Dedicado a Freia
Tenía pensados varios posts pelín-pesados, de esos que tanto me gustan (más de Harold Brodkey, buenas noticias de Globalízate.org, la agudización insoportable de la crisis ricos-pobres disfrazada de fracaso (o purga) del sistema...). Pero me ha apetecido un toque personal de un fin de semana ligero. Hace una mañana de sábado gloriosa. Sol y un ligero viento fresco. Y he decidido contarla, sobre todo por lo referente a Crescencio (el de la librería de segunda mano de la calle Palma), que se lo merece. Y contarlo como algo ligero (como el día). Como un reposo necesario.
El viernes por la noche, antes de cenar, quedé en Manuela con mi retoño y nos tomamos un par de Manhatan. Los recomiendo a todo el mundo, pero es muy necesario que los haga Barbarita, una chica menuda de piel oscurilla que está siempre en la barra. Los aprendió de Jesús y ha superado al maestro. Ese es su nombre. Como no tenía confianza suficiente para usar el diminutivo, la llamaba Bárbara, hasta que me lo dijo: “Mi nombre real es Barbarita”. Bárbaro, ¿verdad?
Por la mañana me despertó muy temprano el bullicio de los pájaros en el jardín arbolado que tengo enfrente. Frenéticos con la mañana de sol después de tanta lluvia. L, que se ha ido de viaje, dejó en la mesilla, acabado, Tokio Blues, de Murakami, así que me senté frente al balcón y leí la mitad. ¡Por fin he leído a Murakami! (Creo que habrá un post alguna vez: me ha despertado una sensación ambivalente, de pasión y aburrimiento).
A las once y media salí a la calle. Le había encargado a Crescencio que me consiguiera todos los libros de José Luis Cano que pudiera, y me avisó de que tenía dos.
¡Ay, Crescencio! Qué personaje tan necesario. Tiene unos libros increíbles a unos precios más increíbles todavía: tantas cosas buenas que ya no están en las librerías. Pero para mejorar las cosas, en la Plaza 2 de Mayo todos los viernes y los sábados hay una especie de Feria con casetas: discos antiguos, artesanía real... y la de Crescencio. Es un placer ir por allí a hablar con él y revolver los libros. Hay autores, como Rafael Reig, Juan Madrid y Mateo Díez, que se pasan por allí. Y en su corta existencia como librero tiene anécdotas impagables. En una feria de un pueblo de la Comunidad de Madrid, se acercó un señor mayor y empezó a revolver y apartar libros (“con solvencia y decisión”, me contaba Crescencio). Compró 11 o 12 y se quedó un rato a charlar con él. “Yo también me dedico al negocio de los libros”, le dijo el cliente. ¡Era Pancho, el fundador de Alfaguara!
Me tenía reservados Españoles de dos siglos, editado en el 74 por Seminarios y ediciones SA, y El tema de España en la poesía española contemporánea, excelentísima (y valiente para la época) antología que le publicó Revista de Occidente en el año 64. El libro contenía un regalo adicional. Tal como se hacía antes, el propietario original había anotado su nombre en la primera página: ¡Marcelino Oreja! (precio de los dos libros, ¡12 €!)
No pude evitar revolver y compré un pequeño ensayo sobre el tiempo presente, Nuestro tiempo, escrito por Eugenio Montale en 1972 y publicado en la colección Rotativa de Plaza y Janes, en traducción de Juan Moreno . Empieza con un poema suyo sobre el tema, El jardín italiano, que habla de una viejísima tortuga en un jardín y termina con dos versos reveladores: «Sólo hay una edad para ella: todos los desgarrones / son contemporáneos». (2 €)
Tampoco pude evitar que la mano apartara Menos que uno de Joseph Brodsky, un poeta que me gusta mucho y del que recomiendo la más que magnifica traducción de Marca de agua que hizo la lenta y densa escritora Menchu Gutiérrez para Siruela. Lo edita Círculo de Lectores, tiene nombre de la propietaria y fecha de la compra (4 de abril de 1989), y está traducido por Rosé Berdaguer Costa y Esteban Riambau Saurí. (5 €)
Hubiera seguido acaparando, por ejemplo un Nabokov que creo inédito en España y editado por Sur. Pero me pareció una descortesía. Soy un lector, no un coleccionista, y mucha gente tendría que pasar por allí ese día. Los que estéis en Madrid, o vengáis por aquí, no dejéis de visitar el puesto de Crescencio en la Plaza 2 de Mayo.
