¿Para qué esperar? Terminada la antología del poeta, mientras aguardaba más de una hora en Manu una llegada, miré todos los subrayados, que irán saliendo aquí o en mis sueños, donde más corresponda, y elegí dos, uno dedicado a quien guarda silencio. Y otro porque ya se verá, añadiendo lo que escribí mientras esperaba y bebía sorbitos de agua de fuego. Y no pienso hacer trampa, sino copiar exacto lo que el pilot azul, como las letras de esta página, trazaba sobre una de esas libretillas que les compro a los chinos (esta, negra con canto naranja).
Del libro Descripción de la mentira
Ciertamente es una historia horrible el silencio
pero hay una salud que sucede a la desesperación.
Es simplemente un mensaje para quien corresponda. Desmenuzarlo sería quitarle el poder, lo que es, precisamente, lo que no queremos.
Y de Libro del frío
Así era la luz de la vejez, así
la aparición de las heridas blancas.
Estoy desnudo ante el agua inmóvil. He dejado mi ropa
en el silencio de las últimas ramas.
Esto era el destino:
llegar al borde y tener miedo de la quietud del agua.
Lo elegí, quizá, por lo que pueda concernirme. Pero me detuve en este fin de poema. Porque el corte que da a esta experiencia de la vida es brutal, exacto, maestro, de escalpelo. Hasta la escasa imaginación de los más jóvenes sobre el tema (nadie se ofenda, que no es cuestión de capacidad sino una imposición de la biología, de la sabiduría celular) podrá quizá barruntar algo. Antes de olvidarlo. Aunque todavía no me corresponda, yo no lo puedo dar de lado. La aparición de las heridas blancas es como un motivo que resuena (¿Cómo? ¡¿Dónde?!). Pero no es para ponernos sentimentales, que hay mucho aburrimiento por delante. Estoy hablando de literatura, de una cercanía que ve el señor Gamoneda. Solamente quería recalcar que "la aparición de las heridas blancas" es una imagen genial, porque funciona: las apariciones de las heridas es algo a lo que cada uno se va acostumbrando, aunque sean de otro color. (A su tiempo. A su tiempo).
Inmediatamente después, se precipita. Y nos recuerda a Machado, desnudo como los hijos de la mar. Pero nos queda la sensación de una diferencia: de que a Machado le desnudaron (o sea, que se dejó desnudar). En estos tiempos en que eso ya no pasa (¿no pasa? Será a los europeos blancos no muy del este), Gamoneda se desnuda él solo, porque quiere, como opción: fin de proceso. En el silencio de lo último que queda (de la naturaleza): las ramas.
Un paso más adelante y se detiene.
Y el destino, la quietud, le asusta.
Tiene miedo. Es la biología. No el abandono. No hay con qué enredar a la tristeza. Como enredo yo con los poemas, para entenderme. Y si os sirve, mucho mejor.
En cualquier caso, muy buenas noches.
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19 comentarios:
No hay más que rostros invisibles.
Me he extenuado inútilmente
en los recuerdos y las sombras
Antonio Gamoneda
Arden las Pérdidas
Llevas la ventaja de que, aunque invisible mi rostro, veo el tuyo pero no puedo decirte que el adverbio no es cierto. O no para siempre. Mientras los rostros esperan a cobrar forma a tu alrededor.
Respirando profundo por ti esta noche.
Esperando esa salud. Cumpliendo. Haciendo lo que debo hacer.
Aprovecho que no hay entrada nueva todavía.
¿Es la Luz esta sustancia que atraviesan los pájaros?
En el temlor del sílice se depositan cuarzo y espinas pulimentadas por el vértigo. Sientes
el gemido del mar. Después,
frío de límites.
Antonio Gamoneda
Libro del Frío.
(El más frío de los límites: "hacer lo que debo")
y cuesta, cuesta mucho aguantar ese frío. Pero tantas veces en los aleros de los tejados, uno se va acostumbrando.
Varias veces abrí para añadir algo. Y cerré.
Tus comentarios han dado calor.
Deseo que tus límites se vayan, poco a poco, caldeando.
