sábado, 6 de octubre de 2007

Entrada 100: los vivos y Pierre Michon

Descubierto Pierre Michon con Los cuerpos del rey, pasé a Señores y sirvientes, que le había regalado a L meses antes, y de inmediato compré Rimbaud hijo. Tuve suerte de no encontrar allí Vidas minúsculas (lo encontré en Madrid poco después), porque de esa manera celebré la Fiesta-Festín de leer seguidas las 3 obras que de él había traducido María Teresa Gallego. Creo que ya os he hablado de ella por el libro de Camus y la cita de Cocteau. Un genio de la traducción y el idioma. Michon lo es, por lo que he leído (también una novela de cómo llegó a ser escritor, Vidas minúsculas), por la forma de “meternos” en la vida y la obra de otros artistas.
Le dediqué al de Rimbaud, además de todo mi entusiasmo, una segunda lectura inmediata, en la que en el capítulo dedicado a Verlaine y Rimbaud encontré unos subrayados a los que hasta les puse a lápiz un título, como si fuera una obra nueva. (¡Que el señor Anagrama me perdone el pirateo!).

La estación del este, las doce estaciones del trayecto Verlaine-Rimbaud y una breve conclusión
(texto personalizado a base de recortar trece trocitos del capítulo cinco de Rimbaud hijo, de Pierre Michon, traducido para Anagrama por María Teresa Gallego, donde se cuenta la historia entre Verlaine y Rimbaud, para mí una de las más emocionantes de la Historia de los Poetas)


1.- «Verlaine, sabido es, entra en esta historia tocado con sombrero derby y en el andén de la estación del Este; y su historia personal entra en derechura en la prisión de Mons, el tonel de ajenjo y la baladronada trágica, el jergón y la Leyenda Dorada; y, junto al jergón, monjas de calendario, putas y aquel jovencito, Létinois, que era una muchacha muy bien plantada.»

2.- «Cierto es que no necesitaba para nada a Rimbaud; tenía ya edad suficiente para liquidarse a sí mismo y gran empeño en hacerlo; pero Rimbaud fue el pretexto soñado, la piedra en la que tropieza un destino. Y más que ninguna otra cosa en el mundo, a Verlaine le gustaba tropezar.»

3.- «Por el momento, luce sombrero derby, duerme en una estupenda cama con una mujer hermosa. Sólo él sabe que tropieza a cada paso, es joven y todavía no se le nota.»

4.- «Dicen que, con o sin sombrero, tropezando o sin tropezar, agradó a Arthur Rimbaud y, ciertamente, fue algo recíproco: sin disimulos, sin más reserva mental que la pretensión de cada uno de ser el primero, cosa que admitían ante el otro, sabemos que les gustaban sus mutuos escritos, que se tomaban mutuamente por videntes.»

5.- «Donde en doce sílabas crecen árboles, en los que el universo se encarna; y de esa encarnación segunda ambos se decían que quizá el otro poseía la llave. Ambos se alegraron al percatarse de que esa llave, si es que existía, estaba en manos de un compadre que les caía simpático.»

6.- «Pero es sabido que pocos días después de la estación del Este, jóvenes ambos y exaltados, se gustaron de forma diferente.»

7.- «No cabe, empero, duda alguna de que acontecimiento tal, ya fuera tempestad o brisa, oreó los escritos de Arthur Rimbaud y les resultó beneficioso, pues el joven había estado muy hambriento de esa danza, de la flor de ese ojo, que quizás andaba buscando por las inmediaciones de Charleroi el verano anterior y, al no encontrarla, para engañar el hambre y convocarla, fue dejando caer piedrecitas por el sendero: cierto es que las piedrecitas resultan muy gratas, pero no le bastan a una obra que es de la raza de los Ogros; y si la longitud de la varilla no da cabida también ... a la sombría, la ridícula flor del ojo moreno, es que la aleación de la varilla es mala y se doblará, como se doblaba en manos de Banville.»

8.- «Dicen que ese amor se les metió en el alma y acabó mal, como suele suceder cuando se mete el amor en el alma; dicen también que al tocar todos los palillos e interpretar todos los papeles, el de compadre, el de poeta, sacaron de quicio a la esposa, a la auténtica, a la de Verlaine, con las mil tretas arteras que dicta el ajenjo;»

9.- «Cuentan que los dos poetas, expulsados de aquel paraíso conyugal, tras muchas vueltas y revueltas y muchas evasivas de borracho ... se fueron a otra parte con la música de aquella danza luminosa, brincadora, sin que esta decayera, por más que la agusanase el vermiforme verso del sentimiento; y que, primero en Bruselas y luego en Londres, quizá para recuperar el puro fulgor anterior al sentimiento, cortejaron con ahínco aún más feroz al hada verde, el ajenjo, y también el oro intenso del whisky y la cerveza inglesa y el cieno de la cerveza negra; y que entonces, al fondo de esos pubs, se los veían enfrentados, cantarela contra cantarela, con la cara encendida y la nota atascada; y, por supuesto, en otras ocasiones, se inclinaban frente a frente, aplicados y formales, sobre un mismo escritorio de poeta de Londres,»

10.- «En esa ciudad de Londres de Antiguo Testamento, frente a frente en un escritorio de poeta, quiero creer que uno escribió las Romanzas sin palabras y el otro las Canciones ningunas, a las que, más adelante, puso otro título, y todas esas composiciones llenas eran de gracia, hechas de liviano aire, casi inexistentes, escritas en la boca de Baal, aunque muy por encima de Baal y del cieno de la cerveza negra; pues a la sazón pulsaban como es debido la cantarela, sólo para sí y también para los muertos; y, cuando amainaba el canto, ante ese escritorio se gastaban bromas, se envidiaban, se perdonaban. O se recitaban esas composiciones aéreas, uno de pie, sentado el otro, igual que en Saint-Cyr las muchachas ante el rey; y el que estaba sentado sentía pasar la gracia y la fuerza y la elevada retórica; y ninguno de los dos sabía que nunca más tendría un público así, un escenario así.»

11.- «Entre esa pez de Antiguo Testamente, sus devotos consiguen diferenciarlos sin dificultad y atribuir fácilmente a cada cual lo suyo; aquí el vidente, el innovador; y acá, el infeliz apegado a las lunas viejas; aquí, el hijo del sol, que camina en cabeza, y, a la cola, el tropezador, hijo de la luna; los devotos tienen el don de videncia; yo, en cambio, no veo nada: los rasgos de ambos se confunden en el smog de Babilonia. ¿Quién tiene barba y quién cara de pocos amigos? Está demasiado oscuro para saber quién es la virgen loca y quién la esposa infernal.»

12.- «Van a la estación, regresan a Europa; pues es sabido que acabaron por tener una bronca por un asunto de arenques; que, tras ese asunto, se marcharon de Babilonia; y que se dejaron caer de nuevo por Bruselas muy trastornados, desencajados, aterrados, y uno de los dos, el del sombrero derby, a las tres de la tarde, con doce o veinte hadas verdes aposentadas en permanencia en el cuerpo y pataleándole desde las ocho de la mañana, fue a las Galerías Saint-Hubert y, aterrado, compró una browning, que no era una browning, sino un revólver de seis tiros y siete milímetros, de cuya marca no estoy al tanto, y con él metió cierta cantidad de plomo en el ala del arcángel aterrado. Y helo aquí en la prisión de Mons; da en tierra y el otro se larga a su Patmos,»

13 o Conclusión.- «Y por lo que a Rimbaud y a él se refiere, la danza ha concluido.»

viernes, 28 de septiembre de 2007

¡Tachín! ... SINDROGÁMICOS



La casualidad me llevó hace tiempo a SINDROGÁMICO y me quedé de residente externo; atrapado. Es un blog colectivo, formado por gente que mantiene unos fuertes lazos de amistad. Aunque parece que pueden estar ya cada uno por un lado, la mantienen. Además, escriben de aquellas cosas que sé menos y que más me permiten aprender. Pero también voy por algo que, mejor que yo, describe el texto de presentación que ellos me han enviado. Hace meses, cuando cumplieron la entrada 100, nos regalaron una entrada a los visitantes. Les envié la mía y les dije que al llegar el otoño me mandaran ellos una. Y aquí están: el otoño y la entrada. Les ha tocado la entrada 99. Un número excelente. Como ellos. Aquí los tenéis: en su presentación (ay, falta Ja.)y en El Patio de Mi Recreo. (He aprovechado para enlazar con algunos de los otros blogs que visito. Solo algunos). ¡Bienvenidos!


TEXTO DE PRESENTACIÓN


Rfa.


Me llamo Rfa. y tengo la solitaria manía de ponerle los cuernos a los árboles. Es un poco difícil de explicar, pero yo lo intento igual. Cuando paseo, siempre marco con el dedo meñique el momento exacto en que mi trayectoria está a punto de cortar la línea que marca la posición de un árbol sobre la acera. Y luego, un segundo después, utilizo el dedo índice para marcar el momento en que ya he rebasado esta línea. Si mis dedos fuesen larguísimos, podríamos decir que abrazaría el árbol con ellos. Pero como no lo son, yo me lo imagino. Y así se me van las horas, caminando como un botánico adúltero por las calles de Madrid.


mikto kuai

Su nombre verdadero es mieles rodales, así, sin mayúsculas, y acabado en ese, y tantos otros, víctima de un socavón meteorital. A la edad de cinco años descubrió que no es oro todo lo que reluce, pero no fue hasta mediana edad adolescente cuando se dio cuenta de que el oro es como el tabaco, reluce y mata. Desde hace unas semanas ha vuelto a fumar, pero no conoce más oro que el que no cuenta. A temprana edad solía llevar parche, aunque era por su bien, y de pequeño odiaba las lentejas, de mayor las adora. Le encanta la opción de undo en los programas informáticos, y salva los proyectos compulsivamente desde que perdió unas notas de marfil enrolladas en neptunos y venus. Sabe esperar, aunque no siempre, en realidad, y esto se comenta en círculos muy cerrados, no sabe esperar, porque espera demasiado, y las esperas muy extensas son malas consejeras. A día de hoy divaga por las vagas calles de la ciudad de los grafitis, o una de ellas. Y una de las cosas que más le gusta es el sonido del mar y del viento.



