domingo, 28 de diciembre de 2008
¿A quién quieres más, a papá o a mamá? (Suponiendo que seas palestino o simplemente una buena persona del mundo)
Txell Sales - Reyes - Isabel - ese - Mega – Isra – Dr. Gizmo - BB – María a rayas – Bárbara – Flavia Company - Magapola – El aviador capotado]
Puedo hacer esta entrada gracias a la información que el 16 de diciembre de 2008 publicó Juan Miguel Muñoz en el diario El País. Le voy a fusilar su fundamentado artículo directamente.
Sionistas malotes
“Las encuestas van viento en popa. El país, Israel -uno de los pocos que acogieron con recelo la victoria de Barack Obama en EE UU-, está escorado a la derecha. Sus principales rivales se hunden o carecen de liderazgo. Todo parece estar a punto de caramelo para que el partido conservador Likud arrase en las elecciones legislativas del 10 de febrero. Pero a la fuerza que ha gobernado durante 20 de los últimos 31 años le ha salido un quiste: las primarias del Likud han arrojado unos resultados inesperados para su presidente, Benjamin Netanyahu, en las que varios candidatos se alinean con posiciones que lindan con el fascismo”.
¿Y quiénes son esos candidatos que han subido como el petróleo en nuestro moderado Likud? Por ejemplo, “Moshe Feiglin, un dirigente al que muchos califican sin tapujos de "fascista". Hace más de una década, en entrevistas en los medios hebreos, se declaró admirador de Hitler. A su juicio, el líder nazi era un "genio militar incomparable" que "dotó a Alemania de orden público y de un régimen ejemplar con un sistema judicial apropiado". Añadía Feiglin que el sionismo es "racista" y que los palestinos son "inferiores" porque fracasaron a la hora de lograr su Estado a lo largo de la historia”.
¿Y está solo este sionista admirador de Hitler que puede pesar mucho en el futuro gobierno israelí? No señor, “Entre sus partidarios se encuentra Ehud Yatom, un ex agente de las fuerzas de seguridad que aplastó con piedras las cabezas de dos terroristas palestinos que habían sido detenidos. Se declaró orgulloso de ello tras recibir el perdón presidencial”.
Sionistas buen rollo
Entre ellos la candidata de Kadima, Tzipi Livni, esa chica tan guapa de limpia mirada a la que sin dudar, si alegara necesidad, le prestarías las llaves de tu coche en la barra de un bar. Aquí no hay hitlerianos ni aplastadores de cabezas con piedras. Simplemente han mantenido el incumplimiento del mandato de la ONU de 1967 de devolverles a los palestinos las tierras robadas con una guerra (con Sadam Hussein había mucha prisa ante ese intolerable comportamiento; con el estado sionista, parece que la cosa de hacer cumplir los mandatos de la ONU va algo más lenta). Han mantenido el derribo de casas, el robo de tierras, la humillación constante en la vida diaria; han convertido Gaza en una tierra en la que es imposible trabajar, han llevado el hambre grave al 40% de la población infantil (imagino que en los mayores la cosa sea peor); han matado a más niños que víctimas sionistas de todas las edades en todos estos años.
¿Y por qué? Porque como era de esperar en esas condiciones, la población palestina vive del odio extremo y ha votado a Hamás, de-mo-crá-ti-ca-men-te. No olvidemos que Netanyahu mantuvo a Arafat, presidente electo y laico, encerrado durante años en su residencia presidencial, sin que se le pudiera acusar de nada de lo que se acusa a Hamás para justificar lo injustificable. ¿Cómo puede un pueblo soportar tanto? Y ahora envían cohetes contra “su” propio territorio, contra el territorio que les han robado y ocupado, con una mínima eficacia: un herido leve por 2.000 cohetes. Y claro, los ocupadores están intranquilos en el territorio que han robado.
Me dejo páginas y páginas por escribir. Los buenos acaban de asesinar, de momento, a 300 personas, la mayoría civiles. Y la cuenta de heridos se eleva a 900 (en un país hundido y sin recursos, no me gustaría ser uno de esos heridos).
Así que si eres palestino o una persona de buen corazón, aunque los integristas de Hamás te molesten tanto como los integristas sionistas del Gran Israel, la pregunta es: ¿A quién quieres más, a papá o a mamá?
viernes, 26 de diciembre de 2008
Magia
¡Alehop!
Un corazón estremecido en tu presencia
¡Alehop!
Soy un mago, un gitano malabar
hago acrobacias con tus sentimientos
para que caigas siempre en mi mirada.
Solo mirarnos, una caricia insinuada,
es un aplauso estruendoso en las entrañas.
que cambia un así fue por no fue nada.
¡Alehop!
Maga inexperta, quieres
cambiar de mí la razón
torpe, el desatino, el mortal salto
a tu centro, peligroso.
¡Alehop!
Me quieres director del circo
hábil contable, serio y grave.
Un corazón por aquí
Un corazón por allá
¡Alehop!
No hay nada, ya me he ido.
viernes, 19 de diciembre de 2008
Historia robada
Aunque he leído bastante sobre el tema en Internet, los datos están sacados prácticamente del blog Európolis de Juan Antonio Quiñonero, http://jpquino.wordpress.com/., porque el orden en que los contaba facilitaba su transmisión.
El relato está dedicado a Cristina Álvarez, una compañera de trabajo y amiga. Hace dos veranos habíamos ido juntos a ver un ballet basado en la historia de las 13 rosas. Al volver al centro en un taxi, me contó la historia de su abuelo Ángel Álvarez. Cuando al hijo, y padre de Cristina, le faltaban dos meses por nacer, los fascistas tomaron el pueblo. Seis camaradas estaban ocultos en una casa y alguien tenía que salir de allí inmediatamente y ser visto: ese Ángel, y otro del mismo nombre del que no recuerdo el apellido, lo intentaron; pero una vecina vio por dónde se fueron y los denunció demasiado pronto. Los acorralaron en un valle cercano. Ángel Álvarez, de 22 años como el otro, solamente pensó que la muerte le llegaba y no quería dar a conocer los datos que llevaran al apresamiento de sus camaradas. Quitó la anilla de una granada y murió en el acto. No se suicidó: adelantó su muerte unas horas (que iban a ser horribles) y salvó a sus compañeros. El otro aguantó las torturas y allí mismo le mataron. Abrieron una fosa y los enterraron. En los bosques y montes siempre hay alguien que lo ve todo y lo contó en murmullos a quien tenía que contarlo, dejando que el silencio cubriera oficialmente el resto. Con el tiempo, el pueblo que supuestamente no sabía nada se refería a ese valle como el Valle de los Ángeles. Le dije a Cristina que si no se hablaba de ello, dentro de 50 años los curas dirían que se llamaba así porque unos ángeles se habían aparecido a unos pastores para pedirles que rezaran el rosario. Le prometí que haría un poema y que un 30 de noviembre, fecha del suceso, iría a ese valle, con un megáfono, a leerlo. Aún no he cumplido la promesa, pero esto me vale para un aplazamiento.
