domingo, 29 de julio de 2007

Gael nos justifica: Amistad Profana, Salvaje Oscuridad (y todos los demás)

Casi dos días desde que volví y leí los comentarios, sin haber puesto el mío. Ahora sé por qué: la respuesta tenía que darla en una entrada nueva. Por la cercanía que veía en todos los comentarios, que celebraban esa “Amistad Profana” de Brodkey a la que se refería la entrada copiada de una libreta de 1999.
Voy a referirme esta vez al comentario de Gael, que nos deja tan pocos escritos que a veces me olvido de que nos sigue leyendo y me sorprendo cuando me entero; pero además, nos sigue leyendo prácticamente a todos. Últimamente he mantenido conversaciones con algunos de los de este nodo en las que decía, más para provocar conversaciones que por otra cosa (aunque había una intuición de amistad griega que es un perfecto error en estos tiempos), que la amistad se daba entre chicos.
Me desdigo aquí mismo. Como dice Gael al referirse a que todo era algo más que un préstamo de libros que nos hacíamos, «Era mi pacto contigo, mi encuentro contigo, mi vida a partir de entonces». Y ciertamente, a lo largo de los años, viéndonos muy poco y casi siempre a instancias de L, ha existido ese pacto, esa confianza mutua, esa... amistad entre chica y chico: pactos y confianza son las claves. «... en esencia aquel entendimiento que empezaba a partir de las palabras de otros. Y que tanto tiene que ver con el curso de la amistad entre las personas», sigue diciendo. Que es una descripción no solo de la amistad entre ella y yo, sino que se parece bastante a lo que hacemos en estos blogs enlazados: entendernos a partir de las palabras de los otros y dejar que crezca la amistad entre las personas. Gael está a punto de decirlo: «Os leo siempre en silencio, leo vuestro amor mezclado con el amor a la literatura, a lo que uno lee de otro y lo proclama, a lo que se genera en estos lugares y me doy cuenta de que todo se ha amplificado y que aquel acto de entrega se ha multiplicado millones de veces a través de entradas como la tuya».
No celebraba (Gael) la amistad que nos une a ella y a mí, sino la de todos nosotros, el "como la tuya" incluye las de los demás en el término de comparación: esta amistad profana entre todos, que se nota en la confianza que nos tenemos. Una amistad de la que ella participa también y por eso corre a ver lo que ha escrito Lara cuando en su comentario Lara anuncia un escrito en la misma dirección.
Desde fuera, desde su aparente invisibilidad que solo rompe a veces, ante nosotros y ante los demás, todo lo que hacemos, las horas de leernos, de transcribir, de escribir, ha sido entendido, descrito y justificado. Algo así es difícil de agradecer en su valor.

Y además de ese canto rotundo a la Amistad Profana (y su necesidad), Harold Brodkey, del que da los 5 títulos en español (creo que hay algo más, sin traducir). Pero hay que hacer una división: tiene 4 libros de literatura (dos de relatos y dos novelas). Esta salvaje oscuridad. La historia de mi muerte, es un diario de esa muerte desde que le diagnostican que es enfermo de sida. No se puede mezclar este libro con los otros. Aconsejo la lectura de los otros (con mucho tiempo porque dos son extremadamente largos, además de densos), pero no puedo hacerlo con este, una crónica lúcida de la muerte. Aunque no contaré cosas que la pudieran identificar o describir un poco, ya que hasta el nombre es un alias, alguien cercano a ella y a mí murió de sida, lo que, además del dolor, nos impulsó a ciertas colaboraciones. Entonces no sabíamos que HB había enfermado, por lo que en cierta manera, también este quinto libro ha producido otra vuelta de tuerca en nuestra unión. También, por aquello y por ser lectores ya de HB, teníamos la perspectiva debida para que nuestra lectura, por una vez, no fuera muy lejana a su escritura (nuestro “enfermo” había sido también alguien de una inteligencia excepcional).
Todas las solapas de sus libros en Anagrama dicen (¿qué editor lo callaría?), que John Cheever (tenemos escritas entradas sobre él) lo definió como un escritor de primera magnitud, que Nancy Hale (que no sé quién es, tengo huecos por todas partes) que unas de las más extraordinarias figuras literarias de su generación eran Brodkey y Salinger, el más importante crítico americano, el pope Harold Bloom, dijo que «Brodkey es un Proust americano, sin paralelo desde Faulkner». Y para terminar los elogios, Susan Sontag afirmó: «Leo cada palabra que Brodkey escribe».

¿Y por qué el olvido en que le tienen? Voy a dar una de esas respuestas de intuición salvaje que suelo aventurar de vez en cuando: porque era “demasiado bueno” y cargaba un poco. Voy a poner unos extractos del libro, traducido para Anagrama por Marcelo Cohen; esta tarde lo he releído por encima para elegir los extractos. Lo hago porque no es un libro de literatura, como los otros, sino un documento excepcional de cómo encara un escritor así ciertas cosas; también es un documento literario imprescindible para los que quieren escribir: ver cómo describe un escritorio excepcional el modo en que encara esas cosas. Pondré un trocito del principio y otro del final, pero no creo que importe porque sabemos cuál fue. Quizá algunos prefiráis no entrar en ese tema. Quizá os baste con el Primer Movimiento: Amistad Profana. Si es así, es el momento de dejar de leer. Siempre se podrá regresar, cuando el segundo movimiento os atraiga.

Esta salvaje oscuridad. La historia de mi muerte
Del principio del libro
Conocimiento de la evidencia
«Tengo sida. Me sorprende. Desde 1977 no he estado expuesto, es decir, que mis experiencias, mis aventuras homosexuales ocurrieron en gran medida durante los años sesenta y setenta,» [...] «Pero al atardecer siguiente había empeorado tanto que no lograba encontrar un punto de equilibrio entre las ráfagas de molestias. No recuerdo haber sentido pánico, pero me encontraba tan mal que por primera vez en la vida me preocupaba la muerte (al menos por enfermedad). Ellen me trataba con una atención incansable y una especie de dulzura, sin atisbo visible de independencia ni ironía. Nunca había sido así conmigo, ni siquiera sexualmente. Hay que conocerla para saber lo raro que es en ella cualquier otro estado que la autonomía. Era extraño cómo la enfermedad se hacía más pesada y se asentaba de hora en hora, con una especie de sorda rapidez. Una y otra vez, con un estruendo, se precipitaba a un nuevo nivel de horror, lo consolidaba y luego se hundía pesadamente en un nivel aún peor. No había nada que parara la asfixia. Yo seguía disimulando por Ellen, o intentándolo, hasta que en una especie de extremo silencio interior dejó de funcionar todo. [...]
Me rendí. Dije que era mejor ir al hospital. [...]
... y me subieron a la ambulancia. Así terminó mi vida. Y empecé a morir».

Estrategias iniciales
«Barry [el médico] habló de tranquilizantes y asesoramiento para lidiar con el shock, la desesperación y la consabida pena. “Estoy perfectamente. Oye, es la muerte, nada más. No es lo mismo que perder el pelo o todo el dinero. No tengo que soportarlo en vida.” Quería hacerlos reír. Quería que me admirasen, cierto, pero también quería que Ellen dejara de temblar [...] Supongo que había decidido intentar que no me humillaran y eso implicaba que no me compadecieran aquellas dos personas, las únicas que en las semanas siguientes vería con regularidad».

Última página del libro
«No puedo cambiar el pasado, y no creo que lo hiciera. No espero ser comprendido. Me gusta lo que he escrito, los cuentos y las dos novelas. Si me ofrecieran verme libre de mi enfermedad a cambio de mi obra, no lo aceptaría.
Es posible que uno se haya cansado del mundo –que esté cansado de los que cagan plegarias, de los que cagan poemas, cuyos rituales distraen y son simpáticos y agradables pero peor que irritantes porque carecen de realidad—y siga queriendo mucho la realidad. Uno quiere vislumbres de lo real. Dios es una inmensidad; mientras que esta enfermedad, esta muerte que está en mí, este pequeño hecho, bien concreto, pedestre, es meramente real, sin milagros ni adoctrinamientos. Estoy en una balsa desamarrada, un punto que se mueve en la blanda, fluida superficie de un río. Por todos mis pensamientos, en ondas cada vez más amplias, se extiende lo desconocido, el tenso equilibrio, los miedos y la precariedad. ¿Paz? Nunca la hubo en el mundo. Pero en viaje por las dóciles aguas, bajo el cielo, sin amarras, yo oigo ahora mi risa, primero nerviosa, luego de auténtico asombro. Me rodea por entero».


Y Harold Brodkey ya no volvió a escribir una sola palabra más que pudiera leer Susan Sontag, o nosotros.

sábado, 21 de julio de 2007

¡Hasta pronto! ¿Quién se acuerda de Harold Brodkey?