¿Tanta potencia le atribuyes a la biología? La justa. Sólo que con quince hubo poetas (e incluso humanos) que se sentían ya acabados, y otros sexagenarios, en cambio, que aún andaban amamantándose.
Esta entrada es puro aliento. TAnto el primer poema sin desmenuzar, como el segundo dejando levemente huellas de los símbolos. Me fui a la página 377 con la sonrisa de quien se sabe los trucos.
Gracias por aguardar.
Decía Gamoneda:Quizá el silencio dura más allá de sí mismo...
Anónimo, a mí me parece que mientras están visibles, las entradas no caducan. Me parece ideal que comentemos y recomentemos: el ajuste es esencial en ese proceso de ver en el tránsito. A mí me sucede que al leer al día siguiente lo que escribí, y leer lo que han escrito todos, puedo aceptar otra idea, o afianzarme en la que tenía, o ver ese pequeño ajuste.
Pero más importante es decirte que este sitio, estos cielos sobre esa ciudad tan moderna, esta angelitud, se ha creado también, y muy esencialmente, para mientras recuperas la salud tras la desesperación. Que si hubiera unas normas las podrías romper. Todos las pueden romper, pero sobre todo tú. Que este cielo quiere serte benigno o, cuando menos, neutral y cómodo. Ya lo sabes bien.
Pablo, aunque lo que dices es cierto, claro, no pillo como se articula con lo que decía yo en la entrada (truco para que vuelvas a entrar y a aportar). He ido buscando las apariciones de la biología y encuentro: 1) la biología como base de la incapacidad de los jóvenes para entender la vejez y la muerte (claro que es un sentido general, ya sé que hay jóvenes que sí y muchos ancianos que no). O un ajuste: yo era incapaz, y los jóvenes que me rodeaban cuando yo era joven también. El rock, los libros, las películas, están llenos de pronunciamientos tipo "Forever Young": como si se envejeciera por una falta de voluntad que a "ellos" no les va a pasar. No es cierto, y supongo que tú sabes que no es cierto. Yo mismo pensaba que de viejo me sentiría exactamente igual por dentro, pero con canas y algunas arrugas. Y cuando sospechaba que no, como la mayoría de los jóvenes pacté con mi amigo el asesinato mutuo antes de alcanzar la odiosa y avehjentada edad de los 25. Ja.
La siguiente aparición de la palabra es cuando el poeta tiene miedo. Ahí uso la palabra como modo de comparación con lo sucedido a Machado: una de las dos Españas le había roto el corazón. "Una de las dos", eso es lo importante. Ahora, al poeta de hoy, le puede atacar el mal de viure, la desesperanza de todo lo existente, y a eso se le añade que ve que muere (el poema es eso, ¿no?, la proximidad) porque se le va a acercar la hora. De ahí que la biología (en su sentido ordinario y no especial) importe.
Aparte de eso, es cierto que los que crean (artistas, científicos, ¿lectores activos y atentos a toda la vida?...) tienen, tenemos, menos "propensión biológica" al envejecimiento. No hace falta poner ejemplos.
En cuanto a los poetas de 15 años, la verdad es que fueron pocos. Rimbaud es el ejemplo principal. Pero sobre todo fueron poetas del "Rompimiento". Lanzaron el mensaje apocalíptico, mataron al padre y a la madre, y desaparecieron.
Lo que yo veo más a menudo, en poetas y pintores, es una perspectiva más delicada de los temas, y muchos más recursos, conforme voy leyendo sus completas y llegan a los benditos 50 años. Quizá en algunos novelistas (que nunca suelen ser adolescentes), la repetición de los temas (siguen escribiendo cuando no tienen nada que decir) les envejezca.
Se abre no la polémica (que también si apetece), sino el trabajo entre todos para entender algo más las cosas. Incluso aunque al final lo hayamos entendido cada uno de una manera distinta.
Ah, de Rimbaud y Pierre Michon, y sobre todo de este último, hablaremos. Un hilillo para ir tirando de él. Posiblemente, el segundo mejor de los hilos de los que he tirado este año.
Y buenas noches.
Lúcido.
Interesante conversación para después del desayuno.
Pasadme el azúcar, chicos.
Gracias.
