Al señor Punchet son estas las cosas que le emocionan. No digo que no sepa moverse en la realidad, coger un metro, conocer los bares, saber que ha de pagar cada caña y cada vino, pero eso lo hace automáticamente, como el que conduce o sube una escalera. Él solo presta atención a los pliegues del tiempo y el espacio, donde habitan las telarañas con las que hace bolitas que esconde en su ombligo. Oye o lee, que es como oír por dentro, la palabra “volver” y se le levantan las orejas, tan peludas. Como perro que es. Ya se lo llamaron una vez y lo discutimos mucho, él y yo, que era de la opinión de que no lo es; o que no lo es tanto. Pero él estaba tan encantado como si le hubieran besado en la boca.
Esta cuarta copa de vino rojo, denso, bermellón, a ti te la ofrezco y por ti la alzo y en ayunas la tomo porque recibiste adicta mi semen cuando era espeso como yo me bebí tu sangre cuando la había, como hay ahora este vino grueso. Porque como dice el libro de Flavia Company Dame placer, que le he robado a mi amo en cuanto lo consiguió tener, y espero que me encuentre para que se lo devuelva porque no tengo dinero para pagar lo que bebo, «a las cosas y a los lugares no se puede volver ni siquiera volviendo». Recuerdo de inmediato el verso de Borges que decía «Vuelvo a Junín, donde nunca estuve».
Y entre una frase y otra me quedo colgado sobre el abismo. O peor, me dejan las dos colgando, aunque el abismo permanece en todas las versiones, porque los dos cuentan lo mismo y lo hacen perfectamente. Cuentan lo que no quiero oír pero me veo obligado a leer: que es imposible volver y que si se vuelve se hace a donde nunca se estuvo. Porque ya no es el río de Heráclito, en el que uno no se puede bañar dos veces, donde el río cambia pero uno parece ser el mismo. Desde entonces hemos aprendido demasiado, para nuestro mal, y ahora sabemos que lo imposible es seguir siendo uno mismo. Así que para qué volver. O cómo, si el que vuelve es otro. O para qué vivir, si todo a lo que le damos importancia está en un pasado no improbable, sino imposible. Si fuera posible volver a ti, incluso sentiría celos de quien vuelve, como desasosiego siento de las calles cambiadas. Por eso me he venido a vivir aquí, donde todo cambia tan deprisa que volver no puede ni plantearse, pues no ha dado tiempo a crear el hábito.
Vivir sin crear pasado es la ofensa más indecente al ser.
domingo 15 de febrero de 2009
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17 comentarios:
Hermoso texto, amigo. Lleno de frases contundentes que me han golpeado en rincones que había olvidado. Es lo bueno que tiene la literatura si está escrita desde el alma (por decir algo): desgarra a golpe de tecla.
Yo también vuelvo a menudo a sitios que nunca he estado.
Qué triste decir que al volver,
quien vuelve es otro, por lo tanto
irreconocible por ese quien fuimos
alguna vez.
Entonces, para qué crear pasado,
al que nunca deberíamos volver?
Dímelo tú, mi sabio amigo.
Yo sólo vivo y espero...
Es triste pero cierto, como dijo Neruda: "Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos."
¿Sólo queda la nostalgia?
esto es inquietante
BB y Winsta, me hacéis preguntas que no puedo responder. Mi trato con el señor Punchet, pesado y confuso como es él, está basado precisamente en que cada vez que lo frecuento salgo con mil preguntas. ¿Hay algo mejor que te pueda regalar un amigo?
EPQME, mi mérito aquí es el de simple transcriptor. Que no es poco. Pero cada golpe que has recibido ha sido un punto para mi ego en este combate. Cómo no agradecértelo.
Viniendo de ti, Lara, qué placer.
Es muy bueno, Nán.
"Si fuera posible volver a ti, sentiría celos de quien vuelve. Vivir sin crear pasado es la ofensa más indecente."
A veces me pierdo en esos pliegues y sueño que vuelvo a lugares que han dejado de ser así, a la librería de mis padres antes de la reforma y me sosprende recuperar un espacio que ya no recordaba.
Es la única forma que he encontrado, o más bien me ha encontrado, de volver.
me ha encantado!
volver, volver... ya sabes que le escupo a ese verbo y todos sus derivados, pero nunca pasaría por la vida sin crear pasado...
besos
y magia
K
Podemos ser "merodeadores de la nostalgia", Bárbara; y apuesto por ello. Pero volver lo que se dice volver...
