Todo atenta contra el tiempo
que creo tener, no voy teniendo.
Como el agua de la bañera,
nos impacienta el lento desagüe
al principio, por principio
nos impacientamos;
al final se precipita eructando
vulgar, incontenible.
A mordiscos con los días
araño las raspaduras,
lucho por las horas de ser yo
y pierdo por los puntos la bolsa
de brillante envoltura.
Quedan minutos de consolación.
Al final, unos segundos de ser yo,
¿es que hay otra forma de ser?,
cada hora, cada día.
A veces, unos segundos de conciencia
por semana,
al doblar un esquina y acelerarse
el corazón que imagina un cambio
al otro lado.
Quizá la victoria estaba en la pregunta:
¿Es que hay una forma de ser yo?
Hacerla retóricamente, con desprecio.
Alzar luego los brazos en victoria.
No es un buen sitio
el ring
para equivocarse tan sonadamente.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

23 comentarios:
Quizás el tú se encuentre en uno de esos sesenta segundos de ansiar respiro entre asaltos.
Pero ganaste por KO
unos segundos de ser.
¿Acaso te parece eso poco?
;-)
¡Claro que me parece poco, Mega! Para ciertas cosas saco lo mejor de mí y soy codicioso, malintencionado y ambicioso. ¿Te imaginas la presentación del combate? ¡A la izquierda con sobrepeso mal distribuido, calzones pasados de moda blancos con calaveras estampadas, el único púgil del mundo que solo ha ganado un combate!
Ese, como casi siempre, tienes razón o le andas cerca por caminos de lo más estrambóticos, pero aquí me quejo, quejicoso, no tanto de dónde estará esa extraña cosa, sino del estado en que me la han dejado, a la pobre.
A lo mejor, como me dice L: "te estás volviendo un cascarrabias de mucho cuidado. Y cuando no cascarrabias, tiquismiquis".
¿Dónde fallaremos los directos, Primo, sino en el rin? La pelea no se acaba hasta que suena el último gong. Tú ganarás a los puntos, eso seguro. Mientras, si encuentras la respuesta (¿Hay alguna forma de ser yo?), por favor me la envías por mail, o a través del viento, como sea, pero házmela llegar.
Te quiero, Primo.
Primero, Prima, ¿qué haces en Internet un domingo por la tarde, incumpliendo una de tus costumbres más sagradas?
En cuanto a lo segundo, soy de esos fajadores correosos que caen constantemente pero se levantan siempre antes de la cuenta de 10. No hay que preocuparse.
Si me entero de algo de lo que preguntas, enseguida lo sabrás. Entre tanto, también yo te quiero.
P.D. LA lona la hacen cada vez más bonita.
Fíjate, Nán, que leyéndote me he dado cuenta de que tu pregunta sobre el yo, que recoge doña Carmen Moreno en su comentario, tiene en mí su correspondencia, sí, pero la que yo me hago es la siguiente: ¿Es que hay alguna forma de no ser yo?
Tremenda imagen la de la bañera, y la impaciencia ante el agua que no se va... en apariencia, claro, porque ya veloz empieza a desaparecer.
Efectivamente, ¿es que hay otra manera de ser?
Pero lo más importante es el camino que recorrernos hasta darnos cuenta de que este es el kit de la cuestión. Cuanto aprendemos, día a dí.
Al final se gana, y aunque se luche, a veces, contra el viento, el podium está ahí porque esto consiste en disfrutar!!! (y más vale tarde que nunca)
Y sí, afirmo, la victoria está en la pregunta.
Enhorabuena, maestro. Cada día mejor.
Flavia y María, encuentro ahora lo que anoche dejasteis aquí. A vueltas con la preguntita. Es decir, cada uno nos la hacemos sin que nadie pueda responderla bien desde fuera; ni nosotros en voz alta.
Pero hablar de ello es bueno. (Creo).
Con respecto al pequeño halago de la parte formal: ¡gracias!
Fíjese, doña Flavia, que yo siempre he pensado que es más difícil no ser uno mismo que serlo.
Realmente, la lucha por la identidad propia es dura. Por suerte, hay quienes aún se pegan con el mundo para ser quienes son. Véase Nán.
Pues yo lo veo más como una competición de salto de altura, fíjense. A ver a dónde llegas.
Pero el último salto... ese es nulo, siempre. Hombre, desde fuera se ve un poco triste que siempre acabes tirando el listón (en inglés, "drop the backet" significa palmarla, por cierto). pero los que compiten asumen que esas son las reglas, y se lo pasan pipa poniendo ositos de peluche en las pistas para marcar la talonación en los saltos...
(Ya habló de nuevo Poliana) (por cierto... ¿Poliana era también esquizofrénica? Porque probablemente se llamaba Ana pero dadas sus múltiples personalidades le pusieron el prefijo...).
No me hagan caso, es para que se rían y quitarle un poco de hierro al asunto.
