Yo mismo. Para empezar, un escritor debe desear ser publicado; lo que a mí no me sucede. Me marea ver las mesas de novedades de una librería, echar un vistazo a algunos de esos libros y llorar por los árboles que se cortaron para hacerlos. No me siento muy por encima de ese nivel de bazofia; un poco sí, pero poco. En todo caso, un poco que es insuficiente.
Estoy en un Taller de Literatura que me obliga a escribir un relato cada tres miércoles. Lo exhibo, a veces, en mi blog; pero lo llamo “ejercicio” y en los comentarios suelo añadir que “no tengo nada que contar”. Y no es una excusa, no lo tengo. Por eso, cuando abandoné el Taller durante seis meses, no escribí una sola línea; porque nada ni nadie me obligaban.
Suelo decir que “escribo para aprender a leer”. Porque soy lector, eso sí. Contumaz, entregado. Pero esa frase es mentira: a leer aprendo leyendo. Y escribir ayuda un poco, sí, pero poco. En todo caso, un poco que es insuficiente.
Pero resulta que algunos acontecimientos de las dos últimas semanas me han obligado a prestar atención a este tema, y que esta mañana he tenido una epifanía que me ha colocado las cosas en su sito. Por eso este post lleva la etiqueta, que uso poco últimamente, de día río.
Mantuve hace algo más de una semana, con un miembro del Taller, un breve intercambio de mensajes sobre la voluntad de editar. Los breves mensajes dieron lugar a largas cavilaciones. Solo hay un libro que quiero editar, pero es porque se acompaña de unas ilustraciones tan hermosas que se lo debo a la ilustradora. Y como “no soy escritor reconocido”, con todos los rechazos editoriales, uno sobre otro, podría editar ya un pequeño volumen.
Hace dos días, tomando copas con dos amigas, espoleado por el alcohol y la compañía les conté algunas historias. Disfruto mucho tanto contando historias como escuchándolas. Me dijeron que con alguna de ellas tendría que escribir un libro. Rechacé la idea con contundencia: son historias para charlar y contar. Ni más ni menos. Procedo de una familia que apenas ponía la radio, pero que conversaba mucho y contaban muchas historias. Me encantaban. Cuando con cuatro o cinco años me pasaron al dormitorio de mis hermanos mayores, cuya puerta daba al comedor, y mi hermana y yo éramos enviados a la cama, muchas veces me levantaba, me envolvía en una manta y me sentaba junto a la puerta a escuchar las historias que contaban. Era el momento de las historias emocionantes: la guerra, las pifias de algunos familiares y amigos de mis padres, y la vida de los personajes del mismo ámbito que tenían una dudosa catadura moral. Creo que fue ahí, como oyente “oculto”, cuando me aficioné a las historias y, como consecuencia, a la literatura.
Esta mañana, cuando iba en metro a casa de un sobrino enfermo, a leerle poesías de Jesús Aguado, iba leyendo “mi” libro de metro actual. El ensayo de Lampedusa sobre Sthendal. Varias técnicas de este me recordaron el modo en que observo la vida, cómo “percibo” lo que me rodea, cómo me fijo en los colores, olores, formas, en las personas. Cómo juego a inventarme pequeñas historias o relaciono algo que veo con una “situación” de la vida. Puro método poético. Constante cuando estoy solo.
Y entonces se produjo la epifanía: ¡Sí soy un escritor!, pero ágrafo. En mi mente empiezan y terminan mis narraciones; algo de ahí se “cuela” en lo que, por "obligación gustosamente aceptada” escribo. Ayuda un poco, sí, pero poco. En todo caso, un poco que es insuficiente.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

15 comentarios:
No puedo decir mucho... que me ha encantado su texto, su forma de ir trufando pensamientos con recuerdos y situaciones, creando precisamente con todo ello una nueva pequeña historia.
Pero todo lo que yo pueda decir resultará claramente insuficiente.
Me han dado mucha envidia sus compañeras de charla y copas. Mucha. Que lo sepa. Pero eso es fácilmente remediable, n'est-ce pas?
Un abrazo y un beso muy fuertes, Nano.
Pues querida FREIA, la envidia es de lo más remediable. Charla y copas en la tardinoche (horario infantil). Charla y cerveza (incluso sin alcohol), a medio día.
Usted manda. Un gran abrazo
Hay gente que te lee y además le encanta. Sirva eso también como argumento.
