viernes 22 de mayo de 2009

El tema era la revelación



La dignidad no es el juego


Supongo un castillo. Resplandeciente desde abajo, como si lo hubieran construido ayer. Solitario y orgulloso. No yo, es todo el pueblo el que cree que las órdenes vienen de él. Mas en el instante que dura un cabeceo, que produce un despertar inmediato por el dolor de la tensión del cuello ante la caída de la cabeza, vuelo y penetro en el castillo. Está solo, frío, huele a rancio. Quien lo gobernaba y sus servidores, que mantenían una actividad frenética de la que partían todas las órdenes y la fuerza para su cumplimiento, hace tiempo que lo abandonaron. Ahora, con los ojos abiertos, lo comprendo.

Yo soy el castillo y el pueblo es mi cuerpo.

Mi cuerpo, que creía cumplir órdenes de un poder, ha quedado solo, frío y huele a rancio. No cabe de la vida mayor indignidad.

Todos los martes y viernes, desde la muerte de Sonia, viene una musculosa mujer. La espero en medio del cuarto de baño, desnudo. Me ayuda a meterme en la bañera, donde me quedo de pie, agarrado con la mano a un soporte, encorvado, y ella me ducha, corta el agua, me restriega todo el cuerpo hasta enrojecerlo y, después, con una esponja pequeña, con la misma esponja, me limpia todos los orificios del cuerpo, vuelve a abrir el agua, me ayuda a salir y me frota con una toalla. Me pone unos calzoncillos y un pijama, limpios; me riñe por no haberme cambiado de calzoncillos desde la ducha anterior. Y por llevar esas zapatillas astrosas en lugar de usar las nuevas. Pero después de haber sido tratado como un bebé vertical y temblón, me da lo mismo que me riña y solo deseo que se vaya pronto. Me siento a gusto. Aunque mayor indignidad no cabe.

Los lunes, miércoles y viernes viene Silvia, la asistenta desde que Sonia cumplió 40 años. Limpia la casa, coge dinero de un cajón, hace la compra y cocina para ese día y el siguiente; sobre todo sopas, que es casi lo único que acepto con gusto. Una vez al mes, entra en el cuarto de Sonia, a airearlo, quitarle el polvo y fregarlo.
Hacía ya tiempo que dormíamos cada uno en un cuarto. La molestaba con mi insomnio y, cuando me dormía, con los ronquidos. Desde que murió no había entrado, salvo la semana pasada, pero siempre quise que se conservara igual. A su muerte, Silvia me dijo que dos abrigos y unos vestidos del armario le vendrían muy bien y que a la señora no le importaría, pues muchas veces le había dado ropa. Le dije que no, claro. Desde entonces la inquina que siempre me había tenido se convirtió en odio. A Sonia la envidiaba y yo entendía que lo hiciera. Dos mujeres tan distintas, la una premiada por la suerte y la otra sacando adelante su casa y la nuestra. Supongo que me roba en las cuentas, que nunca me justifica, pero no me importa. De lo que estoy seguro, porque la he visto, es de que escupe en la cazuela de la sopa. Pero me da lo mismo, porque no diferencio entre sus escupitajos y el sabor al jamón rancio que compra para las sopas. Con todo, no cabe mayor indignidad por su parte.

