I
Con el libro de Camus al que me referí en la entrada del domingo 29 de abril (qué casualidad, también hoy es domingo; se ve que es literatura para días de fiesta), la traductora, María Teresa Gallego Urrutia, me hizo llegar este, también (y tan bien) traducido por ella, número 51 de la colección Biblioteca de ensayo de la editorial Siruela. Para todo lo referente a la María Teresa, podéis ver la entrada de ese último domingo de abril.
II
Elena (usa poco el alias de Lila Berger) es la compañera que vino conmigo a Cádiz. Probablemente ella y la ex de “l” sean las personas menos pretenciosas que conozco, a pesar de lo que leen y saben de literatura. Ella me hizo volver a nadar hace unos dos años y medio, así que todos los martes y los jueves, hacia el medio día, damos un paseo de unos 10 minutos a la piscina y después otros 10 minutos de regreso. También bajamos a tomar juntos el primer café de la mañana, donde hablamos normalmente de libros; y, descarnadamente, de cosas que nos pasan: poca biografía, lo estrictamente necesario y sobre todo cuando estamos en proceso de que una visión desde fuera sea una ayuda. Después, si no es martes o jueves, trabaja, sin parar ni para comer, las 8 horas seguidas, así que no volvemos a hablar ni a vernos. Ella fue quien me puso en contacto con la shanga de desharrapados del zen a la que asisto y que tan bien me viene (me acompañó la primera vez y adiós, que no hace esas cosas). Le debo mucho por tanto en lo físico y en lo mental. Además, algún fin de semana, vamos juntos a ver exposiciones e incluso de librerías (poco, porque me pongo enfermo al ver todo lo que hay por leer). Y con la conversación aumenta el interés de lo que vemos. Le debo mucho por tanto en la amistad.
Me veía por las mañanas con este libro de Cocteau y me pedía que se lo prestara. Le dije que en cuanto lo terminara, pero son pequeños capítulos autobiográficos, llamados todos “De mi infancia”, “De la amistad” “De...”, y no pasaba de uno o dos al día. No se podía leer más rápido: un capítulo, cierras los ojos y piensas. Ya empezaba a quejarse Elena de que parecía que no lo iba a terminar nunca así que se lo pasé sin haber llegado ni al 20%. Y cambiaron las tornas: ahora era ella la que trataba de excusarse por la lenta lectura.
Volviendo de Cádiz, me leyó en el coche algo del libro. Entre ellos el capítulo de la amistad, añadiendo que me venía perfectamente a mi forma de ser. Y sí, creo que casi lo habría podido escribir yo. Ayer sábado vimos una exposición, fuimos de librerías y se lo compró, porque es de estos libros que uno quiere tener. Y yo tengo el ejemplar nuevo (mañana se lo cambio por el mío: esto provocó discusiones) y así puedo poner esta entrada sobre la amistad, sobre mí y sobre vosotros, y de paso hacerle a Elena este pequeño homenaje.
III
Lo que me pasó con el de Camus, me pasa con este de Cocteau. Estoy un poco hasta el gorro de leer 15 veces cada semana que se ha publicado ¡el libro del siglo!, que en realidad a veces es meritorio, algunas veces magnífico, y las más un bodrio. A lo mejor esos libros del siglo hay que buscarlos un poquito más atrás. Y no estaría mal abandonar por un tiempito la cultura anglosajona para prestar un poco de atención a la cultura francesa; ¡pero la de antes!, que se ha ido perdiendo conforme han ido olvidando su propia y fuerte cultura ante la americana, mucho más de márketing. En fin, que recomiendo el libro, que además lo considero otra metáfora o descripción directa, esta vez, de esa amistad que tanto me importa y que tan necesaria es. O sea, lo del sonido del bosque, o lo de los nodos de la malla de la red, pero mejor contado.
IV
(Primeros tres párrafos del capítulo "De la amistad", del libro La Dificultad de Ser).
El príncipe de Polignac decía: «En el fondo, no quiero a los demás». Pero cuando su mujer le pregunta: «¿Por qué ese humor sombrío?» y él contesta «Amo y me aman», y añade: «Por desdicha, se trata de personas diferentes», está admitiendo su soledad. Quiero a los demás y no existo sino mediante ellos. Sin ellos, mis balas son balas perdidas. Sin ellos, mengua mi llama. Sin ellos, soy un fantasma. Si me alejo de mis amigos, busco su sombra.
Puede ser que la necedad o la incultura hagan las veces. La mínima amabilidad me engaña. Pero, en tal caso, ¿cómo conseguir que se me oiga y se me entienda? No comprenden lo que digo. Tendré, pues, que dar con un medio para que me oigan. ¿Corro demasiado? ¿Es fruto de algún síncope? ¿No son lo bastante grandes las letras de mis palabras? Busco. Hallo. Hablo. Me escuchan. Y no es por necesidad de ejercicio. Es gusto por el contacto humano.