Este es el ejercicio del taller:
A Cristina Álvarez
(1)
Desde el sueño de la siesta, denso, histórico, raro y pesado, caí directamente en una mesa de La Buena sintiéndome superficial, atemporal, común y pesado. Solo en el bar salvo por Marisa, que hacía cuentas y anotaciones en la barra, bebía a sorbitos de mi vaso y deseaba no tener cuentas pendientes. Pero no podía, porque la pena tizna cuando estalla, que escribió Hernández.
Por el ventanal vi pasar, como un reflejo veloz, a una chica rubia que llevaba en el pelo una estrella roja de cinco puntas. Entró en el bar y me fijé en que no llevaba la estrella, pero sí una sonrisa de esas de "estás perdonado", que tanto tranquilizan. Pidió una cerveza y se sentó en mi mesa.
—¿Cómo estás? —me preguntó, porque ella no se da por vencida ni viendo lo evidente.
—Mal.
—¿Por qué?
—Por tu culpa, porque antesdeayer me hablaste del capitán Dronne* y he tenido una pesadilla sobre la Guerra Civil.
—¡Ah, el de la Nueve!
—La Nueve de la Segunda División Blindada, sí.
—Con Leclerc.
—Eso es —le dije, pensando no entiende, esta chica no entiende la derrota. Sonríe y se lanza.
—Entrando a liberar París contra las órdenes de los americanos.
—Eso es. El bueno del capitán Dronne al frente de una columna motorizada de españoles. Que se llamaba La Nueve porque las órdenes se daban y recibían en español.
—Broncos y valientes.
—Y heridos por dentro y por fuera, lanzados muchas veces fuera de la Historia.
—Pero volvían siempre al centro, ¿eh? —dijo Aroa antes de sonreír, como si el futuro estuviera siempre por delante, en lugar de haberse quedado oculto en las buhardillas sin calefacción. Me dieron ganas de no volver a abrir la boca en toda la tarde, hasta que pasara David a recogerla y pudiéramos lloriquear los dos.
(2)
Dos días antes me había enseñado una bolsita con recortes de periódico y me había dicho que cogiera uno, como si fuera una rifa. Que era un experimento colectivo. Tramposo, cogí al tacto el más pequeño y leí lo que ponía: "Al dormirse en el París recién liberado, el capitán Dronne oyó cantar ¡Ay Carmela!". De haber sido una galleta de la fortuna, me habría costado bastante interpretarlo. Por suerte, lo consideré una tontería, me lo guardé en un bolsillo y dejé que ella me contara una teoría de un trabajo en equipo a la que no presté atención, dedicado como estaba a comerme todas las patatas con alioli que nos habían puesto para los dos. Cuando llegó David, pedimos más cervezas y hablamos del partido del sábado, de la Navidad/Novidad, de las posibilidades de una poesía matemática, ya que según él hay una matemática poética, de si esas patatas con alioli eran las mejores del barrio... Después empezó a hablar de la ciencia ficción y le dejamos hablando solo mientras Aroa y yo comíamos las cortezas que nos pusieron con la cuarta ronda de cervezas. Más tarde, se miraron haciendo ojitos y me marché, inventándome por la calle una historia negra en la que el capitán Dronne, perteneciente a unos servicios secretos anticomunistas zarpó hacia Latinoamérica el 22 de julio de 1936 en el barco Magallanes, requisado por los golpistas en La Coruña, con militares del SIM y empresarios afines que tenían la misión de conseguir armas. Allí salvó la vida al teniente Farias, que despertó de la siesta en cubierta gritando que a la bandera le faltaba el morado. Tal como sucedieron las cosas, que me tenía que inventar, el teniente Farias no se lo perdonó nunca: “No dejar que un hombre muera cuando corresponde es una ofensa”, cuentan que dijo antes de pasarse a los republicanos. En realidad, fue la vida entre el 36 y el 44 la que hubiera preferido no haber vivido. Así que el capitán Dronne presintió que con aquellos españoles que tomaban París venía uno con una pistola cargada contra él. Sintió que, a diferencia de lo que creyó entones el teniente Farias, su hora no había llegado.. Cargó su pistola y se durmió sonriendo, disfrutando de la persecución final que iba a producirse en los días siguientes en París, totalmente al margen de los sucesos bélicos.
Hasta ahí llegué en mi paseo de regreso a casa, absurdamente circunvalatorio. Internet acabó con la historia, porque el capitán Dronne era un personaje histórico muy conocido: el que entró en París al mando de la compañía operativa especial llamada La Nueve en honor de los que la componían, todos españoles. Por orden de Leclerc, desobedecieron a Eisenhower, quien temía la resistencia de los nazis. El primer blindado aliado que llegó a París fue el “Guadalajara”, pilotado íntegramente por libertarios extremeños. Tras él, “Brunete”, “Ebro”, “Santander”, “Belchite”, “Jarama”, “Teruel”, “Guernica”, “Madrid”, “España cañí”, “Don Quijote”. Solo un “Sherman” con tripulación francesa participó en el avance final. Llegaron hasta la alcaldía de París, el corazón histórico de todas las insurrecciones populares de la capital. Anunciaron que París sería liberado totalmente al día siguiente
A su llegada oficial a París, Leclerc y De Gaulle rindieron un homenaje marcial a los españoles de la Nueve, concediéndoles el honor excepcional de desfilar, los primeros, al frente de sus blindados, enarbolando las banderas republicanas, desde el Arco del Triunfo hasta la plaza de la Concordia, a lo largo del legendario trayecto de los Campos Elíseos.
(3)
Después… Siempre hay un después peor cuando se viene de lo malo, siguieron hacia Estrasburgo, sobreviviendo apenas veinte de la compañía de 148 españoles que había desembarcado en Normandía. Los supervivientes rechazaron los honores y seguir en el ejército. Pero ya solamente les apoyaban y alababan Leclerc y el capitán Dronne. De Gaulle y los suyos cambiaron la historia y los nombres de los blindados y tripulaciones que tomaron París, sin que quedara resto que identificara a los hombres de la nueve. El grupo había estado formado por anarcosindicalistas de la CNT, anarquistas de la FAI, trostkistas del POUM, catalanistas independientes, socialistas de la UGT, antiguos miembros de la Columna Durruti. No podían ir a España, a la Rusia estalinista, ni quedarse en la Europa controlada por los estadounidenses. Borrados de la Historia quedaron Manuel Huet, Alfredo Piñeiro, Paco Izquierdo, Joaquín Blesa, Liberto Ros y Mariño, los catalanes Bullosa, Clarasó y Elías, el valenciano Dominguez, el canario Campos, el melillense Barón Carreño, los madrileño Buitragos y Federico Moreno, el zaragozano Martín Bernal, el andaluz Monto, y “Bamba”, un antiguo alumno del instituto-escuela de la Institución Libre de Enseñanza.