Anadja

N ostálgica

A nárquica

N ómada

A nacrónica

N ebulosa

A bsurda

D ubitativa

J ovial

A mante

Gracias por tu invitación, Nán.



n.

El quinto en discordia (definición): Se trata de aquéllos personajes que, sin ser el héroe o la heroína, el confidente o el villano, son esenciales para el desenlace de la trama. Dicha denominación comenzó a utilizarse en las antiguas compañías de teatro y de ópera para referirse al actor que encarnaba esos personajes (Tho. Overskou, Den Snaske Skueplads)
Xander: "He visto mucho más de lo que nadie ha notado, porque nadie nunca me está mirando a mí. Te vi anoche, te veo hoy trabajando aquí… Eres extraordinaria". Dawn: "Quizás ese sea tu poder". Xander: "¿Cuál?" Dawn: "Ver. Saber." Xander: "Quizás… Quizás debería ponerme una capa" (Buffy the Vampire Slayer, Potential)


Antikhristas


Antikhristas por el libro de Amelie Nothomb. Directora de orquesta frustrada, tuvo que conformarse con ser profe de música en el cole. Adora Madrid porque pasa desapercibida. ¿Vicios inconfesables? Si los confesara dejarían de serlos.


Walter Kung Fu

Desconozco donde nací, sólo que fui recogido de la red y adoptado por una adorable pareja de tecnólogos, ADSL y RDSI. Desde muy joven, ellos intentaron inculcarme todo su saber, que no es un poco, en comunicaciones, protocolos y algoritmos, pero yo me resistía, y no de una manera banal, sino real, pues siempre quise ser el personaje de una novela americana o de una canción de Leonard Cohen. Y ahora, por más que lo intento, no puedo dejar de ser aquel que sufre la tonta manía de dedicarse a aquello que no le gusta.


Magapola

Empecé jugando a la rayuela y al principio era simple: tiraba una piedra, tres casillas, una doble otra casilla simple y otra doble, vuelta para atrás y ya está. Después conseguí tizas de colores: las casillas con colores cálidos las pisaba con la pata coja derecha y las de colores fríos con la izquierda. Más tarde comencé a dar vueltas por los alrededores del patio con el fin de conseguir alguna piedra especial, una de la suerte, con la que poder jugar, y me hice con un puñado de piedras con formas increíbles y en las que podías adivinar la pata de una gallina, el ojo de una pantera o el diente de un mono.
Durante un tiempo me divertí mucho, pero llegó un momento en el que ya no me lo pasaba tan bien como antes. Y todo fue porque mis pies empezaron a saltar las casillas cada vez más rápido de tal forma que al llegar al final me costaba horrores frenarlos y siempre acababa con los codos en el suelo; y al tratar de poner las piedras dentro de los recuadro, mis brazos se volvían locos y las lanzaban siempre fuera, cada día un poco más lejos, cansándome de ir a por ellos. En una de esas, la piedra llegó tan lejos que cruzó el patio hasta desaparecer entre los arbustos que formaban el lindero. De morros y más cabreada que nunca con mi brazo derecho llegué hasta los arbustos, eso sí, en un santiamén porque mis pies estaban ansiosos por echar a correr. Miré entre la maleza de hojas de rodillas palpando con las manos, retirando las ramas en busca de mi piedra. Fue entonces cuando, sin darme cuenta, aparté de mi vista las últimas ramas y se abrió un claro. Se trataba de un patio parecido al mío donde había un niño que intentaba con la lengua fuera de tirar una piedra dentro de una casilla pintada de rojo. Al igual que me había pasado a mí, su brazo, en un acto de locura, lanzó la piedra por encima de la casilla roja, de la amarilla, de la morada, por encima incluso de la rayuela entera, atravesando todo el patio, hasta el lindero, y cayó a mis pies.

sábado, 22 de septiembre de 2007

Chanson d’automne

Les sanglots des violons de l’automne
blessent mon coeur d’une langeur monotone.

VERLAINE

Pasarán de tres en tres las tardes muertas
Habrá toros de fuego por la venas
y olvidarás que te escribo, que te pienso.

***

Para hacerte una casa estudiaría los vientos, para que no te faltara la brisa en el verano y para que las ráfagas frías no asesinaran tu garganta con el frío. La luz la dejaría entrar de modo que alegrara tus ojos. Tu mirada sería siempre de complacencia. Yo mismo me haría arquitecto y convertiría esa casa en el trabajo de una vida. No hay tiempo que perder, ahora que te he perdido.

*****

Vamos a dejarle, pobrecito, con sus citas, tercetos y codas. Ni una más hoy. Cortemos aquí: no tiene remedio. El otoño es el inicio de la renovación, la clave de la belleza de la primavera: perder lo superfluo para mantener lo esencial y que lo superfluo vuelva nuevamente hermoso. ¿Qué nos importa su nostalgia? La tenía ya antes de nacer. Lo importante es conocer la posibilidad de irnos desprendiendo de lo más fútil, dejando entera la esencia. Perdemos la hojarasca que ha terminado su objetivo y, con ello, creamos paisajes de una belleza triste pero tremenda. Nos vamos preparando para el silencio. Después, si podemos, ya rebrotaremos. Sabiendo esto nos podemos permitir, como un lujo, lo que dice Verlaine:


Les sanglots des violons de l’automne
blessent mon coeur d’une langeur monotone.

domingo, 16 de septiembre de 2007

Postales de verano IX

La vida es agridulce y el verano forma parte de la vida. Esta historia de final triste, de rabia, fue al principio de mucha esperanza. Mi vecinita estaba estudiando periodismo, no me preguntéis hace cuantos años, porque el tiempo se me encoge y se me dilata, ahora es toda una periodista, y tuvo durante mucho tiempo un novio muy guapo, como ella, nervioso, creativo. Había empezado a ser yonqui, pero se mantenía a distancia mientras estaba con ella. Con ella. En una ocasión en que la estudiante de periodismo se fue con su madre unos días a Barcelona entró en la casa de ellas, con su llave, y se llevó algunas cosas de valor que cambió por nada, en uno de esos pisos que abundan en las ciudades.
Fui testigo de que había entrado y apoyé la denuncia en comisaría. La primera y única vez que he denunciado a nadie. Luego le apoyamos ante el juez, que permitió que no fuera la cosa a más si entraba en un proyecto de rehabilitación. Volvió a quedarse fuera de la droga y recibió el apoyo y el cariño que merecía de su novia, la madre de esta, de L, de mí y de todo el entorno. Una gran fiesta que hicimos L y yo por los 25 años de estar juntos, y a la que por supuesto fue invitado, había vuelto a compartir la vida con nosotros, le impulsó a volver a pintar para regalarnos de estos dos cuadros el de abajo: ventanas que dan luz y acogen, menos las de un piso, más mensajes escritos. El que está colgado arriba se lo compré en una exposición (le compré 3 en exposiciones sucesivas): es una parodia del primero, como si aquella sensación de ser acogido se estuviera desfigurando (en realidad ya no contaba lo que hiciéramos o dejáramos de hacer).


Mi joven amiga y él se separaron, y pasó por todo tipo de periodos: trabajos normales y meses de perderse por el poblado de La Rosilla. Solo muy de vez en cuándo sabíamos de él (malas noticias, mejora, peores noticias...). Este mes de agosto, mi vecina periodista nos contó que la había llamado la madre de Manolo. Pensaba que no tener noticias era una buena noticia, porque cuando las tenía no eran felices, pero cuando fue al médico de la seguridad este le reprochó que no le hubiera avisado del fallecimiento del hijo. Había muerto de frío una noche de enero en una calle de Madrid. La Policía, que para otras cosas había acudido puntual a la casa de la madre, no tiene obligación de informar de estas cosas. Los agentes que pudieron hacerlo debieron pensar que total era un puto yonqui y que para qué iban a molestarse cuando no era reglamentario. Así es el reglamento. Por eso la madre se enteró cómo y cuándo he dicho. Le tomaron las huellas e hicieron lo que tenían que hacer: darle de baja en la Seguridad Social y en todo servicio al que tuviera derecho como vivo. Pero no avisaron y lo enterraron en un nicho con un número, como manda la normativa. Han tenido la amabilidad de proporcionarle a la madre la ubicación y el número del nicho. Todo tan reglamentario.

Antes de irse de viaje, L hizo las fotos de sus cuadros, de las que he elegido estas. Me pidió que contara la historia de Manolo y que junto a este cuadro de campos de colores en el que hay una pequeña rasgadura tras la que se ve el cielo pusiera una frase, que me dejó escrita en una hoja junto al ordenador la madrugada en que se fue. La pongo debajo del cuadro.