Iba a poner unas fotos del lugar al que voy, para despedirme por unos días. Pero no las encuentro (quienes me conocen lo creerán enseguida). Sí encontré por aquí, en cambio, un bloc con notas del año 99 (mes de mayo). No es normal. Hay quien me ha dicho que le exaspero: no es solo a él, también me exaspero a mí mismo; por eso, salvo porque ese bloc o libreta se haya quedado olvidado en algún sitio poco accesible, el destino de todas las notas que he tomado (de lecturas, pensamientos, descripciones, algún poema suelto y no trabajado) ha sido la desaparición. Y ha sido un error, porque no habría estado mal para mí saber cuándo leí algo, o lo que se parecen determinados sentimientos durante un prolongado periodo de tiempo. Todos nos exasperamos, sobre todo a nosotros mismos pero también a los demás, y deberíamos ser más pacientes, porque si no salimos perdiendo: todos salimos perdiendo.

Sin trampa ni cartón pongo aquí las notas del 15, 16 y 17 de mayo de 1999 (el 17 fue lunes, pero sin duda hice fiesta) tal como las encuentro. Con seguridad estaba solo, porque únicamente tomo esas notas cuando me quedo solo y tengo mi ritmo. Además de lo dicho, esas tres entradas me sirven para presentar a uno de mis escritores amados. Anagrama publicó cinco libros de él, que leí en su tiempo, alguno dos veces, con fervor. Creo que deseaba parecerme a él. Si me preguntaran qué 3 escritores me han influido más, el nombre de Brodkey tendría que estar entre ellos.



Notas del 15, 16 y 17 de mayo de 1999

(15) Amistad profana
Harold Brodkey, Anagrama
Escribe como si compusiera una sinfonía, describiendo estados de ánimo, entrelazados con algunos hechos, que va repitiendo incansablemente, con ligeras variaciones (adiciones y sustracciones) cada vez: son los temas; o el Tema: el amor, con la red de relaciones personales de dominación y sumisión que crea.
Pocas veces narra “hechos”... a veces, algún fragmento de una conversación.
Pero cuando has leído 40 páginas, sientes que nunca has estado ante personajes tan reales (de cuya biografía apenas sabes nada) y que nunca has estado tan cerca de nadie como de ellos.

(16)
He seguido leyendo páginas de Amistad profana, intensamente, párrafo a párrafo. Después, me he puesto Grants en una copa grande, he puesto la 1ª de Mahler (Abado) y, fumando, veo entrar las nubes por el balcón de la izquierda, cruzarlo, desaparecer y volver a aparecer minutos después por el de la derecha (más al Este). Se acerca la puesta de sol, que ilumina las nubes desde atrás. Espero la aparición de una nube por el balcón de la derecha, mientras escribo esto.
La tarde no ha terminado, pero sé que lo hará y mi sentimiento dominante es el de la nostalgia por esta tarde que se pierde para siempre en el pasado.
Ya ha entrado la nube, alargada, pizarrosa por arriba, radiante donde está iluminada.

(17)
Terminé Amistad profana, pero no termino de leer a Brodkey. Eso no se termina. Se espera una nueva lectura. No solo porque es HB. Es que en él habla un viejo inteligente y, consciente cada vez más del tiempo que se me acaba, los personajes crepusculares me emocionan.

A veces veo en ti como si fueras agua inmóvil. Otras, mueves un pecho y suben todos los posos, lo que ha ido quedando de la vida, a enturbiar lo que sé. Fragmentos de sabiduría, de miedo, ¿de malicia?
Vosotras tenéis tiempo.
Yo, conciencia de él.
Trato de guardarlo para mí en vuestros corazones;
pero lo veo escaparse en las miradas,
sin agilidad ya, en las manos, para recogerlo.



La última parte del día 17 me resulta tan críptica como a cualquiera que la haya leído. Pero la nostalgia de la tarde que se convertirá en pasado, incluso cuando está sucediendo y es presente, la reconozco como mía. Procurando no romper aunque exaspere o me exasperen, me voy unos días.
Sobre Brodkey, he encontrado en la revista cultural Radar de un periódico argentino este párrafo:
«¿Qué quedó de Harold Brodkey? A diez años de su muerte, la pregunta resuena contra un muro de silencio. En Estados Unidos, donde supo ser una rutilante promesa y una celebridad literaria de primera línea, sus libros están agotados y son inconseguibles, y poco y nada se discute sobre una obra que levantó enormes controversias entre los críticos desde los años ‘60.»
Creo que exasperaba. El olvido es un error.


Pasadlo bien

martes, 17 de julio de 2007

Porque no estás me pongo a cubierto


A veces le hablo bajito, por si está.
Le busco por la calle al caminar.
A veces le echo de menos si tú no estás,
a veces tengo que hacer de tripas corazón.
A veces he de huir, porque no puedo más.
Nena Daconte



¿Por qué no estás?

Cuando estoy solo es porque no estás.
Cruzo la vida y la tarde rodeado
de quienes quiero. Pero tú no estás
y estoy solo.
Hasta que por la noche aprendo
a recordar tu olor y ya estás
y no estoy solo.
Solo cuando no hay nadie no estoy solo,
porque estás.
Mis amigos y amantes se interponen
me interpelan, me hablan.
Los camareros me preguntan lo que quiero.
Ese es el infierno de la soledad
(que vivo con la sonrisa que quiero dar
a quienes quiero).
Tanta soledad en la compañía.
Pero solo, ya estás; y te lo digo:
me quedo aquí acurrucado
escondido de todos hasta que no esté
para estar contigo y no estar solo.
Nunca más solo. Nunca más.
Estás loco, me dices,
me sonríes
y te marchas.
Pero no me dejas solo:
huele a ti la almohada
a ese olor que me dice lo que quieres.
¡Mañana volveré a amarles a todos!,
grito a la sombra que has dejado:
sé que es lo que quieres oír. Y te lo digo
para que vuelvas mañana
otro poquito
te quedes conmigo un rato

y me digas que estoy loco.

martes, 10 de julio de 2007

Pablo LT: un poeta fluxus se ha colado en la zona de exclusión (n1MdP-03)


Un seminarista en celo


Entrada del proyecto Necesitamos Un Millón de Poetas [correo para estos temas: n1MdPs@gmail.com].

Cuando le pedí datos, fotos y textos a Pablo, recibí mensajes con adjuntos y una línea sobre biografía: «Mis dato ya los conoces, si tienes interés en alguno en especial pregúntame. Nací el 31 de Octubre de 1983, eso puedo asegurar.» Tiene razón, sé muchas cosas. Por ejemplo que debía andar espabilándose el vello púbico y ya lo había leído todo, y lo sabía casi todo, de Pessoa y de Proust. Advierto esto para que nadie se engañe con esta gente y su posición Fluxus (ni con él ni con los miembros del grupo Austria): ellos tratan de desacralizar y yo tendré que esforzarme para no hacer lo contrario. La primera vez que lo vi estaba yo en Manuela, debía llevar 3 o 4 cócteles de mezcal (todavía bebía bien) y en la mesa de al lado unos jóvenes, entre ellos una punki lloricosa y uno que bebía absenta, hablaban de cosas interesantes (por ejemplo, Maurice Blanchot; no es frecuente oír hablar de esos autores). Cuando Pablo entró y se sentó a esa mesa creí estar viendo una reencarnación de Tristán Tzara de joven, con monóculo y traje estrecho sobre su entonces extrema delgadez. Terminé la noche con ellos y me enteré de que eran el germen del grupo Austria, que el de la absenta se estaba doctorando en el departamento de filosofía pura de la Sorbona y muchas cosas más.

Hoy estoy generoso: será por las vacaciones que no tengo. El primer regalo, el importante, es que os presento a un genio a punto siempre de perderse, pero salvado en cada minuto por su propio talento. Un genio que pertenece en posición avanzada a ese millón de poetas, aunque que yo sepa (con él nunca se sabe) no tiene libros publicados (sí hay poemas suyos en revistas). Hace tiempo que nos conocemos. Durante cerca de dos años nos enseñábamos escritos (más él a mí) y nos tratábamos de usted. Un día pasamos al tuteo y al abrazo como modo de saludarnos y despedirnos. Presume no de él sino de los demás, sobre todo de ser amigo el poeta mexicano Daniel Saldaña Paris y la amiga del poeta, Cristina, que lo es tanto o más de Pablo; por eso nos toca a otros presumir de él, de Pablo, un agitador cultural de excepción, poeta notable y fundador del grupo Austria. Tuvieron los del grupo tertulia anunciada en Manuela un día al mes y era fácil verlos cualquier día menos el de la convocatoria, que no aparecía ninguno. He estado con ellos en la elaboración del poco encontrable Boletín de Austria: dos máquinas de escribir en una mesa (Manuela), cuartillas amarillas y el carro puesto para tamaño folio, con lo que solo escribía la parte central de cada línea, todos dictando y dos escribiendo sobre las cuartillas lo que buenamente oían.