Porque lo tiene (hierro). El tiempo pasa como un vendaval. No quiero hacer sangre, pero me temo que viene a colación un textito de Felipe Benítez Reyes. Discúlpenme si lo pongo (ya lo he citado alguna vez, me temo).
"De todas formas, nos guste o no - y en general no nos gusta -, lo cierto es que en vísperas de nuestro cuarenta cumpleaños comienzan a suceder fenómenos inéditos dentro de nuestra cabeza. «¿Como por ejemplo?» Pues no sé... resulta difícil explicarlo si no es mediante el procedimiento de dar alaridos de fiera traspasada por una lanza, pero, en fin, digamos que, en líneas generales, te sientes como debe de sentirse un boxeador que se orina de pronto en su calzona de satén escarlata cuando está tirado en medio del ring con la mandíbula rota, rodeado por un tipo que cuenta hasta diez y por otro tipo que parece tener muelles en las zapatillas" (Felipe Benítez Reyes: El Pensamiento de los Monstruos).
Algo así.
No se queme, Nán. Todos vamos a la misma velocidad, a no ser que no movamos a la de la luz: ahí es que se descontrola la cosa un poco (dicen los tíos de los pelos revueltos).
Un abrazo.
Ufff. Muy bueno. ¡Gracias Nán!
Me parece, Don Micro, que se ha llevado el agua a su molino para hablarnos del paso del tiempo y los cuarenta años. (Aportando además un texto excelente). ¡Está en su derecho! Pero también yo para terminar volviendo a lo mío. Posiblemente estaríamos de acuerdo en que, recordando lo largas que se hacían las horas de la siesta cuando éramos niños, de entonces a los 40 años la "sensación de velocidad de paso del tiempo" se ha doblado. Pues yo le diría que entre los 40 y los sesenta se vuelve a doblar. Esa es "mi cuestión".
Diría que a los 40 todavía "funciona" un dicho indio que siempre me gustó: "Los días se arrastran y los años vuelan".
Pues bien, la sensación que es la base del texto que presenté es que, ya, también los días vuelan. Por eso después de los dos poemas anteriores, que puse tras mucho tiempo sin incluir ninguno, y que los dos hacían referencia a que el "tiempo se acaba", este habla más bien de que el tiempo "no da para lo que uno es". Es una idea distinta.
Ya que estamos, me gustaría recalcar que la conciencia de las múltiples derrotas no hace que me "sienta" derrotado. Espero que estas percepciones, aunque a casi ninguno de vosotros os corresponden todavía, sin embargo os sirvan.
A Julián, que puso su comentario mientras yo escribía el mío, parece que sí. Hasta me atrevo a pensar que, aunque jovencísimo, por su trabajo intenso comparte parte de estas sensaciones.
Leí el poema al poco de ser colgado, y luego he vuelto dos o tres veces a ver cómo se desarrollaba con el paso de "mi" tiempo (me parecía que no podía contestarte a la primera, y no sólo por el poema, sino por alguna que otra última visión). Como con los poemas (los buenos), conforme han pasado las horas el concepto se ha ido agrandando, y yo quería consolarte con alguna palabra, y a la vez no sabía en cuál de los agujeros tenía que echarla, a cuál de las casillas correspondía el consuelo. Tú mismo me has dado la clave, por fin, en tu último comentario: "el tiempo no da para lo que uno es". Ésa me ha parecido la gran verdad, y ésa ha sido la llave que ha encendido la luz, la que sólo alumbraba turbia. El tiempo no da para lo que uno es. Así que no hay consuelo que valga, ni siquiera que haga falta o tú lo pidas. El tiempo no da, no, pero tú sí. Un abrazo.
Yo también he venido, he salido, he vuelto. Entro a la habitación y cierro la puerta de puntillas, para no dar un golpe. Y me llevo a la calle el pensamiento. Creo que ser uno, o una misma, nos deja, a veces, noqueados sí en medio del público. Otras veces, eso, con los brazos hacia arriba, sudados, dañados pero disfrutando de la victoria. Ojalá el tiempo no nos deje ganar o perder siempre expuestos. O con la sensación de exposición...
Cuando me pregunto si soy yo misma, probablemente no estoy siéndolo. Besos Nano.
Despertar leyendo estos dos comentarios reposados de Lara y de Aroa es un gozo. Ya vamos tocando el fondo. No hay que preocuparse tanto (ni siquiera nada) del estado de quien escribió, sino de lo que sugiere escrito. Es estupendo que vayan saliendo así las pequeñas verdades, que son las que todos compartimos.
Espero cerrar de momento este ciclo del tiempo, no ponerme pesado con él, a no ser que una nueva peripecia me haga verlo con otro color.
En todo caso, abrazo y beso devueltos tiernamente.
Sí, yo odiaba las largas siestas obligatorias en la infancia. De hecho, he dormido pocas en mi vida (incluso aquéllas permanecía despierto, disidentemente). Sólo cuando el cuerpo me lo ha pedido imperiosamente me he echado una siesta. O cuando era una excusa para abrazar un cuerpo de mujer en una cama fuera de los horarios nocturnos (yo confieso).