Se parecía a Gary Cooper. Siempre abría ventanas. Pero se le cerró la puerta.
L.





lunes, 10 de septiembre de 2007

Postales de verano VIII

La T-4 me ha reconciliado con los aeropuertos. Ya me había gustado cuando fui a recibir, pero ahora que es para irme, cuando cruzas seguridad Salidas es una sala enorme muy agradable; más que eso, hermosa por el techo y por las enormes cristaleras a los dos lados. Es absolutamente racional, por lo que es muy fácil hacer lo que tienes que hacer.
Por ejemplo, desayunar bien y cómodamente, y tomar una pastillita que me habían recomendado que tomara, pero no porque me intranquilice volar, que me encanta (lo que me disgustaban era los aeropuertos, hasta la T-4), sino viajar: el hecho de viajar es lo que me intranquiliza.
Salimos con retraso y nada más empezar el vuelo, cuando pasaban con un carrito y la gente compraba bocadillos, refrescos y zumos, me tomé un JW con hielo. Como estaba en la parte de atrás, me dio tiempo a tomar otro al volver el carrito.
¡Qué bella es Francia desde al aire! Tan racional.



Estoy en la plaza Colette, en el café Nemours, esperando, después de haber paseado más de una hora por los jardines de al lado, detrás del teatro de la Comedia Francesa. Me siento junto a una diminuta mesita frente a una puerta abierta, donde me sirven vinos de un nombre que no he entendido, pero que son (lo veo luego) caros, muy caros. (¿Quién dijo que con los precios de Madrid, París ya no es caro?... me temo que fui yo, infeliz). Me rodean franceses y francesas, muchos de ellos y ellas con ojos bleu France, que trabajan por aquí (comer no es tan caro como beber). No hay extraeuropeos. Pero por la plaza Colette pasa Francia, Europa y el Mundo. Me siento bienvenido.


No se puede mantener esta fiesta sin explotar el trabajo y los recursos de otros. Primero lo hicieron en ultramar, pero ahora Ultramar vive en París. Con menos dinero del que se puede aceptar vivir en París: viendo la gran fiesta. Si yo fuera uno de ellos, odiaría y extendería el odio. Sería un insensato, porque en tres generaciones mies descendientes podrían vivir igual de bien o de mal que los demás. ¿Pero quién me asegura que habrá tres generaciones? ¿Cómo la belleza aumenta la vibración de la violencia? ¿Por la urgencia del Ahora?

martes, 4 de septiembre de 2007

Postales de verano VII

Cuando vi estas "aguas" que veis abajo, esa forma antigua de forrar las contracubiertas, supe que tenía que ampliar y ponerlas. Os recuerdo que abajo está su mail, para que podáis contactar, y la dirección de su blog. Y también está su nombre, con el que descubre que es la hermana lisboetada de María Zarazúa. (No hay secretos ya).


Tenía ganas de presentaros estos cuadernos y he puesto el enlace en el patio de mi recreo (y sobre la palabra en gris). Para los amantes de todos los utensilios de escritura, los cuadernos artesanos más bellos que he visto nunca.

Y de paso, deciros que estaré fuera hasta el sábado por la noche.

En este enlace tenéis el blog de Librelula, de una amiga mía, artesana (¿artista exquisita?). Podéis escribirle a pindalian@hotmail.com.






domingo, 2 de septiembre de 2007

Postales de verano VI

La desnudez de esta foto de María Zarazúa me puede. Desde que estuvo en el curso de fotografía digital en la Escuela de la Habana ha dado un salto, multiplicando por un factor muy alto todas las técnicas aprendidas. Parece que no haya anécdota, solo formas y superficies: texturas que mentalmente me llegan a las yemas de los dedos. Los hierros oxidados que fotografiaba hace años eran también “abstractos”; estos, además, están desnudos. Veo un cubo, un poco de suelo de arena y una chapa ondulada: todo tan limpio (¿por el viento del mar?) que llega a ser otra cosa. Formas que a los dedos les recuerdan el tacto.



Fue ver esa desnudez y recordar un tema que tengo pendiente: la soledad en la blogosfera. Lo tengo pendiente desde que el 4 de mayo Robel, en El peso de las cosas, en una época en la que no admitía comentarios, puso una entrada llamada ¿Qué hubiéramos hecho los románticos sin cementerios?. Lo que contaba me impresionó: había encontrado un blog magnífico, que Robel explica brevemente, de un tal Krapp, quien sin admitir comentarios, sin la menor información de perfil, solamente una dirección de correo al final, deja pequeños trazos de escritura potente, con brevedad y elegancia.

Krapp había elegido la soledad al comunicar y yo me preguntaba si estaba solo de verdad, si no recibía la respuesta de la comunicación de sus amigos, o de lectores que pasaran por allí y le escribieran. Que no dejara intervenir ni comunicara nada suyo indica que fue por propia voluntad. ¿Se puede comunicar sin ser comunicado? Yo aprendo tanto de lo que se me dice. Pero podría ser una fase necesaria y conveniente: tener el valor de exponerme a mí mismo lejos del alcance de cualquiera que me conozca. Ser de verdad simplemente una voz que ni se propone ser oída. Visito bastantes blogs en los que no escribo nunca nada. En otros he entrado al juego de la comunicación: tiendo a ser comunicativo, así que lo que me cuesta es no decir (pero muchas veces me parece lo adecuado). Hay otros en los que la comunicación “hervía” y no pude evitar participar (siguiendo mi tendencia natural). Finalmente, también hay otros de una calidad excepcional que, a veces desde hace años, dejaban con constancia sus poemas o relatos. Con timidez he ido entrando en ellos, he sido la voz que pretendía hacer de muro de frontón. Siempre dudo al principio de si mi intervención turbará algo. Tampoco quiero que la comunicación sea un intercambio de cromos: "si me dices, te digo". Aunque a veces se creen los lazos porque está bien que se creen.

La mejor literatura, o al menos el mejor aprendizaje de la escritura, se está produciendo en los blogs. Y a veces, algunos que pertenecen a los mejores están solos. Todo esto me ha dado mucho que pensar. Quizá sea esta entrada únicamente el principio de una cadena. La desnudez de la foto y la soledad de los que escriben se me cruzaron. Pensadlo conmigo.

martes, 28 de agosto de 2007

Postales de verano V

Cuando saqué la foto del bodegón (12 de agosto) ya dije que anunciaba otra entrada sobre mi madre Mercedes, incluyendo un poema, largo, que empecé hace mucho tiempo, en el que trabajo muy de vez en cuando y que anda todavía en sus principios. Publiqué esa entrada una mañana de hace dos domingos; luego me fui, volví a comer, dormí una siesta y al despertar entré en Ángeles y quedé asustado: revelaba demasiado de cierta manera mía de ser y también de modos de sentir, por ejemplo en los poemas. Derribaba esfuerzos que había hecho yo por quedar semioculto. Me alegré de que no hubiera comentarios, esperé que siendo domingo de agosto nadie lo hubiera visto y lo quité.

Paralelo 49 lo había visto. Cruzamos unos mensajes en los que ella pensaba que la entrada debía estar y me convenció bastante. Hoy es un día en que habría que regalarle algo y he pensado “reponer” la entrada. El regalo, claro, no es la entrada: es el hecho de darle la razón: felicidades, Par.



En esta ampliación de una de aquellas antiguas fotos pequeñísimas, por eso al ampliarla queda mal, está Mercedes, muy jovencita todavía en casa de sus padres, antes de que por amor a Pepe cambiara su destino (también él, empleado de tendencias revolucionarias, cambió el suyo: por amor a Mercedes renunció a incendiar el mundo). Lo tenía todo preparado para tomar el té: probablemente la única pasión hedonista que le conocí. Siempre lo hizo como una ceremonia, siguiendo todos los pasos para que estuviera buenísimo. Incluso en los peores tiempos, cuando tuvimos que renunciar a la mayoría de las cosas, seguimos tomando el mejor de los tes posibles, hecho de la mejor y más antigua manera (era el modo de hacer, lo que importaba).

Mercedes y yo nos llevamos a matar, y en esta frase no hay metáfora, ni símbolo, ni imagen que da a entender, desde que comenzaron esos diálogos anteriores al nacimiento, que por los sueños sabemos que se dan, y después de nacer, hasta que cumplí varios meses. Después, cuando los dos supimos que ninguno iba a morir por causa del otro, debimos hacer un pacto de amor, de libertad y de respeto (más de ella hacia mí; para el hijo una madre es un paisaje que ya estaba cuando él abrió los ojos: es lo que es). Duró siempre, el pacto; aunque se hubiera firmado en el mundo inconsciente, cuando yo todavía no sabía ni hablar.

Mi vida, como la de casi todos, fue inconsistente y en gran parte inconsciente de lo que me rodeaba (faltaba por cumplirse lo que dice el verso de la cita), por lo que del alcance real de ese pacto y relación, de cómo fue ella, no me enteré, tal como digo en un comentario de una entrada anterior, hasta que un par de años después de que ella hubiera muerto, alguien me contó una breve historia: “Le dije: tienes que hablar con N, toma muchas drogas. Y ella me respondió: No te preocupes, en cuanto quiera dejarlas las dejará. Y zanjó el tema”. (En realidad no era para tanto, se exageraba mucho en esos temas en los años 70). Tampoco a mí me habló de ello nunca. Esa confianza en los otros me hizo repasar hacia atrás nuestra historia, reforzar ese sentimiento de la libertad de aquellos a quienes quiero (y de la mía propia). Hizo que, desde ese momento, el respeto fuera, aunque tardío, mutuo. Y me lleva desde hace tiempo a trabajar muy de vez en cuando en un poema todavía muy incompleto, en 3 partes y una conclusión breve, del que pongo aquí, aunque esté en estado de taller, algo de la 1ª parte (supongamos que cuando el sujeto del poema tenía 4 o 5 años) y la conclusión. Estos textos están así ahora, pero pueden cambiar (y mucho) en el futuro. Que crean en ti de esa manera ayuda mucho a vivir, es algo que se siente. Tener historias, datos, que lo prueban, ayuda a replantearse lo vivido, es una nueva iluminación, una nueva perspectiva. Ese proceso tiene mucho que ver con la vida, pero también con la literatura y con lo que alimenta la literatura.