La historia del relato se había hecho verdaderamente negra como el olvido intencionado, el que borra los caminos que conectan con. Recordar, en lugar de imaginar, es algo que tiene marcado su tiempo, si llega la suerte que saca del olvido.
(4)
—¿Me decías que habías tenido una pesadilla? —me preguntó trayendo a la mesa otra cerveza y un whisky para mí.
—La pesadilla estaba ahí abajo, solamente la he recordado. ¿Y tu experimento?
—Creo que funciona, je, jé. A ver dónde nos lleva.
sábado, 13 de diciembre de 2008
Domingos de Librélula (Isabel Zarazúa) en Madrid
Pues mirad vosotros que Isabel, o sea Librélula, todos los domingos hasta Reyes, o sea los días 7, 14, 21, 28 DE DICIEMBRE Y 4 DE ENERO, estará de de 11 a 17 horas, con más gente que hace cosas chulas, en el ANTICAFÉC/UNION 2 METRO: OPERA
Para enteraros de lo que hace, bastaría que fuerais AQUÍ Puedes combinar a tu gusto el color de la tela y del papel pintado a mano y mandar un e-mail con tu selección a pindalian@gmail.com.
El precio de la agenda sin gastos de envío es de 15€.
Si quieres consultar el diseño gráfico de la agenda pídelo por e-mail y te lo enviamos en pdf.
Las características de la agenda son:
INTERIOR
Formato 12 x 15 cm
Agenda bilingüe castellano – portugués
Calendario anual 2009 -2008-2010
Cronogramas mensuales
Mapa de días festivos
Calendario lunar del año
Páginas en blanco para notas
Agenda telefónica
Espacio para guardar tarjetas
EXTERIOR
Encuadernación manual en tela con la posibilidad de escoger entre 15 colores
Interior de la encuadernación con guardas en papel pintado a mano
lunes, 8 de diciembre de 2008
Lara Moreno da un paso de giganta

Coger un tren a las 7:40 en Atocha es algo que por fuerza haces destemplado, dispuesto a cometer errores. Empezar el libro de Lara con furia y haber leído más de la mitad a las dos horas era un error. Un estilo así no se lo merece (me imaginé a Lara cantándome un tema de Kiko Veneno pero cambiando una palabra: “Tú me estás leyendo a mí / m’estás leyendo a mí,/ un 20% menos / no me lo niegues”). Así que me fui a la cafetería y pedí uno de esos bocadillos que te lo ponen calientes y cortados por la mitad, y piensas “esto no me lo como ni loco”, pero pides una botellita de Rioja y vaya si te lo comes. Ya templado y dueño de lo que hacía, recordé a Lara en la Cueva leyendo sus relatos, despaciosamente, a medias masticando a medias suspirando las palabras, frase a frase.
Dediqué el resto de viaje de ida y el de vuelta a leerlo como ella lo lee, desatándose entonces la emoción de la buena literatura. En beneficio de los que pasan por tu blog pero no te han oído leer, Lara, ¿no sería posible que pusieras un vídeo en el que te oigan leer tus relatos como lo haces? Uno chiquitín, como Primer día sin reloj.
Lara Moreno no lo es (idiota)
Hay una voz. Entera y verdadera. Las influencias se combinaron como en una de las grandes partidas de ajedrez, añadió lo sacado de sí misma, metió su vida entera (que es como decir la vida de todos los que de alguna manera la rozan) y salió un estilo propio y un tema necesario. Y esa voz no tiene parecido: es una estructura nueva. Puede gustar o no (eso es otra cosa). Pero ahí está, haciendo creíble lo inverosímil. Después notas que lo inverosímil son gente de carne y hueso que corren muchos riesgos con su vida fuera del círculo. Gentes que suelen acabar el día muy de noche, pero también cruzan, indecisos, la luz del día. Gente de verdad. Una generación real (una parte pequeña de esa generación que los engloba a todos, los que nos cuenta Lara y los que no, por la edad). Y están ahí, contados magníficamente por Lara. No es un ejercicio de estilo inútil. Es un esfuerzo para que gente tan ajena, como yo, que apenas puedo acercarme a ellos, diga ¡eso es, así son, entiendo!
Dice Pablo Gutiérrez en una buena contracubierta: «Los personajes de Cuatro veces fuego tienen la firme idea de ordenar sus vidas, y la vida tiene la firme idea de impedirlo». Muy bien dicho, Pablo, porque es así. Eso me permite dar un salto a las gentes que me rodearon a mí, con la única diferencia de que entonces era eso más la lucha política, que ya no existe. Esa gente vive realmente, la conocí en mi tiempo y doy fe, aunque parezca que no existen, y Lara Moreno los ha succionado y nos lo devuelve con una escritura en la que los planos se entrelazan tan delicadamente que lo único que piden para que se produzca el milagro del placer y el conocimiento es que se lea despacio, frase a frase: porque habla de la vida que sucede (y duele) sin más descripción e historia que las absolutamente necesarias.
De entre los cuatros grupos de cinco relatos cada uno, confieso la emoción casi lacrimosa de ese relato de perseguidores que es Durante horas. O el aplastamiento que me produjo esa maravilla literaria que es Efectos secundarios. Pero no voy a decir nada más. Total, los vais a leer todos antes o después y cada uno encontrará los suyos.
(Yo) soy idiota
Vuelvo a la estación a las cinco y pico de la tarde, con media hora de tiempo, para regresar esa misma noche a Madrid. Vi en el andén frío grupos de tres asientos. Uno de ellos tenía dos llenos de caca de paloma, y el de la izquierda limpio. Me senté y saqué el libro. Siempre llevo las gafas un poco caídas (innecesariamente porque son progresivas). De pronto, una cagada de paloma se me metió entre el cristal y el ojo. Miré hacia arriba y con el ojo que me quedaba vi una viga llena de palomas. ¿Cómo no se me ocurrió que el asiento izquierdo estaba limpio porque era continuamente ocupado por gente hosca, como yo, que prefieren sentarse solos? Cuando salí de limpiarme, otro solitario había ocupado ya el asiento que nunca se manchaba, esperando, sin saberlo, su ración de caca.
Me acordé entonces de que dicen eso trae suerte. Inmediatamente decidí traspasársela al libro de Lara, porque de verdad la merece.
domingo, 30 de noviembre de 2008
Huelga de Fuentetaja: ¡Hemos ganado!

¡Qué alegría que estas cosas puedan terminar bien!
lunes, 24 de noviembre de 2008
Criticar a los políticos no basta. Hay que estar donde hay que estar.

sábado, 15 de noviembre de 2008
otro texto del taller
Le tiemblan ligeramente las manos sobre el tapete de hule. Quizá porque el frío se le ha metido en el cuerpo en el pequeño paseo para echar las sobras del plato a las gallinas.
Este frío de las tardes, se dice, de todas las tardes.
