Va pronto a hacer 200 años que parece ser que un militar napoleónico vio a una gaditana por la que traicionó a su ejército y a su país y a su bandera y todo eso que si nos lo tomáramos con más distancia y sentido del humor mejor nos iría a casi todos (les iría peor a los que viven de controlarnos haciéndonos creer que esas cosas, en lugar de las personas, son lo importante). Y todo lo cambió, el muy traidor, por ella. Hasta el apellido, que pasó de terminar en “......ette” a “......etta”, más de andar por esta casa. Y de aquel allí entonces vengo (aquí ahora, pero cada vez menos).
Y cuento esta historia porque he estado estos días en Cádiz y han hecho que me sienta como si fuera uno de allí. Estas gentes no son “grasiosas” ni van sobradas de sí mismas, negando así esos mitos que nos ponemos unos pueblos a otros. Rodeados de agua, no se aíslan, como si se sintieran en un punto que es de abertura hacia tantos mundos. Y te abren suavemente el corazón y la casa y el tiempo (y la conversación y la mesa y la mirada). Cuando te das cuenta, les tienes que dar las gracias por tantas cosas que ya no sabes cómo.
Lila Berger, la amiga que me acompañó, acertó al volver en el coche en todo lo bueno que decía de ellos. O ella o yo, hablamos de la calidez y el peso esencial de la voz de la poeta Carmen y de la suavidad sosegada, del fondo de pensamiento del que lo sabe casi todo, que disfraza humilde, en el humilde y no manchado sentido de la palabra amigo, Microalgo . La atención de TWA en el Pay-Pay. Los amigos de la sierra.
En el mundo van creciendo puntos que se convierten en los nudos de la malla que nos sostienen. Cádiz es uno; lo será mientras lo sostengan Carmen y Microalgo. Porque son las personas, no los lugares, las que hacen que los cielos te sonrían. Donde vayan formarán nudo de esa malla. Lo que abandonen quedará más pobre, salvo por el recuerdo de ellos.
No quería terminar esto sin referirme al momento primero, cuando como respuesta a una de mis tonterías habituales recibo como respuesta este poema dedicado. Un 19 de diciembre.
Hay mucho que leer de Cármen Moreno (y hablaremos de eso cuando toque). Pero puede leerse ahora, desde aquí, ese poema que es una lectura del mito con una tan necesaria perspectiva femenina... o moderna... o distinta.
LA SALIDA DE ÍTACA
Te digo, Telémaco,
que aprendí entonces
que no nacen mares donde se siembra la sal.
Aré la playa
todo el tiempo que la necedad de aquellos,
por los que te dejo esperando,
cegó sus voluntades.
Pero, no pude.
No pude exterminar tu infancia
transformada en océano calmo
que se bate en retirada
desde tus pupilas tiernas.
Recordé mis minúsculos pasos
cuando ser rey no era más
que un fluir extinto de los sueños
y me descubrí salvando tu niñez,
anteponiéndola a este reino
que me ha de ver partir.
Preferí la inocencia,
la que ya no volverá,
pero existió en mí como ahora en tus latidos,
a un trono que me pedía tu sangre.
No he de culpar a quien morirá
en la venganza que me procuraré.
El cadáver de Palamedes
me mostrará el camino de vuelta.
Me adentraré en el océano que nos mira,
rasgaré las mareas y los vientos
y, un día,
sin que tus años, que caerán
ajados por los fríos,
se den cuenta,
regresaré a tu lado
y acunaré tu vejez.
Carmen Moreno
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9 comentarios:
Bienvenido tras tu escapada gaditana.
Me encanta tu frase:
"En el mundo van creciendo puntos que se convierten en los nudos de la malla que nos sostienen"
Gracias po tu mano.
Besos
Gracias, primo, por tanto...
Espero poder darte pronto aquello en elo que trabajo exclusivo para ti. Espero que el tiempo vaya sosegándose.
Te quiero (declaración abierta de intenciones).
Pues un gustazo teneros por acá, como ya dije. Volved cuando queráis a la que ya podéis considerar vuestra casa... y de regalo, la receta del pollo con azúcar.
Hacedme publicidad entre vuestras amigas solteras.
Ejjem.
Nos han quedado en el tintero las ruinas de Bolonia, la sima de Villaluenga, el Bajo de Guía en Sanlúcar, Tarifa, Barbate, la playa de la Torre del Puerco, los guisos de judías pintas (cuando regrese el frío), Rota, Castellar, Setenil, la Cueva de la Pileta...
Besotes, NáN. Disfrutamos de tu presencia.
Qué bueno es sentirse querido .Allá, en el límite. Lejos y cerca, dónde se abre el mar y en sus ojos: todos es Ítaca
Para los días que ha pasado Nán en Cádiz con Carmen y con Microalgo y para los que, como yo, recordamos esa ciudad desde lejos:
esta música y estas imágenes
Con letra de Martínez Ares y voz de Pasión Vega (la Reina del Pay Pay), anda que no.
Cómo emociona, Winsta. Debo admitir que hace muy poco que yo me reconcilié con mi ciudad. Cádiz es diferente a cualquier otro lugar del mundo por muchas razones: el Atlántico fusionado con el Mediterráneo en su vértice, el levante atronador, la luz, la sal, los paralelismos inciertos con el resto de España... Pero también es la indolencia, que se mezcla con las ganas de seguir viviendo. No conseguí entender esa indiosincrasia hasta que decidí quedarme hace algunos años (antes, me pasaba la vida en Madrid). Ya lo dijo Lope, ¿no?:
Ir y quedarse, y con quedar partirse,
partir sin alma, y ir con alma ajena,
oír la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse;
arder como la vela y consumirse,
haciendo torres sobre tierna arena;
caer de un cielo, y ser demonio en pena,
y de serlo jamás arrepentirse;
hablar entre las mudas soledades,
pedir prestada sobre fe paciencia,
y lo que es temporal llamar eterno;
creer sospechas y negar verdades,
es lo que llaman en el mundo ausencia,
fuego en el alma, y en la vida infierno.
Cádiz no tiene fronteras, y siempre acoge bien al que llega de otras tierras. Las Puertas de Tierra siguen abiertas para todos.
Carmen, qué exacta y hermosa definición haces de Cádiz!
Pero cómo no, siendo poeta!
Un beso.
(Nunca te digo nada, pero sigo tu blog y me emocionaron especialmente tus "Cartas desde abril". Vuelvo a ellas una y otra vez.)
regalos, mensajes de cariño, palabras, poemas: amistad.
El texto de Cocteau sobre la amistad es como si lo hubiera escrito desde dentro de mi cabeza.
Lo pondré pronto.
No hay amor que se le iguale.
POr los nudos, los puentes, las mallas, los hilos. Intrincados, finos...pero fuertes como la delicada tela de araña
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