PLT es un maestro del arte poético postal. Por ejemplo, entre otros muchos mensajes un día recibo una carta (siempre en sobre de avión, cuanto más antiguo mejor) que estaba enviada a “Calle Camarena, sin número, a quien pueda interesar (distrito postal bien puesto)”, pero el remite ponía claramente mi nombre, apellidos y dirección: me llegó la carta a mí, a quien estaba dirigida, tras un recorrido por estafetas postales.
Su mejor obra de arte postal, en mi opinión, es la elección de dos islas próximas a Australia, enfrentadas una a otra como dos riñones, unidas por un transbordador. Ha decidido que será el lugar de retiro de los Austria, para lo que está fundando un museo. Ha convencido al director del transbordador para que participe en un estudio de comunicación europeo, recibiendo con frecuencia objetos que debe clasificar y guardar en un almacén. Esa colección será el futuro Museo Austria, en una de las islas, cuando todos vivamos allí (¡ah!, ¿nos os lo había dicho?, yo también soy Austria y participo como miembro de número en los concursos de poemas pedagógicos). ¿Cómo soluciona PLT la indexación de los elementos del museo? ¡Fácil! Controla las direcciones postales de las dos islas y por cada envío de objeto sale otra carta que cuenta lo enviado y la fecha y va destinado a una dirección inexistente ¡de la isla en la que no está la oficina de correos! Eso es lo que llama “bendición postal de los mensajes”. O sea la carta con la información (y el remite real de PLT o un amigo) sale de Madrid por avión hasta Australia. De allí, en hidroavión, va a la isla donde no está la calle del envío, en el transbordador va a la otra isla, como hay algún problema porque falta algo para la entrega (mal la calle, el número, el destinatario), le ponen “Return to Sender” (sí, como la canción de Elvis Presley), la suben en el transbordador para ir a la otra isla, en el hidroavión, hasta Australia, desde donde un avión la trae a Madrid y por los medios habituales llega a la casa de PLT, que la archiva cuidadosamente: ya hay constancia de otro objeto del futuro Museo.

Pablo LT es como una vanguardia de principios del XX traspasada al XXI con rigor, seriedad y base (y con la risa necesaria para soportar el sorpendente traspaso) . Escribe series de poemas, sobre objetos, naturaleza..., en los que pone la misma emoción que ponemos otros en el análisis del Ser que nos Asola, añadiéndoles un conocimiento brutal de la cultura literaria y la musical (es crítico musical y casi malvive de ello): en todo este tiempo, difícilmente le he hablado de un libro que no conociera. Tras el envoltorio siempre divertido, hay que ser precavidos porque casi siempre hay algo, una explosión controlada detrás de cada acto, cada palabra, además de un corazón tierno cuando te lo enseña (es difícil que eso pase). Me recitó muchos poemas de su serie sobre autómatas, seres mecánicos que había investigado existieron desde la Edad Media. Pero no tengo copia escrita de ninguno, ¡una pena! En el número 7 de Bilboquet (haced clic en ese nombre, que la revista es mi segundo gran regalo de hoy) tiene un ensayo y además Los poemas europeos; no he podido bajarme el pdf, pero se pueden leer pasando el cursor por encima de los mechones de pelo de la ilustración. Sí hay acceso fácil al estupendo ensayo Campo de Marzo del número 6. Os recomiendo deteneros un rato en ese número... bueno, recorred todos los números, algunos de los cuales autocontienen otros: ¡está lleno de sorpresas!

Como tercer regalo, su grupo musical La bande à Bonnot, con su página en "my space" a la que vais haciendo clic en el nombre del grupo, con interesante foto tal como yo le conocí, foto de balcón estupenda y cuatro temas que, con tiempo, merece la pena oír. También hay un vídeo de su última actuación en el que se puede ver con maracas a la casi siempre presente Cristina recién llegada de México DF para la actuación.

Es una pena que, pese a los esfuerzos e instrucciones de Píter, no sepa subir audios que no estén en radioblogs, porque tengo el poema Canción europea recitado por él que es una maravilla (y algún otro). Pero sí tengo poemas escritos, que me han llegado de muchas y complicadas maneras. Como éste, al que le pongo el título que llevaba el mail. Recomiendo con todos sus poemas leerlos en voz alta: Pablo LT no es de este tiempo y se une en él una musicalidad antigua que acaricia y remueve.

egpgb

Te oigo desplegar
volutas de humedades entre las grosellas
oírte con las manos en el pecho
oh clavo que acuna los granos
y las brisas que precedes
y las capitales que laten

¿Para qué es la geografía si no es para tu lentitud?
¿Para qué es el pelaje de los ciervos sino para tu rubor?

Atiende a mi desnudez, conviértela en polvo
Coleópteros, o Cápsulas, Balaustas, Vilanos
Bayas celosas caídas del labio
córtame en los caudales
en los éxodos, mujer dormida
córtame a la forma de tus manchas
viérteme más adentro

¿Para qué es la historia si no es para el dolor?
¿Para qué sino para desaparecer con el musgo?

Y tu pulpa, mujer dormida
pulpa de todos los dientes
pulpa y rocío de sangre
pulpa que acuna las hojas
y el verbo sonrojado de los vidrieros

Desaparecer con el musgo
¿Por donde te nombro si no es en los tilos?


Selección hecha del poemario Historia de Europa


Al oeste van las curas
comprometidos, caminantes, con ropas
las curas de estrecha cornamenta desvían los boquetes en la penetración.
[...]

Han erosionado en minutos
revertido como la cal
han llenado de agua
han ablandado -han deslizado el semblante-
han hecho llorar
al esponjoso desfiladero
han entrado
y ya se suicidan las esquinas de mi hogar.
[...]
Tengo doce hijos que entienden mi amor
quieren cosas
que no acabo de comprender
me abría cerca de uno
que pensaba en explorarme
contra mi voluntad.
Entre el hombre se tendía su animal
y percibí al hijo silencioso como una escafandra
[...]
El presentador de un programa de televisión
se compone de un traje azul pelo negro
y una liquida cara color azul
que amenaza con derramarse.

Muestra un grupo de muñecas desnudas
que se colocan en fila india
una persona está colgada encima de mi puerta
amenaza con bajar.

Una guerra resuelta
“hable con todos esta noche”
ordena una voz
“no se preocupe lo haré”
comenta otra voz
son ecos de guerra
preparen armas
mientras todos se asesinan
yo escucho como me silban los fantasmas
debajo de la cama
sobre la puerta
y en la ventana
reposa pegado un dolor
un sonido de baja definición
que camufla mi infancia
mi infancia
mis barcos
la multitud
las latitudes
todo se hundía
el comando de señores que sin duda eran
tremendamente serios.
[...]

Somos los chicos de la ciudad del valle
nunca sabemos
últimamente pienso que deberíamos andar mas
juntos
como en una comunidad
bajo raros valles
nadie me quiere enseñar inglés
¿y usted?
el inglés es una cosita pequeña
como un pene pequeño...
como un señor gordo
que, a su vez, es poseedor de un pene pequeño...
esta ciudad es fantástica
pero en realidad...
cada uno hace lo que quiere.


Alguien tendría que poner en libro esta Historia de Europa. Entre tanto, leed algunos extractos de poemas botánicos. Es una entrada larga, pero merece la pena.
De Poemas botánicos


Pilea, ver lengua de mujer.
Sopladas en vertical abundan como los muertos
Los sótanos casan en el licor
A la brevedad de los escolares

Se propagan por las ramas, bastando enterrarlas unos
Centímetros en su base, aún cuando sean largas.
Su hoja es breve, como una diminuta porción
De lamento. La almohada del embarazo
Equivale al vidrio roto en la posición del rubor
En el refugio peciolado.

[...]
Lino de la lluvia
Lobelia, enjambre de las damas, madre de la familia
Lunaria; hirsutos, luteres y sus híbridos
Creciendo el exceso ornamental,
Conforme tienen cinco hojas.

*

Camina cenital, y satura de sangre los labios
Verde, minuto singular
Camino, cuestión sanguínea, pequeños cantos de 45 a 60 cm
Y una abrumación sepia, al igual que todos sus dientes ínfimos.

[...]

Las aromáticas:

La menta de agua el orégano el sopor
Hebra terrestre, la familia de las lunas lentibularias
Peces espada, peces barba en pleno furor

Lentiburaceas
Plantas sin raíz, flor, se sube para confundir la tierra con el barro
Posee una mancha blanca en el cuello
Y el labio inferior está hendido en tres lóbulos...

Glándulas minutas
Atemporalizando la Luna, la roseta de sus lunares
Botón sin raíces ardiente bajo el suelo
Durmiendo por todos nosotros

*

Estambres largos con antenas rojas
Flor de color malva a cuatro pétalos
Cáliz rosa de manteras
En disposición floral
A sabiendas del hongo bastardo
Y a las carvas
Son las mejillas redondas y el fruto:

“Cuatro núculas rusas” apenas un fruto


Apenas un fruto, este PLT, ¡y lo que sabe ya! (y a lo que sabe).


lunes, 2 de julio de 2007

Tiene mucho que ver la voluntad contra los vértices




No es elegante la muerte a deshora



A Lara Moreno, en su planeta

Un solo de saxo largo
millones de minutos

L. M.


No me dejo engañar por la elegancia

de esas piernas fuertes, de quien sean,

inanes en la pista de tenis.

Que salten ¡ya! la red

para romper la raqueta en la cabeza

de quien les ganó la partida.

Que sean deseadas, besadas.