Procura no pensar, se esfuerza, pero no le es posible. Siempre está juzgando, comentando, haciéndose mala compañía. Por las mañanas no tiene frío: con un jersey grueso cochambroso, todo lo es ya en él, se ocupa del pequeño huerto del que come, de limpiar el corral de las gallinas. Pasea hasta la casa más cercana un día de cada dos, para recoger el pan que le compran en el pueblo, hacer un encargo, recibir lo encargado. El huerto, tan pequeño, se ha vuelto inmenso en comparación con su estómago. Alimentaría a siete como él.
Este frío sale de mí, se dice, de lo que voy a mirar.
Friega el plato y el cazo en el que coció las patatas con verduras y legumbres. Pone a calentar agua en el cazo para hacerse un café de puchero, que irá tomando caliente, luego tibio, y volverá a recalentar todas las veces que haga falta hasta que se acabe. Deja sobre la mesa una botella de aguardiente y un vasito diminuto. Las cosas de fumar. Se sienta y mira el temblor de las manos, que ha aumentado sobre el tapete de hule gastado, cruzado por rayas verdes que están formadas por hilos de distinto tamaño y tono si las miras de cerca. Por eso no son iguales.
Nada es igual, piensa; y nada es igual que antes.
Ve sus manos llenas de manchas que antes no estaban; nota los huesos, que nunca pensó que pudieran notarse si no estabas enfermo; las ve todavía fuertes, por el trabajo en el huerto. Pero le tiemblan. Entonces, ¿por qué ese temblor?
Por mirar.
Aunque el cuerpo, negado, vaya creando nuevos crujidos, su buena vista ha mejorado desde que vive en el campo. Algo le hizo regresar a la casa cuando ya habían muerto sus padres. Romper con todo. Y allí, en el campo, se esfuerza, se esfuerza mucho, por reducir el mundo y el pensamiento a lo que ve. Que su narración del mundo trate solo de lo que está a su alcance. Si piensa estas gallinas ponen ya pocos huevos, eso es lo que piensa y nada más. Si mira un árbol, mira un árbol. Pero no funciona siempre. A veces la narración se vuelve transitiva y pide que le echen su objeto directo. Por las mañanas sí lo consigue, ocupado en tareas físicas. Después de comer tiene ya que sentarse, encender un cigarrillo, tomar el café caliente, ver el temblor de sus manos.
Putas manos.
Y les da su vasito de aguardiente, que es lo único que las calienta. A ellas y el cuerpo entero. Entonces, y solo entonces, levanta la cabeza y mira por la ventana el prado que en una ligera pendiente llega hasta el hayedo.
Cuando ve las hayas, todo el esfuerzo por el que se encerró aquí se rompe. El verde de la fuerza, el dorado rojizo, que es el más hermoso, el de la consumación, las ramas desnudas que dejan ver detrás el paisaje más feo del mundo, los restos de una zona industrial cerrada antes de la guerra. De un año para otro ve los desperfectos y los convierte en metáfora de sí mismo.
Eso no le importa, pero el verde y el dorado rojizo sí, porque son la belleza de la que huyó y el alma toma el control. Café a café, cigarrillo a cigarrillo, vasito a vasito, revelándole, tan tarde ya, que no se puede huir a ninguna parte.
¿Qué hago aquí mirándome allí?
martes, 4 de noviembre de 2008
Esos largos círculos de la vida que nos traen lo perdido
Siempre me gustaron las historias y la familia, todos mayores que yo, era una fuente continua de ellas. Creo que ya conté que cuando me acostaban en el dormitorio, que daba a la sala, me levantaba a veces tapado con una manta para sentarme junto a la puerta y escuchar las historias de verdad, las que se cuentan cuando no hay niños.
Claro que con esos métodos se une realidad y fantasía. De algunas de esas historias he llegado a dudar hasta yo mismo, creyendo que me las había inventado a partir de una ensoñación. Por ejemplo, la de aquel familiar lejano de mi padre, de la rama de Barcelona, que era cazador en África para vender los animales a los zoológicos europeos. Un día, en los años 50 todavía existían lazos de unión entre las dos ramas, vino a comer a casa, pero me quitaron de en medio. No es de extrañar. Pocos meses antes me habían llevado a un circo y al volver me estaba encaramando al balcón para hacer de acróbata sobre el borde. Ya casi estaba arriba cuando un grito (no recuerdo si de mi madre o de una vecina de enfrente) me asustó y caí, hacia el lado de dentro, haciéndome una fea fractura de la muñeca izquierda que me obligó una buena parte del verano a bañarme con escayola, el brazo en alto y cubierto por un plástico. Es normal que mi madre no quisiera que un niño tan “impresionable” estuviera toda una comida escuchando aventuras de caza de animales salvajes. Peligraban los gatos de los vecinos.
Pero he encontrado la prueba del lejano familiar africano. Y de la manera más curiosa. Mi hijo tiene un grupo de amigos excelentes. Cuando leyó la tesis doctoral, uno de ellos pidió día libre en Canarias, cogió el primer avión, oyó la presentación y se volvió. Otro, en cambio, no pudo porque vivía en África, a caballo entre dos países. Desde allí pidió a Madrid que le enviaran los 6 tomos de Memorias de un biólogo heterodoxo, de José A. Valverde, para regalárselos por el doctorado. Venía en el avión, hojeando el tomo dedicado a África cuando, ¡zas! Encontró esta foto. ¿No es grande que el libro que certificaba que ese cazador africano existía llegara en un avión desde África? Esos largos círculos de la vida que nos traen lo perdido.
Por lo demás, hay que tener en cuenta las fechas. Quizá ahora no nos parezca bien que se cacen animales para los zoológicos. Además, esa foto (hay otras, pero ya no de caza sino de cuidados) hace que J.M. me caiga bien: había provocado la muerte y, como dice el autor, se sintió “pesaroso” y ya no volvió a matar. Era buena gente.
martes, 28 de octubre de 2008
La siesta y sus tonterías
Después me volví hacia el frente y saqué otra, pero no me pareció que el mar estuviera tan bien situado como la silla.
Cogí entonces el cuadernito de la mesa y escribí esto, que no he querido corregir, dado que salió de ese momento de embotamiento mental.
viernes, 26 de septiembre de 2008
Virus attack
Eso sí, leeré más.
Hasta pronto.
martes, 23 de septiembre de 2008
Lo que dice Vega de La Cuchara Chueca
El caso es que los demás socios, ahora que todo parece perdido, me han dejado jugar a lo que yo quería: cosas para picar, copas y cócteles: sobre todo los cócteles de los viernes y los sábados (solo abre de miércoles a sábado, de 8 de la tarde a 2). Para mí es una cuestión no económica: estar en un grupo que se deshace por no haber querido cambiar a tiempo me produce una frustración tremenda.
Algunos amigos ya lo sacaron en sus blogs como restaurante. Ahora, Vega, que es un trueno de amor a la vida y muy concienzuda con su blog, me dijo que iría y solo hablaría de él si estaba convencida.
