sábado, 28 de abril de 2012

Carta de George Monbiot a su hija de tres semanas

Hace tiempo leí que ante la amenaza más grave de la humanidad, el Cambio Climático, la única esperanza estaba en que los padres tomaran conciencia del mundo que dejaban a sus hijos. Estamos siempre preocupados con lo urgente; y en estos momentos de crisis aguda, aparentemente sin solución, del sistema financiero, cuando el seguimiento ciego de la ortodoxia nos mete más y más en una recesión que recuerda a la del 29 y sus consecuencias, la amenaza más importante ha sido eliminada de nuestra conciencia.



Pero los padres que se preocupan de sus hijos deberían despertar y estar dispuestos a hacer sacrificios por cambiar un sistema industrial adicto al petróleo. No se trata de volver a las cavernas (quizá un cambio climático serio podría ser el resultado), sino de tener un modo de vida distinto. A lo mejor, hasta sería la solución a los problemas urgentes de hoy. Por nuestros hijos y nietos. Para que no vivan en un mundo enfermo.


Por eso me ha gustado mucho esta carta de George Monbiot, que creo puede ser el punto inicial de una reflexión profunda de cada uno de nosotros. Está en la página web de mi grupo, http://www.globalizate.org/, que se actualiza todas las semanas, pero como presiento que no iríais allí a leerla, os la copio.


Una advertencia: cuando se refiere a la mejora de las relaciones familiares, está pensando en el mundo anglosajón, donde los hijos desaparecían de la vida de los padres. Los que vivimos en países latinos no hemos tenido nunca ese problema.
***


Renaturalizar a nuestros hijos

La esperanza de la humanidad está en que reconozca su naturaleza animal.

Por George Monbiot, publicado en The Guardian el 17 de abril de 2012

Con tres semanas de edad, roncas suave y cálidamente sobre mi hombro mientras escribo y estás más cerca de la naturaleza de lo que lo estarás nunca. Con tus necesidades y sonidos animales, movidos por un lento espíritu primordial que se sumergirá pronto en la cacofonía del pensamiento y el lenguaje, creo que perteneces más a la biosfera que a la esfera humana. Eres mi segunda hija y me parece que ya han pasado años desde que te vi en el escáner; tu esqueleto segmentado tenía el aspecto de un animal antiguo descubierto por los geólogos, enterrado en rocas intemporales. Ya he empezado a tener las esperanzas y los miedos a los que sucumben todos los padres; quizá desde que los primeros homínidos dejaron las huellas que muestran que la chispa humana se había encendido.

Permíteme empezar por el principio, con la organización a la que podrías pertenecer toda tu vida. Cuando nací, hace casi 50 años, en el duro invierno de 1963, el National Health Service solo tenía 15 años. A la gente le podía resultar difícil creer que por primera vez en la historia de estas islas podían enfermar sin correr el riesgo de la ruina económica, que nadie iba a morir por no tener dinero. Considero que este sistema es la cumbre de la civilización, una de las maravillas del mundo.

Ahora, eso forma de tal manera parte de nuestra vida que nos resulta igual de difícil creer que podamos perderlo. Pero me temo que cuando hayas llegado a mi edad, la asistencia sanitaria libre y universal sea una fantasía distante, un mito arcádico tan alejado de la experiencia de la generación de tus hijos como el Blitz lo está de mi generación. Una de las lecciones que aprenderás, dolorosamente, es que no existe valor público alguno por el que no se haya luchado.

El crecimiento de este sistema fue una de las características clave de la primera mitad del período que he vivido. Entonces, la riqueza fue ampliamente compartida y se redujo el poder de quienes la habían monopolizado. La fiscalidad fue usada sin problema como un medio de redistribuir la riqueza común de la humanidad. Este gran avance social está retrocediendo y, aunque quizá me esté adelantando, temo por tu vida adulta. Me parece que mi generación está despilfarrando tus derechos de nacimiento.

Esta destrucción es como un eco del modo en que tratamos el mundo natural. En mi infancia, nunca se me hubiera ocurrido pensar que pájaros tan comunes como el cuclillo, el gorrión y el estornino podrían tener una disminución tan rápida que viviría para verlos clasificados como especies en vías de extinción en este país (1). Me acuerdo de la sorprendente variedad de polillas que se arracimaban en las ventanas en las noches calurosas de verano, las anguilas, densas como fibra natural, que descendían por los ríos todos los otoños, las setas apareciendo sobre la hierba de los prados a millares.

