no quita que de momento me haya quedado en una situación realmente “cómoda”.

Es decir, entro en la Cuarta Fase: un cacharro viejo y rojo. Así que, después de casi un mes dando tumbos mentales, porque lo mismo te sientes contentísimo que te da vértigo haber cambiado de fase, la quietud ha venido a mí y me he hecho unas cuantas promesas.

Y es que voy a cumplir 63 años en unos días. Desde aquí me parece que han pasado vertiginosamente. Y es bastante dudoso que cumpla otros 63. Así que es mejor aclarar bien las cosas.

Prometo ser un irresponsable. Ya lo fui en la juventud, tanto que tres tipos de muerte que mataron a algunos amigos me rondaban. Pero apareció MiaLola y me salvó de las tres. Lo hizo, además, dejándome que siguiera “jugando”, sin pronunciar un NO. Nos acostumbramos a estar juntos y hasta tuvimos un hijo. Entré en la Vida Adulta y acepté todas mis responsabilidades: hacer todo lo que tienes que hacer para pagar las cuentas; no recoger un pequeño bolso con las escasas pertenencias y desaparecer; dedicar la mayor parte del tiempo a eso. El Ser, la aventura de la vida, quedó bastante fuera (supongo que sabéis de lo que os hablo).

Ahora eso se acabó. Vuelvo a ser un irresponsable, no del modo nihilista de la juventud, pero irresponsable. Voy a dejarme llevar por el azar; leer mucho, despacio y tomando notas cuando me interese: pereza fuera; caminar sin rumbo, dejándome atraer por lo que me llame, ya sea un desconchón en un muro o una sinfonía; volver a frecuentar los teatros, cines, exposiciones, las tertulias, las conversaciones a piel quitada: todo lo que una vida laboral y las energías propias a la edad me impedían hacer.

Prometo comprometerme con mi pareja y amigos que permanecen en la Tercera Fase. Entenderlos, mimarlos, no decir “ahí te pudras” porque el cansancio de la vida de trabajo no me permitía otra cosa. Com-promiso viene a significa con-promesa.

Prometo defender mi deseo de leer y estudiar un mínimo de seis horas. No hay trato posible que me quite esa “condición imprescindible”; y de esas 6 para arriba.

Prometo no aceptar un “no” irrazonable si no se discute y me convencen. Tengo tiempo para discutir continuadamente. Y volver a discutir.

Prometo decir “no” a lo que ponga en peligro las condiciones anteriores. He abierto las puertas a lo múltiple de la vida y no voy a cerrarla por responsabilidades inventadas, si no proceden de las necesidades del amor. Y a decir "no" a muchas de las servidumbres de la vida. Ya no hay nada en lo que tenga que avanzar salvo en mí mismo.

Prometo buscar la transparencia. Del modo que la define Jesús Aguado:

«La transparencia es una cualidad de la inteligencia y también del amor. Además, es una de las características de la confianza en el presente: cuando uno se asoma por una ventana ve lo que ve (una familia cenando, un gato paseándose por la balaustrada, una cortina naranja con lunares blancos, unos periódicos en el suelo) pero no ve lo que fue ni lo que será. Por eso la transparencia nunca puede ser utilizada como testigo de cargo en los juicios al pasado o al futuro. La transparencia habla del ahora, del momento actual, de los instantes que aún no se han desvanecido de la retina o las yemas de los dedos»

Y en esas estoy, como un niño con zapatos nuevos; como un joven con zapatos atractivos; como un adulto con zapatos cómodos. Dispuesto a dedicar tiempo a conmoverme y a asombrarme.

Esto es un trato.

Antes solía celebrar mis cumpleaños con un poemilla ad hoc. Me parece bien repetir el que puse cuando los 59.


A mí mismo

No has sido salvado para vivir

poco tiempo te queda, da tu testimonio.

ZBIGNIEW HERBERT


Llegarás como mucho a un epitafio.

Una desgana

de quedarte en los huesos;

un ansia

de ser polvo

(más duro de roer).

Centrifugar antes el yo no es mala idea.

No dejar nada al final

a la pelea del diablo y de san pedro.

Que no haya última sustancia

allí donde la carne sea una instancia

para el fuego.

