Que está:
Parece, y no lo es, una tontería decirlo. Es que había pensado una entrada un poco personal (sin abusar). Y así puedo decir que llevamos juntos algo más de 33 años. Que cuando me rescató yo estaba a punto de desaparecer (por consunción, por vocación de decir "adiós Madrid" o porque alguien me dijera a mí "jódete perro"). Cerquita estuve, cerquita. Y ahora me alegro de haber vivido (esto es trampa, porque en el otro caso no habría tenido oportunidad de lamentar no haberlo hecho). Sirve esta subentrada para decir que L se va en periodos de entre dos semanas y media y tres semanas y media. Que, juntos, esos periodos suman unos 5 meses o algo menos, por lo que suele estar unos 7 meses.
Y hay que decir que cuando entre irse e irse pasa mucho tiempo, los dos empezamos a mirarnos como esquinados: L más bien por viajar y moverse; yo, sobre todo, por estar solo y pensar seguido. Pero pensar demasiado seguido no acaba de sentarme bien: este verano que se fue 4 veces seguidas, con intervalos de 2 o 3 días, de tanto pensar me pilló al regresar subido al altillo para recuperar mis libros de Ciorán, que tan abandonados tenía.
Decir que en ese tiempo ha pasado de todo, pero algo habrá que aquí estamos y somos. Incluso en los peores momentos, conseguí salvar el muy antiguo juego de té de porcelana china que saqué de mi casa antes de que yo dejara de ser yo y mi casa dejara de ser mi casa. Después, bebiendo té como hay que hacerlo, y hablando, hablando mucho, hemos llegado hasta aquí (que es muy distinto del "hasta aquí hemos llegado"). Pero esas cosas, del arriba y abajo, que todos conocemos, no tengo ganas ni vocación de contarlas.
(este principio de canción de Carla Bruni se disfruta mucho más si se la oye a la propia Carla........... dejo tiempo para que la pongáis).
On me dit que nos vies ne valent pas grand chose,
Elles passent en un instant comme fanent les roses.
On me dit que le temps qui glisse est un salaud
que de nos tristesses il s'en fait des manteaux pourtant quelqu'un m'a dit...
Que... tu m'aimais encore,
C'est quelqu'un qui m'a dit que tu m'aimais encore.
Serais ce possible alors?
En casa hay flores en 3 o 4 puntos estratégicos:
Tampoco es que me dé cuenta yo solo de que están. Aparecen, ¡zas!, cuando L me pregunta si me gustan. Desde ahí soy agradecido y me gustan. Me gustan mucho. Paseo por la casa con las manos en la espalda, como casi siempre descalzo, y abro y cierro contraventanas, o enciendo y apago luces, para ver cómo cambian los colores. Cuando las quita, y antes de que haya nuevas, no me doy cuenta de que no están pero algo percibiré porque no me quedo mirando jarrones vacíos. Sé que hay amigos que, con sonrisa maliciosa me dirán, "¿así que ahora te gustan las flores?". Claro, les respondo: las flores en casa son algo bueno en la vida con L. No las habría nunca en una vida NáN-NáN.
Hay cena todas las noches:
L lo hace porque le da como pena cocinar una buena comida al mediodía mientras "l" y yo comemos desagradables menús o insípidos sándwiches. Por eso cocina una comida grande que "l" le agradece y se acostumbra a cenar (¡mal hecho!). Yo no lo agradezco: me molesta lo que no sea "cualquier cosa". Y casi siempre encuentro excusas para no cenar la cena. Tener cena todas las noches está mal, pero suelo conseguir salirme con la mía.
Hay un orden geométrico claro (entre las cosas):
Es como una inquietante predictibilidad entre la esquina de la mesa (sobre la que está ¡exactamente! la revisa que debe estar) y el sofá más cercano (por poner un ejemplo). Es un orden muy útil, por ejemplo para no pensar cosas que me lleven a recuperar los libros de Ciorán. Pero no me gusta ni lo quiero. Me pone nervioso. Mi derrota en este aspecto, total y absoluta; se podría calificar de vergonzante.
No se puede pensar seguido:
Me interrumpe constantemente cuando leo o pienso. Después de contarle mil veces la anécdota de Martin Amis y el indio de la fatwa, que se meten tanto en lo que escriben que no pueden reintegrarse en la vida diaria hasta mucho después de haber dejado de escribir, no me interrumpe si tecleo, tomo notas en libretilla o redacto de pie sobre la cómoda. Fuera de eso me interrumpe en cuanto le apetece. No puedo pensar seguido y con el tiempo los pensamientos se me pudren e indigestan y acabo mirándola esquinado. Cuando leemos los dos está muy bien interrumpirse, porque es como estar leyendo 2 libros, o es una manera de vengarse por haber tenido que empezar 3 veces el mismo párrafo.
Hay verduras naturales al vapor ¡Mmmm!:
Pero también hay pescado. De niño no lo comía. Fruncía el entrecejo y contaba hacia atrás desde el 10.000 (aprendí a contar de muy niño). Si me dejaban levantarme antes de llegar al 0, ganaba yo; si no, perdía (pero el pescado se quedaba en el plato o en el estómago de un hermano mayor apiadado). Ahora lo miro igual pero sé que he de comerlo y lo hago rápido. O sea, lo que gano por la verdura lo pierdo por el pescado.
