sábado, 5 de septiembre de 2009

Parvulario de verano 10-A. No nos ven

En el campo de la percepción, a veces unas anécdotas transmiten el sentido real. Aquí van dos.

Un amigo ha estado este verano en Latinoamérica. En un bar prestó atención a la conversación de la mesa de al lado. Una mujer joven, de unos cuarenta años, bien vestida, evidentemente venezolana de clase media de las de allí, dijo: “Tenemos que conseguir que Venezuela vuelva a ser un paraíso, donde podamos tener tres criadas”.

Otro amigo que trabaja en una multinacional vivió una restructuración de personal. Una decena de sus compañeros de aquí fueron despedidos, junto con algún centenar de los del resto del mundo. Lo normal. Dos meses después, un alto ejecutivo se mató en un accidente. Todos los empleados recibieron un mensaje en el que, aparte de las condolencias habituales, se hacía referencia a la tristeza por la condición en la que quedaban los hijos de este y se indicaba que se había abierto un fondo para asegurar su educación, fondo al que esperaban que contribuyeran todos los empleados.

En ambos casos, ¿son unos malvados? La señora venezolana, que por lo visto en la Venezuela de ahora no se puede conseguir criadas por la comida y una propinilla, ¿cree que cada una de sus criadas tiene a su vez en su casa otras tres, que les arreglan la casa y les dan masajes en los pies cuando regresan reventadas? ¿Y así una cadena de servidumbre de tres en tres? Y los ejecutivos que se apiadan de los pobres hijos del accidentado, ¿no saben que los despedidos tienen hijos que se verán gravemente afectados por la pérdida de trabajo de su padre o su madre?

No. No son malvados. No duermen mal. Simplemente: no existimos. No nos ven. No conocen nuestra existencia. Somos actores de reparto, instrumentos. Proletarios en el sentido histórico de la palabra: nos reproducimos para que haya el número suficiente de instrumentos. Todo lo más, formamos parte de estadísticas diversas, siempre en conjunto. Porcentajes de empleados, de desempleados, coste global del trabajo, coste de los servicios sociales y asistenciales. Y para manejar a esos conjuntos, dado que en las democracias todos podrían votar y se les acabaría el Paraíso, proveen de fondos suficientes a medios de comunicación que bombardean a las mentes de los proletarios; poco educadas, por cierto, que ya se han encargado de ello.

6 comentarios:

June dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, y con el post que viene después de éste.
La mayoría de las cosas importantes no se ven , en el mundo debe haber unos cuantos millones de formas de percepción distintas.
Una por individuo.
Pero los que están arriba lo organizan todo para salir ganando siempre.
Saludos.

Librería de Mujeres Canarias dijo...

Estupenda lección,profe, cuántas veces me siento invisible,cuántas me deprimo por el proletario que defiende la empresa como si fuera familia del dueño,qué mezquino sistema el que tenemos!Me encantó el ejemplo de las criadas,vi esa red piramidall infinita masajeando pies y sonreí..
Besos.

Rocío Rico dijo...

Me gustan estos dos ejemplos porque conjugan a la perfección con mi idea de que el ser humano sigue siendo bueno por naturaleza.
Todo lo malo que hace es por patología, por equivocación, por torpeza, por ignorancia... y en este caso por absurda ceguera.

¿Sabes? Últimamente ando pensando que lo que nosotros hemos querido llamar "maldad", en realidad lo que es es ausencia de empatía.

Cada vez estoy más convencida.

A filla do mar dijo...

Se requiere mucho esfuerzo para ponerse en lugar del otro y no todo el mundo está dispuesto a hacerlo, claro. Y resulta más difícil cuanto más alejado estás.

Es difícil entender el hambre cuando no la has sufrido.

Lo peor, para mí, se da cuando aquellos que tienen el deber, la obligación (porque es su trabajo) de erradicarla miran para otro lado. Eso me parece, simplemente, intolerable.

Rocío Rico dijo...