Que se traguen hombres o mujeres,

según sus preferencias. Que ayuden

a tener hijos. Si quieren.

Que den patadas a la vida desatenta.

Que amen alboroten huyan

de la rutina. Que soporten el trabajo

por quienes quieren.

Que luchen por un suelo mejor.

Que bailen y den pisotones

en los transportes públicos.

Que tomen el sol sobre una silla

de una terraza de una playa;

junto a los cuadernos y los libros.

Pero que no se queden nunca inmóviles

a la espera del desencanto

por propia iniciativa.


Los jóvenes nunca hacen hermosos cadáveres

por mucho que lo digan las revistas

falsas de falso cine y falso rock.

Lo sé, porque te amé toda una noche

en una playa de Valencia, con frío,

con miedo a la Guardia Civil,

para luego verte en sueños

abriendo el gas de la cocina

el día que se publicó tu primer libro

de poemas. ¿Estaría el que me escribiste

antes de que te traicionara?

He sudado soñando tu cara de terror

al lanzarte de la azotea

sabiendo, tarde, que te habías equivocado.

Te he sostenido la mano en los meses

que te deshacías lentamente por el sida

buscado.

Iba en el coche que no quisiste girar

al acabarse la recta.


Demasiadas pesadillas por la muerte temprana.

Pincha el antebrazo para ver cómo corre

hermosa y fuerte la sangre.

Tiene mucho que ver la voluntad

contra los vértices.

Seas quien seas, ya hablaremos

de estas cosas, cuando la vida

ya no aguarde. Cuando solo el recuerdo

te caliente.

Ya hablaremos entonces.

Si hace falta
.

viernes, 29 de junio de 2007

Ni siquiera el sueño de que pueda haberlos

Foto by Ángel Urbina


Aunque tú no lo sepas


Aunque tú no lo sepas
nos decíamos tanto
con las manos tan llenas
Los Secretos



1

Porque no hay ahora casi cuerpo

ni ganas de tenerlo.

Si acaso, un pequeño armazón

desde el que seguir viendo y oyendo.

Los sentidos generales: para ser,

con quien me acompañe,

un tiempo más.

Por eso sienta bien notar

que hacéis como que me veis.

Que eso importa.




2

Decirte cuerpo y que me entiendas.

Aunque sé que no es posible.

Decírtelo aquí y que quede dicho.

A ti. Aunque tú, ¿quién eres

en ese otro lado?

Para cuando lo entiendas.

Me entiendas (a mí, ¿quién soy

en este lado?) .

Cuando ya no haya lados.

Ni siquiera el sueño de que pueda haberlos.




3

Si a veces miro a través tuyo

como si no estuvieras,

miento por miedo a encontrarte

y que tu mirada al volver

no rebote en mi cuerpo.

¿No habíamos decidido que era poco

(el cuerpo mío)?

El miedo, como cualquier sensación,

puede ser agradable.




4

Nos entendemos tan bien.

Fingimos perfectamente

la ocupación de espacios.


Pero no lo hay (espacio),

creo entender que me dijeron,

si no hay tiempo.


Y si el tiempo ya fue

¿hablaríamos de un espacio pasado?


Si hemos inventado el parque temático

de lo cursi sentimental antiguo,

nos pondremos enormes máscaras

y disfraces llamativos

(el mío con muchas plumas amarillas)

para las fotos de turistas.




5

Por eso haces bien

en hacer como que haces

que me notas que estoy.

Que eso importa.

Porque estoy.

¿Aquí?

Qué duda cabe.

jueves, 28 de junio de 2007

pizarra y extracto, para cambio de ritmo

la pizarra de los tés, en una noche especial



De Solo unas vacaciones en el campo

Pero sí le gustaba a su hermano Ramón, que reía que parecía que iba a mearse, aquella misma tarde de dos días antes de Nochebuena, cuando comían dulces de Navidad robados de la despensa y bebían a sorbitos una botella de vino de la bodega que a Paloma y a Ramón les ponían brillantes sus ojos oscuros y reían desaforados, ocultos los tres en la habitación de Paloma; ella y Ramón sobre la cama, Juan en un sillón; tan aparte siempre de todo, el pobrecito.
—De qué os reís, decidme.
—Es que es algo que dicen de mamá que no te va a gustar. Te enfadas por todo.
—Estaban diciéndolo las mayores, que no sabían que estaba yo oyendo; es mentira, claro. Mentira y mentira y mentira.

Y ella le volvía a hablar al oído a Ramón y era como si le besara la oreja y por el rabillo del ojo le echaba miraditas a Juan, porque sabía que con eso le estaba volviendo loco y cuanto más sorbitos daba al vino más le gustaba enloquecerlo. También a Ramón le gustaba ver así a su hermano, por eso daba grititos: como un niño y como un cerdo, una mezcla de ambos, hasta que no pudo aguantar más el secreto.

martes, 26 de junio de 2007

Nos quitan los teatros, la salud pública, los calmantes del dolor...

Devolvámosles nuestra razón, nuestra tozudez, nuestra ética


lunes, 25 de junio de 2007

Chantal Maillard: la inteligencia del despojamiento (n1MdP-02)

Necesitamos Un Millón de Poetas [correo para estos temas: n1MdPs@gmail.com].

Introducción
«Todo lo que vayas a encontrar allí será distinto de lo que puedas pensar que vas a encontrar.»


Esta frase, que podría ser una máxima general sobre la vida, de las más inteligentes que he leído, una disposición de la mente que enriquecería nuestra vida sin medida si la pusiéramos en práctica, en lugar de mirar siempre (y ver) lo que ya hemos mirado (y visto), se la propuso a sí misma, sobre India, Chantal Maillard antes de irse a vivir a Benarés. Lo cuenta María Luisa Blanco en las páginas principales del Babelia del sábado 16 de junio de 2007, dedicadas a esta poeta, Premio Nacional de Poesía en 2004 con Matar a Platón. Esta doctora en filosofía pura (copio de la solapa del libro) nacida en Bruselas en 1951 y que ahora vive en Málaga y en Barcelona, habiendo sido hasta el año 2000 profesora titular de Estética y Teoría de las Artes, encontró en Benarés, además de una especialización en filosofía y religiones indias, para lo que me importa aquí (se acabó copiar de la solapa), para la poesía: un ritmo. Se lo cuenta a MLB en Babelia: Benarés posee un tiempo en el cual los indios están viviendo y que el occidental, si sabe detenerse, puede obtener también. Es el tiempo de las chanclas, no es lo mismo andar con zapatos que con chanclas. El zapato va a más velocidad y tiene menos contacto con la tierra,

Entrevista en Babelia (16-06-07)
Merece la pena entresacar algunas respuestas de esta entrevista hecha con motivo del libro Hilos, recién publicado por Tusquets en la colección “Marginales”. No citaré la última parte de la entrevista, con las referencias al budismo, por temor a malinterpretar, pero sí incluiré un “pegado” de un trozo de la crítica del libro que le hace Antonio Ortega. Advierto que hay muchas referencias útiles a Husos y a Hilos (como libros y como conceptos esenciales de su poesía). Husos fue un libro que sacó en 2006 la editorial Pre-Textos. Hilos es el libro actual, que empieza con un apartado de “poemas-husos”, pero además son conceptos que se escriben con inicial minúscula y se aclaran en la entrevista.

Sobre Poesía y pensamiento:
«El modo poético es receptivo y el filosófico requiere la indagación, y la actitud en filosofía es voluntariosa, mientras que la poesía requiere un decaimiento de la voluntad.»
[cómo no me va a hacer saltar esa referencia al decaimiento de la voluntad como requisito previo, después de todo lo que he hablado de cómo soy “asaltado” por los demás en los Centimétros. Lo que no es una comparación en absoluto.]

Sobre Husos e Hilos:
«Los husos son parte de una geografía mental, lo que visualmente corresponde a cada estado de ánimo. Los veo como un haz de fibras y cada una es un hilo mental. Podemos saltar de un huso a otro según cambien los estados de ánimo.»
[explicaría la necesidad, y la justificación, de que en un poeta se den registros diversos. En cuanto a los husos, pensemos en los husos horarios]

Sobre lo que cuenta:
«En general, la dificultad de saberse en el mundo y como sujeto. Toda mi vida he observado mi propia mente y mi capacidad de ver el mundo. Todo lo que he escrito ha sido desde la necesidad de observar la capacidad de conocer.»
«En Hilos, hay un personaje que tropieza con los conceptos, los cuestiona, pero cada vez que lo hace, se paraliza y termina siendo el personaje “Cual”, un interrogativo y un genérico, que aparece en la segunda parte del libro. “Cual” quiere decir ¿quién soy?»
[no tendré que poner muchos extractos del libro para que esto se vea.]

Sobre los acontecimientos biográficos que sustentan los 2 libros:
«Husos e Hilos son libros de pérdidas. Pérdida de mi integridad física, por un lado, y por supuesto la pérdida de mi hijo. Está marcado por el suicidio de mi hijo. ¿Qué más puedo decir? Es todo.»