Un beso
Debes contarme el secreto para centrarte en una obra y terminarla. Empecé tres (relatos de Heine, un ensayo de Fromm y La torre de Babel de Morris West) y no soy capaz de concentrarme en ninguna. En el metro aún menos.
Creo que necesito un taller de lectura mucho más que uno de escritura, no porque ya sepa escribir sino porque no sé leer.
AL menos no en este momento.
Y ya llevo tiempo así.
Por otro lado, avisa cuando publiques porque a mi me gusta leerte. Sino ya lo hago por acá.
:)
Se agradece, VIRGINIA. Precisamente este pequeño grupo de gente que me lee y disfruta, es lo único que necesito. Diez buenos lectores.
Un beso
Entiendo que como publico poco, SUE, es más difícil seguirme. A mí me pasa lo mismo: frecuento menos los blogs inconstantes. Te avisaré.
Con respecto a la concentración, la pierdo en los momentos en que estoy deprimido, nervioso o me siento mal (porcentualmente, pocos). En el resto, es uno de mis puntos fuertes. Podía leer con Ardilla y Heredero poniendo música y hablando (si ponían la TV, huía), sin enterarme de nada que no fuera el libro hasta que oía mi nombre. Creo que la voluntad importa mucho. Es como cuando de niño, en las aburridísimas clases de hora y media, me dio por intentar mover las orejas. Pensaba que las movía, pensaba que las movía, pensaba que las movía hasta que, ¡zas!, las moví. Luego, con la especialización, aprendí a mover las dos a la vez, solo la izquierda o solo la derecha. Voluntad de concentración.
A veces leo una página y no me entero de nada; pues la vuelvo a leer; y si es necesario, una vez más. La cabeza aprende que no hay escapatoria, que no voy a dejar el libro en la mesa, que voy a seguir. Y se rinde. Si dejas el libro por imposible, la loca de la casa (como llamaba Teresa de Ávila a la mente), sabe que ha vencido y seguirá atacándote.
Otro beso
Estoy de acuerdo con sus amigos: debería contarnos esas historias que escuchaba camuflado detrás de la puerta. Hay un aprendizaje de la vida que viene, precisamente, de aquello que los demás cuentan o han escuchado contar o han vivido. Y no es justo que vd. nos niegue ese aprendizaje. Sea bueno y abra su memoria y su corazón para contarnos las historias de detrás de la puerta.
Coincido con Freia en lo delicioso del texto que nos ha ofrecido hoy. Y quedo a la escucha...
Yo era de ciencias, así que soy bastante ignorante en cuanto a letras, pero me gusta como escribes, de la misma manera que sin ser un experto, me encanta un buen vino, así que todas las historias que quieras contar serán muy bienvenidas...
Salud
Nán,un escritor no es sólo alguien que publica.
Leí a Muñoz Molina un artículo hace poco acerca de las posturas de escritor y me reí mucho.
Yo creo que más bien es una forma de ser y estar en el mundo,así que ya lo sabes.
Un beso.
Me encanta leerte.
Sí.
Besos
No voy a decirte cosas como que un escritor es cualquiera que escriba, o el que se sienta así, ni algo parecido. Porque mi concepto de escritor es bastante más convencional: alguien que escribe con la suficiente difusión (que ya no tiene por qué ser impresa).
Otra cosa es tener madera de escritor, o la capacidad, o incluso serlo íntimamente. Cosas todas que pueden ser ciertas.
Parecerá tonto, pero creo que uno es escritor cuando los demás lo consideran escritor.
Yo creo que tú escribes bien; y desde luego, lo suficientemente (va de suficiencias, este post) bien como para convertirte en escritor. Que lo tienes todo para serlo; pero no lo eres. No en el sentido comunmente aceptado. Que por supuesto no tiene nada que ver con lo que tú quieras, necesites, busques, etc. Si estás bien así, ¿para qué intentar otra cosa?
Publicar tiene que ver con los otros; para mí resulta evidente. Y eso a su vez puede tener dos explicaciones, compatibles entre sí: comunicar (es decir, tener lectores, tener a alguien al otro lado; de lo contrario escribiríamos en un cuaderno y lo guardaríamos en un cajón), y ser reconocido (que es, digamos, la parte menos digna y confesable: ser escritor como un logro en sí mismo, no como un medio para lograr lo primero).
Supongo que pocos se libran de la segunda, de esa parte ególatra, pero estoy convencido de que la primera es la imprescindible (de ahí que dude tanto de mí, esnob sin realizar que no hace más que dar tumbos, y sin constancia ni para eso). Y puede que esa primera explicación, la necesidad o el deseo de comunicar, de llegar/llevar a los demás, uno la cubra, por ejemplo, aquí. O en un taller. Puede ser tu caso.