Me atreví, después de tanto tiempo, a entrar en el cuarto de Sonia. Hice mal, porque seguía manteniendo algo de ella que los fregados mensuales no habían conseguido arrancar. Enredé un poco con los objetos, distraídamente, y abrí un par de cajones. En el segundo, al fondo pero sin esconder, encontré varios mazos de cartas, uno por año. Es lo que llevo leyendo, casi sin dormir, esta última semana. Los dos habíamos tenido relaciones fugaces, que nos contamos, y yo también alguna no que no lo fue tanto y no se lo conté. Por eso supuse siempre que también ella me ocultaría algunas. Por mi trabajo, en diferentes períodos, estaba fuera casi cinco meses de cada año. Lo que no podía esperar era que desde que cumplimos diez años de estar juntos, hubiera tenido una relación apasionada con Héctor. Que se hubiera dado a él mucho más que a mí. Y que conservara todas sus cartas desde la primera a la última.
Héctor era un poeta nefasto que malvivía de lo que podía. Un joven airado, lo que deja de tener gracia si no te mueres con 22 años, sin ningún rasgo de talento para el lenguaje, aunque sí para presumir de un conocimiento diferente de la vida. A mí me producía cierta pena y cada vez que lo encontraba en un bar le invitaba a todo lo que hubiera tomado, soportaba su conversación y prometía hablar de él a mis amigos periodistas. Pero había recibido lo mejor de la atención de Sonia, oculta para mí durante tantos años. Apenas había salido el tren o el avión en el que me iba, se instalaba en casa y vivía allí hasta horas antes de que yo regresara. El torpe y engreído de Héctor.
Repaso las conversaciones de Sonia y les voy dando un giro a su significado. Su ánimo constante por mi carrera, de la que creía se sentía orgullosa, su presión para que siguiera manteniendo mi posición y viajando tanto como fuera necesario. Podría haberle dado la negrura de Héctor, con más fundamento, pero me enorgullecía pensar que había formado para ella un mundo claro y luminoso, que era lo que necesitaba. Ahora tengo que desmontar cada situación, carroñear cada fibra, hasta llegar al hueso duro y seco de no haber sido amado. Solo temo que por mi edad muera antes de haber terminado la tarea, cuando queden en mí restos de mi largo amor por ella.

Silvia tuvo que ser la que recibía las cartas y luego las guardaba. La que, rencorosa, las puso en el cajón para que alguna vez las viera. La que les llevaba el desayuno a la cama. Por eso he llamado a un restaurante cercano para que me sirvan dos raciones de sopa y una barra de pan cada día, y a una tienda para que me traigan fruta y las pocas cosas que me hacen falta. Aunque sé que lo necesita, le he reducido a la mitad el tiempo de trabajo y el sueldo; y ya no hay dinero en un cajón abierto. Presiento que cabe mayor indignidad, pero todavía no se me ha ocurrido cómo.

28 comentarios:

Lara dijo...

mmm...

qué digno desayuno!!!

gracias

Isabel dijo...

Tu texto es como chocarse con la vida de bruces. ¡Es tan real ese desmonte que haces!, sin embargo, por la primera frase del principio "en el instante que dura un cabeceo", también se puede entender que entras en el castillo como en el sueño.

Y luego el título, está muy bien pensado y lo adviertes.

Me gustan los textos como el tuyo donde se puede jugar a interpretar.
Ese preguntarme qué has querido decir, ese es para mí el juego.

¡Estupendo!

Aroa dijo...

algo maravilloso está pasando con tus cuentos...

BB dijo...

La típica historia del hombre
engañado, el hombre que pretende
ser el amo de lo suyo, cuando
quien lo ejerce es la mujer y sus
acólitos. El hombre que pierde
su dignidad ante la revelación
del engaño, quizás presentido, pero
ignorado, que lo golpea en el
rostro. Su incapacidad de cortar
amarras o dependencia, de quienes
no lo quieren bien y sus dudas
ante la indignidad que esto
representa.
Es mi interpretación de este
relato tan bien escrito y tan
patético.
Espero haberlo entendido, Nano.
Un beso
BB

Araceli Esteves dijo...

Un durísimo relato que me ha puesto los pelos de punta.Muy bier relatado, eso sí.

antonio dijo...

BONITO

Chino dijo...

Me encanta la lucha entre indignidades, que se alimentan entre sí (pero sólo en el relato)

Guarevers Son dijo...

muy interesante, muy bueno, muy digno de ti.. me encnto

te espero por mi blog, para que me des tu opinion

ana dijo...

No es tiempo de rendiciones ni de resignaciones. No veo ninguna indignidad en el relato. Qué es la dignidad en estos casos?
Yo no lo denominaria indignidad.
Ser castillo, y tener un cuerpo por pueblo, es mantenerse firme, aun sabiendo que habia que saber enterrar a los muertos, que aun vivos, habiamos ido matando poco a poco, y solo entendimos su valia, ante la soledad y las necesidades biologicas que despierta el cuerpo.
No, no es indigno,acabar por entender el significado de la indignidad.