Más sobre el sujeto que escribe (la parte de la filosofía y la de la poesía):
«Con el cuaderno estoy a solas conmigo y sé que, escribiendo, llego a mucha gente porque la experiencia del dolor es la experiencia de todos. El compadecer con otros está presente en mi escritura, es un grito de dolor que pertenece al momento de mi enfermedad. Lo que he escrito después pertenece a una pérdida incluso más consustancial que la pérdida física, que es la pérdida de un hijo. Esa estrategia de la geografía mental me permitió distanciarme de mí misma. Observarme en la pena, en el dolor, y construir o, simplemente, sobrevivir. Sin esa escritura, sin ese decirme desde la distancia que la escritura procura, no habría sobrevivido a tanta pérdida.»
[la utilidad de la escritura para estas cosas es un tema que se ha rozado (y puesto en práctica) en más de un blog de los que aparecen en El Patio de Mi Recreo.]

Sobre su pensamiento budista, en respuesta a la pregunta de si tiene esperanza:
«No. Creo que hay que erradicarla, la esperanza es parte del deseo.»
[hice trampa al decir que no pondría nada de budismo: esta frase terrible hay que contextualizarla leyendo su poesía.]


Extracto de la crítica hecha por Antonio Ortega en Babelia:
«Su geografía está formada por “husos” donde se instalan los estados de ánimo en cada momento que sentimos o pensamos de una determinada manera. Cuando nuestro ánimo se modifica se desplaza entre los husos, y hay que seguir el “hilo”, ver cómo ese estado de ánimo se va devanando por el dédalo de eso que llamamos “yo”. Los sentimientos van y vienen, cambian, desde la alegría al dolor, de la tristeza al gozo, del duelo al vértigo, siempre en busca de la “calma” que los reúne. Una teoría de las emociones que la escritura desencadena en su propia realización, en su discurrir, en su discurso, en la red que teje. Hilos muestra esa geografía, la vida que la atraviesa y cristaliza en la lógica interna del poema, la distancia entre el conocedor y lo conocido, entre el sujeto y el objeto del conocimiento. Los límites del pensamiento son los límites de lo existente: “Volver a las palabras. Con / voluntad de sentido”.»


Subrayados y Pegados
Todo lo dicho anteriormente me libera de “explicar” por qué he elegido cada trozo subrayado. Bastante “foto” me sale ya de haber elegido precisamente eso. Las explicaciones ya están dadas, por la autora, la entrevistadora y el crítico. Aunque no sé si resistiré la tentación de introducir algún brevísimo comentario mío. Procuraré no poner ningún poema entero. Al fin y al cabo, lo que estoy tratando de impulsar es la lectura del libro, que os hagáis con el libro de alguna manera, o con poemas enteros en la red. De “este” libro. Internet está repleto de referencias a Maillard, de poemas anteriores de ella (como no hay traducción, no hay delito), de entrevistas. Ojalá sea esto para mí el principio de una pasión. (Porque yo sigo, ¡ay!, en el mundo del Deseo). Pondré muy pocos extractos. Todos de la primera parte, titulada “Poemas-husos”. Si me extendiera, podría estar toda la noche copiando trozos.


[De Poemas-husos: Uno]
Pero no hay silencio.
No mientras se dice.
No lo hay. Hay hilo,
otro hilo.
La palabra silencio dentro.
Dentro de uno —¿uno?

[De Poemas-husos: Hilos]
Habrá que levantarse. Aunque sin
saber para qué. Sin saber
tampoco para qué el para qué.

[De Poemas-husos: El Pánico]
... Entonces voy donde hay muchos. Como
si algo fuese cierto.
Como si algo cambiase y por eso
fuese cierto. Entre todos. Entre
Muchos.
[...]
... Para que haya historia y
me la crea. Lo justo
para poder caer más adelante.

[De Poemas-husos: El Cansancio]
Toda nube
lleva una trayectoria. Asumir
la trayectoria. Imposible
barrer todo siempre. Está el cansancio.

Aunque también el de
las trayectorias. De ver pasar las nubes.
También ese cansancio.

[De Poemas-husos: El Círculo]
Una oquedad de sueño, la vigilia.
Entre sueño y sueño. Una oquedad
ocupada, ocupándose
en nada.

La angustia es esa nada
que de pronto florece
en la oquedad.

[De Poemas-husos: El Tema 1]
En los bordes del sueño abre
los ojos. Sin abrirlos. Algo
despierta. O le decimos despertar
a eso que ocurre. La conciencia de una
continuidad.

[De Poemas-husos: El Tema 2]
... —Es una forma

de decir. Todo es una forma,
escribo, de decir.—

[De Poemas-husos: Aquí]
Dime lo que he de hacer.
Escribo
porque tal vez no hablo. No
me sueltes.

[De Poemas-husos: El Pez]
Volver a las palabras.
Creer en ellas. Poco. Sólo
un poco. Lo bastante
como para salir a flote y coger aire
y así poder aguantar, luego,
en el fondo.

Volver a las palabras. Con
voluntad de sentido.
Boqueando. Pez en la orilla
común de los creyentes.

Volver. Decir superficie. Escribirla.

[De Poemas-husos: Cf.]
... Algo miente,
la escritura o el recuerdo
de lo escrito.

viernes, 22 de junio de 2007

Ya tenemos un doctor en la familia




Esa defensa de la tesis, que ya se ha producido, era el acontecimiento central y decisivo de este mes de junio, que ya dije prometía muchas cosas; aunque luego haya traído otras, inesperadas y dolorosas.
El ya doctor es ese niño que mira fijamente el riachuelo y terminó haciendo durante varios años una tesis sobre otro río. Entre la foto del niño y la portada de la tesis, capada por abajo para que no salgan nombres, han pasado muchos años y muchas cosas, claro. Todo eso forma parte de lo estrictamente personal, que se cuenta, si se quiere, cara a cara; probablemente con una copa en la mano.
Solo quiero decir que, aparte de que como es lógico me sienta orgulloso (sentimiento personal que importa poco aquí), para mí ha sido fantástico ver cómo se ha ido formando el armazón conceptual, el ritmo del discurso y la gramática relacional de un científico. Haber tenido la oportunidad de ver día a día cómo se ha formado, y crecido, intelectualmente. Haber participado en ese proceso, enseñando pero sobre todo aprendiendo, es el regalo que he sacado de todo esto. No es que gracias a él yo sepa más cosas, que por supuesto es cierto: es que me ha enseñado a pensar de otro modo.
Eso es lo impagable; haber sido testigo de la tensión del crecimiento intelectual en su fase de origen, la más dura y hermosa.
Procuraremos que la fiesta de esta noche esté a la altura.

martes, 19 de junio de 2007

La bondad no es escudo suficiente

No le importará a María Zarazúa que use hoy esta foto suya.



sábado, 16 de junio de 2007

y la parte que no me toca

Para aquellos que siguieron y apoyaron este esfuerzo de exponer la hermosa obra de Reb, y que están esperando fotos o noticias, adelanto algo hasta que se pongan más, y mejores. Solo 5, porque son muy pesadas. Dos fotos de amigos; y las 3 siguientes de las 3 partes en que consistió la presentación (la última, con el humo que llenaba ya la zona). Sin más explicaciones. Posiblemente quitaré esta entrada cuando se coloque más información.











miércoles, 13 de junio de 2007

La parte que me toca (just walking)

Rostro verdadero




Quien abrió el acto, usando para ordenar las ideas una chuleta que poco antes había redactado en un papel de la libretita que usan los camareros, dijo que había estado en muchas presentaciones historiadas que trataban de cubrir la vaciedad y zafiedad de lo presentado, pero que en cambio tenía la sensación de que ese acto sencillo podía hacer historia: que a lo mejor con el tiempo, al ver anunciada una exposición o un libro nuevo de Rebeca Le Rumeur, cualquiera de los que estábamos allí podríamos decir: ¡Yo estuve en la inauguración de su primera exposición!
Y puede que llegue a ser porque la obra de Rebeca, dijo el presentador, sale auténticamente de ella y, como toda buena obra de arte actual, permite una reflexión sobre lo personal o lo colectivo. Habló de tres rasgos, con su correspondiente reflexión.
Rebeca se apropia siempre, inorgánicamente, de los territorios que la rodean (de su habitación sale hacia fuera un rastro de una explosión comunicativa) y en sus obras (nunca habló de cuadros porque dijo no entender de pintura) se percibe que, más que una estructura deliberada, se produce esa apropiación. Se refirió el presentador a cómo nos están quitando los territorios sin que hagamos nada: concretamente habló, como ejemplo, de la toma policial del barrio de Malasaña todos los fines de semana. Incluso dijo que la meditación sobre ese concepto de apropiación del territorio que le provocaba la obra de Rebeca le estaba resultando fructífero para su vida social (se refería a las interrelaciones; no al hecho de salir a tomar copas).
Rebeca, en su obra escrita y en la plástica, propone la humildad y usa materiales humildes. Da un paso más allá del arte povera. No necesitó explicar esto porque estaba al alcance de todos verlo. Se refirió entonces a su reflexión sobre “Las 3 R” que, según los optimistas, todavía podrían salvar nuestra civilización. Reciclar, lo menos importante de todo pero lo más utilizado por los políticos falsarios, porque permite un uso industrial nuevo (dinerito fresco); Reutilizar y Reducir. Reducir es lo más importante, según el presentador, que dijo que veía esa reducción en los últimos cuados de Rebeca, pero sobre todo presentaba una Reutilización que, para él, era ejemplar.
Finalmente se refirió a los “pegados” en los cuadros, que producen ese suave efecto estético por el que todos deseamos tener obra suya en nuestra casa. Dijo que lo mismo que los hombres prehistóricos se cuenta que pintaban animales como acto de magia para luego cazarlos, Rebeca “pega” sus humildes materiales como un acto mágico que le permita “mantener pegado” lo que quiere. Y en esta sociedad en la que nos proponen el cambio constante, no estaría mal reflexionar sobre la necesidad de mantener pegados a nuestros amores, nuestros amigos, nuestros...