 

sábado, 2 de abril de 2011

Ejercicio de taller. Tema: relato intimista del sexo contrario a quien escribe



La nuca




Veo en tu nuca el espigón que corta el horizonte de tu infancia.

Del texto de Lara Moreno en el

libro Mujeres que sueñan





Lo veo dormir; tan pausado, le oigo cómo duerme. Le miro la nuca. Me gusta tanto mirar la nuca de un cuello potente de un hombre, su piel recia, morena. La suavidad de la nuca de las mujeres de cuello largo y muy blanco, con el pelo recogido arriba, me produce una rara excitación; porque no tiene ningún componente sexual. La de mi hombre dormido, luego inocente e indefenso, me da paz. Entiendo aquí por paz la ausencia absoluta de tensión. Su sueño se ha hecho profundo, mientras yo encendía y apagaba varias veces la luz de la mesilla, retomando y abandonando otras tantas el libro de la noche; o iba a la cocina para beber agua y dos veces para hacerme y tomarme una infusión, fumando un cigarrillo; otras dos veces a hacer pis, fumando otra vez. Es tan placentero ir a hacer pis, encender un cigarrillo y quedarte sentada en un silencio tan absoluto que a veces escuchas el crepitar de una hebra de tabaco al quemarse. Regresar a la cama, tras lavarte la boca para que él no tosa y se despierte; y retomar el libro porque sabes que no es la hora de dormirte. Todavía no. Los mil nudos del cuerpo se han ido aflojando pero todavía es imposible tirar de ese cordel que los deshace todos y caer en el sueño.

Porque la cuestión, una de las muchas cuestiones que no son más que facetas distintas de la única, cada una con su brillo y su tono, es que él duerme fácilmente. Le es tan fácil como cenar en la sala, llevar luego los platos a la cocina y fregarlos. Cada espacio para su acción. Así de fácil. Yo, en cambio, esa es la otra cara de la cuestión, la mía, no puedo dormirme hasta que me haya perdonado el día, se lo haya perdonado a él y al mundo. Y el proceso no es fácil. No duermo, aunque mañana me caiga de sueño y use la irritabilidad para mantenerme en pie.

Eso sucederá mañana. Ahora he vuelto a refugiarme en el baño, sentada en el váter pero sin hacer pis, apenas iluminada por el foco lejano del pasillo. Alejarme de esa nuca en paz por la que me siento inclinada a perdonarle todo. A este mi tercer hombre de verdad, el mejor de todos, el que está dispuesto a cualquier cosa para hacerme feliz pero puede dormir tranquilamente sin entregarme a mí el don del sueño tranquilo. Pienso en una historia que me contaron, de una poeta rusa, creo que Anna Ajmátova. Desdichada en el sentido raíz de la palabra, cuando te han quitado la dicha que llegaste a conocer. Lo he recordado ahora porque su marido, también poeta, estaba en un penal soviético en el que a veces el soldado que iba detrás de ti te pegaba un tiro en la nuca y morías sin el miedo de que ibas a morir, casi como si la pistola fuera una madre. Y Anna estaba haciendo cola para poder ver a su marido, cuando la mujer de atrás en la cola le preguntó que si ella era la poeta Ajmátova, y al responderla que sí le dijo: “tienes que contar todo esto”. Me emociona ese pacto entre mujeres tan perdidas que se dormían con el hambre y se despertaban con el dolor. Mientras que yo, aquí, estoy sola en el váter y no tengo a quién contarlo. No sé cómo contarlo. Ni tengo valor para acostarme y dejar que el sueño me venza mirando su nuca, que adoro.

¿Qué mujer me ha preguntado nada? ¿A quién le digo que para mí el tiempo es una continuidad, pero para él son cajas que se abren y se cierran: ahora el momento de divertirnos, ahora el de comer, ahora el de besarnos, ahora no es el momento de saber por qué la factura del gas se come una parte cada vez mayor de nuestros sueldos? No puedo vivir esperando que sea el tiempo designado a los besos, haciendo mal en preocuparme, durante la noche, de cómo solucionar los pequeños problemas, abriendo la caja adecuada al momento. Por eso no duermo, porque tengo mil vías de conversación abiertas y de actos iniciados que nunca se clausuran, nunca es el momento. No puedo abrir y cerrar de nuevo las cajas sin que se me abran mil vías por las que me vierto hacia fuera y me pierdo.

