Desde que abrí la revista que hablaba del Espacio Torner que se ha creado en Cuenca, en la Iglesia de San Pablo, sabía que tendría que escribir esto. Y he preferido hacerlo por la tarde y salir luego, repetir el Reina e ir a un cine y a tomar una copa, en lugar de hacerlo por la noche, ya en casa para siempre.
Sabía que tendría que contar que juntos fundábamos comunas urbanas que abandonábamos; o que nos dejaban a nosotros, los padres fundadores, en la calle. Hablar de aquella vez que te enteraste de que alguien era una amenaza, sobre todo para mí, fuiste a la cocina a por el cuchillo más grande, se lo pusiste en la garganta y le diste 10 minutos, ni uno más, para que hiciera la bolsa y se largara. Me lo contaste esa noche con la sonrisa de levedad que ponías en todo (otros me contaron que no, que te la jugaste en serio, "mis amigos son gente cumplidora").
¿Y qué coño hacíamos tú y yo, F, aquel agosto en el piso de Aluche, si yo tenía mi sitio en el Mediterráneo y tú Galicia? Porque libros no abrimos hasta septiembre. De los de aquel piso, ¿sabes?, soy el único que sigue vivo. El que menos lo parecía, fíjate. Quizá porque me hiciste el regalo de presentarme a quien podía hacer el milagro. En aquel piso, entre otras cosas, intentamos dos veces hacer el amor, pero solo hicimos grandes carcajadas. No creo que "hacer el amor" fuera el término que tú habrías elegido, pero lo he puesto porque, aunque entonces eso nos avergonzara, eso era precisamente lo que intentamos hacernos (tan rematadamente mal).
Pero no todo era ese Madrid de locura. A veces, cuando no podíamos más, en autostop o con el dinero suficiente casi solo para el viaje de ida, nos plantábamos en Cuenca. Pasábamos parte de los días en el Museo de Arte Abstracto, que nos trasladaba en un momento a la belleza, la modernidad y la tolerancia por las que como salvajes luchábamos en Madrid (y en otros sitios) en entornos tan feos (físicos y morales). Cuando en el cuartito que hay en ese museo junto al sitio de venta el que se sentaba a tu lado a conversar podía ser (y muchas veces era) Saura, o Rueda... Para las necesidades del día, nos dejábamos querer por artistas y gente de cultura que allí vivían; yo creo que nos daban de todo porque de todo nos faltaba, pero también porque esa parejita que éramos daba un poco de miedo, ¿no crees? Pedíamos duros, tú a los chicos y yo a las chicas, cuando eso casi nadie lo hacía, y funcionaba, para copas. Y si era Semana Santa, salíamos de Madrid con las entradas a los conciertos compradas. ¡Qué cultos, suaves, amables y repeinados éramos en Cuenca! (Tacho lo de repeinados).
http://www.radioblogclub.com/open/98085/aute/Aute%20-%20La%20belleza
Aunque el amor de amigos fue enorme entre nosotros, solamente una vez caímos en la desfachatez burguesa de tener un gesto de ternura que no estuviera envuelto en la violencia de nuestra barbilla alzada. Fue, estoy casi rematadamente seguro, en esa Iglesia de San Pablo que ahora tendrá obras del escultor que tanto nos gustaba, en un concierto de música sacra, donde uno de los dos, no lo recuerdo, le tomó al otro de la mano. Esa mano dura y fuerte de origen campesino la tuve en la mía, amorosamente, una misa y dos motetes, o algo menos.
Los recuerdos finales son del piso en el que vivíamos L y yo y tú visitabas incluso para encerrarte cuando te fue mal un amor importante. Te tumbabas en la sala con una botella de Garvey en la mano que íbamos vaciando, tú más que yo; L casi nada, y ponías el día y la noche enteros los discos de Aute que teníamos. La canción de Aute que se puede escuchar desde aquí no estaba en aquellos discos. Pero es que esos discos nadie los ha vuelto a poner en nuestra casa. Desde que nos enteramos de lo tuyo y L y yo cogimos una larga borrachera-homenaje, no hemos vuelto a ponerlos. Creo que ni hemos hablado de ti. Y esta canción te parece dedicada, como aquella que te escribió, realmente para F, Hilario Camacho.
Te volviste luego a tu tierra, "a ver si la vida es posible". Que no lo fue.
Y he pensado regresar a Cuenca, donde he vuelto tantas veces con gente querida. Desde luego a la Posada de San José, el único sitio al que se puede ir, para ver despacito otra vez el Museo de Arte Abstracto, y la Fundación Antonio Pérez, y ahora el Espacio Torner. ¡Cómo nos volvían locos Torner y Rueda! ¿Te acuerdas? Y decir del nosotros de aquella época que algo nos volvía locos era decir mucho.
Hasta pensé proponérselo a estas gentes jóvenes con los que cruzo escritos. Un hermoso viaje. Pero no. Deben ir, pero entre ellos. Yo me debo, creo, ir solo a Cuenca al menos una vez. Despacio, despacio. Y cruzar a las 2 o las 3 de la noche el puente colgante y sentir el frío y el vértigo. Id los que podáis, sin falta. Pero esta vez tengo que volver por mi cuenta y riesgo.
No haré ese viaje. Ve tú.
Ya pasaré más tarde a recoger
los hilos rotos, los pedazos
de materia que desgastas.
Yo remendaré la trama
por detrás, para ti.
Por mi nostalgia.
Los restos del tapiz
que algún día. Tú sola.
Querrás recomponer.
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8 comentarios:
Me ha resultado muy emotivo. Nunca pensé que Cuenca pudiera contener tanta nostalgia. Ahora me apetece subir a ese puente y verlo todo colgar.