Terminó diciendo que no hay certeza de nada, que la certeza no existe y el mundo está lleno de Bartletbies y de Rimbauds que abandonan. Pero que teníamos una magnífica certeza de un magnífico presente de Rebeca como Artista y como persona: y brindó por ella.

Más tarde, estando sentado en una mesa a mi lado, con Lara, esta le comentó que esos conceptos sociales (en realidad revolucionarios) no creía que Rebeca los viera. Le contestó que por no parecer profesoral no se refirió, como había pensado, a Balzac y Marx y a cómo Marx vio toda una historia de la burguesía que estaba en el novelista y serviría para combatir la burguesía: lo que el novelista no había previsto. Añadió que ni Rebeca le recordaba a Balzac, ni él (el presentador) a Marx, pero que estaba seguro que la comparación funcionaba, porque es verdad que en los autores hay cosas, a veces las más importantes, que ellos no han puesto conscientemente. También dijo que estaba seguro de que si les decían a los dos quién querían ser de entre esos dos personajes, Rebeca elegiría a Balzac, y él elegiría a Marx. Sin dudarlo ninguno de los dos. Ahí intervine yo pare decir que el presentador hizo bien, posiblemente, en no hablar de eso, porque o habría aburrido o habría apartado la atención excesivamente de la obra de Rebeca.


Después, Roberto-Lara_Rebeca, que habían preparado el acto, leyeron algunas cosas, entre ellas un poema-collage fabricado con un verso de cada uno de los poemas que aparecen en su blog y están “pegados” detrás de cada cuadro (en cada uno el que le corresponde). Pero esto será mejor que lo cuenten ellos, ¿no?

viernes, 8 de junio de 2007

A Elena Bugedo (y Fede Comín)


Para Elena, y para Fede, y para Nacho y el Pay-Pay,
para Teodoro y la Prima

Estos recuerdos que avivas en la piel

mira cómo tu voz le ha recordado
a mi piel, olvidadiza,
cómo ponerse de gallina.

cómo tu voz, que tiembla en un abrazo,
mi cuerpo que fue lo desconcierta.

cómo el sonido que sonó me suena nuevamente.
en tu voz.



Objetivo: preguntar por Elena Bugedo en todas partes.

(Y también, claro, esto va para el amigo que se preocupó de que tuviera el disco, y a la amiga que me lo trajo).

domingo, 3 de junio de 2007

Michel Houellebecq, admitido: pasa el filtro

Y me ha costado. A Baricco no le di una segunda oportunidad. Leí Seda, rechacé el libro por falso y hasta hoy. Peor para mí, que dirán algunos: pues vale, pues muy bien. De Houellebecq, tras leer Plataforma, quedé indeciso, así que he leído Partículas elementales. De acuerdo que pasan las mismas cosas en los dos libros, que si eres la mujer generosa que puede salvar a un protagonista, te pasa como si eres amigo del “chico” en una peli del ejército americano y le enseñas una foto de tu novia de Kansas: ¡Estás perdido, muchacho! Vale todo esto; y también vale que parece escribir los libros en un laboratorio con una guía de fabricación: “Ahora ponemos unas gotas de información, dos páginas de emoción para el final de la sección; aquí unas opiniones bien fundamentadas... sobre todo no dejar títere con cabeza para que los lectores se vean afectados...”.

De acuerdo todo lo anterior, pero cada una de las partes está bien escrita. No es un autor que te cambie. No es ese amor que andamos buscando. Pero es una charla inteligente para algunas tardes del camino. Y te sientes tocado algunas veces... ¡pero qué se habrá creído este tipo! Leeré más, al menos uno más: Ampliación del campo de batalla, que creo es el que me recomendaron Winsta y Gael.

De momento, siendo un libro así, los subrayados, ¡muy largos!, son numerosos. Elijo tres (los tres me inquietaron o gustaron) de “Las partículas”, pero hay más. Pongo las páginas de la versión del libro en la colección Compactos de Anagrama.


Sobre la mujer (pp. 165-66)

«Treinta años más tarde, se veía obligado una vez más a llegar a la misma conclusión: no cabía duda de que las mujeres eran mejores que los hombres. Eran más dulces, más amables, más cariñosas, más compasivas; menos inclinadas a la violencia, al egoísmo, a la autoafirmación, a la crueldad. Además eran más razonables, más inteligentes y más trabajadoras.
En el fondo, se preguntaba Michel observando los movimientos del sol sobre las cortinas, ¿para qué servían los hombres? Puede que en épocas anteriores, cuando había muchos osos, la virilidad desempeñara un papel específico e insustituible; pero hacía siglos que los hombres, evidentemente, ya no servían para casi nada. A veces mataban el aburrimiento jugando partidos de tenis, cosa que era un mal menor;»



Sobre la vida en un cuerpo menoscabado (p. 251)

«Los elementos de la conciencia contemporánea ya no están adaptados a nuestra condición mortal. Nunca, en ninguna época y en ninguna otra civilización, se ha pensado tanto y tan constantemente en la edad; la gente tiene en la cabeza una idea muy simple del futuro: llegará un momento en el que la suma de los placeres físicos que uno puede esperar de la vida sea inferior a la suma de los dolores (uno siente, en el fondo de sí mismo, el giro del contador; y el contador siempre gira en el mismo sentido). Este examen racional de placeres y dolores, que cada cual se ve empujado a hacer tarde o temprano, conduce inexorablemente a partir de cierta edad al suicidio. Es divertido observar que Deleuze y Debord. dos respetados intelectuales de fin de siglo, se suicidaron sin motivos concretos, sólo porque no soportaban la perspectiva de su propia decadencia física. Estos suicidios no despertaron ningún asombro, no provocaron ningún comentario; en general, los suicidios de la gente mayor, que son los más frecuentes, nos parecen hoy en día perfectamente lógicos.»


Sobre el conocimiento y la certeza racional (pp. 273-74) (quien habla es el Director de investigaciones, que se va a jubilar y tiene la primera conversación personal con Michel en todos los años de conocerse)

«La verdad es que eso ya no me interesa en absoluto. El conocimiento sí... Queda un deseo de conocimiento. El deseo de conocimiento es curioso... Muy poca gente lo siente, ¿sabe?, incluso entre los investigadores; la mayoría se conforman con hacer carrera, se desvían rápidamente hacia la administración; sin embargo, en la historia de la humanidad tiene una tremenda importancia. Podríamos imaginar una fábula en la que un pequeño grupo de hombres (como máximo unos centenares de personas en todo el planeta) trabaja encarnizadamente en algo muy difícil, muy abstracto, absolutamente incomprensible para los no iniciados. Estos hombres siempre serán unos desconocidos para el resto de la población; no tienen poder, fortuna u honores; ni siquiera hay alguien que entienda el placer que les procura su pequeña actividad. Sin embargo son la potencia más importante del mundo, y lo son por un motivo muy simple, un motivo muy pequeño: detentan las claves de la certeza racional. Todo lo que declaran verdadero, el resto de la población lo reconoce tarde o temprano como tal. Ningún poder económico, político, social o religioso es capaz de enfrentarse a la evidencia de la certeza racional.»


Claro que hay más subrayados, algunos de ellos que me afectan más personalmente, otros que son más duros. O más tiernos. Pero estos bastan para pensar a sola; para discutir con los demás, si queréis, en los comentarios; para leer un poquito a este señor y decirme que me he equivocado; o que me he quedado corto.

En cualquier caso, ¡feliz junio, este mes que nos promete tanto!

martes, 29 de mayo de 2007

Tu as des cicatrices là où je suis blessé









Eso de las fotos es Conil, cuando la playa de Conil era así, fuimos con unos amigos cerca de Semana Santa y nos recibió con lluvia y frío. En la primera de las fotos se ve que no nos importaba el frío: el juego era acercarse al mar y tratar de huir de las olas; en la segunda, Lola y un amigo emulan las pelis de los Beatles, mientras que a mí se me ve tomando ya el caminito del indio, del que volví al rato, perdido el juego de las olas, más o menos en bolas y con toda la ropa empapada de los baños. Por suerte había coñac del barato (Garvey era mi marca). El coñac quitaba el frío del baño. El frío del baño quitaba la borrachera de coñac. ¡Era perfecto! Lola supo qué hacer conmigo, sacó una manta vieja del coche para abrigarme de cintura para abajo y una camisa seca de la bolsa: como siempre, ¡no hay problema! Nos subimos a un promontorio a ver el mar y un amigo subió y nos hizo la foto, como si saliéramos de dormir la siesta en una habitación calentita.