No sé si tengo la obligación de contarlo. Si debo mirarle la nuca en paz y abrazarme a él, sin que él lo note, hasta quedarme dormida. O si debe ser como una madre piadosa y dispararle en la nuca el tiro de un adiós sin explicaciones.

jueves, 17 de marzo de 2011

Ejercicio de Taller: Fobias



Por los pelos
Conforme las copas se iban sucediendo, Juan empezó a sentir que su idea se tambaleaba. Ignacio sentía eso tan infrecuente de que el mundo cobra sentido, que los planetas hacen música, que la casualidad te pone delante, con ganas de ayudarte, a quien te puede ayudar. Es más fácil que pase cuando las luces necesarias caen sobre una barra de buena madera, creando un dorado añejo, dulce; peligroso cuando estás solo ante el efecto de luz, lamentando un pasado cuya puerta se cerró; pero cuando se comparte una conversación que nos afecta, ese dorado es el cemento que une lo que es muy difícil separar.
La compañía en la que los dos trabajaban se aferraba a la retórica, ya anticuada, del “up or out”. Cualquiera que tuviera una mínima capacidad de gestión debía pasar por ese rito, esa valoración de un jurado perteneciente a los grupos jerárquicamente dispuestos de tres o cuatro niveles superiores. Cuatro del siguiente, tres de los dos superiores, dos del tercer nivel y uno, que hacía de presidente, del cuarto nivel más alto. Juan era uno del grupo de dos e Ignacio sería el evaluado. Todos estaban de acuerdo, en alguna de esas noches que habían bebido con algún compañero hasta la hora de volver a casa, ducharse, cambiarse de ropa e ir al trabajo, en que era un método tan estúpido como cualquier otro; que por una parte les destrozaba periódicamente y perdían a hombres de gran valor, en un extremo; que les mantenía en una tensión que no les permitía relajarse, en el otro.
Ignacio se había sentido feliz de que Juan le hubiera invitado a cenar esa noche. Cualquier valoración de los tres de arriba, en uno u otro sentido, tenía el significado determinante. Al menos, eso significaba que Juan creía en él, que quería asegurarse. No se hubiera preocupado de invitarle de tener una posición en contra. Aunque se mantuvo a la defensiva, racional y alerta durante la cena, su resistencia fue cayendo copa a copa en la laguna de dorado añejo de la barra de aquel bar de lujo, con música de un pianista de verdad, tan suavizadas todas las aristas que no era posible escuchar las conversaciones que se producían a pocos metros. Todos sabían que su mujer se estaba muriendo, que no podía cumplir al 100% sus obligaciones; pero conocían también lo que se había esforzado para merecer, precisamente ese año, el cambio de nivel. Todos sabían que era cosa de meses, en los que necesitaría atender cada vez más sus asuntos personales, pero que eso tendría un fin y la lógica señalaba que su único resguardo sería encerrarse en el trabajo, darle a la Compañía el 150%.
Precisamente por saber eso, Juan lo había invitado. Juan era un buen hombre, una buena persona, aunque normalmente en la Compañía había dejado a un lado ese aspecto de su personalidad siempre que fue necesario. Entre comer y ser comido, elegía lo primero; pero cuando no se daba esa circunstancia, es decir cuando trataba con subordinados que no hubieran metido la pata, su comportamiento era excelente y los empleados confiaban en él. Hasta eso, que había hecho sin más razón que un impulso, le había valido para subir: la confianza de los empleados se había convertido en un plus adicional.

Ignacio era pelirrojo, lo que para Juan lo convertía en víctima obligada. Pero por su carácter, y por la penosa situación familiar por la que estaba pasando, no quiso basarlo todo en el color del pelo. Quiso saber si realmente iba a ser un acto malvado oponerse a su ascenso, lo que significaba firmar su despido. Con 16 años, cuando murió su padre, el pelirrojo que le había dado palizas brutales tantas veces como regresó borracho a casa, Juan era un pobre adolescente que no creía tener derecho ni a pisar el suelo que lo sostenía.