Mi vida como gato


Ay el tiempo! Ya todo se comprende.
Jaime Gil de Biedma


I


Ah, yo lo sabía.

Con mis pantaloncitos cortos, lo sabía.

Yo lo sabía, aunque solo después

supe ponerle nombre: opio,

derivado de; aún sin saber entonces de derivas.

Yo lo sabía, que había dolor. Mucho.

Y era lejos la mejor de las distancias

y silencio el más seguro de los modos.

Lo sabía, como lo saben todo los niños

de las casas donde viven como gatos.


Sé de qué me hablo.

Aunque hablar, cantaros, de aquel tiempo

que ahora entiendo y viví entonces

como algo natural, ¡era la vida!,

me ponga sentimental.

Desaprendemos los viejos las mejores lecciones.


Yo lo sabía, con mis pantaloncitos cortos

incluso en invierno.

Si tomaba la pastilla, lo sabía.

Con mis pantaloncitos cortos, sabía

que me podía sentar cerca (sin contacto),

que la almendra oscura de sus ojos

titilaba en verde,

que la mirada verde me decía

no te quise lo sabes no te quise

cuando te llevé dentro.

Ni en los siguientes meses.

No era verdad, ¿sabes?, era el miedo,

porque sobreviniste por sorpresa

cuando no debías.

Nunca el miedo. Nunca temas

y desbarates lo que amas.

Su mirada verde me decía

que me quería ya de más.


Con la química tranquilidad traspasada

le pedía permiso para salir.

Amar e irme es un destino.

Me iba seguro de mí mismo,

como un gato que se limpia los bigotes,

escaleras abajo, un niño todavía,

a buscar a los amigos.




y IV


Lo mejor de ti lo supe cuando ya no estabas.

Vivir fue bueno aunque ser libre duela:

por los silencios

por no reconocerse entre las cosas

por los huecos que íbamos dejando

para no forzar,

no obligarnos.

¿Hubiéramos preferido a veces el espacio lleno

aunque atara?

A veces

ser solo no libera

aunque te haga libre.

Vivir fue bueno.

Pero no nos conocimos.

viernes, 24 de agosto de 2007

Postales de verano IV

Una muy querida voz me deseó que las garras de un águila me rasgaran dulcemente el corazón, pero las águilas no aparecieron. Me queda esta de piedra (más negra que como se ve en la foto), a 50 metros del punto del río en el que suelo bajar a meditar, con el águila de piedra a mi espalda.



Me quedó el corazón cloroformado
y una brizna de luz entre tus piernas
que me advierte del peligro de no amarte.

Es un ojo la luna
la montaña una cueva
y el aire no te lleva.

Es un hueco el águila, en el cielo.
No atormentes la luz no la acongojes
no se batan las manos en caricias.

El barro late,
si piensa en urna
enamorada.

Ya no luchan las manos, se entremezclan.
Sorbes el aire que detiene el mundo:
ves el hueco y esperas. Te abalanzas.

Frente feliz
aire silente.
Pies que me buscan.

Donde no vas, no llegas.
El mundo que te alcanza
te engaña y te detiene.

Me olvidé el corazón, la vista alta,
unos ojos cerrados a tu vuelo
y una brizna de luz en la mirada.

Barbara, L'aigle noir
[Como siempre, http://www.goear.com/listen.php?v=423fc94, en otra página de Internet, para oírla]
[Un hermoso día, quizás fuera una noche, junto a un lago me quedé dormida. Cuando de pronto, como si reventara el cielo y como si no hubiera venido de parte alguna, sutgió un águila negra].

Un beau jour ou peut-être une nuit
Près d'un lac, je m'étais endormie
Quand soudain, semblant crever le ciel
Et venant de nulle part surgit un aigle noir

Lentement, les ailes déployées
Lentement, je le vis tournoyer
Près de moi dans un bruissement d'ailes
Comme tombé du ciel l'oiseau vin se poser

Il avait des yeux couleur rubis
Et des plumes couleur de la nuit
À son front brillant de mille feux
L'oiseau roi couronné portait un diamant bleu

De son bec, il a touché ma joue
Dans ma main il a glissé son cou
C'est alors que je l'ai reconnu
Surgissant du passé il m'était revenu

Dis l'oiseau, oh dis emmène-moi
Retournons au pays d'autrefois
Comme avant dans mes rêves d'enfant
Pour cueillir en tremblant des étoiles, des étoiles

Comme avant dans mes rêves d'enfant
Comme avant sur un nuage blanc
Comme avant allumer le soleil
Être faiseur de pluie et faire des merveilles

L'aigle noir dans un bruissement d'ailes
Prit son vol pour regagner le ciel,

Quatre plumes couleur de la nuit,
Une larme ou peut-être un rubis
J'avais froid, il ne me restait rien
L'oiseau m'avait laissée seule avec mon chagrin.

Un beau jour ou était-ce une nuit
Près d'un lac, je m'étais endormie
Quand soudain, semblant crever le ciel
Et venant de nulle part
Surgit un aigle noir.

martes, 21 de agosto de 2007

Postales de verano III

Los encuentros no son nunca casuales




Todavía no la conocía
pero ya la amaba






Plaisirs d’amour (by Joan Baez)

The joys of love are but a moment long
The pain of love endures the whole life long

Your eyes kissed mine, I saw the love in them shine
You brought me heaven right there when your eyes kissed mine

My love loves me, a world of wonder I see
A rainbow shines thru my window; my love loves me

And now he's gone like a dream that fades in the dawn
But the words stay locked in my heartstrings; my love loves me

Plaisir d'amour ne dure qu'on moment
Chagrin d'amour dure toute la vie

J'ai toute quitte pour l'ingrate Sylvie
Elle me quit et me prend un autre amour

Tant qur cette eau coutera doucement
Vera a ruisseau qui bord la prairie

Je t'amerai, me repetait Sylvie
Mais l'eau coute encore elle a change portant

jueves, 16 de agosto de 2007

Postales de verano II

bienvenidos



Sería estupendo que funcionaran los enlaces a goear, como antes, y que pudierais oír la canción mientras leéis la letra, porque tenéis que oírla: toda la vida me ha llenado de una alegría nostálgica. Ahora que empezáis a regresar, poco a poco, la pongo como una acogida.

Lo que tenéis que hacer es abrir otra página de Internet, para que no se corte ésta, ir a http://www.goear.com/listen.php?v=aa5aeac y luego, escuchándola, volvéis a ver la letra y el abrazo que os doy, ¿vale?)

Es una noche clara y tranquila,

la luna la ilumina,

los invitados van llegando y llenan toda la casa

de colores y perfumes...



Bienvenidos, pasad, pasad.

De las tristezas haremos humo.

Mi casa es la vuestra (si es que alguna casa es de alguien)...



Bienvenidos, pasad, pasad.

Ya no falta nadie.

¡Ah! Sí. Me doy cuenta de que solo faltas .

También puedes venir, si quieres.

Te esperamos.

Hay lugar para todos.

El tiempo no cuenta.

Ni el espacio.

Cualquiera de estas noches podría salir el sol.





qualsevol nit pot sortir el sol

Jaume Sisa


Fa una nit clara i tranquil.la, hi ha la lluna que fa llum,
els convidats van arribant i van omplint tota la casa
de colors i de perfums.
Heus aquí a Blancaneus, en Pulgarcito, els tres
porquets,
el gos Snoopy i el seu secretari Emili, i en Simbad,
l'Ali-baba i en Gullivert.
Oh, benvinguts, passeu passeu, de les tristors en farem fum.
A casa meva és casa vostra si que hi ha cases d'algú.
Hola Jaimito, i doña Urraca, en Carpanta, i Barba-azul,
Frankenstein, i l'home-llop, el compte Dràcula,
i Tarzan,
la mona Chita i Peter Pan.
La senyoreta Marieta de l'ull viu ve amb un soldat,
els Reis d'Orient, Papa Noël, el pato Donald i en Pasqual,
la Pepa maca i Superman.
Oh, benvinguts, passeu passeu, de les tristors en farem fum.
A casa meva és casa vostra si que hi ha cases d'algú.
Bona nit senyor King Kong, senyor Asterix i en Taxi-Key,
Roberto Alcazar i Pedrín, l'home del sac, i en Patufet,
senyor Charlot, senyor Obelix.
En Pinotxo ve amb la Monyos agafada del bracet,
hi ha la dona que ven globus, la família Ulises,
i el Capitán Trueno en patinet.
Oh, benvinguts, passeu passeu, de les tristors en farem fum.
A casa meva és casa vostra si que hi ha cases d'algú.
A les dotze han arribat la fada bona i ventafocs,
en Tom i Jerry, la bruixa Calixta, Bambi i Moby Dick,
i l'emperadriu Sissi.
I Mortadelo, i Filemón, i Guillem Brown, i Guillem Tell,
la caputxeta vermelleta, el llop ferotge, i el caganer,
en Cocoliso i en Popeye.
Oh, benvinguts, passeu passeu, ara ja no falta ningú,
o potser sí, ja me n'adono que tan sols hi faltes tu.
També pots venir si vols, t'esperem, hi ha lloc per tots.
El temps no conta, ni l'espai, qualsevol nit pot sortir el sol.

domingo, 12 de agosto de 2007

Postales de verano I


Es M: mi sobrina, ahijada y colega de escritura. De no ser por ella, que hace unos años me empujó a que lo hiciera, no habría vuelto a escribir. Ella escribe como los ángeles, pero se lía la vida y lo hace poco; solamente cuando la empujamos. Ahora soy yo el que la empujo a ella, aunque comprendo que con sus dos pequeños hijos y su trabajo, no es fácil.