Mega dijo...

La indignidad genera indignidad, como el odio, odio, y el amor, amor, qué duda cabe.

Siempre pensé que era una crueldad enorme ese ansia que tenemos ya de fábrica de esperarlo todo de la condición humana.

Abrazos, Nano. Y felicidades por el relato. De tan certero, me provocaste verdadero pavor...

PS: Tambien me acordé un poquín de Kjell Askildsen. ;-)

Anónimo dijo...

El odio no siempre engendra odio, ni el amor amor, si fuera tan facil.

siempreconhistorias dijo...

Excelente relato, Nán. La secuencia de indignidades es terriblemente real. Y el miedo a morir con restos del amor, tremendo.
Un beso.

manolotel dijo...

El retrato, escrito en una valiente primera persona, es genial.

Resulta fácil reconocer la estratégia dulce de la venganza doméstica, contrapuesta a la erosión con la que la edad nos limita.

Por supuesto que hay reacciones mucho más agresivas, incluso en situaciones de inferioridad manifiesta, pero el recorrido psicológico suele ser bastante parecido al relatado.

Entre la soberbia y el orgullo, la dignidad es solo una delgada linea blanca y cualquier cosa es un arma.

Creo que, si alguna vez la perdiste (cosa que me ha sorprendido en uno de tus anteriores post) has recuperado sin ningún género de dudas tu pericia literaria; ¡queremos un hijo... digo, un libro tuyo!

Ah, y el poema ese que se me ha quedado atrás tiene un ritmo cálido y cercano como una confidencia junto al mar.

Un abrazo fuerte, amigo.

eva- lazarzamora dijo...

Queremos un libro, yo ya lo vengo diciendo hace un tiempito ya.
Y mas textos como éste.
Queremos mas.
Queremos mas.
"ana", soy yo, Nano, solo que no queria volver a abrir el blog, pero no me he perdido ninguno de tus textos.
Un hombre asi, como dije antes, no me resulta indigno.
El relato es una "revelacion".
Un abrazo.

NáN dijo...

¡Vaya!, os había contestado a todos y el sistema no me deja subir el comentario por que me paso del límite de caracteres. Lo divido en dos contestaciones.Lara querida, gracias a ti siempre, joven maestra. Espero que lo acompañaras de un rico jugo exprimido de poetas rusas.

Lo que me dices, Isabel, de que es como chocarse con la vida de bruces es un halago enorme. Con respecto a la interpretación, es voluntario dejar abiertos varios caminos (cuando se dejan). Un texto breve que uno no puede hacer suyo, lo mismo pasa con la poesía, queda falto de algo. Por eso toda interpretación es buena. (¡gracias!, me has animado mucho).

Aroa, es que es formidable lo que pasa con todos en el taller. Me lo tomo en serio, me obsesiona, siempre camino imaginando y escribiendo mentalmente. Con respecto a los últimos, la diferencia es que los he escrito con tiempo de hacer una segunda versión, en lugar de apresurar algo el martes por la tarde y soltároslo como un ladrillazo. Pero las circunstancias pueden volver a cambiar.

Querida BB, líneas arriba he escrito que acepto todas las interpretaciones, porque lo importante es que cada uno lo pueda hacer suyo. Así que la tuya me parece perfecta. En todo caso, si estuviéramos en una mesa de un café, tomando algo tranquilamente, te discutiría (no como el autor sino como un lector, con iguales derechos los dos ante el relato) que ese hombre quisiera alguna vez ser el amo. Más bien me parece que se sintió compañero y enamorado. Pero puedo equivocarme como lector. Y en todo lo demás, como te digo, coincides plenamente con lo que me proponía.

Gracias, Araceli, otro halago que me estimula. Porque esa vejez me ha atraído siempre, no es algo de lo que escriba porque la vea más o menos cercana. Y tuve una “ayudita” con cierto autor, al que se refiere una comentarista, que me ayudó a crear el “contexto”, a fijarme mejor.