Dije en alguna parte que sabía hacer mejor la amistad que el amor. Pues el amor se basa en espasmos breves. Si esos espasmos nos decepcionan, el amor muere. Pocas veces resiste a esa experiencia y se convierte en amistad. La amistad entre el hombre y la mujer es cosa delicada, es otra forma de amor. Los celos andan camuflados. La amistad es un espasmo sosegado. Sin avaricia. La dicha de un amigo nos embelesa. Nos suma algo. No nos resta nada. Si esa dicha ofende la amistad, es que no lo era. Sino un amor disimulado. Estoy convencido de que este afán de amistad que siempre tuve procede de los hijos de los que me veo frustrado. Como no los tengo, me los invento. Querría educarlos. Pero caigo en la cuenta de que quienes me educan son ellos. No sólo la juventud y su presencia en casa nos obligan a no dar nunca un paso que pueda no servirle de ejemplo, sino que, además, cuenta con armas adecuadas para luchar para las que las nuestras no valen. Tenemos que aprender de ella. Y poco que enseñarle de nosotros...
V
Esta entrada es un lujo porque lo es el libro que la provoca y el sentimiento que la sustenta. Y además de ser un homenaje a Elena, os está dedicada a todos los amigos antiguos y nuevos: los que me leéis aquí pero también aquellos por los que he hecho todos los esfuerzos posibles para que no se enteren de que este lugar existe. Y en esto último no hay contradicción ninguna.
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11 comentarios:
I
De Camus me compré " El extranjero" (trad. José Valente) porque no encontré "El revés y el derecho"
II
Tremenda suerte la tuya al rodearte de esas amistades. Pareces tocado por las alas de un ángel.
III
Los sonidos del bosque, son el eco que guardan mis oídos. Todos los guardo, por eso lo apunto tu recomendanción, (ya sabes la lista de la compra...)
IV
Tengo que leerme esta parte muchas veces pero yo también soy fantasma y busco alguna sombra.
V
Me ha gustado muchísimo este homenaje a Elena. Lo leí mientras la tarde iba cayendo, cuando el sol entra oblicuo y la sombras alargan las figuras.
Qué bien entiendo eso que no es contradicción.
PD La próxima vez me llevaré un libro en vez de un mapa (quizá ambos) para que me lean un capítulo mientras tomo las curvas.
Si la traducción es de Valente, es buena. Pero me encargo de conseguirte el otro.
¡Vaya fuerza y claridad en tu comentario! Si has venido comentando así, espero tus entradas con anticipación.
Tu punto III es un crujido emocionante en una hermosa penumbra de verde (dejaré que resuene en mis oídos).
¡Bienvenida!
gracias por el dickens, ni te imaginas la ilusión que me ha hecho- yo no me atrevería con uno, cuánto valor! y ahora te tengo de guía, gracias =)
Sí, Nán, esta entrada es un lujo (como dices tú) y lo es por los sentimientos que provoca en los que te leemos, en los que sabemos con qué cuidado y qué cariño tratas a aquellos a los que llamas amigos.
Un abrazo.
... de personas diferentes.
Somos a través de los demás; somos rumor que sacude ese bosque que llega desde alguna parte del Norte; somos indiferencia del destino y del mundo; somos para dejar de ser, pero somos.
Tu amor hecho amistad y tus ojos contando y tu boca mirando. Siempre el camino que nos vamos trazando y nosotros seguimos, porque en algún momento, en muchos, somos a través de ti.
Lujo también, y sobre todo, por vuestros comentarios de cariño, Winsta, en esta vía de dos direcciones que es la amistad. este delicado artefacto. Y que me hace contestaros de una en una.
Olka, seguro que ni la mitad de la ilusión que me hace a mí ver un comentario tuyo. Echo de menos cuando contribuías a las Playas con esos comentarios de lenguaje de calle (tan bien expresado, tan literario: tienes un don, pero quizá sea mejor que no te lo creas todavía) siempre acertados, muchas veces tan divertidos.
Y Carmen, prima, das en el pleno centro de la diana (con esa sangre de poeta que tan acertadamente derramas sin fundamento: generoso corazón, palabra abierta): somos a través. ¡Qué bien dicho!
Qué genoridad la tuya, Nán. Gracias gracias
Qué buenas casidefiniciones de amistad (o de sus consecuencias). Y qué cierto es que entre hombres y mujeres hay ciertos problemas delicados cuando la amistad se involucra. No son fáciles de solventar, dado que los humanos, humanos somos.
Gracias por el post, Nán. Besos a Lila.
generosidad :)
Ya me compré El revés y el derecho de Camus. También pregunté por este de Cocteau (ufff). Dicen que el saber no ocupa lugar, pero es mentira. El saber necesita lugar (estanterías por doquier) y una buena cuenta corriente. De momento ha caído el de Camus.
Uf (como dice Carmen por lo del libraco) (la imagino en esa librería chiquitina de Cádiz a la que fuimos a ver si había algo de Miriam Reyes, con el libro en la mano, diciendo: "qué va, quillo, esto lo dejo aquí").
Vi tu entrada larga hace unos días y dije: a leerla en casa. Ahora la leo y veo que no es larga, va de corrido, segura y dicharachera, honda sólo en lo justo. La reverencia a Elena, al libro, al viaje, unida a todos los comentarios... pues eso: uf.
Besos a todos. A ti más, Nano.
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