Después fui a comprar unos riojas, porque a las nueve vendrían unos amigos, todos asistentes a escuelas de pintura, para que les acompañara a conocer a un pintor muy bueno que vive en un bajo de mi casa. Antes, el retoño se pasaría para ver juntos el partido de fútbol de España y vendría Lila Berger, que tenía ganas de charlar con el retoño. (Tengo pensado poner un post sobre ese pintor).
Tras la sesión de muestra de pintura, nos despedimos de todos y Lila y yo recorrimos el barrio buscando un bar del que me habló Magapola y cuyo dueño vive también en otro bajo de mi casa. No recordaba el nombre, pero estaba seguro de que si lo veía me acordaría. Dos horas recorriendo el barrio sin encontrarlo, parando de vez en cuando en algún bar para tomar ella una cerveza y yo un pequeño whisky. Dos horas en las que Lila se rió bastante de mí, que no conmigo, por mis “peculiaridades”. Hasta que me acompañó al portal de casa, nos despedimos y al subir no me acuerdo muy bien de si me dormí cuando me había acostado o de pie, desnudándome. Pero dormí como un bendito.
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16 comentarios:
Coñe, Nán.
Te dormiste como lo que eres.
La alergia no me deja entrar en las librerías de viejo. Al aire libre (yo conocí contigo a Crescencio: gracias), es otra cosa.
Un abrazote ASIN de grande.
Qué agradable tu fin de semana y una delicia como lo cuentas!
Espero el post sobre Murakami, no he leído nada de él y acostumbro a guiarme por tus impresiones.
ja, já, no sé si los Pastores del Señor opinarán lo mismo, Don Micro. Lo que sí sé es que una característica de los amigos es alegrarse realmente de que al amigo le vaya bien. Gracias y abrazote para ti.
Winsta, alimentas mi ego y luego Lila Berger, que carece de él, se burla de mí. (Aunque dice que tampoco tengo tanto, le da el tamaño de una pelota de pinpón). Procuraré complacerte con lo de Murakami, porque tiene interés, pero sabes que soy lento en mis proyectos. Dejo que las cosas se enfríen, que olvide parte de ellas y, si queda algo interesante, es cuando me lanzo.
Otro abrazo para ti.
Uh.
Yo tampoco he leído a Murakami. Y tengo una batería de libros esperándome, todos en fila (Roberto Bolaño está, incluso, gritándome: ¡Yo! ¡Yo!). Y esa mezcla de... ¿cómo dijiste? ¿Aburrimiento y pasión? No sé, me recuerda a Proust. Pero bueno: todo se andará.
Y dejo de mandarte abrazos, que parecemos dos majaras y de vez en cuando tendremos que parar a comer (por ejemplo).
Antes leía poco, y lo poco que leía lo leía poco. Buena parte de lo poco que leía lo compraba en el mercat de Sant Antoni, los sábados, de libros usados. Ahora leo menos y, supongo por eso, entiendo menos de lecturas. Es por eso que no sé si sea un elogio que te diga lo mucho que me ha gustado cómo has contado esa gloriosa mañana.
Mi memoria está agruyèreada: ya no sé si era los sábados o los domingos. Ay, esto se acaba :-)
¡Nán, es el Desencanto! Jajaja.
Besos. La próxima vez te llevo yo.