Son imágenes que es posible tú no veas nunca. Cuando nazcan tus hijos, el tigre, el rinoceronte, el atún rojo y muchos otros animales que tanto me han cautivado puede que solo sean un motivo para lamentarnos.

Ahora comprendemos mejor lo que hicimos cuando nací —un año después de la publicación de La primavera silenciosa— con respecto a los límites naturales dentro de los que vivimos. La ciencia de los límites planetarios ha empezado a establecer los puntos más allá de los cuáles los recursos naturales que hacen viable nuestra vida dejan de ser sostenibles (2). Puede que ya hallamos traspasado, nos dice esta ciencia, tres de los nueve límites, y estamos bordeando la frontera de otros tres (3). Puede que vivas para conocer los extremos del cambio climático a los que he dedicado una gran parte de mi vida, con la esperanza de que podamos evitarlo, junto con nuevos desastres ecológicos, como la acidificación de los océanos, la pérdida de la mayor parte de los bosques que quedan en el mundo, de sus humedales y reservas de agua fosilizadas, los grandes predadores, los peces y los arrecifes coralinos. Si es así, sin duda te soliviantará la estupidez y miopía de quienes te precedieron. Nadie podrá decir que no fuimos advertidos.

Hay otro camino posible, a cuya investigación he dedicado los dos últimos y al que he dedicado dedicar gran parte de mi vida de trabajo. Es un medioambientalismo positivo, que intenta renaturalizar —restaurar ecológicamente— grandes extensiones de tierra no productivas y de mar sobreexplotado (4). Reconoce la notable capacidad de la naturaleza de recuperarse, de restablecer la compleja red de relaciones ecológicas con las cuales, hasta ahora, nos hemos equivocado tan toscamente. En lugar de luchar solo para evitar la destrucción, propone un mundo mejor y más rico, un lugar en el que espero que te guste vivir.

Al menos en un aspecto, este país y muchos otros ya se han convertido en lugares mejores. Creo que, al contrario de lo que dicen los políticos y medios de comunicación, la vida familiar es ahora mejor de lo que ha lo ha sido durante siglos (5), que el viejo y frío modelo de padres distantes y los daños —psicológicos, neurológicos y (como sugieren algunas investigaciones) epigenéticos— que causó empiezan finalmente a desaparecer (6,7,8,9).

Quizá la mayor fuente de esperanza y progreso social surja de nuestro redescubrimiento de las necesidades animales de los bebés y los niños pequeños: los requisitos básicos de consuelo, contacto y unión. Sí, ser padres unidos es gravoso (ahora que empiezas a agitarte y sacudirte, me temo que tu madre, agotada de una noche de alimentación casi constante, tendrá que despertarse de nuevo), pero creo que es la única fuente segura de un mundo mejor. Sabiendo lo que ahora sabemos, tenemos una oportunidad de evitar el daño, las necesidades sin contrapartida que han causado tantos males sociales, que están en las raíces de la guerra, de la codicia destructiva, de la necesidad de dominar.

Aquí está por tanto la esperanza: justo al principio, en el reconocimiento de que tú, como todos nosotros, vienes del mundo natural y perteneces a él.

http://www.monbiot.com/

Referencias:

El que quiera consultar las referencias numeradas entre paréntesis, las encontrará en

http://www.globalizate.org/monbiot270412.html

15 comentarios:

Araceli Esteves dijo...

Hermosa carta, llena de tristes presagios. Ay, Nan, ¡qué mundo dejaremos!

NáN dijo...

Y sin embargo, bastaría con tomar conciencia de las cosas, de que somos la mayoría aplastante y, si queremos,

"O povo es qui mais governa"

Un abrazo, ARACELI

Freia dijo...

De una lógica aplastante, perfectamente viable y hermosa.

Un abrazo suavecito, Nàn.

Genín dijo...

Presiento, que no es lo mismo que saberlo, pero si se acerca a sentir, que solo una revolución en profundidad nos daría alguna esperanza, lo difícil no es hacerla, lo tremendamente difícil es como pensarla y hacerla...
Aunque en mi entrada de por pensar en un hacha y da ideas...jajaja
Salud

NáN dijo...

Chêr FREIA, si el mundo se rigiera por la lógica, otro gallo nos cantara (el gallo rojo, en lugar del negro).

Venga ese abrazo, pero puede ser fuerte, que voy a nadar y tengo la espalda estupenda.

Pues ya hay un montón de libros, de artículos de filósofos, economistas, etc., que nos dicen cómo, GENÍN. Pero como los grandes medios de comunicación no se refieren a ellos, parece que no existan.