De inteligencia muy superior a la media, con numerosos valores, bastaba que viera a un hombre pelirrojo para venirse abajo y acabar sentado en el suelo, balbuceando. La psiquiatra que le trató era una mujer brillante. No abusó de la química, en alguien tan joven, sino de la profundización en su problema. Hizo un protocolo de los avances en su caso, con una primera fase que sería la de desconectar los falsos lazos con cualquier pelirrojo con el que se cruzaba pero con el que no tenía nada que ver. Llegó un momento en el que podía subir a un metro o autobús y seguir hasta su destino aunque hubiera en él un pelirrojo.

La segunda fase, la de interactuar con ellos, fue tan complicada que la doctora llegó a determinar que solo la lucha podía salvarle. Ya no era el niño asustado, sino un hombre de recursos: debía enfrentarse a cualquier pelirrojo con el que tuviera trato. Y la fase fue finalmente un éxito. Incluso con Ignacio ejerció su poder, pero las diferencias de jerarquía apenas le dieron ocasión para ello hasta ese momento de la valoración promocional. Esta vez era por algo importante. Dada la situación personal de Ignacio, y que sabía que merecía ascender, le repugnaba derribarlo sin razón. Por eso le invitó a cenar y a beber en exceso: trataba de buscar algo sucio que justificara ante sí mismo cargárselo al día siguiente.

La doctora, que había cortado hacía años la relación terapéutica, por innecesaria, al despedirlo le dijo algo en lo que Juan había puesto su esperanza de llegar a ser un hombre que actuara normalmente, basándose en la razón, aunque con las pequeñas fobias y filias que todos tenemos. Le dijo que, conforme fuera venciendo en sus combates, encontraría su seguridad interior y un día se daría un cuenta de que un pelirrojo podía ser su amigo y su igual; no su antagonista.

Conforme fue pasando la noche, se sintió animado al pensar que ese día había llegado. Cuanto más conocía a Ignacio, más tranquilo y seguro se sentía en su presencia. La solución se estuvo haciendo sólida toda la noche, faltaban uno o dos remaches. Por los pelos, todo se desbarató. Contaba con que esa noche ni siquiera pasarían cada uno por su casa. Faltaba poco más de una hora para la hora de entrada. Ignacio no resistió la tentación de pasar un momento por casa, para darle un beso a su mujer y contarle lo maravillosa que había sido la conversación con Juan. Y este se quedó mirando el reflejo dorado en la barra, pensando que su subordinado le había traicionado al dejarlo allí, dejando enfriar las buenas perspectivas que había ido creando; sin tener en cuenta el esfuerzo que había hecho para no sentir las ganas de retorcerle el cuello como a cualquier pelirrojo. Si siendo un subordinado tan alejado de él, pensó, había faltado a su confianza, ¿qué le podría hacer cuando, muerta la mujer, se entregara en cuerpo y alma a la Compañía y fuera siendo promocionado a la velocidad del rayo?


jueves, 10 de marzo de 2011

El escalón Catorce de Verónica y Nano

En este blog solo se pone la imagen y un enlace a la página del blog de Verónica, donde está el conjunto de imagen y texto. Es decir, para verlo hay que clicar AQUÍ. Solo se puede comentar en el blog de Verónica.

lunes, 7 de marzo de 2011

Ahora que en vez de pelas nos dan palos

Cuando llegan las tormentas, algunos construyen muros, algunos son arrastrados por el viento, otros construyen molinos de viento.

Lao Tzu

jueves, 3 de marzo de 2011

Ejercicio de taller. Tema: una canción

 
 
La reproducción del vídeo de You Tube, por lo visto no era legal y dejó de funcionar (podeís verlo en http://www.youtube.com/watch?v=0FuD3vSxkl4). Espero que la canción de Goear dure más tiempo. ¡Gracias, por el queo, Sir!).
 