Lo de que el texto de Benítez Reyes hiciera referencia a los cuarenta años (dentro de un par de meses los cumplo) es más o menos casual... Más o menos. Nán ya me tiene calado.
Desde que leí La Montaña Mágica también le he dado muchas vueltas al asunto de la percepción del tiempo. Esos días vacíos que parece que no se acaban desaparecen de la memoria en un "puft", mientras que esos otros en los que estás acariciando una mano que ni soñabas que podías llegar a acariciar, y que parecen tener cuatro horas (en total), luego se quedan grabados dentro como la tabla de multiplicar.
Pero nuestra percepción es subjetiva, Nán. Lo miremos por donde lo miremos, el tiempo va, como dije, a la misma velocidad para Vuesa Merced y para un niño de dos años.
El tiempo no da para lo que uno es. No, lamentablemente no da. Ya le comenté alguna vez a Carmen de Góndal que en una entrevista que le hicieron a Quiñones, cuando él sabía ya que iba a morirse pronto, ante la pregunta de "de qué se arrepiente Usted", Fernando no lo dudó ni un instante: "de los pasarratos". Es decir, del tiempo perdido en nada, en humo, por el placer de perderlo. Y era Fernando Quiñones, que según Carmen, que lo tuvo a su lado (a pocos centímetros, porque era su secretaria), no paraba el culo quito ni cuando hacía pis. Y el tiempo no le dio para lo que él era, claro. Lamentablemente, repito.
Y Alejandro Magno lloraba, mientras. Por lo mismo.
Me permito un recuerdo. En un tebeo (un "mortadelo" de esos que traían historietas variadas) leí una viñeta con cinco años que no entendí. Luego volví a encontrarme, en una limpieza, esa revistita, como quince años después (en casa, con mi hermano vigilante, no se tiraba una sola página impresa que no fuera prensa diaria). Y entonces lo entendí. En la viñeta había dos niños de cinco años que miraban a uno de meses que estaba llorando como un berraco.
- Míralo - decía uno de los parvulitos -. No lo sabe, y está en la mejor etapa de su vida.
Oído cocina, Nán.
Joder. Vaya tochos que les endilgo.
Seguridad, llévenseme.
¿Me permite descubrirme, Don Micro?
(a ver quién me presta un sombrero para hacerlo a modo).
De Felipe Benítez, pasando por Quiñones, Mortadelo y Alejandro: ¡la créme de la créme de la cultura universal!
Lo que ya no le creo es que el tiempo sea igual para todos y en todo momento. Soy fenomenológico, no científico.
(Y largue, largue usted y alárguese. Con toda confianza).
Este es otro de tus grandes poemas, esos que escribes desde esa tristeza sosegada llamada melancolía y de la que ya hemos comentado en alguna ocasión.
("¿es que hay otra forma de ser?"
Dice Serrat: "Del derecho y del revés uno sólo es lo que es
y anda siempre con lo puesto".)
Poemas así alivian tanto a quien los escribe, como a quien los lee. Así que, gracias, nán, muchas gracias.
Por el alivio, Winsta, por acertar a desentrañarlo, y porque me parece que tú también tienes claro que estamos con lo puesto,
Un fuerte abrazo.
El anterior era un comentario mío sobre la composición formal del poema tuyo,creo que inspirado en la frase sobre "ser yo y no todos los demás" de A. Artaud que cita LMPanero en "El desencanto". Luego me dí cuenta de que estaba haciendo una crítica sin mucha base y además ya habías puesto un post posterior (valga la resonancia), así que lo he borrado.
Va un saludo.
Ah, Manolotel, ya había leído tu comentario. Me gustó mucho que a todo lo dicho aportaras esa crítica formal, que a mí me pareció excelente. Estaba pensando cómo contestarte agradeciéndotela de verdad pero sin contestarla, porque una vez puesto el poema, es posible discutir con otros sobre el sentido, ampliarlo o reducirlo, pero no se puede contestar a eso: el poema se sirve ante los demás.
Que haya puesto otro post no significa mucho en un blog como este, que a veces parece más un "corcho" del vestíbulo de un instituto de secundaria: lo dedico cada vez más a anunciar todo tipo de cosas. Me gusta que se mantengan vivos, en mi blog y en los demás, los posts anteriores.
Pero tu libertad, y la de todos, de entrar o no, decir o guardar silencio, mantener lo dicho o quitarlo, es la regla de oro. Solo puedo decir que tuve suerte de haberlo leído y que, un poco tarde, te doy aquí las gracias porque lo escribieras.
Y esto no quita ni pone al hecho de que en el fin de semana volveré a tu poema sobre Panero el Loco, del que dije un par de tonterías impulsadas por el momento. Mi lunes-viernes de ahora son un poco complicados.
Un fuerte abrazo
Publicar un comentario