Hay risas:
Eso está muy bien porque cuando estoy solo no río. A L le gustan las cosas graciosas. A mí me hablan de una película, obra de teatro o novela graciosas y es como si a una cebra le anuncian que hay un león a 20 metros. Se me erizan todos los pelos (de cebra).
Pero reímos mucho. O bastante. "Alguna que otra vez", diría probablemente L, que tiende a olvidar estas cosas.
Así que ya sabéis a quién culpar si leo menos o atiendo menos los cielos (Esto es un talismán para que no pase eso: ¡no va a pasar!). También es una manera de decirle, gozosamente:
Bienvenida. No te quedes siempre. Y cuando te vayas no te olvides, nunca, de regresar.
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7 comentarios:
¿Habrá llegado ya?
Que te interrumpa con gozo, hasta que se vuelva a ir.
A mí me dijeron una vez "para que no te quedes nunca del todo, ni te vayas por favor para siempre", y todavía estoy cagándome en ciertas frases lapidarias. Ideal de amor, difícil de conseguir cuando una no es agente de viajes.
Menos mal que ya pasó el tiempo de las exigencias abstractas. Hasta las próximas, claro.
Besos a todas las letras ele de tu casa.
Bienvenida, L, con tu risa contagiosa que todo lo llenas.
Espero encontrarte algún día en la frutería...
y a ti también, mi Nan
Besos a LNl
las piedras, querida Lara, son lo mío. Aunque a diferencia de lo que se dijo en otro sitio nunca suelo esconder la mano. Las piedras frase. Las piedras arma. Las piedras que amorosamente arrastro para que se acomoden quienes quiero (como tú, ya, ya lo sabes). L ha tenido que soportarme eso (y más), pero ya lo lleva bien.
Me cuesta más llevar bien tu inteligencia y tu cariño. El buen trato me desarma (pero no me desama; pienso aprender).
Y tú pulg, que sepas que si es necesario puedo pasarme el día comprando verduras y frutas.
Acabamos de venir de la Manu, de tomar mezcalitos con RA (quien tú ya sabes que tanto te quiere), al que presenté a L con todas las instrucciones de origen. Desde lo de ayer, es como si nos conociéramos de toda la vida, por ser de tu club.
La acción del 1 de abril: ¡puesta en marcha por los dos! Contigo seremos tres.
A mí me gustaría saber qué dijo L cuando leyó este texto.
Bueno, Gerardo, no era seguro que lo leyera, aunque más que probable. Por no ocultar, le dije que existían los cielos y que había una entrada dedicada a ella. Aunque no creo que vaya a andar mucho por aquí.
1) Rió bastante (lo que es una buena forma de acuerdo). 2) Le encantó la canción de Carla Bruni (que en un alarde de manipulación le puse como fondo musical antes de dejarla leer tranquila). 3) Dijo joder ya era hora de que leyera cosas tuyas que entendiera a la primera (mejor no parentizo esto). 4) Y masculló algo por el pasillo de que en estas páginas andaba aquello de mí que, lo que siempre está ahí, normalmente más oculto que visible, pero ella sabe (y levantó la mano desapareciendo por una puerta como diciendo que alguna vez creyó que había quedado expulsado por lo otro).
En fin, Gerardo, creo que entre lo que fue visible y claro, y lo que he interpretado y posiblemente lo que he recordado mal a propósito (o lo que es peor, accidentalmente), te puedes hacer una idea de lo que preguntabas.
Después hubo cena y mezcalitos: ese cóctel que tengo prohibidísimo pero abre en mí, y en todo el que lo toma, una expansividad especial. Volví aquí y todavía tuve tiempo de escribir algunas tonterías en alguno de vuestros cuadernos.
Sigo tus entradas malverdeianas y me arrebatan las que tratan sobre música por la belleza y la pasión que contagian. Que no escuche esa música ni la entienda, potencia el efecto de tus palabras. Bendita que sea la del arpa.
Genial, esta entrada.
Me parece tan acertado lo de...pensar seguido...es algo que he sentido pero que no he sabido explicar, por supuesto pongo a la Bruni para escucharte mejor y sigo, disfrutando del placer de tu invitación.
Estoy mirando por el hueco de la cerradura porque tú has quitado la llave. Nán ¿porqué no escribes otro libro?
Mi rato de pensar seguido pasó y ahora las intermitencias son tipo martillo neumático a las ocho de la mañana bajo el balcón. Así es que me despido y callo. Que este post lo corté 7 veces. El universo infantil y sus exigencias de atención no sólo te impiden pensar seguido sino que al menor descuido te estrangulan toda intención de pensamiento y tu cabeza se convierte en un disco duro/duro/duro programado y reseteado para sus incontinentes e incontables necesidades. Estoy en que no ocurra.
Siempre E.
Me creo perfectamente el punto 3 de la reacción de L. Más que nada por se lo he visto hacer antes, con esa forma suya tan del norte de decir las cosas. Seca, pero muy cálida. Saludos de nuevo NáN ;-)
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