Está abrazando a un primo y a la derecha del que mira se ve, cortada por la mitad, la imagen de otra de mis cuatro sobrinas de Madrid.

Arriba, aunque solo se ve la mitad inferior (y no del todo hacia la izquierda), hay un enorme bodegón pintado sobre tapiz por mi madre cuando era muy joven. Mirándolo, he pensado muchas veces que fue una pena que con veinte años recién cumplidos, o todavía sin cumplirlos, dejara los pinceles para siempre. Me viene muy bien que salga porque me sirve de presentación del tema; y ya sabéis que para eso soy muy previsor y estructural. Es decir, esta postal de M anuncia otra de mi madre en la que podré poner trocitos de un poema largo.

No creo que le moleste a M que ponga el principio un relato suyo que apareció en una vanity edition de un libro titulado nueve x dos relatos. Es uno de mis preferidos, pero hay otros: pongo este porque me permite elegir un extracto (el principio) que se explica solo y tiene un tamaño que es aceptable teclear (es aproximadamente un 20% del relato). Los títulos los elegía otra persona (formaba parte del juego) y tenían que ser el principio del relato.

Extracto de un relato de M.

No quiero que me digas la verdad, quiero que me mientas otra vez. No me digas que no podemos bajar a la calle o miénteme al menos, como cuando era pequeña y me decías que me ibas a dar un filete y me dabas una salchicha; o cuando decías que volvías en un pis pás y tardabas horas en llegar.

Llevo seis años a tu lado, nos hemos hecho compañía, no te olvides de mí ahora. Recuerdo todos los momentos que hemos pasado juntas, sé que no soy una perra perfecta, pero no me jodas ahora. Mira, me siento, me tumbo, muevo el rabo, me como el pienso, busco la pelota...

Está bien, ya me estoy quieta. Me siento y no me muevo. La cuestión es que me apetecen unas caricias; pero si me acerco ahora me va a chillar. No, mejor me quedo aquí. Me tumbo en la cama y pienso: acabo de nacer, pero no recuerdo a mi madre biológica. La recuerdo a ella. Yo era una bola de pelo bastante escurridiza. Me llevaba al campo y yo corría hasta reventarme. Busco un lugar lleno de olores nuevos, de rastros de otros animales, y persigo mariposas. Ella me mira, está contenta. Espero oír dos veces mi nombre y corro hacia ella, tal vez tenga galletas. Estoy mucho tiempo sola, pero no soy la única.


viernes, 3 de agosto de 2007

Donde estuve y he estado tantas veces


Junto a la ventana de la cocina hay una mesita camilla que basta para dejar la taza de té, el libro y el cuaderno. Para leer, escribir y mirar. Con el fregadero a la espalda, que continúa en la antigua cocina de carbón, que ya no se usa, la nueva de gas y, en ángulo recto, la mesa grande con el escaño del lado de la pared. Donde se come, o se habla, normalmente. Recuerdo, hace muchos años, tres Navidades que fuimos allí, cuando funcionaba la de carbón: esa enorme superficie de más y de menos calor, sobre la que había numerosas ollas, haciendo chof-chof más rápido o más lento, olía todo bien y en la mesa grande siempre había alguna botella de vino de la tierra, de la que íbamos bebiendo vasos. Fueron los tiempos en los que la casa era joven, a la gente no le había dado todavía por morirse y yo era un recién llegado a esa familia. La cocina de gas no hace ruido y no es invierno. Me siento en la mesa camilla si no hay nadie en la cocina y leo, miro y escribo; por ejemplo ahí escribí, en una libreta negra, uno de los poemillas de la serie Diálogos anticonceptivos, de los que incluyo algunos.



[De Diálogos anticonceptivos]

El amor es mejor que la muerte.

Se lo dije a cara de perro al espejo.

Enseñándome como derecha

la mano que era izquierda,

me devolvió claramente el reflejo

de que la muerte era, con mucho,

preferible al amor.

Peor para ti, dije.

Apagué la luz

y lo dejé mudo.




La galería tiene historias de mañanas, de tardes, de noches. De crujidos. De bienestar, de melancolías. Mi estación preferida es la fría, después de comer, cuando ha sido calentada apenas por dos radiadores, pero el sol de toda la mañana la ha vuelto agradable. O si hace calor, en verano, para leer en la huerta. O de nuevo para mirar. La foto es hacia fuera, un 50% de lo que se ve, pero dejo sin enseñar cómo es ella misma, por dentro.

[de D. A.]

Tienen las esquinas

un modo esquinado de pensar.

De ahí les viene el nombre.

¿Y no crees que fue aquí,

sobre ti misma,

la primera vez que, no había amanecido,

despacio como la luz nos abrazamos?

“No es lo malo que estés equivocado,

lo malo es que lo sabes; y persistes”.

Harto, yo,

que si doblo ya algo es la edad,

la doblé.

La encontré, del otro lado,

tan poco propicia a aceptarte

en un pasado posible,

que la di por imposible

y me marché callado.



La casa nuestra es la de arriba, la de la galería, y la huerta es, desde el muro verde, todos esos árboles que se ven. Allí una huerta es donde hay frutales, no necesariamente donde se plantan hortalizas. Es una huerta de señoritos que casi nunca estamos, dejamos que un vecino que tiene las llaves se lleve la fruta, y la de arriba para los pájaros. Es de señoritos porque no se poda, así que son frutales grandes y hermosos, de sombra, pero de escasísima producción. Allí se ponen sillas y se hacen tertulias, a la caída de la tarde, aunque la mayor parte del día se toma el sol, entre los huecos de los árboles, o se duerme sobre la hierba, o se lee. Esos árboles son tan grandes y hermosos; aunque den poca fruta, dan sombra y belleza. La luz cambia cada medio metro, según la que se cuela entre las ramas y los árboles, y varía del dorado más intenso a una atmósfera verde. Esta vez sentí a veces que estaba trasladado a escenas impresionistas, de fines del XIX y principios del XX. A veces saco un cojín y medito. A veces me parece ver a quien no debió morir: sin que nos vieran, L y yo sacamos un poco de sus cenizas y las esparcimos por allí.
A veces, en los primeros tiempos, a la caída de la tarde, cuando se habían ido yendo todos, L y yo nos quedábamos a dejarnos rodear por la oscuridad y sentir que nos íbamos quedando helados.

[de D. A.]

Te negó el monte

y lo bajé a despecho y de inmediato.

Nada sabía el valle;

lo crucé desatento.

El río, por fin, sí.

“¿Me hablas de la luna

en mitad de la mañana?

Os conocí y la conozco.

Sube que te llevo”.

Le vi un reflejo de maldad,

un hambre de siglos

(¿sería el mismo que el de Ofelia?).

Metí los pies.

Me eché hacia atrás sobre la hierba.

Me dormí.

Y fue todo.



Es la biblioteca que dejó quien cité antes, con el cuarto que usó mi hijo. Si la estancia se alarga un poco, siempre hay algún libro con el que animar, por contraste, los que me había llevado.

[de D. A.]

Un aeropuerto es una máquina de abandono

si en uno una mañana te dejaron.

Solo hay dos clases de avión: los buenos y los malos.

Los que vienen y los que se van.

Pero los que vienen no acaban de venir

y los que se van lo hacen para siempre.

Si de lejos, caminando, veo uno,

me planto en jarras y le grito “¡hijoputa!”

al aire que sostiene los aviones

que te llevaron.

Hay veces que se ha levantado viento

mandándome callar.

“!Shhh!”, me grita.

Y me callo (por si son de los que vienen).

Pero insisto en lo que pienso.

De ser por ti, no te habrías ido.