Para leer lo que dice Vega, haz clic en
Esto es lo que dice Vega de La Cuchara.
Es el momento de que los amigos, si dudan de ir a un sitio o a otro, echen una mano. ¡Ah! Y el que vaya a tomar cócteles (en plural), que use el transporte público, que entran suavitos pero no lo son.
domingo, 21 de septiembre de 2008
Acepto, pues, por cariño, el premio

Pero este viene de Freia, que no tiene por qué conocer mis posts antiguos, de quien tengo además que aceptarlo todo, porque el hecho de saber que existe, con esa generosidad, es importante para mí todos los días, porque me está haciendo volver a escuchar música, porque tiene una cultura brutal que hace que muchas veces ni me atreva a comentarle. Dice que me lo da porque soy un individuo ‘comme i’l faut’. No puedo estar más en desacuerdo; la prueba es que mi psiquiatra (el que me provee de esas sustancias que el vago de mi cerebro se niega a producir), ha decidido deshacerse de mí: me sube las dosis y me dice que me busque un psicoanalista al que no le pueda engañar tan fácilmente como a él, llegando a su consulta con discursos aprendidos. La verdad es que tiene más razón que un santo.
Así que lo voy a aceptar, porque es una cuestión de cariño, que es mucho más importante que una cuestión de honor, y voy a aprovechar para, salvo en dos casos, dedicarlo a gente de mi carpeta oculta. Me hubiera gustado incluir tres más, pero prefiero egoístamente que sigan siendo “ocultos” y míos. Ellos sabrán perdonarme.
Se lo traspaso, pues:
A Isidro Saiz, un poeta ético de lejanas resonancias. Le leo todo, aunque no siempre le comente: la tristeza en la que se pierde es para mí una necesaria dosis homeopática.
A El colchón que volaba, por las viñetas de Ludo (una especie de Serge Gainsborough cuando lo ves aparecer) que debéis conocer, y por los textos de Lu, que hasta me dijo cómo se llamaba pero no le entendí y por esa coquetería de falso viejo no se lo volví a preguntar. Hace de barra de equilibrio entre su exquisita cultura y todos los Ludo routiers de los que se rodea.
A Dame una tregua, porque es Bárbara. Y no quiero decir más.
A Manolotel, poeta que se sabe y transmite todas las rsonancias clásicas de los versos y sabe lo que no está en los escritos (y sabe escribirlo).
A Momo, siempre cerca de mí, semioculta, solidaria, aportando una voluntad de vivir una vida mejor. La energía disparada.
Los personajes no son el autor

No suelo hablar de cine, porque voy muy poco, pero el viernes fui al estreno de esta película última de Woody Allen y quedé con ese cuerpo pasmado que te deja una obra maestra.
Desde entonces, ya he sostenido tres discusiones para defender que no es WA quien tiene una visión superficial de guiri sobre Barcelona: son las 2 personajes americanas. Y eso es realismo y forma parte de la creación de personajes. Así que no me anden con pasárselas de listos.
En segundo lugar, aunque hay momentos en que la gente se ríe (nos reímos) mucho, es una verdadera tragedia de las relaciones humanas: la más que dudosa posibilidad de que una relación amorosa real funcione en el tiempo. Y no voy a decir nada más al respecto.
En tercer lugar, es absolutamente necesario verla en versión original, porque el cambio del inglés al español de Bardem y Penélope es siempre muy significativo y no sé como se podrá entender en la versión doblada.
Así que ya sabéis, si queréis que se os encoja el corazón y al salir del cine sentir la necesidad de ir a tomar cócteles hasta volver a casa haciendo eses, merece la pena la pena ver esta película vertiginosa y con voz en off del maestro de la comedia que más debe a Shakespeare.
sábado, 6 de septiembre de 2008
Ascesis
He vivido los últimos tiempos en el infierno de la confusión. Bebía por no tocar una piel, la tocaba pensando un paisaje imposible, miraba dejando que se filtrara el rencor hacia mí mismo. Todo eran mediocres compensaciones a destiempo. Ahora me he sacado a mí mismo de ese infierno, por el camino más duro: el del dolor de no consentirme.
Estoy en la oscuridad, contemplando las telas de araña de los deseos, que han atraído para ellas toda la luz. Brillantes y perfectas, con las gotitas destellantes aquí y allá, las contemplo desde la oscuridad en la que me han dejado. Son como un agujero negro que atrae toda la luz y me deja en el lado oscuro. Tan bellas como arañas encendidas de un palacio, me tientan. Pero no las creo, hace muy poco formaban bolas grasientas de pelo de rata y volverían a serlo si cediera.
No como, apenas bebo lo suficiente para sobrevivir, no leo, no hablo, no oigo, no toco. Con las escasas fuerzas que me van quedando, acudo a estas páginas a añadir algunas palabras. Ayer, ¿o fue esta mañana?, me quedé apoyado en la pared del pasillo, tratando de sujetarme en algo para no ceder a los recuerdos, falsamente embellecidos por un technicolor de cromo. Notaba el temblor de las manos en el muro. Después, desperté en el suelo allí mismo, con los labios secos. He bebido dos dedos de agua, porque hago esto para seguir vivo. Cada célula de mi cuerpo tendrá que decidir por sí misma lo que hace, no voy a entrar en esa guerra. Hago esto para que cada deseo sea limpio y fuerte, totalmente diferenciado de los demás. Lo hago porque no podía vivir ya de otra manera, para que cada recuerdo no sea diferente cada vez que viene a mí. Son fuerzas muy grandes las de la confusión, pero sé que lo conseguiré si pierdo la esperanza.
sábado, 30 de agosto de 2008
Un texto de Stiglitz rescatado de Globalizate.org
Si busca crecimiento, gire a la izquierda
Joseph E. Stiglitz en Project-Syndicate (26/08/08)
NUEVA YORK
Tanto la izquierda como la derecha dicen defender el crecimiento económico. ¿Esto quiere decir que los votantes que intentan decidirse entre ambas no tendrían más que pensar que se trata de algo así como elegir equipos de gestión alternativos?
¡Ojalá las cosas fueran tan fáciles! Parte del problema tiene que ver con el papel que juega la suerte. La economía de Estados Unidos estuvo bendecida en los años 1990 con precios bajos de la energía, un ritmo alto de innovación y la oferta cada vez mayor por parte de China de productos de alta calidad a precios cada vez más bajos. Todo esto se combinó para producir una inflación baja y un crecimiento rápido.
El presidente Clinton y el entonces presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Alan Greenspan, merecen escaso crédito por todo esto -aunque, sin duda, la implementación de malas políticas podría haber complicado las cosas-. En cambio, los problemas a los que nos enfrentamos hoy -precios elevados de la energía y de los alimentos y un sistema financiero en crisis- fueron generados, en gran medida, por malas políticas.