Yo, que también sufro por tanto árbol malgastado, creo que estaríao justificado cortar algunas ramas por ti, NáN.
Un abrazo.
Admirada ISABEL, aunque me gusta la autoficción, ante todo soy un charlatán: ¿cómo voy a privarme de ese placer? Creo que la propia vida comienza el día en que tus padres se enamoran (en el caso de los afortunados que conocieron bien a sus abuelos, naces desde el momento de la unión de estos); todo lo que queda hacia atrás es un “escenario con cachivaches”. Y mi vida ha sido rica en experiencias, muchas de ellas surrealistas, como mi primer recuerdo nítido, cuando con menos de dos años, mi abuela paterna murió en casa y alguien tuvo la “feliz idea” de levantarme en brazos para que le diera un beso. La buena mujer debía hacerme dibujos, así que le grité (debía estar histérico ante una muerta) “¡Pinta, pinta!”. Ante su silencio, saqué un lápiz del bolsillo del delantal, a rayas blancas y azules, y mientras le seguía gritando comencé a “apuñalarla”. De ahí nació un relato, rehecho decenas de veces hasta que comprendí su imposibilidad, titulado “Cómo matar a la muerte con un lápiz”. No sé cómo contar esas historias que aún me zumban.
De todas maneras, me valoro más como comentarista, en ocasiones. Ahí es donde dejo lo mejor de mí.
Un abrazo
Creo, GENÍN, que lo que cuento está bien para un blog, que mi escritura se siente cómoda en él. De todas maneras, siempre hay gotas de realidad que se filtran en lo que cuento. Así está todo bien.
Un abrazo
¡Exacto, REYES! Esa fue la epifanía que me ha dejado tranquilo.
VIRGI: ¡muack!
PORTOROSA, compañero de Taller y a veces confidente. El final de tu comentario, aceptando el sacrificio de algunas ramas, te lo agradezco en lo que vale. Es absolutamente cierto que cubro esas necesidades de comunicación en el Taller y en el blog: la cercanía con los que aquí me leen (no sé cuántos porque no miro las estadísticas), me resulta imprescindible. Cubre mis necesidades de comunicar. En cuanto a tu segunda y certera explicación, quizás porque con los años uno pierde cierto “ego”, me resultaría un verdadero “coñazo”; porque sí lo eres, lo eres con todas las consecuencias, así que tienes que saber que lo que has escrito es un “producto” que debes ayudar a potenciar a la empresa que lo produjo. Si no es así, si los lectores del libro van a ser menos que los que tienes en un blog, no merece la pena. Y a mí, a estas alturas de la vida, ni siquiera me merecería la pena en el caso de tener un “producto” vendible.
Sería muy diferente el caso si “tuviera algo que contar” (sé que este concepto es difícil de captar, también lo es para mí). Significa, más o menos, inventar una historia que se convierta en una pasión el contarla. Creo que en ese caso estaría dispuesto a someterme a todos los inconvenientes.
Tienes también una parte enorme de razón cuando dices que un escritor es aquel a quien los otros reconocen como tal. La pequeña parte que queda fuera de esa verdad es la epifanía del otro día, el sentimiento de que ves el mundo como una narración. Es lo que también expresa Reyes en su comentario. Digamos que de momento estoy feliz en esa esquinita.
Un abrazo
Yo no te voy a decir que escribas porque lo mejor es hacerlo cuando te da la gana y para eso no hay mejor cosa que la libertad y no tener el compromiso de publicar.
Yo leo para aprender a escribir, pero leer es lo que más me gusta.
Y darle vueltas al coco cuando una idea me ronda.
Me imagino qué libro es y por cierto ¿no hay más escalones?
Besos.
Coincido al 100% con tus tres primeros párrafos, ISABEL-ISABEL.
Y a la pregunta, por supuesto que sí. Pero a veces nos parecemos más a Aquiles y otras (las más) a la torguga.
Muchos besos
Qué post más Vila-Matiano. Su filosofía y su literatura sobre los escritores que no escriben o los artistas sin obra son apasionantes. Podrías figurar como personaje de su próxima novela, seguro.
Conclusión: escribe o no escribas, pero siempre desde la libertad.
besos
ETDN
¡Síii, ETDN! Lo has pillado estupendamente.
Besos
Publicar un comentario