El poema lo escribí hace unos dos meses. Es sencillo, ligero y tierno. Y me gusta mucho.


A Lola

Teníamos cien pesetas de amor
y unas monedas para las propinas
la primera vez que nos quedamos solos.
Las contamos bien, no daban para más
que dos días (y tres noches de prestado).
Se te debió ocurrir a ti la idea
Dejaste una caricia a medias
una emoción inacabada
que atravesara el día hasta el regreso.
Yo entrecorté una frase
que te dejó pensativa hasta la noche
que quedaba separada por el día.

Así adiós fue un hasta luego.
Tú atracabas a tus amantes
por aprender a retenerme.
Yo chantajeaba, como si me debieran algo,
a los poetas de los bares de la Glorieta de Bilbao
y a las psicólogas conductistas
con las que tomaba paella y bebía vino
en los comedores de las facultades.
No dejábamos de dejar para mañana.

Y una mañana me quedé,
debía ser domingo,
y por la tarde abriste un hueco en el armario
donde colgar mi chaqueta.
Han pasado los años
y hay noches que salimos
al jardín que no tenemos
para hablar de los hijos que no hemos tenido,
preguntarnos si estarán bien en Nueva York,
si tendrán frío, como nosotros, ahora
que la noche está fresca junto a los manzanos.
Luego yo te dejo empezada una caricia,
tú me dices algo sobre la forma que miro,
que habrás de explicarme luego.

Por si acaso es verdad lo que dicen las noticias
de que se confirma que, una vez más,
probablemente, habrá mañana.

sábado, 26 de mayo de 2007

Martha Kornblith o cómo olvidar a una poeta (n1MdP-01)

Necesitamos Un Millón de Poetas [correo para este tema: n1MdPs@gmail.com].

Hace poco que supe de ella. Hubiera querido tener algo en papel que ofrecer, algo que no estuviera todavía en Internet, pero solo aquí quedan restos suficientes para poder conocerla. Incluso he habldo con Visor, que se encarga de importar los libros de la editorial venezolana Monte Ávila, pero nada sabían de ella: únicamente os puedo servir para recordarla, poner algunas pequeñas cosas de su vida y de su obra, para que seamos algunos más los que queramos que sobreviva.

Empecemos por el final que es el principio del olvido. La noticia es del domingo 1 de junio de 1997 y la cuenta Blanca Elena Pantin en el Universal.com:
«En un momento del día jueves 29 de mayo Martha Kornblith (Lima, Perú, 1959) decidió suicidarse. Algunos supieron la noticia de su muerte por una esquela ubicada en la parte inferior izquierda de la página de obituarios. Fue, leída así, una noticia brutal». Termina la noticia con un poema del libro Oraciones para un dios ausente.

No había sobre qué decir,
salvo las tertulias del hambre
la imposibilidad de abstraer.
Había que andar
con el lápiz bien afilado.
Y escribir:
no escribas poesía
ni envidies la seda de las sinagogas.
Lo digo hoy
hastiada de miedo.

De ese mismo libro he encontrado citados estos cuatro versos, de los pocos repetidos en Internet en los que la ola va subiendo, en lugar de retrartarla en la bajada:

Tú eres la palabra:
me apedreas por grosera,
te saco provecho literario,
te quiero joder.



Me ha interesado también una página de un departamento de estudios hispánicos, supuestamente de una universidad de Brown, pero no está eso muy claro en el documento, que analiza la melancolía en Julia Kristeva y termina así una de las partes:

«Ella [Kristeva], ciertamente, no pudo haber previsto esta lectora que en Caracas escribía:

Es Martes
leo a Kristeva
("la melancolía es estéril
si ella no deviene en poema")
. . .
Es Martes
leo a Kristeva:
("Habito la cripta
secreta de un dolor
sin palabras")
. . .
Es Martes
y leo a Kristeva:
"La melancolía es
una perversión,
a nosotros nos toca
conducirla hasta las
palabras y la vida."

Ese "nosotros" ya no incluyó a la poeta: el diálogo se había truncado.»


El estudio empezaba con una buena introducción a los datos biográficos:

«Una de las mejores poetas latinoamericanas jóvenes, la venezolana nacida en Lima, Martha Kornblith (1959-1997), se suicidó en Caracas luego de un largo período de malestar depresivo. Su poesía es confesional pero también antidramática, incluso autoirónica; pero su laconismo y sobriedad revelan una inteligencia analítica desnuda. Es evidente que reconocía bien su estado, y que no se hacía ilusiones sobre la terapia. Más bien, demuestra curiosidad genuina por su nueva familia, los perturbados en la clínica, los poetas y artistas que enloquecieron, los suicidas. Me interesó saber que ella había estudiado "comunicación social" en la Universidad Central de Venezuela, y que había formado parte de esa comunidad de diálogo posible que es el taller literario; estuvo en tres de ellos. Publicó en vida Oraciones para un dios ausente (Monte Ávila, 1995) y son póstumos un cuaderno temprano, El perdedor se lo lleva todo (Pequeña Venecia,1997) y Sesión de endodoncia (Eclepsidra, 1997), sus últimos poemas, que dejó ordenados antes de saltar por la ventana. (Vienen poemas suyos en mi El turno y la transición, Antología de la poesía latinoamericana del siglo XXI, México, Siglo XXI, 1998). Martha Kornblith escribió uno de sus últimos poemas a propósito del libro de Julia Kristeva sobre la melancolía.»

Y ya sin mucho orden ni concierto, un poema muy repetido en Internet:


En todas las casas...

En todas las casas
siempre habitará un poeta
con una hermana (que no es poeta)
que le dirá
que escriba una biografía
sobre su familia.
En todas las casas
habitará una poeta
-loca además-
como aquellas que sostienen
a duras penas
sus propias biografías desdeñables:
Ellas avizoran pasados autistas
mujeres que dicen palabras soeces
dan tumbos a medianoche.
En todas las casas
habitará un primo lejano
-que vive en otro país-
y que busca (en inglés)
la génesis de la familia.
Conoció, hace años
a esta pariente esquizoide
(tan callada, tan lejana -dijo-)
(So quiet, So Withdraw)
No la reconoció en su última foto.
(lucía tan diferente)
(She looked so different,
so atractive, so outlocked)
En todas las casas
habitará una hermana poeta
-loca además-
que busca su propia desdeñable
génesis
(aquella que ya conocemos)
En todas las casas
habitará una hermana
que le pedirá a su hermana poeta
que escriba la historia
de la familia
Esta poeta (loca de la casa)
pasará a formar parte de esta saga
el día en que deje el teléfono
desconectado
en el filo de la madrugada.



Y uno más, el último de esta poco agradecida búsqueda. Seguro que en su conciencia de poeta había otros registros. Seguro que Internet ha puesto de relieve los más duros, los que más fácil se relacionan, después del final, con su final.

A veces
es preciso
volver a los recuerdos
para anular la memoria,
aniquilar vestigios,
otras vidas,
saludar viejos lazos,
decapitar antiguos papeles,
zozobrar de nuevo,
para que vuelvan a decir
y no tener,
no poseer nada.


Y ahora seguir buscando, saber de esta poeta y conocer otros poemas es cosas de algunos más. De eso se trata, ¿no?

domingo, 20 de mayo de 2007

Jean Cocteau y La Dificultad de Ser

I
Con el libro de Camus al que me referí en la entrada del domingo 29 de abril (qué casualidad, también hoy es domingo; se ve que es literatura para días de fiesta), la traductora, María Teresa Gallego Urrutia, me hizo llegar este, también (y tan bien) traducido por ella, número 51 de la colección Biblioteca de ensayo de la editorial Siruela. Para todo lo referente a la María Teresa, podéis ver la entrada de ese último domingo de abril.

II
Elena (usa poco el alias de Lila Berger) es la compañera que vino conmigo a Cádiz. Probablemente ella y la ex de “l” sean las personas menos pretenciosas que conozco, a pesar de lo que leen y saben de literatura. Ella me hizo volver a nadar hace unos dos años y medio, así que todos los martes y los jueves, hacia el medio día, damos un paseo de unos 10 minutos a la piscina y después otros 10 minutos de regreso. También bajamos a tomar juntos el primer café de la mañana, donde hablamos normalmente de libros; y, descarnadamente, de cosas que nos pasan: poca biografía, lo estrictamente necesario y sobre todo cuando estamos en proceso de que una visión desde fuera sea una ayuda. Después, si no es martes o jueves, trabaja, sin parar ni para comer, las 8 horas seguidas, así que no volvemos a hablar ni a vernos. Ella fue quien me puso en contacto con la shanga de desharrapados del zen a la que asisto y que tan bien me viene (me acompañó la primera vez y adiós, que no hace esas cosas). Le debo mucho por tanto en lo físico y en lo mental. Además, algún fin de semana, vamos juntos a ver exposiciones e incluso de librerías (poco, porque me pongo enfermo al ver todo lo que hay por leer). Y con la conversación aumenta el interés de lo que vemos. Le debo mucho por tanto en la amistad.