Ayer, 28 de noviembre, y digo ayer aunque hayan pasado de las 12 y sea 30, mientras Anónimo decía, a esas horas estúpidas que marca este aparato (¡socorro!), que Gamoneda decía "Quizá el silencio dura más allá de sí mismo", yo estaba poniendo el comentario siguiente. Más largo. Los dos estábamos en ese momento escribiendo en la misma arena, sin saberlo.
Hoy, tarde para mí que madrugo, y eso cuando llego a ser despertado por el despertador, le pido que tenga confianza en sí y en que la duración del silencio será la que tenga que ser, y ni un minuto más ni un segundo menos. Pero no será eterna. Que confíe en sí mismo el anónimo, como yo confío en él.
Porque a diferencia de lo que, en un arrebato de dolor sobrellevado, decía Antonio el poeta en Tango general, de su corazón no le saldrán insectos que serán ciegos y no tendrá que decir "Lástima de luz. Lástima de luz".
A Pablo, que me provoca tiernamente, le digo que qué más quisiera.
A Lara, que a pesar de lo dicho en otro blog, ahora (tonto de remate) tomo los tes sin azúcar, así que tengo muchos sobrecitos. Que los que quiera para el desayuno.
Y a todos, buenas y dulces noches.
Fe sí. Hasta el más nimio de los actos de esa unión de alma y cuerpo que es la vida, es un acto de fe. Eso, y el continuo balanceo sobre el trapecio, como un ángel. Y sentir esa luz en mis manos; sentir que esa luz es mía.
Anónimo (extraño me resulta nombrar a alguien por este nombre eufemístico, extraño e incómodo, pero a falta de caras quedan palabras): qué último post. Con luz, sí.
Lara, es mucho más fácil de que tú supones. Invéntate un nombre, cualquiera, el que quieras, y seré.
Con el comentario en que Anónimo ve la luz en él, me quedé tan a gusto que me dije ¡quieto, no te muevas, pon las manos donde pueda verlas!
Y me dije, así está bien.
Luego interviene Lara, en esa forma sabia que me gusta y que abre vía de corazón a corazón. Y me dije, ahora está muy bien. (Por cierto, Lara me gusta siempre, lo mismo cuando escribe cosas me apetece tirarle esas guías amarillas que me han dejado y no sé qué hacer con ellas; apuntando a casi darle. Lo mismo entonces me gusta, sí).
Y vuelves, Anónimo, de una manera que me cortas el aliento. Y ahora sí que está mejor.
Solo quería deciros que estoy a un lado. Pero estoy. Y que vuelvo a callarme esperándoos. (Pero estoy).
Oh, qué rincón más iluminado. Se nota que has abierto de par en par las ventanas.
Impresionante lo de Gamoneda. Se lo merece, por ser tan auténtico.
Besos, besitos, besitines.
C.
Mientras te llega el nombre que pediste, que sepas que para mí todo nombre con el que te dotas, incluso Anónimo, se reviste de un aroma dulce, el nombre entero y los espacios entre las letras, porque revela que lates y respiras y lees en alguna parte y te acuerdas de berlín lo suficiente para volver. Y no necesito más para que me guste y me deje una sensación de contento.
Sí, trazo la linea de mi vuelo buscando la mínima posibilidad de un abismo lleno de luz bajo las ventanas,como en aque libro del frío. Los pájaros atraviesan lluvias y países, y a veces hacen sus nidos en los aleros de los tejados a los que volverán siempre, aunque estén muy lejos, mas eso no importa.
Como los ángeles, Anónimo, tienen los pájaros hermosas plumas impermeabilizadas para volar donde quieran. ¿Pero tienes la fuerza suficiente? ¿Cómo hacerte llegar parte de la mía? Sabes que me dueles y que aprecio como algo muy valioso ese dolor.
Ayer por la tarde, en un lugar del barrio-pueblo de Malasaña (también llamado Maravillas), un joven y, para mí, extraordinario y raro poeta (todavía no publicado) me leyó algunos de sus últimos poemas. Le pedí que parara en un verso, sin saber por qué, para apuntarlo.
Ahora sé que lo apunté para ti, para tus vuelos demorados y preciosos:
¿Para qué es la geografía, si no es para tu lentitud?
Pablo LT
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