Gracias, Antonio. Tu blog tiene un grado más: interesante.

Desgraciadamente, Chino, aunque no nos guste, son reales fuera de los relatos. Escribir solo tiene el sentido de dar mayor presencia a lo que es.

Ya la dejé en vuestro blog, Guarevers, muy atractivo vuestro pop.

¡Que cierto!, Ana. En realidad ninguno es el tiempo de esa derrota. Pero ahora, que tanto hay en juego, menos todavía. Pero qué difícil es no sentirse así cuando te ves manejado. La empatía es un bien escaso y la soledad es frecuente. No estoy cantando gloriosos tiempos pasados, en los que las viejitas y los viejitos eran cuidados en la familia grande, romana, porque el menosprecio, cuando no existía amor, debía ser tan doloroso o más. Creo que, al menos, en una comparativa, prefiero más la lucidez y la independencia de vida de este protagonista. ¡Acabo de saber quién eres! Me refiero a que he visto tu último comentario.

Agradezco de verdad lo que me dices, Mega, sobre la sensación que te produjo. Por otra parte, qué duda cabe de que Kjell Askildsen fue un verdadero impacto para mí. Porque estaba preparado mentalmente para sus relatos y, como he dicho antes, desde bien pronto me ha interesado ese mundo. Esperaba a alguien que supiera darle ese “toque”. Y de no haberlo leído, este relato no sería así.

NáN dijo...

Anónimo, te doy la razón sin quitársela a Mega. Lo cierto es que tendemos a amar a quien nos ama. Pero hay quienes dejan resbalar el odio de los otros, aunque esto suele exacerbarlo, más que apagarlo. Y ser amado sin sentir amor puede ser una pesadilla. Pasa la frase de Mega más a un sentido general, no a la situación de pareja, y verás que tiene razón, que lo que dice es bien cierto. Es difícil no querer a quienes nos quieren. Pero esto no es una ley universal e implacable: los egoístas profundos, por ejemplo, no valoran que se les ame.

Me alegra tanto, Izaskun, que te hayas referido a esa parte de la historia, que para mí es muy importante: tener miedo a morir con restos de amor es tremendo y anula todas las teorías de salvación.

Buenas reflexiones, querido Manolotel, y agradezco tus “bendiciones” en lo mucho que valen. Pero, ¿cómo siendo mi amigo no me pusiste falta por la “impericia” que viste en uno? Ya sé que es difícil, pero aunque sea por correo electrónico (no me importaría nada que fuera a la vista de todos, hasta lo agradecería), no dudes en decirme lo que no te parece bien. Solo así aprendemos; y tú y yo somos eternos aprendedores. Un gran abrazo.

Jó, Eva, qué bien que estés otra vez. ¿Sabes?, creo que estoy aprendiendo. Claro que me gustaría lo del libro, pero no me veo preparado. (De todas maneras, no todo aparece en el blog; lo intento y me desespero y lo intento). A los textos del taller, cuando me sienta reconocido en ellos y no sean una chapuza total, le he cogido el gusto de ponerlos. Así que habrá más. Enorme beso de alegría por el reencuentro.

manolotel dijo...

Para impericia, la mia al explicarme. No, amigo Nán, lo que me sorprendió no fue tu impericia, sino el hecho de que tu comentaras que habías perdido tu capacidad para escribir algo que no fuera en una jerga criptica y caótica. Quería decir que pensaba que, en lo que conozco, tu escritura es muy clara y muy coherente.

Por supuesto que cualquier "falta" que encontrara en tus escritos te la comentaría, como creo haber hecho en alguno de tus poemas. Me sucede que en prosa no me desenvuelvo con la facilidad que en poesía (también estoy en un taller, como dices y con razón, "aprendiendo") y por tanto no me encuentro capacitado para criticar un relato, más allá del sentido general del texto(que es lo que he hecho en este caso).

Perdona el mal entendido.

Otro abrazo

NáN dijo...

Tienes razón, era yo el que lo decía. Pero es una pena que haya sido un malentendido, porque me interesa mucho que alguien como tú me diga que algo le parece mal.

