Dorotha, ¡oh Dorotha!
Fue absolutamente terminante: se acabó la aventura occidental. Lo 90 kilos de Zurek quedaron aplastados junto a la cabina del bar de carretera belga al que conseguían llegar los fines de semana, normalmente chapoteando en el barro. La que ellos estaban construyendo estaba unos dos kilómetros más abajo.
—Es mucho dinero, Dorotha.
—También es mucho lo que ha llegado ya, 800 euros ingresados en el pueblo cada mes, más lo que traigas.
—Dorotha, piénsalo un poco. Son muchos zloty.
—Ya está pensado.
Les habían llevado en un autobús, parando en varios pueblos pare recoger a otros como él. Cruzaron Alemania con muy pocas paradas y llegaron a una carretera en construcción, donde dos roulottes con literas les esperaban. Otra, con una cocina, ducha y servicios. Para los 20 hombres que formaban esa brigada polaca. Nueve horas de trabajo de lunes a viernes y seis el sábado por la mañana, más alguna extra que les metía un buen dinero en el bolsillo. Litera gratis, desayuno, comida y cena gratis. El lujo occidental que, para Dorotha, ya había durado bastante. Zurek y sus compañeros aceptaban todo aquello, incluso la lluvia que desde finales de agosto se fue haciendo más frecuente. Pensaba en presumir del dinero en una zona en la que pocos consiguen el salario mínimo de 176 euros, en arreglar algunas cosas de la granja de la que comían. Creyó que Dorotha entendería que se quedara otro trimestre, que le agradecería su esfuerzo. Pero no fue así. Colgó el teléfono y dijo “que había dicho que no”. Todos soltaron una risotada. Aunque a todos los casados les irían diciendo que no de uno en uno.
Dorotha colgó el teléfono enfurecida. No es que no pudiera llevar la granja ella sola, y cuidar de las dos hijas de 8 y 14 años. Pero sin él no era lo mismo. Sobre todo, no lo era por las noches conforme había ido pasando el tiempo. Era joven y fuerte: necesitaba que la abrazaran, sobre todo ahora que ya había empezado a nevar. Últimamente, al acostarse, pensaba en las series europeas que veía por televisión, o en las revistas que había leído en el pueblo cercano, más grande y con peluquería, a la que había ido pensando en el pronto regreso de Zurek. Veía esas mujeres y se imaginaba a su marido entre ellas. Nunca había deseado más dinero del que necesitaba. Además, cuando volviera seguro que primero se iría con sus amigos a celebrar que era rico, invitando a vodka hasta que poco a poco todos fueran cayendo inconscientes sobre la nieve. Plaf, plaf. Las esposas hacían rondas en esos casos y la del caído lo despertaba y se lo llevaba a casa. No quería más noches imaginando a las occidentales y a su Zurek.
En un restaurante de carretera con tiendas de souvenirs en el que pararon a comer, compró regalos para todas. Las abrazó al llegar, se dio un baño, se puso una camisa blanca inmaculada, comió un bigos, le dio a Dorotha casi todo el dinero que había traído, menos un billete de cada diez, y se fue a recoger a los amigos. El primero cayó a los dos días y al anochecer del tercero cayeron a la nieve, plaf, plaf, los dos últimos, Zurek uno de ellos. Dorotha y la mujer del otro los encontraron. Despertó cuando ella le tiraba de los brazos para levantarlo. Le miró los ojos azules, se sintió emocionado de estar en casa y de tenerla y, antes de quedarse dormido en pie para que ella le condujera a casa, tuvo tiempo de decir casi llorando:
—Dorotha, ¡oh Dorotha!
19 comentarios:
Genial estampa, Nano.
(Por cierto, L. tiene razón: más, más y más.)
Pues al leer este cuento nevado, uno tiene de verdad la sensación de asomarse a una cultura que no le pertenece y sin embargo...
Voto porque subas cuentos más a menudo.
Es muy bueno Nano, me recuerda la literatura de Andreï Makine.