En cuanto a lo otro, acabao de leer en un blog: "si por quedarme quieto, ejerciendo mis derechos constitucionales de protestar, me pueden llevar a la cárcel, aumenta la posibilidad de que coja un palo y arrée con él".

A buen entendedor...

Un abrazo

Elvira dijo...

Totalmente de acuerdo. Hemos de ir en esa dirección.

Un abrazo

molinos dijo...

NO tiene mucho que ver...pero la carta me ha hecho pensar en Berlin tras la llegada de los rusos en 1945. En el libro " Una mujer en Berlin", una mujer cuenta su vida en la ciudad. Lo más espeluznante no son las violaciones en masa ni los asesinatos...( que son terribles por supuesto), lo más espantoso es como todo lo que das por supuesto y crees que no puede desaparecer en tu modo de vida..se esfuma.

Eso es exactamente lo que está pasando ahora: todos tus derechos laborales, el derecho a la educación, a la sanidad...el disfrute del planeta..se está esfumando y no somos capaces de hacer nada...la incredulidad nos paraliza en parte y la incapacidad para asumirlo nos paraliza la otra parte.

NáN dijo...

ELVIRA: amén. Pero para ello hemos de convencernos de que somos la mayoría, que ya basta, que lo decimos el 60% de la gente y vamos a luchar por ello.

Un abrazo

Pues creo que sí tiene mucho que ver lo que cuentas, MOLINOS. Las cosas pasan porque no hacemos nada, por la convicción tranquilizadora interior de que “no es posible que pasen”. Solo una minoría porcentual sabe que todo lo que tenemos no nos fue regalado, se luchó ambulatorio a ambulatorio, nómina a nómina, servicio a servicio: lo sabe la minoría que lo luchó.

Por eso la tendencia general es la de “me voy a quedar tranquilito en mi casa, dedicarme a lo mío, que ya lo solucionará alguien. Además, si creamos jaleo empeorarán las cosas”.

Se ha olvidado ya que la crisis se debió a “los abusos y las estafas del sistema financiero en la sombra, y las ayudas estatales al mismo (cuando algunos se atrevían a defender que salvar a la banca era salvar a la calle, que proteger a Wall Street era proteger a Main Street) están en el epicentro de buena parte de los problemas de déficit y de endeudamiento de muchos países” (Joaquín Estefanía escribió esto).

¿Y cuál ha sido la respuesta de los gobernantes? Seguir protegiendo al sistema financiero con los recursos que antes se dedicaban al Estado del Bienestar. ¿Por qué nadie dice que en unos años los paraísos fiscales han pasado de dos docenas a más de doscientos? ¿Por qué nadie propone que si son opacos y no pagan impuestos, además de tener orígenes dudosos legalmente, se dé un plazo de seis meses a partir del cuál ninguna institución financiera legal pueda “comerciar” con ellos? Si todo ese dinero volviera donde tiene que estar, se acabaría la crisis en una semana. Los Estados tendrían los impuestos necesarios para servir a los ciudadanos. (Por no hablar de que muchos mafiosos y corruptos tendrían que explicar el origen de esas fortunas).

Pero nadie quiere “pensar” que lo que tenemos se puede perder (como ha sucedido históricamente numerosas veces). No actuamos, dejamos que nos vayan amputando poco a poco parte de nosotros mismos y solo rezamos para que esa amputación sea la última.

Me alegra leerte por aquí, otro abrazo.

Esilleviana dijo...

La Carta de G. Monbiot me parece muy acertada. Hace algunos días leí este post, te dejo el enlace porque tiene bastante relación con las palabras del británico.

http://lacomunidad.elpais.com/tuttifrutti/2012/4/26/la-mujer-trabajo-valores-y-ministro


otro artículo interesante de este periodista: Por George Monbiot, The Guardian publicó en 2012 24 de abril, es tan bien bastante curiosa...

un saludo

Josep Vilaplana dijo...

Por la noche, cuando Violeta duerme, me gusta escuchar como el sonido de su respiración se mezcla con las cosas que dice la noche. Es mi forma, sin duda insuficiente, de pedirle perdón por todo lo que están haciendo, por todo lo que no puedo hacer. De todas formas, Nán, pienso que debo esforzarme, que debemos esforzarnos, contra viento y marea y cada cual en los ámbitos en que le sea posible, para conseguir desmentirlos, para conseguir destapar su enorme cubo de basura, para conseguir denunciar sus ignominias, para conseguir cortarles sus poderosas alas.

