domingo, 31 de diciembre de 2006

Un buen día de 2006

Estaba yo en noviembre encabronao en Barcelona por culpa de RENFE, que me vendió 3 billetes de vuelta para un mes antes de la salida, dejándonos varados en Barna a los 2 que estábamos y en Madrid a quien tenía que llegar, así que me salté la costumbre de hacerme una pequeña guía de aquello de lo que voy a hablar en un discurso: una hojita con las ideas en orden sucesivo, 4, 5, 6 o 14 y luego que salga el sol por Antequera: que a veces sale antes y otras después; a veces brillante y hay días en que ni sale, que parece todo nublado. ¡De puta memoria!, me dije, tonto, por el cabreo. Luego, otros (no yo) arreglaron el asunto del que había de venir y el de cómo irnos. Una buena cena en Casa Perellada (creo que se escribe así) con buen vino, ya todos en Barna, quitó el cabreo y borró de la memoria lo de la hojita-guía.

Al día siguiente, en un Cercanías, repetimos como en un homenaje el trayecto Barcelona-Mataró, el primero de los ferrocarriles de España, para asistir a la primera boda de chicas de la comarca (o la segunda, porque unas amigas se habían apuntado y no sabíamos el orden), en la que yo iba a hablar durante la ceremonia. Estaba tranquilo, aún sin la hojita, porque el discursito era muy pequeño, no hay que aburrir en estos casos. Nada más empezar, una amiga empezó a hacer un movimiento circular con una mano, que yo interpreté como que estaba aburriendo a todo el mundo, así que aceleré el discurso y hasta me salté alguna cosa. Luego me enteré que me estaba diciendo que llevaba por fuera los faldones de la camisa. Ya no hubo remedio. Las contrayentes, Isabel y Lola, me pidieron después copia del discurso, y pensando rehacerlo sobre el papel lo prometí, me lo han vuelto a pedir y ya no hay otro remedio que hacerlo (quedamos en que lo publicaría aquí). Me sigo acordando perfectamente de la lista mental, no tanto de lo que llegué a decir o me salté. Si algo de lo que hay aquí no lo dije, tenía pensado decirlo (por ejemplo, lo de Chaves, seguro; o el orden, que escrito es otra cosa). El caso contrario no creo que se produzca.

Dije, o debí decir, así:

Dejadme que empiece cambiando las palabras de un poeta de la tierra, Gil de Biedma: “Que la libertad era esto, lo aprendimos más tarde”. Cuando conocí a una de esas dos preciosas mujeres que están ahí, tan formalitas, frecuentábamos un APA o AMA, por nuestros hijos, y sentíamos que toda la lucha durante la dictadura no había servido para nada. Y es que por decreto, con las porras y con los fusiles, se puede lograr la infelicidad de la mayoría. Pero tener el poder, y la máquina de los decretos, no basta para la felicidad colectiva. Seguimos “desencantados”, como en un una famosa película, hasta que la posibilidad de perderlo todo, con el “tejerazo”, nos quitó los remilgos. Había llegado el momento de las reuniones interminables, la burocracia, la lucha de los papeles, aquello para lo que no estábamos preparados los “aventureros emocionales”, que nos tuvimos que hacer a un lado.
La lucha era una cuestión de pequeñas conquistas, de cosas pequeñas. Y el baremo de medir, lo que esas cosas pequeñas cabrease a los que durante siglos habían sido los dueños de nuestra vida. Cosas pequeñas, como cuando Chaves en Venezuela mandó que a los que vivían en chabolas se les diese título de propiedad y se pudiera nombre a esas calles. Hasta ese momento, al no tener dirección postal, no tenían carné de identidad, necesario para un trabajo estable. Qué pequeño, darles lo que tenían ya y regalarles un nombre. ¿Y ya dejan de ser pobres?, se burlaba la derecha. No, pero ya no lo serán para siempre y por obligación.
Las pequeñas cosas. Qué importantes. Como esta de hoy. Cómo les cabrea a los de siempre que os caséis: debe ser importante que podáis hacerlo. Así que corremos el peligro de felicitarnos todos. Y a quien hay que felicitar es a vosotras, Lola e Isabel. ¡Felicidades!
Por eso termino, como si para vosotras dos lo hubiera escrito, con los versos de otro poeta catalán, José Agustín Goytisolo, cambiando hombres por personas, que seguro no le importará:

porque el mundo camina
con el paso
implacable de personas como vosotras
que creen en la vida y que por eso
mueven el mundo sin pegar un tiro
mientras sea posible
o bien pegándolo.


Después fue un hermoso día y una gran comida en una masía con tantas mujeres espléndidas (y algunos hombres también). Con la luz mediterránea entrando por las ventanas abiertas y dejando para siempre huella de su contraluz y su alegría en nuestra mente; y de vuestra gentileza en nuestro corazón.

Y ahora, casi dos meses después, lo pongo aquí para que lo tengáis y deseo:

¡Feliz 2007 a todos, porque a pesar de las malas noticias (“y a pesar de los pesares, tendrás amor, tendrás amigos”), nuestro país es más laico, más justo y está un poquitín más cerca de que algún día sea más feliz!

NáN

3 comentarios:

westerlia dijo...

¡Feliz día, Feliz año y Feliz vida!
y que tus palabras de "ángel y de mago" sigan fluyendo para todos.

Anónimo dijo...

Ay, Westerlia, son tus oídos, que me escuchan dulcemente.
Pero que sigan fluyendo las palabras de todos, tan hermosas aunque sean tan duras como las últimas que has puesto, que no sé cómo levantar la espuma para decirte. Ahora me voy (es martes y hay zazén) pero mañana trataré de decir algo de esa piedra estremecida (algo que sea útil, que ante versos como esos si no es así no merece la pena).

Lo importante es que sigan saliendo esos sonidos de todos para que todos podamos escuchar, como apunté en otro blog, el sonido del bosque. Es ese sonido, el del bosque entero, el que importa.

(Y también que acabemos por ver la luz en el tránsito de la luz).

Tantas gracias que te debo,
un abrazo

ISLO dijo...

La ensoñación continúa, pero hemos hecho un alto para agradecer tu escrito. El contestar, casi un mes después no ha sido venganza. La libertad es un sueño realizable...a veces.