Existen, por cierto, grandes diferencias en las estrategias de crecimiento, que tornan factibles diferentes resultados. La primera diferencia tiene que ver con cómo se concibe el crecimiento en sí. El crecimiento no es sólo cuestión de aumentar el PBI. Debe ser sostenible: un crecimiento basado en la degradación ambiental, una orgía de consumo financiado con endeudamiento o la explotación de recursos naturales escasos, sin reinvertir las ganancias, no es sostenible.
El crecimiento también debe ser inclusivo; al menos una mayoría de los ciudadanos deben resultar beneficiados. La economía por carácter transitivo no funciona: un aumento del PBI, en realidad, puede dejar a la mayoría de los ciudadanos peor parados. El reciente crecimiento de Estados Unidos no fue ni económicamente sustentable ni inclusivo. La mayoría de los norteamericanos hoy están peor que hace siete años.
Pero tiene que haber una ventaja relativa entre desigualdad y crecimiento. Los gobiernos pueden mejorar el crecimiento aumentando la inclusividad. El recurso más valioso de un país es su pueblo. De manera que es esencial asegurar que todos puedan vivir de la mejor manera posible, lo que requiere oportunidades de educación para todos.
Una economía moderna también requiere correr riesgos. Los individuos están más dispuestos a asumir riesgos si existe una buena red de contención. De lo contrario, los ciudadanos tal vez exijan protección de la competencia extranjera. La protección social es más eficiente que el proteccionismo.
El no promover la solidaridad social puede tener otros costos, entre los cuales no son menores los gastos sociales y privados necesarios para proteger la propiedad y encarcelar a los delincuentes. Se calcula que de aquí a unos años, Estados Unidos tendrá más gente trabajando en el negocio de la seguridad que en el sector de educación. Un año en la cárcel puede costar más que un año en Harvard. El costo que implica encarcelar a dos millones de norteamericanos –uno de los índices más altos en el mundo- debería considerarse como una deducción del PBI; sin embargo, se suma.
Una segunda diferencia importante entre la izquierda y la derecha tiene que ver con el papel del estado a la hora de promover el desarrollo. La izquierda entiende que el rol del gobierno en cuanto a proporcionar infraestructura y educación, desarrollar tecnología y hasta actuar como emprendedor es vital. El gobierno sentó las bases de Internet y las revoluciones biotecnológicas modernas. En el siglo XIX, la investigación en las universidades respaldadas por el gobierno de Estados Unidos sirvió de base para la revolución agrícola. El gobierno luego acercó estos avances a millones de granjeros norteamericanos. Los préstamos a pequeñas empresas han sido medulares en la creación no sólo de nuevas empresas, sino de nuevas industrias en su totalidad.
La diferencia final puede parecer extraña: la izquierda ahora entiende los mercados y el papel que pueden y deberían desempeñar en la economía. La derecha, especialmente en Estados Unidos, no. La Nueva Derecha, estereotipada por la administración Bush-Cheney, es realmente corporativismo del viejo bajo un nuevo disfraz.
No son libertarios. Creen en un estado fuerte con poderes ejecutivos robustos, pero un estado utilizado en defensa de intereses establecidos, que le brinda escasa atención a los principios del mercado. La lista de ejemplos es larga, pero incluye subsidios a grandes granjas corporativas, aranceles para proteger a la industria del acero y, más recientemente, los mega-rescates de Bear Stearns, Fannie Mae y Freddie Mac. Pero la inconsistencia entre retórica y realidad es de larga data: el proteccionismo se expandió durante el gobierno de Reagan, incluso a través de la imposición de las llamadas restricciones voluntarias a las exportaciones de autos japoneses.
Por el contrario, la nueva izquierda intenta hacer que los mercados funcionen. Los mercados sin trabas no funcionan bien por cuenta propia –una conclusión reforzada por la actual debacle financiera-. Los defensores de los mercados a veces admiten que fallan, incluso de manera desastrosa, pero sostienen que los mercados se “autocorrigen”. Durante la Gran Depresión, se escuchaban argumentos similares: el gobierno no necesitaba hacer nada, porque los mercados, a la larga , llevarían a la economía de nuevo al pleno empleo. Pero, como dijo John Maynard Keynes, a la larga todos estamos muertos.
Los mercados no se autocorrigen en un margen de tiempo relevante. Ningún gobierno puede mantenerse ocioso mientras un país cae en la recesión o la depresión, incluso cuando éstas estuvieran causadas por la ambición excesiva de los banqueros o el error por parte de los mercados de seguridad y las agencias de calificación a la hora de evaluar los riesgos. Pero si los gobiernos van a pagar las cuentas de hospital de la economía, deben actuar de manera tal que la hospitalización no resulte tan necesaria. El mantra de desregulación de la derecha era lisa y llanamente un error, y ahora estamos pagando el precio. Y el precio –en términos de pérdida de producción- será alto, superando quizá los 1,5 billones de dólares sólo en Estados Unidos.
La derecha suele rastrear su origen intelectual hasta Adam Smith, pero mientras que Smith reconocía el poder de los mercados, también reconocía sus límites. Incluso en su época, las empresas pensaban que podían incrementar más fácilmente las ganancias si conspiraban para que aumentaran los precios que si elaboraban productos innovadores de manera más eficiente. Hacen falta leyes antimonopólicas sólidas.
Es fácil ser el anfitrión de una fiesta. Por el momento, todos se sienten bien. Promover el crecimiento sostenible es mucho más difícil. Hoy, a diferencia de la derecha, la izquierda tiene una agenda coherente que no sólo ofrece mayor crecimiento, sino también justicia social. Para los votantes, la elección debería ser sencilla.
Joseph E. Stiglitz, profesor en la Universidad de Columbia, recibió el premio Nobel de Economía en 2001. Es co-autor, junto con Linda Bilmes, de The Three Trillion Dollar War: The True Costs of the Iraq Conflict.
Copyright: Project Syndicate, 2008.
Traducción de Claudia Martínez
jueves, 21 de agosto de 2008
Daniel Saldaña Paris recuerda sus tiempos con Pablo L.T. (o Las Islas Coco son para quien las merece)
De Pablo qué decir, salvo que siempre me ha gustado tanto lo que escribe y lo que vive. Y que tras dos años tratándonos de usted, una tarde nos hicimos amigos y me abrazó, y me enseñó a abrazar a quien quiero cuando lo veo, en lugar de hacer esa leve inclinación de cabeza al estilo de un militar decimonónico (no me gusta dar la mano salvo en las cosas de trabajo, ni menos todavía el beso en la mejilla).
Por Pablo conocí a Daniel, y a la rubia Cristina, y a otro poeta mexicano del que solo recuerdo que era un gigantón. Durante varios meses, ver pasar por las calles de Malasaña a Daniel, Cristina y el Gigantón me causaba un placer especial, al saludarnos de acera a acera. Me parecía que daban un sentido a las cosas.
De Daniel he sabido por Pablo, que me ha dado a leer muchos más poemas suyos de los que Daniel sospecha. También conocía cosas como que, cuando Cristina y él se fueron a México, le enviaron a Pablo una caja con un trozo de pared de la casa donde vivían, para que supiera que “ésta es tu casa”.