 
Cuando ames no preguntes si te aman

Bonma me ponía nervioso. Era un buen compañero, fuerte, animoso, divertido. Muy sociable con todos; pero no pertenecía a ningún grupo. Los grupos se hacían quedando los sábados y domingos; y él siempre tenía algo que hacer. De su familia no hablaba: se limitaba a poner cara de aburrimiento, como si fuera algo tan evidente que no hacía falta comentarlo. Sabíamos que su padre viajaba bastante a Londres, por lo que tenía unos discos increíbles que te prestaba sin problemas. Podía haber sido un filón exótico, porque entonces casi nadie viajaba, pero si le preguntabas a qué se dedicaba, soltaba un uff, un rollo de negocios de esos.
Fuera del Instituto, de lunes a viernes, nada sabíamos de él. A mí me atraía, por su forma de ser y, posiblemente, por su misterio; que tan bien sabía envolver en una capa de vulgaridad. Me pasaba algo parecido con su sociabilidad; pensaba que la usaba para esconder su soledad.
A veces lo encontraba a mi lado al cruzar la puerta de salida por la tarde. Bajábamos juntos las escaleras que salvaban la diferencia de altitud entre el Instituto, sobre un montículo, y el plano en suave pendiente hasta el mar de la ciudad. Algunas tardes, me desviaba yo al llegar a la Plaza de los Luceros; otras, conseguía mantenerme en la conversación hablándome de los discos que tenía, de las revistas con las fotos de los músicos ingleses, y bajaba hasta la Cruz de los Caídos, donde siempre giraba él hacia la derecha por la Avenida de Madrid, donde vivía, con un seco “hasta mañana”. Yo tenía que girar a la izquierda y subir un poco. Algo molesto por la sequedad de su despedida; me parecía como si escapara.
También me inquietaban algunas frases, poco habituales entre chicos de esa edad, como cuando me dijo que yo era tan delgado que le hacía pensar en los músicos de los grupos ingleses. ¿Qué podías contestar a una comparación así, salida de la nada?

Una tarde, cuando ya me esperaba la despedida, me dijo que le acababan de traer el último single de Dave Clark Five, que tocaban la canción Do you love me y era buenísima, aunque la cara B no valía nada. No habría nadie en su casa y podríamos oírlo sin que nos molestasen. Me llevó hasta su habitación, con una ventana a la calle, puso dos bebidas, dejando la botella en una mesa, y colocó la aguja sobre el disco. Inmediatamente quedé sepultado por ese alud de sonido; ahora es difícil hacerse una idea, porque eso ya es habitual, pero podría compararse con la sensación de quien viera por primera vez un cuadro cubista y, aunque no lo entendiera, supiera por instinto que aquello decía algo.
Poníamos la canción una y otra y decenas de veces. Bebíamos y fumábamos sin parar; él, Bisonte, yo Celtas cortos. Bonma sabía inglés y me traducía la canción. ¿Me amas? preguntaba a cada momento. De pronto se levantó y me dijo “bailemos”. Dimos saltos hasta que hizo la broma de cogerme como si fuera una canción de bailar juntos. Le dije que dejara de hacer chorradas y él se bebió el resto de su copa y se puso a mirar por la ventana. Era más bajo que yo, pero más fuerte y ancho. Llevaba una camisa blanca con el cuello abierto, sin corbata, y un chaleco de color verde oscuro. Me quedé mirando su cuello, tostado por el sol. Por un momento me apeteció besarlo y me horroricé. Poco después me fui a casa y sentí algo raro dentro de mí, algo de mí que no me gustaba. Ya no volvimos a encontrarnos nunca en la puerta de salida del Instituto.


viernes, 25 de febrero de 2011

Conversaciones mal conducidas

Me preguntas que si el dolor.
Si no se sale de su sitio es un juego

una cuerda que suena sola sin pulsarla.

Lo que te decía es lo de mirar por la ventana

temiendo que pueda ser ahí fuera donde sucede algo.

