sábado, 12 de septiembre de 2009

Parvulario de verano 12. La identidad y Patrick Modiano

Hoy, lección doble, para que elijáis. Además, el curso se acaba y me parece que vamos atrasados en el temario. Es un extracto de la novela Calle de las tiendas oscuras, de Patrick Modiano, publicada por Anagrama y traducida por mi envidiada María Teresa Gallego Urrutia. El párrafo, largo, lo subrayé. Aunque Modiano suele tratar el tema de la identidad, siento especialmente cercano este párrafo. Me inquieta. Me hace preguntarme quién soy (dando por hecho que “el ser” es un proceso breve). Para aclarar más, Hutte era el dueño de una agencia de detectives privados, que se ha jubilado, mientras que el narrador era su único empleado. Tras sufrir amnesia acudió como cliente para rastrear su pasado, pero se quedó como detective. Ahora que la agencia no existe, pero sabe rastrear, la novela consiste en la búsqueda de sí mismo. Espero que el párrafo os sacuda como a mí. La identidad es un buen tema para los primeros fresquitos del verano.

(Y por cierto, qué pocos me habéis mandado un texto para el día 20. Va a ser un cierre de curso muy deslucido).


«Qué gente tan peculiar. De esa que no deja a su paso un vaho que enseguida se disipa. Hablábamos muchas veces Hutte y yo de esos seres cuyo rastro se pierde. Surgen un buen día de la nada y a la nada regresan tras haber brillado con unas cuantas lentejuelas. Reinas de belleza. Gigolós. Mariposas. La mayoría no tenían, ni siquiera en vida, mayor consistencia que un vapor que nunca habrá de condensarse. Hutte me citaba, por ejemplo, a un individuo a quien llamaba “el hombre de las playas”. Aquel hombre se había pasado cuarenta años de su vida en playas o al borde de piscinas, charlando amablemente con veraneantes u ociosos acaudalados. En las esquinas y en los segundos planos de miles de fotos de vacaciones aparece en traje de baño en medio de alegres grupos, pero nadie podría decir ni cómo se llamaba ni por qué estaba ahí. Y nadie se fijó en que un día desapareció de las fotos. Ne me atrevía a decírselo a Hutte, pero creí que “el hombre de las playas” era yo. Por lo demás, no se habría extrañado si se lo hubiera confesado. Hutte repetía siempre que, en el fondo, todos somos “hombres de las playas” y que “en la arena –cito sus propias palabras– no dura más que unos segundos la huellas de nuestros pasos.»

24 comentarios:

Elvira dijo...

Interesante final. A mí algunas personas me han dejado una huella muy profunda, desde luego. Pero siempre es bueno no darse uno excesiva importancia.

Un abrazo

Isabel dijo...

Un vaho, un vapor, una huella. A veces da miedo enfrentarse a ello, pero eso es, no hay más, no habrá más.
Pero, mientras, pisemos.

Un beso

vega dijo...

Nan, me he leído el parvulario del tirón ahora mismo. Me lo estaba guardando para una tarde tranquila y luminosa...
Me voy a dormir la siesta pensando en eso que decías al principio (hace un rato para mi) del nivel y la altura... Si esto es un parvulario quiero siempre parvularios

Un abrazo!

Gemma dijo...

En ocasiones vemos a los otros (a algunos de esos otros) como seres desustanciados que pasan por nuestras vidas (susceptibles de padecer el mismo mal) sin dejar apenas rastro o huella o impresión alguna. Hasta que cambias de opinión el día en que la muerte empieza a llevarse a tus seres queridos; momento en que descubres como un fogonazo que todas las huellas, impresiones y rastros son simplemente eso: señales que borra el tiempo. Muy lúcido el fragmento que nos pusiste hoy.

(Si para el 20 se me ocurriera algo digno de tu blog, prometo mandártelo). ;-P

Abrazos dobles o triples

Gemma dijo...

aunque a ti esa realidad no te consuele para nada, se me olvidó añadir.
Beso esta vez

NáN dijo...

Unas huellas, Elvira, dejan su impronta en otras, que a su vez las dejan en otras, pero en estas terceras ya no están las primeras.

Por eso el sabio Hutte dice que todos somos hombres de las playas.