Aún así se puede, A Filla do Mar.
No es necesario vivir una cosa para ponerte en el lugar del que la vive, sólo hay que ponerle un poco de voluntad. Y no creo que requiera tanto esfuerzo.

Si nunca he sentido hambre ¿cómo puedo entender a quien la siente? ... reflexionando sobre el hambre y buscando dentro de mí una experiencia parecida... siempre las hay.

Quizá no he sentido hambre nunca, pero seguro que sé que el hambre es una sensación molesta que aparece cuando no satisfago una necesidad fisiológica básica, como es el comer. A ver.... sí, seguro que alguna vez he tenido sed, muchísimo sueño, tremendas ganas de hacer pis, granos que me picaban...... ¿sigo? hay muchas sensaciones que puedo usar para entender el hambre que tiene la persona que tengo delante... y no cuesta tanto.

;-)

NáN dijo...

Desde luego, June, vemos lo que estamos "adiestrados" para ver. McLuhan cuenta en sus libros historias bastante divertidas que lo demuestran. Y en lo personal, soy un mirón empedernido y me esfuerzo por ver cada vez más. Como decía el personaje de El Crack, la única peli memorable de Garci: "Ando mucho, miro mucho y lo que veo no me gusta nada".

Pero lo fastidioso es que la parte "visible" del poder está adiestrada para no vernos.

Bueno, Izaskun, me alegro de haberte hecho sonreír, ya que la historia esta, como bien dices, tiende más a deprimirnos (pero como he escrito muchas veces, la tristeza es contrarrevolucionaria).

Estoy de acuerdo a medias contigo, Leg. El ser humano aprende a ser malo con notable rapidez y eficacia. Disfruta humillando y causando dolor. Pero tampoco es la mayoría. Tienes razón en lo de la falta de empatía y, en esto, puedo hablar de la mayoría casi absoluta de los poderosos, y se traslada a la mayoría de los "podidos", les falta empatía: pero es porque son egoístas. El egoísmo, el primero yo y el mundo que se apañe, es una enfermedad general para la que no hay una cura general.


El hambre la genera el Sistema, Filla. Y nosotros somos la parte favorecida de ese sistema, por lo que tenemos nuestra responsabilidad propia. No creo que te acuerdes, por tu juventud, de lo de la arruga es bella y las prendas de lino. Se vendía también como trabajo para el Tercer Mundo, que lo plantaba. Lo que no se decía, claro, es que no lo hacían en campos nuevos, sino en aquellos en los que cultivaban tradicionalmente sus alimentos. Así que europeos y americanos llevábamos chaquetas de lino y los tercermundistas, como nosotros pagábamos más, dejaban de comer. Ahora sucede lo mismo con el biodiésel. Innumerables hectáreas dedicadas a cultivos para energías "limpias" (es mentira, no lo son). Creo que fue Monbiot, el periodista británico, el que dijo al respecto que, como con ese cultivo condenamos al hambre a millones de africanos, "¿no sería más cristiano, por rápido, licuar a los africanos directamente para llenar nuestros depósitos de combustible?".

Siempre insisto (en el 10-B siguiente sugiero algo) en que debemos hacer algo personalmente. La izquierda somos nosotros, no los partidos que dicen representarla, por más que sean útiles para ciertas cosas. Pensar y opinar libremente, que es lo que hacemos en estos rincones de la blogosfera, es ya algo: nos rearma ideológicamente y nos impulsa a actuar fuera de lo virtual.

En este segundo comentario, Leg, el acuerdo ya es total. Aunque subo la apuesta. Todos nosotros somos lectores y en los libros hemos aprendido a ver y entender mil vidas. Todos, como dices, conocemos el sufrimiento. Pero el hambre es peor, no es una sensación de falta física, sino algo que deja secuelas casi imborrables en la estructura química que es el ser humano. Porque además, el que sufre hambre también sufre de falta de educación, de higiene y cuidados médicos