Kika la Escupiente, ¡qué chulo!
El amigo Punchet es muy interesante. Me encantaría compartir un vino, o dos, con él. Dígale que le devuelva el libro de la Dama Flavia y, si quiere, dele mi teléfono para hablar un rato con él. Aunque mucho me temo que es un ser más bien solitario.
¿Se puede vivir sin crear pasado? NO lo imagino.
Pues se puede, Margherita. Hago mía la frase, me la quedo, ya me la he quedado. Lo siento. Es mía, ya.
Aquí la tengo.
Mía.
No entiendo una cosa... ¿ a qué tanta importancia al pasado?
a qué tanto revivir??? revivir es morir puesto que ya no se puede volver a él...??? el pasado no es nada. Un tiempo verbal nada más.
Tus palabras me recuerdan, Nán, algunas clases de miedo: miedos míos (no sé si otros los habrán experimentado):
-El miedo a volver a un lugar en que alguna vez fui feliz. A un sitio del que tengo un recuerdo alegre. El miedo a que una nueva vivencia en ese lugar me desagrade por algún motivo, y entonces no poder asociarlo ya a aquel recuerdo alegre. El miedo a que un recuerdo triste de ese mismo sitio empañe o enturbie la memoria alegre que hasta ese momento guardaba. (Hay una frase de una canción de Sabina: "Al lugar donde fuiste feliz no debieras jamás regresar".)
-El miedo a que un lugar que recreé o imaginé (por ejemplo: el Mississippi de Mark Twain, la Lisboa de Fernando Pessoa, la isla de Ítaca de Homero...) no sea como yo imaginaba. El temor a esa decepción. El miedo a que la idea que de aquel sitio me hice, se rompa en pedazos.
No, decididamente no debemos ir más a los lugares (reales o imaginarios) en que fuimos (o creímos ser) felices.
..."Vivir sin crear pasado"...
...Es bonito, y es inquietante, sí, y cuando lo traduzco a música o a imágenes para masticarlo y digerirlo, me imagino a mí mismo volviendo a Casablanca, justo en el momento en que Rick e Ilsa vuelven a mirarse a los ojos después de París, sí, ese momento en que Sam pone pies en polvorosa y se va de allí, con piano, salvoconductos y todo...
...Sin crear pasado...
...Un poco me recuerda a esa frase que leí, una tarde ya lejana, paradógicamente pasada y conmigo muy pasado, en varias acepciones posibles, que, parafraseando a Marx (a Karl no a Groucho, que era el lúcido de los cinco hermanos: Karl, Harpo, Zeppo, Hummo y Groucho) decía: "aquel que no conoce su historia está condenado a morir de frío"...
...Un abrazo...
Mi querida prima Carmen, no descartes poder tomar un vino con Punchet, aunque es raro porque, aunque me visita con una frecuencia inexplicable (nunca sé cuándo), no suele aparecer cuando me ve con alguien.
Microalgo, es usted muy suyo para hacerle trampas a la vida. Pero no diga luego que se lo recomendó Punchet. O dígalo, si quiere, pero no espere que él acepte la menor responsabilidad en la vida de otros.
Anónimo I y II, racionalizas y posiblemente la razón esté de tu parte. Incluso todo el misticismo oriental te apoya. Pero no en vano estamos locos (tener y leer blogs es un síntoma infalible).
Precisamente por esos miedos, Saiz, creo que encapsulamos uniones de tiempo y espacio y las separamos de la realidad. Lo que ahora nos deja vacíos, lo rellenamos, a todo color, con el recuerdo, que hacemos fuerte.
Miguel Ángel Maya, cómo no decir que me encanta que hayas aparecido por aquí, aportando ese Marx del Capital Apócrifo que es una poética y potente cita.
..."para qué vivir, si todo a lo que le damos importancia está en un pasado no improbable, sino imposible".
¿Para quitarle miedo (y hasta horror) a la misma vida?
Yo también siento desasosiego ante las calles cambiadas... Incluso de las de Berlín, como si acaso fueran mías esas calles extranjeras. Acaso lo fueran antes de cambiar y perderse en mi memoria.
Abrazos desde el vacío
El vacío es el mejor lugar para abrazarse.
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