Isabel, has dado en el clavo, y lo que dices me sirve para terminar de contestar a Elvira. Pisemos. No aprovechar este azar sería de locos. Pero no seamos tan pretenciosos de pensar en la duración.

¡Qué bueno!, Vega, que te los hayas leído todos juntos, en una siesta brasileña. Seguro que has visto un sentido que mí se me escapa. Un sentido, por supuesto, que se ha hecho entre todos y que no estaba ahí en origen.

Ay, Gemma, salvo los que dejan detrás una obra que sigue "impresionando", nuestro recuerdo está en unos cuantos, muy pocos, cerebros. Me encanta este fragmento porque deja al descubierto que somos ese vaho (y esto da más valor al "pisemos" de Isabel).

Como hijo tardío de una época en la que la edad media era muy inferior a la de hoy, dos de mis abuerlos habían muerto antes de nacer yo, los otros dos, cuando tenía 3 años, mi padre con 11 y mi madre con 28. Pero esta meditación no se hizo potente hasta que murió uno de mis hermanos. Las ramas de la misma altura duelen especialmente. Son los testigos de tu vida.

Inevitablemente, la levedad del ser y la muerte están estrechamente unidas. Por eso te agradezco que hayas resaltado ese punto.

Sin embargo, y aunque no consuele, por otro lado da fuerza para vivir con la máxima conciencia posible (de la necesidad de vivir y de nuestra pequeñez).

Anda, que si a ti no se te ocurre algo, por ser tuyo valioso... me enfadaré.

Elvira dijo...

"Las ramas de la misma altura duelen especialmente. Son los testigos de tu vida." Murió mi hermano hace 4 años y te doy la razón. Un abrazo

(Como ya sabes apenas escribo, así que "no me doy por llamada a esa cita"; no es desprecio, todo lo contrario)

Araceli Esteves dijo...

A pesar de dejar pocas huellas, también he visitado tu parvulario.
El texto me ha gustado mucho.
Es muy interesante el tema de las huellas que vamos dejando sobre la arena y sobre las personas. Supongo que todos queremos que se note que estuvimos allí.

Luna dijo...

Me parece un poco duro para un parvulario y ademas en domingo y fiesta de guardar.
¿Qué es la identidad? en el cole me ponen un cartelito con mi nombre
¿Es eso?
lo pregunto desde mi inocente y corta edad.

Bárbara dijo...

Es bueno saberse hormiguita, asumir que estamos de paso. Lo que de adolescentes era una idea insoportable, ser un hombre de playa, se convierte con el tiempo casi en un placer ¿o será que me estoy haciendo mayor?
En fin, que me han entrado ganas de leerme ese libro.
Y que tengo que rescatar el post donde pides los textos a ver si me entero bien.

LA ZARZAMORA dijo...

Las huellas en la arena, las arrastran las olas, pero hay otras que nos dejan marcas indelebles de por siempre. Sí, supongo que todos somos hombres de las playas.

Miles de besos, Nano.

NáN dijo...

Ni te preocupes, Elvira. Pero para los que vayáis a enviar, el 19 a las 8 de la tarde sería la fecha límite.

Gracias por tu presencia, Araceli. Lo que dices es cierto para la mayoría, pero también he conocido personas espléndidas que procuraban dejarse ver lo menos posible.

LaLuna, es fiesta "para guardar la vergüenza en casa". Bueno, la identidad es parecido: es todo lo que vas haciendo para rellenar ese nombre del cartel. (O algo así, no me hagas demasiado caso).

Bárbara, te estás haciendo sabia, que no mayor. El texto es de lo que quieras y hasta el 19 por la tarde tienes tiempo.

"De por siempre vivamos para recordarlas", Eva. Esas son las reglas del juego. (Tampoco creo que haga falta más, ¿no?).

Miles de besos para ti y para todas.

Luna dijo...

Tengo mis dudas sobre la identidad, por eso lo pregunto.
Todo lo que nace, muere.
Desde que nacemos hasta la fecha de caducidad, vamos cambiando - o eso creo- dependiendo de los acontecimientos que nos vayan sucediendo.O nos vamos amoldando, que también puede ser.
Quitando el nombre, apellido y fecha de nacimiento, lo demás no cuenta mucho para la identidad.
Mi visión es un poco simple, lo sé.
Me gusta evitarme disgustos innecesarios

un beso

NáN dijo...

