sábado, 23 de diciembre de 2006
Debajo del manto negro, ¡mirad qué colores!
Empecé hace mucho, y no tanto, con Montale, "para esos pocos". De esos "pocos" creo que siguen todos. Quizá haya alguno más. Y Montale vuelve, porque lo saca hoy la Antología de Babel en doce versos espléndidos. Pero no es un círculo que cierra, sino un suma y sigue, mientras seguir sea posible. Bajo el negro anterior se pasearon ángeles divertidos mientras yo dormía a cabezazos contra el cielo la negrura que iba a durar... ¡hasta la risa del despertar! (Otra vez será la investigación).
Del poema de Montale, No nos pidas la palabra, del libro Huesos de sepia, que aparece hoy en El País, el poema, traducido, por Fabio Morábito, los cuatro versos centrales de los doce, que los otros ocho se encuentran fácilmente.
Ah, el hombre que camina sin recelo
amigo de los otros y de sí mismo y no se cuida
de su sombra que en el punto extremo
del calor se imprime sobre un desconchado muro.
Y si he conseguido repetir (que me extraña) la acción de Miguel, el de los 400 golpes (digo mares), esa voz de niña de Nena Daconte viene muy bien, para explicar lo que no se puede ni debe dormir si uno se cuida de los demás, más que de su sombra. Como debe ser. Y ya solo me faltaría aprender a explicarlo más cortito.
Tan buenas noches como siempre os deseo, pero quizá estas más por ser más largas y más frías.
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3 comentarios:
Y, como un mago, nos muestras lo que ocultaba el cuadrado/rectángulo de Malevich.
¡El Mago Berlín!, je, je
Carcajada resonora y navideña.
¡El mago Berlín!
¡Muy bueno!
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