lunes, 21 de febrero de 2011

Ejercicio de Taller sobre las otras literaturas


Los Bowles en El cielo protector

Un pastiche à la Pierre Michon

Prueba A: familia suburbana americana de los años 50

Conviene no precipitar las cosas mirando solo lo que es. Ya que pasaremos juntos las próximas horas y ha dado la casualidad de que nos han puesto la película de Bertolucci y luego me ha visto sacar esta biografía ilustrada de ellos, preguntándome sobre la “veracidad” de la película, he seleccionado estas tres fotos y le ruego que se fije bien en la primera, la Prueba A. No crea que no tiene relación. Es una foto de autor desconocido, de los años 50, que parece representar a una familia suburbana. Y digo parece, porque no es una foto de una familia, sino una representación de unos valores de clase media americana: hombres que trabajan en la ciudad, ganan un buen sueldo, regresan a casa en tren y en la estación encuentran el coche y vuelven a la casa, donde son recibidos por la mujer y los hijos, se toman un Martini, cenan un asado y ven la televisión con la familia. Ese el valor a perseguir; muy distinto de la enajenación de la que escribe Cheever en su cuentos sobre estos personajes. Le hablaré de eso si tenemos tiempo.
Los Bowles pertenecen a la clase media alta, de gustos europeos y distinguidos. Dentro de esa clase, son de los que comparten el horror por esos valores con todo tipo de artistas, como la generación Beat. Ellos no iban a vivir en el suburbio rural, sino en algún apartamento de Nueva York. Pero en los restaurantes, los clubs, se encontrarían con las parejas de los suburbios en su salida semanal. Un ambiente asfixiante. Y ahora podrá ver de otra manera, entender mejor, la película El cielo protector que acaban de ponernos. A su pregunta, le diría que sí, que es biográfica; al modo, claro está, en que los escritores se basan en su vida.



Prueba B: Jane Bowles

 ¿Se fija bien? Una joven sofisticada que vivió la bohemia artística de Greenwich Village, Nueva York, donde regresó después de que la familia la enviara a Suiza para que se curara de una tuberculosis, iniciándose en la bisexualidad. Cuando en 1938 se casó con Bowles, ya era así. En el 43 escribió su libro más conocido; no está mal, aunque algunos de los grandes de la literatura norteamericana consideran que ha sido subestimada. Y el en 47 se van a Marruecos y allí se quedan.


¿Que en la película él muere y ella acaba con la mente confusa tras haber amado a un árabe? Lo que se cuenta, son las cosas; lo que no es lo mismo que decir que las cosas sean como se cuentan. Si leyera más y no se basara en las películas vistas en un avión, seguro que esto lo tendría mucho más claro. Mire la Prueba C.



Prueba C: Paul Bowles

¿No le parece que la habitación, la pequeña esquina que se ve, es tan desasistida como aquella en la que muere el protagonista? Y como las fotos no son inocentes, me pregunto si el que muere es el protagonista o es el Paul que llegó a Tánger con Jane como pareja. Piense en ello como una clave de lo desasistido de Paul en esta foto que le hizo Allen Ginsberg, de un Paul que quiere ser visto así, en una de las pobres pero frescas habitaciones de los fuertes del desierto, que quiere lanzar así su grito de “no tuve nada que ver con ese final de Jane”, o que influyó para que en la película fuera así la habitación del que muere. Porque Jane ya había escrito su obra antes de llegar a África; solo añadiría una obra de teatro. Mientras él llegó como músico, pero se convirtió en escritor. ¿No sería ella la abandonada? En aquellos tiempos, Tánger era un centro social occidental, con palacios propiedad de millonarios americanos y europeos en los que se celebraban continuamente fiestas de fastuosidad oriental, a las que los Bowles asistían, él con un sobrio esmoquin, ella elegantemente vestida. No fue donde empezó a beber, traía esa costumbre desde Nueva York, pero fue ahí donde su vitalidad quedó frenada por el alcohol y las amistades intelectuales y artísticas que les visitaban continuamente. No hay culpables, aquí; lo que hay son dos seres que se conocieron libres y fueron lanzados por su destino a vivir libres; no me negará que eso queda claro en la película. Simplemente, ella no se dejó proteger por el cielo solar de Marruecos, un cielo que actuaba más como una capa mineral, y la circulación de la sangre se ralentizó con el alcohol, que le causó un derrame cerebral en el año 57 por el que visitó varias clínicas europeas, con largas estancias en Marruecos, hasta que fue finalmente ingresada en una clínica de Málaga, donde murió en 1973, confusa como la protagonista de la película. No hay culpables de la vida de una escritora que no escribió con un músico que sí escribió. Los últimos años estuvo relacionada con la horrenda, mayor, pobre y fea Cherifa. Hay quienes se extrañan de eso.