Ahora Daniel es un joven y reconocido poeta mexicano y la historia de las Islas Coco nos llega magníficamente contada por él en una de las revistas de más prestigio. Se puede leer en la propia revista haciendo clic AQUÍ, o leerla también entera a continuación, porque la copio y pego entera.
LETRAS LIBRES
JULIO DE 2008
Geografías
Las islas coco
Por Daniel Saldaña Paris
La obsesión en torno a las Islas Coco llegó a mí como por contagio, en mitad de una temporada de ocio en un Madrid cultural y climáticamente árido. Cierto amigo se refería de vez en cuando a las mentadas islas, la mayoría de las veces sin venir muy al caso, supongo que por el simple gusto de tener en la boca un topónimo tan original. El nombre dejaba traslucir un carácter pintoresco y quisimos suponer simpáticos salvajes con idiomas basados en chiflidos.
Pero las Islas Coco fueron adquiriendo mayor presencia en nuestras vidas, y le asignamos a aquel lugar –aún imaginario– todos los valores de exotismo que el Café Manuela era capaz de despertar en nosotros. Ahora que lo pienso, creo que nos refugiábamos en los hipotéticos rituales que acontecían por aquellas costas para obviar las también absurdas costumbres que el local madrileño presentaba: en torno nuestro, una juventud de estentóreos vozarrones se exaltaba con algún juego de mesa que exigía de ellos pegarse en la frente una carta –en mi desprecio, quiero creer que con saliva– y hacer innumerables pantomimas mientras vaciaban tarros y tarros de cerveza. Para colmo, las exposiciones añadían al ambiente un toque de desquiciante dadaísmo involuntario, enmarcando a los jugadores de baraja en una orgía de colores chillones que, en el mejor de los casos, representaba a antiguas cantantes de flamenco en clave pop art.
Imaginamos entonces un archipiélago perdido entre Asia y Oceanía, compuesto por islotes someramente adornados por una palmera (el nombre de las islas lo pedía) y por un perro flaquísimo, que en nuestro postrero retiro (ya viejos, fundaríamos allí nuestro imperio de ocio y decadencia) sería el amigo molestamente fiel que nos seguiría por la playa mientras aventáramos latas vacías de Coca-Cola a los inalcanzables aeroplanos.
Internet es un invento peligroso cuando se tiene tiempo libre y una obsesión ultraespecífica. No contentos con nuestras especulaciones en torno a las Islas Coco, decidimos buscarlas en Google y establecer contacto con sus habitantes. Después de naufragar (son pocos los que realmente navegan en internet) durante algunas horas, encontramos una serie de datos que suplieron a las trilladas imágenes que nos habíamos fabricado.
Las Islas Coco, cuyo nombre oficial es Cocos Keeling Islands, pertenecen políticamente a Australia, y su población (629 habitantes) se divide en una mayoría de australianos y una minoría de malayos, geográficamente separados en cada una de las dos islas principales. La única forma de llegar es en hidroavión desde las Islas Christmas (desde donde, por cierto, emite la única estación de radio que captan los aparatos de las Islas Coco). El punto medio del rocío está en torno a los 12º C. Hay un pequeño hotel en la isla de habitantes australianos, a la que acuden muchos de los malayos, en barcas, para trabajar (sabe Dios en qué) durante el día. En ese mismo islote (que es el de mayor tamaño) hay un habitante que, según reportes, habla, además del inglés generalizado, portugués y francés; a él debe acudirse si se desea cualquier tipo de información turística. Si no recuerdo mal, es en la otra isla, la de los malayos, donde se puede encontrar una computadora de acceso público con conexión a internet.
Yendo quizá demasiado lejos en nuestras pesquisas, contactamos con un catalán que al parecer había pasado unos cuantos días en las Islas Coco, la tercera o cuarta vez que dio la vuelta al mundo. Le escribimos un e-mail deseosos de conocer sus impresiones, bajo el pretexto de querer fundar en aquel emplazamiento, dentro de unos cuantos años, un museo sede de una nueva pero trasnochada vanguardia artística. El catalán, menos comprensivo de lo que cabría suponer dado su vasto plexo de experiencias y viajes, apenas nos dio algunas de las direcciones prácticas que consigné en el párrafo anterior, junto con una fotografía de una boda malaya celebrada allí y otra, absolutamente convencional, que podría ser un anuncio de cualquier hotel en el Caribe.
Finalmente conseguimos una dirección postal de las islas y nos apresuramos, todavía en el cenit de nuestra arbitraria fascinación, a enviar dos o tres cartas por semana, muchas de las cuales, sin presentar texto alguno, consistían en objetos tan variados como una esponja de mar o una estampita de virgen. Esperábamos una respuesta entusiasta, de alguna mujer exuberante y solitaria que, comprendiendo plenamente las razones de nuestros incesantes envíos, estableciera con nosotros una correspondencia a base de objetos, mandándonos, a cambio de mi cepillo de dientes usado, algún botón arrancado a su vestido favorito. Pero supongo (ahora que ya no me ciega la intensidad de una obsesión geográfica) que esperar semejante respuesta era tan gratuito como todo lo que me pasó respecto a aquella región soleada y absolutamente desconocida de la Tierra. Más allá de un ocio voraz y un verano desmesuradamente caluroso, no había nada que justificara el repentino interés que mi amigo y yo sentimos por las Islas Coco.
Al cabo de un par de meses, cuando ya era más extraño que las islas aparecieran en nuestra conversación, y cuando ya los amigos, preocupados al principio, habían dejado de preguntarnos por el avance de nuestras investigaciones, recibí la primera de las cartas enviadas, con un sello en el que se especificaba la causa de la devolución: la dirección postal estaba incompleta. Lejos de desilusionarme, el retorno de mi carta reavivó la obsesión: ahora tenía una serie de objetos, testigos mudos de los mecanismos postales de la mitad del globo, que ¡habían estado en las Islas Coco!
Se instauró el envío de paquetes como un medio personalísimo de consagración de utensilios. Sucesivamente conocieron el aire de las islas varias de mis más preciadas pertenencias, que volvían a casa después de sesenta días, con el halo casi místico de lo que ha tocado el paraíso. Mi pluma Parker no volvió a escribir con la misma fluidez, pero en el fondo era preferible que se atorara la tinta sabiendo que escribía con un objeto curtido en el aire y el salitre de aquel ignoto archipiélago.