La foto la bajé de Internet y he marcado con una flecha la posición de la casa. Está, el pueblo, más lejos de lo que parece y las casas no están tan juntas como la foto parece mostrar. Abajo, antes de que comiencen las montañas violentadas, corre el río, ancho y fuerte. Me gusta esta foto despintada porque muestra bien el entorno.
No he puesto nombres. Si alguno los conoce y comenta, que no los use. Es solo un pueblo, unas montañas, un río.

domingo, 29 de julio de 2007

Gael nos justifica: Amistad Profana, Salvaje Oscuridad (y todos los demás)

Casi dos días desde que volví y leí los comentarios, sin haber puesto el mío. Ahora sé por qué: la respuesta tenía que darla en una entrada nueva. Por la cercanía que veía en todos los comentarios, que celebraban esa “Amistad Profana” de Brodkey a la que se refería la entrada copiada de una libreta de 1999.
Voy a referirme esta vez al comentario de Gael, que nos deja tan pocos escritos que a veces me olvido de que nos sigue leyendo y me sorprendo cuando me entero; pero además, nos sigue leyendo prácticamente a todos. Últimamente he mantenido conversaciones con algunos de los de este nodo en las que decía, más para provocar conversaciones que por otra cosa (aunque había una intuición de amistad griega que es un perfecto error en estos tiempos), que la amistad se daba entre chicos.
Me desdigo aquí mismo. Como dice Gael al referirse a que todo era algo más que un préstamo de libros que nos hacíamos, «Era mi pacto contigo, mi encuentro contigo, mi vida a partir de entonces». Y ciertamente, a lo largo de los años, viéndonos muy poco y casi siempre a instancias de L, ha existido ese pacto, esa confianza mutua, esa... amistad entre chica y chico: pactos y confianza son las claves. «... en esencia aquel entendimiento que empezaba a partir de las palabras de otros. Y que tanto tiene que ver con el curso de la amistad entre las personas», sigue diciendo. Que es una descripción no solo de la amistad entre ella y yo, sino que se parece bastante a lo que hacemos en estos blogs enlazados: entendernos a partir de las palabras de los otros y dejar que crezca la amistad entre las personas. Gael está a punto de decirlo: «Os leo siempre en silencio, leo vuestro amor mezclado con el amor a la literatura, a lo que uno lee de otro y lo proclama, a lo que se genera en estos lugares y me doy cuenta de que todo se ha amplificado y que aquel acto de entrega se ha multiplicado millones de veces a través de entradas como la tuya».
No celebraba (Gael) la amistad que nos une a ella y a mí, sino la de todos nosotros, el "como la tuya" incluye las de los demás en el término de comparación: esta amistad profana entre todos, que se nota en la confianza que nos tenemos. Una amistad de la que ella participa también y por eso corre a ver lo que ha escrito Lara cuando en su comentario Lara anuncia un escrito en la misma dirección.
Desde fuera, desde su aparente invisibilidad que solo rompe a veces, ante nosotros y ante los demás, todo lo que hacemos, las horas de leernos, de transcribir, de escribir, ha sido entendido, descrito y justificado. Algo así es difícil de agradecer en su valor.

Y además de ese canto rotundo a la Amistad Profana (y su necesidad), Harold Brodkey, del que da los 5 títulos en español (creo que hay algo más, sin traducir). Pero hay que hacer una división: tiene 4 libros de literatura (dos de relatos y dos novelas). Esta salvaje oscuridad. La historia de mi muerte, es un diario de esa muerte desde que le diagnostican que es enfermo de sida. No se puede mezclar este libro con los otros. Aconsejo la lectura de los otros (con mucho tiempo porque dos son extremadamente largos, además de densos), pero no puedo hacerlo con este, una crónica lúcida de la muerte. Aunque no contaré cosas que la pudieran identificar o describir un poco, ya que hasta el nombre es un alias, alguien cercano a ella y a mí murió de sida, lo que, además del dolor, nos impulsó a ciertas colaboraciones. Entonces no sabíamos que HB había enfermado, por lo que en cierta manera, también este quinto libro ha producido otra vuelta de tuerca en nuestra unión. También, por aquello y por ser lectores ya de HB, teníamos la perspectiva debida para que nuestra lectura, por una vez, no fuera muy lejana a su escritura (nuestro “enfermo” había sido también alguien de una inteligencia excepcional).
Todas las solapas de sus libros en Anagrama dicen (¿qué editor lo callaría?), que John Cheever (tenemos escritas entradas sobre él) lo definió como un escritor de primera magnitud, que Nancy Hale (que no sé quién es, tengo huecos por todas partes) que unas de las más extraordinarias figuras literarias de su generación eran Brodkey y Salinger, el más importante crítico americano, el pope Harold Bloom, dijo que «Brodkey es un Proust americano, sin paralelo desde Faulkner». Y para terminar los elogios, Susan Sontag afirmó: «Leo cada palabra que Brodkey escribe».

¿Y por qué el olvido en que le tienen? Voy a dar una de esas respuestas de intuición salvaje que suelo aventurar de vez en cuando: porque era “demasiado bueno” y cargaba un poco. Voy a poner unos extractos del libro, traducido para Anagrama por Marcelo Cohen; esta tarde lo he releído por encima para elegir los extractos. Lo hago porque no es un libro de literatura, como los otros, sino un documento excepcional de cómo encara un escritor así ciertas cosas; también es un documento literario imprescindible para los que quieren escribir: ver cómo describe un escritorio excepcional el modo en que encara esas cosas. Pondré un trocito del principio y otro del final, pero no creo que importe porque sabemos cuál fue. Quizá algunos prefiráis no entrar en ese tema. Quizá os baste con el Primer Movimiento: Amistad Profana. Si es así, es el momento de dejar de leer. Siempre se podrá regresar, cuando el segundo movimiento os atraiga.

Esta salvaje oscuridad. La historia de mi muerte
Del principio del libro
Conocimiento de la evidencia
«Tengo sida. Me sorprende. Desde 1977 no he estado expuesto, es decir, que mis experiencias, mis aventuras homosexuales ocurrieron en gran medida durante los años sesenta y setenta,» [...] «Pero al atardecer siguiente había empeorado tanto que no lograba encontrar un punto de equilibrio entre las ráfagas de molestias. No recuerdo haber sentido pánico, pero me encontraba tan mal que por primera vez en la vida me preocupaba la muerte (al menos por enfermedad). Ellen me trataba con una atención incansable y una especie de dulzura, sin atisbo visible de independencia ni ironía. Nunca había sido así conmigo, ni siquiera sexualmente. Hay que conocerla para saber lo raro que es en ella cualquier otro estado que la autonomía. Era extraño cómo la enfermedad se hacía más pesada y se asentaba de hora en hora, con una especie de sorda rapidez. Una y otra vez, con un estruendo, se precipitaba a un nuevo nivel de horror, lo consolidaba y luego se hundía pesadamente en un nivel aún peor. No había nada que parara la asfixia. Yo seguía disimulando por Ellen, o intentándolo, hasta que en una especie de extremo silencio interior dejó de funcionar todo. [...]
Me rendí. Dije que era mejor ir al hospital. [...]
... y me subieron a la ambulancia. Así terminó mi vida. Y empecé a morir».

Estrategias iniciales
«Barry [el médico] habló de tranquilizantes y asesoramiento para lidiar con el shock, la desesperación y la consabida pena. “Estoy perfectamente. Oye, es la muerte, nada más. No es lo mismo que perder el pelo o todo el dinero. No tengo que soportarlo en vida.” Quería hacerlos reír. Quería que me admirasen, cierto, pero también quería que Ellen dejara de temblar [...] Supongo que había decidido intentar que no me humillaran y eso implicaba que no me compadecieran aquellas dos personas, las únicas que en las semanas siguientes vería con regularidad».

Última página del libro
«No puedo cambiar el pasado, y no creo que lo hiciera. No espero ser comprendido. Me gusta lo que he escrito, los cuentos y las dos novelas. Si me ofrecieran verme libre de mi enfermedad a cambio de mi obra, no lo aceptaría.
Es posible que uno se haya cansado del mundo –que esté cansado de los que cagan plegarias, de los que cagan poemas, cuyos rituales distraen y son simpáticos y agradables pero peor que irritantes porque carecen de realidad—y siga queriendo mucho la realidad. Uno quiere vislumbres de lo real. Dios es una inmensidad; mientras que esta enfermedad, esta muerte que está en mí, este pequeño hecho, bien concreto, pedestre, es meramente real, sin milagros ni adoctrinamientos. Estoy en una balsa desamarrada, un punto que se mueve en la blanda, fluida superficie de un río. Por todos mis pensamientos, en ondas cada vez más amplias, se extiende lo desconocido, el tenso equilibrio, los miedos y la precariedad. ¿Paz? Nunca la hubo en el mundo. Pero en viaje por las dóciles aguas, bajo el cielo, sin amarras, yo oigo ahora mi risa, primero nerviosa, luego de auténtico asombro. Me rodea por entero».


Y Harold Brodkey ya no volvió a escribir una sola palabra más que pudiera leer Susan Sontag, o nosotros.

sábado, 21 de julio de 2007

¡Hasta pronto! ¿Quién se acuerda de Harold Brodkey?

Iba a poner unas fotos del lugar al que voy, para despedirme por unos días. Pero no las encuentro (quienes me conocen lo creerán enseguida). Sí encontré por aquí, en cambio, un bloc con notas del año 99 (mes de mayo). No es normal. Hay quien me ha dicho que le exaspero: no es solo a él, también me exaspero a mí mismo; por eso, salvo porque ese bloc o libreta se haya quedado olvidado en algún sitio poco accesible, el destino de todas las notas que he tomado (de lecturas, pensamientos, descripciones, algún poema suelto y no trabajado) ha sido la desaparición. Y ha sido un error, porque no habría estado mal para mí saber cuándo leí algo, o lo que se parecen determinados sentimientos durante un prolongado periodo de tiempo. Todos nos exasperamos, sobre todo a nosotros mismos pero también a los demás, y deberíamos ser más pacientes, porque si no salimos perdiendo: todos salimos perdiendo.