Usted no se extrañe. Esas cosas pasan. ¿Acaso no ha oído hablar de la influencia amatoria de la fea haitiana Jeanne Duval sobre Baudelaire, que la llamaba la “amante de amantes” y la “Venus negra”? ¿No? Si quiere le hablo de ella, para pasar el tiempo. Permítame dormir una siestecita primero, mientras dejamos de sobrevolar el mar eterno.

domingo, 13 de febrero de 2011

El escalón Trece de Verónica y Nano



Hace tiempo que no salía ningún escalón y conviene refrescar la memoria. Los cien escalones es un proyecto raro que nació en la Red; históricamente, como las ilustraciones que Verónica Leonetti empezó a hacer de mis textos. Después, se ha producido un "cruce desde la distancia" y no me atrevería a decir cuál es la causa y cuál el efecto. El proyecto sería de muchos años, aunque se dividiría por tramos, como una escalera real. Ahora estamos en el primero.

Poco a poco, hemos ido encontrando el modo de exhibirlo. En este blog solo se pone la imagen y un enlace a la página del blog de Verónica donde está el conjunto de imagen y texto. Es decir, hay que clicar AQUÍ. Otra "costumbre" de la casa es que en estas entradas solo hay acceso a comentarios desde el blog de Verónica.


Pero esta vez hay algo más: dentro de unos días, Verónica y yo nos vamos a conocer, y vosotros podéis hacerlo, acudiendo a este acto:

El próximo sábado 19 de febrero a las 17.00 h. en en el bar-librería Entrelíneas (C/ Gonzalo de Córdoba, 3. Metros Quevedo y Bilbao, Madrid) tendrá lugar la presentación de Cuentos inhumanos (Saco de huesos ediciones).


Tendremos el honor de compartir presentación con el libro de relatos Texturas del miedo, de Ignacio Cid Hermoso.


Allí estaremos José Miguel Vilar-Bou, Ignació Cid Hermoso, José Ignacio Becerril (maestro de ceremonias) y esta servidora.

lunes, 7 de febrero de 2011

Lo que los medios de comunicación no cuentan

Estas cosas pasan. Constantemente. Pero, oye, me alegro de tener un blog y contarla a unos pocos. La he sacado de globalizate.com y sé que es auténtica. Tampoco es tan terrible que algunos se enteren de que pasan y los periódicos nunca las cuenten. Este David no me parece un tipo peligroso:  por cómo lo cuenta, hasta con humor, podría ser yo mismo, pero él debe andar por los 40 años y ser profesor (sabe no acentuar "solo" y poner el signo de puntuación detrás del paréntesis de cierre).

Hay que pararles los pies aunque sea solo con un brazo


David, manifestante apaleado en la manifestación del 27-E en Madrid (07/02/11)

El jueves 27 de Enero se producía una manifestación en Madrid en protesta por el último ataque del gobierno de Zapatero a la clase trabajadora de este país, en este caso además con el apoyo y firma de los sindicatos mayoritarios CC.OO y UGT. El lema hay que pararles los pies abría la manifestación y para saber el porqué del final del título debéis leer el escrito entero.

Aunque la historia se produjo la tarde-noche del jueves, empezaremos el relato por el telediario de TVE del día siguiente. El azar nos condujo a que la noticia sobre las revueltas en Egipto y las revueltas en Madrid de la noche anterior se emitieran seguidamente. En primer lugar la corresponsal en Egipto narraba los sucesos del siguiente modo: “grupos de manifestantes actúan en legítima defensa propia ante la actuación desmesurada de la policía y el ejército”, al final comunican que el número de muertos de la población a lo largo y ancho del país se encuentra alrededor del centenar. (Por cierto, no entiendo como los medios de comunicación españoles con su potencial económico e intelectual, durante años y años no se habían dado cuenta de que existían dictaduras a escasos kilómetros de sus fronteras yéndose habitualmente mucho más lejos a reconocerlas, pero bueno este no es el tema en esta ocasión). Después narraban los hechos de Madrid del siguiente modo: “extremistas, radicales de izquierdas siembran el desorden y destrozan el mobiliario urbano en el centro de Madrid agrediendo a las fuerzas policiales incluso con petardos caseros llenos de clavos con un balance de ocho policías heridos”. Asombroso. Pero sus razones para el diferente tratamiento son de sobra conocidas por nosotros.