Un buen día los paquetes y las cartas ya no regresaron. Nunca supe si la mujer exuberante y solitaria había terminado por aceptar nuestras ofrendas con resignación o si había muerto el único cartero, aquel recomendado políglota que conocía mejor que nadie las intimidades y los vicios de los 629 habitantes de las Islas Coco. ~
lunes, 18 de agosto de 2008
El ordenador roto y la memoria
Es una suerte que el correo que uso mayoritariamente sea de gmail, que puedo consultar desde cualquier sitio. El de Outlook se abre directamente, sin poner una contraseña que hace años olvidé. Si el discuro duro ha desaparecido, no tendré oportunidad de volver a abrir esa cuenta de correo. Algún amigo me escribe allí muy de tarde en tarde, y ese mensaje se perderá, pero tengo unos veinte mensajes diarios, que seguirían cayendo día a día en la cesta del olvido. Y es que debo tener otra vida de la que no soy consciente; a lo mejor, soy sonámbulo y por eso a veces me levanto tan cansado. Todos los días me escriben varias amigas de nombres increíbles para decirme que disfrutarían más conmigo si me hiciera un alargamiento de pene. Les agradezco la sinceridad, pero deberían reconocer que son un poco pesadas y molestas: con que lo hubieran dicho una vez, ya me habría llegado el mensaje. Otros amigos, que deben estar al tanto de esto, me quieren vender viagras a unos precios increíbles: podría tomarme 10 ó 12 al día sin poner en peligro mi presupuesto. Luego están unos eslavos que todavía no escriben bien el español o usan un traductor automático. El caso es que todos los días se celebra El Gran Juego: una oportunidad renovada. Me lo pierdo siempre (la verdad es que ni siquiera sé dónde se puede participar), pero ellos me echan de menos: "Yo he echado de menos a tú en El Gran Juego de ayer, fue formidable, pero estás a tiempo para el siguiente...". Con tanto ajetreo, otros se preocupan de mi salud y me ofrecen una farmacopea natural a precios ridículos y de efectos grandiosos. Así se cierra el círculo, porque los de los Rolex han desaparecido: debieron pensar que llevaba ya un Rolex incluso en cada tobillo.
Perder una memoria así no creo que sea lamentable. Pienso si mi memoria humana, cuando se pierda, no estará llena de tantas inmundicias cotidianas.
Amenazo con volver: y pronto.
sábado, 9 de agosto de 2008
¡Guerra!
Señora bombardeada
Vieja
Niño herido mujer muerta
Dolor
Esto es la guerra. La de ellos contra nosotros. De haber puesto una foto como símbolo, habría elegido la de la vieja.
domingo, 3 de agosto de 2008
Los libros de Murakami me producen el efecto de un sándwich
Siguiendo con la comparación gastronómica, no hay peligro de que te pase como con un relato de Harold Brodkey, por poner un ejemplo de peso pesado. No te quedas luego sentado con un habano y una copa de coñac, notando cómo el gusto de las diversas especias, de las carnes con diversos grados de maceración, de las pequeñas cantidades de diversas verduras, regresa en su conjunto, separándose luego los ingredientes uno a uno, combinándose en diversos grupos. Metiéndose en los sueños y las pesadillas. Ni siquiera en una ensoñación han vuelto a aparecer estos dos libros.
Pero no quiero ser duro ni ponerme “estupendo”: no tengo absolutamente nada en contra de lo que se llama “literatura entretenida”. Nada con respecto a los demás: conozco a personas que respeto mucho que las leen. Nada con respecto a mí mismo: siempre que me “entretengan”, como hacen muchas novelas del género “negro”, pero en este caso una lo ha conseguido ligeramente (Tokio) y la otra (Al sur) nada.
A lo mejor tengo que leer más (espero que tarde en producirse), pero estas dos tienen sus parecidos. Ambas cuentan la historia de un amor por una chica rara que comienza en la preadolescencia, se produce una separación, el chico tiene otras relaciones (que cuenta pormenorizadamente) y se produce un reencuentro que es el meollo de la historia. En ambas el narrador se declara muy aficionado a leer y a escuchar música. (¡Anda, como yo!, dicen sus lectores creándose una falsa unión narrador-lector). Ambas están llenas de sexo practicado con jovencitas. Las más de las veces con jovencitas que para no perder su virginidad, pero satisfacer al amito, toman su pene entre los dedos y luego con su boca para dejarlo tranquilo. ¿A quién no va atraer esa imagen? Por ejemplo a mí: un par de ocasiones entre los dos libros, exigidas por el guión, incluso hasta tres ocasiones, habrían sido más que suficientes. Porque además en ninguno de los casos hay una reciprocidad, lo que resulta bastante cargante: solo los hombres tienen necesidades a satisfacer. ¿Cómo nadie comenta ese hecho de las relaciones sexuales practicadas para la satisfacción de una sola de las dos partes? Incluso aunque el origen de incluirlas sea el realismo con el que se describe el machismo nipón, tanta frecuencia, y con tanto detalle, me parece regodeo para atraer lectores. Por ejemplo, para conocer el machismo de esa sociedad, me resultó infinitamente más interesante Estupor y temblores de Amelie Nothomb.
Un guiño del autor por libro
Qué duda cabe de que Murakami es un tipo inteligente: hasta parece que en cada libro se permite hacer un guiño al lector, diciéndole lo que pasa. En Tokio me tenía subyugado por el tipo de narración. Esa forma de llevarme de aquí para allá, como en esa fuente inagotable que es Las mil y una noches. Pues bien, permite que el narrador te indique que es eso precisamente lo que contiene, cuando se refiere a cómo Naoko, la chica “rara” de esta novela, que apenas hablaba, se lanza una noche a contarle su historia:
“De pronto, empezó a llamarme la atención algo en su manera de hablar. Algo extraño, poco natural, forzado. Cada uno de los episodios era, en sí mismo, creíble y lógico, pero me sorprendió la manera de ligarlos. En un momento determinado, la historia A derivaba hacia la historia B, que ya estaba contenida en la historia A; poco después, pasaba de la historia B a la historia C, implícita en la anterior, y así de manera indefinida, sin un final previsible”. [p. 55 de la edición de bolsillo].
¡El autor ha tenido la audacia de señalar por medio del narrador la estructura de la forma de contar la historia en el libro! Esta forma ha sido, prácticamente, lo único que me ha interesado de verdad en los dos libros. Aquello que me gustaría “robarle”. Que lo haya explicitado es de agradecer.
En el otro, el de Al sur, he encontrado exactamente lo mismo, pero mucho peor porque la estructura es más bien, hasta la mitad del libro, como un catálogo de las relaciones afectivas intermedias. Tokio es del 87 y Al sur del 92. De haber sido al revés, podríamos entender que de una novela mediocre se le ocurriera hacer un bis mejorado. Pero de esta manera, me parece un petardo de mercadeo.
¿Y el guiño al lector de este libro? Lo encontramos en la página 128 de la edición de bolsillo:
“-¿Y por qué no lees novelas modernas?
-Tal vez sea porque no me gusta que me defrauden [responde el narrador-Murakami]. cuando leo un libro malo, tengo la sensación de haber malgastado el tiempo. Y eso me decepciona. Antes no me sucedía. Disponía de mucho tiempo”.
Al menos hay que reconocerle al autor que le echa narices. (Voy a ver si encuentro algo de digestión más pesada).