Sin trampa ni cartón pongo aquí las notas del 15, 16 y 17 de mayo de 1999 (el 17 fue lunes, pero sin duda hice fiesta) tal como las encuentro. Con seguridad estaba solo, porque únicamente tomo esas notas cuando me quedo solo y tengo mi ritmo. Además de lo dicho, esas tres entradas me sirven para presentar a uno de mis escritores amados. Anagrama publicó cinco libros de él, que leí en su tiempo, alguno dos veces, con fervor. Creo que deseaba parecerme a él. Si me preguntaran qué 3 escritores me han influido más, el nombre de Brodkey tendría que estar entre ellos.



Notas del 15, 16 y 17 de mayo de 1999

(15) Amistad profana
Harold Brodkey, Anagrama
Escribe como si compusiera una sinfonía, describiendo estados de ánimo, entrelazados con algunos hechos, que va repitiendo incansablemente, con ligeras variaciones (adiciones y sustracciones) cada vez: son los temas; o el Tema: el amor, con la red de relaciones personales de dominación y sumisión que crea.
Pocas veces narra “hechos”... a veces, algún fragmento de una conversación.
Pero cuando has leído 40 páginas, sientes que nunca has estado ante personajes tan reales (de cuya biografía apenas sabes nada) y que nunca has estado tan cerca de nadie como de ellos.

(16)
He seguido leyendo páginas de Amistad profana, intensamente, párrafo a párrafo. Después, me he puesto Grants en una copa grande, he puesto la 1ª de Mahler (Abado) y, fumando, veo entrar las nubes por el balcón de la izquierda, cruzarlo, desaparecer y volver a aparecer minutos después por el de la derecha (más al Este). Se acerca la puesta de sol, que ilumina las nubes desde atrás. Espero la aparición de una nube por el balcón de la derecha, mientras escribo esto.
La tarde no ha terminado, pero sé que lo hará y mi sentimiento dominante es el de la nostalgia por esta tarde que se pierde para siempre en el pasado.
Ya ha entrado la nube, alargada, pizarrosa por arriba, radiante donde está iluminada.

(17)
Terminé Amistad profana, pero no termino de leer a Brodkey. Eso no se termina. Se espera una nueva lectura. No solo porque es HB. Es que en él habla un viejo inteligente y, consciente cada vez más del tiempo que se me acaba, los personajes crepusculares me emocionan.

A veces veo en ti como si fueras agua inmóvil. Otras, mueves un pecho y suben todos los posos, lo que ha ido quedando de la vida, a enturbiar lo que sé. Fragmentos de sabiduría, de miedo, ¿de malicia?
Vosotras tenéis tiempo.
Yo, conciencia de él.
Trato de guardarlo para mí en vuestros corazones;
pero lo veo escaparse en las miradas,
sin agilidad ya, en las manos, para recogerlo.



La última parte del día 17 me resulta tan críptica como a cualquiera que la haya leído. Pero la nostalgia de la tarde que se convertirá en pasado, incluso cuando está sucediendo y es presente, la reconozco como mía. Procurando no romper aunque exaspere o me exasperen, me voy unos días.
Sobre Brodkey, he encontrado en la revista cultural Radar de un periódico argentino este párrafo:
«¿Qué quedó de Harold Brodkey? A diez años de su muerte, la pregunta resuena contra un muro de silencio. En Estados Unidos, donde supo ser una rutilante promesa y una celebridad literaria de primera línea, sus libros están agotados y son inconseguibles, y poco y nada se discute sobre una obra que levantó enormes controversias entre los críticos desde los años ‘60.»
Creo que exasperaba. El olvido es un error.


Pasadlo bien

martes, 17 de julio de 2007

Porque no estás me pongo a cubierto


A veces le hablo bajito, por si está.
Le busco por la calle al caminar.
A veces le echo de menos si tú no estás,
a veces tengo que hacer de tripas corazón.
A veces he de huir, porque no puedo más.
Nena Daconte



¿Por qué no estás?

Cuando estoy solo es porque no estás.
Cruzo la vida y la tarde rodeado
de quienes quiero. Pero tú no estás
y estoy solo.
Hasta que por la noche aprendo
a recordar tu olor y ya estás
y no estoy solo.
Solo cuando no hay nadie no estoy solo,
porque estás.
Mis amigos y amantes se interponen
me interpelan, me hablan.
Los camareros me preguntan lo que quiero.
Ese es el infierno de la soledad
(que vivo con la sonrisa que quiero dar
a quienes quiero).
Tanta soledad en la compañía.
Pero solo, ya estás; y te lo digo:
me quedo aquí acurrucado
escondido de todos hasta que no esté
para estar contigo y no estar solo.
Nunca más solo. Nunca más.
Estás loco, me dices,
me sonríes
y te marchas.
Pero no me dejas solo:
huele a ti la almohada
a ese olor que me dice lo que quieres.
¡Mañana volveré a amarles a todos!,
grito a la sombra que has dejado:
sé que es lo que quieres oír. Y te lo digo
para que vuelvas mañana
otro poquito
te quedes conmigo un rato

y me digas que estoy loco.

martes, 10 de julio de 2007

Pablo LT: un poeta fluxus se ha colado en la zona de exclusión (n1MdP-03)


Un seminarista en celo


Entrada del proyecto Necesitamos Un Millón de Poetas [correo para estos temas: n1MdPs@gmail.com].

Cuando le pedí datos, fotos y textos a Pablo, recibí mensajes con adjuntos y una línea sobre biografía: «Mis dato ya los conoces, si tienes interés en alguno en especial pregúntame. Nací el 31 de Octubre de 1983, eso puedo asegurar.» Tiene razón, sé muchas cosas. Por ejemplo que debía andar espabilándose el vello púbico y ya lo había leído todo, y lo sabía casi todo, de Pessoa y de Proust. Advierto esto para que nadie se engañe con esta gente y su posición Fluxus (ni con él ni con los miembros del grupo Austria): ellos tratan de desacralizar y yo tendré que esforzarme para no hacer lo contrario. La primera vez que lo vi estaba yo en Manuela, debía llevar 3 o 4 cócteles de mezcal (todavía bebía bien) y en la mesa de al lado unos jóvenes, entre ellos una punki lloricosa y uno que bebía absenta, hablaban de cosas interesantes (por ejemplo, Maurice Blanchot; no es frecuente oír hablar de esos autores). Cuando Pablo entró y se sentó a esa mesa creí estar viendo una reencarnación de Tristán Tzara de joven, con monóculo y traje estrecho sobre su entonces extrema delgadez. Terminé la noche con ellos y me enteré de que eran el germen del grupo Austria, que el de la absenta se estaba doctorando en el departamento de filosofía pura de la Sorbona y muchas cosas más.

Hoy estoy generoso: será por las vacaciones que no tengo. El primer regalo, el importante, es que os presento a un genio a punto siempre de perderse, pero salvado en cada minuto por su propio talento. Un genio que pertenece en posición avanzada a ese millón de poetas, aunque que yo sepa (con él nunca se sabe) no tiene libros publicados (sí hay poemas suyos en revistas). Hace tiempo que nos conocemos. Durante cerca de dos años nos enseñábamos escritos (más él a mí) y nos tratábamos de usted. Un día pasamos al tuteo y al abrazo como modo de saludarnos y despedirnos. Presume no de él sino de los demás, sobre todo de ser amigo el poeta mexicano Daniel Saldaña Paris y la amiga del poeta, Cristina, que lo es tanto o más de Pablo; por eso nos toca a otros presumir de él, de Pablo, un agitador cultural de excepción, poeta notable y fundador del grupo Austria. Tuvieron los del grupo tertulia anunciada en Manuela un día al mes y era fácil verlos cualquier día menos el de la convocatoria, que no aparecía ninguno. He estado con ellos en la elaboración del poco encontrable Boletín de Austria: dos máquinas de escribir en una mesa (Manuela), cuartillas amarillas y el carro puesto para tamaño folio, con lo que solo escribía la parte central de cada línea, todos dictando y dos escribiendo sobre las cuartillas lo que buenamente oían.

PLT es un maestro del arte poético postal. Por ejemplo, entre otros muchos mensajes un día recibo una carta (siempre en sobre de avión, cuanto más antiguo mejor) que estaba enviada a “Calle Camarena, sin número, a quien pueda interesar (distrito postal bien puesto)”, pero el remite ponía claramente mi nombre, apellidos y dirección: me llegó la carta a mí, a quien estaba dirigida, tras un recorrido por estafetas postales.
Su mejor obra de arte postal, en mi opinión, es la elección de dos islas próximas a Australia, enfrentadas una a otra como dos riñones, unidas por un transbordador. Ha decidido que será el lugar de retiro de los Austria, para lo que está fundando un museo. Ha convencido al director del transbordador para que participe en un estudio de comunicación europeo, recibiendo con frecuencia objetos que debe clasificar y guardar en un almacén. Esa colección será el futuro Museo Austria, en una de las islas, cuando todos vivamos allí (¡ah!, ¿nos os lo había dicho?, yo también soy Austria y participo como miembro de número en los concursos de poemas pedagógicos). ¿Cómo soluciona PLT la indexación de los elementos del museo? ¡Fácil! Controla las direcciones postales de las dos islas y por cada envío de objeto sale otra carta que cuenta lo enviado y la fecha y va destinado a una dirección inexistente ¡de la isla en la que no está la oficina de correos! Eso es lo que llama “bendición postal de los mensajes”. O sea la carta con la información (y el remite real de PLT o un amigo) sale de Madrid por avión hasta Australia. De allí, en hidroavión, va a la isla donde no está la calle del envío, en el transbordador va a la otra isla, como hay algún problema porque falta algo para la entrega (mal la calle, el número, el destinatario), le ponen “Return to Sender” (sí, como la canción de Elvis Presley), la suben en el transbordador para ir a la otra isla, en el hidroavión, hasta Australia, desde donde un avión la trae a Madrid y por los medios habituales llega a la casa de PLT, que la archiva cuidadosamente: ya hay constancia de otro objeto del futuro Museo.