La mani comenzó a las 19 horas en atocha y se dirigiría hacia Sol y el Congreso de los Diputados. El ambiente era bastante festivo a la par que reivindicativo a pesar del frío, y la protesta transcurría sin incidentes. Cuando llegamos a la altura de Sevilla los antidisturbios cortaron el paso con la intención de no permitirnos llegar al congreso. Allí con su habitual provocación, lanzaron algunos botes de humo y algunas pelotas de goma para dispersar a lxs manifestantes. El grueso se fue hacia Sol, donde más o menos la gente se fue yendo hacia sus casas, pero parece que la ruptura de la luna de un coche de municipales aumentó la agresividad con la que estaban actuando. Como perros de presa batieron la calle Montera repartiendo a diestro y siniestro (pero nosotrxs debemos estar hechos de otra pasta pues aún sin ir vestidos como robocop, los medios de desinformación confirmaron que entre los heridos no se encontraba nadie de lxs nuestrxs). Mientras todo esto pasaba, Lucía, una amiga y yo nos metimos en una zapatería a esperar que el nuevo escuadrón de antidisturbios municipales pasara. Y ellos pasaron pero en la tienda dejaron una “infiltrada” de unos 20-25 años que dedicaba su tarde al sano consumo de calzado y que tras mostrarme su desprecio y escasa solidaridad hacia la clase trabajadora y hacia la lucha que manteníamos por un futuro más digno y justo de todxs, se lanzaba sobre mí, brindándome una patada y lanzándose sobre mi cuello sin soltarlo ante el estupor de lxs demás. Ahí no quedó la cosa, porque se le ocurrió la gran idea de avisar a los perros hambrientos que volvían sin apenas caza, diciéndoles: “aquí hay uno de esos” “uno que me ha querido pegar”, y así un grupo de ocho robocop (antidisturbios municipales, un nuevo cuerpo funcionarial) entraban en la tienda con actitud violenta a la búsqueda de “terroristas urbanos”. Viendo la cuestión bastante fea salimos discretamente y con miedo de la tienda, no obstante dos de ellos me terminan siguiendo y cuando alcanzo la esquina de montera con la puerta del sol y a la altura de las lecheras nacionales llega el primero de ellos, que mientras el segundo le grita que lo deje, me da un porrazo (del que supongo me protejo con el brazo) mientras que un nacional que cerca estaba piensa que si su compañero golpea por que no hacerlo él también y me golpea en la pierna. En ese momento me acojono porque veo el furgón abierto y me veo allí dentro, pero el hijo de puta recoge su impunidad y decide no usarla más y supongo que da media vuelta para reunirse con su manada, mientras sigo caminando y sufriendo en carne propia la humillación, la injusticia, la rabia por la imposibilidad de defensa y el miedo a empeorar mi estado ante cualquier movimiento en una situación de pisoteo de la razón.

La historia acaba una hora después en el Hospital de La Princesa con el cúbito roto y una operación para el lunes a la vista.

Y me pregunto a cuántas personas no les ocurrirá esto mismo tantas veces... sin embargo nosotrxs no somos consejeros de la comunidad autónoma murciana y nosotrxs no somos atacadxs por radicales izquierdistas, sino por los garantes de la democracia.

He pensado desde muchos puntos de vista lo ocurrido, y la absoluta impunidad es lo que aterroriza, a nosotros sólo nos queda nuestra superioridad moral e ideológica, eso es lo que nos permite estar muy por encima de ellos y que esa rabia visceral no nos invada y nos deje vivir. También es terrible pensar que yo podría haber sido profesor de esa chica veinteañera que me “acusó”, que esos valores son los que conseguí transmitirle, que fui incapaz de despertar en ella una actitud crítica y transformadora ante la realidad social, una actitud de solidaridad...

Finalmente y para dar un toque de humor, se podrían ver todos estos hechos como una cadena en la que pagamos el sueldo de las fuerzas represivas del estado, para que hagan su trabajo en defensa de los intereses del capital y nos repriman, generando gastos sanitarios (visita a urgencias, medicamentos, días de ingreso hospitalario, cirugías, bajas laborales...) en fin, movimientos monetarios que engrasan el sistema y aumentan así su PIB.

También me doy cuenta de que desde hace un par de años las fuerzas democráticas de este país nos están dando por el culo de manera absolutamente impune, y en este caso no me refiero a la labor de Zapatero. Primero el señor ex-presidente de la CEOE nos robó y aún nos debe 3600€ y ahora estos guardianes de lo que no nos cansaremos de decir “lo llaman democracia y no lo es” me dejan jodido y “aporreao”.