Me veía por las mañanas con este libro de Cocteau y me pedía que se lo prestara. Le dije que en cuanto lo terminara, pero son pequeños capítulos autobiográficos, llamados todos “De mi infancia”, “De la amistad” “De...”, y no pasaba de uno o dos al día. No se podía leer más rápido: un capítulo, cierras los ojos y piensas. Ya empezaba a quejarse Elena de que parecía que no lo iba a terminar nunca así que se lo pasé sin haber llegado ni al 20%. Y cambiaron las tornas: ahora era ella la que trataba de excusarse por la lenta lectura.

Volviendo de Cádiz, me leyó en el coche algo del libro. Entre ellos el capítulo de la amistad, añadiendo que me venía perfectamente a mi forma de ser. Y sí, creo que casi lo habría podido escribir yo. Ayer sábado vimos una exposición, fuimos de librerías y se lo compró, porque es de estos libros que uno quiere tener. Y yo tengo el ejemplar nuevo (mañana se lo cambio por el mío: esto provocó discusiones) y así puedo poner esta entrada sobre la amistad, sobre mí y sobre vosotros, y de paso hacerle a Elena este pequeño homenaje.

III
Lo que me pasó con el de Camus, me pasa con este de Cocteau. Estoy un poco hasta el gorro de leer 15 veces cada semana que se ha publicado ¡el libro del siglo!, que en realidad a veces es meritorio, algunas veces magnífico, y las más un bodrio. A lo mejor esos libros del siglo hay que buscarlos un poquito más atrás. Y no estaría mal abandonar por un tiempito la cultura anglosajona para prestar un poco de atención a la cultura francesa; ¡pero la de antes!, que se ha ido perdiendo conforme han ido olvidando su propia y fuerte cultura ante la americana, mucho más de márketing. En fin, que recomiendo el libro, que además lo considero otra metáfora o descripción directa, esta vez, de esa amistad que tanto me importa y que tan necesaria es. O sea, lo del sonido del bosque, o lo de los nodos de la malla de la red, pero mejor contado.

IV
(Primeros tres párrafos del capítulo "De la amistad", del libro La Dificultad de Ser).

El príncipe de Polignac decía: «En el fondo, no quiero a los demás». Pero cuando su mujer le pregunta: «¿Por qué ese humor sombrío?» y él contesta «Amo y me aman», y añade: «Por desdicha, se trata de personas diferentes», está admitiendo su soledad. Quiero a los demás y no existo sino mediante ellos. Sin ellos, mis balas son balas perdidas. Sin ellos, mengua mi llama. Sin ellos, soy un fantasma. Si me alejo de mis amigos, busco su sombra.
Puede ser que la necedad o la incultura hagan las veces. La mínima amabilidad me engaña. Pero, en tal caso, ¿cómo conseguir que se me oiga y se me entienda? No comprenden lo que digo. Tendré, pues, que dar con un medio para que me oigan. ¿Corro demasiado? ¿Es fruto de algún síncope? ¿No son lo bastante grandes las letras de mis palabras? Busco. Hallo. Hablo. Me escuchan. Y no es por necesidad de ejercicio. Es gusto por el contacto humano.
Dije en alguna parte que sabía hacer mejor la amistad que el amor. Pues el amor se basa en espasmos breves. Si esos espasmos nos decepcionan, el amor muere. Pocas veces resiste a esa experiencia y se convierte en amistad. La amistad entre el hombre y la mujer es cosa delicada, es otra forma de amor. Los celos andan camuflados. La amistad es un espasmo sosegado. Sin avaricia. La dicha de un amigo nos embelesa. Nos suma algo. No nos resta nada. Si esa dicha ofende la amistad, es que no lo era. Sino un amor disimulado. Estoy convencido de que este afán de amistad que siempre tuve procede de los hijos de los que me veo frustrado. Como no los tengo, me los invento. Querría educarlos. Pero caigo en la cuenta de que quienes me educan son ellos. No sólo la juventud y su presencia en casa nos obligan a no dar nunca un paso que pueda no servirle de ejemplo, sino que, además, cuenta con armas adecuadas para luchar para las que las nuestras no valen. Tenemos que aprender de ella. Y poco que enseñarle de nosotros...

V
Esta entrada es un lujo porque lo es el libro que la provoca y el sentimiento que la sustenta. Y además de ser un homenaje a Elena, os está dedicada a todos los amigos antiguos y nuevos: los que me leéis aquí pero también aquellos por los que he hecho todos los esfuerzos posibles para que no se enteren de que este lugar existe. Y en esto último no hay contradicción ninguna.

jueves, 17 de mayo de 2007

Arden las llamas que mayo encendió

DULCES MAYOS

Si te amo, si te he amado,
te proclamo entre las gentes
el más alto sitio, la sonrisa tenue
(el dolor dulce)
como señal de que eres libre
y grande y fraternal.
Amante amigo,
labios vulva
callada conversación
mano en el hombro:
la vida te deseo llena
de encanto
la mano acariciada
tranquilo el sueño.

Dónde arda la llama
que encendieron los labios
que encendiste:
no importa.

Quienes quieren que vuelva
derrotado lo que amaron,
contra sí mismos gravemente
se equivocan.

Sólo feliz das la razón
al amor que te tuve.
(Que te tengo).

Sólo tu acierto,
si te elegí una vez,
me justifica.

martes, 15 de mayo de 2007

Como un hijo pródigo, que vuelve

Va pronto a hacer 200 años que parece ser que un militar napoleónico vio a una gaditana por la que traicionó a su ejército y a su país y a su bandera y todo eso que si nos lo tomáramos con más distancia y sentido del humor mejor nos iría a casi todos (les iría peor a los que viven de controlarnos haciéndonos creer que esas cosas, en lugar de las personas, son lo importante). Y todo lo cambió, el muy traidor, por ella. Hasta el apellido, que pasó de terminar en “......ette” a “......etta”, más de andar por esta casa. Y de aquel allí entonces vengo (aquí ahora, pero cada vez menos).

Y cuento esta historia porque he estado estos días en Cádiz y han hecho que me sienta como si fuera uno de allí. Estas gentes no son “grasiosas” ni van sobradas de sí mismas, negando así esos mitos que nos ponemos unos pueblos a otros. Rodeados de agua, no se aíslan, como si se sintieran en un punto que es de abertura hacia tantos mundos. Y te abren suavemente el corazón y la casa y el tiempo (y la conversación y la mesa y la mirada). Cuando te das cuenta, les tienes que dar las gracias por tantas cosas que ya no sabes cómo.

Lila Berger, la amiga que me acompañó, acertó al volver en el coche en todo lo bueno que decía de ellos. O ella o yo, hablamos de la calidez y el peso esencial de la voz de la poeta Carmen y de la suavidad sosegada, del fondo de pensamiento del que lo sabe casi todo, que disfraza humilde, en el humilde y no manchado sentido de la palabra amigo, Microalgo . La atención de TWA en el Pay-Pay. Los amigos de la sierra.

En el mundo van creciendo puntos que se convierten en los nudos de la malla que nos sostienen. Cádiz es uno; lo será mientras lo sostengan Carmen y Microalgo. Porque son las personas, no los lugares, las que hacen que los cielos te sonrían. Donde vayan formarán nudo de esa malla. Lo que abandonen quedará más pobre, salvo por el recuerdo de ellos.

No quería terminar esto sin referirme al momento primero, cuando como respuesta a una de mis tonterías habituales recibo como respuesta este poema dedicado. Un 19 de diciembre.

Hay mucho que leer de Cármen Moreno (y hablaremos de eso cuando toque). Pero puede leerse ahora, desde aquí, ese poema que es una lectura del mito con una tan necesaria perspectiva femenina... o moderna... o distinta.


LA SALIDA DE ÍTACA

Te digo, Telémaco,
que aprendí entonces
que no nacen mares donde se siembra la sal.
Aré la playa
todo el tiempo que la necedad de aquellos,
por los que te dejo esperando,
cegó sus voluntades.
Pero, no pude.
No pude exterminar tu infancia
transformada en océano calmo
que se bate en retirada
desde tus pupilas tiernas.
Recordé mis minúsculos pasos
cuando ser rey no era más
que un fluir extinto de los sueños
y me descubrí salvando tu niñez,
anteponiéndola a este reino
que me ha de ver partir.
Preferí la inocencia,
la que ya no volverá,
pero existió en mí como ahora en tus latidos,
a un trono que me pedía tu sangre.
No he de culpar a quien morirá
en la venganza que me procuraré.
El cadáver de Palamedes
me mostrará el camino de vuelta.
Me adentraré en el océano que nos mira,
rasgaré las mareas y los vientos
y, un día,
sin que tus años, que caerán
ajados por los fríos,
se den cuenta,
regresaré a tu lado
y acunaré tu vejez.

Carmen Moreno