A un lado del puentecillo, a mucha altura sobre la hoz, está el convento, al otro lado, el Museo Abstracto, lo mejos del arte abstracto español, creado por los creadores como un regalo para ellos. Subiendo calle arriba desde la catedral, la Fundación Antonio Pérez.
Si es posible, ni en sábado ni en domingo (que Madrid está muy cerca).
Dormir en esa posada, también una casa colgante, en habitación que dé al vacío, el puente, el convento, el paisaje.
Todo tan hermoso, Reb (salvo los sábados y domingos).
Crea allí tus nostalgias, elige bien a tus compañeros, que puedan estar horas en cualquiera de esos sitios. Que sepan lo que ese arte representó, y representa. Capaces de reír mucho, también. Y de beber en la fría noche de la Cuenca Medieval (de la que casi no debes salir).
Hecho. Queda pendiente.
(Me hablaron en la universidad de ese museo).
Pues los pelos de punta de principio a fin (ayuda el vino de la otra noche en la tete pero igual hubiera sido sin él). Los pelos de punta y por dentro de puntillas.
Y Cuenca. Yo creo que casi todos los que por aquí andamos, estuvimos en Cuenca el año pasado o durante este año que acaba ahora. Pero todos a tiempos diferentes, por cosas diferentes e inexplicables.
Yo pasé dos días en Cuenca que, por motivos ajenos a mi voluntad y a muchas otras voluntades, nunca podré olvidar. Fue un sitio de esconderse, de no pensar y luego en la pensión (que andaba colgada de allá arriba con un tajo impresionante a la espalda), mientras por una ventanita minúscula nos entraba la luna, de pensar mucho. El color de las fachadas y la cuesta, el vértigo del puente, el frío. El museo. Paseé el museo con la amiga que me acompañaba imaginando que ésa era nuestra próxima casa. Cuenca, sí.
Besos a Nán, a L, a F (sobretodo a F).
Cuando las casualidades cargan las escopetas de sal, salimos con el culo rojo. O como dice mi admirada Ajo en uno de sus Micropoemas, "No me tires de la memoria que he sido punki y llevo la cresta en la lengua".
Ha muerto Pinochet. Aquel 11 S, el que mató más gente de los dos 11 S y con mucho más sufrimiento y lentitud, el del golpe de Pinochet, yo había quedado a cenar con I, el que controlaba el piso de Aluche, en un restaurante alargado de la calle del Barco. Vino muy excitado con un periódico de la tarde, por el golpe. Bien que sabíamos lo que iba a pasar a nuestros compañeros. Nos dimos cuenta al poco de que le habían seguido (dos tristes seres, que aprovecharon para cenar también) y al salir nos separamos: él se fue a un bar de putas, como si estuviera en ese barrio para eso, y yo conseguí despistar al otro. Y volví al piso con F. Mi amigo hizo dos llamadas, a las 4 am y las 4 pm, para que supiéramos que no le habían pillado y seguíamos estando seguros; pero quedamos en que no volvería a ese piso. F y yo lo habitamos hasta finales de mes y nos perdimos por Madrid (juntos). Así que todo el asunto de Aluche tiene fecha: junio, julio, agosto y septiembre de 1973. Las piezas encajan y el dibujo del puzzle tiene de todo.
Ese amigo, I, se lanzó después desde una azotea, acosado por problemas personales que él se había creado. No fue entrañable, pero fue un compañero excelente. Compartimos historias contadas (probablemente solo conmigo se permitió esas confianzas). Era un tipo físicamente grande, como Cortázar (y se sabía de memoria Rayuela aunque no tuviera mucho interés por la literatura). Con el mismo impulso que le permitió dar aquel salto, empujaba las cosas y hacía fácil lo que parecía imposible.
A los dos días de la entrada sobre F, muere Pinochet y me acuerdo de mi compañero y amigo. Y me alegro, de la muerte del golpista. Aunque haya tardado demasiado.
En Cuenca un amigo y yo cagamos en el baño del Museo de Arte Abstracto, hicimos una foto al mojón, la retocamos y nos prometimos emular algún día a aquel británico que colgó sus propias obras de arte en el British y en la Tate, con marco, cartelito y reseña. Nos falta sólo el cartelito, y el blutack (y volver algún día a Cuenca).
No quiere decir esto que no nos gustara el museo. Saura, Zóbel y Tàpies son los que más me impresionaron, por ese orden y teniendo yo muy poco idea de arte abstracto (fyi), gracias a que Chusiña andaba por ahí. ¿Y el edificio? Sencillamente delicioso.
Y la ciudad. Llena de gente extraña, gitanos cantaores como no los hay en La Chanca de Almería. Con un aire medieval de judería enmedio de los Alpes, de aire frío y pozo hondo, y piedra roja. El comer es duro y las cuestas empinadas, las casas cuelgan y por detrás son todo color.
Me marcó, nos marcó a varios, es cierto, en una época cercana.
Tengo la fuerza sí, porque para anidar en los aleros de los tejados mientras el viento sopla se requiere.
Volviste a recordar las grietas de la noche (como en el verso de una extraña ciudad)También se necesita fuerza o temple o un cielo protector que nos acoja para estar en el filo y no saltar como haría F.
Gracias por ese verso, lo apunté en la agenda en ese día, más tarde lo guardé en mi bolsillo, y a veces lo leo cuando el frío arrecia.
Buenas noches y no te lleves nunca el paraguas a Cuenca
...À l'horizon de ma folie
Il a fallu qu'elle me quitte
Après m'avoir dit grand merci
Et je l'ai vu', toute petite
Partir gaiement vers mon oubli...
Avec quelque chose (beaucoup) d'un ange, tú, apareces dando sentido a esto cuando lo iba perdiendo.
Sin paraguas, entiendo. De acuerdo.
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