Pablo LT es como una vanguardia de principios del XX traspasada al XXI con rigor, seriedad y base (y con la risa necesaria para soportar el sorpendente traspaso) . Escribe series de poemas, sobre objetos, naturaleza..., en los que pone la misma emoción que ponemos otros en el análisis del Ser que nos Asola, añadiéndoles un conocimiento brutal de la cultura literaria y la musical (es crítico musical y casi malvive de ello): en todo este tiempo, difícilmente le he hablado de un libro que no conociera. Tras el envoltorio siempre divertido, hay que ser precavidos porque casi siempre hay algo, una explosión controlada detrás de cada acto, cada palabra, además de un corazón tierno cuando te lo enseña (es difícil que eso pase). Me recitó muchos poemas de su serie sobre autómatas, seres mecánicos que había investigado existieron desde la Edad Media. Pero no tengo copia escrita de ninguno, ¡una pena! En el número 7 de Bilboquet (haced clic en ese nombre, que la revista es mi segundo gran regalo de hoy) tiene un ensayo y además Los poemas europeos; no he podido bajarme el pdf, pero se pueden leer pasando el cursor por encima de los mechones de pelo de la ilustración. Sí hay acceso fácil al estupendo ensayo Campo de Marzo del número 6. Os recomiendo deteneros un rato en ese número... bueno, recorred todos los números, algunos de los cuales autocontienen otros: ¡está lleno de sorpresas!

Como tercer regalo, su grupo musical La bande à Bonnot, con su página en "my space" a la que vais haciendo clic en el nombre del grupo, con interesante foto tal como yo le conocí, foto de balcón estupenda y cuatro temas que, con tiempo, merece la pena oír. También hay un vídeo de su última actuación en el que se puede ver con maracas a la casi siempre presente Cristina recién llegada de México DF para la actuación.

Es una pena que, pese a los esfuerzos e instrucciones de Píter, no sepa subir audios que no estén en radioblogs, porque tengo el poema Canción europea recitado por él que es una maravilla (y algún otro). Pero sí tengo poemas escritos, que me han llegado de muchas y complicadas maneras. Como éste, al que le pongo el título que llevaba el mail. Recomiendo con todos sus poemas leerlos en voz alta: Pablo LT no es de este tiempo y se une en él una musicalidad antigua que acaricia y remueve.

egpgb

Te oigo desplegar
volutas de humedades entre las grosellas
oírte con las manos en el pecho
oh clavo que acuna los granos
y las brisas que precedes
y las capitales que laten

¿Para qué es la geografía si no es para tu lentitud?
¿Para qué es el pelaje de los ciervos sino para tu rubor?

Atiende a mi desnudez, conviértela en polvo
Coleópteros, o Cápsulas, Balaustas, Vilanos
Bayas celosas caídas del labio
córtame en los caudales
en los éxodos, mujer dormida
córtame a la forma de tus manchas
viérteme más adentro

¿Para qué es la historia si no es para el dolor?
¿Para qué sino para desaparecer con el musgo?

Y tu pulpa, mujer dormida
pulpa de todos los dientes
pulpa y rocío de sangre
pulpa que acuna las hojas
y el verbo sonrojado de los vidrieros

Desaparecer con el musgo
¿Por donde te nombro si no es en los tilos?


Selección hecha del poemario Historia de Europa


Al oeste van las curas
comprometidos, caminantes, con ropas
las curas de estrecha cornamenta desvían los boquetes en la penetración.
[...]

Han erosionado en minutos
revertido como la cal
han llenado de agua
han ablandado -han deslizado el semblante-
han hecho llorar
al esponjoso desfiladero
han entrado
y ya se suicidan las esquinas de mi hogar.
[...]
Tengo doce hijos que entienden mi amor
quieren cosas
que no acabo de comprender
me abría cerca de uno
que pensaba en explorarme
contra mi voluntad.
Entre el hombre se tendía su animal
y percibí al hijo silencioso como una escafandra
[...]
El presentador de un programa de televisión
se compone de un traje azul pelo negro
y una liquida cara color azul
que amenaza con derramarse.

Muestra un grupo de muñecas desnudas
que se colocan en fila india
una persona está colgada encima de mi puerta
amenaza con bajar.

Una guerra resuelta
“hable con todos esta noche”
ordena una voz
“no se preocupe lo haré”
comenta otra voz
son ecos de guerra
preparen armas
mientras todos se asesinan
yo escucho como me silban los fantasmas
debajo de la cama
sobre la puerta
y en la ventana
reposa pegado un dolor
un sonido de baja definición
que camufla mi infancia
mi infancia
mis barcos
la multitud
las latitudes
todo se hundía
el comando de señores que sin duda eran
tremendamente serios.
[...]

Somos los chicos de la ciudad del valle
nunca sabemos
últimamente pienso que deberíamos andar mas
juntos
como en una comunidad
bajo raros valles
nadie me quiere enseñar inglés
¿y usted?
el inglés es una cosita pequeña
como un pene pequeño...
como un señor gordo
que, a su vez, es poseedor de un pene pequeño...
esta ciudad es fantástica
pero en realidad...
cada uno hace lo que quiere.


Alguien tendría que poner en libro esta Historia de Europa. Entre tanto, leed algunos extractos de poemas botánicos. Es una entrada larga, pero merece la pena.
De Poemas botánicos


Pilea, ver lengua de mujer.
Sopladas en vertical abundan como los muertos
Los sótanos casan en el licor
A la brevedad de los escolares

Se propagan por las ramas, bastando enterrarlas unos
Centímetros en su base, aún cuando sean largas.
Su hoja es breve, como una diminuta porción
De lamento. La almohada del embarazo
Equivale al vidrio roto en la posición del rubor
En el refugio peciolado.

[...]
Lino de la lluvia
Lobelia, enjambre de las damas, madre de la familia
Lunaria; hirsutos, luteres y sus híbridos
Creciendo el exceso ornamental,
Conforme tienen cinco hojas.

*

Camina cenital, y satura de sangre los labios
Verde, minuto singular
Camino, cuestión sanguínea, pequeños cantos de 45 a 60 cm
Y una abrumación sepia, al igual que todos sus dientes ínfimos.

[...]

Las aromáticas:

La menta de agua el orégano el sopor
Hebra terrestre, la familia de las lunas lentibularias
Peces espada, peces barba en pleno furor

Lentiburaceas
Plantas sin raíz, flor, se sube para confundir la tierra con el barro
Posee una mancha blanca en el cuello
Y el labio inferior está hendido en tres lóbulos...

Glándulas minutas
Atemporalizando la Luna, la roseta de sus lunares
Botón sin raíces ardiente bajo el suelo
Durmiendo por todos nosotros

*

Estambres largos con antenas rojas
Flor de color malva a cuatro pétalos
Cáliz rosa de manteras
En disposición floral
A sabiendas del hongo bastardo
Y a las carvas
Son las mejillas redondas y el fruto:

“Cuatro núculas rusas” apenas un fruto


Apenas un fruto, este PLT, ¡y lo que sabe ya! (y a lo que sabe).


lunes, 2 de julio de 2007

Tiene mucho que ver la voluntad contra los vértices




No es elegante la muerte a deshora



A Lara Moreno, en su planeta

Un solo de saxo largo
millones de minutos

L. M.


No me dejo engañar por la elegancia

de esas piernas fuertes, de quien sean,

inanes en la pista de tenis.

Que salten ¡ya! la red

para romper la raqueta en la cabeza

de quien les ganó la partida.

Que sean deseadas, besadas.

Que se traguen hombres o mujeres,

según sus preferencias. Que ayuden

a tener hijos. Si quieren.

Que den patadas a la vida desatenta.

Que amen alboroten huyan

de la rutina. Que soporten el trabajo

por quienes quieren.

Que luchen por un suelo mejor.

Que bailen y den pisotones

en los transportes públicos.

Que tomen el sol sobre una silla

de una terraza de una playa;

junto a los cuadernos y los libros.

Pero que no se queden nunca inmóviles

a la espera del desencanto

por propia iniciativa.


Los jóvenes nunca hacen hermosos cadáveres

por mucho que lo digan las revistas

falsas de falso cine y falso rock.

Lo sé, porque te amé toda una noche

en una playa de Valencia, con frío,

con miedo a la Guardia Civil,

para luego verte en sueños

abriendo el gas de la cocina

el día que se publicó tu primer libro

de poemas. ¿Estaría el que me escribiste

antes de que te traicionara?

He sudado soñando tu cara de terror

al lanzarte de la azotea

sabiendo, tarde, que te habías equivocado.

Te he sostenido la mano en los meses

que te deshacías lentamente por el sida

buscado.

Iba en el coche que no quisiste girar

al acabarse la recta.


Demasiadas pesadillas por la muerte temprana.

Pincha el antebrazo para ver cómo corre

hermosa y fuerte la sangre.

Tiene mucho que ver la voluntad

contra los vértices.

Seas quien seas, ya hablaremos

de estas cosas, cuando la vida

ya no aguarde. Cuando solo el recuerdo

te caliente.

Ya hablaremos entonces.

Si hace falta
.