Un abrazo

Reyes dijo...

Qué bueno,ya lo leí el sábado pero no dejé comentarios , necesitaba leerlo otra vez.
Ya lo he hecho , y sigue sin salirme nada interesante.
Lo único que puedo decir es que me ha gustado muchísimo.
Besos

Microalgo dijo...

A mí lo que me provoca tu texto es miedo.

Fíjate.

Un abrazo.

NáN dijo...

¿Y por qué va a ahber que decir algo ineteresante, Reyes? a mí me vale, y mucho, que digas que te ha gustado.

Microalgo, eso es señal de que te llegó (a mí esas situaciones me dan una tristeza inmensa... y un poquito de canguelo tamabién.

Bárbara dijo...

Es de lo mejor que te he leído, querido Nán. Como a Reyes, no se me ocurre mucho más que añadir. Lo bueno de relatos como éste es que el personaje eres tú pero no se parece en nada a ti. No dejes de colgar tus relatos.

Lara dijo...

quiero otro ñam ñam

Lara dijo...

(que ya sé que puedo fisgonearlos pero aquí quedan taaaaaan bonitos)

NáN dijo...

Barbara, mmmm... Que el personaje soy yo pero no se parece a mí. Sí... Parece que suena positivo. ¡Gracias!

Lara y Lara, te confieso que a mí también me gustan más aquí, con la letra azulita. Ya estoy con el siguiente, así que por aquí caerá (espero que no como un cantazo).

Besos a las tres. Muchos.

Luna dijo...

Impacta, asusta, estremece, emociona.
El corazón en un puño me has dejado.

Un abrazo

saiz dijo...

Hola, Nán, leí tu relato y me agradó.

A mí me gustaría que toda esa bajeza que entraña tener que compartir la vida con alguien a quien no se ama, no pudiera darse en el mundo.

Creo que en la convivencia de pareja, si no prevalece el amor, entonces lo que anida es la inquina y el desprecio: una especie de resentimiento larvado que crece diariamente hasta enquistarse. Y es lógico que sea así, porque la convivencia entre dos personas entraña renuncias y roces, y esto sólo puede aceptarse gustosamente cuando la persona con quien se convive ofrece algo más valioso que aquello a lo que el otro está renunciando.

Otros lectores han comentado lo que tu relato les sugiere. Yo añado otro punto de vista (el mío) al respecto.

Me gustaría que la vida no fabricara estas ruindades, que supongo están motivadas por las circunstancias (de injusticia, de desigualdad, de opresión), de las que tantas veces somos presos.

Recuerdo hace muchos años, la primera vez que leí "Madame Bovary", que me indigné con Emma. Pero no por tener relaciones con otros hombres, sino por haber convertido a su marido (Charles, quien a fin de cuentas era la única persona que realmente la amaba) en un pelele, en un despojo.

Pero después pensé: En cierto modo Emma se vio obligada a actuar así por las circunstancias. Ella no podía decirle abiertamente a su marido "Mira, Charles, he dejado de amarte y te dejo", porque la sociedad de su época no se lo habría tolerado, ni tampoco ella disponía de recursos para vivir por su cuenta.

En fin, ojalá que nunca nos veamos ante esta bajeza. Ojalá que nunca nos veamos en la tesitura de tener que arrebatar a nadie su dignidad.

NáN dijo...

Luna, como puedes imaginar me encanta lo que dices.


Saiz, tu mirada está siempre alimentada por lo ético, por lo que debería ser. Esa es una de la razones por las que visito tu blog (y aconsejo a todos que lo hagan), porque encuentro algo que me alimenta y me sirve. En cambio, en mis relatos, trato de describir lo que hay de oscuro; sin juzgarlo, desde luego. Y ni siquiera lo hago desde una postura ética, para prevenirnos. Miro, veo e invento algo que se relaciona con lo que miro (a nivel de sensaciones, no de realidades históricas). Escribo pensando: esto es lo que hay. Cualquier pensamiento o trabajo posterior es ya del lector.

Un abrazo muy fuerte a los dos.