Un beso.
Y como dicen las anteriores, trae màs.
más más y más y lo nuestro (guiño ojo)
leído con esa voz tan suya
incluso gana
Nán oh Nán !!
Qué bien contado, qué hermoso cuento procedente del país de la realidad.
....
Me encantó.
Muy bueno, Nan, consigues contar un cuento tierno sin ponerte sensiblero y eso es muy difícil. Yo ni me acerco, por si acaso... :-)
Un abrazo,
X.
Hermoso cuento, Nan. Nos seguirás
contando?
Un beso
BB
Hermoso cuento, Nan. Nos seguirás
contando?
Un beso
BB
Lo bueno si breve, dos veces bueno.
No es facil condesar en tan pocas palabras, y tú lo has conseguido, un sentimiento como el de la mujer que espera y, no digamos el de una cultura.
Aprendo leyéndote...
¿cómo robarle tiempo al tiempo, Lara, con lo mirado que es para esas cosas? Siempre estoy en ello, cuando estoy solo, pero el ritmo no se puede falsear.
Bárbara, ese "y sin embargo" vale un Perú.
Gracias, Eva, traeré "poquet a poquet": ritmo de hombre lento.
Lo nuestro es imparable, Aroa, tenemos que charrar. Hasta L, tan reacia, se me está ofreciendo a hacer fotos de carteles.
Reyes, me encanta que te encante. Lo ajeno puede y debe ser entendido como propio; solo así podemos plantaearnos el mundo. Y creo que lo has pillado muy bien.
Joder, Xavie, muchas gracias. Es que en el Taller aprendemos un montón. Si no a hacer cosas buenas (que no digo ni que sí ni que no), al menos a no caer en las trampas fáciles. Trabajo, trabajo y trabajo.
Muchas gracias, BB. Me esforzaré por subir alguno más. Pero depende de tantas cosas. Con este, por ejemplo, estaba contento, lo que no me había pasado en los 3 anteriores, simplemente porque había conseguido lo que me había propuesto. Pero también está el "accidente", por ejemplo cortar el post anterior por cualquier causa...
Aprendemos el uno del otro, Isabel. En realidad, todos de todos. Y tienes razón, la fuerza de la mujer que espera es esencial.
La necesidad, la distancia, las ausencias y la imaginación de la persona que espera.
Me gusta.
Saludos a todos
Muy bien contado, Nán. Yo también opino que debes deleitarnos con más relatos. También tenemos derecho a ello los Nanistas...
Yo lo que no entiendo es por qué no los subes todos... ;-P
Beso
Esto es un recordatorio de mi dirección, como me pediste ;-)
También aprovecho para decirte que me ha gustado mucho... si no acostumbras, es cierto que deberías hacerlo más a menudo.
Gracias, Luna. Bien resumido.
Araceli, ir aprendiendo a contar es una cuestión de fijación (el talento debe ser otra cosa). Y es lo menos que nos debemos unos a otros. Seguro que con este empujoncito de todos aceleraré un poquito el ritmo descabelladamente lento que me permito.
¿Por timidez, Mega, por inseguridad? ¡No! Por no dar la plasta, más bien.
Gracias, Leg, ya te tengo fichada de nuevo. Y otros harían bien en quedarse con la copla de ese vínculo.
Magnífico.
Mil gracias.
Esperaré.
Ya sé que la extensión lo hace de difícil lectura, pero, Primo, tienes que seguir regalándonos más.
Gracias, Izaskun, algo iré poniendo.
Has dado en el clavo, Prima, una de las condiciones para subirlos es que sean cortos (además de que me guste a mí, por la razón que sea, que a veces son razones peregrinas).
No lo había leído; ni el tuyo ni ninguno del pasado taller (a ver si este fin de semana, junto con los de ayer).
Me ha gustado mucho, NáN.
(No sé por qué, lo de las revistas en el pueblo de la peluquería me ha sonado a tópico que sobraba. ¿?)
Un abrazo.
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