Qué maravilla de finde, realmente. Y qué gracia lo que nos pasa a todos los enamorados delos libros y las lecturas, que somos incapaces de quedarnos, de una librería, con lo que encargamos, y tenemos que comprar más, lo imprevisto, lo encontrado, lo azaroso. Se parece a otra cosa que nos pasa también a casi todos los que vivimos con las palabras en el estómago: cuando buscamos una palabra en el diccionario, jamás buscamos sólo esa, sino que acabamos por fijarnos en varias más, a veces en tantas que acabamos olvidando la que habíamos ido a consultar, ¿no?
... me ha encantado este post. Da ganas de dar vueltas por tu barrio en domingo para superar el recalentamiento cerebral que me aqueja...
besos y magia,
K
Don Micro, le aseguro que Proust no me parece aburrido, sino vibrante, lo de Murakami es otra cosa. Pero ya hablaremos de él.
Zalakaín, ¿cómo no va a gustarme que a alguien le haya interesado leer lo que he escrito? Sea o no un elogio. Pero habiendo visto lo que he visto, dudo mucho de lo que dices de pocas lecturas.
Magapola, ¡sería un placer para un desmemoriado como yo.
Flavia, hubo una época, cuando era traductor, que me prohibí consultar enciclopedias, porque me tiraba horas saltando de una página a otra. Anotaba las consultas y las solucionaba cuando había terminado los folios que me había propuesto.
Saltar de unas palabras a otras es uno de los grandes placeres. Por cierto, ¡L encontró tu libro "Género de punto" rebuscando por ahí y me lo trajo!
¡Kika!, iba a publicar ya el comentario cuando vi que en esos momentos hacías el tuyo (¿magia?). En todo caso, los sábados, mejor que los domingos, a tu servicio.
Nán, ¡qué delicia de entrada! Lo cierto es que en el paseo que me he dado contigo podía sentir el sol amable en la espalda y el olor (el aroma) de los libros viejos y... el perfume de Bourbon de los Manhattan (¡adoro los Manhattan!)...
Saltar de una palabra a otra, de una página a otra, de un libro a otro, de una librería a otra...leer, leer, leer, como una adicción imposible de vencer porque no queremos... y tomar algo, charlar con los amigos, compartir el fin de semana y la vida.
Tu toque de levedad me ha llevado de la mano por lo mejor de tu barrio y de ti mismo...
Ahora me marcho a releer tus anteriores entradas que me encantaron y me desembrutecieron.
Un abrazo enorme Nàn.
¿Sabes, Primo? Cuando te leo, lo tengo clarísimo: es Madrid. ¿Me tomarás de la mano y me llevarás a todos esos sitios? Ya hablaré con la Berger también.
Qué bonito como lo cuentas, por dios.
Es Madrid y es Nán, sobre todo. Adoro estos post que escribes presuntamente ligeros...
Un abrazo
Freia, Carmen y Mega, me mimáis demasiado.
Pero es bueno de vez en cuando moverse sin peso. Carmen, por supuesto que te llevaré de la mano (si Zoe no se enfada) por ese Madrid que es un pueblo chico en el que conoces y saludas a muchos de los que te encuentras por la calle.
Nán, dale por favor de mi parte las gracias a L por llevarme hasta ti en forma de género de punto. Sin género de duda, L piensa en ti. Me gusta cómo lo vas contando.
Querido Nan,
Me encanta cuando tus post son un poco más leves y tuyos.
Me encantó verte un poquito el otro día en el barrio.
Quizás debería probar más el día y coincidiríamos más ;-)
Murakami sabes que a mi me encanta, pero su último de cuentos me está costando... O quizás sea yo la que cuesta.
Un abrazo GRANDEEEEEEEEEE
Nááááán
has leido a Murakkk ?jejejejej
tengo que ponerme al dia..voy regresando poquet a poquet ya tengo menos cara de alelada, (un poco menos solo)y ...camino.
Me acordé tanto de tí en París, sobre todo cuando Laura (del equipo del Chatelet) me habló de su abuelo anarquista de Gijón, y cuando atravesé el Pont des Arts y..... tengo muchas ganas de verte...creo que en Octubre me voy a Buenos aires a ver al Sacris y Amparo.
te voy a seguir leyendo un ratito.
un abrazo
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