Soy consciente de que eso no garantiza que el mundo que les dejemos, el de Violeta y el de todos los que esperan su turno, sea mejor, pero lo que si permite es mantener una cierta dignidad en medio de semejante naufragio.

Un abrazo, Nán.

NáN dijo...

Me ha gustado mucho el enlace, ESILLEVIANA. Parece como si una "mente pensante nada abstracta" haya estado decidiendo que la asistencia pasa del Estado a las ongs, costeadas mayoritariamente por los socios de apoyo; y que haya decidido que el "trabajo" va a ser escaso estructuralmente, por lo que hay que sacar otra vez del cajón que las madres están mejor en casa, educando a los hijos, como escribió en tu enlace el listo del ministro de educación. Y como rebate bien ese profesor. Tenéis que oponeros con fiereza a la campaña de "Vuelve al hogar, tu sitio".

Un abrazo

Desde luego, JOSEP. Dar algo por perdido significa perderlo. Creo que si traemos hijos al mundo firmamos un contrato con ellos: procurar que ese mundo sea vivible.

No somos superhéroes y no nos pedirán cuentas de los logros, pero será muy triste que nos acusen de no haber hecho nada por impedirlo.

Así que en esas andamos, cuando deberíamos dedicarnos, como mínimo, a la caza fotográfica de mariposas.

Un gran abrazo

Sincopada dijo...

Me ha gustado, da mucho que pensar....suelo cuestionarme a veces la locura de mundo que le voy a dejar, perdón, les vamos a dejar a nuestros hijos y amenudo me siento culpable e inútil.
Entonces, tras la culpabilidad, llegan las ganas de cambio y es cuando me animo y enorgullezco por estar dando el callo cada día y cada minuto para hacer de mi hija una PERSONA CON CONCIENCIA...aunque le cueste muchos disgustos. Ellos serán mejores que nosotros, sin duda, aprendemos juntos cada día.

Kisses.

andandos dijo...

La carta viene a responder, en parte, a la pregunta de qué debemos enseñar a nuestros hijos. Creo que debemos enseñar a nuestros hijos a mirar el mundo, en sentido literal y en el figurado, una cierta manera global de qué mirar y cómo. Los medios de comunicación y la publicidad hacen esto con ellos desde que nacen, y por supuesto también con nosotros. No siempre sus intereses son los nuestros, y son muy seductores, como sabemos.

Un saludo, Nán

Dol dijo...

No parece tan difícil,leído así.
Volver a lo natural no debería costarnos nada.
Es como pararse a pensar cuántas cosas de las que se suponen inevitables de verdad nos resultan "necesarias".
Cualquier persona sana sabe responder a eso.
Otra cosa es aplicarlo a nivel mundial.
...
No sé,Nán,no sé.
Besos,mientras tanto.

NáN dijo...

Hola, SINCOPADA. Tu aparición aquí es la prueba de que es cierto, que aquello que (por doloroso y fatigoso) no estaríamos dispuestos a hacer por nosotros mismos, la buena gente está dispuesta a hacerlo por sus hijos. Ahí hay una esperanza abierta. Crear hijos con conciencia es una tarea difícil; sobre todo porque si nos oyen hablar de una manera y actuar de otra, los niños y los jóvenes son muy listos.

Te deseo coraje en la tarea no solo de concienciarla a ella, sino en la de luchar para minimizar el mazazo que nos están dando con las políticas del FMI; que dicho sea de paso, han sido un fracaso en todos los países en los que las han “impuesto”. Son auténticos creadores de desastres.

Un abrazo

Tienes razón en un 50% de la tarea, JOSÉ LUIS. El otro 50% es que no solo debemos educar hijos fuertes para un mundo que será peor que el nuestro. También debemos luchar para que sea “menos peor” de lo que las políticas actuales profetizan que será. Nuestra responsabilidad de cambio no podemos abandonarla como una caja vacía que les dejemos en herencia.

Un abrazo y ánimo

Los tres últimos comentarios, que cierra el tuyo, REYES, incluyen algo parecido. De ahí que mis respuestas también lo sean. Como padres tenemos una responsabilidad individual; como miembros de la sociedad, nuestra responsabilidad es social. Es importante que en nuestras casas se piense y se viva de otro modo, pero también lo es que actuemos de otro modo, protestando contra lo injusto y organizándonos (aunque sea mínimamente, con un grupo de amigos) para informarnos y actuar.

Un beso