Los nombres y la fecha de nacimiento solo son códigos de identificación. Si aquí pusieras tus nombres y fecha de nacimiento no aportarías información sobre quién y cómo eres.

Sospecho que en ese "cómo" reside la identidad.

Que sea cambiante, no importa. Será la identidad de ese momento, en transformación según los hechos que han sucedido. Pero si te digo si te apetece conocer a Marcos Cifuentes, nacido el 12 de febrero de 1964, me contestarías "¿y yo qué sé? Háblame más de él para saber cómo es".

Ahí está la identidad.

Puedes creer que el nombre dice algo, pero salvo que sea Rotschild dice apenas nada. Una tribu india nativa de América del norte, cuando alguien muere le dan un nombre nuevo, que se adapta a su vida. Por ese nombre será recordado desde entonces. Ése nombre ya no es un código, sino una descripción de la identidad.

Noite de luNa dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Belcán dijo...

¡Yo soy muy hombre de las playas! Me doy cuenta: un día dejé de salir en fotos y páginas.

Es porque he ido a pescar y me meto en líos y borrascas yo sólo. Una de dos: o vuelvo o descubro cierto atolón.

Me dio envidia Roberto con vuestra aventura malasañera y tardío-veraniega!

Espero que nos veamos pronto en Madrid...

Microalgo dijo...

Millás también se plantea mucho el tema de la identidad...

Yo, por el contrario, lamento reconocer que asumo la mía con cierta indiferencia y sin mucha sorpresa. En ciencia hay que asumir postulados no metafísicos para ir tirando. Yo soy Microalgo, estoy aquí sentado y soy como soy y estoy donde estoy por una serie de causas y azares ,algunos controlados por mí, otros no tanto, y otros completamente incontrolables.

Y mi cerebro reptiliano me dice "bueno, ¿y qué?" y luego me insta a comer carne con setas. No, si la culpa de mi sobrepeso la va a tener el cerebro reptiliano, después de todo.

Ego sunt qui sunt et sarcum fungique fagocito.

O algo.

Rocío Rico dijo...

¡Qué sorpresa! ... sobre este tema tengo yo todo un blog ... y se podía resumir tanto!!

Es impresionante, casi milagroso cómo funciona el mundo. Uno se cree protagonista de la peli y no es más que un extra en la de los demás... una persona de fondo en la foto de aquella chica que posaba detrás nuestro cuando pensábamos que el mundo giraba alrededor de nuestro día en la playa.

¿Cuanta extensión debe tener el texto? ¿que forma? ¿que tema?

;-)

NáN dijo...

Belcán, para ser un hombre de las playas estás bien aferrado en la memoria de muchos. También tengo ganas de que vengas y nos veamos.
Abrazote.

Desde luego que la identidad se hace por el azar. Cuando se la forja uno, lo que le sale es un "personaje" (normalmente infumable). Lo repitliano no está tan mal, aunque la Virgen nos pise la cabeza.

Eso es, Leg, los demás son los que ponen nuestro "yo" en salmuera.

Tema: el que quieras.
Formato: el que más te guste (relato, poema, pensamiento, peripecia...)
Extensión: siempre aconsejo la que a uno le gustaría ver en el blog de otros... pero si el tema se te desmanda, ¡déjalo fluir!
(eso sí, el 19 a las 8 de la tarde cierro, para publicar el 20).

Abrazos múltiples

MBI dijo...

Me ha gustado más que mucho este blog....link

NáN dijo...

Y yo me he llevado una agradble sorpresa en el tuyo, MBI.

Rocío Rico dijo...

¿Donde hay que mandarte el texto? No he visto ningún e-mail por aquí...

NáN dijo...

angeles.berlin@gmail.com

Librería de Mujeres Canarias dijo...

Y lo leo y releo sintiéndolo cierto. Y sin embargo hay identidades asesinas (plagio el título de Maalouf) que para nuestra desgracia dejan huella en la carne y la conciencia.
Perdona que no te haya enviado texto, Nano. No me salía nada nada.
Un beso.